Las Constelaciones Familiares dedicadas a casos de depresión.

La depresión según Alexander Lowen. 

Con este artículo, y siguientes, intento resumir algunos aspectos esenciales del libro “La depresión y el cuerpo” de Alexander Lowen, evocar así su claro y profundo trabajo al respecto, y mostrar la utilidad de sus conceptos para las Constelaciones Familiares dedicadas a casos de depresión.

¿Qué es la depresión?

  • Es una pérdida de sentimientos, intereses y deseos.
  • Es una condición con escasa vida, vivacidad, excitación y respuesta.
  • Es un estado variable compuesto de ciclos repetitivos con bajos depresivos, seguidos de altos (euforia, manía, derrumbe) y de bajos de nuevo.
  • Es patológica, pero también puede ser un fenómeno recuperativo.

Síntomas de la depresión.

  • Derrumbamiento energético del cuerpo.
  • Decaído, encadenado, hundido.
  • Pérdida de energía para respirar profundamente.
  • Un abatimiento profundamente doloroso.
  • Vacío interior y carencia de auténtico placer.
  • Anulación del interés por el mundo exterior.
  • Inhibición de toda actividad.
  • Pasarse gran parte del día en la cama.
  • Incapacidad para responder.
  • Carencia de entusiasmo interior.
  • Mirada perdida en el tiempo.
  • Pérdida de autoestima.
  • Pérdida de la capacidad de amar.

Posibles causas de la depresión.

Melanie Klein estudió la depresión infantil con niños muy pequeños. Lowen presenta su trabajo con algunas discrepancias.

Si el pecho y la leche de la madre están a disposición del niño el tiempo necesario para satisfacer sus necesidades orales, el destete no genera un trauma, porque la pérdida de este placer se va compensando con otros nuevos. Pero si esta pérdida del placer de mamar y, por tanto, del amor, bienestar y seguridad asociados, se produce en unas condiciones inadecuadas, genera frustración, rabia y hostilidad hacia la madre. Cuando el niño siente que todo ello está perdido y es irrecuperable, lo normal es que se deprima. No acabaremos de entender la reacción depresiva si aceptamos como normales la frustración y la privación infantiles. En nuestra sociedad, con sus exageradas demandas de tiempo y energía a la madre, es inevitable cierto grado de frustración y privación infantiles. Si esta exigencia social tiene prioridad sobre las necesidades del niño, puede ser una fuente de dificultades posteriores.

René Spitz estudió el efecto directo que ejerce sobre el niño la pérdida del contacto físico con la madre. Observó el comportamiento de niños separados de sus madres presas en instituciones penales, a los seis meses de vida. En el primer mes de separación, los niños se esforzaban por recuperar el contacto con la figura materna. Lloraban, gritaban y se agarraban a cualquiera que les diera calor. A medida que esos intentos de recuperar la anterior relación con su madre fracasaban, iban encerrándose en sí mismos. Al cabo de tres meses mostraban un rostro rígido, el llanto había dado paso a una especie de gimoteo y se iban amodorrando. Si persistía la separación, aumentaba esta actitud de retirada, rechazaban todo contacto y se quedaban inmóviles en la cama. Tanto en su actitud corporal como en su conducta, estos niños mostraban las mismas características que los adultos depresivos.

John Bowlby observó los efectos de la separación en bebés y niños que estaban entre los seis y los treinta meses de edad cuando ocurrió la separación de la madre. En todos los casos en los que la separación se prolongó, el niño cayó en una reacción depresiva caracterizada por desapego, falta de respuesta y apatía.

Karl Abraham estudió los pacientes maníaco-depresivos y relacionó la depresión del adulto con una reactivación y un regreso a una “depresión primaria durante la infancia”, por una pérdida de amor y por el odio sentido por el niño hacia sus padres, principalmente hacia la madre. Al tener que reprimir la respuesta instintiva a esa pérdida y este odio, el paciente queda “debilitado y privado de su energía”.

Según Owen, la causa de la depresión es la represión de la emoción.

Visiones clave sobre la depresión.

Según Owen, cuando una persona ha experimentado una pérdida o trauma en su infancia que ha socavado sus sentimientos de seguridad y autoaceptación, se genera en ella una depresión. Su actitud y conducta están impregnadas de falta de realidad en el presente porque vive el presente con su mirada puesta en su pasado.

Y proyectará en su imagen del futuro la exigencia de invertir su experiencia inadmisible pasada. Si de niño experimentó una sensación de rechazo, se representará un futuro lleno de aceptación y aprobación. Si de niño experimentó una sensación de desamparo e impotencia, su mente generará una imagen futura en la que se sienta poderoso y dominante. La mente, en sus fantasías, intenta invertir una realidad inaceptable a base de crear imágenes que ensalcen al individuo e hinchen su ego.

Si una parte importante de su energía se centra en ellas, perderá de vista que su origen está en esta experiencia infantil, dispondrá de poca energía para el día a día y sacrificará el presente en aras de su cumplimiento. En estas condiciones, dichas imágenes se convierten en metas irreales, y por tanto, inalcanzables.

La irrealidad de la persona deprimida se manifiesta en su pérdida de contacto con su cuerpo. No se ve a sí misma tal como es, porque su mente está centrada en una imagen irreal. No se da cuenta de las limitaciones impuestas por sus rigideces musculares, pero estas limitaciones son las que hacen que no pueda realizarse como persona en el presente. No siente sus disfunciones corporales, su menor movilidad y respiración inhibida, porque está con su ego, su voluntad y su imaginación. La vida de su cuerpo, que es la vida en el presente, la descarta como irrelevante porque su atención está puesta en una meta futura que considera la única importante.

Las metas irreales dificultan entrar en relación directa con las necesidades básicas del ser humano.

Todo el mundo necesita amar y sentir que su amor es aceptado y en cierta medida correspondido. El amor y la estima nos relacionan con el mundo y nos dan la sensación de pertenecer a la vida. Ser amados facilita la expresión activa de nuestro propio amor. La gente no se deprime cuando ama. A través del amor uno se expresa y afirma su ser e identidad.

La autoexpresión es otra necesidad básica de todo ser humano, que subyace en toda actividad creativa y es fuente de nuestro mayor placer. La autoexpresión es expresión de sentimientos. Las vías a través de las cuales se expresan los sentimientos son los ojos, la voz y el movimiento corporal. Cuando la persona se halla en un estado depresivo, estas vías se han cerrado, los ojos están apagados, la voz es monótona y la movilidad reducida. El activar cualquier sentimiento, como la tristeza o la rabia, expresándolo con gritos o golpes, tiene un efecto inmediato y positivo sobre su estado depresivo.

Otra necesidad básica para todos es la libertad. La sociedad humana impone ciertas restricciones a la libertad individual en aras de la cohesión social. Pueden ser aceptadas si no restringen en exceso el derecho de autoexpresión. Pero no me refiero aquí a esta libertad exterior, sino a la interior, a la que permite autoexpresarse uno mismo y tener voz en la regulación de los propios asuntos. Hay prisiones interiores, a menudo más poderosas que las exteriores por ser inconscientes, que aíslan y limitan. La persona, mientras sobrevive en esta prisión, devana fantasías de libertad, trama planes para su fuga y sueña un mundo idealizado. Pero estas fantasías le impiden confrontar de manera realista las fuerzas internas que le atan. Antes o después, la ilusión se derrumba, el sueño se desvanece, el plan falla y cuando se encuentra cara a cara con la realidad, el individuo se deprime y desespera.

Las ilusiones nos llevan a metas, expectativas y a recompensas poco realistas: riquezas, éxitos, fama. Solemos creer que los ricos son unos privilegiados. Pero el rico se deprime tanto como el pobre. El dinero no da las satisfacciones internas que hacen que la vida merezca ser vivida. En muchos casos, la tendencia a ganar dinero justamente nos empobrece porque desvía nuestra energía de actividades creativas y autoexpresivas.

El éxito y la fama obedecen a otra motivación. Se basan en la ilusión de que aumentarán nuestra estima y nos ayudarán a lograr esa aceptación y aprobación que parece necesitamos de los demás. Pero estos logros aparentes aportan bien poco a la persona interior. Muchos triunfadores se han suicidado en la cumbre del éxito. Con la fama, pocos han encontrado verdadero amor y han superado la sensación interna de soledad. No muchos son los aplausos y ovaciones que llegan al corazón.

El verdadero objetivo que hay tras la lucha por el dinero, el éxito o la fama es la autoaceptación, la autoestima y la autoexpresión. Este anhelo profundo quedó marcado a fuego durante la infancia buscando la aceptación de los padres, transferido más tarde a los demás. La verdadera vida se vive en un nivel mucho más interior y personal.

Si queremos encontrar a la verdadera persona tras la fachada de su conducta social, tenemos que mirar su cuerpo, sentir sus sentimientos y entender sus relaciones. Sus ojos nos dirán si puede amar, su cara si es autoexpresivo y sus movimientos si dispone de libertad interior. Cuando estamos en contacto con un cuerpo vivo y vibrante, sentimos enseguida si estamos ante “Alguien”, sin tener en cuenta su posición social. La vida se vive realmente en este nivel personal donde un cuerpo se relaciona con otro o con su entorno natural.

Si pensamos que podemos autoaceptarnos, autoestimarnos y autoexpresarnos con fuentes externas a nosotros, con todos los adelantos materiales y tecnológicos, nos veremos lamentablemente desilusionados, y posteriormente deprimidos.

Persona autodirigida o heterodirigida.

Podemos ahondar nuestra comprensión sobre la depresión si distinguimos las personas autodirigidas de las heterodirigidas, las que se dirigen desde su interior de las que se dejan dirigir desde fuera. Éstas son más vulnerables a la depresión que aquellas.   

La persona autodirigida no se deja influir fácilmente por el entorno. Su personalidad tiene orden y estabilidad interna. Descansa en la solidez de la autoconciencia y autoaceptación. Se sostiene sobre sus propios pies y sabe dónde está.

La persona heterodirigida carece de estas cualidades, tiende a depender y necesita apoyarse emocionalmente en otros. Si pierde este soporte, se deprime. Sus necesidades infantiles de apoyo, aceptación y experiencia de contacto físico y calor no fueron satisfechas. Al sentirse insatisfecha, no tiene razones para tener fe en sí misma ni en la vida.

Mientras la persona autodirigida pone su fe en sí misma, la heterodirigida la pone en los demás, arriesgándose así a una decepción constante. Vive con la esperanza inconsciente de que los demás reconozcan su valor y le respondan con amor, aceptación y ayuda.

La persona autodirigida actúa y hace las cosas para y como expresión de sí misma. Se realiza a través de su respuesta al mundo, no de la respuesta del mundo a ella. Fueran las que fueran las necesidades insatisfechas que tuvo de niño, no espera ahora que los demás se las satisfagan.

A menudo las apariencias engañan. La persona heterodirigida con frecuencia aparenta que los demás le necesitan y cree así que es independiente. Pero es una indicación clara de que la persona está dirigida desde fuera. Bajo esa fachada de autosuficiencia, intenta satisfacer su necesidad de dependencia, mientras se engaña a sí misma y a los demás. La persona que expresa abiertamente su necesidad de dependencia no es tan propensa a deprimirse como la que la esconde bajo una máscara de independencia.

Estos dos tipos de personalidad también se diferencian en la forma cómo reconocen sus problemas y definen sus deseos. La persona autodirigida sabe lo que quiere, con autoconciencia, y lo expresa de forma concreta: “Siento que me estoy forzando demasiado y necesito parar”, “Mi cuerpo está tenso y respiro muy superficialmente, necesito abrirme”. La persona heterodirigida no puede hacerlo. Sus demandas son generales, amplias y poco claras, como “Quiero amor”, “Quiero ser feliz”, lo cual indica que le falta un fuerte sentimiento, autoconocimiento y centrarse.

La autodirección interior viene dada por un sentimiento fuerte que sólo permite un curso de acción. Esto no significa que la persona autodirigida esté dominada por un solo sentimiento y que se mueva en una sola dirección. Tal actitud implicaría rigidez, que se vendría inevitablemente abajo cuando la persona no pudiera mantener la necesaria tensión. En una persona sana, los sentimientos cambian constantemente. Se puede estar disgustado y amable, triste y después alegre. Cada emoción fuerte crea una nueva dirección que es la respuesta personal del organismo a su entorno. Toda emoción auténtica es una expresión directa de la fuerza vital que existe dentro de la persona.

Lo que normalmente uno siente son las diferentes emociones. Cuando se actúa con emoción o con un fuerte sentimiento, se actúa con fe: fe en la validez de los propios sentimientos y fe en uno mismo.

La persona que carece de fe ha suprimido todas sus emociones fuertes y las ha sustituido por un conjunto de creencias o ilusiones que guían y dirigen su conducta. Si un estudiante radical cree que la violencia es la única forma de derrocar el sistema establecido al que ve como opresor, reunirá mucha energía y evocará lo que pueden parecer sentimientos auténticos. Pero éstos no son personales. No está enfadado a causa de un insulto personal, o triste por una pérdida personal. Ha dejado a un lado sus sentimientos personales por lo que él cree que son las necesidades de los demás. Esta acción revela que es una persona dirigida desde fuera. Si la causa por la que lucha, sufre un revés, puede caer en depresión.

Antes de preocuparse por otros, nuestra primera preocupación debería ser la de nuestro propio bienestar. Si cada cual pudiera valerse por sí mismo y satisfacer sus propias necesidades, el mundo marcharía indudablemente mejor. La persona autodirigida no es egoísta. Está centrada en sí misma, y ello le permite darse cuenta de que depende del bienestar del resto de su comunidad. Y es realmente humanitaria, porque es consciente de su propia humanidad, de su propio ser como persona.

Si la sociedad tiene la culpa de las desgracias que me ocurren, es ella quien debería resolver mis problemas, pero como la sociedad son los otros, nadie se siente personalmente responsable. Puesto que la sociedad es una entidad vaga que carece de verdadero poder, desplazamos la carga de todos nuestros males personales y sociales al gobierno. Es difícil imaginar cómo el gobierno puede ayudarnos a superar nuestras depresiones, curar nuestras tendencias esquizoides, protegernos contra la ansiedad, etc. Cuando los ciudadanos, uno a uno, olvidan su responsabilidad personal de mantener limpia la comunidad, en orden y segura, es difícil que el gobierno pueda proporcionar siquiera los servicios esenciales. Creer que todo lo que tiene que hacer el gobierno es proporcionar más dinero y que con eso se arreglarán todos los problemas sociales, es una ilusión. Esas ilusiones son de una persona heterodirigida.

Una combinación de fe y responsabilidad personal es el núcleo de todo sistema religioso. Si el individuo no asume la responsabilidad de defender la moral y los principios éticos que dan sustancia vital a las creencias religiosas, la fe religiosa no tiene sentido. La fe y las creencias forman un todo integral cuando ambas forman parte de la vida diaria. Entre los que poseen esta combinación hay mucha menos tendencia a la depresión.

Y para los que se han deprimido poseyendo esta combinación de fe y responsabilidad personal, la conclusión es que su esfuerzo no salió del corazón, no lo hicieron por su propio valor, sino como medio para lograr aprobación y aceptación. Esta responsabilidad engañosa es totalmente distinta de la sincera creencia religiosa por la que cada individuo maduro es responsable ante sí mismo y ante Dios de lo que hace con su vida. El coraje de la gente auténticamente religiosa para afrontar dificultades impresionan. Pero posturas tan firmes son poco corrientes hoy día. 

Conclusiones de Alexander Lowen.

Una persona se deprime cuando no vive con los pies en la tierra, carece de fe en sí misma y ha entregado su independencia a cambio de la promesa de satisfacciones por parte de los demás. Ha invertido sus energías en su intento de realizar un sueño imposible. Su depresión significa su quiebra y desilusión. Pero si la entiende y maneja de forma adecuada, la depresión puede abrir el camino hacia una vida mejor.

Muchas personas han logrado superar su depresión con la ayuda de una terapia que les ha puesto en contacto con sus sentimientos, con su ser interno, les ha ayudado a recuperar cierto equilibrio e independencia, y les ha vuelto a orientar hacia el yo personal. Cuando el resultado es positivo, la persona termina por restablecer la fe en sí misma. Si quiere superar su tendencia depresiva, tendrá que terminar por ser una persona autodirigida.

Estas ideas de Lowen, generan en mí los siguientes comentarios:

Transferir los problemas a los demás y exigir su solución, es señal de que la persona está dirigida desde fuera. ¿Cuándo en la vida se da, de una forma natural, el poder sobre uno mismo a otros? Pues, cuando se es niño y el poder sobre uno está en los padres. Si siendo adulto, doy la culpa de lo que me ocurre a otros, les doy el poder sobre mí, lo que corresponde a una actitud infantil que hay en mí siendo adulto. En esa parte de mí, no he madurado, no he crecido. No tomo yo la responsabilidad (habilidad para responder) de mí en mí.

El culpar a otros de mis desgracias, es, pues, una señal de que algo doloroso ocurrió en mi infancia. Por haberme cogido por sorpresa, por no haber tenido en ese momento los recursos necesarios para procesarlo y soltarlo, por haberlo vivido en soledad y por no haber podido expresarlo, ¡Me lo tragué! De este hecho doloroso, me tragué todas las imágenes, todos los sonidos, todos los olores, amarguras y asperezas. Y me tragué todas las energías asociadas a esas memorias, con sus diversas tonalidades de rabia, odio, miedo, tristeza, asco, etc. ¡Todo eso me tragué!

¿A dónde fue a parar todo eso que me tragué? A un sótano profundo, oscuro, a un lugar recóndito del que no quiero acordarme, que a veces me sale llamarle “inconsciente”, pero que cuando lo nombro así, suelo decirlo en un tono despectivo, como si fuera un basurero maloliente y putrefacto que, cuanto más lejos esté de mí, mejor. A todo este proceso de tragarse memorias y energías de un hecho doloroso que no he podido procesar ni liberar, hasta almacenarlas en mi “inconsciente”, lo suelo llamar “Reprimir emociones”. Al hacerlo, al someterlas al ostracismo, quiero creer que ya las tengo bajo control. ¿He resuelto así mi malestar?

Veamos. A medida que vivo, experimento emociones, y voy acumulando memorias y energías de los hechos dolorosos no procesados ni liberados, en mi “inconsciente”, como si fuera un congelador, un cúmulo de desechos plásticos en el océano o un estercolero.

Mi tendencia a despreciarlo, me impide verlo, y menos mirarlo. ¿Es por mi ignorancia? ¿Es porque siento que algo en él está fuera de mi control? ¿Es porque tengo miedo a enfrentarme a algo desconocido e intuitivamente doloroso? La palabra “emoción” connota “energía” y “movimiento”. Todas esas energías asociadas a las memorias de aquel hecho doloroso ¿Se van a quedar quietas en este oscuro “inconsciente” hasta la eternidad, cuando las características esenciales de la energía son su agilidad, fluidez, rapidez y su capacidad de transformarse y de conectar? Puede que permanecieran congeladas un tiempo, dormidas como ciertas brasas entre cenizas, o como el estiércol, esperando a fertilizar la tierra. Hasta que, súbitamente, sucede un hecho cuya energía sintoniza y conecta con ellas, las despierta y las hace revivir. A lo largo de la vida suceden muchos hechos en los que aquella remota y aparentemente olvidada experiencia revive de nuevo y se manifiesta dolorosa y repetitivamente en forma de depresión para recordarme que aún está ahí en mí. Su insistencia es para que me dé cuenta de su existencia y permanece así en mí hasta que yo decida buscar ayuda, encuentre la causa, deshaga el nudo y pueda, así, liberarla de mi prisión.

Visto así, mi “inconsciente” es mi tesoro más inconscientemente temido y escondido que contiene las claves de mi bienestar y salud.

¿Por qué me cuesta tanto darme cuenta? Porque entrar en mi “inconsciente” supone entrar en contacto, aunque sea sólo por un momento, con algo muy doloroso para mí. Yo persigo y disfruto todo lo que me da placer, y rehúyo y sufro todo lo que es dolor. Por propia iniciativa, no me moveré sólo para reencontrarme con mi dolor. Pero puedo hacerlo acompañado de un profesional especial en quien confíe.

Las Constelaciones Familiares facilitan toda esa tarea de forma sustancial.

Constelaciones Familiares: las emociones en la familia.

Nuestra familia es la primera y para muchos la mayor fuente de emociones en nosotros. Unas nos hacen sentir alegría y felicidad. Otras, tristeza, ira, odio, asco, miedo. Me centraré en estas últimas, en esas que suelen complicarnos la existencia, y que, precisamente por esta razón, son de las que más podemos aprender y experimentar una mayor satisfacción, si logramos abrirnos a ellas.

Cuando un hecho importante y doloroso nos sucede, si podemos procesarlo emocionalmente, nos queda su memoria, pero no su energía. Pero si la magnitud del hecho es muy superior a nuestra capacidad de procesamiento, y además nos sorprende, lo vivimos en soledad y no podemos expresarlo; entonces para sobrevivir en el momento que nos sucede, deslizamos sigilosa e inconscientemente su memoria y su energía asociada a ese recóndito refugio sagrado que es nuestro inconsciente.

En este segundo caso, hacemos lo mismo que con una hipoteca. Resolvemos el presente a costa de hipotecarnos parte o todo nuestro futuro.

Nos libramos de la hipoteca cuando devolvemos todo el capital y todos los intereses. Nos libramos de la emoción de ira, miedo, etc., que nos complica la vida cuando logramos soltar su energía de nuestro inconsciente. Las Constelaciones Familiares constituyen una metodología muy eficaz para proceder a este tipo de liberación.

Estos hechos importantes y dolorosos nos pueden suceder e impactar en vida. Muchos de ellos tienen lugar durante nuestra infancia, en la que no hemos tenido aún tiempo suficiente para pertrecharnos de los recursos necesarios para procesar las emociones generadas por aquellos.

Los casos siguientes muestran la importancia de las emociones generadas en familia y cómo las Constelaciones Familiares contribuyen a encontrar soluciones:

El caso de Ana. Cincuenta años. Sin pareja, adoptó una niña extranjera con siete años, ahora tiene trece. Le preocupa su confusión y su falta de fuerza en relación al comportamiento alterado y desconcertante de su hija. Las adopciones no suelen ser actos de generosidad, sino más bien actos que inconscientemente buscan compensar una profunda necesidad insatisfecha del potencial adoptante. Pregunto a la mujer por sus padres. No encontró el afecto deseado en ellos. Según ella, su padre era débil, ido y bebedor social, sin llegar al alcoholismo. Su madre, fría. Al explorar sus respectivas vidas, se vio que la relación entre sus padres fue difícil. Sufrieron dos abortos naturales. Perdieron a su tercer hijo después de un mes de nacer. Más tarde vino su hermano y luego ella. El trabajo sistémico, en sesión individual, permitió mostrar también la muerte de dos hermanos del padre durante la Guerra Civil y la muerte trágica de un hermano de la madre. También consideró el abandono, los padres biológicos y una hermana de la hija, la parte niña herida de Ana, tanto su ira como la de su hija, una posible pareja, la armonía familiar y ¡el gato!, elemento clave y calmante cuando la relación se tensa entre Ana y su hija. Una vez recogida toda la información esencial, la Constelación Familiar resultante permitió visualizar los desórdenes existentes, las diversas opciones y elegir la mejor. Asimismo, se efectuaron los actos de integración, inclusión y reconciliación necesarios y se ordenó el sistema. Después de una potente liberación de emociones, dimos la Constelación Familiar por terminada ante la serenidad, fuerza y aquiescencia de Ana.

El caso de María. Cincuenta y ocho años. Vive en el extranjero. Mi relación de ayuda sistémica con ella es sólo telefónica. Es la segunda de tres hermanos y la única excluida por su familia. Su padre vivió una infancia llena de hechos dolorosos. Padeció asma. Su comportamiento tocaba los extremos, el todo o nada, el incesto y reacciones explosivas. El Alzheimer alcanzó a su madre. Curiosamente, su marido es una repetición de su padre. Constituyeron una empresa exitosa hasta que María, siendo su directora, cayó gravemente enferma. Cerró la empresa. No se veía con fuerzas para seguir. Las relaciones tóxicas con sus padres, con sus hermanos y con su marido la agotaban. Su hijo e hija quedaron bajo su influencia y manipulación. Se divorció. Sus intentos por comunicarse y relacionarse con su hija, que la evita y rechaza, han sido fallidos hasta hoy. Su hijo ha optado finalmente por ser excluido y salirse de ese infierno. Los temas económicos pendientes con su familia están aún bajo juicio. El trabajo sistémico con María ha consistido en recoger información, acoger sus emociones, sentirlas, ver y reconocer sus orígenes, ver y reconocer que un 50% suyo procede del sistema familiar de su padre y que el otro 50% suyo procede del sistema familiar de su madre, que gracias a todos ellos, y a pesar del dolor sentido, María tiene el privilegio de vivir. Desde esta nueva posición, puede decir a cada uno de ellos: “Gracias por vuestra exclusión. Gracias a ella me habéis protegido de vuestra locura”. Después de este acto final de reconciliación, la paz y la energía se han instalado en María. Su experiencia única y su formación especial son esenciales ahora en sus eficaces procesos de acompañamiento a personas en crisis.

Rosa, con 32 años, vino a constelar en taller abierto con la intención de comprender sus relaciones difíciles con su padre y mejorarlas. Diversas dinámicas del trabajo sistémico que se realizó, permitieron satisfacer su intención inicial. Pero su Constelación Familiar dejó un interrogante sin contestar: ¿Qué miraba Rosa que la dejó tan absorta? Curiosamente, un año después, Rosa descubrió “por casualidad” que tenía un hermanastro por parte de su padre. Cuando la primera pareja del padre se dio cuenta que estaba embarazada, desapareció sin decir nada. Socialmente no estaba admitido. Al cabo de unos años, ella volvió a su ciudad. También su hijo. Pero aún hoy, el padre de Rosa desconoce su primera paternidad. Su actual esposa y madre de Rosa, también. Rosa tuvo un primer novio. Luego, lo dejaron. Ahora ha descubierto que su primer novio fue su hermanastro. Un día, Rosa tanteó a su padre ¿Y si hubieses tenido un hijo? Pero, ¡Qué preguntas haces! ¡Yo estoy muy contento con vosotras dos! Creo que no hace falta insistir en las emociones implicadas en este proceso y en esta familia. Hoy, Rosa, depositaria de un secreto familiar, se plantea qué es lo mejor que puede hacer. Su mayor nivel de conciencia le ayudará a encontrar la mejor acción.

Las Constelaciones Familiares constituyen un novedoso y potente saber hacer que, al utilizar otras formas de mirar, pensar, sentir, decidir y hacer, ayuda a las personas y a los sistemas humanos a los que pertenecen a lograr cambios sustanciales y positivos y a salir de situaciones difíciles persistentes.

Paradójicamente, las Constelaciones Familiares ayudan a encontrar soluciones sencillas a situaciones complejas.

Constelaciones familiares: las emociones en la pareja.

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Constelaciones familiares.

Las emociones en la pareja.

Las hay, muy diversas. La relación de pareja es muy emocional y se encuentra en constante cambio. Y es asunto de dos.

Cuando vivenciamos emociones, es cuando vivimos, más que existimos. Unas nos facilitan la relación de pareja y otras la dificultan. Unas nos ayudan a estar en sintonía, otras aportan parásitos y ruido, otras hacen saltar chispas y otras nos desconectan. Emociones como la rabia, el miedo, la tristeza o el asco, están ahí por algo. Son una respuesta a lo que nos pasó ¿Qué hacer con ellas?

En cuanto a las primeras, a las que nos ayudan a una buena relación, potenciarlas. Cuanto más tiempo dediquemos a saborear nuestras experiencias positivas, cuanto más las dejemos entrar en nosotros y más las interioricemos, más memorias emocionales vitales y duraderas albergaremos y más estructura neural cimentaremos con ellas.

¿Qué hacer con las emociones restantes? Pues, cambiarlas, liberarlas o borrarlas de nuestro disco duro. ¿Cómo? La clave de nuestra felicidad está en lo que nos hace infelices, en nuestro almacén inconsciente de memorias dolorosas, cada una con su correspondiente energía asociada. Cada uno de nosotros llevamos una mochila única, con una mezcla única de memorias y energías asociadas, gracias a la cual emitimos y captamos continuamente ondas de un determinado perfil.  Cuando éstas sintonizan muy bien con las de otra persona que vemos como potencial pareja, nos enamoramos, estamos felices con ella y comemos perdices.

Pero este contenido único de nuestra mochila cambia con el tiempo porque la mezcla de memorias y energías asociadas, procedente de nuestra herencia emocional familiar aún no resuelta, está en constante movimiento, así como las emociones derivadas de todos los hechos fuertes y no digeridos que vamos viviendo a nivel personal en nuestro constante deambular por la vida. A consecuencia de ello, también cambia el perfil único de nuestras ondas y, por tanto, nuestra habilidad única para sintonizar con las de nuestra pareja, que a su vez, también cambian en el tiempo. Así, pues, según la evolución de cada uno, la relación de pareja puede hacerse más íntima, mantenerse o dislocarse.

Nuestro aquí y ahora está influido y moldeado por nuestro pasado a través de las memorias vivas que poseemos del mismo. A este respecto, la conocida frase: “La infancia es destino” nos da la pista que una gran parte de nuestras memorias y energías asociadas provienen de cuando éramos pequeños, sin los recursos necesarios para afrontar determinadas situaciones duras, ante las que para sobrevivirlas, sólo pudimos reprimir nuestras emociones (rabia, miedo, etc.) y esconderlas en nuestro inconsciente, a la espera de poder encontrar una solución para ellas. Pero mientras permanecen en el inconsciente, ejercen y actúan para sorpresa y desazón nuestra, dado que nuestra conciencia no es consciente de ello.

“Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, según Jung. Un destino que supera y somete a nuestra voluntad.

Hasta que yo no entre en mi inconsciente para salir de mi inconsciencia, éste continuará dirigiendo mi vida, y yo le seguiré llamando destino.

Las Constelaciones Familiares nos ayudan a entrar en nuestro inconsciente, a encontrar las emociones que dificultan las relaciones de pareja, sus causas y conexiones para desactivarlas, a liberar aquellas y a poner orden y paz en el Sistema Familiar.

Los siguientes casos reales nos ayudan a comprender su aportación:

Mujer de 28 años. Bastante fría. Ha tenido varias parejas, de las que ella se separa antes de un año. Es hija única de un padre adoptado y de una madre que es la segunda de sus tres esposas en el tiempo. Las abandonó cuando ella tenía un año. Es difícil establecer lazos afectivos con un hombre si no los has vivenciado antes con tu padre. El abandono produce rechazo y al mismo tiempo un profundo anhelo por lo que no pudo ser. Esta es la emoción trampa que te engancha y te mantiene enganchado en ella hasta que la sueltas. ¿Cómo? Reconociendo que nuestros padres son los mejores. Tenemos un 50% de cada uno de ellos. Si no lo hicieron mejor, no fue porque no quisieron, sino porque en sus circunstancias únicas, no pudieron hacerlo mejor. Una vez reconocidos los hechos y reconciliada con lo sucedido, la mujer está en condiciones para afrontar una nueva y satisfactoria relación de pareja.

Un matrimonio con hijos. Están pensando en separarse cuando viene a verme. Discuten por casi todo. El trabajo sistémico permite descubrir que, además de la muerte de hermanos respectivos, cada uno de ellos está emocionalmente enganchado con la muerte de su tercer hijo, cuyo duelo no han hecho. Se trata de un acontecimiento tan doloroso que a veces se evita, no se mira y, por tanto no se hace. Ello genera inconscientemente una tristeza profunda y permanente. La solución pasó por mostrar claramente la situación, hacer todos los duelos, liberar el dolor que los dos llevaban y no excluir a nadie.

Mujer de 35 años. Estando embarazada de su segundo hijo, lo pierde. Le descubren varios quistes en el útero. Una primera constelación permite descubrir la conexión entre estos quistes y varios abortos sufridos por su abuela materna. Hay reconocimiento y reconciliación. Al cabo de un año, sus quistes casi han desaparecido. Vuelve para constelar su enfado. Ella se ha separado de su marido, y éste se ha casado con otra mujer sin anunciárselo. Esta segunda constelación ayuda a descubrir un bloqueo emocional masculino a lo largo de su sistema paterno y la conexión existente entre su enfado y la segunda mujer de su ex marido. Necesita tiempo para asimilar lo visto. En Constelaciones Familiares, poco es mucho.

Mujer de 34 años. Siente malestar. Vive con su pareja, una mujer de 33 años con dos hijas, separada del padre de éstas. El padre de ella maltrataba a su madre. El presenciar de pequeña situaciones tan dolorosas entre sus padres le motivó para aprender y alcanzar el campeonato nacional de un arte marcial para poder defender a su madre de la violencia de su padre. Al mismo tiempo honraba a esta violencia con la práctica de un deporte de lucha. Inconscientemente somos leales y honramos a nuestros dos progenitores, pase lo que pase. Su rol actual es masculino apoyando lo femenino. El inconsciente busca completar el complejo puzzle de nuestra posición en la vida, en la que todo encaja, aunque el consciente no entienda casi nada al respecto. El verlo de frente, encontrarle sentido y reconciliarse con ello, la tranquilizó y serenó profundamente.

Las Constelaciones Familiares ayudan a:
  • Rastrear las posibles causas y comprender las dinámicas subyacentes.
  • Modificar o borrar memorias inadecuadas.
  • Activar y poner en marcha procesos que llevan del atasco al desatasco, del desorden al orden, del desequilibrio al equilibrio, de la confusión a la claridad, del odio y el miedo a la reconciliación y a la paz.
  • Constituir un terreno fértil en el que pueda germinar un impulso inicial hacia una solución a los retos vitales de las parejas.

Las Constelaciones Familiares ayudan paradójicamente a encontrar soluciones sencillas a situaciones complejas.

Este taller te ayuda a entrar en ti. A comprender lo que lo racional no alcanza a entender. A cambiar y mejorar tu situación, la de tu pareja y la de tu sistema familiar en sentido amplio.

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Constelaciones familiares: relaciones entre padres e hijos.

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Constelaciones familiares.

Relaciones entre padres e hijos.
Si algo duele, algo tengo que aprender.

Cuando las relaciones entre padres e hijos entran en dificultades, suelen convertirse en obsesivas. Aunque estemos cocinando, trabajando, escuchando música o tomando un baño relajante en un SPA, consciente e inconscientemente nuestras energías y nuestra atención están atrapadas en el dolor por lo que nos ocurre y en su pesada carga emocional. Sufrimos, aunque no entendemos por qué. Es difícil comprender y ser objetivos si estamos presos en nuestra propia cárcel. Pero hoy podemos salir de ella y focalizarnos en la solución. 

Las Constelaciones Familiares ayudan a los padres e hijos a salir del pozo emocional de sus relaciones difíciles y a focalizarse en la solución.

A medida que vivimos, experimentamos una serie de hechos que nos impactan emocionalmente en mayor o menor medida. Para sobrevivir al momento en que se producen los hechos dolorosos, rechazamos las emociones que nos producen, las reprimimos y las guardamos en nuestro inconsciente. Así, pues, a medida que vivimos, vamos llenando nuestro almacén inconsciente de memorias dolorosas que, por serlo, comportan una cierta energía singular que emite y capta ciertas ondas, que nos permite sintonizar con unas ondas electromagnéticas muy precisas de ciertas personas, y no con otras.

Cuando vivenciamos en el presente algún hecho que resuena con algo doloroso que sucedió tiempo atrás, aquello memorizado en nuestro inconsciente sintoniza y salta al momento presente con una fuerza arrolladora y desconcertante. Esto hace que vivamos un presente condicionado inconscientemente por las memorias de nuestro pasado, y que no comprendamos algunas reacciones de nuestro propio comportamiento, ni las de los demás.

Si bien nuestro aquí y ahora está influido y moldeado por nuestro pasado a través de las memorias dolorosas y vivas que poseemos del mismo en nuestro inconsciente, eso ya no tiene por qué ser así. Hoy podemos mejorar nuestro presente continuo cambiando conveniente, humana y amorosamente nuestras propias memorias y programas, como hacemos de una forma técnica y fría con los ordenadores.

Las Constelaciones Familiares ayudan a soltar o modificar estas memorias y programas inadecuados, buscando y encontrando el conflicto programante inicial, y desactivando su influencia, reconciliando y poniendo orden en el Sistema Familiar. Cuando eso sucede, el amor, la energía y la información entre los miembros del Sistema Familiar fluyen, sin atascos ni tapones, y esa ligereza y bienestar llega a la persona que ha tenido el impulso de constelar su caso.

¿Cuáles pueden ser las causas de unas relaciones difíciles entre padres e hijos?

Cuando las relaciones entre padres e hijos se hacen difíciles, la tendencia es mirar al otro como su causante. Los padres no suelen darse cuenta que ellos canalizan hacia sus hijos el agua que les viene de sus respectivas cumbres nevadas, que ellos les encauzan las memorias emocionales y su energía específica asociada, que les vienen de atrás, de sus respectivos sistemas familiares: abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y antepasados diversos. Y esas memorias y su consiguiente energía, que tanto el padre como la madre heredan inconscientemente de sus respectivos padres y las pasan y reparten inconsciente e irregularmente entre sus diversos hijos, están sutilmente condicionadas y embadurnadas por lo doloroso que ha sucedido y no se ha resuelto en su respectivo Sistema Familiar.

Las memorias y energías que cada uno lleva encima en cada momento pueden venir también de otras fuentes distintas del Sistema Familiar, como son los hechos dolorosos y traumáticos vividos en vida por padres e hijos, aunque a veces descubrimos que éstos son una pura consecuencia de las anteriores, como ocurre con ciertos hechos que se repiten a lo largo de varias generaciones al llegar a ciertas fechas, aniversarios, etc.

Todas esas memorias y energías que nos resultan tan pesadas, están ahí, en nosotros, esperando a que las liberemos. Si no lo conseguimos, pasan a nuestros hijos, y si no, a los hijos de nuestros hijos, hasta encontrar a alguien que sufriendo los efectos del atasco, diga ¡Basta!, y decida hacer algo al respecto. Hacer eso hoy es posible. Pertenecemos a la segunda generación de la historia que puede hacerlo, porque ahora sabemos cómo hacerlo. Y cuando lo conseguimos, cuando logramos eliminar el tapón emocional en nuestro sistema de cañerías, el agua, las energías y las informaciones fluyen a través de ellas, las relaciones entre los miembros del Sistema Familiar se normalizan y el alivio es grande, como el que se siente al llegar a un oasis después de una larga travesía por el desierto.

¿Qué memorias de hechos dolorosos ocurridos pueden intervenir y afectar a las relaciones entre padres e hijos?

Sin pretender ser exhaustivo, enumero varias posibles:

  • El haber vivido experiencias traumáticas en vida, como accidentes, enfermedades graves, prisión, adicciones, exclusiones, acoso laboral, abusos sexuales, violación, incesto, abortos, violencia en casa entre padre y madre, madre o padre no disponible o inexistente, adopción difícil, ruinas, luchas fratricidas, herencias destructivas, etc.
  • Lejos de haber crecido bajo un patrón de apego seguro e íntimo con sus cuidadores, haber vivido los primeros meses de vida bajo un apego inseguro evitativo, ambivalente o desorganizado, muerte prematura de padre o madre, haber sufrido abandono.
  • La calidad del nacimiento. No es lo mismo salir bien (tener éxito) después de un gran esfuerzo, que tirar la toalla porque el cordón umbilical alrededor de mi cuello me ahoga y luego un alma profesional y bendita me salva, o ser extraído con fórceps o por cesárea. La memoria específica que quedó impresa en mí a causa de la manera especial y única de cómo nací, ha contribuido a modelar mi carácter personal y único. Por ejemplo, mi memoria de que después de un esfuerzo viene el éxito me lleva a un comportamiento en la vida distinto del de una memoria de que llego al éxito sin esfuerzo.
  • La calidad del embarazo. El embrión en desarrollo lo capta todo, tanto la paz y la ilusión de la madre por llevarlo, esperarlo y amarlo, cuando sus progenitores se festejan, como el miedo y el desengaño de la madre cuando la relación de pareja no funciona, con discusiones verbales, violencias e incluso agresiones.
  • La calidad de la fecundación. No es lo mismo proceder de la fecundación resultante de un proceso amoroso entre mis padres que me desean, que ser el resultado de una violación.
  • Las cargas emocionales que cada miembro lleva por herencia de asuntos dolorosos inconscientes no resueltos por algunos de sus antepasados. Como hijo, una parte de estas memorias procede del Sistema Familiar de mi madre y la otra del Sistema Familiar de mi padre. A veces toman la forma de anhelos y necesidades insatisfechas con el padre o la madre, lealtades ciegas, mandatos velados, patrones encriptados, creencias limitantes, hechos repetitivos intensos o esenciales no dichos, secretos, conflictos, etc.

Su variedad es infinita y su intensidad muy diversa. Por eso no hay dos seres humanos iguales, y cada uno hace lo mejor que puede con lo que lleva en su mochila, por muy aberrante que parezca lo que hace. Si pudiera hacerlo mejor, lo haría.

Ante lo dicho, podemos estremecernos ante tal complejidad y pensar que poco se puede hacer al respecto. Pero es una creencia errónea. Ya se está haciendo y consiguiendo mucho.

Constelaciones familiares para vaciar la mochila de cargas emocionales dolorosas, fluir y disfrutar de una vida plena.

Las Constelaciones Familiares ayudan a:

  • Crear un ambiente adecuado, protegido y confidencial.
  • Cambiar de perspectiva, ampliar el campo de visión y mirar de forma más penetrante.
  • Rastrear las posibles causas.
  • Comprender las dinámicas subyacentes.
  • Modificar o eliminar memorias inadecuadas y añadir las que faltan.
  • Activar procesos que desatascan, ordenan, equilibran, clarifican, reconcilian, pacifican.
  • Crear un terreno fértil en el que pueda germinar una solución.
  • Comprender lo que lo racional no alcanza a entender.
  • Mejorar la situación de la persona que ha constelado y la de su Sistema Familiar.

Las Constelaciones Familiares son tecnología de alta precisión humana. Al dar en la diana, con muy poco se consigue mucho, al localizar y quitar el grano de arena que bloqueaba un engranaje, toda la máquina humana se pone en marcha.

Paradójicamente, las Constelaciones Familiares ayudan a encontrar soluciones sencillas a situaciones complejas.

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Constelaciones familiares: relaciones de pareja.

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Constelaciones familiares.

Relaciones de pareja. Del síntoma al problema y a la solución.

Cuando las relaciones de pareja entran en dificultades, se convierten en un poderoso imán que acapara y absorbe gran parte de las energías de ambos. El dolor por lo que les ocurre los obnubila y les imposibilita ver e ir más allá. Pero las relaciones difíciles son sólo el síntoma y no la causa.

Las Constelaciones Familiares ayudan a la pareja a explorar lo esencial de sus relaciones a partir de los síntomas y a centrar su atención en la solución.

A medida que vivimos, experimentamos una serie de hechos que nos impactan emocionalmente en mayor o menor medida. Para sobrevivir al momento en que se producen los hechos dolorosos, rechazamos las emociones que nos producen, las reprimimos y las guardamos en nuestro inconsciente. Así, pues, a medida que vivimos, vamos llenando nuestro almacén inconsciente de memorias dolorosas que, por serlo, comportan una cierta energía singular que emite y capta ciertas ondas. Cuando vivenciamos en el presente algún hecho que resuena con algo doloroso que sucedió tiempo atrás, aquello memorizado en nuestro inconsciente sintoniza y salta al momento presente con una fuerza dominante y desconcertante. Esto hace que vivamos un presente condicionado inconscientemente por nuestro pasado, y que no comprendamos algunas reacciones de nuestro propio comportamiento, ni las de los demás.

Si bien nuestro aquí y ahora está influido y moldeado por nuestro pasado a través de las memorias vivas que poseemos del mismo, eso ya no tiene por qué ser cierto para siempre. Hoy podemos mejorar nuestro presente continuo cambiando convenientemente nuestras memorias. Las Constelaciones Familiares ayudan a encontrar el verdadero conflicto así como sus causas para desactivarlas, y poner orden en el Sistema Familiar.

¿Cuáles pueden ser las causas de unas arduas relaciones de pareja?

¿Qué memorias pueden intervenir y afectarles? En base a los numerosos casos que he tratado, enumero varias posibles, ordenadas desde el presente de una pareja hacia el pasado de ambos:

  • El no poder tener hijos, sufrir algún aborto natural (o provocado), vivir un falso embarazo sin hacer el duelo correspondiente, el que haya uno de los dos que no quiera tener hijos.
  • El tipo de educación recibida. Cuanto más capaces son los padres de sentir, más abiertos suelen estar a lo sexual y más dejan expresar a sus hijos sus sentimientos. Mientras que los padres más cortados de su sensibilidad suelen estar más reprimidos y mostrarse más represivos con sus hijos.
  • El haber vivido experiencias traumáticas como violencia en casa entre padre y madre, acoso, abusos sexuales, violación, incesto, muerte prematura de padre o madre que impide arriesgarse y exponerse afectivamente más tarde en el acto sexual.
  • Lejos de haber crecido bajo un patrón de apego seguro e íntimo con sus cuidadores, haber vivido los primeros meses de vida bajo un apego inseguro evitativo, ambivalente o desorganizado, haber sufrido abandono.
  • La calidad del nacimiento. Por ejemplo, un traumatismo natal puede ser generador de un rechazo y de una incapacidad general a sentir, a resentir, que aplicado a lo afectivo y a lo sexual, puede ser causa de frigidez.
  • La calidad de la fecundación. No es lo mismo proceder de la fecundación resultante de un proceso amoroso entre mis padres que me desean, que ser el resultado de una violación.
  • Las cargas emocionales que cada miembro de la pareja lleva por herencia de asuntos dolorosos inconscientes no resueltos por algunos de sus respectivos antepasados. Cuanto más pesadas sean estas cargas, mayor será su poder de atracción y más se girará uno hacia ellas y más uno dará la espalda al otro. Y este otro se puede sentir postergado, olvidado, abandonado. También puede suceder que a éste otro le ocurra lo mismo. En este caso, ambos se dan la espalda y su relación va a su fin.
Constelaciones familiares. Vaciar la mochila de cargas emocionales para construir en positivo.

Para ello, necesitamos vaciar el inconsciente de cargas emocionales por hechos dolorosos vividos y cargas familiares heredadas sin resolver -de ambos-, antes de constituirse como pareja, o como más tarde, cuando las dificultades empiezan a aparecer.

¿Qué asuntos pendientes de solución procedentes del sistema familiar de origen de ambos influyen en las relaciones de pareja? Pueden ser muchos; entre ellos:

  • Vínculos, apegos, lealtades ciegas, mandatos velados y creencias limitantes.
  • Anhelos y necesidades insatisfechas con el padre, la madre, hermanos, con otros.
  • Hechos esenciales no dichos, sucesos, ruinas, secretos y conflictos.
  • Patrones de comportamiento inadecuados y hechos repetitivos intensos.
  • Hilos invisibles que nos mueven, enganchan o encarcelan emocionalmente.
  • Posición inadecuada de algún miembro en el sistema familiar. Excluidos.
  • Reconciliación con ciertos miembros clave de la familia, etc.
Las Constelaciones Familiares ayudan a:
  • Rastrear las posibles causas.
  • Comprender las dinámicas subyacentes.
  • Modificar o eliminar memorias inadecuadas.
  • Activar y poner en marcha procesos que llevan del bloqueo al desatasco, del desorden al orden, del desequilibrio al equilibrio, de la confusión a la claridad, del odio y el miedo a la reconciliación y a la paz.
  • Constituir un terreno fértil en el que pueda germinar un impulso inicial hacia una solución a los retos vitales.

Paradójicamente, las Constelaciones Familiares ayudan a encontrar soluciones sencillas a situaciones complejas. Este taller te ayuda a entrar en ti. A comprender lo que lo racional no alcanza a entender. A cambiar y mejorar tu situación y la de tu sistema familiar.

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¿Quién tiene el poder sobre mi?

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¿Quién tiene el
poder sobre mi?

Inteligencia Sistémica para el crecimiento personal.     

Muchos tienen la sensación de pasar por situaciones que nos dominan en absoluto. Se requiere estar en un mayor nivel de sensibilidad para llegar a plantearse la pregunta del título. Y se necesita subir otro escalón de consciencia para decidir y ponerse en marcha para conseguir una buena respuesta. Cuando se dispone de ella, ya solo queda dar el siguiente y último paso: encontrar la solución. No hay atajos.

Cualquier ser humano tiene infinitas posibilidades a su alcance. Pero cuando se queda obsesionado o enganchado emocionalmente con una de ellas, todas las demás desaparecen para él. Esta ofuscación “no visible” o inconsciente, suele estar relacionada con anhelos y necesidades vitales insatisfechas de uno mismo.

Para autoprotegernos de todo hecho doloroso que vivimos sin los recursos necesarios para afrontarlo y resolverlo, lo pasamos sutilmente del consciente al inconsciente, a ese almacén oscuro de memorias que condicionan nuestro comportamiento cada vez que se activan por vivir algún hecho resonante con ellas.

Paradójicamente, cuanto más llenamos el inconsciente de todas esas memorias para autoprotegernos inicialmente, más bombas de efecto retardado acumulamos y más sufrimiento nos genera a lo largo del tiempo. Si no logramos poner remedio, la consecuencia final es la aparición y desarrollo de una enfermedad en nuestro cuerpo.

Esas memorias pueden haberse creado con hechos dolorosos sucedidos:
  • En el ámbito profesional: obedecer ciegamente un mandato parental y trabajar en algo que no me gusta, accidente laboral, no permitirme ganar dinero si mis padres no lo lograron, no estar a la altura, cometer errores graves, despido, robo, malversación de bienes, estafa, chantaje, amenaza, suspensión de pagos, quiebra, peleas entre socios, lucha con mi jefe, compañeros o subordinados, su falta de reconocimiento hacia mí, acoso laboral, etc.
  • En el ámbito personal, entre mi nacimiento y hoy: muerte prematura de madre o padre, abandono, separación, falta de afecto, pérdida natural o aborto de algún hermano, abusos, violencia, agresión, prisión, accidente, suicidio, guerra, terrorismo, emigración, pérdida de un hijo, divorcio, incendio, arruinarse, enfermedad, etc.
  • En el momento vital de mi nacimiento: puedo haber luchado y alcanzado el éxito de manera natural, haberme sentido ahogado por tener el cordón umbilical alrededor del cuello o por tragarme líquido, sentir mi cabeza atrapada por unos fríos y duros fórceps, y abandonarme a la acción de otros al no existir la mía, por cesárea, etc. Cada una de estas modalidades en el nacer influyen y marcan -a su manera- nuestro comportamiento de manera indeleble.
  • Durante mis nueve meses de embarazo: he oído los gritos y las peleas entre mis padres, he sentido los miedos, las angustias y la tristeza de mi madre, sus lloros, etc.
  • Durante los meses que preceden a mi fecundación: no es lo mismo ser el resultado de un acto amoroso, que el de una violación. Ser deseado por mis padres es diferente de no haberlo sido. La calidad de su relación condiciona la calidad de la fecundación.
  • Antes que todo eso: También albergo las memorias procedentes de hechos dolorosos no resueltos por mis padres, abuelos, bisabuelos, etc., y que a través de ellos me llegan a mí para que yo encuentre una solución para mi sistema familiar. Si yo no doy con la solución, esta herencia emocional y sistémica, esa energía, pasa a mis descendientes. Aquí están las memorias de espanto, miedo e ira, generadas por hechos de guerra, campos de concentración, asesinatos, cárcel, acontecimientos sociales, ruinas, pérdida de casa, herencias y peleas familiares, trastornos mentales, enfermedades, etc.

No pretendo hacer de este artículo una película de terror, ni demostrar cuantas razones tenemos para caer en el pesimismo, sino poner sobre la mesa una muestra de las muchas memorias que podemos alojar en nuestro cuerpo como consecuencia de hechos dolorosos de nuestro existir. No es una fatalidad. Es un punto clave desde el cual podemos iniciar un cambio sustancial a mejor.

Todos albergamos en nuestro inconsciente memorias que influyen en nuestro comportamiento y complican nuestra vida. Cada uno lleva las suyas por venir de dónde viene y por vivir lo que vive.

Una vez comprendido eso, disponemos como mínimo de dos alternativas:

  1. Ir de víctima por la vida, culpando a nuestras memorias de nuestro indeseado destino y dando, por tanto, a ellas el poder sobre mí… o bien:
  1. Tener yo el poder sobre mí. Para conseguirlo, la solución radical consiste en borrar todas esas memorias tóxicas de mi disco duro. La solución más real consiste en borrar cuanto antes esas memorias que me impiden disfrutar de una vida más plena, fluida y sana.

Esta segunda alternativa es la elegida por las personas que deciden recurrir a la ayuda de la Inteligencia Sistémica.

¿Qué hace el profesional de la Inteligencia Sistémica para conseguirlo?
  1. Crea las condiciones adecuadas para hacer posible lo que ha resultado imposible para la persona o equipo hasta ese momento, mediante la creación de una atmósfera de protección, confidencialidad y confianza mediante una empatía profunda.
  2. Pregunta al cliente qué asunto quiere trabajar en la sesión que ahora inician. Cada sesión se focaliza en inducir una solución para el asunto planteado.
  3. Acompaña al cliente en su proceso de inmersión y exploración de todos aquellos hechos dolorosos vividos o sucedidos en el sistema humano al que pertenece. No se trata de remover mierda para nada, sino de subir a la superficie y poner al descubierto algo vivo que el cliente reprimió y escondió cuando ocurrió, y que aunque hoy no es consciente de su existencia, sabe que está ahí, en su inconsciente, por sus efectos inadecuados. Se trata de dejar de vivir el presente como una repetición del pasado.
  4. Ayuda a localizar donde están los desórdenes, los mandatos soterrados, los nudos emocionales, las limitaciones, los bloqueos, los fantasmas y demás desbarajustes existentes en el sistema al que pertenece el cliente.
  5. Una vez detectados los puntos clave a lo largo de la exploración, el cliente y el profesional de la Inteligencia Sistémica disponen de una imagen sobre la que pueden trabajar, ordenando, reencauzando, resignificando, deshaciendo, desenredando, desatando, eliminando, desbloqueando, liberando, soltando y reconciliando.
  6. ¿Cuándo se da por terminada una *sesión? Cuando el cliente dice sentirse bien después de lo descubierto, visto, vivenciado y trabajado. Cuando ocupa la posición que le corresponde en el sistema humano al que pertenece.

*Una sesión suele durar de dos a tres horas.

La Inteligencia Sistémica es tecnología humana de precisión en la localización y reparación de dolencias incapacitantes para el buen funcionamiento de los sistemas humanos.

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