Empoderamiento Creativo: arteterapia para despertar y nutrir tu poder creativo.

Todos, en nuestros primeros años de vida, somos potencialmente capaces de crear sin límites, de equivocarnos y de soñar sin restricciones, sin juicio y sin miedo. Pero con el tiempo, “entramos en el sistema” y vamos incorporando mandatos, educación y permisos que nos colocan dentro del paradigma de lo socialmente correcto; de lo que deberíamos ser y hacer y de lo que se espera de nosotros/as. Como decía Carl Gustav Jung: “El problema de la mayoría de los seres humanos es que nacen siendo originales y mueren siendo duplicados”, a tenor de cómo nos sobre-adaptamos las personas.

Esta forma de adaptación, a su vez, nos desconecta de aquella creatividad innata y de nuestros impulsos genuinos. Por ello, cada vez que nos referimos a creativos, lo asociamos a “algo” que tienen casi exclusivamente los artistas dedicados, por ejemplo, a la pintura, a la música o a la danza. No obstante, la creatividad siempre estuvo y está en cada uno/a de nosotros/as. Según Winnicott, la creatividad es un instinto innato que todos tenemos y que surge de nuestro yo verdadero, y no del falso yo en que nos convertirnos al adaptarnos a las demandas del entorno.

Para explorar y redescubrir esa cualidad, nace esta Formación en Empoderamiento Creativo creada por Magda Duran, nuestra arteterapeuta experta. A lo largo de la formación y a través de diferentes técnicas de la arteterapia, nos invita a abordar el proceso creativo como un camino de autoconocimiento, de apertura y de expansión de la consciencia; como una vía para el crecimiento, la transformación y la evolución personal.

Resumimos a continuación aspectos diferenciales del abordaje y del impacto de esta formación.

¿Qué significa empoderarnos creativamente?

Entre otras cosas, es dar al mundo lo mejor que hay en cada uno/a de nosotros/as y manifestar nuestros dones mediante una creatividad conectada con el corazón, con nuestro propósito y con la vida. La fuerza creativa de cada uno/a sigue latente en su versión original, a propósito de la reflexión que citábamos al comienzo, y es uno de los dones particulares para hacer nuestra contribución al mundo. Como señala Magda: “la creatividad opera desde la totalidad del Ser y fluye cuando la mente, el cuerpo, las emociones y el espíritu suenan en un acorde armónico”. De esta forma, no importa lo que hagamos, en qué espacios y en qué entornos nos movamos, siempre tendremos oportunidad para desplegar nuestro poder creativo.

Además, la expresión artística en un contexto terapéutico potencia la toma de conciencia, la expresión y la transformación de nuestras sombras en luces. Supone una fuerza capaz de transformarnos, de sanarnos y de permitirnos evolucionar en consonancia con la naturaleza.

5 talleres y un cierre final de 3 días en contacto con la naturaleza.

Cada taller es un viaje que nos invita a explorar y a ir descubriendo y reconectando con nuestra fuerza creativa. Para ello, combina rigurosos aspectos teóricos que nos acercan a recorrer una cartografía psíquica del proceso creativo(1), para luego iniciar un profundo trabajo vivencial que apunta a fortalecer los conceptos y a internalizar el aprendizaje. Ahora bien, como hemos mencionado, el viaje finaliza en un taller intensivo para que cada participante pueda integrar, en un entorno natural, todo el trayecto recorrido. Desde la calma y la claridad a la que nos abre la meditación, podrá cada uno/a adentrarse en el corazón de su creatividad, mientras disfruta del contacto íntimo con la naturaleza.

A lo largo de todos los talleres Magda recurre a diferentes artes plásticas, principalmente, y también a la escritura creativa, el canto espontáneo, el movimiento, pequeñas dramatizaciones. El viaje nos conecta no sólo con las artes, sino también  a la meditación y al contacto profundo con la naturaleza.

¿Para quiénes está diseñada esta formación?

Esta formación es una especialización para personas que ya son arteterapeutas, danzaterapeutas, musicoterapeutas o que trabajan con terapias creativas, ya que lo diferencial de nuestra especialista es que trabaja con el proceso creativo, que es aplicable a cualquier expresión artística como la escritura, la literatura, la música, la danza. Es decir, la metodología incide en el proceso creativo y, aunque no depende de todas las artes, aúna lo común de todas ellas.

También es una formación dirigida especialmente a quienes trabajan en el crecimiento de otras personas como docentes, formadores/as, facilitadores/as, terapeutas, coaches, etc., que quieran adquirir nuevas y novedosas herramientas y técnicas para conectar con su poder creativo y así  facilitar ese mismo proceso en lo/as demás.

Sobre los beneficios de esta formación.

  • Adquirir una metodología para trabajar con el proceso creativo como vía para el crecimiento personal y la apertura de consciencia.
  • Reconectar con la creatividad innata que es nuestro derecho de nacimiento.
  • Recuperar las cualidades más sanas de nuestro niño interior: espontaneidad, juego, exploración, disfrute y sensibilidad.
  • Identificar, expresar, transformar y superar los bloqueos emocionales y cognitivos, mediante técnicas creativas y expresivas.
  • Detectar las creencias culturales, familiares y personales que nos limitan, para transformarlas en creencias potenciadoras de nuestra creatividad.
  • Integrar la creatividad en el día a día y en nuestros actos cotidianos.

Por último, dejo aquí el testimonio de una ex alumna de esta formación, Beatriz E. Lortia, Psicóloga que sintetiza cálidamente lo que significó este viaje creativo:Los módulos de Arteterapia me llevaron a estados muy profundos. De manera creativa pude plasmar y transformar aspectos fundamentales en mi vida, reparar asuntos con mis padres, dolores de mi infancia, empoderar a mi adulta, validar mis emociones. Nada de esto hubiera pasado sin el acompañamiento de Magda. Su claridad, conocimientos y presencia abrieron mi camino.”

(1) La cartografía es simplemente un mapa para navegantes por los mares de la odisea creativa. He reordenado y dado estructura a los aprendizajes que más me han servido, para salir de mi propio bloqueo creativo y para ayudar a mis pacientes y estudiantes con los suyos. Ningún mapa debe ser confundido con el territorio. Cada experiencia creativa tienen su unicidad y su singularidad, y sólo una conciencia y atención centradas en el instante presente pueden desvelar lo que se está desplegando en cada vivencia creativa”. Magdalena Duran Coll.

¿En qué consiste una lectura de Registros Akáshicos?

Las personas que acuden a una lectura de Registros Akáshicos lo hacen por diversos motivos. Es decir, mientras algunas  lo hacen porque sienten algún tipo de bloqueo, atadura, algo que les resuena y a lo que no le encuentran una explicación lógica; otras, simplemente, buscan reafirmar una sensación de plenitud, respaldar una pasión o reafirmar el camino decidido.

Los Registros Akáshicos son los archivos que contienen la historia de toda la existencia, guardan la memoria de todo el universo. De esta manera, todas las personas tenemos nuestro propio libro de la vida en el que está plasmada toda nuestra historia, tanto lo que sucedió en otras vidas, como lo que sucede en nuestra vida actual y las posibilidades futuras. No obstante, ese futuro solo será producto de las decisiones que tomemos. Volveremos sobre esto más adelante.

La información que nos proporcionan los Registros nos ayuda a entendernos un poco mejor, nos permite evolucionar y tomar conciencia de por qué nos ocurren ciertas cosas y por qué se repiten algunos patrones en nuestras vidas. Nos facilita la comprensión, la aceptación y la sanación.

¿Qué NO es una lectura?

No es una adivinación, ni una premonición, ni un pronóstico. Como hemos mencionado previamente, la información que recibimos está destinada para ayudarnos a  tomar consciencia, avanzar y evolucionar, y nunca a decirnos cómo, cuándo, dónde o qué debemos hacer.

¿Qué necesitamos?

  • Nombre completo y fecha de nacimiento.
  • Elaborar unas 5/8 preguntas. Aunque esto tampoco es tan estático y, de acuerdo a cómo transcurra una lectura específica, la persona puede “salirse del guión” preparado y repreguntar sobre el tema que le preocupa más en ese momento.

¿Cuánto tiempo lleva una lectura y cada cuánto tiempo podría repetirla?

  • Una lectura dura aproximadamente una hora y puede hacerse cada dos meses (mínimo).

¿Qué y cómo preguntar?

Se puede preguntar por temas relacionados con: talentos, carrera, profesión, negocios, proyectos, salud, relaciones, familia, patrones repetitivos, miedos, bloqueos, aprendizajes, etc. Recordemos que el Lector de los Registros repetirá la pregunta tal y como le fue formulada. Por ejemplo:

  • ¿Qué puedo hacer para salir de una situación x que siento que me está agobiando?
  • ¿Qué me impide tener una relación estable?
  • ¿Cómo puedo solucionar la relación con mi hijo?
  • ¿Cuál es la mejor manera de afrontar mi nueva responsabilidad?
  • ¿Qué cualidades tengo y cómo puedo desarrollarlas?
  • ¿Cuál es mi misión en la vida?

¿Qué NO se puede preguntar?

Justamente porque no es una adivinación -como decíamos antes-, no podremos preguntar cuestiones cuya respuesta sea arbitraria o especulativa. Por ejemplo:

  • ¿Ganaré la lotería?
  • ¿Cuándo conseguiré pareja?
  • ¿Tengo que aceptar el nuevo empleo?

La premisa del libre albedrío.

No olvidemos nunca que somos nosotros los arquitectos de lo que nos pasa. De esta forma, más allá de la orientación que podamos recibir, la intención siempre es que nosotros tomemos las decisiones y las riendas de nuestra vida. Es decir, la decisión de lo que hacemos (o no) con la información que recibimos es decisión nuestra, pues como principio fundamental siempre se respeta nuestra libertad personal.

¿Qué lapsos temporales contemplan las respuestas?

Teniendo en cuenta el tenor de las preguntas y el libre albedrío a lo que nos referimos previamente, seré breve. Las respuestas no tienen un tiempo cierto de ocurrencia; entre otras cosas, porque la propia ocurrencia de algo sólo dependerá de las decisiones que tomemos al respecto. Dicho de otra forma, podremos recibir una orientación respecto a, por ejemplo, cuál es nuestra misión de vida, aunque será pura y exclusivamente nuestra decisión seguir ese cómo y cuándo capitalizamos esa información.

Curiosamente, las respuestas a esta pregunta en particular relacionada con la misión de vida son muy movilizadoras para las personas. Algunas, las menos, porque reciben casi una revelación; otras, porque tenían una fuerte intuición sobre ello y acaban recibiendo una especie de confirmación que les da serenidad convicción y paz interior.

“Anímate a salir de la sombra para vivir en la luz. Anímate a un proceso único, mágico, tranquilizador y revelador”. Carmen Sherpa, lectora profesional de Registros Akáshicos.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones en todos sus ámbitos.

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Talento Afectivo.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones.

Los creadores del Talento Afectivo han desarrollado siete facultades que nos permiten mantener relaciones/vínculos saludables ya sea en el ámbito sentimental, social y/o profesional. Si bien en principio puede resultar curioso que estas facultades sean aplicables a todas las áreas, pues en general se abordan separadamente, una vez contemos brevemente de qué se trata, desaparecerá el escepticismo casi mágicamente.

1. Construir valor a compartir.

Cuando iniciamos una relación con alguien tenemos que tener el sentido de aportar algo útil y enriquecedor a ese vínculo. Muchas veces hay relaciones que mueren rápidamente porque nadie se ha preocupado por aportar algo útil o por crear un intercambio gratificante -hablábamos de esto en un artículo anterior– o por descubrir al otro respecto a qué necesidades o inquietudes tiene. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad de ofrecer, de dar, de escuchar al otro y de darle valor.

Por ejemplo, imaginemos que somos invitados a una cena con muchas personas que no conocemos. Inmediatamente, con el ánimo de “encajar” soltamos un discurso sobre un tema en particular que nos apasiona. De golpe, notamos que los demás se aburren, abandonan la charla y se van. Pensemos entonces, ¿nuestra verborragia sobre una pasión personal estaba construyendo valor para el otro? Sencilla y claramente no. Justamente la inteligencia social parte de la capacidad de descubrir cuál es el estilo del otro, cuáles son sus inquietudes y necesidades y relacionarnos desde ese marco de comprensión o hilo conductor para que sea posible construir un valor a compartir para ambos.

2. Atender las señales de conexión.

Muchas veces no atendemos las señales de conexión que nos manda el otro. Es cierto que esas señales a veces son claras, a veces no tanto, a veces dependen del que las emite, otras del que las recibe, y otras tantas del entorno o de la situación. No obstante, en cualquier caso, aún cuando estas son claras, solemos no reparar en ellas. Partiendo de esta realidad, es simple comprender que esa desatención provoque frustración en el otro y/o una progresiva ruptura de la relación.

Esto es tristemente común en las relaciones sentimentales y es, curiosamente, en este tipo de vínculos que el 80% de esas señales no se envían en forma directa, sino que se demuestran a través de actitudes, gestos, comportamientos que denotan inquietud, preocupación, agobio, etc. En otras palabras, para que las relaciones no tengan fecha de caducidad, necesitamos atender estas señales y para ello es vital activar nuestra intuición y sintonía con el otro, ya sea para descubrir oportunidades de mejora en la relación, o para detectar amenazas a tiempo.

3. Ser realista.

A todos nos gusta disfrutar el presente de una relación. Sin embargo, vivir en el presente es complicado. Tenemos muchas tareas y muchas cosas que atender y resolver que nos llegan constantemente de un futuro mediato. No obstante, la clave del Talento Afectivo en este caso, nos señala que hay una forma de vivir bien la relación con una persona y se trata de ser realista en vez de idealista. Vivir en la realidad es presente; la realidad no es pasado ni futuro. Cuando logramos vivir en la realidad, entonces nos evitamos crear expectativas de futuro que pueden ser idealizadas.

Veamos un ejemplo. Hay muchas personas que cuando comienzan una relación o un trabajo nuevo proyectan sueños y deseos un poco (bastante) idealistas y utilicen expresiones del tipo: “Esta es la persona/trabajo que he esperado toda mi vida y por fin podré ser feliz”. Claro que está bien que el deseo nos mueva a proyectar el futuro para vivir mejor. No obstante, tiene que existir una armonización, un equilibrio entre lo real y lo ideal; caso contrario, caemos en el autoengaño de vivir una relación plagada de falsas expectativas. Ser realistas es sinónimo de ser prácticos y de estar en el presente.

4. Reparar sin desanimar.

Los problemas son parte de todas las relaciones. Un niño que desobedece, un empleado que no cumple su responsabilidad, una pareja que nos ha mentido, etc. Independientemente del caso particular, lo cierto es que hay una situación que tenemos que atender y reparar. No obstante, tenemos que procurar hacerlo de forma rápida, saludable y sin desanimar. ¿Qué significa esto? Veamos. Muchas veces, por injusto que sea, con el ánimo de resolver rápidamente un problema cargamos de toda la culpa al otro o, al revés, cargamos todas las culpas en nosotros. El Talento Afectivo nos señala que si bien la idea es reparar rápido, aunque se trate de una situación durísima, el objetivo es que todas las partes de la relación se queden satisfechas y con ganas de seguir adelante. Para que esto sea posible, es necesario poner el acento en nuestra forma de comunicarnos; en utilizar un lenguaje asertivo, respetuoso y reparador.

5. Respetar y cumplir.

Todos, sobre todo hoy, sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de respeto. No obstante, el Talento Afectivo va un poco más allá de este entendimiento tradicional y señala que respetar -ante todo- es tolerar las imperfecciones del otro. Todos nosotros conocemos personas perfeccionistas que, si bien respetan al otro como persona, objetan constantemente su forma de vivir. Cuando no respetamos las imperfecciones del otro, sobre todo cuando nos referimos a vínculos más íntimos, entonces aumentamos nuestras respuestas impulsivas y reaccionamos ante una impuntualidad o un olvido como si fuera un verdadero caos. Respetar y tolerar las imperfecciones de los demás es la vía más eficaz para disminuir esas respuestas indeseadas.

Parte de este respeto implica también cumplir con el compromiso -tácito o explícito- que supone cualquier relación. Por ejemplo, si bien no podemos comprometernos a amar a alguien para toda la vida porque eso, como decíamos previamente sería idealismo en vez de realismo, sí podemos comprometernos a ser fieles mientras exista el amor. La ruptura de este compromiso significa el fin de la relación.

6. Incorporar la influencia del otro.

En cualquier tipo de relación sentimental, social o laboral puede darse que uno tenga más influencia que el otro -en poder o saber-. Si bien es algo natural, a veces por cuestiones de ego o de orgullo nos resistimos aceptar esa influencia y a capitalizar esa oportunidad de aprender del otro. Por ejemplo, un niño acepta naturalmente la influencia de un educador porque tiene más conocimientos que él. Una pareja en la que uno es padre y el otro no, pone al primero en una situación de conocimiento sobre la crianza que el segundo no tiene. Lo óptimo es no competir o rechazar esa experiencia, sino tomarla como una influencia y aprender de ella.

Por supuesto que en todos los casos nos referimos a una influencia positiva y no a una influencia manipuladora. Si naturalizamos el hecho de que en cualquier relación uno puede saber más que otro, entonces podremos capitalizar un aprendizaje en el que la unión, y no la competencia, hace la fuerza.

7. Explorar más puntos de unión.

La relaciones de amistad son un buen ejemplo para recrear de qué se trata este punto porque muchas amistades que hemos tenido a lo largo de la vida, aunque han sido circunstanciales y seguramente maravillosas, se han estancado. Es posible que esto haya ocurrido porque no hemos sabido explorar más puntos de unión o, lo que es lo mismo, no hemos sabido hacerlas evolucionar y trascender la temporalidad. Es decir, aunque una relación -de cualquier índole- vaya bien, necesitamos explorar más formas para hacerla crecer y/o evolucionar. En el caso de la amistad, por ejemplo, alguna opción podría ser tener más amigos en común, practicar un deporte juntos, etc.

Hasta aquí, hemos hecho un abordaje breve de cada una de las siete claves o facultades de nuestro Talento Afectivo, que representan una guía positiva para mejorar todo tipo de relaciones y en todos los ámbitos. Para acercarnos el tema con más detalle y profundidad, el Instituto de Talento Afectivo ha creado un método teórico-práctico que nos permite vivir un apasionante camino de autoconocimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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Talento Afectivo: ¿Cómo es la calidad de nuestras relaciones?

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Talento Afectivo.

¿Cómo es la calidad de nuestras relaciones?

Cada persona es un mundo y, por ende, cada relación -profesional, sentimental y/o social- también lo es. Por ello, una de las cosas fundamentales en las relaciones es saber cómo nos conectamos con los otros y, además, cómo es la calidad de esa conexión. El Talento Afectivo nos habla de los distintos tipos de conexión y, para ello, distingue 5 niveles:

  1. La conexión con uno mismo.
  2. La sintonía funcional y afectiva.
  3. La simpatía
  4. La empatía.
  5. La confluencia.
No obstante, aunque hemos hecho esta enumeración, nos referiremos en este artículo a las dos primeros niveles. Es decir, a la conexión con uno mismo y a la sintonía con el/los otro/s.

1. La conexión con uno mismo tiene como finalidad despertar nuestra vida interior, recuperar nuestro sentir y nuestra sensibilidad. Es volver a nuestras raíces que es donde se encuentran las bases de nuestros talentos olvidados. Olvidados -justamente- porque no escuchamos nuestra voz interior, pero en cambio sí escuchamos (y nos llenamos) de los ruidos de la vida todo el tiempo.

En esta primera etapa de conexión podemos diferenciar dos recursos clave. Uno es prestar atención a nuestro silencio y respetarlo. Se trata de olvidarnos de esos ruidos de la vida y de buscar que nuestro estímulo venga desde dentro de nosotros y no desde fuera. El segundo recurso importante es escuchar nuestra propia voz, porque es ella la expresión de nuestra emoción. Si prestamos atención a ella, podemos explorarnos y conocernos mejor; podemos tomar conciencia de nuestro potencial.

Por ejemplo, muchas personas trabajan en el camino inverso. Es decir, intentan desarrollar su asertividad, empatía, voluntad, liderazgo y un largo etcétera, sin haber hecho un profundo trabajo interior. Sin embargo, todos estos aspectos pertenecen al interior y necesitan ser trabajados en el mismo orden que mencionábamos con antelación: desde dentro hacia fuera.

2. La sintonía funcional y la sintonía afectiva.

Ambas son importantes y ninguna es más importante que la otra.

Hablemos primero de la sintonía funcional.

Esta sirve para entender la realidad del otro. Por ejemplo, es la que practican habitualmente los profesionales de la terapia, de la educación, de la venta, etc. La sintonía funcional, sin embargo, también distingue dos pasos: percibir lo que siente el cliente y entender su realidad con respeto y sin juzgar. ¿Puede darse una y no la otra? Absolutamente. Repasemos la diferencia. En el primer caso, es decir, el hecho de percibir lo que siente el cliente se da captando -sobre todo- su expresión y su lenguaje no verbal; uno puede percibir qué le pasa al otro, incluso aunque el otro no haga explícito ese sentir.

No obstante, entender su realidad supone un paso más. Significa entender su mapa mental, aunque nuestro especialista en Talento Afectivo, Frank Loris, prefiere explicar este concepto con un ejemplo más simple. Imaginemos dos personas en una mesa de restaurante frente a un menú idéntico. Ambos centran su atención en las croquetas pero, mientras uno de ellos se las imagina pequeñas y redondas, el otro se las imagina finas y alargadas. Es decir, cada uno interpreta la realidad de una forma. Por ello, entender la realidad supone comprender cómo procesa el otro la información de algo para llegar a una conclusión. Cuando esto ocurre, entonces habremos sintonizado.

Sin embargo, ¿por qué a tantas personas les cuesta sintonizar? Cuesta porque hay un gran deseo de las personas de afirmarse a sí mismos, en vez de escuchar al otro. Imaginemos un vendedor inmobiliario en pleno proceso de venta de una casa. Frente a él, el potencial comprador se muestra emocionado y atento a la luz del lugar, a la energía, a la orientación y a la calidez. Un vendedor que sintoniza con él y sabe captar su emocionalidad no le hablará sobre la optimización de los metros cuadrados o de los gastos -esta sería la actitud de alguien que necesita afirmarse frente al otro; alguien que sólo escucha para responder-. En cambio, alguien que ha sintonizado con él, es decir, que ha percibido su sentir y a entendido su realidad, le sugerirá colores, ideas de ambientación, etc.

No obstante, con el trabajo interior al que hacíamos referencia en el primer nivel, este deseo (y necesidad) de afirmación desaparece.

Hablemos ahora de la sintonía afectiva.

La sintonía afectiva que sirve para intercambiar con el otro; va un paso más allá de la sintonía funcional. Efectivamente, cada uno de nosotros puede percibir lo que siente el otro y entender su realidad, pero no necesariamente tenemos el deseo de intercambiar nada con esa persona ni sacar nada fértil de la relación. La sintonía afectiva tiene un gran componente de deseo y de intercambio; supone 4 claves:

  • Aceptar. Aceptamos al otro como es.
  • Desear. Deseamos descubrirlo para saber más cómo es.
  • Aprovechar. Aprovechamos sus conocimientos para que sean complementarios a los nuestros.
  • Intercambiar. Intercambio de algo gratificante con esa persona y en cualquier plano.

Intercambio gratificante significa que es bidireccional, siempre. Es decir, tiene que ser gratificante -producirnos valor o placer- a las dos partes; caso contrario, solo es intercambio. Nuestro especialista pone especial acento en esto; veamos por qué.

Es habitual encontrarnos con personas que “construyen” vínculos movidos únicamente por el bienestar o el placer. Son los que, por el simple hecho de sentirse bien un rato, un día, un tiempo, deducen –equívocamente- que van en la misma dirección y que tienen un proyecto común.

No obstante, para construir vínculos sólidos y sostenibles es necesario una relación basada en un intercambio que nutre y gratifica a un nivel más profundo en el plano intelectual, emocional, sexual, etc. Si no hay intercambio no hay refuerzo del vínculo.

¿Ejemplos? Una relación profesional en la que dos socios que aúnan sus conocimientos y los complementan para darle forma a un proyecto; o una relación de pareja que mejora su bienestar al abrirse a la intimidad mutuamente, pero sin dedicar tiempo a conocerse realmente.

Por todo lo que hemos venido diciendo, pareciera que todos necesitamos desarrollar nuestro Talento Afectivo y, en este sentido, el Instituto de Talento Afectivo aporta un giro sustancial a la forma de interpretar y gestionar las relaciones interpersonales. Por ello, aportan un método único, exclusivo y novedoso que combina equilibradamente teoría y experiencia para que nos sea posible vivir un apasionante camino de autodescubrimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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Morfopsicología & Orientación Vocacional. Descubre tu talento natural.

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Morfopsicología
& Orientación Vocacional.

Descubre tu talento natural.

¿Dónde estoy? ¿Qué quiero de mi vida? ¿Hacia dónde voy? Al estar terminando la escuela o al haberla finalizado, el adolescente comienza a formularse estas preguntas que se refieren a su presente inmediato, pero, sobre todo, a su futuro: ¿a qué me voy a dedicar?

De esta forma, la pregunta dónde estoy es el principio de las demás inquietudes que tienen que ver con el sentido de vida: el “para qué” de la vida del joven que elige una carrera. Es un momento en que pueden pasarle una o varias cosas por la cabeza: por ejemplo, puede dudar de sus capacidades y elegir algo que se le dé bien, aunque no sea su primera opción; puede dejarse influenciar por otras personas o por mandatos familiares; o puede que simplemente no tenga idea sobre qué hacer, o para qué es bueno naturalmente. En igual sentido, y permitiéndome una licencia personal, diré que en el momento de decidir lo único que tenía claro era lo que no quería. Supongo que esto también -hoy- puede ser otro punto de partida.

En esta etapa de definiciones, de certezas derribadas, de miedos, pero aún con intentos de visualización de ellos mismos en un futuro, un estudio morfopsicológico supone una guía extraordinaria que puede ayudarnos a descubrir y a conectar con nuestro propio talento innato o natural.

¿Por qué es importante esta toma de contacto y de conciencia? El doctor Mario Alonso Puig, por ejemplo, dice que “la mayor parte de nuestras inseguridades y de nuestras desesperanzas no son reales, son aprendidas. Hemos sido condicionados para crear una imagen de nosotros mismos y vivir de acuerdo con esa imagen. Nosotros no vivimos al nivel de nuestros talentos, sino al de nuestras creencias”.

La morfopsicología o psicología facial, como hemos visto en un artículo anterior, es una gran herramienta de autoconocimiento que nos permite entender que nuestro rostro, único e irrepetible, es un reflejo de nuestra estructura singular como seres humanos. Para ello, apunta a comprender de qué forma se relaciona cada parte del rostro con las demás, arrojando información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipos de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Cada estudio morfopsicológico es absolutamente único y esto hace, por supuesto, que este artículo sea solo una pequeña muestra de lo poderoso que puede resultar para cada persona.

Poderoso y extenso porque, como en este caso, más allá del fin primero de la orientación vocacional y de permitirnos conectar con lo innato y potenciarlo, se trata de un informe para la vida, para mejorar, para sentirnos bien, para apoyarnos en nuestras fortalezas e incluso para sacar provecho de nuestras debilidades. Aclarado esto, intentaremos, sin generalizar, citar algunas cuestiones interesantes que nuestra especialista, Marta Nadal Soler, nos ha ido contando.

Por ejemplo, en un estudio morfopsicológico habitual la herramienta básica para comenzar son tres fotos. En el caso particular de la orientación vocacional este inicio se complementa con una pequeña encuesta y la sesión se extiende un poco más. ¿Por qué? Veamos: considerando los puntos de partida adolescente que mencionábamos en párrafos anteriores, el joven tiene que poder expresar dónde entiende que está, hacia dónde le gustaría ir y para qué. En esta encuesta pueden surgir aspectos interesantes en los que el adolescente no había reparado antes. Por ejemplo, su para qué. Es decir, ¿es lo mismo querer ser abogado para continuar la tradición familiar, que desearlo para ayudar a la gente y luchar contra las injusticias? En retórica lo dejamos.

Ahora bien, revelemos algunas de las cuestiones que surgen del estudio. Una de ellas, que hemos nombrado con antelación, es permitirnos identificar qué tipo de inteligencia posee una persona. La Teoría de las Inteligencias Múltiples desarrollada por Gardner, propone que la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados. Esos tipos de los tipos de inteligencia son 8:

  • Lingüística.
  • Musical.
  • Lógica matemática.
  • Espacial.
  • Kinestésica.
  • Intrapersonal.
  • Interpersonal.
  • Naturalista.

Dicho esto, tenemos que entender que la inteligencia no sólo es intelectual, también es afectiva/emocional (cómo es su afectividad, cómo se emociona y se relaciona consigo mismo y con los demás), e instintiva (cómo es su voluntad de acción, su fuerza para tomar decisiones).

Por ello la mirada integral de la Morfopsicología es tan importante.

Es decir, además de detectar qué tipo de inteligencia racional tiene un joven -observada en la zona superior del rostro: frente, sienes, ojos-; también define su inteligencia emocional -observada principalmente en la zona media: pómulos y nariz-, e instintiva o activa -la zona inferior: boca, mandíbula y mentón-. No obstante, en esta mirada integral también influyen las particularidades de cada rostro de acuerdo con la simetría, volumen, fuerza, apertura, inclinación, etcétera siempre a partir del estudio global del rostro.

Puesto en práctica, todo aquello puede suponer, por ejemplo, que, aunque un adolescente tenga una gran inteligencia lógica-matemática, no lo habilita a ser necesariamente un buen economista, ingeniero y/o científico ni que pueda ejercer esta profesión en cualquier entorno. Es decir, si además de esa inteligencia lógica el joven tiene una gran vulnerabilidad emocional, difícilmente soporte un trabajo bajo presión o sea capaz de coordinar un equipo numeroso. De todas formas, esto es información que, lejos de ser limitante, funciona como una brújula y puede ser un punto para trabajar por el adolescente.

De hecho, todas las profesiones contemplan roles y competencias diferentes que son previstas por los morfopsicólogos. Efectivamente, si ponemos como ejemplo la medicina, podemos referirnos a la fuerza y a la precisión ejecutiva de un cirujano o podemos hacerlo pensando en la empatía, la paciencia y la receptividad de un médico de familia. Lo mismo con un escritor, un profesor o un músico. Hay un dicho que afirma que no todos somos buenos para todo, pero todos somos buenos para algo.

Tú, ¿ya sabes a qué quieres dedicarte el resto de tu vida? ¿Sabes para qué tienes talento? ¿Qué tienes? ¿Qué te falta? Descúbrelo ahora.

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La presencia nos conecta con la vida: crecimiento personal facilitado por caballos.

GROW WITH HORSES.

La presencia nos conecta con la vida. Crecimiento personal facilitado por caballos.

Decía Nietszche que “la prisa es un mal universal porque todo el mundo huye de sí mismo». La paradoja de estas palabras es que, tratándose de un aforismo creado hace más de cien años, aún mantenga intacta su vigencia. No es tan difícil darle contemporaneidad a esta reflexión. Veamos de qué hablamos.

Si lo pensamos, aunque en apariencia estamos conectados con todo y con todos, paradójicamente estamos cada vez más ausentes, más dispersos y -sobre todo- más desconectados de nosotros mismos. De esta forma, nos atiborramos de datos, de ruidos, de voces, de personas, de eventos y de objetivos llenos de nada, sin darnos cuenta que en esa misma vorágine pecamos de censurar nuestra voz interior. ¿Y el presente? ¿Y nosotros? ¿Dónde estamos cuando hablamos con nuestros hijos, cuando estamos en una reunión o mientras damos un paseo? La respuesta es sencilla. La mayoría de las veces estamos repasando lo que pasó, especulando con lo que podría pasar o con lo que nos falta hacer para cumplir con la agenda. 

Estar presentes, aunque debería ser una regla, es más bien una excepción. Porque la verdadera presencia, que es de lo que hablamos, es más mucho que estar físicamente en un lugar; la presencia supone estar conectados con nuestra verdad. Nuestra especialista, Eliane Bernard, creadora de los programas GROW WITH HORSES©, señala que “la presencia está asociada con sentirse vivo, con la creatividad, la conexión, la satisfacción y el fluir”. Y agrega, “la presencia es el mejor regalo que le podemos dar a los demás y a nosotros mismos”.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto “estar”?

En cierta forma, si nos parásemos abruptamente ahora mismo a observarnos seguramente nos identificaríamos con lo que estamos pensando o con la emoción que estamos experimentando. Y ciertamente no somos todo eso. Los pensamientos son poderosos e importantes, pero al igual que las emociones, son relativos y pasajeros y no nos definen. Tampoco nos definen nuestras habilidades, nuestras posesiones o nuestros títulos universitarios. Sin embargo, todo esto constituye nuestro diálogo interno y nos mantiene desconectados del presente. De hecho, es desde nuestra presencia que podemos observarlo todo, aceptarlo, sentirlo y dejarlo ir. Es desde nuestra presencia que podemos tomar decisiones con claridad, sin anclas con el pasado y sin las loterías sobre el futuro.


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Dicho todo esto: ¿por qué trabajar la presencia con caballos?

Los caballos, sobre todo cuando hablamos de caballos felices, viven en la presencia. Un caballo feliz es aquel al que se le respeta su naturaleza, se le facilita una alimentación equilibrada y se les permite pasear libremente en un entorno natural. De alguna manera, al igual que ellos, en nuestro mundo humano también necesitamos estar presentes, aunque como hemos visto, tampoco es algo que nos resulte tan sencillo. Ahora bien, los caballos son capaces de detectar si estamos presentes o no y conectarán con nosotros sólo cuando esa presencia sea realmente verdadera. Es decir, cuando nuestro cuerpo está relajado, cuando no pensamos ni en ayer ni en mañana y cuando nos libramos de la expectativa por los resultados y del miedo a quedar expuestos con el que muchos llegan a esta actividad.

Está claro que llegar a esa presencia no es tarea fácil y es por eso que el presente se vuelve muy lento hasta que todo aquello por fin ocurre. Nos cuesta despojarnos de todo y, simplemente, estar. Algunas personas incluso se aburren en esta espera y abandonan para volver a su vida llena de ruidos y de metas efímeras. Eliane deja que todo fluya naturalmente, ya que al igual que los caballos, ella tiene que estar muy presente para ser capaz de captar toda la información que sucede durante la actividad. Es desde esa presencia que pregunta a las personas qué sienten, cómo y dónde lo sienten, empatiza con ellas y les ayuda a desarrollar su escucha corporal en el aquí y ahora.

De hecho, si detecta incongruencias también les ayuda a reconducir estos estados facilitando su propia conciencia corporal. Cuando por fin cada uno conecta con su verdad y consigue estar presente, la magia sucede y el caballo -simplemente- lo hace explícito a través de su poderoso lenguaje. Es en ese momento que la felicidad se manifiesta infinita.

Después de lo dicho, es posible entender que la presencia no es sólo poner el cuerpo. La presencia supone una conexión presente, profunda y a corazón abierto. Dicho de otra forma, podemos estar presentes en una charla con nuestros hijos suscribiendo con la frase popular que habla de dedicar tiempo de calidad, pero eso no es más que marketing de cabotaje (y en el fondo lo sabemos). La verdadera presencia se produce cuando hay conexión con el otro, cuando de verdad nos importa lo que dice y escuchamos desde el corazón. Claro que todo esto sólo puede suceder cuando la conexión -primero- ocurre con nosotros mismos. Es desde allí que podemos estar presentes y conectar realmente con la vida, con los demás y experimentar una profunda plenitud.

Para todo ello, esta formación de Crecimiento Personal asistido por Caballos nos facilita, como primer peldaño del autoconocimiento, trabajar en la presencia. Desde la presencia se puede ser verdaderamente auténtico; desde la presencia y la autenticidad se puede desarrollar un liderazgo ejemplar e íntegro. Aunque nos referiremos a esto en un próximo artículo.

Entre otras cosas, este taller nos permitirá:
  • Conseguir una mayor conexión con nosotros mismos y con los demás.
  • Mejorar la capacidad para lidiar con situaciones conflictivas con más facilidad.
  • Incrementar la energía, la creatividad, la generosidad y el fluir.
  • Experimentar calma interior para tomar decisiones.
  • Aumentar nuestra capacidad de empatía, compasión e intuición.
  • Aprender métodos sencillos para estar más presente lo cotidiano.
  • Mejorar la calidad de nuestras relaciones y de nuestra vida.

Los caballos y la naturaleza nos ayudaran a sentir nuestra realidad. Sin embargo, Eliane nos lo puede explicar, los caballos nos lo pueden mostrar, alguien más nos lo puede contar, pero somos nosotros los que tendremos que actuar.

 

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