Facilitación Ecosistémica: ¿y si hacemos del mundo un lugar más vital y saludable?

Comunidades Ecoresilientes y Regenerativas.

Vayamos por partes. Todos vivimos y somos parte de comunidades. Trabajamos con personas, compartimos vecindario, actividades deportivas, movimientos sociales, políticos, etc. Es decir, en la mayoría de los casos tenemos objetivos/propósitos y una visión en común con otras personas. No obstante, una comunidad, para que realmente pueda definirse como tal necesita, además de un propósito externo -un objetivo colectivo-, debe tener un propósito interno -relaciones de confianza y cuidado mutuo-. Sin extendernos demasiado podemos decir que existe una “conciencia grupal” que es mucho más sabia que cualquier individuo y un potencial grupal que es mucho más amplio que cualquier esfuerzo individual.

Ahora bien, planteábamos en el título la posibilidad de inclinar el mundo hacia el lado más vital y saludable y este artículo tiene como objetivo mostrar brevísimamente que es posible, a través del diseño y la facilitación de experiencias de transformación colectivas que apuntan a crear sistemas y/o comunidades más integrales, trascendentes y sostenibles. ¿Cómo? Principalmente teniendo en cuenta la necesidad de elaborar un pensamiento y una acción desde un enfoque ecosistémico que incorpore la visión y el bienestar de las personas como individuos, del colectivo como un sistema vivo y de sus aportaciones a la Red de la Vida de la que son parte.

¿Ecoresilientes? ¿Regenerativas? ¿De qué hablamos?

Muchos estamos familiarizados con el término resiliencia y sabemos que se refiere a la capacidad de los individuos y grupos para afrontar una situación adversa y emprender acciones para avanzar, capitalizar el aprendizaje y salir fortalecidos/as. Por su parte, la Ecoresiliencia supone la integración transformacional continua de los procesos sociales, ecológicos, culturales y espirituales para que las personas y las comunidades manejen mejor los impactos conocidos y desconocidos de los cambios humanos y ambientales. En ambos casos se trata de un aprendizaje adaptativo basado en la adversidad -real o potencial- que entiende que los procesos son transformativos, provisionales y orientados al cambio.

Por ejemplo, uno de los principios(1) de la Ecoresiliencia sostiene que debemos reconocer a la naturaleza como nuestra guía, por ende, necesitamos conocer y alinearnos con los movimientos y patrones del mundo natural. Es decir, para seguir sobreviviendo como especie necesitamos aplacar nuestros delirios de superioridad y colocarnos en armonía con la naturaleza. Todo esto, en cierta forma, también está íntimamente relacionado a las comunidades regenerativas. Veamos un poco más.

En un artículo anterior ya nos habíamos referido al paradigma regenerativo y volvemos un poco sobre ello para entender de qué se trata una comunidad regenerativa. Herbert Girardet, co-fundador del World Future Council, una fundación que asesora sobre las políticas futuras a adoptar, señala -a nivel macro- que “tenemos que empezar a pensar qué podemos hacer no para sostener el planeta, sino para regenerarlo”. Lo cierto es hoy por hoy existe una destrucción, producto de un crecimiento exorbitado que nos deja bastante poco que sostener. Por tanto, es necesario regenerar lo que hemos deteriorado y esto supone un cambio de paradigma, un cambio en la forma de pensar y actuar.

Este enfoque regenerativo en una comunidad consiste en crear sistemas y lugares que tengan la capacidad de evolucionar hacia estados de salud y vitalidad crecientes. Son ambientes vivos y representan entornos de vida prósperos, saludables y resistentes debido a que sus sistemas ecológicos, sociales y económicos se relacionan de manera tal que elevan la vitalidad individual y colectiva.

La Espiral Colectiva. Metodología para el cambio social y la facilitación de grupos.

Esta espiral colectiva es la segunda espiral del Modelo Koru -la espiral de la transformación- que nos brinda un mapa para poder diseñar e intervenir comunidades y grupos, teniendo como foco la ecoresiliencia y la regeneración. Esto supone empezar desde la perspectiva de la conciencia de Com-Unidad.

Como señalábamos al comienzo, todos formamos parte de comunidades. En los procesos de transformación, la faciltadora o el facilitador debe tener en cuenta la red sistémica, subsistemas y relaciones, ya que es esencial tener una mirada sobre la ecología interna y externa de los individuos y colectivos. Las partes siempre están en una relación de interdependencia y abrazando un objetivo o propósito común. La sabiduría colectiva y ecológica implica el acceso a una conciencia capaz de conectar con lo que está vivo y que emerge en cada instante.

Fig 1. Espiral Colectiva, Koru Transformación.

Un gráfico siempre viene bien para ilustrar y tomar perspectiva de lo que hablamos. Por supuesto que para recorrer la espiral en profundidad necesitaríamos escribir un libro y no es el plan. No obstante, sí habláramos de la generalidad de esta experiencia que, como no podría ser de otra forma, comienza en el centro y desde La Unidad; es decir, en la confluencia de propósitos y necesidades individuales que permite que emerja la Conciencia de Com-Unidad.

La Unidad es la fuente que nos conecta con la red de la vida. La Com-Unidad es el espacio de encuentro en el plano social; es el campo unificado de conciencias que permiten que emerja el Ser Colectivo del grupo.

Ahora bien, como espacio de encuentro creativo, el comienzo nos invita a Celebrar la vida, a reunificarnos con ella, a encontrarnos a sentirnos parte de un todo mayor que nos trasciende. En este espacio de Com-Unidad el proceso de “presenciar”, como lo llama Otto Scharmer, es un recurso interesante que nos permite acceder a los estados de conciencia necesarios para iniciar una experiencia de transformación. Estar presentes significa estar atentos a nuestras experiencias internas y externas, y vivirlas desde la apertura, la aceptación, el respeto, la compasión y el no juicio.

Nos movemos en la espiral colectiva avanzando en diferentes dimensiones que posibilitan construir Comunidades Resilientes y Regenerativas.  Estas dimensiones tienen diferentes procesos y objetivos que nos posibilitan un mapa y una caja de herramientas para diseñar e intervenir.

Aquí veremos las principales dimensiones de esta espiral:

  1. Conciencia de Com-Unidad y Co-Evolución.
  2. Construcción de Comunidad y Confianza.
  3. Flujos y Comunicación.
  4. Relaciones, Empoderamiento y Liderazgo Regenerativo.
  5. Conciencia de Redes y Sistemas.
  6. Contribución de esta Comunidad al desarrollo y bienestar de las personas que la conforman.
  7. Contribución de esta Comunidad a la interdependencia en una comunidad viva y sensible.
  8. Contribución de esta Comunidad a la regeneración de la vida y a la conciencia de ser naturaleza.
  9. Preparación y organización de esta Comunidad frente a la crisis global (ambiental-social-económica- espiritual): resiliencia.

Para comenzar una transición sólida y estable hacia una comunidad ecoresiliente y regenerativa, es necesario plantear el cambio como un acto creativo y colectivo. Un acto que ha de aportar felicidad a nuestras vidas y que nos ha de llevar a descubrir nuestro ser participante, pues sólo en comunidad, sólo colaborando con otras personas es posible crear una alternativa sostenible y sólida a nuestra forma de vida actual. 

Recordemos que aprender a facilitar supone la gran libertad para crear experiencias transformadoras incorporando libre, creativa e integralmente, las pautas necesarias para llevar a las personas, grupos y comunidades por un camino de verdadera transformación.

Certificación IES Training: la Ecopsicología y el rol de los Ecotuners.

Muchas veces, para reencontrarnos o estar un momento a solas con nosotros mismos, elegimos escaparnos un rato de las rutinas y de los ritmos frenéticos que llevamos cada día. Buscamos una desconexión, un rato, un paréntesis. Algo que nos relaje, que nos de paz, que nos permita ver lo grandes y pequeños que somos. Tal vez echarnos bajo la sombra que nos regala un viejo tilo a disfrutar de los sonidos de la naturaleza; quizá sentarnos en la playa a escuchar el sonido de la intensidad del océano; posiblemente a disfrutar del cielo nocturno a observar el maravilloso espectáculo que nos regala el universo.

En cualquier caso, he utilizado estos ejemplos porque todos y cada uno de ellos representa una forma mínima e íntima de practicar la Ecopsicología. Pero claro, esta visión resulta un tanto simplista. Para explicarlo mejor, tomaré las sabias palabras de la Psicóloga Teresita Domínguez: “Sería una presunción muy grande decir que los Ecopsicólogos hemos inventado algo, pero sí podemos decir que nos dedicamos a generar conciencia de la relación que inevitablemente tenemos con el ambiente que nos rodea. Es nuestra conexión con la vida, con lo que nos hace latir el corazón y nos fuerza a respirar. Podemos reducirla a su mínima expresión o podemos darla alas y hacerla crecer”.

Y en este artículo hablamos de darle alas y expandirla, pues, entre otras cosas, facilitar la sintonización de la naturaleza humana con la naturaleza exterior es el rol de los Ecotuners(1). Es entender y encontrar diferentes maneras para que esa forma mínima e íntima de disfrute de la naturaleza pueda multiplicarse y materializarse en el diseño y facilitación de experiencias de transformación que despierten la conciencia de las personas y que les permitan entenderse parte y expresión de la red de la vida. Es interesante esto último sobre todo porque la relación con la naturaleza no siempre es tan contemplativa y noble como mencionábamos antes. Efectivamente hay una explotación de los recursos naturales en el mundo entero -hablábamos de esto en un artículo anterior– que pareciera revelar una falta de conciencia total respecto a que somos esa misma naturaleza a la que le estamos haciendo daño

A propósito de ello, la Ecopsicología, a través de ella los Ecotuners, trabajan con el propósito de reparar esa relación, contribuyendo en la transición hacia una cultura regenerativa. Con este objetivo, Marian Ríos y Claudio Pereira Salazar, nos proponen la formación oficial en Ecopsicología de la International Ecopsychology Society: IES Training, en Chile(2), con el objetivo de que cualquier profesional pueda introducir la mirada ecopsicológica y regenerativa de una forma práctica en sus ambientes laborales, educativos, sanitarios, sociales, comunitarios y/o personales. 

Vivencia. Sensibilidad. Amor. Conexión con la tierra y con todo lo que nos rodea.

Se trata sobre todo de promover un cambio desde dentro de cada uno, real, trascendente, integral y sostenible; pero que además permita incorporar una diversidad de herramientas que faciliten esa transformación y expansión de conciencia de ser naturaleza en todos los mini ecosistemas de los que cada uno es parte. Por ello trabajan con el ser humano contemporáneo, pero rescatando las raíces profundas de la sabiduría ancestral y desarrollando intervenciones psicológicas desde un enfoque transpersonal integral y ecosistémico.

Hablando de sabiduría ancestral, hay una breve anécdota que Teresita comparte en uno de sus escritos; contaba entonces que los guaraníes, etnia que habitó desde el Caribe hasta el Uruguay, no tiene una palabra que signifique “mío”. Cuando se refieren a un objeto que les pertenece no dicen, por ejemplo “mi tambor”; dicen “yo tambor”. No existe una separación entre ellos y lo que los rodea. ¡Cuánto tenemos para reaprender! ¡Cuántas cosas hemos olvidado en esta “evolución”! Sin embargo, están ahí, a nuestra disposición, siempre.

Una buena manera de reencontrarnos con toda esa sabiduría son las herramientas ecopsicológicas que se abordan en la Formación y que nos acercan a sentirnos esa misma naturaleza. Entre otras, la curación con los 4 elementos, la naturaleza como terapia: el efecto Biofilia; actividades en setting naturales; prácticas ecoterapéuticas: con los árboles, piedras, trabajo de tierras, mapas ecológicos; búsqueda de visión; zooantropología; arquetipos en la naturaleza, y un largo etcétera. Todas prácticas de bienestar y sanación mediadas por la naturaleza y con el propósito de que emerja la conciencia de Ser Naturaleza.

Tomemos como muestra y para explicar brevemente cómo trabajan con los cuatro elementos de la naturaleza. Cada uno de nosotros, como seres vivos, está compuesto por esos cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Conocer cómo se manifiestan en nuestro Ser y en nuestra experiencia de vida es el punto de partida para conocer nuestra energía de base y para explorar cómo podemos conectar con el resto de ellas.

Por ejemplo, en el trabajo con grupos cada elemento nos aporta:

  • El fuego nos invita a explorar la Percepción Grupal. El Fuego como catalizador de los espacios grupales de propósito compartido, de la intención y el sueño colectivo, de la identidad del grupo y de la ritualización de los inicios y procesos emergentes.
  • Desde el elemento Aire trabajamos la Mente Grupal. El Aire que comunica las ideas y clarifica los sentidos y significados compartidos para la creación colectiva. Nos invita a explorar los siguientes espacios grupales: los acuerdos, la comunicación, la indagación colectiva y la innovación creativa.
  • Con el elemento Agua trabajamos la Emoción Grupal. El Agua como símbolo de los procesos afectivos involucrados en los espacios grupales de toma de decisiones, gestión emocional, flujo y gestión de conflictos.
  • Al activar el elemento Tierra trabajamos con la estructura y el Cuerpo Grupal. Exploramos los espacios grupales de evaluación, liderazgo, poder, roles y gobernanza.

Ahora bien, esta práctica, y otras del mundo de la Ecopsicología, cobra especial sentido cuando podemos incorporarlas al diseñar una experiencia de transformación individual o colectiva, por ejemplo, siguiendo el Modelo Koru, cuya Espiral nos ayuda a contemplar todos los dominios de la conciencia en el ser humano: unidad, sentidos, mente, emoción, cuerpo, social y ecológico.

En cierta forma, y retomando el sentido reduccionista del comienzo, todo esto permite perfeccionar lo simple e íntimo de aquellas experiencias de las que hablamos en la introducción del artículo. En todas y cada una de ellas el objetivo era noble, aunque demasiado simple, breve y temporal. Con este aprendizaje vivencial, la conexión con la naturaleza se profundiza y el despertar de la conciencia es tan impactante que significará el inicio de una expansión, de un eco que querrá contagiarse antes o después.   

(1) Concepto propuesto por la Asociación Internacional de Ecopsicología para referirse a los facilitadores ecopsicológicamente orientados o sintonizadores de la naturaleza.

(2) International Ecopsychology Society (IES) es una organización que nace en Neuchatel, Suiza en el año 2005 y actualmente la conforman doce países. Su objetivo es satisfacer las necesidades de conocimiento, formación y unión de un creciente grupo interdisciplinario de educadores, coaches y facilitadores interesados en el campo de la Ecopsicología. En Chile la IES esta representada por el Dr. Claudio Pereira Salazar, que junto al equipo de la Escuela de Koru Transformación imparten la formación oficial de la IES en Chile en alianza con las siguientes Instituciones: Universidad de Antofagasta; Ecoescuela El Manzano; Centro de Investigación y Educación Ambiental Parque Katalapi y  Gaia U Latina.

Formación en Ecopsicología: introducir la mirada Ecopsicológica y Regenerativa.

Formación oficial en Ecopsicología de la International Ecopsychology Society: IES Training.

“Desde la Ecopsicología diseñamos modelos para hacer frente a los aspectos espirituales y psicológicos de la transición hacia una vida sostenible. Es un enfoque comprometido con las futuras generaciones y respetuoso de la sabiduría de la naturaleza, a la que podemos acceder por observación directa y rescatando los saberes ancestrales de los pueblos originarios que durante miles de años vivieron en un estado de equilibrio y armonía con los ciclos naturales.” Así nos lo describen Marian Ríos y Claudio Pereira Salazar, ambos formadores de IES Training.

Sin embargo, antes de profundizar en el concepto Ecopsicología, pongamos un poco de perspectiva a esta actualidad que nos toca. Efectivamente, las cosas no marchan bien en el mundo: conflictos bélicos basados en dogmas obsoletos, ambiciones de poder, explotación irracional de los recursos naturales, extinción de especies animales y plantas, deterioro medioambiental, calentamiento global, desigualdad en la distribución de los recursos, discriminación y exclusión de minorías sociales, crisis en educación, salud, alimentos y un largo etcétera que escuchamos y vivimos todos los días y todo el tiempo.

Un largo etcétera que parece un plan macabro de los sectores de concentración de poder, como políticos, economistas, empresarios y líderes mundiales que hacen la “vista gorda” sobre la dimensión los daños directos y colaterales de sus decisiones.

Ahora bien, ¿cómo hemos llegado a estos niveles de omnipotencia? ¿Acaso es ignorancia? ¿Negación? ¿Negligencia? ¿Poder? ¿Tal vez un poco de todo?

Entre otras tantas cosas, por ejemplo, ¿cómo es posible que hayamos llegado a regar plantaciones con agrotóxicos cuando cerca de ellas hay familias enteras viviendo y sabiendo lo perjudiciales -incluso mortales- consecuencias que conlleva? Si, lo sé, seguramente, mientras leemos, otras tantas preguntas similares podrían surgir…

Paradójicamente, todos somos producto de la evolución (cuesta utilizar este término en este contexto) y tanto nuestro cerebro racional como la civilización nos han hecho sentir que estamos separados de la naturaleza, que somos más grandes y más potentes que toda ella. Y en ese sentir, la dañamos sin importar, sin medir y sin ser conscientes de que ese daño que estamos provocando actúa como un boomerang; vuelve a nosotros -simplemente- porque somos esa misma naturaleza.

Todo fue creado en perfecto equilibrio, pero hemos interferido en ese ecosistema sin descanso, explotando los recursos sin medida y sin consciencia.

No obstante, es en este mismo mundo y a pesar de todo lo que hemos venido diciendo, que ocurren señales para creer que no todo está perdido; sobre todo si reparamos en la cantidad de personas que parecen haber despertado de su letargo para empezar a asomarse por los márgenes de esa misma concentración de poder. Me refiero a la nueva cultura de movilización global que se expresa por todo el planeta reivindicando la justicia social, el derecho a la verdad, al respeto, al amor, a la sostenibilidad y a una calidad de vida digna para toda la humanidad.

De esta forma, mientras transcurre la vida frenética de quienes continúan inmersos en una sociedad de consumo en crisis, marcada por la soledad y el aislamiento; transcurre también la vida de quienes necesitan recuperar el sentido y la sanación; de quienes han tomado consciencia de cuánto daño le hemos hecho a la tierra; de quienes luchan por reivindicar valores alineados con el compromiso de la vida, con la naturaleza y con la espiritualidad.

Esta instancia clave de toma de consciencia y de respeto por la sabiduría de la naturaleza de la que también hablaban nuestros referentes al comienzo es la Ecopsicología.

Robert Greenway, uno de los precursores del término, señala: “La Ecopsicología es búsqueda del lenguaje que describe la relación entre el ser humano y la naturaleza. Es una herramienta para entender mejor esa relación, para diagnosticar lo que no está bien y para sugerir el camino para sanar”.

También por eso, el alcance y el impacto de la Ecopsicología es enorme. Esta toma de consciencia no tiene fronteras ni ámbitos de aplicación específicos, cerrados o acotados. Por el contrario, la mirada y la actuación ecopsicológica deberían ser transversales en nuestra vida, cualquiera sea el ámbito en el que nos movamos; incluso en el núcleo más pequeño como la familia. Al final, el objetivo primero de la Ecopsicología es reflejar un cambio paradigmático hacia un ser humano sintiéndose parte de la naturaleza y como tal es capaz de expresarse a sí mismo desde los patrones naturales y orgánicos que lo conforman.

Imaginemos por un momento que toda esta toma de consciencia ocurre hoy, crece, se expande y, finalmente (por fin), nos trasciende. ¿No sería maravilloso que las generaciones venideras estén en el lugar que estén y ejerzan el rol que ejerzan prioricen cuidar, amar y respetar la naturaleza? O como decíamos en un artículo anterior, ¿no sería maravilloso devolverle a la tierra más de lo que tomamos de ella?

Formación oficial en Ecopsicología de la International Ecopsychology Society: IES Training.

El objetivo es que cualquier profesional -psicólogos, coaches, educadores, facilitadores o especialistas en cualquier otra materia-, puedan introducir la mirada de la Ecopsicología de una forma práctica en sus ambientes laborales, educativos, comunitarios y/o personales. 

Las metodologías de Facilitación en Ecopsicología consisten en conjunto de herramientas que facilitan la conciencia de ser naturaleza y generan conocimiento sobre la relación profunda entre la conciencia humana y la red de la vida. Por ello trabajan con el ser humano contemporáneo, pero rescatando las raíces profundas de la sabiduría ancestral y desarrollando intervenciones psicológicas desde un enfoque transpersonal integral y ecosistémico.

La certificación del IES Training apunta a la formación de Ecotuners. Es decir, de facilitadores de la sintonización de la naturaleza humana con la naturaleza exterior. Y para facilitar ese despertar de la consciencia, a lo largo de toda la experiencia formativa, se conocen y se viven -en su máximo sentido literal- una cantidad de técnicas y metodologías que pueden aplicarse en cualquier ámbito. No obstante, hablaremos de este rol en un próximo artículo.

*International Ecopsychology Society (IES) es una organización que nace en Neuchatel, Suiza en el año 2005 y actualmente la conforman doce países. Su objetivo es satisfacer las necesidades de conocimiento, formación y unión de un creciente grupo interdisciplinario de educadores, coaches y facilitadores interesados en el campo de la Ecopsicología. En Chile la IES esta representada por el Dr. Claudio Pereira Salazar, que junto al equipo de la Escuela de Koru Transformación imparten la formación oficial de la IES en Chile en alianza con las siguientes Instituciones: Universidad de Antofagasta; Ecoescuela El Manzano; Centro de Investigación y Educación Ambiental Parque Katalapi y  Gaia U Latina.

DIFE: Diplomado Internacional de Facilitación Ecosistémica.

Diseño y Facilitación de Experiencias de Transformación.

Como hemos visto en artículos anteriores, los facilitadores son catalizadores de los procesos sociales. Para ello, tienen la misión de ayudar a ponerse de acuerdo sobre la base de la elevación del nivel de consciencia personal y grupal, pues el objetivo es movilizar no sólo para la reflexión, sino sobre todo para la acción reflexiva.

Ahora bien, para comenzar a diseñar experiencias de transformación, es clave la espiral de la consciencia. Como en el ciclo de la vida, la espiral es un símbolo que representa el proceso de crecimiento y evolución, y el movimiento por la espiral representa el movimiento de la consciencia al interactuar con los distintos dominios de la experiencia. Para ello, utilizamos el Holón, un mapa, una representación gráfica de cada proyecto/experiencia que empezaremos a diseñar al pasar por los Nodos de la Observación y de la Transformación desde los dominios del Modelo individuales: unidad, sensorial, mental, emocional y corporal; y colectivos: social y ecológico. A continuación, el grafico del Holón nos muestra rápidamente todo ello:

Ver imagen
No obstante, antes de llegar al Holón, ¿qué deberíamos preguntarnos para comenzar a diseñar una Experiencia de Transformación desde el Modelo Koru?

Por supuesto, no entraremos en grandes revelaciones, sin embargo, mencionaremos algunas de las cuestiones claves que funcionan como disparadores para ello.

1. Motivación e intención personal. Sobre todo, ¿qué está naciendo en ti con este nuevo proyecto?

2. Motivación e intención externa. ¿Qué estará naciendo en el grupo con el que estarás trabajando?

3. Comunidad/Grupo. Identificar la estructura formal e informal de tu comunidad/grupo.

4. Objetivo de la Experiencia de Transformación. Sobre todo, ¿cuál es el propósito final de esta experiencia para el facilitador, para la institución (si corresponde) y para el grupo?

A propósito de esto, los últimos alumnos egresados del DIFE, como proyecto de curso han diseñado y facilitado Experiencias de Transformación basadas en el Modelo Koru relacionadas con su ámbito de especialización. Cada uno, siguiendo las pautas anteriores para comenzar, dio paso al dibujo de su Holón, relacionando su proyecto con los ejes de la conciencia y los nodos de observación y de transformación.

A continuación, mencionamos algunas de estas experiencias para mostrar la flexibilidad y adaptación del Modelo:

  • Ámbito Turístico: “La Ruta Ancestral Coya”Álvaro Pino, desde su Hostal en la ciudad de Caldera, desarrolla Tours por la Región de Atacama, conduciendo a sus pasajeros hacia el Desierto florido, lugares de poder, encuentro con abuelos, y exploración por la riqueza patrimonial. Aplica y lleva el Modelo Koru en el diseño de las experiencias turísticas de los viajeros.
  • Ámbito Social: “Proyecto U-Connected”. La creación de un espacio en donde se puede compartir facultades, conocimiento, informaciones y productos. Jasmin Dominick es la impulsora de esta red de servicios y productos con la intención de apoyar al despliegue y el aprovechamiento del pleno potencial y la inteligencia colectiva, independientemente de nuestro estado contable. De esta forma, es posible superar cualquier idea de una pobreza ilusoria, viviendo nuestra riqueza y abundancia verdadera, al complementar nuestros dones únicos con los demás.
  • Ámbito Educativo: «Libertad Esencial»Proceso de acompañamiento a adolescentes en el Colegio Alternativo Aliwen de Valdivia con los y las estudiantes de 4º medio. Claudia Salgado, psicóloga de la institución, ha diseñado y facilitado un proyecto que ayuda a los jóvenes a incrementar su poder personal  y grupal, desde el autoconocimiento que les puede otorgar la vivencia de las dominios de la espiral. El objetivo es posibilitar que los jóvenes cuenten con herramientas para conocerse a sí mismos, que sean autónomos en la toma de sus decisiones  y que incorporen dentro de su proyecto de vida el servicio a la comunidad.

En cualquiera de los proyectos mencionados anteriormente, debemos tener en cuenta que para que una experiencia sea considerada una experiencia de transformación, debe ser percibida, valorada y sentida como positiva desde la observación de todos los dominios de la experiencia.

Es decir, debe generar bienestar trascendente, perceptivo, cognitivo, emocional, corporal, social y ecológico; debe actuar de lo individual a lo colectivo y de lo colectivo a lo individual, posibilitando la transformación de la consciencia en todos los niveles. De esta forma, es posible concebir una experiencia de transformación que al estar basada en el Modelo Koru es:

1. Integral: permite tomar consciencia de sus partes, de sus relaciones y procesos e integrarlas en un todo coherente y dinámico.

2. Sostenible: satisface las necesidades de las generaciones actuales, pero sin afectar la capacidad de las futuras; y en términos operacionales, promueve el progreso económico y social respetando los ecosistemas naturales y la calidad del medio ambiente.

3. Trascendente: es la capacidad de ir hacia niveles de mayor integración y bienestar con uno mismo, con otros y con el todo.

El objetivo final de una experiencia de transformación siempre está orientado a generar sabiduría colectiva, potenciar el bienestar de las personas y acompañar a las comunidades y grupos en la co-creación de proyectos sostenibles y regenerativos

El rol del facilitador en las experiencias de transformación.

Marian Ríos, facilitadora y co-creadora del *Modelo Koru, señala: “Los facilitadores debemos ser capaces de actuar como líderes y agentes de crecimiento personal y colectivo en todo tipo de ámbitos individuales, grupales y organizacionales. Ser generadores de sabidurías y prácticas para abordar las crisis sistémicas, desde una visión integradora de la relación de los seres humanos con su entorno”.

Ahora bien, ¿qué características tienen en común las personas que desean convertirse en facilitadores ecosistémicos? ¿Qué requisitos son necesarios para desempeñar correctamente este rol? ¿Qué campo profesional es más fértil para desarrollar este tipo de experiencias?  

Veamos. Las personas que desean convertirse en facilitadores son movidas por una profunda necesidad de toma de conciencia, de conexión con todo y con todos, de hacer lo que hacen con más responsabilidad, compromiso y sentido. Por otra parte, para desempeñar este rol el único requisito es entender que la transformación empieza por cada uno de forma personal; solo así es posible promoverla luego en terceras personas o en grupos. Por último, señalar que no hay materia, sector de la actividad, núcleo que resulte más fértil que otros para facilitar este tipo de experiencias; todas ellas lo son y cada una de sus problemáticas y proyectos también.

Para ver un poco más en detalle de lo que hablamos, resulta oportuno mencionar algunos de los diversos ámbitos y cuestiones sobre los que ya se han diseñado y aplicado efectivamente experiencias de transformación según el Modelo Koru:

  • Ámbito educativo. Por ejemplo, se ha diseñado un modelo de orientación vocacional para los adolescentes que transcurren su último año y se preparan para “salir al mundo”. También se ha diseñado un modelo para el trabajo emocional en el aula, y para mejorar la relación intergeneracional dentro de la comunidad educativa.
  • Ámbito social. Se ha aplicado el modelo para difundir conocimiento y crear conciencia en temas sociales. Por ejemplo en cuestiones vinculadas a la transexualidad, temas de género y en movimientos sociales específicos.
  • Ámbito comunitario. Múltiples han sido las experiencias de transformación diseñadas para promover eco-aldeas, eco-escuelas y eco-huertas educativas. También se han aplicado dentro de organizaciones vecinales para distintos fines.
  • Ámbito ecológico. Han sido aplicados a la promoción de huertos urbanos y a la difusión de movimientos de transición y de consciencia ecológica.
  • Ámbito organizacional. Modelos diseñados para el desarrollo del liderazgo transformador; para resolver deficiencias en la comunicación; para promover la productividad individual y colectiva, y para el desarrollo de redes de colaboración.

El Modelo Koru dota a los facilitadores de herramientas y recursos para que ellos mismos puedan utilizarlas libremente en el diseño de experiencias de transformación propias.

Efectivamente, como hemos repetido en artículos anteriores, no se trata de un Modelo rígido, estructurado o cerrado, sino todo lo contrario. El Modelo de la Espiral de la transformación Koru es una invitación a que las personas sean parte de las experiencias transformadoras desde todos sus dominios individuales: unidad, cuerpo, emoción; y colectivos: social y ecológico. ¿Para qué? Una experiencia de transformación supone focalizarse en la acción consciente para transformar la realidad. Es por esto que resulta tan importante que esas experiencias sean integrales; es decir, que actúen de lo individual a lo colectivo y de lo colectivo a lo individual, posibilitando cambios de consciencia en todos los niveles.

Aunque para que ocurra todo aquello es clave el rol del facilitador, pues es quien tiene la misión de ayudar a las personas a ponerse de acuerdo sobre la base de la elevación de ese nivel de conciencia personal y grupal, y por lo tanto, con el compromiso y la búsqueda de la solución más ecológica. Por ello, a lo largo de todo este proceso contribuye con la gestión de ideas, con la gestión emocional, de diálogos, de consensos y de disensos. Moviliza no sólo para la reflexión, sino sobre todo para la acción transformadora. Y todo esto, como hemos visto, dentro de una diversidad infinita de ámbitos y cuestiones.

El objetivo final de una experiencia de transformación siempre está orientado a generar sabiduría colectiva, potenciar el bienestar de las personas y acompañar a las comunidades y grupos en la co-creación de proyectos sostenibles y regenerativos. Es de esta forma que el Modelo Koru mantiene su génesis intacta.

*Koru es un Modelo ecopsicológico del ser humano y una metodología regenerativa para el diseño y facilitación de experiencias de transformación capaces de conducir a individuos y grupos hacia estados más integrales, trascendentes y sostenibles.

Facilitación Ecosistémica: hacia niveles más integrales y sostenibles.

“Para poder ser sostenibles tenemos que darle al planeta más de lo que utilizamos de él”. Marian Ríos, facilitadora y co-autora del Modelo Koru. 

No obstante, más allá de la necesidad de desarrollar esta conciencia que emerge de las palabras de nuestra especialista, y aunque existe una percepción generalizada de que las cosas no marchan del todo bien en el mundo, pocos hacen mucho por evitar y recuperar el daño a la tierra; muchos otros, en contraposición, no hacen nada (o casi nada). Me refiero a la cantidad de cuestiones que se expanden en el mundo sin control. Hablo de la explotación irracional de los recursos naturales, de la extinción de especies, del deterioro del medio ambiente, del calentamiento global, de la desigualdad, de la pobreza, de la corrupción, de la crisis en la salud, en la alimentación y en un sinfín de etcéteras.

Pero claro, esas son cuestiones “macro” que necesitan de acuerdos y decisiones estratégicas, políticas y económicas mundiales. Sin embargo, las grandes crisis se producen también en pequeñas escalas, a nivel “micro”, en lo cotidiano y en los distintos ámbitos y tampoco existe esa conciencia para decidirnos a resolver las cuestiones. Y en esta línea pregunto…

¿Cómo podemos exigir conciencia ecosistémica a los líderes mundiales si no la tenemos en lo individual, en lo grupal, en lo social y en lo cotidiano?

Necesitamos trabajar en la transformación hacia estados más integrales, trascendentes y sostenibles, que despierten y expandan una conciencia ecosistémica. De nada sirve que nos impongan un cuidado de la naturaleza y del planeta si pensamos que desde nuestro pequeño lugar “da igual” lo que hagamos. Somos parte de un todo más grande que necesitamos cuidar, recuperar y sanar.

A eso se refiere el término ecosistémico. De hecho, eco” proviene de la Ecopsicología; término que Joanna Macy, una de sus creadoras, define como: “La ecopsicología invita a la practica psicoterapéutica a expandir su enfoque mas allá del entorno interno, a explorar y fomenta r un desarrollo comunitario, a entrar en contacto con la tierra y la región y con la identidad ecológica. Nos invita a escuchar a la Tierra hablarnos a través de nuestro dolor y angustia y a oírnos como si estuviéramos escuchando un mensaje del universo”. Lo “sistémico”, ciertamente, supone entendernos como parte de la red de la vida en la que no tenemos jerarquía sobre nada y nada la tiene sobre nosotros.

Por todo ello, es importante desarrollar esta mirada ecosistémica en cualquier proceso de facilitación, independientemente de si estamos trabajando en un proyecto financiero en una empresa para ganar más dinero, o en un proceso escolar para mejorar la convivencia en el aula. Ahora bien…

¿A qué llamamos concretamente “facilitación”? ¿Qué significa ser un facilitador?

Un proceso de facilitación permite gestionar y transformar paradigmas, pensamientos, sentimientos, actitudes, discursos y prácticas en pro de desplegar el conjunto de capacidades y potencialidades en los seres humanos, tanto a nivel individual como a nivel colectivo, para promover acciones orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas, integrándose con la naturaleza. El facilitador es quien, a partir de su trabajo de autoconocimiento, se convierte en la herramienta por excelencia que puede facilitar los procesos de cambio y transformación en individuos, grupos y colectivos.

Dicho de otra forma, el ejercicio de facilitar experiencias de transformación es el elemento común de ayudar a individuos y grupos a reconectarse consigo mismos, con los otros y con el universo; transformándose -como decíamos párrafos antes-, hacia niveles más integrales, trascendentes y sostenibles. Gandhi decía: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”. Y en tal sentido, me surge una inquietud, ¿somos capaces de imaginar la riqueza que supondría desarrollar esta conciencia ecosistémica desde pequeños?

El principal objetivo es que los participantes experimenten -en primera persona- las distintas vivencias y experiencias de transformación, para luego diseñar y facilitar las suyas propias y aplicarlas en el entorno que así lo requiera.

Todas esas vivencias están sostenidas en el Modelo de la espiral de la transformación Koru apuntan, como hemos visto en un artículo anterior, a que las personas se involucren y que sean parte de las experiencias transformadoras desde todos sus dominios individuales: unidad, sentidos, mente, cuerpo, emoción; y colectivos: social y ecológico.

Dicho esto, queda claro que no estamos frente un modelo rígido, estático e estructurado. De hecho, nada más lejos. Aprender a facilitar supone la gran libertad para crear experiencias transformadoras que respondan a las necesidades puntuales del profesional.

Es decir, tanto un coach, como un psicoterapeuta, un educador o un líder de gestión empresarial, aprenden a diseñar sus talleres, sus intervenciones o sus terapias, incorporando libre, creativa e integralmente, las pautas necesarias para llevar a las personas por un camino de verdadera transformación.

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