La soledad del líder ¿mito o realidad?

Leader Mindfulness.

Es difícil imaginar un líder solo; cuanto menos en su día a día. Ciertamente, la mayoría de los líderes en cualquier empresa responden a agendas agotadoras que incluyen reuniones de todo tipo con superiores, pares, equipos, clientes, proveedores y un largo etcétera. Incluso dentro de su oficina, en cualquier momento del día, son fuente de consulta para resolver o redirigir proyectos, situaciones y/o conflictos.

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de la soledad del líder? Veamos. Más allá de la diversidad de enfoques que le han dado a este concepto una cantidad de autores, en este artículo en particular nos referimos a la soledad del líder en el afrontamiento de una cantidad de procesos complejos, y de la cantidad de decisiones estratégicas que tiene que tomar solo y, tantas veces, a contrarreloj. 

Lo cierto es que el líder puede cambiarlo todo con una decisión. De hecho, más de una vez, el impacto de estas decisiones pueden despertar algún conflicto de intereses; recordemos que todas ellas suelen tener influencia sobre personas, equipos, proyectos y pueden ser determinantes para el futuro de una organización. La decisión es necesaria, es ahora y en soledad, incluso a pesar del propio ruido mental, las dudas, los miedos, las preocupaciones, las elucubraciones, las certezas o la falta de ellas. Y el tiempo se sigue escapando.

Por ello, para que esa decisión sea la mejor que un líder pueda tomar, es necesario enfoque, serenidad, prudencia, responsabilidad, convicción, intuición, cabeza y corazón. Todo esto. Todo junto y al mismo tiempo.

Pensemos que el ruido, el miedo, las dudas o la falta de enfoque y concentración para tomar la mejor decisión puede generar un alto nivel de estrés emocional. Y es verdad que hay una y mil formas para gestionar la emocionalidad, aunque hay una que incluso está por encima de todas ellas en cuanto a su efectividad: la Inteligencia Espiritual. Y, en este caso en particular, de la Inteligencia Espiritual del líder. Esa que en los momentos de soledad le permite acceder a su sabiduría interior y a conectar la mente con el corazón.

Y no es que lo diga yo, pero en el mundo de los negocios, la mente y corazón parecieran no ir (casi nunca) de la mano. Es decir, está claro que podemos tomar una decisión únicamente con aplicando la lógica y la razón de acuerdo a la información disponible, pero no somos robots. Quiero decir, podemos decidir automatizar un proceso de producción porque eso resultará más rentable para la empresa, pero sin un plan que contemple qué hacer con las personas que serán desafectadas de ese puesto, ¿de qué valores estamos hablando?, ¿dónde está el corazón en este caso?

Evidentemente, para sumar verdadero valor a los entornos de los que somos parte y para inspirar a los demás, sobre todo en posiciones de privilegio como la del liderazgo, hace falta corazón. A propósito de esto, Ronald Stern, creador del concepto Inteligencia Espiritual, señala: “si alguien que se hace llamar ‘líder’ no eleva el espíritu de quienes le rodean, no es un verdadero líder porque esa es su principal función”.

Desarrollar la Inteligencia espiritual en el liderazgo no es garantía de que las cosas salgan siempre bien, aunque promete que las decisiones serán coherentes con la persona que es el líder y con sus valores fundamentales; es decir, serán las mejores decisiones que el líder pueda tomar.

Ahora bien, y yendo a la práctica específicamente, ¿qué le aporta al líder el desarrollo de su Inteligencia Espiritual? ¿Qué es lo que cambia si los procesos son iguales, las personas las mismas y la soledad del líder sigue intacta? Vayamos por partes.

La inteligencia espiritual aporta al líder:

  • Cambio, transformación y evolución y trascendencia, producto de una mayor conciencia de sí mismo.
  • Inspiración, visión y valores.
  • Desarrollo de una mirada más holística sobre los procesos y las personas.
  • Energía, coraje y convicción.
  • Contagio, inspiración e influencia positiva en los demás.

Y con respecto a la segunda inquietud, probablemente ya no sea tan necesaria una respuesta. El cambio no ocurre en lo que sucede fuera, sino en el interior del líder. Esta transformación personal tiene una incidencia directa sobre todo lo que lo rodea. Incluso como nos menciona Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de este curso de Liderazgo Consciente «Leader Mindfulness», transforma su soledad en un lugar deseado y necesario en el que, por fin, puede sentirse más seguro, más enfocado, con más conciencia, visión y corazón.

Entre otras cosas, esto es parte de lo que nos propone nuestra especialista. Todo ello a través de un proceso de aprendizaje cálido, cercano, profundo y dinámico para que cada líder descubra su espiritualidad y desarrolle todo su potencial interior.

Leader Mindfulness: la inteligencia espiritual en la vida profesional.

“La inteligencia espiritual es primordial; es la que nos permite afrontar y resolver problemas de significados y valores, ver nuestra vida en un contexto más amplio y significativo y al mismo tiempo determinar qué acción o camino es más valioso para nuestra vida. Está en todo nuestro Ser, como una totalidad trabajando de manera armónica con la inteligencia racional y la emocional”. Danah Zohar e Ian Marshall, autores del libro Spiritual Intelligence.

Crecimos entendiendo que cuanto mayor fuera nuestro coeficiente intelectual (CI), más recursos y más posibilidades tendríamos para conseguir lo que nos propusiéramos. No obstante, la sociedad de hoy nos ha dado una especie de baño de realidad y nos ha demostrado hasta el cansancio que todo aquello era sólo una pequeñísima parte de la verdad. Sobre todo en estos tiempos en los que prima el individualismo, la competitividad y el exitismo, hasta los más escépticos han empezado a buscar un cierto refugio que les permita encontrar sentido a lo que hacen o hacer algo con un sentido más profundo.

Hablamos de la vida personal, social y profesional, aunque en este artículo pondremos especial acento sobre la última. Ciertamente, vincular la espiritualidad con la vida profesional, siempre hace un poco de ruido. Comencemos entonces a desmitificar para que podamos ampliar nuestra comprensión. En primer lugar, la espiritualidad no tiene que ver con la edad, la profesión, el estado civil, el dinero y/o la religión. Tampoco con la profesión específica; da igual que hablemos de un abogado, un educador, un vendedor, un piloto de avión, un deportista de elite o un músico.

La espiritualidad nos permite reconectarnos con nosotros mismos y con redescubrir nuestra fuente de sabiduría interior y es justamente por esto que estamos en condiciones de afirmar que es transversal y necesaria para la vida, incluso para el ámbito profesional.

Para representar esto que acabamos de decir, podemos recurrir a cuestiones que hoy nos resultan familiares. Por ejemplo, es cada vez más habitual que los profesionales prioricen -tanto o más que el salario-, una actividad que les permita poner el corazón, desplegar su talento, sentir que son parte de algo más grande y dar significado a lo que hacen. No obstante, esa necesidad de “algo más”, no es estática. Es decir, esta misma necesidad llevada a la familia supone que muchos no se conformen sólo con la buena convivencia; la espiritualidad aquí invita a disfrutar de los vínculos, de compartir y de regalar presencia y atención a los que queremos.

Esto nos acerca a la idea de transversalidad a la que nos referíamos con antelación. La inteligencia espiritual, incluida dentro del mapa de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, supone la facultad presente en todo ser humano que lo invita a reflexionar por el sentido de su existencia, a tomar consciencia de su singularidad en el mundo y a hacer de su vida un proyecto primero y personal. Por ende, no se desarrolla para un ámbito específico, aunque la causa del interés por ella se haya originado en un área puntual. Cuando la desarrollamos va con nosotros a todos lados y la aplicamos inexorable y naturalmente en todas las cuestiones y relaciones; aprendemos a hacer, siendo.

Sobre todo en la actividad profesional y en escenarios tan diversos, cambiantes, complejos e imprevisibles, resulta invaluable contar con la capacidad de enfoque en qué hacemos y en cómo lo hacemos; de presencia para conectarnos con nosotros, con los demás y con lo que sucede; de atención para identificar lo prioritario a lo importante; de estados de calma para gestionar los miedos y el ego, y de intuición para tomar las mejores decisiones. Todo esto es lo que nos facilita la inteligencia espiritual. Como decíamos párrafos antes, todo está en nosotros; es sabiduría interior que está a nuestra disposición y la idea es encontrar recursos para reconectar con ella.

Entre otras cosas, esto es parte de lo que nos propone Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de H2O Organizaciones y Personas y creadora de este curso de Liderazgo Consciente: Leader Mindfulness. Su objetivo es llevarnos a través de un proceso de aprendizaje cálido, cercano, profundo y dinámico y facilitarnos recursos para que cada uno descubra su espiritualidad y pueda reconectar con su fuente de sabiduría interior.

¿Cómo lo hace? Algunos de los abordajes de esta formación, por ejemplo, tienen que ver con:

  • La gestión del miedo.
  • La sabiduría según el Tao.
  • El Dharma.
  • El poder de la presencia y de la intención.
  • La obstaculización que el ego supone para la felicidad.
  • La conexión con el silencio, con la respiración y la meditación.
  • Liderazgo consciente.

La espiritualidad es ética para el liderazgo saludable; es el aumento de la congruencia entre el pensar, el sentir y el hacer; es el entusiasmo por hacer el bien desde cualquier lugar, es el reconocimiento de la nobleza que puede tener cualquier acción y/o profesión.

¿Adivina qué valores en el liderazgo son los más buscados hoy?  

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