¿Cuánto valen los valores en la empresa? Las bases del Capitalismo Consciente.

Las empresas tocan la vida de muchas personas. Sin embargo, y hablando concretamente de los trabajadores, ¿se han preguntado alguna vez cuántos de ellos se han sentido identificados verdaderamente como parte del proyecto? ¿Les han dado motivos para que se sientan orgullosos “embajadores” de la marca? Y hablando de la comunidad dentro de la que la empresa desempeña su actividad, ¿se han preguntado cómo los ven? ¿Se ha preguntado qué tipo de impacto generan en el entorno?

Veamos un ejemplo para entender de qué hablamos. En 1981 la única tienda de Whole Foods Markets fue inundada y sufrió daños por valor de 400,000$. No tenía seguro ni recursos para hacer frente a esas pérdidas, sin embargo, ocurrió la magia. Aparecieron docenas de vecinos a prestar su ayuda; los trabajadores trabajaron gratis (y luego se lo pagaron); muchos de los proveedores se ofrecieron a dar crédito; los inversores invirtieron más dinero, y los bancos prestaron más dinero para reabastecer (1). Nadie los obligó. No lo hicieron esperando nada a cambio. Muchos de los que ayudaron ni siquiera tenían un vínculo comercial o laboral con la marca. Y nosotros hablamos de magia, aunque en realidad deberíamos hablar de lo que significa un propósito elevado que inspira, se contagia y se expande.

Esta idea de una nueva economía con un propósito superior más centrado en el bienestar de las personas, de las comunidades y de la naturaleza da lugar a la transformación y al nacimiento de empresas que no buscan ser las mejores del mundo sino ser las mejores para el mundo. Y ser los mejores para el mundo implica necesariamente trabajar con valores sólidos que se transmitan y aúnen a todos los grupos de interés; líderes, trabajadores, proveedores, accionistas, clientes, comunidades y la tierra misma. Las organizaciones necesitan saberse como parte de un todo y que en cada acción -o no acción- ejercen su influencia en la totalidad del sistema que, a su vez, influye en ellas.

Será por todo esto que el paradigma capitalista -naturalmente- está evolucionando hacia el capitalismo consciente, que señala que la ganancia hoy más que nunca necesita tener un sentido mucho más extenso.

A propósito de esto, John Mackey, uno de los precursores del capitalismo consciente junto a Raj Sisodia, asegura que “los negocios son buenos porque crean valor, son éticos porque se basan en un intercambio voluntario, son nobles porque pueden elevar nuestra existencia y son heroicos porque pueden sacar a las personas de la pobreza y crear prosperidad”. Por ello, crear valor es un término resonante y mucho más amplio que el sentido estricto y económico de ganancia, aunque la incluye.

Ahora bien, casi todo los directivos tienen claro cuáles son los valores que funcionan en la empresa, pero la pregunta es: ¿cómo se lleva el liderazgo hacia esos los valores?

En cierta forma, todo esto tiene una profunda relación con la integridad de los líderes porque son quiénes están en una posición de privilegio para unificar a los trabajadores alrededor de ese propósito superior. Efectivamente, los valores se transmiten de arriba hacia abajo y desde allí, como decíamos párrafos antes, se contagian y se expanden.

En ese sentido, el Liderazgo Armónico nos acerca a comprender que los valores están en nuestra naturaleza y que forman parte de nuestra esencia. Es decir, no tenemos que buscar o inventarnos unos valores para ver cuáles aplicamos o cuáles no. Los valores son aspectos sencillos y naturales que rigen nuestras vidas; son direcciones con las que coincidimos o entramos en contradicción con nosotros mismos. Lo que hacen en la formación de Liderazgo Armónico diseñada por los profesionales de Human Leadership, es ayudar a las personas a conectar con esa parte de sí mismas para que puedan incorporarla en sus vidas y, desde allí y naturalmente, puedan extenderla al resto de los trabajadores.

Es a partir de esto que se puede generar un propósito elevado en la empresa en el que todos coincidan. Es decir, se puede encontrar de qué forma la empresa está sirviendo al cliente y a la sociedad de manera práctica y aplicada. No como concepto teórico sino como proyecto empresarial en acción.

Hay un cuestión que hemos mencionado por elevación, pero en la que no hemos profundizado demasiado y es lo que el capitalismo consciente define como la integración de los agentes: clientes, proveedores, críticos, accionistas, trabajadores, sociedad y a la tierra, etc. Cuando los agentes están alineados con el propósito superior de la organización todo fluye favorablemente para todas las partes y en todas las direcciones. No obstante, podríamos preguntarnos en qué favorece esta integración con proveedores o inversores. Si entendemos esta integración con los proveedores, por ejemplo, podríamos pensar que las relaciones basadas en la confianza y en la transparencia facilitan la negociación conveniente a mediano y largo plazo. Es decir, los mueve de ese incómodo lugar del regateo y del corto plazo que no construye y que tanta energía demanda.

¿Y con los inversores? Retomemos el caso de Whole Foods Market para ejemplificar. Esta firma salió a bolsa a 2.17$, subió hasta los 79$ y con la crisis del 2008 se derrumbó hasta los 8$ (las ventas bajaron por primera vez). ¿Qué hicieron los inversores cuando cayó el precio? Aumentaron sus compras. Las palabras de un inversor fueron:“No os desaniméis. No hagáis nada de lo que os podáis arrepentir luego. Creemos que si seguís trabajando bien esta recesión acabará remitiendo y el precio de las acciones volverá a subir”. Efectivamente, las acciones volvieron a subir a 95$ (2).

Como vemos, todos ganan cuando es posible fluir en un ecosistema basado en valores. Xavi Roca-Cusachs, uno de los formadores de Liderazgo Armónico, señala que “trabajar con un propósito elevado supone pasar de beneficios lineales a beneficios exponenciales”. Y agrega, “crear una imagen de marca con valores que se practican ennoblece y genera orgullo a todos los que la rodean, provocando un marketing inconsciente positivo generado por los mismos trabajadores y clientes que se sienten embajadores de la marca”.

Liderazgo Armónico. Trabajando en la incorporación de valores.

Como decíamos previamente, la formación de Liderazgo Armónico apunta a mediar en cada uno de los participantes para que tenga un cambio interno; un cambio que se produzca desde dentro hacia fuera, porque ese es el único cambio real, irreversible y sostenible.

Para que esto suceda la meditación es la parte esencial de metodología porque es la práctica más efectiva para incorporar los valores y generar ese cambio profundo. Necesitamos parar un momento. Si no paramos para darnos cuenta de lo que está pasando, entonces sólo podremos hablar de cambios aparentes o de forma y nunca de verdaderas transformaciones. Meditar supone estar presente y entrenar la mente para atender conscientemente.

(1), (2) Ref.: Libro Capitalismo Consciente John Mackey, Raj Sisodia.

¿Qué hacemos con la desmotivación de los empleados?

¿Cuántos trabajadores se sienten insatisfechos hoy en sus puestos de trabajo? ¿Cuánta gente trabaja sin motivación real, sin sentirse vinculado con su trabajo ni con su compañía? ¿Cuánto cuesta la desmotivación de los empleados a la empresa?

A propósito de ello, un estudio realizado en 6 países Iberoamericanos revela que el 78% de los trabajadores españoles dice estar descontento con su trabajo. También indica que España es el país donde más grande es la desmotivación. Esos datos son evidentemente negativos, ¿pero cuánto cuestan?

Veámoslo disgregado en distintas variables según un estudio de Gallup: los trabajadores más motivados (el 25% más motivado comparado con el 25% menos motivado) son un 21% más productivos, son valorados un 10% mejor por sus clientes, tienen una rotación más baja, (25% menos en organizaciones de alta rotación y un 65% menos en organizaciones de baja rotación), tienen un 37% menos de absentismo, un 48% menos de accidentes y un 41% menos de defectos de calidad.

En agregado, lo que vemos es que las empresas con trabajadores vinculados (9,3 trabajadores vinculados por cada trabajador desvinculado) tuvieron unas ganancias por acción (Earnings per share) un 143% más alto que sus competidoras al año siguiente de medir la vinculación.

Todo esto deja claro que hay algo en las escuelas de negocio que no se está explicando y surge de las preguntas incorrectas.

Xavi Roca-Cusachs, formador en Liderazgo Armónico, señala: “Todos los directivos de empresas que acuden a mi lo hacen porque no están satisfechos con sus trabajadores y preguntan: ¿cómo debemos formarlos para que cambien? Y esa pregunta no da la solución porque está mal formulada. La pregunta correcta es: ¿qué puede hacer la empresa para que los trabajadores se sientan orgullosos de trabajar en ella?”

A propósito de esto, Raj Sisodia, uno de los precursores del concepto de capitalismo consciente, sentenciaba: “Los negocios tradicionales sólo buscan maximizar el retorno de la inversión para los socios o accionistas. Sin embargo, sin el resto de actores, no hay negocio. Esta es la razón por la que necesitamos líderes dispuestos a involucrar a toda la cadena productiva en el propósito que los motiva, en el marco de una cultura basada en la confianza y el servicio”.

De esta forma, la relación con los empleados debe ir mucho más allá del intercambio básico que supone trabajo-salario. Tiene que ser un proyecto conjunto en el que todos vayan hacia el mismo punto.

Para sumar trabajadores comprometidos y responsables hay que estar con ellos, ir a la par; pasar del concepto trabajador asalariado a trabajador socio.

Las personas necesitan un salario, pero nunca este es su principal propósito; las personas necesitan ser integradas; necesitan ser parte de; necesitan ser responsables 100% de las consecuencias que se generen en el desempeño de sus funciones y, sobre todo, necesitan sentirse parte de un proyecto que mejore su entorno y del que se sientan orgullosos.

Entre otras cosas, se trata de darles voz y que esa voz sea escuchada y reconocida; se trata de que tengan capacidad de acción, libertad para elegir, para influir y para tomar decisiones. Sobre todo se trata de transmitirles que son verdaderamente importantes y estratégicos para la empresa, y que por ello, además de reconocer su conocimiento y experiencia tangible, son importantes sus intereses de crecimiento y desarrollo y sus preferencias en cuanto al trabajo que desean realizar. Se trata también de dejar de enfocar la empresa hacia el puro beneficio, para enfocarla hacia el servicio con beneficio.

¿Suena utópico? Es posible que para muchos empresarios y empleados acostumbrados a trabajar en estructuras rígidas suene un poco fantasioso. No obstante, pensémoslo de manera práctica. Es decir, si miramos cada persona como una fuerza con una dirección y un sentido, podemos mirar la empresa como la unión de todas esas fuerzas que rigen en ella; y no me refiero únicamente a los empleados. El respeto por la naturaleza, el cuidado de la sociedad, los valores humanos son fuerzas muy poderosas porque nos unen a la inmensa mayoría, y desde la empresa podemos unirnos a ellas o luchar en su contra.

Este es el objetivo primero del Liderazgo Armónico: enfocar todas las fuerzas hacia la misma dirección y potenciar cada una de ellas, dándoles autonomía, libertad y responsabilidad.

De esta forma, como decíamos anteriormente, la formación de Liderazgo Armónico desarrollada por los profesionales de Human Leadership, apunta a mediar en cada uno de los participantes para que tenga un cambio interno; un cambio que se produzca desde dentro hacia fuera, porque ese es el único cambio real, irreversible y sostenible. Desde esa transformación interna dirigen, contagian, empoderan, mueven, inspiran y escuchan la voz de las personas, ya no como líderes jerárquicos sino como líderes íntegros, ejemplares y auténticos.

Desconozco si Steve Jobs sabía de este concepto de Liderazgo Armónico o Capitalismo Consciente. No obstante, conociendo algunas de sus reflexiones pareciera que sí. Él decía: “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer”.

El Liderazgo Armónico no es un atajo, sino una ruta directa hacia el capitalismo consciente. Concepto que ha demostrado batir en bolsa al S&P 500 (1025% de revalorización en 10 años versus un 122% del S&P 500). No es un concepto liviano; es algo que lleva tiempo mostrando resultados sólidos, concretos y destacables.

Liderazgo Armónico. ¿Cómo puede tu empresa mejorar el mundo?

El liderazgo como Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

De acuerdo con la descripción que hace el Consejo Mundial de Empresas por el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés), “la RSC es el compromiso que adquiere una empresa para contribuir al desarrollo económico sostenible por medio de la colaboración con sus empleados, sus familias, la comunidad local y la sociedad, con el objeto de mejorar la calidad de vida”.

De esta forma, ese enfoque que muchas organizaciones mantienen aún hoy y que entiende a la RSC únicamente como una buena estrategia de marketing de cara al exterior es, cuanto menos, desacertado.

La RSC no es una acción, son todas. Es el mensaje, los valores y la intención implícita o explícita en cada una de las acciones internas y/o externas de la empresa.

De hecho, lo que se haga en una de esas vertientes afecta a la otra, inexorablemente. ¿Qué quiero decir? No sirve de nada que frente al público se muestre una responsabilidad social determinada, si entre los propios líderes de la organización no se ha introducido esta filosofía. La conciencia que no existe, no puede expandirse.

Y hemos mencionado a los líderes de la organización porque ellos son el engranaje transversal de todas las personas, actividades e instancias que se desarrollan en una compañía. Efectivamente, la mayoría de nosotros sabe que un liderazgo torpe, autoritario, desordenado, sordo, indeciso y desapasionado, se traduce en un “funcionamiento disfuncional” de cualquier equipo de trabajo. Ahora bien, sabiendo que todo lo que sucede dentro de la compañía (bueno o malo), trasciende, ¿de verdad queremos proyectar esa imagen?

¿De verdad no nos importa perder la confianza del mercado -o peor aún- que nuestra marca gane popularidad negativa? ¿De verdad no nos importa que nos abandonen los talentos internos -o peor aún- que se vuelva una misión imposible captar nuevos?

De alguna manera, el coste humano, social y económico de no hacer nada, de continuar dejando que todo fluya “como sea” es altísimo y en parte ya lo hemos visto en el párrafo anterior. Por el contrario, invertir en formar mejores líderes puede multiplicar los beneficios (humanos, sociales y económicos) a corto, mediano y largo plazo. Así lo conciben los profesionales de Human Leadership y en ese sentido, han diseñado la formación en Liderazgo Armónico, cuyo objetivo podríamos resumir en una ecuación en espiral: Mejores líderes=> mejor clima interno=> mayor productividad=> mejores resultados=> refuerzo positivo de la imagen de marca y reputación empresarial.

¿Qué aspectos involucra un liderazgo armónico para que pueda provocar todos esos impactos positivos?

Veamos. Este programa supone una acción enorme de RSC porque expande la conciencia sobre los valores humanos del liderazgo, fundamentados científicamente como generadores de rendimiento empresarial. Repasemos algunos de ellos:

  • Prácticas que incrementan la productividad: humildad y resolución feroz; integridad; escucha activa; lenguaje motivador; reconocimiento a la contribución; seguridad, etc.
  • Prácticas que aumentan la salud y la felicidad: prácticas meditativas; autonomía; competencia y relación con los demás; pasión.
  • Prácticas que perjudican el liderazgo: vanidad, orgullo y ego. Nos referiremos a ellas más adelante.
  • Prácticas que incrementan la creatividad: motivación intrínseca, unión, armonía y –otra vez-, pasión.

Además de todas esas competencias de liderazgo, este programa apunta también a que cada uno de los líderes de gestión, directivos, CEO’s encuentren su forma auténtica de liderar. Ludwig van Beethoven dijo alguna vez: “Usted es príncipe por azar, por nacimiento; en cuanto a mí, yo soy por mí mismo. Hay miles de príncipes y los habrá, pero Beethoven sólo hay uno”. Esa esencia, con sus luces y sus sombras, hizo único a Beethoven y nos hace únicos a cada uno de nosotros. El tema es dejar de negarlas; en cambio, afrontarlas, reconocerlas, mejorarlas e integrarlas. Esto es otro de los valores diferenciales de esta formación.

Efectivamente, muchos programas son políticamente correctos; se concentran en discursos positivistas y teorías abstractas que suponen un liderazgo casi utópico. Lo cierto es que “lo bonito” suena muy bien pero sirve poco. Por ello, el liderazgo armónico plantea un abordaje casi disruptivo y comienza por el mismo principio que muchos quieren evitar, invitando a los participantes a enfrentarse con su orgullo, su vanidad y su ego. Con todo aquello que les impide ser humildes, generosos y a tratar a los demás con respeto e igualdad; lo que dicho de otra forma, supone la valentía de revisar su propia historia personal, su pasado y su autoimagen.

Cuando somos capaces de enfrentarnos a nuestro “lado oscuro”, estaremos preparados para desplegar un liderazgo auténtico. En este sentido, Xavier Roca-Cusachs, uno de los formadores de liderazgo armónico, nos señala: “Este programa apunta a mediar en cada uno de los participantes para que tenga un cambio interno; un cambio que se produzca desde dentro hacia fuera, porque ese es el único cambio irreversible y sostenible”.

Algunos de los beneficios que la empresa percibe luego de invertir en formar mejores líderes.

  • Contar con líderes íntegros, humildes, generosos y armónicos.
  • Mejorar la productividad y los resultados producto del buen clima.
  • Fomentar ambientes que favorezcan la creatividad.
  • Entrenar un liderazgo capaz de aumentar el compromiso, el sentido de pertenencia, la participación y la colaboración de sus equipos de trabajo.
  • Desarrollar y atraer el talento.
  • Afianzar la imagen de marca y la reputación empresarial, transmitiendo valores e intención desde dentro y hacia fuera.

Todo eso junto, al mismo tiempo y en el mismo lugar en el que transcurre la cotidianidad laboral.

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