Beneficios de la Inteligencia Emocional en el ámbito sanitario, educativo y empresarial.

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Inteligencia Emocional.

Especialización en Educación, Salud y/o Empresarial, expedido por el CES Don Bosco.

Los autores del libro Inteligencia Emocional 2.0, Travis Bradberry y Jean Greaves, señalan que solo el  36% de las personas identifican sus propias emociones. No obstante, son diversos los estudios que aseguran que cerca del 80% del éxito en la vida no depende tanto de la inteligencia racional, lógica y cognitiva, sino más bien de la habilidad para percibir, comprender y gestionar las emociones propias y ajenas; en otras palabras, del desarrollo de la inteligencia emocional (IE).

Ahora bien, cuando hablamos de éxito en la vida no nos referimos únicamente al logro de grandes metas personales y profesionales. El éxito también incluye pequeñas grandes cuestiones que hacen nuestro día a día y a nuestro cortísimo plazo. Por ejemplo, es habitual que después de un malentendido con un amigo, un familiar o un colega de trabajo, experimentemos intensamente rabia o frustración y que estas emociones nos acompañen y estropeen el resto de nuestro día. El hecho de desconocer cómo gestionar estos anclajes emocionales, tan tristemente comunes, nos deja atados a emociones y sentimientos que nos limitan, nos restan energía, nos bloquean la capacidad de pensar, actuar y/o tomar decisiones con claridad y de relacionarnos saludablemente con los demás.

Cuando aprendemos a cultivar la Inteligencia Emocional nos procuramos, entre otras cosas, energía, optimismo y resiliencia, que si bien son cualidades importantes para cualquier persona y en cualquier ámbito, resultan fundamentales sobre todo en entornos empresariales, educativos y sanitarios.

Para entender por qué, repasemos qué aspectos nos facilita trabajar la IE:
  • Autoconciencia: permite reconocer los propios estados internos.
  • Autorregulación: facilita el desarrollo de la confianza en los recursos propios para superar adversidades y afrontar desafíos.
  • Automotivación: favorece la identificación de los objetivos o intereses propios y nos permite desarrollar una actitud positiva en nuestro día a día.
  • Empatía: es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro, percibir lo que siente o incluso deducirlo a partir de su lenguaje no verbal, palabras, tono de voz, postura y gestualidad.
  • Habilidades sociales: son conductas o destrezas sociales específicas que nos permiten interactuar y crear relaciones y vínculos estrechos saludables y duraderos.

Todo esto es posible porque la IE no es algo con lo que nacemos, sino que se desarrolla a partir de las experiencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia. No obstante, puede mejorarse durante toda la vida gracias a la neuroplasticidad.

Ahora bien, habiendo enumerado los aspectos que aborda la IE, podemos entender, por ejemplo, por qué es crucial en el ámbito de la salud. Es decir, en el marco del cuidado y la atención del paciente, la IE constituye una competencia fundamental que les ayuda a los profesionales de la salud a identificar, comprender y gestionar las emociones propias, así como las emociones que surgen producto de su relación directa con el paciente y de este con su recuperación y/o con su estado de enfermedad. Tal vez sea en este entorno en el que sea más fácil valorar la importancia de conceptos como resiliencia, optimismo, empatía y asertividad.

En el ámbito de la educación también resulta fundamental. Cada docente necesita trabajar, aprender y vivenciar su propia emocionalidad para desempeñar su rol con energía, coherencia, respeto, serenidad y empatía. Después, la transferencia de esas cualidades ocurre naturalmente, ya que es él mismo quien aprende a generar espacios para fomentar la sana convivencia, el pensamiento positivo, la igualdad, el respeto por el otro y la interacción saludable entre todos ellos. Poco a poco, los niños se sienten más motivados y aprenden a reconocer, a expresar y a gestionar lo que sienten y lo que les pasa.

En el ámbito empresarial, y sobre todo en el liderazgo, la Inteligencia Emocional marca una diferencia positiva para la motivación y el clima laboral. Resumiré este tema enorme en una sola inquietud que cualquiera podría responder fácilmente. Pensemos en la oficina y en el día a día, ¿nos resultaría más fácil convivir con un líder que censura las aportaciones, la participación y el reconocimiento y se desborda ante la mínima presión; o con un líder que se comunica desde el respeto, que gestiona la presión y que invita a los demás a sentirse parte de cualquier proyecto activamente?

Por supuesto que la IE no es exclusiva de estos entornos y profesiones.

Evidentemente, hemos tomado algunos ámbitos diversos y distintos con la finalidad de exponer brevísimamente el alcance, el impacto y la importancia de esta inteligencia aplicada en la práctica. Lo que queda claro, y así lo mencionábamos al comienzo de este artículo, es que, independientemente de la especialización y el marco de actividad, el desarrollo de la IE es fundamental para acercarnos al éxito en la vida en cualquiera de sus formas.

En respuesta a todo esto, los profesionales de Emotiva CPC han diseñado el programa Experto Universitario en Inteligencia Emocional(*), cuya metodología es fundamentalmente práctica y vivencial.

Algunas características diferenciales de esta formación, incluyen:
  • Grupos reducidos. Favorece la vivencia y la interiorización de cada uno de los contenidos.
  • Escuela virtual. El acceso al material está disponible en una plataforma virtual.
  • Tutorías. A lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • Mayor visibilidad profesional. Sumar competencias de valor curricular y profesional en auge.

(*) Titulaciones:

Especialización en Educación, Salud y/o Empresarial, expedido por el CES Don Bosco.
Certificado de Emotividad que garantiza el proceso vivencial del alumno.


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Máster en Inteligencia Emocional: a mayor autoconocimiento, mayor libertad.

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Máster en Inteligencia Emocional.

A mayor autoconocimiento, mayor libertad.

Decía Don Quijote: “La libertad, amigo Sancho, es uno de los primeros dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y que el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Y como decía Carl Jung: “La libertad se extiende hasta los límites de la conciencia”.

Todos sabemos que los seres humanos nos distinguimos de los demás seres de la naturaleza sobre todo por el atributo de la libertad. Efectivamente, un árbol solo puede crecer en el lugar en el que fue plantado. No puede moverse a un lugar con más sol, con más aire o con más espacio para desplegar cómodamente sus raíces. No puede protegerse del viento ni luchar contra él; solo puede estar a su merced.

En cambio, los seres humanos poseemos libertad para cumplir sueños y metas; para movernos, viajar, tomar decisiones, cambiar el rumbo o, simplemente, para quedarnos en nuestra zona de confort. Sin embargo, cualquiera sea la situación, poco sabemos de nosotros mismos, poco nos conocemos en profundidad y muchas veces ese desconocimiento nos paraliza, nos hace perder el rumbo e incluso nos obliga a renunciar al viaje. ¿Por qué digo esto?

Cuando perseguimos un sueño, cuando fijamos un objetivo y nos ponemos en acción para conseguirlo, tenemos que saber que no llegaremos a él en línea recta.

Es decir, en ese camino (y en cualquiera) tendremos que sortear vicisitudes más grandes y más pequeñas y como dice nuestro especialista en Inteligencia Emocional, Javier Mañero: “Para hacer aflorar el talento hay que tomar conciencia de nuestro estado personal y profesional o, lo que es lo mismo, dónde estoy y hacia dónde voy”. Porque si no sabemos eso tan básico, si no sabemos con qué contamos y qué nos falta; si no sabemos cómo gestionar la alegría, la sorpresa, la tristeza, el asco, el enfado y el miedo; es decir, nuestras emociones básicas, ¿hasta dónde podremos llegar? Más aún, ¿Sabemos cuáles son nuestros valores internos y externos? ¿Les hemos puesto nombre alguna vez?

Si hablamos de valores no podemos universalizarlos. Cada uno tendrá los suyos. Para una persona católica y creyente, por ejemplo, uno de sus valores externos podría ser Dios y otros podrían ser la familia, la salud, el trabajo, etc. En cambio, cuando nos referimos a valores internos hablamos de pilares personales como el amor, la confianza, la comunicación o la protección, entre otros. Nuestro especialista nos hace en este sentido una analogía con los dedos de las manos; en tal sentido, nos dice que cada uno tiene que identificar -por lo menos- esas cinco cosas más importantes, porque son las que nos mueven, nuestro motor y todo lo que nos propongamos tiene que respetar este ecosistema de valores.

En todo este trabajo de conciencia nos sumerge Javier a través de este Máster en Inteligencia Emocional que, unido a la reflexión de Jung del comienzo, nos permite alinear dos conceptos: a mayor autoconocimiento, mayor libertad. Y no es una utopía. Cuando por fin reconocemos e identificamos algo en nosotros: una conducta, un comportamiento, una creencia limitante, un miedo, etc., entonces podemos tomar acción para cuestionar, cambiar y trascender. Por supuesto, respetando siempre nuestros valores más íntimos.

Es en ese orden, trabajando desde dentro hacia fuera, que nos será posible cumplir nuestras metas y sueños. Nunca, nunca al revés.

Aclaro esto porque vemos constantemente como en esta sociedad exitista muchas personas van detrás de zanahorias externas -un coche nuevo, una casa más grande-, que sólo trae aparejada una felicidad efímera. Somos más que eso. Y en este punto, desde lo individual y como sociedad tal vez tengamos que trascender esa idea negligente que antepone el Tener antes que el Ser, porque ¿si entonces nos quitan todo?, ¿entonces no nos queda nada?, ¿no somos nada? Pero dejemos esto en retórica por ahora.

Todo lo que hemos abordado brevísimamente que tiene que ver con un proceso de introspección, autoconocimiento y autoconciencia, representan la primera parte de los casi veinte módulos que conforman este Máster en Inteligencia Emocional. Máster diseñado con riguroso criterio por el equipo profesional de la Escuela de Inteligencia(1) y liderado por el prestigio, la trayectoria y el reconocimiento profesional -nacional e internacional- de Javier Mañero (2).

No obstante, se trata de un proceso pedagógico diseñado con un enfoque educativo, no formativo. Esta diferenciación, imperceptible o sutil para algunos, es muy importante y representa otro valor diferencial de este Máster. Es decir, un proceso formativo tiene como objetivo dotar de conocimientos en una o varias materias específicas, pero no articula herramientas para educar sobre ello. En cambio, un proceso educativo tiene como finalidad facilitar recursos, herramientas, estrategias y metodologías para educar y está regido por unas pautas de conducta basadas en sólidos principios universales a los que nos referiremos, oportunamente, en un próximo artículo.

¿Qué nos llevaremos -entre otras cosas- de estos primeros módulos del Máster?
  • Autoconciencia.
  • Autorregulación emocional.
  • Confianza en nosotros mismos a partir de conocer nuestras fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades.
  • Seguridad para diseñar planes de acción estratégicos y cumplir nuestras metas respetando todo nuestro ecosistema de valores.

Hagamos caso a lo que Don Quijote sugería a su amigo; aventurémonos a la vida con el don de la libertad y no la convirtamos en cautiverio.


(1)  La Escuela de Inteligencia ha recibido el Premio a la Excelencia Profesional, en 2017.

(2). Su director, Javier Mañero ha sido distinguido con la “Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo” por la Asociación Europea de Economía y Competitividad, reconociendo el espíritu empresarial dentro del marco europeo a diversas compañías, instituciones y expertos profesionales que han fomentado la conciencia del emprendedor y el desarrollo económico.


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