7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones en todos sus ámbitos.

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Talento Afectivo.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones.

Los creadores del Talento Afectivo han desarrollado siete facultades que nos permiten mantener relaciones/vínculos saludables ya sea en el ámbito sentimental, social y/o profesional. Si bien en principio puede resultar curioso que estas facultades sean aplicables a todas las áreas, pues en general se abordan separadamente, una vez contemos brevemente de qué se trata, desaparecerá el escepticismo casi mágicamente.

1. Construir valor a compartir.

Cuando iniciamos una relación con alguien tenemos que tener el sentido de aportar algo útil y enriquecedor a ese vínculo. Muchas veces hay relaciones que mueren rápidamente porque nadie se ha preocupado por aportar algo útil o por crear un intercambio gratificante -hablábamos de esto en un artículo anterior– o por descubrir al otro respecto a qué necesidades o inquietudes tiene. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad de ofrecer, de dar, de escuchar al otro y de darle valor.

Por ejemplo, imaginemos que somos invitados a una cena con muchas personas que no conocemos. Inmediatamente, con el ánimo de “encajar” soltamos un discurso sobre un tema en particular que nos apasiona. De golpe, notamos que los demás se aburren, abandonan la charla y se van. Pensemos entonces, ¿nuestra verborragia sobre una pasión personal estaba construyendo valor para el otro? Sencilla y claramente no. Justamente la inteligencia social parte de la capacidad de descubrir cuál es el estilo del otro, cuáles son sus inquietudes y necesidades y relacionarnos desde ese marco de comprensión o hilo conductor para que sea posible construir un valor a compartir para ambos.

2. Atender las señales de conexión.

Muchas veces no atendemos las señales de conexión que nos manda el otro. Es cierto que esas señales a veces son claras, a veces no tanto, a veces dependen del que las emite, otras del que las recibe, y otras tantas del entorno o de la situación. No obstante, en cualquier caso, aún cuando estas son claras, solemos no reparar en ellas. Partiendo de esta realidad, es simple comprender que esa desatención provoque frustración en el otro y/o una progresiva ruptura de la relación.

Esto es tristemente común en las relaciones sentimentales y es, curiosamente, en este tipo de vínculos que el 80% de esas señales no se envían en forma directa, sino que se demuestran a través de actitudes, gestos, comportamientos que denotan inquietud, preocupación, agobio, etc. En otras palabras, para que las relaciones no tengan fecha de caducidad, necesitamos atender estas señales y para ello es vital activar nuestra intuición y sintonía con el otro, ya sea para descubrir oportunidades de mejora en la relación, o para detectar amenazas a tiempo.

3. Ser realista.

A todos nos gusta disfrutar el presente de una relación. Sin embargo, vivir en el presente es complicado. Tenemos muchas tareas y muchas cosas que atender y resolver que nos llegan constantemente de un futuro mediato. No obstante, la clave del Talento Afectivo en este caso, nos señala que hay una forma de vivir bien la relación con una persona y se trata de ser realista en vez de idealista. Vivir en la realidad es presente; la realidad no es pasado ni futuro. Cuando logramos vivir en la realidad, entonces nos evitamos crear expectativas de futuro que pueden ser idealizadas.

Veamos un ejemplo. Hay muchas personas que cuando comienzan una relación o un trabajo nuevo proyectan sueños y deseos un poco (bastante) idealistas y utilicen expresiones del tipo: “Esta es la persona/trabajo que he esperado toda mi vida y por fin podré ser feliz”. Claro que está bien que el deseo nos mueva a proyectar el futuro para vivir mejor. No obstante, tiene que existir una armonización, un equilibrio entre lo real y lo ideal; caso contrario, caemos en el autoengaño de vivir una relación plagada de falsas expectativas. Ser realistas es sinónimo de ser prácticos y de estar en el presente.

4. Reparar sin desanimar.

Los problemas son parte de todas las relaciones. Un niño que desobedece, un empleado que no cumple su responsabilidad, una pareja que nos ha mentido, etc. Independientemente del caso particular, lo cierto es que hay una situación que tenemos que atender y reparar. No obstante, tenemos que procurar hacerlo de forma rápida, saludable y sin desanimar. ¿Qué significa esto? Veamos. Muchas veces, por injusto que sea, con el ánimo de resolver rápidamente un problema cargamos de toda la culpa al otro o, al revés, cargamos todas las culpas en nosotros. El Talento Afectivo nos señala que si bien la idea es reparar rápido, aunque se trate de una situación durísima, el objetivo es que todas las partes de la relación se queden satisfechas y con ganas de seguir adelante. Para que esto sea posible, es necesario poner el acento en nuestra forma de comunicarnos; en utilizar un lenguaje asertivo, respetuoso y reparador.

5. Respetar y cumplir.

Todos, sobre todo hoy, sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de respeto. No obstante, el Talento Afectivo va un poco más allá de este entendimiento tradicional y señala que respetar -ante todo- es tolerar las imperfecciones del otro. Todos nosotros conocemos personas perfeccionistas que, si bien respetan al otro como persona, objetan constantemente su forma de vivir. Cuando no respetamos las imperfecciones del otro, sobre todo cuando nos referimos a vínculos más íntimos, entonces aumentamos nuestras respuestas impulsivas y reaccionamos ante una impuntualidad o un olvido como si fuera un verdadero caos. Respetar y tolerar las imperfecciones de los demás es la vía más eficaz para disminuir esas respuestas indeseadas.

Parte de este respeto implica también cumplir con el compromiso -tácito o explícito- que supone cualquier relación. Por ejemplo, si bien no podemos comprometernos a amar a alguien para toda la vida porque eso, como decíamos previamente sería idealismo en vez de realismo, sí podemos comprometernos a ser fieles mientras exista el amor. La ruptura de este compromiso significa el fin de la relación.

6. Incorporar la influencia del otro.

En cualquier tipo de relación sentimental, social o laboral puede darse que uno tenga más influencia que el otro -en poder o saber-. Si bien es algo natural, a veces por cuestiones de ego o de orgullo nos resistimos aceptar esa influencia y a capitalizar esa oportunidad de aprender del otro. Por ejemplo, un niño acepta naturalmente la influencia de un educador porque tiene más conocimientos que él. Una pareja en la que uno es padre y el otro no, pone al primero en una situación de conocimiento sobre la crianza que el segundo no tiene. Lo óptimo es no competir o rechazar esa experiencia, sino tomarla como una influencia y aprender de ella.

Por supuesto que en todos los casos nos referimos a una influencia positiva y no a una influencia manipuladora. Si naturalizamos el hecho de que en cualquier relación uno puede saber más que otro, entonces podremos capitalizar un aprendizaje en el que la unión, y no la competencia, hace la fuerza.

7. Explorar más puntos de unión.

La relaciones de amistad son un buen ejemplo para recrear de qué se trata este punto porque muchas amistades que hemos tenido a lo largo de la vida, aunque han sido circunstanciales y seguramente maravillosas, se han estancado. Es posible que esto haya ocurrido porque no hemos sabido explorar más puntos de unión o, lo que es lo mismo, no hemos sabido hacerlas evolucionar y trascender la temporalidad. Es decir, aunque una relación -de cualquier índole- vaya bien, necesitamos explorar más formas para hacerla crecer y/o evolucionar. En el caso de la amistad, por ejemplo, alguna opción podría ser tener más amigos en común, practicar un deporte juntos, etc.

Hasta aquí, hemos hecho un abordaje breve de cada una de las siete claves o facultades de nuestro Talento Afectivo, que representan una guía positiva para mejorar todo tipo de relaciones y en todos los ámbitos. Para acercarnos el tema con más detalle y profundidad, el Instituto de Talento Afectivo ha creado un método teórico-práctico que nos permite vivir un apasionante camino de autoconocimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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Beneficios de la Psicología Positiva en el ámbito sanitario, educativo y empresarial.

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Psicología Positiva.

Experto Universitario en Psicología Positiva.

«La felicidad es una actitud. O nos hacemos miserables, o felices y fuertes. La cantidad de trabajo es la misma». A menudo creemos que somos felices o infelices según las circunstancias que tengamos en la vida. Pero la cita de Francesca Reigler, mencionada previamente, parece afirmar lo contrario: que la felicidad depende de nosotros, que es un estado que se construye activamente a través de encaminar la vida positivamente hacia donde queremos. Podemos ser nuestros propios líderes y transitar el camino hacia nuestros objetivos de forma eficaz.

A propósito de ello, el primer Manifiesto de Psicología Positiva (PsP) la define como «el estudio científico del funcionamiento humano óptimo». Es decir, la PsP se dedica a analizar las emociones positivas de la naturaleza humana: el optimismo, la alegría, la gratitud y la resiliencia y nace al observar que la psicología tradicional se ha centrado en los efectos negativos de las vivencias dolorosas.

Pero ¿qué consigue una persona a través de la Psicología Positiva?

Las personas que la practican se caracterizan, entre otras cosas, por:

  • Gestionar sus emociones de forma equilibrada.
  • Hacer uso de sus fortalezas personales para afrontar los retos y lograr objetivos.
  • Resolver eficazmente cualquier conflicto.
  • Desarrollar la empatía, la asertividad y la creatividad.
  • Ser capaces de aplicar su actitud positiva en cualquier ámbito de la vida.
  • Conseguir una mayor y mejor adaptación a los cambios.
  • Vivir en el presente y afrontar las dificultades con optimismo y resiliencia.

Estas son algunas de las cuestiones que aborda la formación Experto Universitario en Psicología Positiva diseñado por Emotiva CPC. La formación capacita al alumno en aquellas habilidades relacionadas con la PsP que se aplican en diversos ámbitos. Por ejemplo, en el entorno educativo, la aplicación de la PsP supone una revolución porque parte de cuestionar el enfoque docente basado en reparar, disciplinar o corregir lo que no funciona, a un enfoque basado fundamentalmente en desarrollar las fortalezas personales, el potencial, multiplicar las posibilidades y empoderar a los alumnos.

En el ámbito sanitario, y sobre todo el afrontamiento de situaciones difíciles y/o complejas, la aplicación de la PsP es clave, pues permite que los profesionales de la salud sepan cómo facilitar a los pacientes el cultivo de sus rasgos positivos y fortalezas personales. La diferencia, entre otras cosas, supone que un paciente pase de preguntarse “¿qué puedo hacer para dejar de estar mal?”; a preguntarse: «¿qué puedo hacer para sentirme mejor?”. Sobre todo en este caso, hablamos de la resiliencia. Veamos un poco más.

La resiliencia es una cualidad humana fundamental que define nuestra capacidad para superar positivamente las situaciones adversas sin quedar afectados negativamente por las mismas. El origen de su nombre aporta luz al concepto. Es un término que la psicología tomó prestado de la física: resilientes son los materiales que se doblan sin romperse para, luego, recuperar la situación o forma original. Como los juncos, que se doblan cuando sopla el viento, pero vuelven a erguirse después.

Efectivamente, la actitud que tomamos ante las situaciones, por muy difíciles que sean, es algo que depende de nosotros. En este sentido, con las prácticas que aprendemos en la formación, transformar los problemas en retos a través de hacernos responsables de nuestras acciones y aprender de lo negativo.

La adversidad no depende de nosotros, el crecimiento sí.

De esta manera, las competencias de la Psicología Positiva y sobre todo esta actitud resiliente a la que hacíamos referencia, también están íntimamente relacionadas con el liderazgo. En una situación de estrés, de conflicto, de desafío o de adversidad, el líder será la persona que pueda ver los caminos para inspirarse e inspirar a los demás con el objetivo de transformar las situaciones, capitalizarlas, crecer y seguir adelante fortalecidos.

Por todo lo que hemos venido diciendo, la formación Experto Universitario en Psicología Positiva no sólo es valiosa para aplicar en el ámbito profesional; también lo es para aplicar en nuestra vida, en nuestro crecimiento personal y en nuestras relaciones. De hecho, es allí donde empieza y desde donde se expande. Concretamente, hemos visto que en el ámbito educativo nos permite educar a alumnos desde la perspectiva de lo que funciona mejor en cada uno de ellos; sin embargo, para que esa facilitación pueda ocurrir, cada profesional tendrá que trabajar, adquirir y aplicar las competencias necesarias de la Psicología Positiva en primer lugar, en primera persona y partiendo desde su ámbito más íntimo.

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Inteligencia Emocional. ¿Una asignatura pendiente en los educadores?

Inteligencia Emocional. ¿Una asignatura pendiente en los educadores?

Daniel Goleman, reconocido mundialmente por su teoría de la Inteligencia Emocional, afirma: “La IE comienza a desarrollarse en los primeros años. Todos los intercambios sociales que los niños tienen con sus padres, maestros y entre ellos, llevan mensajes emocionales”. Lo cierto es que muchos docentes ya lo han entendido y otros están comenzando a considerarlo. Tal vez, lo que suceda a corto plazo es que el sistema educativo en su totalidad contemple formalmente la educación emocional como parte fundamental en la preparación docente.

Observando la realidad de hoy, compleja, imprevisible y desbordada, se hace difícil que el alumno entre al aula sólo con materiales escolares en la mochila; de hecho, traen además, muchas emociones sin procesar. Ellos son parte de los conflictos que se dan en los diferentes entornos de socialización, producto de esa realidad. Quiero decir, si un niño vive una situación de violencia o de estrés en su casa y está angustiado o ansioso por ello, difícilmente pueda interesarse, prestar atención y/o concentrarse para aprender. Difícilmente pueda crear vínculos saludables con su pares o sepa cómo comunicarse con asertividad y con empatía.

Benjamin Franklin decía, con una curiosa actualidad: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y aprendo”. Ciertamente, creo que involucrar a los alumnos para que aprendan es uno de los desafíos más grandes de los educadores de hoy. Lo que está claro es que para que eso suceda, además de diseñar dinámicas de enseñanza atractivas, es importante ayudarles a gestionar todas esas emociones que vienen a la escuela en sus mochilas o se manifiestan dentro del aula. Enseñarles a afrontarlas, a reconocerlas, a valorarlas y a gestionarlas es importante -además- para que consigan una buena convivencia intra e interpersonal. Cuando el niño está mejor consigo mismo, también proyecta ese bienestar en su interacción con los demás.

Según los expertos, los alumnos emocionalmente inteligentes son más felices, están más comprometidos con el aprendizaje, tienen más confianza en sí mismos y se relacionan mejor con los otros.

Por ejemplo, fomentar emociones agradables como la alegría, la simpatía y la gratitud inhiben los episodios agresivos, previenen el rechazo de los compañeros, promueven las respuestas asertivas y mejoran la respuesta al estrés. No obstante, cuando esas emociones no se han desarrollado –o se han desarrollado defectuosamente- por distintas circunstancias (pobreza, enfermedad u otros conflictos), pueden fortalecerse mediante intervenciones sistemáticas.

Esto es posible porque la Inteligencia Emocional no es algo con lo que nacemos, sino que se desarrolla y se entrena por medio de las experiencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia. No obstante, puede mejorarse, entrenarse y fortalecerse durante la vida adulta gracias a la plasticidad cerebral. Es decir, cuando trabajamos en la inteligencia emocional, estamos modificando esas conexiones y la química del cerebro, que están íntimamente relacionadas con las capacidades intelectuales y emocionales.

Por todos estos motivos, es tan importante que los educadores aprendan a estimular la IE de los niños en el aula.

Ya que es uno de sus primeros entornos de socialización y ellos están en una posición de privilegio. Aprender a cómo promover climas emocionales positivos y seguros en los que se asume con naturalidad el error, en donde los alumnos cooperan, se escuchan, se involucran y son protagonistas activos del aprendizaje, es una diferenciación cualitativa invaluable. Además, este conocimiento también tendrá impacto en la vida adulta, puesto que potencia aspectos cruciales para la vida en general; entre ellos:

  • Autoconciencia: permite reconocer los propios estados internos, recursos e intuiciones.
  • Autorregulación: facilita el desarrollo de la confianza en los recursos propios para superar adversidades y afrontar desafíos.
  • Empatía: es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro, percibir lo que siente o incluso deducir lo que puede estar pensando a partir de su lenguaje no verbal, sus palabras, tono de voz, su postura y su gestualidad.
  • Habilidades sociales: son conductas o destrezas sociales específicas que permiten interactuar con los demás saludablemente y crear relaciones y vínculos estrechos y duraderos.

Ahora bien, el docente debe ser modelo y promotor de la Inteligencia Emocional. Ciertamente, para que el alumno aprenda y desarrolle las habilidades emocionales necesita de un educador emocional. Es decir, alguien que sepa cómo fomentar la IE de sus alumnos, porque aprendió a desarrollar la suya propia en primer lugar.

Siguiendo cada una de las premisas que hemos ido mencionando y a través de una metodología práctica y vivencial, los profesionales de Emotiva CPC han diseñado este programa “Experto Universitario en Inteligencia Emocional”. Por cierto, aunque hemos abordado este artículo destacando la importancia de esta competencia en los educadores, no está restringida a ellos. La IE es una competencia cada vez más valorada en líderes de gestión y en profesionales que trabajan en y por el desarrollo de las personas.

Esta certificación permitirá, entre otras cosas:
  • Desarrollar las competencias necesarias para el desarrollo de la IE intrapersonal (expresión, gestión y generación de estados emocionales, actitud positiva, autoestima, etc. ).
  • Desarrollar las competencias necesarias para el desarrollo de la IE interpersonal (habilidades de comunicación, escucha activa, asertividad y empatía).
  • Conocer las herramientas y recursos emocionales para afrontar el día a día en cualquier entorno personal y/o profesional.
  • Adquirir herramientas emocionales que faciliten promover el aprendizaje de habilidades sociales y emocionales.

Y por supuesto, sumar valor curricular y valía profesional.

Un tiempo para reconstruir y salir fortalecidos.

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Happy Siphal. Un proyecto que aúna voluntades para ayudar.

“El de 25 de abril fue el terremoto de mayor magnitud en Nepal en 80 años y el peor en la región del Himalaya en una década. Además de más de 8.000 muertos, ha causado más de 15.000 heridos y ha dañado decenas de miles de viviendas”. Extracto de los datos que revelaba días después de la tragedia el Diario El País.

No obstante, días después, la tragedia se adueñaba nuevamente de las noticias anunciando que un nuevo terremoto de magnitud 7,3 sacudía otra vez la zona más castigada de Nepal.

Está claro que este tipo de noticias son de las que no dejan indiferente a nadie. El mundo llora las consecuencias de las catástrofes naturales sea cualquiera su origen, su manifiesto, su latitud y su desenlace. Así es que Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF) junto con el padre Ángel de “Mensajeros de la Paz”, intervinieron inmediatamente llevando ayuda de primera necesidad y unidades médicas, decidiendo al poco tiempo volver con un ambicioso proyecto para dos orfanatos de la organización Creative Nepal de la ciudad de Kathmandú.

Para ello, se aunaron en un proyecto multidisciplinar, nunca hecho anteriormente, a psicólogos, psicopedagogos, dentistas, profesores de música, deportistas y al chef Chema de Isidro. Tal fue el éxito en esta multidisciplinar intervención, que Bomberos Unidos Sin Fronteras junto al grupo de profesionales que acudieron a Nepal en las navidades pasadas, han impulsado la creación de la Plataforma “Happy Siphal” (nombre del primer orfanato que recibió esta intervención) con el objetivo de trabajar en futuros proyectos de ayuda a los más desfavorecidos en circunstancias agravadas por las catástrofes naturales.

happy siphal

Cristina Albendea, psicopedagoga y directora de Emotiva CPC (profesional y entidad participante del equipo multidisciplinar), nos ha mencionado que la labor principal de esta plataforma es identificar proyectos de ayuda a la infancia y con la suma de fuerzas desarrollarlos de la manera más eficaz, transparente y útil para salvar vidas o mejorar su calidad hasta que puedan valerse por sí solos.

De aquí la importancia de trabajar con los niños desde diferentes ámbitos para desarrollar una mirada hacia el futuro a pesar de haber pasado por un estado de emergencia y catástrofe. Su intervención en particular se basa en la aplicación de la psicología positiva y la educación emocional.

La finalidad es detectar cómo están los niños, establecer un vínculo, elaborar un diagnóstico y proyectar la intervención.

En cierto modo, la psicología positiva apunta a dar respuesta y recursos a los niños que necesitan de ellos para transcurrir hechos devastadores y/o traumas. En ningún caso se trata de negar lo sucedido, sino por el contrario, se trata de trabajar en el conocimiento y la aceptación de las circunstancias, para luego desarrollar estrategias basadas en la estimulación de las emociones agradables de los niños, como la alegría, la ilusión y la esperanza.

Un tiempo para reconstruir y salir fortalecidos.

Y para ello, también es necesario trabajar en recursos como la capacidad de adaptación y de resiliencia; capacidades íntimamente ligadas a la inteligencia emocional fundamentales para resolver dificultades y para que todos los niños puedan, poco a poco, retomar sus rutinas.

¿Cómo trabaja la inteligencia emocional en los niños que han sido víctimas de este tipo de desastres?

Cristina nos explica que, entre otras cosas, se aborda a través de dinámicas, películas, experiencias lúdicas y manualidades que les ayuden a conectar con sus emociones, a ponerles nombre, a identificarlas, a naturalizarlas y a experimentar para qué sirven y qué tienen de bueno para darnos. Y así, con esta conexión emocional, de estimular a los niños a abrirse, a expresar sus sentimientos, sus inquietudes y sus sensaciones, favorecer su bienestar personal.

A día de hoy, los dos principales proyectos que acoge esta plataforma en los que Emotiva ha participado y participa activamente son la “Reconstrucción de tres orfanatos en Nepal” y la “Reconstrucción del colegio Buen Pastor de Puerto Príncipe de Haití”. Para ello, además de participar en la iniciativa llevada a cabo el pasado mes de enero “Navidades Solidarias para Nepal”, ha apoyado la reconstrucción del colegio Buen Pastor con una aportación económica y está apoyando y promoviendo otras actividades que ayuden a recaudar el máximo de recursos posibles que hagan realidad dichas reconstrucciones.

Happy Siphal es la unión de las voluntades de muchas personas de diferentes ámbitos para ayudar a la infancia en emergencias y catástrofes.

Para ampliar la información o bien colaborar happysiphal.org
Vídeo de tmex.es

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¿Tanta preocupación no te permite ocuparte?

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¿Tanta preocupación
no te permite ocuparte?

¿Te preocupa quedarte en blanco a la hora de exponer tus ideas con los directores de la firma? ¿Crees que si no argumentas correctamente prescindirán de ti? ¿Ya te imaginas buscando otro trabajo? ¿Estás seguro que en el próximo te pagarán menos?

Claro que, aunque no lo hayas previsto, también puede pasar otra cosa: algo BUENO.

Es correcto mencionar que niveles moderados de preocupación y ansiedad son inevitables y constituyen un aspecto esperable en la vida de las personas. La preocupación es una cualidad asociada a la prevención y a la búsqueda de soluciones positivas. El problema surge cuando esa preocupación se hace crónica y se reitera sin procurarnos una solución positiva; cuando se vuelve incontrolable, se convierte en ruido mental y resulta impermeable a cualquier razonamiento.

Todos los excesos son malos y el exceso de preocupación en el trabajo no es una excepción.

El mundo laboral está repleto de incertidumbres que parecen favorecer la aparición de la preocupación crónica, cuya intensidad, duración y frecuencia son desproporcionadas a la posibilidad de ocurrencia o eventual impacto del hecho tan temido. Lo hemos visto claro en el bucle que recreábamos en la introducción. El punto es que, una vez en ese estado, todo resulta difícil de controlar porque la preocupación resulta invasiva y agotadora.

¿Quién puede pensar con claridad, argumentar con lógica, ser creativo, productivo o buen comunicador en momentos en los que su mente está elucubrando sobre las mil maneras en las que pueden ocurrir distintas catástrofes? Catástrofes que, por otra parte, tienen un alto porcentaje de improbabilidad.

La preocupación crónica anula todos los recursos y capacidades.

Es el estado psíquico bajo el cual las personas bloquean toda su potencialidad mental y de pensamiento. En efecto, hasta el más erudito puede parecer un verdadero inepto cuando se ve invadido de preocupaciones y entra en pánico. Claro que la preocupación crónica y la ansiedad no son los únicos estados emocionales intrusivos y paralizantes con los que nos enfrentamos en la vida profesional. En todas las situaciones hay una incidencia emocional determinante para el éxito o el fracaso en el desempeño laboral y personal.

Tal vez por ello, es posible coincidir con la conclusión de numerosos investigadores: “La inteligencia representa solamente el 20% de los factores que determinan el éxito, mientras que el 80% restante depende de otros varios factores, entre los cuales está la llamada Inteligencia Emocional”.

El conocimiento técnico define qué trabajo puede hacer. La Inteligencia Emocional define cómo lo hará.

Porque cualquiera de nosotros puede tener todos los argumentos minuciosamente aprendidos y justificados, las alternativas evaluadas y los tiempos perfectamente calculados. Sin embargo, sabemos que todo se desmorona cuando la actitud domina a la aptitud.

Aquí surge el interrogante: ¿qué pasaría si pudiéramos regular el pánico escénico que se repite en cada reunión; o controlar esos ruidos mentales que lo único que hacen es dispersar nuestra atención de lo importante; o mantener la visión clara aún en medio de un conflicto; o evitar la frustración cuando los proyectos no salen según la previsión?

Este es el momento en el que la Inteligencia Emocional cobra especial relevancia.

Por un lado, porque nos permite acceder a un estado de autoconciencia a través del cual podemos reconocer nuestros estados internos, recursos e intuiciones. Por otro lado, nos invita a desarrollar la automotivación y autorregulación, para aprender a trabajar bajo presión; para neutralizar los síntomas del estrés y confiar en nuestros propios recursos, y para superar adversidades y mantener el enfoque en el objetivo.

Si logramos aprender a gestionarnos emocionalmente, entendiendo que todos los procesos laborales necesitan de nuestra congruencia lógica y emocional, también se hará más fácil la relación con equipo de trabajo, con los pares y con todas las personas que integren nuestros diferentes entornos.

Conocer nuestra emocionalidad, nos permitirá desarrollar la empatía para reconocer las emociones en los otros; para desarrollar la capacidad de escuchar y para colaborar en la búsqueda de motivaciones conjuntas. En paralelo, nos proveerá una serie de habilidades sociales útiles para persuadir e influenciar positivamente a otros; para buscar una respuesta creativa ante los conflictos; para negociar, liderar, cooperar, dirigir y promover cambios.

“No es la genética lo que prefija nuestro nivel de IE. No es innata (…). Se puede aprender y continua desarrollándose a medida que avanzamos en la vida y aprendemos de la propia experiencia”. Fragmento de “Cómo sobrevivir al cambio: IE y Social en la Empresa”. Ma Claudia Londoño.

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