¿Para qué te despiertas cada mañana?

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Despierta.

Quien mira hacia afuera sueña; quien mira hacia dentro despierta. Carl Jung.

Artículo basado en la conferencia de Curro Duarte: “¿Para qué te despiertas cada mañana?” Madrid, 2017.

El título de la conferencia ya es inquietante, cierto. Invita a reflexionar, aunque hasta aquí escriba sobre el tema. No obstante, cada palabra de nuestro especialista colabora con esa reflexión y me encargaré de extraer algunas de las observaciones más relevantes de su ponencia.

Y empezamos citando la pregunta: ¿es lo mismo levantarnos que despertarnos? Claro que no. El primero podríamos reducirlo a un mero acto físico; despertarnos pareciera ser bastante más que eso. Vayamos por partes.

En nuestra vida todos tenemos ocupaciones y preocupaciones. La pregunta es: ¿cómo nos posicionamos; cuál es nuestro rol frente a ellas?

Veamos. Cada uno de nosotros contempla un círculo de preocupación y uno de influencia. 

  • Círculo de preocupación: el trabajo, la salud, las hipotecas, el clima del fin de semana, el medio ambiente, una final de fútbol, etc. Es decir, todas cosas que -entendemos- no dependen de nosotros.
  • Círculo de influencia: la ropa que nos ponemos, el lugar donde trabajamos, el desayuno que tomamos, el destino del próximo viaje, etc. Es decir, las cosas que sí dependen de nosotros.

El hecho es que preocuparse no sirve para nada. Por ello, como nos sugiere Curro, lo más lógico es ampliar nuestro círculo de influencia para ocuparnos, que es lo que realmente cambia el enfoque y el resultado. Si repasamos los ejemplos anteriores expuestos en el círculo de preocupación, podríamos rápidamente identificar de cuáles sí podemos ocuparnos. Efectivamente, sí depende de nosotros cuidar nuestra salud, nuestro trabajo y también podemos hacer algo -desde nuestro lugar- para cuidar el medio ambiente. Está claro que nada podemos hacer respecto al clima o respecto al resultado de un encuentro deportivo.

Ahora bien, esta ampliación del círculo de influencia no es en vano. Cuando dejamos de poner todo fuera y nos hacemos cargo, cambiamos el rol “víctima” por el rol “responsable”. Una de las herramientas que nos ayuda a reconocer en qué rol estamos es el lenguaje. El lenguaje genera Ser. El lenguaje empieza en el pensamiento y su manifestación primera es la palabra. ¿Y cómo empieza nuestro día? Pues hablándonos a nosotros mismos.

Observamos la realidad, la interpretamos, nos emocionamos y actuamos.

La interpretación es lenguaje y, como decíamos, cada uno interpreta hablando consigo mismo. Imaginemos arrancar el día pensando en la reunión que nos espera con nuestro jefe y con la responsable del área; al primero no le gusta nada que le vayamos con problemas y la segunda siempre llega tarde y provoca atrasos y repeticiones cada vez que participa en una reunión. Centrarnos en lo negativo resulta una forma extraña (muy) de levantarnos dispuestos a tener un “buen día”.

Lo curioso es que cada uno elige en qué centrarse. Entonces, libremente, podemos elegir centrarnos en lo positivo que tiene el jefe y la responsable de área. Por ejemplo, al primero no le gustan los problemas, pero si le presentamos una solución es un tipo muy receptivo y abierto. La responsable siempre llega tarde, aunque siempre tiene ideas originales que aportar. En cierta forma, si elegimos centrarnos en lo bueno, nosotros también afrontaremos la reunión más abiertos a hacer aportaciones, a aprender y/o a desarrollar perspectivas más enriquecedoras.

Y ciertamente, lo que cada uno elige define su motivación. Es decir, si vamos mentalizados de que todo será infértil e improductivo, nuestra motivación estará desactivada, desconectada. Ahora bien, si esperamos algo bueno -en cualquier ámbito y actividad- estaremos motivados; mucho más si eso bueno lo esperamos de nosotros mismos. Pensemos acaso, cómo nos sentimos cuando vamos a practicar nuestro deporte favorito o cuando estamos preparando un viaje de vacaciones.

Ahora bien, ¿de qué depende que esperemos cosas buenas de nosotros mismos?

Tal y como afirma Curro, depende -sobre todo- de nuestro autoconcepto: creencias positivas (aquello en lo que creemos que somos buenos) y creencias limitantes (aquello que nos frena nuestro desarrollo personal o profesional). No obstante, la mayoría de las creencias limitantes son falsas. Sucede que nos las han inculcado a lo largo de la vida (padres, educadores, etc.) y aunque no somos conscientes de ellas, las llevamos como una especie de mochila por la vida. Así es que tenemos que cuestionarlas y enfrentarlas para incrementar nuestra motivación.

Pero además, para alcanzar esa motivación debemos conocernos un poco más. Lo que decíamos al comienzo “mirar hacia dentro y despertar” y descubrir qué es realmente lo que nos motiva.

A propósito de ello, el psicólogo David McClelland sostuvo que todos los individuos tenemos cuatro grandes motivadores:
  • Logro: gente competitiva, que le gusta conseguir cosas, los retos, etc. Por ejemplo, los deportistas de elite.
  • Afiliación: les gusta relacionarse, les gustan las personas.
  • Influencia social: influyen en otros para desarrollarlos. Les gusta ayudar a los demás.
  • Influencia personalizada: son los que influyen a otros para su propio beneficio.

Lo cierto es que todos tenemos un poco de cada uno, pero la mayoría tenemos mucho más de las dos primeras y poco de influencia. En otras palabras, nos centramos mucho en los resultados y en el cómo llegamos a ellos, pero pocas veces nos preguntamos por nuestros “para qué”.

Ahora sí, volvamos a la pregunta inicial: ¿para qué nos despertamos cada mañana?

Por ejemplo, nuestro especialista, junto al equipo de profesionales que conforman Despierta by CDR, despiertan cada día con el propósito de ayudar a las personas y a los equipos a que sean felices y se diviertan su trabajo. Efectivamente, también lo afirma Simon Sinek, creador del círculo de oro: “la gente no compra lo que haces, compra para qué lo haces”. Por ello, acompañan a las empresas a descubrir y alcanzar su propósito.

¿Y cuáles son los cómos de Despierta by CDR? diagnosticar el punto de partida a través de sus “despertadores” e implementar Programas de Desarrollo dinámicos, provocadores y con sentido del humor.

¿Y los qué? forjar líderes resonantes y equipos motivados, cohesionados, eficaces y emocionalmente competentes, que contribuyan a generar un clima laboral positivo, identifiquen las motivaciones de sus clientes, satisfagan sus necesidades y alcancen resultados extraordinarios.

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Cuestiona y transforma aquellas creencias que te impiden avanzar.

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Creencias Limitantes
y Potenciadoras.

El secreto del éxito es la constancia en el propósito. Benjamin Disraeli.

Me permito agregar que, cuando el propósito está enfocado en algo externo y está concentrado -sobre todo- en recibir el reconocimiento de los demás, es algo efímero. Es decir, cuando por fin lo consigamos, aparecerá un nuevo propósito. Es una especie de premio al hacer. Por ello, hacer y lograr, sin conexión con el propósito interior, es temporal y momentáneo, porque nunca acaba de satisfacernos definitivamente.

Ahora bien, cuando el propósito es interior, es decir, cuando el hacer está infundido por la calidad atemporal del Ser, podemos considerarnos exitosos. Es decir, si el ser fluye en el hacer, estamos presentes, concentrados en lo que está pasando aquí y ahora, liberados del ego y de los pensamientos condicionados.

Sabemos que es complicado no confundirse. Estamos desbordados de biografías y avisos publicitarios que nos hablan del éxito como una cuestión exterior: “Tendrás éxito si tienes tal coche, si consigues ese ascenso, si te compras una casa en la playa o si alcanzas una estética determinada”. Es cierto que todo eso podría mejorar nuestro bienestar, pero ¿de verdad creemos que es suficiente y va a convertirnos en personas exitosas y plenas? ¡Claro que no! porque el propósito exterior, a diferencia del interior, siempre cambia y quiere más.

Encontrar nuestro propósito interior y vivir de acuerdo a él es la base para cumplir con nuestro propósito exterior -y no al revés-.

Efectivamente, cada uno de nosotros tenemos nuestro propio mapa mental acerca de cómo debemos vivir la vida, producto de nuestros pensamientos, percepción y patrones de creencias que hemos asumido como propias y que, sin darnos cuenta, proceden, en gran parte, de nuestros padres, educadores y personas cercanas.

También estamos influenciados por ataduras con el pasado que nos pueden ocasionar miedos, ansiedad, culpabilidad, desconfianza, pesimismo, exigencias, etc., procedentes de personas que ya no están y nos siguen influyendo a lo largo de nuestra vida. Ahora bien, si no son nuestras, si son inconscientes y si pueden estar bloqueándonos o paralizándonos, ¿por qué no cuestionarlas?

Todas esas creencias inconscientes rigen nuestras decisiones, emociones, actitudes, comportamientos y también, por supuesto, la proyección de nuestro ser exitoso. ¿Te imaginas haber crecido con la creencia de que sólo tienen dinero las personas deshonestas o que sólo son felices las personas que tienen dinero? ¿No te inquieta ser de las personas que creen que sin una pareja serás infeliz hagas lo que hagas, o que sin una carrera ya puedes considerarte un fracasado/a?.

No podemos cambiar lo que ha pasado hasta hoy, pero sí comprenderlo y darle otro significado para sanarlo y liberarnos.

Si tomamos conciencia de nuestras creencias y aprendemos a positivizar (de manera realista), sobre todo, las creencias limitantes, estaremos abriéndonos a nuevas oportunidades y permitiéndonos tomar la responsabilidad sobre nuestra vida. Dicho de otra forma, estaremos ejerciendo nuestra capacidad o habilidad para responder de manera consciente ante lo que nos sucede.

Así nos lo afirma Carmen Sherpa, nuestra coach especialista, que, teniendo como premisa todo lo que hemos venido abordando, ha diseñado un proceso de acompañamiento en creencias limitantes y potenciadoras. Su objetivo principal es llevarnos paso a paso, a través de una serie de ejercicios de toma de conciencia, a confiar en nosotros mismos, trazar nuestro propio camino y tomar nuestras propias decisiones.

¿Qué pasos plantea para ello?
Veamos algunos puntos importantes:
  • Tomar conciencia (lo repetimos porque es un concepto fundamental y prioritario). De hecho, sin este proceso de observación consciente no hay posibilidad de cambio real y duradero.
  • Asumir la responsabilidad sobre los propios pensamientos, sentimientos y actos, para ser el protagonista de una vida plena.
  • Aceptar y perdonar. Pasos necesarios para aprender y liberarnos del pasado.
  • Conectar con nuestro propósito. Con el interior y el exterior, entendiendo que, “como es dentro, es fuera”; lo que resuena con nuestro Ser forma parte del auténtico propósito de vida.
  • Vivir en el presente. Dado que el momento presente es lo único que tenemos. Poner la atención en el aquí y ahora es enfocarse en la vida.
  • Sintonizar con nuestro interior. Porque sólo así puede ocurrir una sanación duradera y auténtica. La solución no está fuera de nosotros. La búsqueda de la sanación está en el interior de cada uno de nosotros.

Nuestro modelo o mapa mental nos ha servido en nuestra vida para llegar hasta donde estamos; aunque para avanzar, para cambiar de rumbo o para redirigir aspectos puntuales, es imprescindible contar con nuevos recursos mentales, nuevas actitudes y nuevos comportamientos.

Carmen, en tal sentido, nos dice: “La posibilidad de cambiar es parte de nuestro poder; tenemos que aligerar la mochila que cargamos de cosas que, aunque hemos hecho nuestras, no lo son y no nos pertenecen”.

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¡Explora, descubre y rentabiliza todo tu potencial!

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Reconoce y cambia
tu mapa mental.

Si en este instante hubiera un accidente en la carretera frente a una decena de testigos, todos ellos tendrían diferentes versiones de lo ocurrido. Ninguno es dueño de la verdad y ninguno está equivocado. Veamos por qué ocurre esto y pongamos un poco de luz respecto a lo que es “mapa” y lo que es “territorio”.

En el ejemplo, el territorio (la realidad) es el accidente en la carretera; el mapa mental son nuestras interpretaciones sobre el hecho. Interpretaciones que, por definición, son parciales, subjetivas e incompletas. Por ese mismo motivo, esa decena de testigos podrían concluir en algo muy distinto e, incluso, radicalmente opuesto.

Esa interpretación es producto de nuestros filtros perceptuales, experiencias y creencias que hemos asumido como propias (en silencio y casi automáticamente). La mayoría han sido inculcadas por padres, educadores y personas cercanas y, aunque muchas de ellas son funcionales, otras son verdaderamente limitantes.

Vale decir, entonces, que nunca podremos percibir la realidad tal como es, pues no tenemos un botón desde el que podamos “resetearnos” como si fuéramos máquinas y deshacernos de todo lo aprendido -que tampoco es la idea-. Desde esa postura, juzgamos, criticamos a los demás ya que “no entienden”, “no se dan cuenta”, “no les importa”, “no se preocupan”; sin damos cuenta de que todas estas frases están basadas en juicios que elaboramos acerca de la conducta de los demás, en base a nuestro mapa y sin darnos cuenta de que el otro actúa en base a su mapa.

¿Cuántas veces hemos insistido hasta el cansancio para que los otros “vean” la realidad de manera idéntica a como la vemos nosotros?

Ahora ya sabemos que eso es, claramente, imposible. Imposible, desde el momento en el que ni siquiera cuestionamos nuestro mapa mental.

De hecho, ni siquiera tenemos conciencia de que existe, aunque esa falta de conciencia sobre por qué interpretamos como lo hacemos muchas veces es fuente de sufrimiento.

Desbloquea creencias limitantes.
Trabaja en creencias potenciadoras.

¿Ansiedad? ¿Culpa? ¿Desconfianza? ¿Rechazo? ¿Falta de valía?

Aquí está el problema. Cuando estos filtros perceptuales nos dejan alojados en marcos emocionales de angustia, miedo, falta de seguridad o confianza en nosotros mismos, nos bloqueamos y nos cerramos a nuevas posibilidades. Necesitamos hacer conscientes las creencias limitantes para poder rediseñar partes de nuestro mapa mental. Necesitamos saber cuándo las experimentamos y cuándo no son coherentes.

Poner en positivo las negaciones de las creencias limitantes nos libera de obstáculos, nos abre a nuevas oportunidades y nos permite tomar la responsabilidad sobre nuestra nueva vida y ejercer nuestra capacidad o habilidad para responder ante lo que nos acontece de manera consciente.

¿Cómo sintonizarte con tu propósito interior?

¿Adecuar nuestro mapa mental para ser exitoso o tener éxitos? 

Son dos cosas distintas. La primera es un propósito interior, pues tiene que ver con el ser; la segunda es exterior, pues tiene que ver con el hacer. Pero veamos por qué es importante a la hora de rediseñar nuestro mapa mental.

El éxito, según la idea convencional, es lograr algo que te hayas propuesto hacer. Algunos dirán que el éxito es el resultado de una combinación de trabajo duro y suerte, o de determinación y talento, o de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Pero, justamente, el propósito exterior (el éxito) no dura para siempre; está sometido al tiempo, y después es sustituido por algún otro propósito.

No obstante, cuando el hacer está infundido con la calidad atemporal del ser, podemos considerarnos exitosos. Si el ser fluye en el hacer, significa que estamos presentes, concentrados en lo que está pasando aquí y ahora, liberados del ego y de los pensamientos condicionados.

¡Explora, descubre y rentabiliza todo tu potencial!

Nuestro modelo o mapa mental nos ha servido en nuestra vida para llegar hasta donde estamos; aunque para avanzar, para cambiar de rumbo o para redirigir aspectos puntuales, es imprescindible contar con nuevos recursos mentales, nuevas actitudes y nuevos comportamientos.

Si te atreves a salir del mapa mental, obtendrás resultados distintos, mejores y sorprendentes.

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¿Por qué nos cuesta dejar de «actuar» en círculo?

Es habitual escuchar ese eterno fastidio en torno a la desbordante rutina que nos envuelve. Que las responsabilidades, que las obligaciones, que los compromisos…Ese “de todo un poco” que se traduce en “demasiado” y que infinitas veces opera de escudo para ocultar nuestra falta de claridad para conectarnos con lo que realmente deseamos.

Muchas veces nos encontramos en época de caos, mala racha y energía y justificamos o permitimos que todo nos salga “mal”. Sin embargo, cuando todo está “bien”, cuando los astros nos favorecen y la vida parece ser un camino sin obstáculos, aún experimentando alivio, seguimos sintiéndonos en una especie de conformidad incómoda.

Escuchaba, en relación a lo expuesto, la conversación que mantenía un grupo de amigos. Uno de ellos explicaba que había decidido acudir a un profesional para que le ayudase a dar forma a su proyecto como emprendedor; ese fue el detonante para que todos expusieran, sin orden alguno, cada uno de sus peculiares avatares diarios y sus proyectos pospuestos. La realidad es que ninguno parecía tener determinación en cuanto a lo que quería, ni sabía por dónde empezar, aunque todos coincidían en que lo que no encontraban era la forma de desacomodarse de la rutina para centrarse en lo que querían realmente.

Como el tiempo es finito, no hace paréntesis y no da privilegios, todo debemos hacerlo mientras “transitamos” por esa rutina que nos parece más dirigida por los demás, que por nosotros mismos.

Ejemplos como la charla citada anteriormente se dan con más frecuencia de la deseada. Se escuchan por doquier quejas, excusas, desencuentros, etc … Sin embargo, muchos permanecen en la zona cómoda, en un círculo vicioso que los mantiene desconectados de sus potencialidades y verdaderos propósitos, haciendo lo justo para llegar a “algún sitio”. Ahora bien, si no saben con claridad hacia dónde quieren ir, “algún sitio” será el único y repetitivo objetivo cumplido con creces.

Me pregunto entonces:

¿Por qué nos cuesta tanto dejar de ”actuar” en círculo? ¿Por qué nos vemos repitiendo más o menos lo mismo, sin conectar con nosotros mismos? ¿Sabemos realmente lo que queremos? ¿Por qué siempre vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro? ¿A qué le tenemos miedo?

Lo que desconocemos de nosotros mismos nos domina. Lo que resiste, persiste.

Saber qué queremos es una de las cuestiones básicas para gestionar nuestra propia felicidad. Apunta a lo que queremos como seres auténticos, y no a lo que quiere nuestra “imagen maquillada”, esa que responde a las expectativas de los demás y que de tanto repetirla la terminamos incorporando como verdadera.

Liberarnos de las máscaras y aceptarnos, con lo bueno y con lo malo, es el primer paso para conectarnos con nuestro interior y para descubrir ese lugar hacia el que queremos llegar.

El valor de encontrarnos con nuestra identidad genuina es altísimo, pues descubrimos fortalezas, debilidades, aspectos de nosotros que nos gustan y otros que no nos gustan tanto, pero que forman parte de nosotros también y están ahí para enseñarnos algo.

Si nos atrevemos a reconocer esos aspectos personales que nos negamos a ver, podremos aprender y aprehender las enseñanzas que guardan para nosotros, transformarlos y transcenderlos. Si, por el contrario, los ignoramos, seremos “presa” de su energía retenida y no aceptada que se rebelará contra nuestra imagen mentalmente establecida como “correcta” cuando menos lo esperemos, creando insatisfacción y sufrimiento en nuestra vida y en la de nuestros seres cercanos.

Recordemos: lo que resiste, persiste. 

#Reinvéntate

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