Reduce la tensión y la ansiedad a través del Método Feldenkrais®.

Que la ansiedad no domine tu vida.

Si la depresión fue el mal del cambio de siglo, la ansiedad se ha convertido en la epidemia de nuestro mundo moderno. En nuestro país sabemos de qué se trata. Según la OMS, España es líder en consumo de ansiolíticos de Europa y una de cada diez personas padece los síntomas de la ansiedad.

Las cifras son alarmantes, pero raramente sorprenda al lector. Efectivamente, es cada vez más común conocer a alguien cercano que esté en un cuadro de ansiedad constante y/o que padezca episodios de ansiedad; es por esta misma razón que resulta cada vez más habitual que el sedante esté al alcance de la mano. Ahora bien, estamos de acuerdo en que la terapia para tratar la ansiedad, como abordaje cognitivo y emocional, es necesaria y efectiva; sin embargo, aunque es una de las “patas” fundamentales del tratamiento, no debería ser exclusiva de otros enfoques. Veamos más.

El Método Feldenkrais® propone -como parte del trabajo- un abordaje desde el cuerpo, ya que también está involucrado en un patrón de ansiedad.

Es decir, sabemos que la memoria de las emociones está en el sistema nervioso central (SNC) y se refleja en el cuerpo a través de patrones musculares. Esto es fácil de entender. Por ejemplo, cuando vemos la expresión de un rostro o una postura, conozcamos más o menos a esa persona, podemos deducir si está nerviosa, ansiosa, triste, preocupada, etc.; incluso aunque su intención sea disimularlo.

La ansiedad surge porque tenemos patrones y reacciones fijas. Es el arma que posee nuestro organismo para estar alerta ante cualquier posible peligro. Por supuesto, hasta aquí estamos todos de acuerdo en que este mecanismo es necesario y queremos que así continúe. El problema es cuando esa reacción se prolonga en el tiempo sin que exista una amenaza real. El mundo moderno, tan agresivo y tan competitivo, muchas veces nos coloca en ese lugar todo el rato. No paramos, no nos detenemos y ese ritmo y esa necesidad de respuesta constante del día a día son una gran explicación sobre por qué la ansiedad es la nueva epidemia social.

Ahora bien, retomemos este pedacito de texto que dice: “el problema es cuando se prolonga en el tiempo sin que exista una amenaza real” y analicémoslo desde el cuerpo. ¿Qué supone que nuestro cuerpo esté siempre en alerta? ¿De qué nos sirve sentir que en muchos momentos la respiración no fluye o que nuestra columna está todo el rato flexionada como si estuviéramos bajo la amenaza constante de un golpe, cuando no está pasando nada que nos ponga en peligro? Más aún, ¿de qué nos sirve “anestesiar” ese momento con un químico si sabemos que ante una situación similar incurriremos en ese mismo estado? La ansiedad se expresa en el lenguaje de nuestro cuerpo y de nuestros movimientos interfiriendo en su fluidez y obstaculizando su expresión, pero para cambiar esto necesitamos tomar conciencia. Como señalaba el creador del Método: “Si uno no sabe lo que hace, no puede hacer lo que quiera”.

Como vemos, siempre antes de llegar a una crisis, habremos tenido señales desde el cuerpo que pudimos haber atendido. Por ello, desde Feldenkrais® nos proponen primero tomar conciencia de esos patrones y luego explorar y encontrar en nuestro cuerpo otros patrones de acción que nos permitan gestionar la ansiedad y sentirnos mejor.

Es decir, no sólo tomar conciencia; también (y sobre todo) se trata de descubrir y experimentar -por ejemplo- qué sucede si estiramos nuestra columna y usamos toda la longitud de nuestro cuerpo; qué sucede cuando nuestros pies se asientan mejor en el suelo; o cuando nuestro cuello está libre para moverse, y un largo etcétera.

Curioso o no, el Método Feldenkrais® coloca a los síntomas de la ansiedad con una sensación general de insatisfacción con la vida que tenemos o llevamos. Entonces pregunto: ¿por qué no atender esa alerta? ¿Por qué no ver qué hay más allá de esa falta de aire, de esa pérdida de estabilidad?

¿Por qué no anticiparnos a gestionar la ansiedad cuando aún no se ha manifestado con toda su intensidad?

Ese es el objetivo de este Taller de introducción al Método Feldenkrais®. Como decíamos antes, nos invita a ver lo que sucede, recuperar la riqueza de los movimientos y explorar -sin esfuerzo- diferentes posibilidades de configuración que nos permitan gestionar la ansiedad y alcanzar estados de serenidad, de equilibrio y de tranquilidad desde el cuerpo.

Ahora bien, como dice nuestro especialista en el Método, Jaime Polanco: “la idea es experimentar con una fuerza tal que las personas sientan la necesidad de incorporar esos nuevos recursos corporales inmediatamente en su vida”. A propósito de esto, también nos señala que “en ningún caso se trata de hacer ver el Método como una sustitución de la terapia, sino de una forma complementaria a ella”. 

Introducción al Método Feldenkrais®: no dejes que un dolor opaque tu calidad de vida.

Estamos acostumbrados a minimizar el dolor de espalda y otras tantas molestias. Un poco porque las prisas, la inmediatez y las “pócimas mágicas” están a la orden del día. En lo personal agradezco que existan estas soluciones, porque una molestia un día o un rato puede ser realmente entorpecedora y bloqueadora de cualquier actividad física y/o intelectual que hagamos. Como siempre decimos, el cuerpo influye sobre la mente y viceversa.

Ahora bien, el problema es cuando ese dolor o molestia temporal se vuelven crónicos y seguimos recurriendo a las mismas soluciones exprés.

¿Por qué anestesiamos el cuerpo si está queriéndonos decir algo? ¿No sería más fácil darle entidad y escuchar al dolor?

Curiosamente, la mayoría de nosotros arriba a conclusiones y autodiagnósticos sobre el origen de su dolor de espalda (o sobre cualquier otra molestia).

A propósito de esto, Ruthy Alon, en su libro “Guía Práctica del Método Feldenkrais, la espontaneidad consciente”, habla acerca de nuestra honestidad funcional. Se refiere a nuestras versiones sobre por qué tenemos dolor de espalda y, entre otras cosas, dice: “Si la respuesta para no tener dolor de espalda fuera una espalda flexible, los bailarines, los atletas y los acróbatas jamás sentirían dolor. Si el objetivo fuera tener una espalda fuerte los hombres musculosos que hacen un trabajo físico duro serían inmunes a los problemas de espalda. Si caminar erguido fuera la raíz del problema, generaciones de seres humanos hubieran vivido en una constante agonía desde los albores de la evolución”.

Más allá de todas estas reflexiones y generalizaciones que estamos acostumbrados a hacer, necesitamos reconocer qué nos pasa y abrir el espacio para hacer lo mismo que hacemos siempre, pero de forma diferente. Por ejemplo, si trabajamos sentados todo el día frente a una pantalla de ordenador, y hoy por hoy no hay posibilidades de cambiar ese trabajo porque además nos gusta, tenemos que abrir un espacio para explorar cómo sentirnos mejor estando sentados. Pero no porque esté mal lo que estamos haciendo, sino porque hacemos demasiadas pocas cosas de las que podríamos hacer.

Ese es el objetivo principal del Taller de introducción al Método Feldenkrais®: recuperar la riqueza de los movimientos y explorar diferentes posibilidades de configuración para que el dolor de espalda -o cualquier otra molestia- disminuya gradualmente hasta desaparecer.

No obstante, el taller también nos permite atesorar aprendizaje para mejorar otras cuestiones que no estamos haciendo bien y para optimizar aquellas que ya estamos haciendo muy bien.

Es, en definitiva, un espacio ideal para explorarnos, encontrar alternativas y hacer cosas diferentes. Como decíamos previamente, las posibilidades de estar sentados en una silla son varias, pero si estamos sentados siempre en una misma posición es igual de dañino para el cuerpo que para el Sistema Nervioso Central (SNC). En este sentido, investigaciones de la neurociencia, han revelado que luego de un período muy breve de estar haciendo lo mismo, el SNC se apaga, deja de permanecer activo y pierde la capacidad de reacción y adaptación.

Técnicamente, este hecho se denomina habituación y también influye a nivel muscular y corporal. ¿Cómo? Veamos. Al “apagarse” el SNC, deja de hacer sus ajustes, deja de sostenerse; empieza como a abandonar la actividad y detrás de eso suele aparecer el dolor. Son mecanismos que tienen que ver con la monotonía de los estímulos y la monotonía de las acciones.

Por ejemplo, en trabajos de oficina o más o menos rutinarios, tendemos a automatizar nuestros movimientos y acciones, restando eficiencia y espontaneidad a lo que hacemos. La repetición se convierte en habituación y cuando esto ocurre, dejamos de prestarle atención -de ser conscientes- y ya no intentamos mejorarlo. Tal y como decíamos previamente, es la disminución de una respuesta ante la presencia repetida de un determinado estímulo.

En este sentido, Jaime Polanco, fisioterapeuta y profesor del Método, nos señala: “Tomar conciencia de cómo nos movemos nos facilita detectar dónde hay tensiones, molestias, dolores, resistencias y nos invita a explorar nuevas opciones para elegir la manera más adecuada de realizar una acción, teniendo como referencia nuestras propias sensaciones”. A su vez, como hemos mencionado en un párrafo anterior, cambiar, renovar u optimizar nuestros movimientos, también nos ayuda a restaurar e la salud de nuestro sistema nervioso y mantener nuestro cerebro lúcido, claro, atento y vital.

Repasemos algunos más de todos los beneficios que nos invita a vivir este taller:

A nivel físico:

  • Cambia la rigidez por la libertad de movimiento.
  • Mejora nuestra postura, equilibrio y movimientos cotidianos.
  • Previene las consecuencias del envejecimiento, de la vida sedentaria, de los malos hábitos posturales y de los movimientos repetitivos.

A nivel neurológico:

  • Promueve la plasticidad cerebral.
  • Cambia la dispersión por la atención.

A nivel cognitivo y creativo:

  • Favorece el pensamiento lateral.
  • Flexibiliza los pensamientos recurrentes.

Tu cuerpo sabe, aunque tu mente olvide. Conecta pensamiento, emoción y movimiento.

La manera de movernos describe cómo somos, pensamos y actuamos.

Cambia tu cabeza, moviendo tu cuerpo.

«Movimiento, sensación, emoción y pensamiento son aspectos de una misma constelación. Cuando uno de ellos se mueve, se mueven también los demás. Si cambias la manera de moverte, cambias la manera de pensar.» Moshé Feldenkrais.

A esta altura, no caben dudas acerca de que todo está conectado en nosotros y que el cambio en uno de los aspectos afecta a todos los demás. No obstante, muchas personas siguen lógicas cerradas. Entienden que la única manera de cambiar sus pensamientos es centrándose en ellos; que la única forma de gestionar un estado de ánimo es desde la misma emocionalidad, y que una molestia corporal sólo se puede mejorar desde el cuerpo. Muchas veces la obviedad no es sinónimo de efectividad.

A propósito de cómo todo está conectado, una de las investigadoras que más aportaciones y estudios científicos ha realizado sobre el comportamiento no verbal, Amy Cuddy, se interesó en estudiar: 

Cómo el lenguaje del cuerpo influye en cómo nos ven los demás y en cómo nos vemos a nosotros mismos (autoimagen).

Ella muestra que sus llamadas «posturas de poder» -posturas y gestos abiertos y expansivos- pueden transformar nuestras emociones, pensamientos, nuestra fisiología, e incluso, pueden mejorar nuestras probabilidades de éxito.

Todo esto es un pequeño ejemplo de lógica abierta que muestra un poco de lo que estamos hablando; eso de que todo tiene que ver con todo y de cómo muchas veces, “lo obvio”, no es ni la única ni la más efectiva alternativa. El Método Feldenkrais® es una prueba de ello. Para este método, el cuerpo es la herramienta fundamental que facilita llevar adelante cambios sustanciales y profundos en el proceso evolutivo. Ahora bien, ¿de qué cambios estamos hablando? ¿Qué es lo que perdemos en esa evolución y deberíamos recuperar y/o cambiar? Veamos un poco qué nos sucede con el paso del tiempo.

Cuando somos niños nos descubrimos y descubrimos nuestras posibilidades funcionales o patrones de acción por ensayo y error y sin exigencias por los resultados, lo que permite refinar los patrones en base a la propia experiencia; a esto se lo llama aprendizaje orgánico. Esos patrones aprendidos se organizan en base a la experiencia temprana de los reflejos, las reacciones de enderezamiento y las respuestas de equilibrio que son parte de la memoria genética del ser humano, independientemente de su raza, condición social, sexo y otros condicionantes.

No obstante, con el tiempo y tal vez sin darnos cuenta, todos vamos perdiendo esa capacidad de aprendizaje, pues nuestra autoimagen se va distorsionando por distintas influencias culturales, por el entorno, por miedos, hábitos, etc. Dicho de otra forma, ya no exploramos con tanta libertad, estamos más condicionados y menos curiosos. El Método Feldenkrais® nos invita a recuperar esa conexión con “nuestro niño interior” y a redescubrir ese aprendizaje orgánico. Nos propone volver a explorar y aprender -mediante el movimiento- nuevos patrones de acción y a descubrir cómo hacer más eficientes los que ya existen.

Todo este proceso es posible gracias a la plasticidad del sistema nervioso y su modo y posibilidades de aprendizaje en base a la experiencia personal.

Diversas investigaciones han demostrado que el cerebro tiene la capacidad de desarrollar a lo largo de la vida nuevas conexiones neuronales, eliminar otras y cambiar o modular la intensidad de las que ya existen. Y es importante saber que todos nuestros pensamientos, patrones emocionales y creencias no son otra cosa que conexiones neuronales que se han ido conformando con el paso del tiempo; que se desempeñan en conjunto para realizar cada actividad y que se van reforzando a medida que repetimos una acción, hasta convertirlas en hábitos y/o rutinas.

Y en ese sentido, el movimiento es la principal (y visible) expresión del sistema nervioso. Por ello, cambiando, optimizando nuestros patrones, aprendiendo a refinar nuestra gestualidad y nuestro lenguaje no verbal -como bien señalaba Amy Cuddy- podemos mejorar significativamente nuestras vidas.

No olvidemos que la manera de movernos describe cómo somos, cómo pensamos, cómo actuamos y nos relacionamos con el mundo que nos rodea.

A propósito de todo ello, vuelvo con un ejemplo que a todos podría resultarnos familiar. Si observamos a alguien caminando lento y cabizbajo como si llevara una mochila de 5 kilos a cuesta, ¿le creeríamos si nos responde que es el mejor día de su vida? Claro que no.

En ese caminar, en esa acción que hace ese alguien, intervienen: movimiento, sensación, emoción y pensamiento; y, por supuesto, cómo todos ellos se relacionan entre sí. Ahora bien, si cada uno de nosotros se viera identificado con el colega de la mochila, y sabiendo que es posible cambiar esos patrones de movimiento y, que a su vez, al cambiar esos patrones cambiaría nuestra forma de estar en el mundo, nuestra forma de pensar y de relacionarnos, ¿por qué no intentarlo?

Jaime Polanco, fisioterapeuta y profesor del Método Feldenkrais®, nos invita a tomar conciencia sobre cómo nos movemos para ser capaces de descubrir por nuestros propios medios la mejor manera de llevar a cabo una acción, teniendo como referencia nuestras propias sensaciones. Nos enseña cómo aprender, cambiar, renovar u optimizar nuestros movimientos, para cambiar también nuestra forma de pensar, para aumentar nuestra percepción, nuestra creatividad y nuestra atención.

Pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas.

El recientemente fallecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman, creador del concepto de la modernidad líquida, nos ha dejado grandes conceptos y uno de ellos supone un estupendo punto de partida para este artículo:

“El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”.

Hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos nocivos en todos los aspectos de nuestras vidas. Algunos los notamos inmediatamente, pero la velocidad con la que suceden las cosas hace que nos acomodemos a ello -como sea- y sigamos adelante. Efectivamente, la sociedad actual se caracteriza por la aceleración, la inmediatez, la dispersión y la multitarea. En consecuencia, nos hemos vuelto personas estresadas, ansiosas, dispersas, con prioridades confusas, y con relaciones fugaces y livianas. Incluso la relación con nosotros mismos se ha vuelto esporádica y ha perdido profundidad, producto del abuso en vez del buen uso de las tecnologías.

No obstante, en medio de esa aceleración, continuamos lidiando con todo. Adaptándonos a la realidad, trabajando cada vez más horas, restringiendo cada vez más los espacios personales, anestesiando las molestias con un químico, respondiendo a todos y a todas y estando siempre disponibles. Decir que “no” casi ha dejado de ser una opción. La hiperconexión, esa trampa en la que la mayoría de nosotros hemos caído, nos exige estar disponibles por todos los medios 24×7. ¿Lo paradójico de todo esto? En cierta forma, la tecnología no nos permite estar ausentes, pero tampoco nos permite estar presentes.

Todos sabemos que el crecimiento de la tecnología ha sido exponencial y nos ha simplificado la vida en muchos aspectos. Por ejemplo, nos permite trabajar desde lugares remotos, consultar información, datos y noticias en tiempo real y un sinfín de etcéteras. Pero, como había dicho párrafos antes, hemos caído en sus trampas. Efectivamente, esa omnipresencia tecnológica ha invadido -sin mucha gradualidad-, todos nuestros espacios: la oficina, la cena con la familia, con amigos, los viajes en coche, etc.

No podemos ignorar que todo esto ha deteriorado nuestra capacidad de atención, de diálogo y de escucha y, físicamente hablando, nos ha multiplicado las contracturas, las molestias y las tensiones musculares.

En este sentido, una nota publicada en el suplemento de salud del diario El Mundo en Abril de este año, señala al Text Neck como la epidemia que sufrirá todo el mundo por el uso excesivo del móvil. Definido por el quiropráctico Dean L. Fishman, este trastorno supone un cuadro de síntomas músculo-esqueléticos detectados tras el uso prolongado de dispositivos móviles que fuerzan a la columna cervical a adoptar una postura patomecánica o lesiva. Lo curioso (o no tanto) es que según el último informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), cada persona pasa de media 33 horas semanales con sus ojos pegados a la pantalla de sus dispositivos móviles inteligentes, superando diariamente las 150 interacciones.

Ahora bien, tanta conexión, tanta ausencia, tanta presencia, tanta atención y desatención, ¿cómo lo gestionamos para que no se convierta en una pesadilla?

Srikumar Rao, señala en su libro Happiness at work: “El mayor obstáculo para tu felicidad es tu creencia de que eres prisionero de las circunstancias”. Dicho de otra forma, está claro que no podemos hacer nada para cambiar esa realidad (ni ninguna otra), aunque sí podemos intervenir en nuestra forma de reaccionar y relacionarnos con ella. Es en este sentido que nuestra especialista, María de Marcos, nos propone hacernos cargo y recuperar la magia del instante, del momento presente, del mientras tanto. De conectarnos más con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, con nuestras emociones y con lo que nos rodea.

Tomar conciencia del impacto que las nuevas tecnologías tienen sobre nuestra salud corporal, mental, emocional, social y profesional, supone un primer paso para aprender a gestionar todo ello de manera concreta.

Esa el la propuesta de María, que nos invita a ser observadores de nuestros patrones corporales y mentales. Seguidamente, nos enseña a desarrollar hábitos saludables y sostenibles en el tiempo, y a incorporar en nuestro trabajo y cotidianeidad técnicas de re-educación psico-física.

Es necesario comprender que tenemos la capacidad de aprender a autogestionarnos para sentirnos bien. A diferencia de nuestros dispositivos electrónicos, cuando llegamos al final del día al mínimo de energía no podemos conectarnos a nada para recuperarla. Somos nosotros los que tenemos que aprender a administrar y recuperar nuestra energía para no acabar agotados y arrancar cada día con lo mínimo indispensable. Necesitamos dejar de estar sin estar y aprender a sumar calidad y presencia a cada momento que transcurre en medio de esta modernidad líquida.

Este curso nos permitirá, entre otras cosas:

  • Conectar con las necesidades del momento presente, incorporando un método para atenderlas con el menor esfuerzo físico y mental.
  • Gestionar las situaciones mientras ocurren. Reacción (automática) vs. Decisión (consciente).
  • Desarrollar una relación respetuosa y auténtica con uno mismo.
  • Aprender a generar respuestas creativas para hacer frente a las dificultades. Responsabilidad.

Vive con menos tensión. Maneja los ritmos. Optimiza el esfuerzo.

Método Feldenkrais®. Aprende a promover tus estados de bienestar.

Lo que pasa en el trabajo se queda en el trabajo. Lo que pasa en casa se queda en casa. Lo que pasa entre dos amigos no tiene por qué afectar al grupo. Lo qua pasa en París se queda en París; y así, un sinfín de etcéteras…

Ahora bien, ¿qué nos dice la experiencia? Que poner límites -incluso en lo de París- es muy difícil porque al final, triste o felizmente, todo tiene que ver con todo y lo que pasa en un ámbito de nuestra vida, suele afectar al resto. Aunque claro, el problema es que según diversas investigaciones, los estímulos negativos producen más actividad neuronal que los estímulos positivos y prestamos más atención a los primeros que a los segundos. A propósito de ello, Rick Hanson, autor de libros como Cultiva la felicidad y El cerebro de Buda, afirmaba: “Nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas”.  

¿Una prueba de ello? Por ejemplo, hacemos una presentación de un proyecto frente todos los directivos de la empresa. Todos nos aplauden, reconocen nuestra idea y capacidad creativa; todos, salvo uno, que cree que la idea no es original y además estuvo mal presentada. ¿Crees que nos quedaremos con el aplauso de veinte o con la crítica negativa del único de la sala? Efectivamente, con lo segundo. Y me permito repetirme en eso de que todo tiene que ver con todo, pues al igual que quedarnos anclados en ese tipo de pensamientos puede acarrearnos tensiones físicas indeseadas y contracturas; también ocurre al revés.

Una contractura o una molestia física, cualquiera sea su origen, favorecen el mal humor y/o promueven pensamientos negativos.

Ahora bien, ¿por qué es tan importante tener este dato en consideración? Veamos. Con suerte, cada uno de nosotros pasa al menos ocho horas trabajando cada día. Si lo pasamos mal, por lo que sea, la angustia, los nervios y la predisposición negativa nos pasarán factura; primero en el cuerpo: dolores de cabeza, tensiones musculares, malestar general, dolor cervical, articular, etc., que no hacen más que intensificar la experiencia negativa y prolongarla en el tiempo y en los espacios, incluso hasta volverla crónica.

Al final, nos quedamos tan conectados física y mentalmente en esos episodios negativos que no podemos disfrutar de la conexión con la familia o de los momentos de desconexión que necesitamos para reponer energía y vitalidad. Lo cierto es que no podemos cambiar la realidad laboral inmediatamente; pero sí está en nuestras manos optimizar nuestro tiempo allí dentro, para optimizar también nuestro tiempo fuera de allí y para disfrutar al máximo de lo que nos hace bien.

Por ejemplo, podemos cambiar la manera de movernos, para cambiar la manera de pensar; así lo afirma Jaime Polanco, nuestro referente profesional en el Método Feldenkrais®. Y agrega“ todos podemos descubrirlo siendo observadores de nosotros mismos”.

Nuestro día a día tiende a automatizar nuestros movimientos y acciones, restando eficiencia y espontaneidad a lo que hacemos.

La repetición hace que determinada acción se convierta en un hábito y cuando esto ocurre, dejamos de prestarle atención -de ser conscientes- y ya no intentamos mejorarlo. Sin embargo, mucho más allá de la postura o los movimientos disfuncionales, consecuencia de la adaptación al espacio físico, existen posturas y movimientos que ejecutamos mientras hablamos con una u otra persona, mientras exponemos, mientras discutimos, etc.

Tomar conciencia de esos movimientos, implica observar las relaciones que se establecen entre las distintas partes del cuerpo y las sensaciones que experimentamos. ¿Alguna vez nos observamos cómo nos posicionamos en una discusión? ¿Qué sentimos, cómo respiramos, cómo ponemos el cuerpo y/o cómo gesticulamos? Muy probablemente, en lo único que nos centramos es en la sensación que nos queda; bronca, ira y agotamiento, que inmediatamente se traducen en tensión, contractura y/o o molestias diversas.

Ahora bien, ¿si pudiéramos estar un paso adelante? ¿Si supiéramos cómo aprovechar nuestros recursos para elegir la manera más adecuada para realizar esa (y cualquier) acción? ¿Si conociéramos cuáles son las posturas y movimientos que empoderan nuestro discurso?

El Método Feldenkrais® nos invita a dirigir la intención hacia lo que sucede mientras nos movemos. Sólo de esa auto-observación podemos aprender sobre nosotros mismos a través de la experiencia y desarrollar lo que este método llama autoconciencia a través del movimiento.

Esta toma de conciencia, nos permite cambiar, renovar y optimizar nuestros movimientos. Nos ayuda a eliminar movimientos disfuncionales y, por ende, también pensamientos recurrentes negativos e indeseados.

En cierta forma, considera al cuerpo como vehículo para liberarnos de los “ruidos mentales” y permitirnos estar presentes y disfrutar del momento que transcurre.

El creador de este método, Moshé Feldenkrais, decía respecto a lo que hemos venido abordando: «Nosotros mismos hemos elegido nuestros hábitos en el pasado así que somos capaces de seleccionar nuestros hábitos de nuevo”.

La empresa saludable entiende el bienestar como inversión.

En cierta forma, ya lo decía Richard Branson, el mundialmente reconocido empresario inglés: “Los clientes no son lo primero, lo primero son los empleados; si cuidas a tus empleados, ellos cuidarán de tus clientes”. Esta afirmación pone de manifiesto la importancia de considerar el bienestar laboral como una inversión en beneficio de todas las partes.

No obstante, aunque hay muchas empresas que han tomado diferentes medidas al respecto, otras siguen dejando estas intervenciones como asignaturas pendientes porque lo entienden como un coste añadido. En consecuencia, y paradójicamente, son las que tienen que hacer frente a altísimos costes para gestionar todos los daños colaterales que la falta de bienestar en el trabajo y, puntualmente los trastornos musculo-esqueléticos, trae aparejados y que mencionan numerosas estadísticas: absentismo y bajas laborales, disminución notable del rendimiento, motivación y compromiso de los trabajadores. Todo ello, sin contar la mala reputación empresarial que esa desatención supone.

Es un buen ejemplo para mencionar aquel dicho popular que señala que el remedio es peor que la enfermedad: la empresa que “ahorra” en acciones de bienestar y acaba gastando el doble (o más) para solventar las consecuencias del “ahorro” inicial. Y acto seguido, va otro ejemplo que podremos ver más familiar. Si nos ponemos a pensar por un momento, a todos, cuando tenemos o padecemos alguna molestia y/o dolor, nos resulta casi imposible concentrar la atención en otra cosa, pensar con claridad y/o motivarnos para hacer más y mejor. Lo cierto es que al no saber cómo gestionar ese malestar, terminamos apelando a la solución casi universal y poco feliz del calmante que “anestesia”, por un rato, aquello que no solucionamos de raíz.

Frente a esta situación recurrente de soluciones que no solucionan y que ocurren tanto a nivel macro (empresa) como micro (las personas), entra en juego la decisión crucial de las organizaciones para intervenir, por medio de acciones serias y de probada efectividad, en el bienestar de sus trabajadores. Acciones que apuntan a cuidarlos, a darles recursos y herramientas para que aprendan cómo mejorar su salud.

En este sentido, la Técnica Alexander se aplica como una solución integral para las personas dentro y fuera de la empresa porque les enseña a gestionar cuestiones íntimamente ligadas al aprovechamiento de la energía vital. Además, cuenta con probado éxito en la prevención de riesgos laborales por trastornos músculo-esqueléticos, ofreciendo excelentes resultados para los trabajadores en su salud postural, en la adquisición de nuevos hábitos saludables, en el autoconocimiento y en el desarrollo profesional.

Se trata de un proceso de reeducación corporal e integral que nos enseña, a partir de una auto-observación de nuestro cuerpo en acción, a regular el esfuerzo, mantener el foco y regenerar la energía.

Efectivamente, cuando cada uno comienza a darse cuenta de sus malos hábitos posturales, puede cambiarlos, eliminarlos y/o encontrar opciones nuevas, más óptimas y más funcionales. Así nos lo afirma nuestra especialista María de Marcos, que integra la Técnica Alexander y el Coaching Ontológico para trabajar en todas las dimensiones: corporal, mental y emocional.

Desde ese enfoque, trabaja cada día para enseñar a las personas a observar, comprender y optimizar la calidad de sus movimientos y entender el uso que cada uno hace de su cuerpo. Además, nos explica que esta técnica nos da herramientas y nos permite autonomía para que cada uno sea capaz de aplicarlas en su día a día, en cualquier ámbito y en todas las acciones; desde las más simples a las más complejas.

Veamos los beneficios que obtienen ambas partes:

Trabajadores:
  • Incorporar y sostener hábitos saludables, a partir de comprender cómo funciona su cuerpo y cómo hacer para que funcione con menos esfuerzo.
  • Incrementar la vitalidad y la energía.
  • Aprender a aplicar los principios del movimiento consciente en la cotidianeidad (estar de pie, sentado, caminar, trabajar con un ordenador o cargar pesos).
  • Entender cómo impactan las emociones y pensamientos sobre su cuerpo.
Empresas:
  • Disminuir bajas laborales.
  • Reducir el absentismo.
  • Obtener mayor vitalidad, rendimiento y compromiso de los trabajadores.
  • Conseguir que todos logren una mejora sustancial en su comunicación no verbal (cuestión vital en términos de negociación).
  • Mejorar notable y visiblemente la responsabilidad empresarial de cara al cliente interno y externo.

Hemos mencionado, entre uno de los beneficios, la mejora de la comunicación no verbal de los empleados en ámbitos de negociación. A propósito de ello, el creador de la técnica, Frederick M. Alexander señalaba que al ser el cuerpo y la mente una unidad indivisible, lo que impacte a la mente se reflejará en el cuerpo y viceversa. Si bien no es tan complejo imaginarnos cómo un estado de ánimo influye en nuestra postura corporal, nos cuesta imaginarlo al revés. Para representarlo, nada mejor que citar a nuestro sabio y queridísimo Charlie Brown:

Es curioso, pero casi nunca pensamos en cambiar la postura para cambiar el estado de ánimo. O, por lo menos, no lo hacíamos hasta que Amy Cuddy, una de las investigadoras de renombre internacional que más aportaciones y estudios científicos ha realizado en pos de la credibilidad del comportamiento no verbal, se interesó en estudiar la expresión no verbal del poder: gestos dominantes, abiertos, expansivos, etc., y su influencia en las emociones, sentimientos y fisiología de los demás y de nosotros mismos.

Cuddy y su equipo demostraron que el lenguaje no verbal influye sobre nosotros mismos. A su vez, afirman que nos recuperaremos realmente si “engañamos” a nuestras emociones negativas con una postura corporal amplia, abierta, expansiva y dominante incluso, aunque estemos tristes. Cuando nos hacemos “grandes” y/o nos expandimos, provocamos que nuestro cuerpo reaccione y nuestro estado mental cambie en respuesta a ello. Esta cuestión también es abordada y profundizada desde la Técnica Alexander.

Por todo lo que hemos venido diciendo, las empresas que toman la iniciativa de hacer lo mejor que pueden hacer por sus trabajadores aumentan cualitativa y positivamente su imagen de marca y reputación.

No obstante, esta inversión en bienestar como empresa saludable, también se traduce en mejor clima laboral, mayor rendimiento, claridad, creatividad y motivación de sus trabajadores.

#Reinvéntate

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