Management con corazón, el ABC de la humanización.

Durante décadas, las empresas han apostado más por la modernización tecnológica, el posicionamiento económico y el cumplimiento de ambiciosos proyectos, que por las personas. A propósito de esto, Simon Dolan, uno de los autores del modelo de Dirección por Valores, señala que “si una empresa usa a los empleados como una simple prolongación de sus máquinas, no puede esperar que innoven, sean felices y productivos”. Pensamientos como este, entre otros, e innumerables investigaciones, han provocado un gran cambio en las prioridades. Hoy en día, clara y felizmente, la tendencia invita a poner a las personas en el centro de las organizaciones; es decir, a humanizar la empresa.

Sin embargo, para que esto pueda ocurrir es necesario trazar 3 principios inexorables, independientemente del tipo de empresa, sector de actividad y/o estructura jerárquica.

1. Misión y Valores.

Si no hay valores compartidos, no podemos hablar de cultura organizacional.

Parece extraño mencionarlo, pero si no sabemos hacia dónde vamos y cómo queremos hacerlo, ¿en qué proyecto queremos que las personas nos acompañen? ¿cómo hacemos para generarles compromiso y motivación?  La misión y los valores son los cimientos de cualquier organización y resultan tan importantes como la rentabilidad y la productividad.

Efectivamente, si esas bases no están bien definidas, las empresas sólo se convierten en un lugar de paso para las personas. Un lugar desde el que buscar un mejor lugar en el que valga la pena desplegar el talento personal y profesional. Por ello, es fundamental buscar un equilibrio entre la salud financiera, ética y emocional, no sólo para generar más felicidad interna y una mayor ventaja competitiva en el mercado, sino también para contribuir a crear un mundo mejor.

2. Liderazgo consciente e integrativo.

Un líder consciente no controla, sino que impulsa el desarrollo y empodera confiando en las capacidades de las personas y del equipo.

Definido el hacia dónde vamos, el para qué y con qué valores, entonces es inevitable considerar a través de quiénes transferimos todo aquello; a quiénes les damos la fiabilidad de dibujar ese recorrido y transmitir a los equipos y personas todo esto para que no quede en una definición efímera o vacía de sentido y/o de contenido.

De esta forma, formar líderes conscientes supone capacitarlos para que sepan cómo poner el foco en los procesos y en las personas; para que aprendan a integrar, alinear y compartir la visión de negocio definida. Un líder consciente es aquel que -desde su autenticidad- aprende a preguntar, a escuchar y a inspirar. Es un líder proactivo que toma decisiones y que está comprometido con el desarrollo de sus colaboradores y equipos de trabajo. 

3. El foco puesto en las personas.

“La tecnología reinventará los negocios, pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito”. Stephen Covey.

Para que las personas puedan sentirse motivadas y dispuestas a dar lo mejor de sí, como hemos mencionado, necesitan un propósito y unos valores con los cuales comprometerse y un liderazgo que los guíe y los haga partícipes del proyecto, del proceso y de los resultados. Para ello, necesitan protagonismo, espacio y voz y, por supuesto, precisan ser escuchadas y respetadas de verdad.

Después de lo mencionado, podemos concluir en que la productividad es compatible con la deshumanización y con la humanización; la diferencia radica, sobre todo, en cómo se llega a los resultados. Es decir, mientras la deshumanización contempla niveles intermitentes de productividad, y altos niveles de insatisfacción y de falta de compromiso; la humanización supone niveles óptimos de productividad y altos niveles de engagement, motivación y bienestar laboral.

Tú decides cómo quieres hacerlo.

Haz que tu trabajo sea más trascendente y gratificante.

Mucho hemos hablado de liderazgo consciente, aunque el concepto podría ser inagotable por el alto impacto en la humanización, en la evolución y en la consciencia personal, colectiva, social y ecológica que supone en la vida en general y en el entorno empresarial en particular. A propósito de esto, Fred Kofman, un referente en materia de liderazgo consciente, nos ha facilitado entender el liderazgo de hoy como una filosofía de vida totalmente consciente del mundo que nos rodea que, en primer lugar, apunta al ser interno, a la energía y a la forma de vida.

En ese mismo sentido, el autor ha creado un modelo que se basa en la unión de tres principios que ponen énfasis sobre asumir la responsabilidad de sus acciones, actuar según unos principios de calidad y tener un propósito de valor. Veamos más.

  • Protagonismo. Supone que ante un desafío es posible adoptar dos posturas. Una de ellas es la de buscar culpables en lugar de asumir protagonismo y la otra es ver qué podríamos haber hecho diferente para solucionar o evitar nuestro problema. El líder consciente pone el foco en aquellos factores que puede controlar adoptando una actitud responsable y ecológica para todo el ecosistema del que es parte.
  • Principios. El líder también debe afrontar el encuentro con sus propios principios. Nuestra conducta es la manifestación de nuestros valores en la acción, por lo que los principios y la integridad dependen de que los valores que mostremos estén en consonancia con nuestros valores esenciales.
  • Propósito. Podría explayarme en este punto, sin embargo, elijo resumirlo con algunas de las inquietudes que plantea en este sentido Ana Isabel Delgado Cánovas, nuestra experta en liderazgo, son:

¿Estamos haciendo lo necesario para que nuestra vida personal y profesional tenga un sentido; un para qué? ¿Qué podríamos hacer desde ahora para que nuestro trabajo sea más trascendente y gratificante?

Ahora bien, como nos señala Ana, también creadora de este Curso Leader Mindfulness, el líder consciente es aquel que -en primer lugar- se ha identificado con sus luces y sus sombras y que se ha cuestionado sus creencias y sus patrones mentales para cambiarlos o para crear otros más funcionales y coherentes con lo que quiere, con lo que aspira y con lo que necesita; es el que ha explorado su propósito y ha desarrollado su propia inteligencia espiritual para Ser y Hacer con sentido. 

Cuando todo este proceso ocurre, entonces los tres principios a los que hace referencia el Modelo de Kofman fluyen en consonancia -como hemos dicho antes- en la vida en general, en cada entorno en particular y en todas las direcciones. 

Efectivamente, gracias a toda esa búsqueda y descubrimiento, el líder consciente es capaz de crear contextos más saludables, más íntegros y más atractivos para proyectar el crecimiento y la evolución de las personas. Es capaz de aplicar una mirada inclusiva que las invita a participar de un proyecto desde adentro como una verdadera comunidad con valores, visiones compartidas y propósitos similares. Desde esta perspectiva, una de las gratificaciones y/o compensaciones más grandes que puede obtener es que las personas que lidera conecten con su propio sentido; con su propio para qué en cada proyecto y en cada decisión.

En línea con todo lo que hemos venido mencionando, aunque profundizando en todo ello y en otras cuestiones que hacen y definen al liderazgo Consciente, Ana ha diseñado este Curso Leader Mindfulness para facilitar ese cambio íntimo desde dentro, contemplando todas las dimensiones personales: física, mental, emocional y espiritual.

Leader Mindfulness: la inteligencia espiritual en la vida profesional.

“La inteligencia espiritual es primordial; es la que nos permite afrontar y resolver problemas de significados y valores, ver nuestra vida en un contexto más amplio y significativo y al mismo tiempo determinar qué acción o camino es más valioso para nuestra vida. Está en todo nuestro Ser, como una totalidad trabajando de manera armónica con la inteligencia racional y la emocional”. Danah Zohar e Ian Marshall, autores del libro Spiritual Intelligence.

Crecimos entendiendo que cuanto mayor fuera nuestro coeficiente intelectual (CI), más recursos y más posibilidades tendríamos para conseguir lo que nos propusiéramos. No obstante, la sociedad de hoy nos ha dado una especie de baño de realidad y nos ha demostrado hasta el cansancio que todo aquello era sólo una pequeñísima parte de la verdad. Sobre todo en estos tiempos en los que prima el individualismo, la competitividad y el exitismo, hasta los más escépticos han empezado a buscar un cierto refugio que les permita encontrar sentido a lo que hacen o hacer algo con un sentido más profundo.

Hablamos de la vida personal, social y profesional, aunque en este artículo pondremos especial acento sobre la última. Ciertamente, vincular la espiritualidad con la vida profesional, siempre hace un poco de ruido. Comencemos entonces a desmitificar para que podamos ampliar nuestra comprensión. En primer lugar, la espiritualidad no tiene que ver con la edad, la profesión, el estado civil, el dinero y/o la religión. Tampoco con la profesión específica; da igual que hablemos de un abogado, un educador, un vendedor, un piloto de avión, un deportista de elite o un músico.

La espiritualidad nos permite reconectarnos con nosotros mismos y con redescubrir nuestra fuente de sabiduría interior y es justamente por esto que estamos en condiciones de afirmar que es transversal y necesaria para la vida, incluso para el ámbito profesional.

Para representar esto que acabamos de decir, podemos recurrir a cuestiones que hoy nos resultan familiares. Por ejemplo, es cada vez más habitual que los profesionales prioricen -tanto o más que el salario-, una actividad que les permita poner el corazón, desplegar su talento, sentir que son parte de algo más grande y dar significado a lo que hacen. No obstante, esa necesidad de “algo más”, no es estática. Es decir, esta misma necesidad llevada a la familia supone que muchos no se conformen sólo con la buena convivencia; la espiritualidad aquí invita a disfrutar de los vínculos, de compartir y de regalar presencia y atención a los que queremos.

Esto nos acerca a la idea de transversalidad a la que nos referíamos con antelación. La inteligencia espiritual, incluida dentro del mapa de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, supone la facultad presente en todo ser humano que lo invita a reflexionar por el sentido de su existencia, a tomar consciencia de su singularidad en el mundo y a hacer de su vida un proyecto primero y personal. Por ende, no se desarrolla para un ámbito específico, aunque la causa del interés por ella se haya originado en un área puntual. Cuando la desarrollamos va con nosotros a todos lados y la aplicamos inexorable y naturalmente en todas las cuestiones y relaciones; aprendemos a hacer, siendo.

Sobre todo en la actividad profesional y en escenarios tan diversos, cambiantes, complejos e imprevisibles, resulta invaluable contar con la capacidad de enfoque en qué hacemos y en cómo lo hacemos; de presencia para conectarnos con nosotros, con los demás y con lo que sucede; de atención para identificar lo prioritario a lo importante; de estados de calma para gestionar los miedos y el ego, y de intuición para tomar las mejores decisiones. Todo esto es lo que nos facilita la inteligencia espiritual. Como decíamos párrafos antes, todo está en nosotros; es sabiduría interior que está a nuestra disposición y la idea es encontrar recursos para reconectar con ella.

Entre otras cosas, esto es parte de lo que nos propone Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de H2O Organizaciones y Personas y creadora de este curso de Liderazgo Consciente: Leader Mindfulness. Su objetivo es llevarnos a través de un proceso de aprendizaje cálido, cercano, profundo y dinámico y facilitarnos recursos para que cada uno descubra su espiritualidad y pueda reconectar con su fuente de sabiduría interior.

¿Cómo lo hace? Algunos de los abordajes de esta formación, por ejemplo, tienen que ver con:

  • La gestión del miedo.
  • La sabiduría según el Tao.
  • El Dharma.
  • El poder de la presencia y de la intención.
  • La obstaculización que el ego supone para la felicidad.
  • La conexión con el silencio, con la respiración y la meditación.
  • Liderazgo consciente.

La espiritualidad es ética para el liderazgo saludable; es el aumento de la congruencia entre el pensar, el sentir y el hacer; es el entusiasmo por hacer el bien desde cualquier lugar, es el reconocimiento de la nobleza que puede tener cualquier acción y/o profesión.

¿Adivina qué valores en el liderazgo son los más buscados hoy?  

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