Trabajo mucho, consigo poco.

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Trabajo mucho, consigo poco.

Esta afirmación la oigo con una cierta frecuencia como respuesta a mi pregunta: ¿Qué asunto quieres trabajar en esta sesión? que planteo a mi cliente al inicio de cada sesión individual o grupal en el ámbito del desarrollo profesional. En este artículo expongo algunas de las posibles causas de conseguir poco, trabajando mucho. 

Una posible causa es la falta de conocimientos. Otra, es no tener las habilidades clásicas de resolución de problemas, comunicación, cooperación, trabajo en equipo, etc., para hacer que todos estos conocimientos se transformen en realidades a través de las personas. Esas carencias se pueden solucionar a veces con una formación adecuada.

Pero con frecuencia esas insuficiencias no se resuelven con formación. Cuando eso ocurre, podemos pensar que dichas carencias constituyen la punta visible del iceberg, el síntoma, el efecto de que algo en el cliente no va como querría. Si ese algo fuera consciente, el cliente ya no tendría el problema. Lo tiene en el inconsciente, en ese saco negro que todos llevamos atrás en el que echamos toda nuestra “basura”, todo aquello que emocionalmente nos impactó en su momento, nos dolió, que no tuvimos los recursos personales adecuados para asimilarlo y darle salida, y que como no encontramos una solución cuando ocurrió, no se nos ocurrió una cosa mejor que rechazarlo, despreciarlo, excluirlo, reprimirlo y esconderlo en ese lugar oscuro que denominamos inconsciente, con la ilusión pueril de que nunca más reviviríamos ese dolor.

Pero todas estas energías, que nuestras células sobre-absorbieron al recibir el impacto de esos tsunamis dolorosos que nos tocaron vivir y que somatizaron, no están quietas. Se muestran de diversas maneras para señalarnos que están ahí y que algo hemos de aprender y hacer para darles salida para encontrar nuestra paz y serenidad. Cuando alcanzamos éstas, las ondas electromagnéticas que emitimos y captamos son diferentes de las que emitíamos y captábamos cuando estábamos sobre-energizados o sobre-excitados. A partir de ese momento, desde la paz y la serenidad, ya estamos preparados para conseguir mucho con un trabajo centrado y fluido.

Bajo el punto de vista sistémico, todo efecto es el resultado de una o varias causas independientes y/o relacionadas. Aceptando este principio, la Inteligencia Sistémica puede ponerse en marcha y resultar sumamente eficaz al focalizarse en descubrir las causas, sus dinámicas y a partir de ellas, sanear, limpiar, desbloquear, sanar heridas, reconciliar y hasta asentar unas bases sólidas para que una solución aparezca y se dé.

¿Qué causas inconscientes, que por absorber mucha de nuestra energía, nos dejan poca energía disponible para un trabajo centrado, fluido y eficaz?

Pueden ser muchas. Veamos algunas:

  • Me llevo mal con mi jefe, y en general, con cualquier figura de autoridad. Con frecuencia, la Inteligencia Sistémica suele llevarme a descubrir que el programa que condiciona esta parte de mi comportamiento se desarrolló y se alojó en mí a consecuencia de mi mala relación con mi padre (mi primera figura de autoridad) o con alguien significativo de mis antepasados. Este descubrimiento lleva a su vez a explorar más allá, hasta averiguar qué generó esta mala relación y qué hacer para corregirla, y así, parar la acción de dicho programa, y en consecuencia, su consumo ingente e inconsciente de energía en mí.
  • Como yerno y trabajador de la empresa familiar de mi suegro, cuya heredera es mi mujer, me esfuerzo por hacer mi trabajo lo mejor que sé, pero no obtengo el reconocimiento debido. La Inteligencia Sistémica puede mostrar que mis buenas intenciones y consciencia me llevan a transgredir y no respetar a los miembros del sistema familiar y empresarial de mi suegro y de mi mujer. Me he apropiado inconscientemente de una posición en el sistema que no me corresponde. La Inteligencia Sistémica me ayuda también a encontrar mi posición correcta, a reparar los errores cometidos y a dejar de poner mis esfuerzos en el camino equivocado.
  • Por más que lo intento, no consigo tener los pies en la tierra. A veces hemos vivido hechos que nos han impactado emocionalmente. Estamos enganchados inconscientemente a ellos, pero no somos conscientes de ello. Una mirada fija perdida en el infinito suele ser una pista. La Inteligencia Sistémica ayudó a un hombre a descubrir que su falta de referencias y su desorientación vital fueron debidas a la muerte de su gemelo durante el parto. En apariencia miro hacia aquí o allí, pero mi mirada inconsciente está anclada allá, en la búsqueda incesante de ese referente anhelado que me orientó y acompañó durante mis nueve meses de gestación.
  • Mis lealtades incompatibles e inconscientes me llevan a perseverar hasta construir un puzzle complejo y conciliable. Siendo niña, fue testigo de palizas que su padre daba a su madre. En su juventud llegó a ser campeona nacional de un arte marcial por su anhelo de poder defender a su madre de su padre. Su rechazo profundo de lo masculino le lleva a vivir con otra mujer separada y madre ya de dos hijas. Y al mismo tiempo, ejerce un rol masculino en su pareja y honra su violencia heredada con su dominio de un arte marcial.

¡Cuánta energía gastada en la búsqueda de una solución vital conciliadora cuando uno procede de dos orígenes tan discordantes! ¿Cuánta energía queda para el trabajo?

La Inteligencia Sistémica ayuda a desvelar el sentido de lo que no tiene sentido para nuestra racionalidad, a conectar con la vida y a disfrutar de ella en paz y serenidad.

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Inteligencia Sistémica para el desarrollo profesional.

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Inteligencia Sistémica
para el desarrollo profesional.

Los profesionales suelen centrar inicialmente su atención, esfuerzos y energía en el conocimiento. Más tarde suelen darse cuenta que necesitan dominar una serie de habilidades humanas para que la utilidad de su conocimiento pueda llegar a los demás. Y más tarde descubren que esto sucede de una manera óptima si se respeta un determinado orden en el sistema donde trabajan.

Pero no siempre se conoce ni se respeta el orden sistémico en las organizaciones donde ocurre el desarrollo profesional. Cuando eso sucede, la situación y los resultados se degradan. Si no se pone remedio, se alcanza el borde del abismo.

Cuando se llega a situaciones profesionales límite en las que ya no hay ideas ni ilusión, o hay aburrimiento, confusión o conflictos constantes; cuando damos vueltas y más vueltas a lo mismo sin la fuerza para salir de ahí y cambiar; cuando los modelos se muestran agotados, o cuando nos hundimos en patrones repetitivos que consumen mucha de nuestra energía y generan poco beneficio, ¿qué solemos hacer?

Con frecuencia buscamos a un culpable. Como le damos el poder sobre nosotros y sobre lo que nos ocurre, nos excluimos de la solución, nos quitamos responsabilidad, nos irresponsabilizamos y nos ponemos en sus manos. Pero la solución pasa justamente por todo lo contrario, es decir, por reconocer nuestra situación, responsabilizarnos de lo nuestro, tomar el poder sobre nosotros mismos, empoderarnos. En este caso ¿qué hacer?

De hecho, no hay que esperar a llegar a estas situaciones extremas para plantearnos dicha pregunta. Es mucho mejor hacerlo antes, sobre todo porque las alarmas de nuestro nivel de conciencia, que es mucho más que nuestro nivel de conocimiento, suelen encenderse bastante antes de que sea demasiado tarde.

La Inteligencia Sistémica es muy útil para inferir soluciones tanto en las situaciones profesionales límite, como en las que pueden llegar a serlo si no se corrige su tendencia, y también en aquellas otras que requieren elegir la mejor opción ante un abanico de alternativas posibles, para no caer en las menos adecuadas.

Con el trabajo sistémico sobre una determinada situación difícil, suele haber un antes y un después, independientemente de la modalidad utilizada, sea en grupo abierto o cerrado o en sesión individual. Aquí me voy a centrar en esta última.

¿Para qué una sesión individual?

Una sesión individual de Inteligencia Sistémica es, paradójicamente, una manera sencilla de trabajar asuntos complejos. Una clave está en la calidad de la empatía y de la relación del profesional con el cliente. Cuando esta calidad existe, el cliente se siente escuchado de forma plena y protegido en un ámbito seguro en el que se puede dar el permiso para llegar hasta donde nunca había llegado antes.

He tenido clientes de más de sesenta y cinco años que, ¡¡por fin!!, han podido expresar hechos fuertes vividos y sufridos a lo largo de su vida profesional y que hasta ese momento los habían mantenido en el más estricto secreto en lo más hondo de su ser. Una vez dichos y puestos al descubierto, y liberadas las emociones que les han acompañado todo este tiempo, la transformación de su cara es inmediata: la paz se muestra y su mirada se hace clara y rebosante de vida.

Hay hechos que podemos calificar de estrictamente profesionales, inherentes a la propia organización o entorno en el que uno trabaja. Y es en este ámbito donde está la solución. Pero a veces no está ahí; está en otro ámbito. A veces, las causas de lo que ocurre en el trabajo no son profesionales, sino que vienen de antes. No es extraño que sea así; de hecho, cuando entramos profesionalmente a trabajar ya estamos moldeados de una determinada manera, aunque siempre podemos cambiar.

He acompañado a muchos directivos exigentes, perfeccionistas, agresivos y poco comunicativos con sus subordinados, equipo e hijos. Pueden estar repitiendo, por ejemplo, un patrón de comportamiento heredado de su padre, por lealtad o por rechazo, con cualquier figura de autoridad. En este caso, la solución para el cliente suele pasar por expresar a su padre todos sus anhelos insatisfechos, quejas y reproches, acoger su parte niño herido, integrarla con su parte adulta, hasta hacer un todo emocionalmente completo que es capaz de reconciliarse con su padre. Cuando lo hace, la serenidad, la fuerza, la creatividad, la espontaneidad, la alegría y la fluidez aparecen.

Cuando tomamos consciencia de algo, nuestros fantasmas pierden su función y se van.

Cuando nos damos cuenta de ese algo, hasta ahora inconsciente, desaparece en nosotros la energía acoplada a la emoción generada por aquella vivencia impactante. Energía que, a modo de un tsunami, nos arrolló con toda su energía, la somatizamos, la albergamos y la mantenemos en nuestras células así agitadas, hasta que somos capaces de abrir la puerta y dejar pasar toda esa energía acumulada en nuestro inconsciente al consciente.

Una sesión individual de Inteligencia Sistémica va directamente al grano sin necesitar grandes recursos. Los más corrientes son muñecos o papeles en el suelo. Saben lo que no está escrito porque han participado en la solución de muchos casos. Se caracteriza también, por su gran adaptabilidad a las necesidades del cliente en cuanto a lugar, fecha y horario. Puede realizarse de manera presencial como telefónicamente.

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Inteligencia Sistémica. El contacto con la profesión y su sentido III.

¿Tiene sentido mi profesión?

En anteriores artículos he tratado la importancia del sentir centrado en el cómo me siento cuando estoy trabajando en mi profesión. Si fluyo y disfruto, bien. Significa que mi atención y energía están volcadas en lo que tienen que estar. Pero si no fluyo ni disfruto, algo insatisfactorio ocurre en mí. Aquí, tengo dos opciones: ocuparme de ello, o no. La decisión es solo mía. Nadie puede tomarla por mí.

Si tomo el camino de no ocuparme de mi insatisfacción laboral, lo más probable es que la situación persista. No es razonable pretender obtener resultados distintos haciendo más de lo mismo.

Entonces, puede resultarme útil plantearme las siguientes preguntas: ¿Cómo me posiciono en la vida cuando elijo no ocuparme de un aspecto tan esencial de mi totalidad como es mi trabajo? ¿Qué hay detrás de ese abandono? ¿Tengo energía? ¿Hay algo doloroso que no quiero ver? ¿Lo aparto o escondo en mi inconsciente hasta que harto de no considerarlo, me salta una vez más a la cara para hacerme consciente de su existencia? ¿He decidido buscar a un culpable de mi insatisfacción, a quien le doy el poder sobre mí y dejo yo de responsabilizarme de algo tan mío? ¿Desisto de ocuparme porque no sé por dónde empezar ni cómo resolverlo?

No ocuparme de mi malestar mantiene o empeora la situación, no la resuelve.

En cambio, si opto por ocuparme de mi malestar cuando trabajo y de conseguir los cambios deseados, ¿Qué he de hacer? ¿Por dónde empiezo? ¿Contra qué lucho? ¿Quién me puede ayudar al respecto?

Si el malestar es muy concreto y claro, es muy posible que se deba al estricto ámbito laboral. En este caso, la solución hay que buscarla ahí, utilizando recursos avanzados como el coaching individual o de equipo, comunicación no violenta, o técnicas de innovación, creatividad, cambio, liderazgo, dirección, delegación, reconocimiento, remuneración, conciliación, negociación, estrategia, posicionamiento, etc.

Pero, si como ocurre en muchos otros casos, siento claramente mi insatisfacción laboral, pero no logro describirla, ni detectar su ámbito y origen, y esa situación me mantiene confuso a pesar de mis esfuerzos durante un largo tiempo, la solución he de buscarla recurriendo a otro tipo de recursos como es la Inteligencia Sistémica.

Todo sucede por algo.

Nada sucede porque sí. Pensamos que hay casualidades o coincidencias cuando nuestra ignorancia nos impide ver más lejos. No hay casualidades, hay causalidades. No hay una sola casualidad en nuestra vida. Todo tiene su explicación. Y si no encontramos explicación a lo que nos ocurre, es porque no hemos alcanzado el nivel de consciencia necesario.

¿Cómo llegar a ese nivel?

Pues, adentrándonos en mundos relacionados, hasta ahora desconocidos por nosotros y descubiertos por otros.

Así, por ejemplo, Josephine Hilgard encontró que ciertos síntomas graves -enfermedad, accidente, muerte precoz, etc.-, se repiten entre miembros de varias generaciones de una misma familia al llegar a una determinada fecha, edad o periodo específico. A eso lo denominó “Síndrome de Aniversario”. Es una huella impresa en la memoria familiar de un trauma no resuelto que se irá repitiendo hasta que alguien suficientemente consciente decida remediarlo recurriendo a una ayuda externa adecuada.

Comprender, utilizar y transformar la herencia psíquica.

Anne Ancelin Schützenberger nos ha ayudado a elevar más la cota de nuestra consciencia. Todo empezó cuando su hija le dijo un día: ”Mamá, tú eres la hija mayor de tu familia y tu hermano segundo murió. Papá es el hijo mayor de su familia y su hermano segundo murió. Yo soy la hija mayor de vuestro matrimonio y mi hermano segundo murió”. Anne no se había dado cuenta. Fue la semilla que desarrolló y dio como fruto la Psicogenealogía, también conocida por Análisis Transgeneracional. Un arte y una ciencia que nos permite comprender y utilizar mejor nuestra herencia psíquica, y en caso necesario, transformarla para conseguir una vida más feliz.

Para quien decide recurrir a ella, la Psicogenealogía supone recorrer su pasado, a sentir y soltar lo que haya que soltar para superar las consecuencias de sus traumas, contragolpes, vergüenzas, culpabilidades, pérdidas, duelos, secretos, etc. Cuando uno se queda en paz con su pasado, ya no tiene que volverse continuamente hacia él, centra su fuerza en el aquí y ahora y disfruta de una vida plena. También sirve para comprender las relaciones y vínculos existentes con acontecimientos felices y con las elecciones de tipo profesional. Así por ejemplo, si uno es:

  • Agricultor: ¿Alguien de la familia sufrió hambruna?
  • Abogado: ¿Alguien de la familia vivió problemas legales?
  • Maestro: ¿Hubo niños en la familia que no pudieron ser educados?
  • Banquero: ¿Algún familiar perdió su patrimonio o se arruinó?
  • Estética: ¿Hay que limpiar cosas sucias que manchan la imagen familiar?
  • Experto en comunicación: ¿Algún problema de comunicación en la familia?
  • Marinero: ¿Se perdió algún familiar en la lejanía?
  • Escritor: ¿Alguna historia familiar oculta, terrible o sucia que contar?
  • Cocinero: ¿Necesidad de reunir a familiares alrededor de una mesa?
  • Bailarín: ¿Algún familiar sufrió un conflicto de movimiento que lo paralizó?

¿Qué necesidades insatisfechas y anheladas subyacen en nuestro inconsciente familiar que nos impulsan a satisfacerlas y a reparar lo que haya que reparar a través de nuestro trabajo y profesión?

Mi malestar indefinido en el trabajo ¿puede venir del hecho de sentirme atado/a por lealtad familiar a una profesión que busca inconscientemente reparar algo que algún antepasado sufrió y no pudo resolver?

La Inteligencia Sistémica ayuda a la persona a contactar con el sentido profundo de su profesión, a hacerlo consciente, a quedarse en paz con su pasado y a elegir la salida profesional más adecuada en base a su nuevo presente y futuro.

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Inteligencia Sistémica. El contacto con la profesión y su sentido II.

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¿Tiene sentido mi profesión?

En el artículo anterior, hemos mostrado la importancia del sentir, además del pensar, para poder captar el sentido, y por tanto, el cómo me siento cuando estoy trabajando en mi profesión. Si fluyo y disfruto, bien; ni sufro por el pasado ni me preocupo por el futuro. Vivo el momento presente y toda mi atención y energía están volcadas a este instante.

Pero si no fluyo cuando ejerzo mi profesión, lo siento y además siento que algo me bloquea. En este caso, además de plantearme preguntas a nivel consciente como las expuestas en el artículo anterior, puedo recurrir a otros métodos más adecuados, como la Inteligencia Sistémica, que me permite explorar más amplia y profundamente mi presente, pasado y futuro.

¿Qué síntomas constituyen señales de alarma que me indican que algo no va bien con mi profesión? Su número es infinito. Algunos de estos síntomas son:

  • El cambio frecuente de empleo o de actividad.
  • El no recibir reconocimiento por lo que yo hago y me esfuerzo.
  • Desconozco lo que valgo.
  • Estoy inquieto, ansioso, tenso, estresado.
  • Aburrimiento, distracción, falta de motivación y de energía. Cansancio.
  • Tengo la impresión de no aprender ya nada.
  • Ya no quiero continuar, necesito cambiar.
  • No estoy bien, pero no sé qué cambiar.
  • Dudo entre quedarme, irme, buscar empleo o una actividad en otro ámbito, o concretizar un proyecto. Confusión.
  • Mi empresa cambia y yo ya no tengo un lugar en ella.
  • No tengo ideas. Estoy como bloqueado. No sé cómo validar mis ideas o cómo elegir la mejor.
  • Tengo asuntos que no se terminan o no avanzan, a pesar de los esfuerzos que hago por cerrarlos.
  • Tengo dificultades relacionales con personas y organizaciones: Salidas fuera de tono. Me llevo mal con mis jefes. No encajo. Sufro acoso laboral. Lo quiero ya. Estoy enfadado. En guerra con algún compañero. Los de mi equipo no funcionan.
  • No encuentro a las personas que necesito. No siguen mi liderazgo.
  • Diferencias serias con mis socios, proveedores, clientes y financieros.
  • Mi vida profesional no está acorde con mis valores profundos.
  • Necesito tomar tiempo para mí y reencontrarme.
  • Estoy obsesionado por algún tema determinado, en detrimento de otros.
  • Deseo encontrar un equilibrio entre vida profesional y vida personal.
  • No consigo ganar el dinero que necesito con mi profesión.
  • Mis enfermedades interfieren mi buena marcha profesional.

¿Te reconoces en alguno de estos puntos?

El síntoma como mensaje.

¿Qué hacer cuando somos conscientes de estos síntomas?

¿Voy a un Spa, hago una buena sesión de gimnasia, transpiro, me meto en la sauna y luego disfruto de una ducha fría? ¿Me voy de viaje al Himalaya o al Caribe? ¿Desaparece, así, el síntoma de forma definitiva? ¿O desaparece y reaparece, con la misma forma o con otra? ¿Estoy aplicando el método adecuado? ¿Pretendo resolver con una operación de maquillaje lo que requiere una operación a corazón abierto? ¿Necesito infantería, metralletas, artillería pesada o misiles de largo alcance?

Los síntomas, que en este caso aparecen en el ámbito profesional, son unos maravillosos mensajeros que nos dicen que algo no va bien en nosotros. Si aparecen en él, es porque es el más fácil para manifestarse, así como la cadena se rompe por el eslabón más débil. Bien, pero el ámbito profesional es una de las muchas caras de este poliedro maravilloso que es el ser humano, en el que todo está interconectado. Entonces, las causas del síntoma profesional ¿son puramente profesionales o pueden ser de otra índole?.

Los síntomas profesionales son una parte visible del ámbito profesional visible de la parte visible del iceberg que es el ser humano. Entonces, ¿voy a operar sólo a nivel de los síntomas, es decir, si tengo fiebre, me voy a concentrar sólo en tomar un medicamento para bajar la fiebre, sin preocuparme de lo que ha podido ocasionar dicha fiebre? ¿O voy a explorar qué anomalía o causa ha podido generarla y sanarla a nivel raíz?

Explorar las causas del síntoma para sanar.

Hacer desaparecer sólo los síntomas puede ser adecuado en algunos casos, aún sabiendo que ello está cerca de un maquillaje. Sanar las causas es definitivo. Entonces, es preferible explorar, detectar las causas y arreglarlas. Ahora bien, ¿busco las causas de los síntomas de carácter profesional sólo en el ámbito profesional, o conviene abrir la mente y acoger la posibilidad de que las causas puedan venir de otros ámbitos, tales como del personal, familiar o transgeneracional?

La Inteligencia Sistémica ayuda a las personas a contactar con el sentido profundo que su profesión tiene desde distintas perspectivas. También ayuda a buscar, a encontrar alternativas y a elegir la salida profesional que tiene más sentido en base a su presente, pasado y futuro.

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¿De qué depende mi éxito profesional?

Bajo este título se incluirán a lo largo de varios artículos, diversas reflexiones sobre los factores que afectan a nuestro desarrollo y éxito profesional. 

Nuestro desarrollo y éxito profesionales no son un proceso y un resultado aislados, conectados por una simple relación lineal de causa-efecto, sino que están relacionados de manera compleja con otros factores clave que a veces no contemplamos. 

¿Qué vemos cuando observamos la vida de conocidos artistas, deportistas, científicos, empresarios, políticos, directores de importantes instituciones financieras, presidentes de estado, etc.? Pues, que a veces, algunos de ellos  se desploman cuando están en su máximo esplendor, por hechos sorprendentes que nos resultan incomprensibles. ¿Cuáles pueden ser las causas?

La palabra “éxito” tiene distintos significados.

Unos tienen que ver con el cumplimiento de los cánones sociales bien aceptados, como ser el jefe, llegar a la fama o tener mucho dinero. Otros giran alrededor de la satisfacción de nuestras necesidades, sean visibles, o invisibles por inconscientes.

¿Miramos hacia fuera o hacia dentro de nosotros cuando hablamos de éxito?

¿Podemos sentir el éxito dentro de nosotros?

¿Qué sentimos cuando estamos en él?

Lo socialmente bien aceptado y lo visible individual suelen llevarse bien; pero las necesidades individuales invisibles suelen llevarse mal con las exigencias sociales.

Cuando no existe un alineamiento entre ambas, en algún momento se produce el descarrilamiento. Si la estructura psíquica que soporta nuestra fachada aparente no es sólida, en algún momento nuestra máscara se derrumba. Sucede cuando nuestros traumas, bloqueos, anhelos insatisfechos y demás enredos invisibles nos impulsan a realizar acciones incompatibles con la apariencia y la aceptación social.  

Viaja a tu inconsciente. Aligera tu carga para vivir mejor.

Si no entramos en el sótano oscuro de nuestro inconsciente y si no lo vaciamos de todos esos trastos, memorias y programas erróneos que ya no nos sirven, nos ocupan y nos dificultan el paso a una vida más ágil y ligera, reaparecerán siempre que un hecho desencadenante los despierte y los saque de su madriguera. Y así, continuarán generando repetitiva y tozudamente incidentes indeseados e incomprendidos que perjudican nuestro crecimiento personal y nuestro desarrollo profesional.

El desarrollo profesional está íntimamente relacionado con el crecimiento personal.

Se influyen mutuamente. Éste se inicia antes que aquel en el tiempo. Cuando empezamos nuestro camino profesional, ya estamos premodelados por las experiencias y emociones vividas durante la fecundación, el embarazo, el nacimiento, la infancia, la adolescencia y la juventud. 

Pero no estamos predeterminados. Casi todo es cambiable a mejor. Milton Erickson decía una frase memorable al respecto: «Siempre estamos a tiempo de tener una infancia feliz”. 

¿Estamos dispuestos a entrar en nuestro sótano oscuro? ¿Vamos a vaciarlo de nuestros trastos? ¿Dejamos espacio para acoger lo nuevo? ¿Cómo conseguirlo? 

La Inteligencia Sistémica ayuda a la persona que ha decidido entrar en su desván y limpiarlo de bártulos limitantes y debilitantes, a hacerlo de una forma acompañada, calmada, serena, protegida y confidencial.  

En este viaje, la persona puede ver y conectar con aspectos clave suyos, invisibles hasta ese momento, que dan sentido a síntomas, comportamientos y reacciones hasta ahora “sin sentido” para ella. Cuando ese momento mágico sucede, la persona experimenta un gran alivio, su cara se relaja y su mirada transmite claridad y agradecimiento por estar en la vida. 

La Inteligencia Sistémica ayuda en ello en poco tiempo y bajo coste.

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