Conoce cuáles son las razones por las que te autosaboteas.

Coaching con neurociencias.

“Sigue a tu corazón, pero llévate a tu cerebro contigo”. Alfred Adler

No todos llegan a un proceso de coaching por el/los mismo/s motivo/s ni en las mismas condiciones. Algunos se acercan porque están en un momento de transición y necesitan reinventarse; otros porque necesitan un empujón para “animarse a”; otros porque se desencontraron consigo mismos y no saben cómo reconectarse, y algunos más porque quieren cambiar algunos hábitos y no saben por dónde empezar.

Como vemos, todos quieren seguir su corazón y cambiar para mejor, aunque el sólo hecho de leer cada consigna nos sugiere que en algunos casos el cerebro de las personas parece estar “en pausa”, resistiéndose al cambio o en bucle y a punto de estallar. Ya lo hemos mencionado en artículos anteriores, pero lo repetimos porque es sumamente importante entender que todas nuestras acciones, (inacciones) y comportamientos se originan en nuestro cerebro.

Es decir, para animarnos, reinventarnos, reconectarnos y/o cambiar un hábito, necesitamos poner luz sobre aquellos patrones inconscientes que rigen algunos de esos comportamientos que nos llevan a hacer siempre lo mismo. Pero una aclaración aquí. Esto no sucede porque el cerebro sea egoísta. Por el contrario, él quiere protegernos, cuidarnos y velar por nuestra supervivencia; en cierta forma piensa algo así como: “si hemos sobrevivido y ha funcionado hasta ahora, ¿para qué aprender cosas nuevas?”

Y a propósito de esto, me pregunto: ¿será por no tener en cuenta esta manera de funcionar del cerebro que muchas veces un proceso de coaching se extiende en el tiempo o no se consiguen resultados sostenibles? Veamos un poco más.

No resulta curioso, después de lo dicho, deducir que el cerebro nunca promoverá un cambio por sí solo. Tiene que existir un estímulo interno y/o externo para que se produzca el mismo. Una persona tiene que querer -de verdad- tomar las riendas del asunto y hacerse cargo; caso contrario, nuestro cerebro procurará seguir manteniéndonos en la zona de aparente confort y aparente seguridad.

Por todo ello, la neurociencia es un aporte invaluable en el coaching y en cualquier proceso de desarrollo personal, justamente porque nos permite entender cómo actúan los centros de recompensa, miedo y estrés del cerebro en cada momento. Luego, resulta más simple tomar acción para modificar esos circuitos y crear otros nuevos y más funcionales enfocados en el objetivo que deseamos conseguir.

Veamos un ejemplo bastante universal para entender a qué nos referimos. Por ejemplo, cuando a través del móvil vemos un like, un comentario halagador o una interacción interesante en nuestras redes sociales, nuestro cerebro experimenta una recompensa inmediata que, sin darnos cuenta, nos engancha, nos crea una adicción y entramos en una espiral de la que no podemos salir. El hecho grave es que esto nos bloquea, no dispersa, nos deja avanzar en otros temas y es una clara forma de boicotearnos para no llegar a donde queremos realmente.

Pero esta conducta impulsiva se transfiere a otras facetas de la vida y pueden ser bastante limitadoras. Por ejemplo, alguien que está haciendo una dieta para bajar de peso. Su objetivo final son 10 kilos y aunque cada semana logra perder 1 kilo, cada fin de semana lo recupera. Así, en bucle hace tiempo. ¿Qué sucede? Seguramente, no se está activando su circuito de recompensa y entonces no está generando suficiente dopamina para motivarse para alcanzar su meta. En cambio, tiene una conducta impulsiva que no le permite renunciar al placer inmediato (atracón como recompensa a haber perdido peso), que lo obliga a postergar infinitamente su objetivo a mediano plazo.

Estos ejemplos son de utilidad para poner el acento en lo limitadora que resulta esa forma impulsiva de actuar. Lo curioso es que si no desactivamos esa recompensa inmediata, la tolerancia a la frustración también se minimiza. ¿Por qué? Porque la neuroplasticidad de nuestro cerebro va grabando nuevas sinapsis que buscan impulsivamente el placer inmediato en todo. Si creamos esos circuitos, el largo plazo, el esfuerzo y la tolerancia a la frustración, como hemos dicho, desaparecen. Es decir, cada vez somos menos capaces de soportar el esfuerzo que va asociado a conseguir ciertos retos de mayor envergadura.

Por ello, en ambos casos, las personas deben tomar conciencia, en primer lugar, de esa conducta impulsiva que les ha llevado a desarrollar el hábito de buscar -constantemente- ese estado de placer inmediato, boicoteándoles de cualquier objetivo a mediano/largo plazo. Sucede que muchos de nuestras hábitos están atrapados en maneras de hacer; incluso maneras de hacer que nos hacen daño. Todos tenemos determinados hábitos y creencias atrapadas que nos pensamos que forman parte de nosotros de una manera natural, pero no es así. Lo bueno es que si tomamos conciencia, podemos caproceso mbiarlos.

Claro que, aunque nos hemos referido particularmente a neurocomportamientos impulsivos, no son estos los únicos que resultan limitantes. Hay personas, por ejemplo, que tienen un comportamiento agresivo constante y suelen padecer cierto aislamiento social; otros que sufren una rumiación excesiva y se mantienen estancados en medio de ese círculo vicioso de pensamiento. En cualquier caso, NeuroQuotient® es la herramienta con solidez y base científica, que nos permite detectar la información que hay en nuestro inconsciente de una manera práctica, rápida y eficaz, para poder trabajarla inmediatamente.

Cuando entendemos un poco más sobre cómo funciona nuestro cerebro nos volvemos más observadores, estamos más atentos en nuestra vida diaria. Por ello, el coaching con neurociencias y específicamente con NeuroQuotient®, nos deja cierta sabiduría posterior para detectar posibles y futuras alarmas en nuestro comportamiento.

Neurocoaching: entrena tu voluntad y consigue lo que te propones.

Aunque parece que sucedió hace mucho, sólo hace un poco más de un mes que hemos comenzado un nuevo año y, como casi siempre, un inicio en el que muchos aprovechamos para trazar nuevos propósitos, cambiar hábitos y/o crear otros más saludables. Sin embargo, aunque la mayoría de esos planes nacen con una intención irrevocable, se diluyen tiempo después de haber estrenado calendario. ¿Te suena familiar? Veamos un poco más.

¿Por qué sucede esto? Por un lado, somos parte de una sociedad en la que prima el concepto de la inmediatez por sobre el esfuerzo y la voluntad para conseguir algo. Queremos resultados y los queremos ya mismo, por lo que cuando se nos plantea un desafío más grande o que requiere de un esfuerzo superior, nuestra respuesta casi siempre es intentarlo inicialmente pero tirar la toalla ante la primera dificultad o conformarnos con medias tintas. En este sentido, no resulta curioso que las estadísticas señalen que a mediados de enero solo un 25% mantiene sus propósitos, y 6 meses después esa cifra se reduce a un 5%.

Ahora bien, según los expertos todo esto no ocurre porque esté en nuestra naturaleza el abandono como algo crónico; ocurre porque al cerebro le resulta agotador adquirir nuevos hábitos y romper los antiguos, lo sencillo para él es seguir con sus rutinas y con todo lo que ha funcionado hasta ahora. Nuestra vida es un conjunto de hábitos. Cómo y cuándo dormimos, cómo trabajamos, lo que comemos y hasta la forma en la que conducimos constituye una costumbre.

Por ello, para que un cambio pueda ocurrir con éxito, además de la intención y de proyectar un plan realista y realizable, necesitamos entrenar nuestra voluntad.

Suena raro utilizar la palabra entrenamiento para referirnos a algo que es abstracto, pero lo cierto es que la voluntad opera como un músculo. Entre otras cosas, esto significa que se fortalece con la repetición, se fatiga con el uso excesivo, se atrofia con la falta del mismo, y toma fuerza con una correcta nutrición y descanso. Daniel Goleman se refería a la fuerza de voluntadautorregulación como uno de los rasgos básicos de la inteligencia emocional que supone la capacidad para diferir o aplazar las gratificaciones de manera racional y consistente. Dicho de otra forma, la fuerza de voluntad nos permite aplazar la recompensa inmediata, sobre todo aquella obtenida de los impulsos negativos y/o de los malos hábitos como fumar, comer en exceso o llevar una vida sedentaria.

La fuerza de voluntad nos hace más libres.

Porque una cosa es creer somos libres y dueños de nuestras decisiones cuando -sin voluntad-, en realidad somos esclavos de nuestros instintos, de lo que estamos habituados a hacer, de nuestros automatismos. Este tipo de conducta es algo que nos hace sentir mal, afectando incluso a nuestra autoconfianza y autoestima. De hecho, nos percibimos como que no podemos hacer lo que nos proponemos e incluso tomamos las decisiones priorizando lo inmediato y sin tener en cuenta las consecuencias.

La voluntad nos da la capacidad de decidir con libertad y hacer una elección consciente de aquello que deseamos ser y hacer. Por ello, cuando por fin tomamos la decisión de ejercitarla, al igual que un músculo se va fortaleciendo poco a poco. No obstante, como decíamos párrafos antes, necesitamos trazar metas realistas, realizables y coherentes con nuestro estilo de vida. Quiero decir, que la meta no sea participar de una maratón cuando ni siquiera estamos acostumbrados a correr o a caminar diez calles seguidas.

Otra clave es conectar la meta con nuestra motivación ya que las razones en las que nos basamos para justificar nuestro esfuerzo influyen en su fuerza de voluntad. Esto significa que si lo que nos mueve es nuestra motivación intrínseca, es decir, algo interior y autónomo y no controlado externamente, entonces nuestras probabilidades de conseguir la meta propuesta aumenta notablemente. 

Sabiendo esto, ¿empezamos el entrenamiento?

5 sesiones de coaching con NeuroQuotient® para conectar con nuestra motivación y entrenar nuestra voluntad. Un proceso intenso y efectivo que nos permitirá ser más más libres y tomar decisiones más conscientes y más acordes a lo que necesitamos para nuestro bienestar.

5 sesiones para comprender el origen de nuestros comportamientos y adoptar herramientas sencillas para entrenar el cerebro y convertirlo en nuestro aliado en el día a día. Justamente es NeuroQuotient® la herramienta diferencial de este proceso que nos facilita poner luz de manera práctica y efectiva sobre la información que hay en nuestro inconsciente. De esta manera, sabemos desde qué estado actual partimos y en qué trabajar para conseguir lo que queremos.  Aunque las hemos ido repasando, algunas cosas que nos llevamos puestas de este proceso son:

  • Aprender a trazar objetivos realizables y coherentes.
  • Conectar con nuestra motivación intrínseca.
  • Salir del piloto automático y tomar el control deliberado.
  • Aprender a nutrir y a administrar correctamente la voluntad.
  • Reconocer nuestra parte impulsiva, identificar cuando está tomando el control y aprender a interrumpirla en el momento adecuado.

«La voluntad es la única fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica». A. Einstein.

Neurocoaching: 5 sesiones para aprender a entrenar tus soft skills.

Habilidades para resolver; coraje para innovar y asumir riesgos; capacidad para aprender y desaprender; apertura para escuchar y comunicar ideas asertivamente; empatía, flexibilidad, resiliencia, pensamiento crítico, creatividad y autonomía, son algunas de las habilidades blandas o soft skills más valoradas hoy en el mundo empresarial, profesional y personal. Entre otras cosas porque permiten responder adaptativamente a los complejos y constantes cambios del mundo de hoy.

Esa alta valoración tiene que ver con que todas esas habilidades definen la forma en la que vamos a trabajar, la determinación con la que vamos a afrontar retos y desafíos y la manera en la que vamos a tomar decisiones y/o resolver problemas. Ahora bien, todas estas habilidades blandas se pueden aprender y se pueden entrenar. De hecho, se denominan soft justamente porque no obedecen a una regla fija, sino que son evolutivas, mejorables y moldeables. Este es el objetivo primero de este proceso de coaching con neurociencias

Proceso que entiende que cada uno de nosotros es único y tiene sus propios patrones inconscientes que rigen sus comportamientos y su toma de decisiones. Esto significa que no todos comenzamos este proceso desde el mismo sitio, pues cada uno tendrá sus propios patrones producto de sus creencias, valores, educación, entorno social, experiencia, estado actual, estados de ánimo; incluso por cómo están nuestros niveles químicos y hormonales.

En ese sentido, la posibilidad de poner luz sobre todo esto de forma rápida, práctica y eficaz resulta invaluable y es posible gracias a NeuroQuotient® -una herramienta con solidez y base científica-.

Esta herramienta nos facilita esa toma de conciencia individual; esa “foto” de nuestro estado actual que, además de ahorrarnos mucho tiempo, nos permite visibilizar aspectos propios inconscientes y, a veces, impensados. Pero esto no es lo único.

Durante las 5 sesiones de coaching aprenderemos pautas básicas sobre el funcionamiento del cerebro para convertirlo en nuestro aliado natural y para “llevarnos puestas” a la vida cotidiana y a cualquier entorno del que seamos parte. Sobre todo porque todas las habilidades/competencias que hemos mencionado están íntimamente ligadas al funcionamiento del cerebro.

Por ejemplo, la empatía y la comunicación asertiva tienen una estrecha vinculación con cómo funcionan las neuronas espejo. Efectivamente, este grupo neuronal se activa cuando realizamos una acción, cuando observamos cómo otros la realizan o cuando imaginamos estar haciendo esa acción. Son las responsables de proporcionarnos un marco adecuado para el aprendizaje, el entendimiento y la sintonización.

Es decir, no sólo percibimos e interpretamos una conducta, sino también la emoción, el estado de ánimo que subyace de esa conducta. En un nivel superior, estas neuronas nos ayudan a contagiar a otros una emoción particular. Algo primordial en los ámbitos profesionales y personales, porque además es una forma de desarrollar la capacidad de influencia positiva.

Entre otras cosas, este proceso también nos permite entender cómo actúan en cada uno de nosotros y en cada momento los sistemas de recompensa y del miedo. Es decir, qué pasa si uno de ellos toma el mando en determinadas situaciones o cómo se disparan en respuesta a conductas impulsivas. En cualquier caso, auto-liderarnos también supone la capacidad para identificar cómo funcionan esos circuitos y cómo gestionarlos.

Después de lo dicho, queda claro que si somos capaces de mejorar esas competencias, inexorablemente, mejoraremos la relación con nosotros mismos y con los demás.

Será más natural liderar, si antes asumimos el compromiso de liderar nuestra vida desde la responsabilidad y la autenticidad. Será más simple conseguir metas conjuntas y motivar a otros para ello, si antes superamos las expectativas con las propias.

Vivir un proceso de coaching que nos facilite comprender el origen de nuestros comportamientos y adoptar herramientas sencillas para entrenar el cerebro en aspectos clave de la vida personal, social y profesional, es una aportación invaluable para todas las personas interesadas en su evolución y crecimiento.

Específicamente en el mundo profesional y en los entornos empresariales, el desarrollo y el entrenamiento de las habilidades blandas son indicadores muy relevantes -tanto como los conocimientos técnicos-. Esto no es nuevo y mucho menos se trata de algo arbitrario. Hoy por hoy, como decíamos al comienzo de este artículo, es importante saber qué hacer, aunque es tanto o más importante saber cómo hacerlo. La forma en la que nos paramos frente a las decisiones y a los retos, y la forma en la que trabajamos en equipo definen la calidad de nuestro liderazgo.

Neurocoaching: entiende cómo funciona tu cerebro para empoderarte.

¿Es suficiente pensar, sentir y actuar en coherencia?

Muchos programas de desarrollo personal nos proponen llevarnos a esta nivel óptimo de coherencia, sin embargo, hay un pequeño detalle que siempre se omite. Quiero decir, habitualmente pensamos, sentimos y actuamos en coherencia, sin embargo, y aquí el detalle, lo hacemos sin que todo aquello este en línea con nuestros deseos, metas y/o necesidades. Veamos de qué hablamos. 

Efectivamente, podemos proponernos cualquier cosa; por ejemplo, ahorrar para hacer un viaje de vacaciones, pero si en ocasiones anteriores no lo hemos logrado -y nada hemos cambiado en nosotros- ¿por qué suponemos que esta vez sí lo lograremos? Muchas veces es difícil desarrollar esta mirada porque supone comprender cómo funciona nuestro cerebro en nuestro quehacer cotidiano. No necesitamos grandes desafíos para entenderlo y, de hecho, basta con el pequeño ejemplo que hemos dado para comprender de qué se trata.

En el supuesto planteado podemos deducir que en estas vacaciones deseo ir al caribe porque mi objetivo es descansar. No perdamos de vista la palabra deseo y la palabra objetivo; este último término unido estrictamente al primero. Para ello, necesito ahorrar mes a mes una suma fija de dinero. El primer mes, como en tantas otras ocasiones, no lo consigo porque tengo un gasto imprevisto; aunque tampoco lo consigo el segundo y el tercer porque me he rendido a unos caprichos. De esta forma, cuando me quiero dar cuenta, entiendo que finalmente tendré que resignar el destino y buscar algo más cercano y accesible -como cada año, claro-. Ahora bien, si analizamos detenidamente el supuesto, veremos que en realidad SÍ existe coherencia en la forma de pensar, sentir y actuar (inconsciente) que me deja siempre en el mismo lugar porque está desconectada del deseo y del objetivo (consciente).

Esto sucede porque todo lo que pensamos, sentimos y hacemos tiene un altísimo porcentaje de “piloto automático”, pero aún así, es coherente.

Esto significa, entre otras cosas, que si no alineamos lo consciente y lo inconsciente, nuestros comportamientos nunca responderán al deseo u objetivo que queremos, incluso aunque lo gritemos con todas nuestras fuerzas. Entonces, ¿el cerebro nos hace trampas?

Pues sí y no. Recordemos que el cerebro es noble y quiere resguardarnos de tomar riesgos, por ello escoge patrones conocidos que  han funcionado previamente en situaciones similares. Él sabe -por ejemplo- que un capricho nos hace bien y prioriza esta recompensa inmediata a la recompensa a largo plazo que nos dará el descanso.

Pero, de acuerdo a lo visto y en función a que no responde a nuestra planificación, ¿podríamos tildarlo de incoherente? Pues no. Él es coherente con lo aprendido y desarrolla patrones de comportamiento para mantenernos seguros. El pequeño ejemplo que hemos dado es sólo eso, un pequeño ejemplo. Sin embargo, esa misma forma de funcionar se replica también en grandes proyectos de mediano y largo plazo. Por ejemplo, imaginemos que queremos terminar -por fin- la carrera de abogacía, pero nuestro inconsciente tiene guardada información que asocia esa profesión con personas deshonestas, ¿creemos, de verdad, que si no cambiamos esa asociación lograremos el objetivo?

¿Y entonces? Vayamos al grano. Los únicos responsables de esa falta de alineación somos nosotros mismos. Como sabemos y hemos visto de sobra en artículos anteriores, está en nuestro poder el hecho de revisar esos patrones inconscientes para eliminarlos, cambiarlos o crear otros nuevos más acordes y funcionales a nuestra vida hoy y a nuestros proyectos.

Esta posibilidad nos la simplifica un proceso de coaching con neurociencia.

La diferencia sustancial que supone el neurocoaching, como se lo llama habitualmente, es que nos permite tomar conciencia sobre los circuitos neuronales inconscientes que originan nuestros comportamientos y, basándose en la neuroplasticidad, nos facilita el cambio, la modificación y o la creación de nuevas sinapsis. Es decir, nuevas redes neuronales más alineadas y más coherentes con nuestros proyectos de vida -conscientes- y actuales.

Por ejemplo, en el primer ejemplo que hemos dado, el neurocoaching nos permitiría comprender por qué en nos rendimos a un capricho inmediato y breve en vez de concentrar nuestra voluntad en conseguir un merecido y placentero descanso vacacional. En el segundo ejemplo, el neurocoaching nos permitiría identificar esa asociación inconsciente: abogado=deshonesto, para cambiarla. Al final, ¿para qué nos sirve esa información almacenada a partir de una mala experiencia o de un comportamiento exclusivo de una persona? Pues lo cierto es que no nos sirve de nada porque generaliza una cualidad arbitrariamente; no obstante, allí guardada, es un obstáculo fuertemente limitante en nuestro proyecto vital.

En cualquier caso, y aunque todo esto que hemos contado puede parecer un proceso tedioso y extenso, no lo es. Gracias a NeuroQuotient®herramienta con solidez y base científica, nos es posible detectar la información que hay en nuestro inconsciente de una manera práctica, rápida y eficaz, para poder trabajarla inmediatamente.

A través de este proceso de neurocoaching conseguirás, entre otras cosas:

  • Identificar los patrones que te llevan a auto-sabotear los proyectos.
  • Conocer tus fortalezas para potenciarlas y apoyarte en ellas.
  • Ordenar los pensamientos, emociones y acciones para ser más eficiente.
  • Entender cómo funciona tu cerebro para empoderarte.
  • Desarrollar nuevas conexiones neuronales más óptimas para tu vida actual.
  • Alcanzar mejores resultados en menos tiempo.

Sobre todo, conseguir seguridad personal, energía, concentración y foco.

Neurociencia y Coaching: sigue a tu corazón, pero llévate a tu cerebro contigo.

No todos llegan a un proceso de coaching por el/los mismo/s motivo/s ni en las mismas condiciones. Algunos se acercan porque están en un momento de transición y necesitan reinventarse; otros porque necesitan un empujón para “animarse a”; otros porque se desencontraron consigo mismos y no saben como reconectarse, y algunos más porque quieren cambiar algunos hábitos y no saben por dónde empezar.

Como vemos, todos quieren seguir su corazón y cambiar para mejor, aunque el solo hecho de leer cada consigna nos sugiere que en algunos casos el cerebro de las personas parece estar “en pausa”, resistiéndose al cambio o en bucle y a punto de estallar. Ya lo hemos mencionado en artículos anteriores, pero lo repetimos porque es sumamente importante entender que todas nuestras acciones, (inacciones) y comportamientos se originan en nuestro cerebro.

Es decir, para animarnos, reinventarnos, reconectarnos y/o cambiar un hábito, necesitamos poner luz sobre aquellos patrones inconscientes que rigen algunos de esos comportamientos que nos llevan a hacer siempre lo mismo. Pero una aclaración aquí. Esto no sucede porque el cerebro sea egoísta. Por el contrario, él quiere protegernos, cuidarnos y velar por nuestra supervivencia; en cierta forma piensa algo así como: “si hemos sobrevivido y ha funcionado hasta ahora, ¿para qué aprender cosas nuevas?” 

¿Será por no tener en cuenta esta manera de funcionar del cerebro que muchas veces un proceso de coaching se extiende en el tiempo o no se consiguen resultados sostenibles? 

No resulta curioso, después de lo dicho, deducir que el cerebro nunca promoverá un cambio por sí solo. Tiene que existir un estímulo interno y/o externo para que se produzca el mismo. Una persona tiene que querer -de verdad- tomar las riendas del asunto y hacerse cargo; caso contrario, nuestro cerebro procurará seguir manteniéndonos en la zona de aparente confort y aparente seguridad.

Por todo ello, la neurociencia es un aporte invaluable en el coaching y en cualquier proceso de desarrollo personal, justamente porque nos permite entender cómo actúan los centros de recompensa, miedo y estrés del cerebro en cada momento. Luego, resulta más simple tomar acción para modificar esos circuitos y crear otros nuevos y más funcionales enfocados en el objetivo que deseamos conseguir.

Veamos un ejemplo bastante universal para entender a qué nos referimos. Por ejemplo, cuando a través del móvil vemos un like, un comentario halagador o una interacción interesante en nuestras redes sociales, nuestro cerebro experimenta una recompensa inmediata que, sin darnos cuenta, nos engancha, nos crea una adicción y entramos en una espiral de la que no podemos salir. El hecho grave es que esto nos bloquea, no dispersa, nos deja avanzar en otros temas y es una clara forma de boicotearnos para no llegar a donde queremos realmente.

Pero esta conducta impulsiva se transfiere a otras facetas de la vida y pueden ser bastante limitadoras. Por ejemplo, alguien que está haciendo una dieta para bajar de peso. Su objetivo final son 10 kilos y aunque cada semana logra perder 1 kilo, cada fin de semana lo recupera. Así, en bucle hace tiempo. ¿Qué sucede? Seguramente, no se está activando su circuito de recompensa y entonces no está generando suficiente dopamina para motivarse para alcanzar su meta. En cambio, tiene una conducta impulsiva que no le permite renunciar al placer inmediato (atracón como recompensa a haber perdido peso), que lo obliga a postergar infinitamente su objetivo a mediano plazo.

Estos ejemplos son de utilidad para poner el acento en lo limitadora que resulta esa forma impulsiva de actuar. Lo curioso es que si no desactivamos esa recompensa inmediata, la tolerancia a la frustración también se minimiza. ¿Por qué? Porque la neuroplasticidad de nuestro cerebro va grabando nuevas sinapsis que buscan impulsivamente el placer inmediato en todo. Si creamos esos circuitos, el largo plazo, el esfuerzo y la tolerancia a la frustración, como hemos dicho, desaparecen. Es decir, cada vez somos menos capaces de soportar el esfuerzo que va asociado a conseguir ciertos retos de mayor envergadura.

Por ello, en ambos casos, las personas deben tomar conciencia, en primer lugar, de esa conducta impulsiva que les ha llevado a desarrollar el hábito de buscar -constantemente- ese estado de placer inmediato, boicoteándoles de cualquier objetivo a mediano/largo plazo.

Sucede que muchos de nuestras hábitos están atrapados en maneras de hacer; incluso maneras de hacer que nos hacen daño.

Todos tenemos determinados hábitos y creencias atrapadas que nos pensamos que forman parte de nosotros de una manera natural, pero no es así. Lo bueno es que si tomamos conciencia, podemos cambiarlos.

Claro que, aunque nos hemos referido particularmente a neurocomportamientos impulsivos, no son estos los únicos que resultan limitantes. Hay personas, por ejemplo, que tienen un comportamiento agresivo constante y suelen padecer cierto aislamiento social; otros que sufren una rumiación excesiva y se mantienen estancados en medio de ese círculo vicioso de pensamiento. En cualquier caso, NeuroQuotient® es la herramienta con solidez y base científica, que nos permite detectar la información que hay en nuestro inconsciente de una manera práctica, rápida y eficaz, para poder trabajarla inmediatamente.

Cuando entendemos un poco más sobre cómo funciona nuestro cerebro nos volvemos más observadores, estamos más atentos en nuestra vida diaria.

Por ello, el coaching con neurociencias y específicamente con NeuroQuotient®, nos deja cierta sabiduría posterior para detectar posibles y futuras alarmas en nuestro comportamiento.

Los deseos no cambian nada; las decisiones lo cambian todo.

JRR Tolkien, el autor de El Señor de los anillos, afirmó: “no todos los que viajan sin rumbo están perdidos”. Dicho de otra forma, perderse, confundirse y sentir en la piel la evidencia de plantearse una mejora o un nuevo futuro, suponen un buen indicio para reciclarse y para retomar las riendas de nuestra vida profesional. Efectivamente, nunca dejamos de aprender y siempre estamos a tiempo de tomar decisiones y definir o redefinir nuestras metas. 

Cualquier momento es bueno para reinventarnos.

Si coincidimos en esta apreciación, entonces siempre encontraremos el momento oportuno para decidirnos a continuar y mejorar en la situación la que estamos, o bien para comenzar a trazar un nuevo camino. Y por favor, evitemos aquí las excusas del estilo: “Ya estoy grande y es lo que hay”, “Ya estoy fuera de competencia” o “No tengo tiempo para cursillos que poco o nada podrán sumar a mi perfil”. Existen muchos casos que “rompen” con estas creencias conformistas y vacías de realidad.

Por ejemplo el caso Amancio Ortega, fundador de Zara, dependiente de tienda de ropa hasta los 30, y JK Rowling, la creadora de Harry Potter, madre soltera desempleada hasta los 31. Todos sabemos que esos casos pueden funcionar como inspiración y nos recuerdan que se puede cambiar -incluso radicalmente- de trayectoria profesional en cualquier momento y por más impensado que parezca. Aunque, igual que ellos, existen un sinfín de profesionales cercanos y anónimos que nos inspiran porque han cambiado o están intentando cambiar sus vidas de una manera más modesta y gradual.

Necesitamos ser conscientes de que la flexibilidad, la creatividad y la adaptación deben mantenerse -sobre todo hoy- como una constante.

¿Por qué digo esto? Más allá de la situación particular de cualquier persona en un momento puntual de su vida, sabemos que la permanencia en la vida laboral es cada vez más larga, que el empleo para toda la vida ya no existe, y que en muchas ocasiones, son factores externos nos “obligan” a reinventarnos: prescinden de nuestro trabajo, nos cambian de puesto y/o quedamos fuera por falta de liderazgo, de trabajo en equipo, de iniciativa, etc. Y ahí, cuando otros toman las decisiones por nosotros, es cuando nos agarran las prisas y la desesperación. Mario Alonso Puig resume esta situación con estas palabras:

«Las personas sólo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo».

No obstante, el cambio está en nuestras manos y de lo único que requiere es de nuestra iniciativa para comenzarlo. Cuanta más anticipación, menos improvisación. Cuanto más autoconocimiento, menos indecisión. Cuanta más preparación, menos sorpresas. Porque todo es diferente si tomamos la decisión de responder a la realidad laboral, haciendo y fortaleciendo la mejor versión profesional de nosotros mismos.

Efectivamente, para dar con esa mejor versión profesional y con el objetivo de mejorar nuestro actual desempeño, para redirigir nuestra carrera profesional o para cambiar el rumbo de nuestro proyecto laboral, etc., un proceso de coaching ejecutivo es altamente eficaz. Así nos lo señala Ester González, directora de Optímas que, entre otras cosas, asegura: “Cualquier proceso de cambio comienza por descubrirnos y saber qué hay en cada uno de nosotros”.  

Según Perry Zeus y Suzanne Skiffington, “el coaching ejecutivo es una relación individualizada y de colaboración, entre un ejecutivo y un coach, con el objetivo de conseguir un cambio sostenido en su comportamiento y transformar su calidad de vida personal y profesional”.

Ahora bien, si dentro de ese mismo proceso utilizamos NeuroQuotient®, el cambio puede ser mucho más rápido, certero, eficaz y sostenible.

¿Por qué? Porque partimos de un estado actual que, lejos de la fantasía, nos permite poner realidad sobre muchas cuestiones. Veamos un poco más.

Esta herramienta -de base científica- nos permite conocer la información que hay en nuestro inconsciente y hacerla evidente de una manera práctica y rápida. Entre otras cosas, nos facilita hacer conscientes los patrones inconscientes que rigen todos nuestros comportamientos; aquellos que necesitamos modificar, aquellos que necesitamos mejorar y otros que ya no nos resultan funcionales en nuestra vida.

Por ejemplo, en el supuesto que hemos planteado “encontrar nuestra mejor versión profesional”, necesitamos conocer cómo es nuestro comportamiento -hoy-; cómo es nuestra percepción, personalidad, emociones y conducta.

Partiendo de este estado actual que nos permite evidenciar NeuroQuotient® -como si fuera una foto-, es mucho más sencillo identificar los aspectos en los que necesitamos focalizar para alcanzar el estado deseado; o sea, nuestra mejor versión para hacer lo que queremos hacer.

Y me detengo aquí para repasar otro ejemplo. Juan ha decidido trazar un nuevo camino y emprender un negocio por su cuenta. Sabe que para ello necesitará aprender a delegar, a tomar decisiones bajo presión, a gestionar su estrés y a fortalecer sus competencias de liderazgo, entre otras cosas. ¿Qué le revelará neuroquotient®? Cómo está en cada unos de esos aspectos (y otros) hoy. Cómo está, qué le falta, qué tiene y qué necesita mejorar.

Está claro que una vez que somos conscientes de nuestras eficacias y limitaciones, de nuestras debilidades y fortalezas, de nuestras carencias y necesidades, es más fácil tomar las decisiones que tenemos que tomar para alinearlas con el objetivo que queremos conseguir. Por todo ello, esta herramienta resulta invaluable dentro del proceso de coaching ejecutivo y dentro de cualquier proceso de crecimiento y desarrollo personal.

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