Morfopsicología para Coaches: la evidencia que empodera al coaching.

Thomas Leonard, padre del coaching moderno, señalaba: “un coach es tu socio en el logro de objetivos personales, es un entrenador en herramientas comunicacionales y de vida, que te acompaña en la generación de cambios. Sostén incondicional de éxitos y errores. Guía en desarrollo personal. Co-diseñador en la creación de nuevos proyectos. Es quien te despierta cuando estás dispuesto a escuchar tu propia alarma”. No obstante, para que todo esto pueda ocurrir, parafraseando a Carl Sagan, la cuestión fundamental radica en la calidad de la evidencia.

Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de evidencias? Veamos. En los últimos años, producto de una amplia demanda de la actividad por sus magníficos resultados, el coaching ha creado una cantidad notable de nuevos profesionales y con una sólida formación que les permite responder a todas las premisas que señalábamos en la introducción. No obstante, existen herramientas fiables y complementarias para el coach que marcan la diferencia, ya que ayudan a sumar calidad al proceso y mejoran el acompañamiento mediante evidencias precisas y contundentes sobre el coachee o cliente. Una de ellas, señalada en el título de este artículo, es la morfopsicología para coaches.

La Morfopsicología facilita el encuentro con el otro.

Porque lo cierto es que cuanto más conocemos al otro, más fácil es orientarle y acompañarle en un proceso de desarrollo y/o crecimiento personal o profesional, independientemente de cuál sea el objetivo del mismo. Es decir, no importa si las sesiones comienzan con el objetivo de cambiar de trabajo, emprender, reorientar la profesión o crear hábitos saludables. Lo que de verdad importa, como coaches, es la forma en la que vamos a orientar y a acompañar al coachee; es el cómo, para que pueda ir desde el lugar en el que está hacia el lugar en el que quiere estar. Es allí dónde esta herramienta supone una diferencia de calidad.

Entre otras cosas, porque la morfopsicología es como contar con una radiografía del cliente. Nos informa de manera rigurosa acerca de su estructura innata, su propósito, sus fortalezas, debilidades y sobre aspectos de su comportamiento que son clave para la comprensión del mismo, de sus posibilidades y preferencias. Todo esto permite mejorar notablemente -con certidumbre y precisión- el profesionalismo del coach y de su práctica profesional.

Cada persona es única, irrepetible y completa.

Entender esto es contar con la apertura para comprenderlo. Comprenderlo, sin juzgar, es la premisa fundamental para que tanto el diagnóstico como el acompañamiento sean realmente genuinos. Partiendo de esa premisa, lo que esta formación propone a los coaches es aprender a comprender más y mejor a las personas para conocer sus aptitudes innatas, sus habilidades, su predisposición intelectual, emocional, su vocación, etc. Desde esta perspectiva, guiarlas en un proceso de crecimiento y/o desarrollo resulta mucho más simple porque el coach es capaz de ver con precisión más allá de lo obvio, más allá de lo que diga u omita el cliente, más allá de sus bloqueos y de sus creencias.

No obstante, este es otro de los motivos por los que este Experto los invita a observar y practicar diferentes rostros de forma metódica; es decir, a interpretar su simetrías, asimetrías, expansiones, contracciones, modelado, tonicidad, etc. Recordemos que la regla de oro de la morfopsicología es que cada persona tiene características singulares y particulares que la hacen única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.

Este experto permitirá a los coaches:

  • Acceder a los conocimientos teóricos y prácticos de esta herramienta de forma ordenada y precisa.
  • Comprender la estructura del cerebro y su relación con el rostro y la personalidad.
  • Incorporar el concepto de que cada persona es única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.
  • Aumentar la precisión en los procesos de coaching, no reduciendo las sesiones, sino generando una mejor calidad de acompañamiento.

No obstante, esta brevísima aproximación al tema, es sólo eso y supone sólo algunos de los tantos indicadores morfopsicológicos que se contemplan dentro de los contenidos de este Experto en Morfopsicología.

Potencia tu profesión a través de la Morfopsicología.

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Experto en Morfopsicología.

Suma calidad a tu vida y a tus relaciones.

“La Morfopsicología nos permite comprender a través de la observación e interpretación del rostro, aumentar nuestra seguridad, confianza, comprender y aceptar sin juzgar”. Así nos lo afirman nuestros especialistas en esta disciplina, Marta Nadal Soler y Andrea Ambrosini.

La vida es relación. Nos relacionamos todo el tiempo con nosotros mismos, con los demás y en todos los ámbitos de la vida. Desde el entorno más íntimo como la familia y los amigos, hasta el más amplio como la comunidad a la que pertenecemos y el entretejido de vínculos que se desarrollan en cualquier entorno laboral y/o profesional. Ahora bien, cuanto mejor nos relacionamos con nosotros, cuanto más nos conocemos, mejor nos relacionamos con los otros, mejores vínculos establecemos y mayor es nuestra seguridad y bienestar. No obstante, hay un nivel superior a todo esto. Es decir, cuando además del autoconocimiento, desarrollamos la capacidad de reconocer a los demás, de comprender su carácter, su personalidad y su tipo de inteligencia, entonces el bienestar de la relación se multiplica.

El conocimiento de la Morfopsicología nos sitúa en una posición de privilegio desde la que podemos mejorarnos a nosotros y a los otros.

Comprendiendo la estructura del cerebro y reconociendo los rasgos faciales de alguien, podemos identificar rápidamente si se trata de una persona más racional, más emocional o más instintivo/activa; es decir, podemos reconocer cómo piensa, cómo siente y cómo actúa. Por ejemplo, si nuestro hijo está atravesando una adversidad, reconocer cuál es su forma de enfrentar la vida nos permitirá orientarlo y ayudarlo mejor a que él mismo pueda encontrar sus propios recursos para gestionarla. Entre otras cosas, sabremos cuáles son sus fortalezas y debilidades y podremos ayudarle a resaltar las primeras para que sean sus sostén. Pero incluso sin hablar de adversidad, este conocimiento nos acerca a comprenderlo mejor, nos da la posibilidad de ayudarlo a mejorar, desarrollar y/o a potenciar, por ejemplo, su adaptabilidad, creatividad, sensibilidad, etc.

Claro que no es la única relación en la que las bondades de esta herramienta son tan útiles. A un educador, el conocimiento de la Morfopsicología le permite facilitar el aprendizaje a sus alumnos. Entre otras cosas, es posible ayudarles a poner el acento en lo que son muy buenos y a encontrar formas creativas para afrontar aquello que les cuesta más. En el ámbito de la salud, reconocer las fortalezas y debilidades de un paciente es un beneficio invaluable y sirve para ayudarlo a gestionar mejor la situación que sea que esté atravesando.

Podríamos seguir enumerando situaciones y ámbitos, aunque para terminar elijo plantear una relación algo más frívola: vendedor-cliente. ¿Imaginamos acaso las ventajas de reconocer con qué tipo de cliente estamos negociando? Quiero decir, si somos capaces de identificar y definir que se trata, por ejemplo, de una personalidad de tipo dispersa e insegura o, por el contrario, se trata de alguien centrado y detallista, sabremos cómo desplegar nuestra versión más adecuada para captar su atención y construir o fidelizar ese vínculo a largo plazo.

No obstante, lo mencionado sólo es una aproximación brevísima del tema, de los ámbitos de aplicación y solo algunos de los tantos indicadores morfopsicológicos que se contemplan dentro de los contenidos de este Experto en Morfopsicología. Y podría aquí mismo ponerme a enumerar todas las cuestiones que abordan en el curso, aunque prefiero hacer un paréntesis para destacar que los formadores son su mayor valor diferencial. Ciertamente, pocas veces he visto con la profesionalidad, la rigurosidad, la pasión y la conciencia con la que hablan y comparten sus conocimientos sobre esta disciplina.

Esta visión compartida y generosa de nuestros especialistas, tan necesaria para comprender la Morfopsicología, se concreta a través de diversas prácticas que sellan y representan cada teoría explicada. Esto es importante siempre, aunque resulta fundamental para incorporar y capitalizar el aprendizaje.

Dicho de otra forma, para aprender a comprender a las personas, para conocer sus aptitudes innatas, sus habilidades, su predisposición intelectual, emocional, su vocación y un largo etcétera, debemos aprender a observar (y sobre todo practicar) diferentes rostros de forma metódica. Es decir, interpretar su simetrías, asimetrías, expansiones, contracciones, modelado, tonicidad, etc.; recordemos que cada persona tiene características singulares y particulares que la hacen única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.

De esta forma, más allá del primer acercamiento a la Morfopsicología como herramienta de autoconocimiento, los profesionales de Visage nos invitan a capitalizar ese aprendizaje para enriquecer todo el abanico de nuestras relaciones y en todos los ámbitos. Para que todo esto sea posible nos facilitan apuntes, sesiones, casos prácticos y artículos que suponen -también- un valor diferencial.

Este experto, tanto a particulares como a profesionales con necesidades puntuales o generales, les permitirá, entre otras cosas:
  • Acceder a los conocimientos teóricos y prácticos de esta herramienta de forma ordenada y precisa.
  • Comprender la estructura del cerebro, del rostro, de la personalidad y de cómo cada persona es única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.
  • Aprender a observar el comportamiento y el rostro humano y deducir la conducta asociada de la persona.
  • Mejorar la calidad de los vínculos y relaciones en el ámbito personal, social y profesional.

Comienza a transitar por este camino de descubrimiento y conocimiento del ser humano. Puedes hacer el curso presencial u online. Tú decides cómo. Todo lo demás, ya está disponible para compartirlo contigo.

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Morfopsicología & Orientación Vocacional. Descubre tu talento natural.

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Morfopsicología
& Orientación Vocacional.

Descubre tu talento natural.

¿Dónde estoy? ¿Qué quiero de mi vida? ¿Hacia dónde voy? Al estar terminando la escuela o al haberla finalizado, el adolescente comienza a formularse estas preguntas que se refieren a su presente inmediato, pero, sobre todo, a su futuro: ¿a qué me voy a dedicar?

De esta forma, la pregunta dónde estoy es el principio de las demás inquietudes que tienen que ver con el sentido de vida: el “para qué” de la vida del joven que elige una carrera. Es un momento en que pueden pasarle una o varias cosas por la cabeza: por ejemplo, puede dudar de sus capacidades y elegir algo que se le dé bien, aunque no sea su primera opción; puede dejarse influenciar por otras personas o por mandatos familiares; o puede que simplemente no tenga idea sobre qué hacer, o para qué es bueno naturalmente. En igual sentido, y permitiéndome una licencia personal, diré que en el momento de decidir lo único que tenía claro era lo que no quería. Supongo que esto también -hoy- puede ser otro punto de partida.

En esta etapa de definiciones, de certezas derribadas, de miedos, pero aún con intentos de visualización de ellos mismos en un futuro, un estudio morfopsicológico supone una guía extraordinaria que puede ayudarnos a descubrir y a conectar con nuestro propio talento innato o natural.

¿Por qué es importante esta toma de contacto y de conciencia? El doctor Mario Alonso Puig, por ejemplo, dice que “la mayor parte de nuestras inseguridades y de nuestras desesperanzas no son reales, son aprendidas. Hemos sido condicionados para crear una imagen de nosotros mismos y vivir de acuerdo con esa imagen. Nosotros no vivimos al nivel de nuestros talentos, sino al de nuestras creencias”.

La morfopsicología o psicología facial, como hemos visto en un artículo anterior, es una gran herramienta de autoconocimiento que nos permite entender que nuestro rostro, único e irrepetible, es un reflejo de nuestra estructura singular como seres humanos. Para ello, apunta a comprender de qué forma se relaciona cada parte del rostro con las demás, arrojando información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipos de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Cada estudio morfopsicológico es absolutamente único y esto hace, por supuesto, que este artículo sea solo una pequeña muestra de lo poderoso que puede resultar para cada persona.

Poderoso y extenso porque, como en este caso, más allá del fin primero de la orientación vocacional y de permitirnos conectar con lo innato y potenciarlo, se trata de un informe para la vida, para mejorar, para sentirnos bien, para apoyarnos en nuestras fortalezas e incluso para sacar provecho de nuestras debilidades. Aclarado esto, intentaremos, sin generalizar, citar algunas cuestiones interesantes que nuestra especialista, Marta Nadal Soler, nos ha ido contando.

Por ejemplo, en un estudio morfopsicológico habitual la herramienta básica para comenzar son tres fotos. En el caso particular de la orientación vocacional este inicio se complementa con una pequeña encuesta y la sesión se extiende un poco más. ¿Por qué? Veamos: considerando los puntos de partida adolescente que mencionábamos en párrafos anteriores, el joven tiene que poder expresar dónde entiende que está, hacia dónde le gustaría ir y para qué. En esta encuesta pueden surgir aspectos interesantes en los que el adolescente no había reparado antes. Por ejemplo, su para qué. Es decir, ¿es lo mismo querer ser abogado para continuar la tradición familiar, que desearlo para ayudar a la gente y luchar contra las injusticias? En retórica lo dejamos.

Ahora bien, revelemos algunas de las cuestiones que surgen del estudio. Una de ellas, que hemos nombrado con antelación, es permitirnos identificar qué tipo de inteligencia posee una persona. La Teoría de las Inteligencias Múltiples desarrollada por Gardner, propone que la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados. Esos tipos de los tipos de inteligencia son 8:

  • Lingüística.
  • Musical.
  • Lógica matemática.
  • Espacial.
  • Kinestésica.
  • Intrapersonal.
  • Interpersonal.
  • Naturalista.

Dicho esto, tenemos que entender que la inteligencia no sólo es intelectual, también es afectiva/emocional (cómo es su afectividad, cómo se emociona y se relaciona consigo mismo y con los demás), e instintiva (cómo es su voluntad de acción, su fuerza para tomar decisiones).

Por ello la mirada integral de la Morfopsicología es tan importante.

Es decir, además de detectar qué tipo de inteligencia racional tiene un joven -observada en la zona superior del rostro: frente, sienes, ojos-; también define su inteligencia emocional -observada principalmente en la zona media: pómulos y nariz-, e instintiva o activa -la zona inferior: boca, mandíbula y mentón-. No obstante, en esta mirada integral también influyen las particularidades de cada rostro de acuerdo con la simetría, volumen, fuerza, apertura, inclinación, etcétera siempre a partir del estudio global del rostro.

Puesto en práctica, todo aquello puede suponer, por ejemplo, que, aunque un adolescente tenga una gran inteligencia lógica-matemática, no lo habilita a ser necesariamente un buen economista, ingeniero y/o científico ni que pueda ejercer esta profesión en cualquier entorno. Es decir, si además de esa inteligencia lógica el joven tiene una gran vulnerabilidad emocional, difícilmente soporte un trabajo bajo presión o sea capaz de coordinar un equipo numeroso. De todas formas, esto es información que, lejos de ser limitante, funciona como una brújula y puede ser un punto para trabajar por el adolescente.

De hecho, todas las profesiones contemplan roles y competencias diferentes que son previstas por los morfopsicólogos. Efectivamente, si ponemos como ejemplo la medicina, podemos referirnos a la fuerza y a la precisión ejecutiva de un cirujano o podemos hacerlo pensando en la empatía, la paciencia y la receptividad de un médico de familia. Lo mismo con un escritor, un profesor o un músico. Hay un dicho que afirma que no todos somos buenos para todo, pero todos somos buenos para algo.

Tú, ¿ya sabes a qué quieres dedicarte el resto de tu vida? ¿Sabes para qué tienes talento? ¿Qué tienes? ¿Qué te falta? Descúbrelo ahora.

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Rasgos Faciales y Personalidad: ¿qué dice tu cara de ti?

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Morfopsicología.

“No es hasta que estamos perdidos que comenzamos a comprendernos a nosotros mismos”. Henry David Thoreau.

Muchas cosas nos pasan en la vida que no entendemos o que comprendemos parcialmente. Nos sentimos perdidos, desorientados, pero seguimos en el camino sorteando las “trampas” del destino como mejor podemos. Pero hay un límite; cada uno de nosotros lo tiene y no necesariamente supone tocar fondo. Hay un momento que necesitamos poner luz para comprender. Ya no más trampas; ya no más autoengaño. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos pasa? ¿Para qué nos pasa?

A propósito de esto, George Moore, el famoso escritor y novelista irlandés, señalaba: “Un hombre viaja por el mundo buscando lo que necesita y regresa a casa para encontrarlo”. Ciertamente, muchos de nosotros buscamos fuera -excusas, motivación, metas- a las que aferrarnos y sólo cuando entendemos que todo eso son simples “zanahorias” y que la verdad de todo ocurre sólo de dentro hacia fuera, entonces volvemos al origen; volvemos a casa. Es decir, intentamos conocernos más a nosotros mismos.

Es en ese viaje de autoconocimiento que procuramos conocernos, comprendernos, sorprendernos y querernos más; incluso poner luz sobre talentos que desconocíamos y vislumbrar más claramente nuestro propósito vital.

Pero todo esto no sucede por arte de magia. “Cada uno de nosotros somos luces y sombras. Nuestra estructura genética determina, junto con el medio y el ambiente donde hemos crecido (epigenética) nuestra forma de ver y entender la vida. Nuestra libertad empieza desde el momento que nos conocemos, descubrimos cómo pensamos y entendemos porqué nos pasan las cosas”. Así nos lo afirman desde Visage, Marta Nadal y Andrea Ambrosini, expertos en morfopsicología.

Existen mil formas para poner consciencia en nuestra vida, pero son pocas las que pueden presumir estar libres de manipulación; la morfopsicología, también llamada grafología del rostro o psicología facial, es una de ellas. Efectivamente, se trata de una disciplina que aúna ciencias como la biología, la fisiología y la psicología y permite interpretar el carácter de las personas con asombrosa inmediatez, precisión, fiabilidad y profundidad, a partir de la observación precisa de su rostro. Entre otras cosas, el estudio proporciona información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipo de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Una, dos, tres fotos y es posible averiguar qué dice nuestra cara sobre nosotros. 

Pero antes de contar por qué el rostro nos cuenta cómo somos, intentemos un ejercicio de introspección. Pensemos, ¿cómo nos definimos? ¿Racionales, emocionales o instintivos? ¿Verdad que es difícil auto-categorizarse sólo en uno de los aspectos y evitar sentirse identificados con otros? No obstante, aunque las tres cualidades conviven en todos nosotros, lo hacen de forma distinta en cada uno. Aún así, y en la medida en la que vayamos develando más detalle de la morfopsicología, no nos quedaran dudas de que sí, efectivamente, predomina una más que otras.

Por ejemplo, existen diferentes maneras de percibir la realidad o niveles de consciencia y en tal sentido, cada zona del cráneo está relacionada con una parte del cerebro.

  • Zona alta => Cerebro neocórtex – intelectual. Frente, sienes, ojos.
  • Zona Media => Cerebro límbico – emocional. Pómulos, nariz.
  • Zona Baja => Cerebro reptil – instinto. Boca, mandíbula y mentón.

Sin embargo, más allá de esta clasificación que sirve para explicar brevemente y sin demasiados tecnicismos, el marco de abordaje de esta ciencia, es necesario aclarar que no hay dos estudios morfopsicológicos iguales. Es decir, puede haber miles de personas cuya predominancia sea coincidente; por ejemplo, que todas ellas tengan una zona intelectual más marcada que otras. No obstante, existen en cada uno rasgos singulares y únicos determinados por cuestiones de simetría, volumen, medidas, forma, profundidad, fuerza, apertura, cierre, inclinación, etc.

Cada personalidad es única porque cada rostro y cada cerebro también lo son.

Dicho de otra forma, la Morfopsicología no estudia las partes del rostro aisladamente. Por el contrario, tiene una visión integral a través de la cual es posible descubrir la riqueza de una personalidad, que nunca se mide por la existencia de una cualidad determinada, sino por la sinergia y combinación de múltiples facetas que hacen a cada persona única y especial. En cada estudio de autoconocimiento, comprendemos al ser humano como un todo.

La Morfopsicología nos permite tomar consciencia, aumentar nuestra seguridad y confianza y comprender y aceptar sin juzgar. Cada informe morfopsicológico consta de un mínimo de quince páginas. Cada página repleta de información sobre nosotros. Cada dato, cada descripción puede ser reveladora y, por qué no, mágica. Las reacciones de las personas durante la lectura son sorprendentes. Nuestro informe es confidencial, es nuestro y nosotros decidimos qué hacer con él. Podemos disfrutar de su magia en la intimidad o podemos utilizarlo como un “super poder” secreto e ir capitalizando cada dato para nuestro bienestar.

No obstante, nuestros especialistas están dispuestos a acompañarnos en el viaje del autoconocimiento. Ellos nos ayudan a cerrar el círculo para convertirlo en virtuoso. Por ello, si lo deseamos, también trabajarán con nosotros en unas sesiones de acompañamiento para ayudarnos a integrar el estudio, a capitalizar la información en pos de lo que sea que queramos lograr, mejorar y/o superar. Es decir, nos ayudan a que podamos detectar fortalezas en nuestra personalidad que terminen de impulsarnos.

Es decir, además de decirnos cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos, el estudio morfopsicológico nos permite:
  • Entendernos y entender más y mejor a nuestros seres más queridos.
  • Mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
  • Perdonarnos y perdonar a los demás a partir de la comprensión.
  • Reconocernos en nuestra esencia, trascendiendo nuestro ego.
  • Identificar patrones inconscientes disfuncionales y explorar nuevos recursos adaptativos.
  • Aprender a gestionar nuestras emociones.
  • Sanar heridas que dominan nuestras vidas.
  • Aumentar nuestra autoestima y seguridad.
  • Focalizar en nuestras competencias innatas.

Y, sobre todo, conectar con nuestro propósito vital y alinearnos con él según nuestra forma de ver, pensar, sentir y actuar.

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