Morfopsicología & Orientación Vocacional. Descubre tu talento natural.

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Morfopsicología
& Orientación Vocacional.

Descubre tu talento natural.

¿Dónde estoy? ¿Qué quiero de mi vida? ¿Hacia dónde voy? Al estar terminando la escuela o al haberla finalizado, el adolescente comienza a formularse estas preguntas que se refieren a su presente inmediato, pero, sobre todo, a su futuro: ¿a qué me voy a dedicar?

De esta forma, la pregunta dónde estoy es el principio de las demás inquietudes que tienen que ver con el sentido de vida: el “para qué” de la vida del joven que elige una carrera. Es un momento en que pueden pasarle una o varias cosas por la cabeza: por ejemplo, puede dudar de sus capacidades y elegir algo que se le dé bien, aunque no sea su primera opción; puede dejarse influenciar por otras personas o por mandatos familiares; o puede que simplemente no tenga idea sobre qué hacer, o para qué es bueno naturalmente. En igual sentido, y permitiéndome una licencia personal, diré que en el momento de decidir lo único que tenía claro era lo que no quería. Supongo que esto también -hoy- puede ser otro punto de partida.

En esta etapa de definiciones, de certezas derribadas, de miedos, pero aún con intentos de visualización de ellos mismos en un futuro, un estudio morfopsicológico supone una guía extraordinaria que puede ayudarnos a descubrir y a conectar con nuestro propio talento innato o natural.

¿Por qué es importante esta toma de contacto y de conciencia? El doctor Mario Alonso Puig, por ejemplo, dice que “la mayor parte de nuestras inseguridades y de nuestras desesperanzas no son reales, son aprendidas. Hemos sido condicionados para crear una imagen de nosotros mismos y vivir de acuerdo con esa imagen. Nosotros no vivimos al nivel de nuestros talentos, sino al de nuestras creencias”.

La morfopsicología o psicología facial, como hemos visto en un artículo anterior, es una gran herramienta de autoconocimiento que nos permite entender que nuestro rostro, único e irrepetible, es un reflejo de nuestra estructura singular como seres humanos. Para ello, apunta a comprender de qué forma se relaciona cada parte del rostro con las demás, arrojando información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipos de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Cada estudio morfopsicológico es absolutamente único y esto hace, por supuesto, que este artículo sea solo una pequeña muestra de lo poderoso que puede resultar para cada persona.

Poderoso y extenso porque, como en este caso, más allá del fin primero de la orientación vocacional y de permitirnos conectar con lo innato y potenciarlo, se trata de un informe para la vida, para mejorar, para sentirnos bien, para apoyarnos en nuestras fortalezas e incluso para sacar provecho de nuestras debilidades. Aclarado esto, intentaremos, sin generalizar, citar algunas cuestiones interesantes que nuestra especialista, Marta Nadal Soler, nos ha ido contando.

Por ejemplo, en un estudio morfopsicológico habitual la herramienta básica para comenzar son tres fotos. En el caso particular de la orientación vocacional este inicio se complementa con una pequeña encuesta y la sesión se extiende un poco más. ¿Por qué? Veamos: considerando los puntos de partida adolescente que mencionábamos en párrafos anteriores, el joven tiene que poder expresar dónde entiende que está, hacia dónde le gustaría ir y para qué. En esta encuesta pueden surgir aspectos interesantes en los que el adolescente no había reparado antes. Por ejemplo, su para qué. Es decir, ¿es lo mismo querer ser abogado para continuar la tradición familiar, que desearlo para ayudar a la gente y luchar contra las injusticias? En retórica lo dejamos.

Ahora bien, revelemos algunas de las cuestiones que surgen del estudio. Una de ellas, que hemos nombrado con antelación, es permitirnos identificar qué tipo de inteligencia posee una persona. La Teoría de las Inteligencias Múltiples desarrollada por Gardner, propone que la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados. Esos tipos de los tipos de inteligencia son 8:

  • Lingüística.
  • Musical.
  • Lógica matemática.
  • Espacial.
  • Kinestésica.
  • Intrapersonal.
  • Interpersonal.
  • Naturalista.

Dicho esto, tenemos que entender que la inteligencia no sólo es intelectual, también es afectiva/emocional (cómo es su afectividad, cómo se emociona y se relaciona consigo mismo y con los demás), e instintiva (cómo es su voluntad de acción, su fuerza para tomar decisiones).

Por ello la mirada integral de la Morfopsicología es tan importante.

Es decir, además de detectar qué tipo de inteligencia racional tiene un joven -observada en la zona superior del rostro: frente, sienes, ojos-; también define su inteligencia emocional -observada principalmente en la zona media: pómulos y nariz-, e instintiva o activa -la zona inferior: boca, mandíbula y mentón-. No obstante, en esta mirada integral también influyen las particularidades de cada rostro de acuerdo con la simetría, volumen, fuerza, apertura, inclinación, etcétera siempre a partir del estudio global del rostro.

Puesto en práctica, todo aquello puede suponer, por ejemplo, que, aunque un adolescente tenga una gran inteligencia lógica-matemática, no lo habilita a ser necesariamente un buen economista, ingeniero y/o científico ni que pueda ejercer esta profesión en cualquier entorno. Es decir, si además de esa inteligencia lógica el joven tiene una gran vulnerabilidad emocional, difícilmente soporte un trabajo bajo presión o sea capaz de coordinar un equipo numeroso. De todas formas, esto es información que, lejos de ser limitante, funciona como una brújula y puede ser un punto para trabajar por el adolescente.

De hecho, todas las profesiones contemplan roles y competencias diferentes que son previstas por los morfopsicólogos. Efectivamente, si ponemos como ejemplo la medicina, podemos referirnos a la fuerza y a la precisión ejecutiva de un cirujano o podemos hacerlo pensando en la empatía, la paciencia y la receptividad de un médico de familia. Lo mismo con un escritor, un profesor o un músico. Hay un dicho que afirma que no todos somos buenos para todo, pero todos somos buenos para algo.

Tú, ¿ya sabes a qué quieres dedicarte el resto de tu vida? ¿Sabes para qué tienes talento? ¿Qué tienes? ¿Qué te falta? Descúbrelo ahora.

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Rasgos Faciales y Personalidad: ¿qué dice tu cara de ti?

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Morfopsicología.

“No es hasta que estamos perdidos que comenzamos a comprendernos a nosotros mismos”. Henry David Thoreau.

Muchas cosas nos pasan en la vida que no entendemos o que comprendemos parcialmente. Nos sentimos perdidos, desorientados, pero seguimos en el camino sorteando las “trampas” del destino como mejor podemos. Pero hay un límite; cada uno de nosotros lo tiene y no necesariamente supone tocar fondo. Hay un momento que necesitamos poner luz para comprender. Ya no más trampas; ya no más autoengaño. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos pasa? ¿Para qué nos pasa?

A propósito de esto, George Moore, el famoso escritor y novelista irlandés, señalaba: “Un hombre viaja por el mundo buscando lo que necesita y regresa a casa para encontrarlo”. Ciertamente, muchos de nosotros buscamos fuera -excusas, motivación, metas- a las que aferrarnos y sólo cuando entendemos que todo eso son simples “zanahorias” y que la verdad de todo ocurre sólo de dentro hacia fuera, entonces volvemos al origen; volvemos a casa. Es decir, intentamos conocernos más a nosotros mismos.

Es en ese viaje de autoconocimiento que procuramos conocernos, comprendernos, sorprendernos y querernos más; incluso poner luz sobre talentos que desconocíamos y vislumbrar más claramente nuestro propósito vital.

Pero todo esto no sucede por arte de magia. “Cada uno de nosotros somos luces y sombras. Nuestra estructura genética determina, junto con el medio y el ambiente donde hemos crecido (epigenética) nuestra forma de ver y entender la vida. Nuestra libertad empieza desde el momento que nos conocemos, descubrimos cómo pensamos y entendemos porqué nos pasan las cosas”. Así nos lo afirman desde Visage, Marta Nadal y Andrea Ambrosini, expertos en morfopsicología.

Existen mil formas para poner consciencia en nuestra vida, pero son pocas las que pueden presumir estar libres de manipulación; la morfopsicología, también llamada grafología del rostro o psicología facial, es una de ellas. Efectivamente, se trata de una disciplina que aúna ciencias como la biología, la fisiología y la psicología y permite interpretar el carácter de las personas con asombrosa inmediatez, precisión, fiabilidad y profundidad, a partir de la observación precisa de su rostro. Entre otras cosas, el estudio proporciona información precisa en cuanto a temperamento, aptitudes, habilidades, tipo de inteligencia, predisposición emocional, tendencias anímicas, etc.

Una, dos, tres fotos y es posible averiguar qué dice nuestra cara sobre nosotros. 

Pero antes de contar por qué el rostro nos cuenta cómo somos, intentemos un ejercicio de introspección. Pensemos, ¿cómo nos definimos? ¿Racionales, emocionales o instintivos? ¿Verdad que es difícil auto-categorizarse sólo en uno de los aspectos y evitar sentirse identificados con otros? No obstante, aunque las tres cualidades conviven en todos nosotros, lo hacen de forma distinta en cada uno. Aún así, y en la medida en la que vayamos develando más detalle de la morfopsicología, no nos quedaran dudas de que sí, efectivamente, predomina una más que otras.

Por ejemplo, existen diferentes maneras de percibir la realidad o niveles de consciencia y en tal sentido, cada zona del cráneo está relacionada con una parte del cerebro.

  • Zona alta => Cerebro neocórtex – intelectual. Frente, sienes, ojos.
  • Zona Media => Cerebro límbico – emocional. Pómulos, nariz.
  • Zona Baja => Cerebro reptil – instinto. Boca, mandíbula y mentón.

Sin embargo, más allá de esta clasificación que sirve para explicar brevemente y sin demasiados tecnicismos, el marco de abordaje de esta ciencia, es necesario aclarar que no hay dos estudios morfopsicológicos iguales. Es decir, puede haber miles de personas cuya predominancia sea coincidente; por ejemplo, que todas ellas tengan una zona intelectual más marcada que otras. No obstante, existen en cada uno rasgos singulares y únicos determinados por cuestiones de simetría, volumen, medidas, forma, profundidad, fuerza, apertura, cierre, inclinación, etc.

Cada personalidad es única porque cada rostro y cada cerebro también lo son.

Dicho de otra forma, la Morfopsicología no estudia las partes del rostro aisladamente. Por el contrario, tiene una visión integral a través de la cual es posible descubrir la riqueza de una personalidad, que nunca se mide por la existencia de una cualidad determinada, sino por la sinergia y combinación de múltiples facetas que hacen a cada persona única y especial. En cada estudio de autoconocimiento, comprendemos al ser humano como un todo.

La Morfopsicología nos permite tomar consciencia, aumentar nuestra seguridad y confianza y comprender y aceptar sin juzgar. Cada informe morfopsicológico consta de un mínimo de quince páginas. Cada página repleta de información sobre nosotros. Cada dato, cada descripción puede ser reveladora y, por qué no, mágica. Las reacciones de las personas durante la lectura son sorprendentes. Nuestro informe es confidencial, es nuestro y nosotros decidimos qué hacer con él. Podemos disfrutar de su magia en la intimidad o podemos utilizarlo como un “super poder” secreto e ir capitalizando cada dato para nuestro bienestar.

No obstante, nuestros especialistas están dispuestos a acompañarnos en el viaje del autoconocimiento. Ellos nos ayudan a cerrar el círculo para convertirlo en virtuoso. Por ello, si lo deseamos, también trabajarán con nosotros en unas sesiones de acompañamiento para ayudarnos a integrar el estudio, a capitalizar la información en pos de lo que sea que queramos lograr, mejorar y/o superar. Es decir, nos ayudan a que podamos detectar fortalezas en nuestra personalidad que terminen de impulsarnos.

Es decir, además de decirnos cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos, el estudio morfopsicológico nos permite:
  • Entendernos y entender más y mejor a nuestros seres más queridos.
  • Mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
  • Perdonarnos y perdonar a los demás a partir de la comprensión.
  • Reconocernos en nuestra esencia, trascendiendo nuestro ego.
  • Identificar patrones inconscientes disfuncionales y explorar nuevos recursos adaptativos.
  • Aprender a gestionar nuestras emociones.
  • Sanar heridas que dominan nuestras vidas.
  • Aumentar nuestra autoestima y seguridad.
  • Focalizar en nuestras competencias innatas.

Y, sobre todo, conectar con nuestro propósito vital y alinearnos con él según nuestra forma de ver, pensar, sentir y actuar.

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