Morfopsicología para Coaches: la evidencia que empodera al coaching.

Thomas Leonard, padre del coaching moderno, señalaba: “un coach es tu socio en el logro de objetivos personales, es un entrenador en herramientas comunicacionales y de vida, que te acompaña en la generación de cambios. Sostén incondicional de éxitos y errores. Guía en desarrollo personal. Co-diseñador en la creación de nuevos proyectos. Es quien te despierta cuando estás dispuesto a escuchar tu propia alarma”. No obstante, para que todo esto pueda ocurrir, parafraseando a Carl Sagan, la cuestión fundamental radica en la calidad de la evidencia.

Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de evidencias? Veamos. En los últimos años, producto de una amplia demanda de la actividad por sus magníficos resultados, el coaching ha creado una cantidad notable de nuevos profesionales y con una sólida formación que les permite responder a todas las premisas que señalábamos en la introducción. No obstante, existen herramientas fiables y complementarias para el coach que marcan la diferencia, ya que ayudan a sumar calidad al proceso y mejoran el acompañamiento mediante evidencias precisas y contundentes sobre el coachee o cliente. Una de ellas, señalada en el título de este artículo, es la morfopsicología para coaches.

La Morfopsicología facilita el encuentro con el otro.

Porque lo cierto es que cuanto más conocemos al otro, más fácil es orientarle y acompañarle en un proceso de desarrollo y/o crecimiento personal o profesional, independientemente de cuál sea el objetivo del mismo. Es decir, no importa si las sesiones comienzan con el objetivo de cambiar de trabajo, emprender, reorientar la profesión o crear hábitos saludables. Lo que de verdad importa, como coaches, es la forma en la que vamos a orientar y a acompañar al coachee; es el cómo, para que pueda ir desde el lugar en el que está hacia el lugar en el que quiere estar. Es allí dónde esta herramienta supone una diferencia de calidad.

Entre otras cosas, porque la morfopsicología es como contar con una radiografía del cliente. Nos informa de manera rigurosa acerca de su estructura innata, su propósito, sus fortalezas, debilidades y sobre aspectos de su comportamiento que son clave para la comprensión del mismo, de sus posibilidades y preferencias. Todo esto permite mejorar notablemente -con certidumbre y precisión- el profesionalismo del coach y de su práctica profesional.

Cada persona es única, irrepetible y completa.

Entender esto es contar con la apertura para comprenderlo. Comprenderlo, sin juzgar, es la premisa fundamental para que tanto el diagnóstico como el acompañamiento sean realmente genuinos. Partiendo de esa premisa, lo que esta formación propone a los coaches es aprender a comprender más y mejor a las personas para conocer sus aptitudes innatas, sus habilidades, su predisposición intelectual, emocional, su vocación, etc. Desde esta perspectiva, guiarlas en un proceso de crecimiento y/o desarrollo resulta mucho más simple porque el coach es capaz de ver con precisión más allá de lo obvio, más allá de lo que diga u omita el cliente, más allá de sus bloqueos y de sus creencias.

No obstante, este es otro de los motivos por los que este Experto los invita a observar y practicar diferentes rostros de forma metódica; es decir, a interpretar su simetrías, asimetrías, expansiones, contracciones, modelado, tonicidad, etc. Recordemos que la regla de oro de la morfopsicología es que cada persona tiene características singulares y particulares que la hacen única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.

Este experto permitirá a los coaches:

  • Acceder a los conocimientos teóricos y prácticos de esta herramienta de forma ordenada y precisa.
  • Comprender la estructura del cerebro y su relación con el rostro y la personalidad.
  • Incorporar el concepto de que cada persona es única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.
  • Aumentar la precisión en los procesos de coaching, no reduciendo las sesiones, sino generando una mejor calidad de acompañamiento.

No obstante, esta brevísima aproximación al tema, es sólo eso y supone sólo algunos de los tantos indicadores morfopsicológicos que se contemplan dentro de los contenidos de este Experto en Morfopsicología.

Morfopsicología Aplicada: mejora la calidad de tus relaciones personales y profesionales.

“La Morfopsicología nos permite comprender a través de la observación e interpretación del rostro, aumentar nuestra seguridad, confianza, comprender y aceptar sin juzgar”. Así nos lo afirman nuestros especialistas en esta disciplina, Marta Nadal Soler y Andrea Ambrosini.

La vida es relación. Nos relacionamos todo el tiempo con nosotros mismos, con los demás y en todos los ámbitos de la vida. Desde el entorno más íntimo como la familia y los amigos, hasta el más amplio como la comunidad a la que pertenecemos y el entretejido de vínculos que se desarrollan en cualquier entorno laboral y/o profesional. Ahora bien, cuanto mejor nos relacionamos con nosotros, cuanto más nos conocemos, mejor nos relacionamos con los otros, mejores vínculos establecemos y mayor es nuestra seguridad y bienestar. No obstante, hay un nivel superior a todo esto. Es decir, cuando además del autoconocimiento, desarrollamos la capacidad de reconocer a los demás, de comprender su carácter, su personalidad y su tipo de inteligencia, entonces el bienestar de la relación se multiplica.

¿Por qué? Básicamente, el conocimiento de la Morfopsicología nos sitúa en una posición de privilegio desde la que podemos mejorarnos a nosotros y a los otros. Comprendiendo la estructura del cerebro y reconociendo los rasgos faciales de alguien, podemos identificar rápidamente si se trata de una persona más racional, más emocional o más instintivo/activa; es decir, podemos reconocer cómo piensa, cómo siente y cómo actúa. Por ejemplo, si nuestro hijo está atravesando una adversidad, reconocer cuál es su forma de enfrentar la vida nos permitirá orientarlo y ayudarlo mejor a que él mismo pueda encontrar sus propios recursos para gestionarla. Entre otras cosas, sabremos cuáles son sus fortalezas y debilidades y podremos ayudarle a resaltar las primeras para que sean sus sostén. Pero incluso sin hablar de adversidad, este conocimiento nos acerca a comprenderlo mejor, nos da la posibilidad de ayudarlo a mejorar, desarrollar y/o a potenciar, por ejemplo, su adaptabilidad, creatividad, sensibilidad, etc.

Claro que no es la única relación en la que las bondades de esta herramienta son tan útiles. A un educadorel conocimiento de la Morfopsicología le permite facilitar el aprendizaje a sus alumnos. Entre otras cosas, es posible ayudarles a poner el acento en lo que son muy buenos y a encontrar formas creativas para afrontar aquello que les cuesta más. En el ámbito de la salud, reconocer las fortalezas y debilidades de un paciente es un beneficio invaluable y sirve para ayudarlo a gestionar mejor la situación que sea que esté atravesando.

Podríamos seguir enumerando situaciones y ámbitos, aunque para terminar elijo plantear una relación algo más frívola: vendedor-cliente. ¿Imaginamos acaso las ventajas de reconocer con qué tipo de cliente estamos negociando? Quiero decir, si somos capaces de identificar y definir que se trata, por ejemplo, de una personalidad de tipo dispersa e insegura o, por el contrario, se trata de alguien centrado y detallista, sabremos cómo desplegar nuestra versión más adecuada para captar su atención y construir o fidelizar ese vínculo a largo plazo.

No obstante, lo mencionado sólo es una aproximación brevísima del tema, de los ámbitos de aplicación y sólo algunos de los tantos indicadores morfopsicológicos que se contemplan dentro de los contenidos de este Experto en Morfopsicología. Y podría aquí mismo ponerme a enumerar todas las cuestiones que abordan en el curso, aunque prefiero hacer un paréntesis para destacar que los formadores son su mayor valor diferencial. Ciertamente, pocas veces he visto con la profesionalidad, la rigurosidad, la pasión y la conciencia con la que hablan y comparten sus conocimientos sobre esta disciplina.

Esta visión compartida y generosa de nuestros especialistas, tan necesaria para comprender la Morfopsicología, se concreta a través de diversas prácticas que sellan y representan cada teoría explicada. Esto es importante siempre, aunque resulta fundamental para incorporar y capitalizar el aprendizaje de la Morfopsicología.

Dicho de otra forma, para aprender a comprender a las personas, para conocer sus aptitudes innatas, sus habilidades, su predisposición intelectual, emocional, su vocación y un largo etcétera, debemos aprender a observar (y sobre todo practicar) diferentes rostros de forma metódica. Es decir, interpretar su simetrías, asimetrías, expansiones, contracciones, modelado, tonicidad, etc.; recordemos que cada persona tiene características singulares y particulares que la hacen única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.

De esta forma, más allá del primer acercamiento a la Morfopsicología como herramienta de autoconocimiento, los profesionales de Visage nos invitan a capitalizar ese aprendizaje para enriquecer todo el abanico de nuestras relaciones y en todos los ámbitos. Para que todo esto sea posible nos facilitan apuntes, sesiones, casos prácticos y artículos que suponen -también- un valor diferencial.

Este experto, tanto a particulares como a profesionales con necesidades puntuales o generales, les permitirá, entre otras cosas:

  • Acceder a los conocimientos teóricos y prácticos de esta herramienta de forma ordenada y precisa.
  • Comprender la estructura del cerebro, del rostro, de la personalidad y de cómo cada persona es única e irrepetible en su forma de pensar, sentir y actuar.
  • Aprender a observar el comportamiento y el rostro humano y deducir la conducta asociada de la persona.
  • Mejorar la calidad de los vínculos y relaciones en el ámbito personal, social y profesional.

Comienza a transitar por este camino de descubrimiento y conocimiento del ser humano. Puedes hacer el curso presencial u online. Tú decides cómo. Todo lo demás, ya está disponible para compartirlo contigo.

Morfopsicología y relaciones de pareja: comprender, aceptar y reparar.

En la mayoría de los casos, cuando empezamos una relación de pareja, depositamos en ella de forma inconsciente un conjunto de expectativas realistas y otras no realistas asociadas con el placer y el bienestar. Del mismo modo, pasamos por alto algunos aspectos menos románticos como las diferencias que hay entre ambos, las responsabilidades y las obligaciones que surgen de la relación, las estrategias para afrontar los conflictos y así un largo etcétera.

Respecto a las diferencias, Jung señalaba que “la tendencia antagónica, por estar reprimida en el inconsciente, ha escapado al control del consciente, pero no disminuye su dinamismo propio y su influencia”. En igual sentido, Marta Nadal y Andrea Ambrosini, como expertos en autoconocimiento, también señalan que “a menudo, inconscientemente nos atrae aquello que no tenemos. Si somos más introvertidos puede que nos llame más la atención una pareja extrovertida, y viceversa, si somos más expansivos y vitales nos atraerá alguien más calmado y reflexivo”. No obstante, ¿cómo evolucionan estas diferencias? ¿Son compatibles, son complementarias, se pueden reparar o son irreconciliables?  Veamos un poco más.

La Morfopsicología aplicada específicamente a las relaciones de pareja.

La Morfopsicología, a través de un estudio morfopsicológico realizado a cada uno de los miembros de la pareja, supone una herramienta muy valiosa que favorece -en primer lugar- un profundo autoconocimiento del pasado y del presente de cada uno/a; en segundo lugar facilita el conocimiento mutuo y las necesidades de cada uno. La Morfopsicología nos ayuda a entender a cada individuo de forma separada, cuáles son las complementariedades y los antagonismos.

Es en ese sentido que la Morfopsicología aplicada a las relaciones de pareja privilegia un acercamiento entre las personas que la conforman sobre todo para que tomen conciencia de muchos aspectos de su personalidad. Es decir, la premisa siempre es respetar las características particulares y únicas de cada individuo, porque sólo desde el reconocimiento, la aceptación y la integración es posible abrazar los puntos de encuentro, potenciar la complementariedad y acercar las diferencias que puedan existir entre ambos.

En la aceptación y la comprensión -y no en la resistencia- está el amor.

Es cierto que a menudo esperamos que el/la otro/a cambie para adaptarse, incluso para complacernos. Como bien señalan nuestros especialistas: “tenemos que estar abiertos a aceptar y comprender las diferencias, ya que sólo desde la aceptación podemos construir una relación sana. La realidad es que a pesar de poder trabajar comportamientos, el carácter, la estructura más profunda de nuestra personalidad, es difícil de modificar”.

Por ello, conocernos mejor, además de permitirnos entendernos y aceptarnos, nos facilita comprender mejor al otro/a y dejarlo/a ser, sin ánimo de intentar que cambie. Al final, el amor con conocimiento es un amor consciente; de hecho, cuando nos conocemos también tomamos contacto con lo que realmente queremos y con lo que no. Esto nos orienta para definir la viabilidad de una relación, nos evita mantener relaciones de falsa comodidad y/o caer en relaciones tóxicas.

La felicidad está en nuestras manos y conocer a nuestra pareja también. Una buena pareja puede proporcionarnos amor, alegría y seguridad, pero no tiene la potestad de convertirnos en personas felices o infelices. Afortunadamente, la felicidad es, entre otras cosas, una decisión y una capacidad propia, individual e intransferible.

La Morfopsicología es una disciplina que estudia el comportamiento humano con una enorme precisión en el diagnóstico. Es por esto, entre otras cosas, que resulta tan impactante y transformadora. Nos hace más abiertos/as, más libres y más conscientes para tomar las mejores decisiones en la vida en general y en las relaciones de pareja en particular.

Si el amor no es saludable, entonces no es amor.

A través del conocimiento de uno mismo y del otro/a crearemos mejores relaciones, más nutrientes, sanas y amorosas. En este sentido, nuestros especialistas ayudan a las personas a entenderse, a entender al otro/a, así como a comprender qué tipo de relación tienen y desean. Para ello, facilitan la toma de consciencia en las relaciones para que éstas fluyan, o bien para que puedan identificar aquellas diferencias que son irreconciliables.

En estos casos, nuestros especialistas hacen sesiones para que ambos puedan resolver conscientemente, desde la comprensión y el agradecimiento al otro -y no desde la rabia o el rencor-, cómo quieren continuar su camino, procurando siempre el cuidado de todo el ecosistema tanto personal como familiar.

Conoce nuestro de Estudio de Autoconocimiento a través de la Morfopsicología (individuales o en pareja).

Morfopsicología & Orientación Profesional: conecta con tu propósito vital.

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida”. Confucio.

Tal vez la cita suene muy ambiciosa. Sabemos que son pocos los privilegiados que conectan su talento, que pueden dedicarse a ello y además ganar dinero. Sin embargo, la realidad es que si nos exploramos, si conectamos con nuestro propósito vital, con nuestro talento natural, entonces podremos acercarnos a nuestra motivación intrínseca.

Y da igual cuál sea nuestro punto actual de partida. Es decir, independientemente de si lo que queremos es reinventarnos, reorientar o redefinir nuestra profesión o encontrarle un sentido más profundo a lo que hacemos, necesitaremos profundizar en el autoconocimiento. El camino siempre es en ese orden: desde dentro hacia fuera.

En tal sentido, la morfopsicología, a través de un estudio morfopsicológico, es una gran herramienta de autoconocimiento que nos permite entender que nuestro rostro es un reflejo de nuestra estructura singular como seres humanos. Para ello, apunta a comprender de qué forma se relaciona cada parte del rostro con las demás, aportando información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipos de inteligencia, predisposición emocional, competencias y un largo etcétera. Es una fuente de información precisa que supone una guía extraordinaria para conectar con su/nuestro propio talento natural.

Ahora bien, como hemos mencionado en artículos anteriores, cada estudio morfopsicológico es absolutamente único y esto hace que hablemos en términos generales o que tomemos pequeños ejemplos de la realidad a modo ilustrativo. Pero, además, porque si bien cada estudio contempla unas quince páginas aproximadamente, todas ellas no son observaciones aisladas. De hecho, cada aspecto observado tiene íntima relación con lo anterior y con lo siguiente.

Por ejemplo, la inteligencia no sólo es intelectual, también es afectiva/emocional (cómo es su afectividad, cómo se emociona, se relaciona consigo mismo y con los demás), e instintiva (cómo es su voluntad de acción, su fuerza para tomar decisiones). Ahora bien, las tres inteligencias, cada una representada por distintas partes del rostro, se describen de forma individual y descriptiva, pero también de manera integral a partir del estudio global del rostro.

Teniendo en cuenta todo lo comentado, cada informe supone una guía para la vida, para comprendernos más y para sentirnos mejor; para permitirnos conectar con lo innato y potenciarlo. No obstante, también puede responder a un sinfín de cuestiones puntuales. Entre ellas, orientación profesional en la que lo más relevante del informe es adecuarlo e integrarlo a la realidad y los aspectos particulares de la persona.

Acompañar para integrar el estudio, tomar decisiones y pasar a la acción.

Nos cuentan nuestros morfopsicólogos de Visage, Marta Nadal y Andrea Ambrosini, que son muchos los casos de personas que en un momento determinado de sus vidas hacen este estudio con el ánimo de encontrarse y de encontrar -como hemos planteado al inicio de este artículo-, un sentido más profundo a lo que hacen o una orientación que les permita oxigenar su profesión en particular y su vida en general.

Es decir, muchas veces lo que surge del estudio supone hacer pequeños ajustes sobre la profesión para reorientarla un poco mejor y enfocarla más específicamente hacia el lado más vinculado a nuestro talento natural y a nuestras fortalezas. Marta nos cuenta, por ejemplo, que en algunos casos han ayudado a las personas a prepararse para afrontar y transcurrir una entrevista de trabajo, o han sido guías para que ellas mismas encuentren formas de enriquecer y/o enfocar más su Currículum Vitae y/o su perfil en redes profesionales.

En otros casos, las personas se sorprenden con la claridad con la que pueden ver reflejada una pasión que saben que tienen, aunque esta esté en las antípodas de su actividad laboral actual. Cuando esto sucede nuestros especialistas nunca hablan de cambios radicales, sino de transiciones en las que se sopesan muchos aspectos como por ejemplo la edad, los conocimientos, las posibilidades, las dificultades, oportunidades del mercado, etc. Incluso cuando esa transición parece muy difícil, entonces las ayudan a integrar esa pasión de forma creativa en su actividad o en algún espacio de su día a día. El famoso novelista, William Plomer, decía que “la creatividad es el poder de conectar lo aparentemente desconectado”.

También están quienes a partir de recibir toda esta información deciden tomar la iniciativa para cambiar de puesto o de departamento; por ejemplo, una persona que trabaja en diseño de formación en el área de RRHH, a partir del estudio y de la rigurosa descripción de sus aptitudes, toma conciencia de que lo que realmente le gustaría hacer son entrevistas de selección o de evaluación de puestos. En este caso particular, entre otros tantos, el desafío tendrá que prepararse para proponer a la organización en la que trabaja un cambio de función desde el que puede aportar más y hacer mejor.

Por último, como pequeñísima muestra de este universo, están quienes se hacen el estudio morfopsicológico a partir de haber recibido una nueva propuesta laboral que incluye nuevos desafíos como liderar personas, participar de decisiones estratégicas de negocio, etc.  En estos casos la necesidad es reconocer sus fortalezas y debilidades para desempeñarse en la nueva función. Es decir, qué tiene, qué no y qué necesita trabajar.

3 fotos para elaborar más de 30 páginas de información.
Un tiempo para integrar, tomar decisiones y actuar. 

¿Empezamos?

 

Rasgos Faciales y Personalidad: ¿qué dice tu cara de ti?

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Morfopsicología.

“No es hasta que estamos perdidos que comenzamos a comprendernos a nosotros mismos”. Henry David Thoreau.

Muchas cosas nos pasan en la vida que no entendemos o que comprendemos parcialmente. Nos sentimos perdidos, desorientados, pero seguimos en el camino sorteando las “trampas” del destino como mejor podemos. Pero hay un límite; cada uno de nosotros lo tiene y no necesariamente supone tocar fondo. Hay un momento que necesitamos poner luz para comprender. Ya no más trampas; ya no más autoengaño. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos pasa? ¿Para qué nos pasa?

A propósito de esto, George Moore, el famoso escritor y novelista irlandés, señalaba: “Un hombre viaja por el mundo buscando lo que necesita y regresa a casa para encontrarlo”. Ciertamente, muchos de nosotros buscamos fuera -excusas, motivación, metas- a las que aferrarnos y sólo cuando entendemos que todo eso son simples “zanahorias” y que la verdad de todo ocurre sólo de dentro hacia fuera, entonces volvemos al origen; volvemos a casa. Es decir, intentamos conocernos más a nosotros mismos.

Es en ese viaje de autoconocimiento que procuramos conocernos, comprendernos, sorprendernos y querernos más; incluso poner luz sobre talentos que desconocíamos y vislumbrar más claramente nuestro propósito vital.

Pero todo esto no sucede por arte de magia. “Cada uno de nosotros somos luces y sombras. Nuestra estructura genética determina, junto con el medio y el ambiente donde hemos crecido (epigenética) nuestra forma de ver y entender la vida. Nuestra libertad empieza desde el momento que nos conocemos, descubrimos cómo pensamos y entendemos porqué nos pasan las cosas”. Así nos lo afirman desde Visage, Marta Nadal y Andrea Ambrosini, expertos en morfopsicología.

Existen mil formas para poner consciencia en nuestra vida, pero son pocas las que pueden presumir estar libres de manipulación; la morfopsicología, también llamada grafología del rostro o psicología facial, es una de ellas. Efectivamente, se trata de una disciplina que aúna ciencias como la biología, la fisiología y la psicología y permite interpretar el carácter de las personas con asombrosa inmediatez, precisión, fiabilidad y profundidad, a partir de la observación precisa de su rostro. Entre otras cosas, el estudio proporciona información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipo de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Una, dos, tres fotos y es posible averiguar qué dice nuestra cara sobre nosotros. 

Pero antes de contar por qué el rostro nos cuenta cómo somos, intentemos un ejercicio de introspección. Pensemos, ¿cómo nos definimos? ¿Racionales, emocionales o instintivos? ¿Verdad que es difícil auto-categorizarse sólo en uno de los aspectos y evitar sentirse identificados con otros? No obstante, aunque las tres cualidades conviven en todos nosotros, lo hacen de forma distinta en cada uno. Aún así, y en la medida en la que vayamos develando más detalle de la morfopsicología, no nos quedaran dudas de que sí, efectivamente, predomina una más que otras.

Por ejemplo, existen diferentes maneras de percibir la realidad o niveles de consciencia y en tal sentido, cada zona del cráneo está relacionada con una parte del cerebro.

  • Zona alta => Cerebro neocórtex – intelectual. Frente, sienes, ojos.
  • Zona Media => Cerebro límbico – emocional. Pómulos, nariz.
  • Zona Baja => Cerebro reptil – instinto. Boca, mandíbula y mentón.

Sin embargo, más allá de esta clasificación que sirve para explicar brevemente y sin demasiados tecnicismos, el marco de abordaje de esta ciencia, es necesario aclarar que no hay dos estudios morfopsicológicos iguales. Es decir, puede haber miles de personas cuya predominancia sea coincidente; por ejemplo, que todas ellas tengan una zona intelectual más marcada que otras. No obstante, existen en cada uno rasgos singulares y únicos determinados por cuestiones de simetría, volumen, medidas, forma, profundidad, fuerza, apertura, cierre, inclinación, etc.

Cada personalidad es única porque cada rostro y cada cerebro también lo son.

Dicho de otra forma, la Morfopsicología no estudia las partes del rostro aisladamente. Por el contrario, tiene una visión integral a través de la cual es posible descubrir la riqueza de una personalidad, que nunca se mide por la existencia de una cualidad determinada, sino por la sinergia y combinación de múltiples facetas que hacen a cada persona única y especial. En cada estudio de autoconocimiento, comprendemos al ser humano como un todo.

La Morfopsicología nos permite tomar consciencia, aumentar nuestra seguridad y confianza y comprender y aceptar sin juzgar. Cada informe morfopsicológico consta de un mínimo de quince páginas. Cada página repleta de información sobre nosotros. Cada dato, cada descripción puede ser reveladora y, por qué no, mágica. Las reacciones de las personas durante la lectura son sorprendentes. Nuestro informe es confidencial, es nuestro y nosotros decidimos qué hacer con él. Podemos disfrutar de su magia en la intimidad o podemos utilizarlo como un “super poder” secreto e ir capitalizando cada dato para nuestro bienestar.

No obstante, nuestros especialistas están dispuestos a acompañarnos en el viaje del autoconocimiento. Ellos nos ayudan a cerrar el círculo para convertirlo en virtuoso. Por ello, si lo deseamos, también trabajarán con nosotros en unas sesiones de acompañamiento para ayudarnos a integrar el estudio, a capitalizar la información en pos de lo que sea que queramos lograr, mejorar y/o superar. Es decir, nos ayudan a que podamos detectar fortalezas en nuestra personalidad que terminen de impulsarnos.

Es decir, además de decirnos cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos, el estudio morfopsicológico nos permite:
  • Entendernos y entender más y mejor a nuestros seres más queridos.
  • Mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
  • Perdonarnos y perdonar a los demás a partir de la comprensión.
  • Reconocernos en nuestra esencia, trascendiendo nuestro ego.
  • Identificar patrones inconscientes disfuncionales y explorar nuevos recursos adaptativos.
  • Aprender a gestionar nuestras emociones.
  • Sanar heridas que dominan nuestras vidas.
  • Aumentar nuestra autoestima y seguridad.
  • Focalizar en nuestras competencias innatas.

Y, sobre todo, conectar con nuestro propósito vital y alinearnos con él según nuestra forma de ver, pensar, sentir y actuar.

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