Escape Room para Empresas: El Rescate. Consigue equipos efectivos a través del juego.

Misión: El Rescate.

El uso de la gamificación en la empresa ha llegado para quedarse, no sólo por la cantidad de habilidades que se ponen en juego como el ingenio, la creatividad, el pensamiento lateral, la concentración, la atención, la observación, la colaboración, el liderazgo, la comunicación y la toma de decisiones, sino también porque el acto de jugar contacta a las personas con su lado más genuino, con su estado más puro. Como bien señala el escritor John Katzenbach “el mejor juego es aquel en el que no te das cuenta de que estás jugando”.

Dicho esto, aunque las Escape Room originalmente fueron diseñadas para que un equipo reducido de personas resuelva los enigmas y consiga salir en 60 minutos, actualmente se han desarrollado otros formatos que resultan ideales para trabajar con muchas personas en simultáneo. Es el caso de la Sala El Rescate que tiene lugar dentro de Escape Khaos, actualmente posicionada como una de las firmas precursoras y referentes en Madrid en Escape Rooms, Esta sala permite que participen de forma simultánea muchas personas, que sean 75 en vez de 60 minutos, y que el objetivo no sea salir de la sala sino resolver una misión de forma colaborativa.

Por supuesto, este formato es ideal para todo tipo de organizaciones que quieran planificar actividades de team building, eventos, incentivos, talleres y/o jornadas que les permitan trabajar -siempre con un espíritu lúdico- aspectos puntuales como la comunicación, la motivación, el liderazgo y/o la resolución de conflictos, entre otros. Veamos algunas de las particularidades de hacen de la Sala El Rescate un espacio ideal para vivir esta experiencia.

Una misión, 75 minutos y una caja llena de objetos.

Pero antes de que el tiempo empiece a correr, hay una introducción para explicar las instrucciones, la dinámica del juego y el contexto de la misión que deberán resolver. Luego, organizados en grupos de 3 a 6 participantes, comienza la acción. 

Cada equipo tendrá un material cerrado bajo candado que deberán inspeccionar en busca de pistas y otros datos que les pueden ayudar a continuar con el caso y conseguir el objetivo final. Es cierto que no todos los/las participantes comienzan igual. Mientras algunos se muestran más tímidos y más desorientados, otros desbordan de entusiasmo y curiosidad. Lo cierto es que ese espíritu entusiasta se contagia mucho antes que después, aunque nada se compara con la euforia grupal que se produce al ir resolviendo/descubriendo algunos enigmas.

Cuando esos primeros momentos mágicos ocurren, las personas se distienden, pierden el miedo y empiezan a involucrarse; comienzan a jugar y desaparecen las brechas generacionales, las jerarquías, las culturas, etc. Esto, entre otras cosas, significa que comienzan a comunicarse de manera abierta, a comprometerse con el objetivo, a colaborar y a construir un sistema de estrategias y decisiones propio para avanzar en el juego.

Un tropezón no es caída (y dos tampoco).

El tiempo en el juego vale oro y los/as participantes lo saben. No obstante, a veces los nervios, la ansiedad o un simple bloqueo los detiene en una encrucijada que no les permite avanzar. Para ello, cada vez que un grupo comienza el juego y hasta el final de la mismo, un/a Game Master, estará encargado/a de dinamizar la actividad y de ayudar a los equipos con algunas pistas cuando así lo necesiten.

2 modalidades de trabajo: local o portátil.

Como habíamos mencionado, las instalaciones de Escape Khaos cuenta con dos salas preparadas y equipadas para que jueguen en forma simultánea hasta 40 participantes en una de ellas, y hasta 32 en la otra. Ahora bien, también es posible desplegar y dinamizar la actividad en el lugar que la empresa defina para grupos de hasta 100 personas.

Y el final de la actividad puede no ser el que parece.

Hemos recorrido brevemente y sin revelar demasiado muchas de las bondades que tiene esta experiencia, aunque no es lo único. Como habíamos mencionado previamente, la organización puede llevar adelante esta actividad apuntando a trabajar todas las cuestiones que hemos ido enumerando, o puede definir un aspecto u objetivo particular sobre por qué o para qué hacerla. Por ejemplo para trabajar la comunicación del equipo, para celebrar el cumplimiento de los objetivos y un infinito etcétera.

A propósito de esto, una compañía también podría hacer que un coach o personal de RRHH observen el desarrollo de la actividad o, incluso, que sean parte de ella. Las libertades y las licencias para abordar esta experiencia son muchas y pueden contemplarse siempre que sean previamente planteadas en el cómo a los dinamizadores de la Sala El Rescate.

Además, existe la posibilidad de hacer reuniones/pequeños ágapes previos y posteriores, aprovechando el espíritu lúdico y euforia de las/os participantes. Por ejemplo, podrían encontrarse para terminar la experiencia compartiendo sus puntos de vista sobre qué les ha costado más, qué les ha gustado, de qué y/o de quién/es se ha/n sorprendido. 

Y ahora sí, el tiempo apremia porque ha llegado a comisaría un caso extremadamente alarmante:

Una niña ha sido secuestrada. La policía ha puesto a sus mejores efectivos a trabajar, pero han llegado a un punto muerto y necesitan la colaboración de un grupo de expertos que les ayude a desbloquear el caso”. Hay que encontrar la forma de liberar a la niña, ¿preparad@s?

¿Para qué te despiertas cada mañana?

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Despierta.

Quien mira hacia afuera sueña; quien mira hacia dentro despierta. Carl Jung.

Artículo basado en la conferencia de Curro Duarte: “¿Para qué te despiertas cada mañana?” Madrid, 2017.

El título de la conferencia ya es inquietante, cierto. Invita a reflexionar, aunque hasta aquí escriba sobre el tema. No obstante, cada palabra de nuestro especialista colabora con esa reflexión y me encargaré de extraer algunas de las observaciones más relevantes de su ponencia.

Y empezamos citando la pregunta: ¿es lo mismo levantarnos que despertarnos? Claro que no. El primero podríamos reducirlo a un mero acto físico; despertarnos pareciera ser bastante más que eso. Vayamos por partes.

En nuestra vida todos tenemos ocupaciones y preocupaciones. La pregunta es: ¿cómo nos posicionamos; cuál es nuestro rol frente a ellas?

Veamos. Cada uno de nosotros contempla un círculo de preocupación y uno de influencia. 

  • Círculo de preocupación: el trabajo, la salud, las hipotecas, el clima del fin de semana, el medio ambiente, una final de fútbol, etc. Es decir, todas cosas que -entendemos- no dependen de nosotros.
  • Círculo de influencia: la ropa que nos ponemos, el lugar donde trabajamos, el desayuno que tomamos, el destino del próximo viaje, etc. Es decir, las cosas que sí dependen de nosotros.

El hecho es que preocuparse no sirve para nada. Por ello, como nos sugiere Curro, lo más lógico es ampliar nuestro círculo de influencia para ocuparnos, que es lo que realmente cambia el enfoque y el resultado. Si repasamos los ejemplos anteriores expuestos en el círculo de preocupación, podríamos rápidamente identificar de cuáles sí podemos ocuparnos. Efectivamente, sí depende de nosotros cuidar nuestra salud, nuestro trabajo y también podemos hacer algo -desde nuestro lugar- para cuidar el medio ambiente. Está claro que nada podemos hacer respecto al clima o respecto al resultado de un encuentro deportivo.

Ahora bien, esta ampliación del círculo de influencia no es en vano. Cuando dejamos de poner todo fuera y nos hacemos cargo, cambiamos el rol “víctima” por el rol “responsable”. Una de las herramientas que nos ayuda a reconocer en qué rol estamos es el lenguaje. El lenguaje genera Ser. El lenguaje empieza en el pensamiento y su manifestación primera es la palabra. ¿Y cómo empieza nuestro día? Pues hablándonos a nosotros mismos.

Observamos la realidad, la interpretamos, nos emocionamos y actuamos.

La interpretación es lenguaje y, como decíamos, cada uno interpreta hablando consigo mismo. Imaginemos arrancar el día pensando en la reunión que nos espera con nuestro jefe y con la responsable del área; al primero no le gusta nada que le vayamos con problemas y la segunda siempre llega tarde y provoca atrasos y repeticiones cada vez que participa en una reunión. Centrarnos en lo negativo resulta una forma extraña (muy) de levantarnos dispuestos a tener un “buen día”.

Lo curioso es que cada uno elige en qué centrarse. Entonces, libremente, podemos elegir centrarnos en lo positivo que tiene el jefe y la responsable de área. Por ejemplo, al primero no le gustan los problemas, pero si le presentamos una solución es un tipo muy receptivo y abierto. La responsable siempre llega tarde, aunque siempre tiene ideas originales que aportar. En cierta forma, si elegimos centrarnos en lo bueno, nosotros también afrontaremos la reunión más abiertos a hacer aportaciones, a aprender y/o a desarrollar perspectivas más enriquecedoras.

Y ciertamente, lo que cada uno elige define su motivación. Es decir, si vamos mentalizados de que todo será infértil e improductivo, nuestra motivación estará desactivada, desconectada. Ahora bien, si esperamos algo bueno -en cualquier ámbito y actividad- estaremos motivados; mucho más si eso bueno lo esperamos de nosotros mismos. Pensemos acaso, cómo nos sentimos cuando vamos a practicar nuestro deporte favorito o cuando estamos preparando un viaje de vacaciones.

Ahora bien, ¿de qué depende que esperemos cosas buenas de nosotros mismos?

Tal y como afirma Curro, depende -sobre todo- de nuestro autoconcepto: creencias positivas (aquello en lo que creemos que somos buenos) y creencias limitantes (aquello que nos frena nuestro desarrollo personal o profesional). No obstante, la mayoría de las creencias limitantes son falsas. Sucede que nos las han inculcado a lo largo de la vida (padres, educadores, etc.) y aunque no somos conscientes de ellas, las llevamos como una especie de mochila por la vida. Así es que tenemos que cuestionarlas y enfrentarlas para incrementar nuestra motivación.

Pero además, para alcanzar esa motivación debemos conocernos un poco más. Lo que decíamos al comienzo “mirar hacia dentro y despertar” y descubrir qué es realmente lo que nos motiva.

A propósito de ello, el psicólogo David McClelland sostuvo que todos los individuos tenemos cuatro grandes motivadores:
  • Logro: gente competitiva, que le gusta conseguir cosas, los retos, etc. Por ejemplo, los deportistas de elite.
  • Afiliación: les gusta relacionarse, les gustan las personas.
  • Influencia social: influyen en otros para desarrollarlos. Les gusta ayudar a los demás.
  • Influencia personalizada: son los que influyen a otros para su propio beneficio.

Lo cierto es que todos tenemos un poco de cada uno, pero la mayoría tenemos mucho más de las dos primeras y poco de influencia. En otras palabras, nos centramos mucho en los resultados y en el cómo llegamos a ellos, pero pocas veces nos preguntamos por nuestros “para qué”.

Ahora sí, volvamos a la pregunta inicial: ¿para qué nos despertamos cada mañana?

Por ejemplo, nuestro especialista, junto al equipo de profesionales que conforman Despierta by CDR, despiertan cada día con el propósito de ayudar a las personas y a los equipos a que sean felices y se diviertan su trabajo. Efectivamente, también lo afirma Simon Sinek, creador del círculo de oro: “la gente no compra lo que haces, compra para qué lo haces”. Por ello, acompañan a las empresas a descubrir y alcanzar su propósito.

¿Y cuáles son los cómos de Despierta by CDR? diagnosticar el punto de partida a través de sus “despertadores” e implementar Programas de Desarrollo dinámicos, provocadores y con sentido del humor.

¿Y los qué? forjar líderes resonantes y equipos motivados, cohesionados, eficaces y emocionalmente competentes, que contribuyan a generar un clima laboral positivo, identifiquen las motivaciones de sus clientes, satisfagan sus necesidades y alcancen resultados extraordinarios.

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