Coaching Estratégico: derriba los muros que te impiden alcanzar tus objetivos.

“Baja a tierra” tu proyecto, meta y/o objetivo.

Existen cambios inevitables, los que no decidimos, los que tienen que ver con la evolución propia de nuestro cuerpo y de nuestra historia. No obstante, hay cambios, metas y desafíos que están relacionados con nuestros deseos. Por ejemplo, cuando decidimos encarar un nuevo proyecto, iniciar una carrera, cambiar hábitos de alimentación, mudarnos, hacer un deporte, etc. Sin embargo, a pesar de que lo deseamos y lo tenemos presente en la mente cada día, tantísimas veces lo postergamos, nos quedamos en el camino o no tomamos la fuerza necesaria para comenzarlo. Mientras más mentalizamos, menos materializamos.

Esta forma de autosabotaje es muy común y está relacionada con creencias profundas que nos alejan de la meta, incluso a pesar del gran deseo y motivación que podamos tener. Porque lo cierto es que la motivación funciona como un motor para el cambio, pero no es suficiente. A veces deseamos cambiar pero nos cuesta llegar a la acción, nos debatimos internamente entre costos y beneficios, tenemos miedo a lo nuevo y posponemos las acciones concretas para encarar nuestro plan. Si por ejemplo creemos que no vamos a poder, efectivamente, no vamos a poder.

El coaching estratégico supone un gran aliado a la hora de diseñar un plan realista y realizable.

Por un lado porque contempla el hecho de que no podemos evitar recurrir al autoengaño en nuestra percepción de la realidad y, en tal sentido, todas las técnicas que utiliza se usan de forma estratégica para que superemos esas resistencias, autoengaños y bloqueos que impiden el pleno desarrollo de nuestro talento y/o la concreción de objetivos. Por otro lado, nos facilita el zoom y la perspectiva para que nos sea posible generar un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente que necesitamos llevar adelante para lograr lo que sea.

Isabel Boix, nuestra coach estratégica, señala que en la mayoría de los casos 5 sesiones de coaching estratégico son suficientes para que las personas “bajen a tierra” su proyecto y/o su objetivo y diseñen un plan realista y realizable para cumplirlo. A propósito de esto, también nos cuenta que mientras a muchas personas les cuesta mucho definir el objetivo; a otras se les hace cuesta arriba imaginar escenarios, y a otros se paralizan cuando tienen que trazar el plan de acción final. Lo cierto es que todos somos diferentes y ella está ahí para ser la guía y darnos el apoyo que en cada etapa necesitemos.

De esta forma, una vez que se determina el objetivo y este cumple con el requisito de ser realista y realizable, entonces es posible enumerar y evaluar las soluciones intentadas que hasta ahora no han funcionado. También nos permite detectar por qué no han funcionado; es decir, si el problema era que el objetivo estaba mal planteado, si no era realista, etc.

Inmediatamente después, la metodología nos invita a pensar en cómo empeorar la situación. Una de las estratagemas más utilizadas en esta fase propone que: “si quieres aprender a enderezar una cosa, primero aprende a retorcerla de todas las formas posibles”. Se trata de pensar en cómo podríamos hacerlo peor, y aunque a priori puede parecer absurdo, cuando las personas nos esforzamos en pensar de acuerdo a esta lógica paradójica, podemos conseguir, por ejemplo, ver las cosas desde otro punto de vista para identificar alternativas que de otra forma no se nos hubieran ocurrido.

¿Somos capaces de visualizar el éxito del objetivo sin sabotaje?

Se trata de convencer a nuestra propia mente sobre todas las características de la situación ideal. Recordemos que en la visualización el cerebro no distingue si es verdad o es mentira, por ello, al recrear la realidad ideal también podemos seleccionar los aspectos realizables y después empezar a actuar en tal dirección.

Hasta aquí hemos repasado el caos, hemos desarrollado otros puntos de vista y hemos imaginado la situación ideal. Ahora corresponde trazar un plan de acción para llegar a esa situación y la técnica del escalador es una herramienta que nos facilita este salto para dejar de mentalizar y comenzar a materializar. Recordemos que cuando la planificación es sólo mental o defectuosa nos lleva a poner parches, a priorizar cuestiones que no son importantes, a mezclar todo y a perder de vista el objetivo. Este desorden supone la explicación respecto a por qué tantas veces hemos abandonado el plan o no lo hemos sabido mantener en el tiempo para que se consolide

“Bajarlo a tierra” nos permite identificar también si el plazo del proyecto es el correcto o necesitamos ajustarlo;  si hemos contemplado demasiados pasos juntos, o si alguno de ellos requiere cumplimentar sí o sí un paso anterior. Dicho de otra forma, nos permite tomar perspectiva rápida y fácilmente para hacer los ajustes que sean necesarios y mantener siempre la condición de realizable.

Puede que el auto-sabotaje de nuestro proyecto esté profundamente ligado a creencias en las que entendemos que no nos merecemos el éxito. Pero en cualquier caso, el coaching estratégico no se detiene en el problema sino que nos ayuda a encontrar la solución. Como menciona nuestra especialista, “si bien nos facilita la toma de conciencia, en paralelo nos permite re-significar el éxito; nos ayuda a romper los patrones que nos permitirá transformar ese viejo círculo vicioso, en un nuevo círculo virtuoso”.

Toma de decisiones estratégicas: 6 pasos para resolver y hacer mejor.

Coaching Estratégico.

A cada momento, tomamos decisiones; algunas vitales y otras más triviales que forman parte de la cotidianeidad. En cualquier caso, ambas suponen la toma de una decisión previa, incluso aquellas que por su frecuencia son automáticas. Esta misma dinámica que cualquiera de nosotros vive en su vida más íntima, también la viven los directivos y líderes de gestión en las empresas. Es decir, algunas decisiones son parte de la rutina de cada día, y otras son decisiones estratégicas que requieren de una mirada más pormenorizada y analítica.

¿Por ejemplo? Un nuevo plan de negocios, el lanzamiento de un nuevo producto, el replanteo de una campaña publicitaria o la resolución de conflictos dentro de un equipo de trabajo, son sólo algunas decisiones o intervenciones estratégicas de las que son parte los directivos y que son clave en la gestión empresarial. Una buena decisión tomada en tiempo, una mala decisión o la falta de decisión, pueden marcar un antes y un después -para bien o para mal- en muchas cuestiones.

A propósito de todo ello se me vienen a la mente casos como los de Blackberry, Atari, Kodak y Blockbuster. Todas marcas líderes que se expandieron por todo el mundo y eran las más elegidas por las personas. A propósito de esto, Simón Sinek, un referente mundial en materia de liderazgo, señaló: “Los que nos lideran nos inspiran. Ya sean individuos y organizaciones, seguimos a los líderes no porque tenemos que hacerlo, sino porque queremos”. Y esto es un poco lo que sucedía con estas marcas a lo largo del tiempo. Fueron líderes pero dejaron de serlo, tal vez porque no supieron cómo reinventarse; les faltó decisión, estrategia, visión a largo plazo, inspiración, reacción e innovación, o todo eso junto y en partes iguales.

Ahora bien, la metodología que nos propone Isabel Boix, nuestra experta en coaching estratégico, permite simplificar la toma de decisiones estratégicas; incluso aquellas complejas y susceptibles de análisis como las que hemos mencionado párrafos antes. Pero no es lo único. El enfoque estratégico, además de facilitar a líderes de gestión el acceso a una estrategia clara y estructurada, les ayuda a romper los límites de lo conocido para acceder a lo impensado y a identificar nuevos y distintos recursos creativos e inspiradores que de otra forma no emergerían.

El enfoque estratégico contempla 6 pasos bien diferenciados:

  1. Definir el problema/desafío.
  2. Determinar el objetivo.
  3. Evaluar las soluciones intentadas.
  4. Considerar otras posibilidades para empeorar la situación.
  5. Visualizar escenarios.
  6. Ascender hasta la cima.

Y en cada una de esas fases de la metodología se utilizan técnicas de probada efectividad y fáciles de incorporar en el día a día. Por ejemplo, la técnica de cómo empeorar, las visualizaciones, la técnica del escalador, las 13 estratagemas chinas, etc.

Incorporar una metodología para la toma de decisiones estratégicas y complejas permite focalizar la mente en una cosa por vez y, en consecuencia, liberar tiempo, ahorrar energía y facilitar la aparición de momentos de descubrimiento.

Cuando la mente está dispersa termina agotada, estresada, ansiosa, en bucle y muchas veces sin tomar acción ni resolver. Es fácil de ver de qué hablamos si ponemos un ejemplo simple que puede estar pasándole a cualquier lector en este momento. Supongamos que queremos cambiar de trabajo -teniendo trabajo-. Puede que si no tenemos estructurados los pasos a seguir -como la mayoría de las veces ocurre-, cambiar de trabajo permanezca como expectativa y nunca se convierta en proyecto concreto. Y lo cierto es que mientras esté en ese estado nunca requerirá por nuestra parte una decisión y aparecerán mil excusas para posponerla. En otras palabras, no hay meta, ni estructuración, ni visualización, ni estrategia y, en consecuencia, tampoco hay plan de acción.

No obstante, la mayoría de las decisiones que necesitan tomarse dentro de una organización no son postergables ni especulativas. Por el contrario, requieren respuestas y soluciones rápidas, efectivas y competitivas. Por ello, este método se dispone como una forma eficaz para gestionar el tiempo, aumentando la eficiencia, la efectividad y respondiendo a las demandas del mercado interno y externo sin perder la capacidad de innovación. Dicho de otra forma, un método que simplifica el análisis para que líderes y mandos intermedios puedan hacer mejor lo que ya hacen bien; cuestión fundamental en el arte del liderazgo y la dirección de empresas y equipos.

Coaching Estratégico. Dale un nuevo impulso a tu carrera profesional.

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Coaching Estratégico.

Dale un nuevo impulso a tu carrera profesional.

El coaching es un proceso de crecimiento de la persona en cualquier ámbito de su vida. Si tomamos como punto de partida la vida profesional, que es lo que nos ocupa en este artículo, solemos encontrarnos con diferentes desafíos: un ascenso, liderar personas, un cambio de empresa, la necesidad de una especialización, un nuevo puesto de trabajo y un largó etcétera.

De esta forma, sin importar para qué, es probable que todos en uno o en varios momentos de la vida profesional necesitemos un coach que nos ayude en el proceso para conseguir los resultados que deseamos. Específicamente el coaching estratégico es una disciplina que escoge lo mejor de la terapia Gestalt, Hipnosis conversacional, PNL, Coaching tradicional, etc., que permite procesos más efectivos y con una clara estructura y estrategia.

Es cierto que cuando hablamos de estrategias pareciera que estamos refiriéndonos a algo complejo y sofisticado. Sin embargo, son estrategias las que cada uno de nosotros aplicamos en nuestra vida diaria; son patrones y hábitos -la mayoría inconscientes- que provienen precisamente de unas estrategias que hemos aprendido a utilizar para obtener resultados, incluso aunque esos resultados no sean los esperados.

Entonces, ¿cuándo necesitamos un coach?

Cuando tomamos conciencia de que no podemos solos, cuando hemos probado y aplicado cada una de nuestras estrategias sin éxito, cuando hemos agotado la posibilidad de ver opciones alternativas, etc. Cuando estamos en esta instancia, no hacen falta grandes inventos; lo que necesitamos es un proceso que nos facilite clarificar la situación, que nos ayude a “bajar a tierra” nuestro proyecto y a trazar un plan de acción -realizable- para conseguirlo. El coaching estratégico nos ayuda a simplificar lo complejo.

Ahora bien, ¿cómo consigue esa efectividad? Alineando la psicología de la persona con el objetivo que desea alcanzar. Pongamos un ejemplo simple. Supongamos que un profesor es propuesto para ocupar el puesto de director de escuela. Él sabe que tendrá que prepararse para afrontar responsabilidades propias del puesto e incluso está convencido que puede hacerlo bien. Sin embargo, su mente, producto de una experiencia, ha asociado a los directores de escuela con personas distantes y manipuladoras. De esta forma, aunque él realmente desea el puesto, su accionar lo lleva a auto-sabotearse la posibilidad. ¿Contradictorio? Pues si y no, depende cómo lo veamos. Al final, el profesor piensa y actúa en coherencia. Pero lo que piensa, aunque puede ser viejo y poco fundamentado, le impide actuar de otra forma.

A propósito de lo dicho, Tony Robbins, el famoso orador motivacional, señala: “las creencias tienen el poder de crear y de destruir. Los seres humanos tenemos una imponente habilidad para tomar cualquier experiencia de nuestras vidas y crear un significado que nos incapacite o que pueda salvar literalmente nuestras vidas.” Ya sabemos qué significado le dio el profesor a la dirección escolar…

No obstante, es un momento clave para que entre en juego el coach estratégico. Básicamente, porque en el ejemplo que hemos dado y en todos los casos, nos ayudará a alinear nuestra forma de ser, pensar y sentir para que podamos lograr nuestro/s objetivo/s. Nos ayudará a revisar esos patrones y hábitos inconscientes para eliminarlos, cambiarlos o crear otros nuevos más acordes y funcionales a nuestra vida hoy y a nuestros proyectos. Un coach estratégico nos ayuda a encontrarnos con nuestros recursos, a crecer apoyándonos en nuestras fortalezas y a expandir nuestra psicología.

El coaching estratégico nos permite abordar los procesos con una estructura clara:
  • Comprender el estado presente.
  • Aclarar el estado deseado.
  • Evaluar las acciones intentadas. 
  • Visualizar posibles escenarios.
  • Seguir el camino más fácil hasta el objetivo.
Sólo cuando definimos claramente el objetivo a lograr podemos definir una estrategia y plan de acción concreto para conseguirlo.

El coaching estratégico supone un espacio para sincerarnos con nosotros mismos; para trabajar los conflictos internos si existen contradicciones entre nuestra programación anterior y el objetivo actual (como hemos visto en el ejemplo), y para fluir en los “momentos ahá” que suceden naturalmente cuando nos liberamos de algún bloqueo. Se trata de un proceso que nos ayuda a multiplicar las perspectivas y a tomar mejores decisiones.

Si lo pensamos, todos los seres humanos tenemos una necesidad innata de crecer. Crecer significa progresar, mejorar, expandir y esto se aplica a cualquier área de la vida. Puede que nos vaya muy bien en el trabajo pero tal vez nuestra relación esté pendiendo de un hilo; o puede que deseemos reinventarnos en nuestra profesión o encontrarle un sentido más profundo. En cualquier caso, y repito, aunque a veces sepamos lo que debemos hacer y cómo hacerlo, no podemos solos.

Como dice Isabel Boix, nuestra especialista en coaching estratégico, “dejemos de hacer siempre lo mismo. Abramos la mente y animémonos a crear nuevas posibilidades para empezar a hacer y conseguir el/los cambio/s que realmente deseamos”.

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Coaching Estratégico para reuniones efectivas y rentables.

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Coaching Estratégico.

¿Cómo conseguir reuniones efectivas y rentables?

Reuniones que se postergan, que se extienden, que cambian de horario, que no resuelven, que no suman, que no interesan, que están fijadas con cierta frecuencia, aunque no tengan un objetivo concreto y una lista interminable. Las reuniones son habituales, pero pocas de ellas son verdaderamente efectivas, útiles y funcionales al objetivo que persiguen.

En ese sentido, no hay sensación más frustrante que salir de una reunión y sentir que hemos perdido el tiempo, que se han lucido los discursos personalizados e inútiles, que no hemos tenido espacio para hablar o debatir y que las aportaciones de valor han sido nulas. Muchos de nosotros salimos de las reuniones tratando de recordar en qué estábamos antes de ellas, para retomar la tarea y olvidar ese paréntesis que solo nos ha robado tiempo productivo. ¿Triste? Mucho. Seguramente también lo es para los directivos que promueven estas reuniones intentando mejorar los índices de rentabilidad.

Ahora bien, ¿por qué nos cuesta tanto aprovechar el tiempo e ir al grano?

Según nos comenta Isabel Boix, nuestra experta en coaching estratégico, en la mayoría de los casos quienes lideran las reuniones no cierran claramente el/los objetivos principal/es; no saben cómo guiar el evento para que no se desvíe en divagaciones y/o especulaciones; tampoco tienen claro cómo evitar las confrontaciones, cómo manejar equitativamente los tiempos de la palabra, cómo impedir que la gente se incorpore a destiempo, o cómo reconducir los temas para evitar caer en el desgaste de discursos vacíos.

En ese sentido, y como mencionábamos en artículos anteriores, el coaching estratégico es una disciplina que nos ayuda a transformar en fácil lo difícil. Nos ayuda a encontrar alternativas para poder mejorar la efectividad de las reuniones y convertirlas en espacios fértiles para que surjan las aportaciones; ricos para que las personas se expresen y se escuchen para comprender -y no para responder-, y rentables para que el tiempo invertido se refleje cualitativa y cuantitativamente en los proyectos y en los resultados. Pero sobre todo, nos permite definir claramente los objetivos de la reunión para que el eje de desarrollo esté focalizado en ello y no sea un concepto vago o disperso, como habitualmente ocurre.

El papel del coach dentro del proceso de coaching estratégico para lograr reuniones efectivas y rentables es fundamental, pues nos facilita trabajar paralelamente en el objetivo “micro” y “macro” que supone una reunión efectiva. Es decir, hay un objetivo macro para planificar reuniones efectivas y rentables en general y un objetivo micro para que cada una de ellas cumpla el objetivo con el que fue concebida.

El enfoque estratégico nos permite:
  • Comprender el estado presente. Entender qué sucede, por qué siempre pasa lo mismo y por qué las ideas para mejorarlas no funcionan.
  • Aclarar el estado deseado. Definir concretamente el/los verdadero/s problema/s que queremos solucionar y que funcionan como denominador común en la planificación y/o en el desarrollo de muchas reuniones: la mala comunicación, la falta puntualidad, la facilidad de dispersión, los tiempos de exposición, etc., o todo ello y más.
  • Evaluar las soluciones intentadas hasta ahora. Revisar aquellas soluciones que sí habían funcionado antes, pero ya no. Por ejemplo, el mail recordatorio el día anterior en el que pedía respetar la puntualidad y definía límites de tiempo de la palabra, ha dejado de ser útil.
Para encontrar respuestas y soluciones en cada una de las cuestiones que hemos planteado, se utilizan técnicas de probada efectividad; entre ellas:

La técnica de cómo empeorar: se trata de imaginar el peor escenario, por ello, ya nos permite poner en acción la creatividad y amenizar cualquier debate. ¿Por qué? Básicamente porque supone un comenzar por un origen abismalmente opuesto al que solemos plantearnos en casi en la totalidad de las situaciones. Veamos un poco más.

La técnica propone preguntarnos: “¿cómo podríamos empeorar las cosas?”. Al realizar este tipo de preguntas, las personas tienen ante ellas una forma diferente de plantearse un reto y comienzan una construcción estratégica inversa; es decir, a empeorar la situación en vez de mejorarla. Lo que sucede es que cuando nos centramos en complicar nuestros problemas surgen involuntariamente soluciones alternativas nunca imaginadas hasta el momento. Es lo que se llama lógica paradójica.

Según nuestra especialista, uno de los beneficios más relevantes de esta intervención es que muestra y enseña las pautas del modelo para su aplicación en sucesivas situaciones.

No hay dependencia; por el contrario, este modelo fomenta la autonomía de quienes asisten regularmente a este tipo de eventos, y de quienes lideran reuniones y necesitan pautas novedosas y creativas que sumen efectividad y rentabilidad a las mismas.

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Coaching Estratégico. ¿Cómo solucionar conflictos sin generar más conflicto?

Muchas horas cada día, cada semana y cada mes. Presiones, exigencias, responsabilidades, cambios constantes y plazos que apremian cada vez más. La verdad es que en este escenario es común suponer que existan conflictos dentro los equipos de trabajo.

Como empresa, podemos actuar de tres modos posibles: ignorarlos y seguir adelante como sea; demonizarlos y actuar para combatirlos hasta su “desaparición”, o aceptarlos, gestionarlos y capitalizarlos como parte del proceso natural de crecimiento que influye en la cultura de la empresa.

Por supuesto, trabajaremos en esa tercera opción. Ciertamente, el conflicto puede ser un activo para cualquier empresa siempre que se gestione adecuadamente. Puede ayudar a los equipos de trabajo a aprender de sus errores e identificar las oportunidades de mejora; puede inspirar una serie de soluciones creativas para los conflictos internos o externos, y puede generar alternativas y nuevas formas de pensar.

Ahora bien, ¿de qué conflictos estamos hablando? Claramente no existe una clasificación que tipifique con exactitud la innumerabilidad de situaciones complejas que pueden darse en un equipo de trabajo, sin embargo, el coaching estratégico es un gran aliado a la hora de encontrar soluciones. ¿Por qué? Porque aplica técnicas divertidas y atípicas que nos ayudan a cambiar el observador de la realidad que cada uno es y nos permite afrontar cualquier proceso -conflictivo o no-, de forma desestructurada.

A continuación, mencionamos algunas situaciones de conflicto habituales de las que cuesta salir sin pasar por el tormento de la confrontación:

  • Un jefe con actitud acusadora/intimidatoria constante.
  • El compañero que, aunque sobradamente cualificado, nunca quiere asumir la responsabilidad de un proyecto y teme quedar expuesto.
  • Compañeros con exceso de ego, que critican sin construir y disfrutan dejando en supuesta evidencia al otro.

A propósito de ello, Stephen Robbins define el conflicto como: “Un proceso que se inicia cuando una parte percibe que la otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera negativa, alguno de sus intereses”.

Tal vez, este es el punto que complica las cosas en vez de solucionarlas. ¿Por qué? Básicamente porque cada uno verá la realidad desde su percepción y reaccionará con más o menos filtro, con más o menos agresividad y/o con más o menos sarcasmo a la hora de exponer su incomodidad. ¿El resultado? Probablemente, choques, asperezas e incomodidades que se extienden a más miembros del equipo.

¿Cómo sería posible hacer emerger los conflictos sin que ellos generen más conflicto? ¿Cómo sería posible resolver situaciones complejas con soluciones simples?

Frente a este planteo, resulta oportuno destacar los aportes de el coaching estratégico para la resolución de conflictos, pues uno de sus postulados básicos es evitar caer en la confrontación, aplicando oportuna y discrecionalmente las estratagemas chinas. ¿Qué son? un compendio de conocimientos de la naturaleza humana que se aplican en una diversidad de situaciones actuales que van desde el campo de batalla, hasta la sala de directivos de una empresa.

¿Cómo aplicamos esto a algunos de los conflictos que hemos tipificado anteriormente? Claro que esta habilidad estará en manos del coach estratégico, que irá guiando todo el proceso, permitiendo que emerjan ciertos conflictos -individuales y/o del equipo-, aunque intentaré contar de forma breve de qué se trata la aplicación de estratagemas.

Tomemos el caso del crítico-“maniático”: ¿cómo podríamos -sin alterarnos- dejarlo en evidencia y demostrarle que esas formas no coinciden con las nuestras?

Un buen comienzo, sería darle la razón, descolocarle, confundirle frente al resto. Quiero decir, si se repite sistemáticamente que mientras exponemos una idea, surge indefectiblemente el personaje crítico y no constructivo, necesitamos capturar su fuerza, usarla a nuestro favor y neutralizar la suya.

¿Qué hacemos con el jefe que suele dirigirse a nosotros a los gritos? ¿Cómo podríamos marcarle un límite de forma sutil y efectiva?

Pues existen formas de decir que requieren de nuestro equilibrio a la hora de poner límites al jefe o a quien los necesite. Habitualmente, reaccionamos en proporción a la acción del otro, pero lo que no tenemos que olvidar es que lo que no queremos es la confrontación. Entonces, lo que necesitamos es encontrar alternativas –a través de las estratagemas – que nos permitan traducir nuestra reacción norma y habitual en una acción sutil y eficaz. ¿Un ejemplo? Uno muy básico se trata de pedirle a la persona que baje su voz para poder escucharle bien; otra consiste en pedirle que si va a hablar a los gritos, tome distancia, etc.

¿Y con el que le escapa a las responsabilidades? ¿Cómo podríamos persuadirle para que lo haga sin más?

Veamos. Por ejemplo, hay maneras de influir sobre alguien para que haga algo, pero haciéndole creer que es él mismo el que tomará la decisión. ¿Cómo se hace? Una de las formas, explicada brevemente, se trata de plantearle un objetivo y un par de opciones. Claro que, en una de las opciones será esa que estamos buscando que elija, pero para ello tendremos que diseñar una buena opción alternativa que resulte costosa y comprometida. Si somos buenos estrategas, la persona terminará eligiendo la opción que queríamos como si hubiera hecho un buen negocio, puesto que habrá evitado una peor.

Tal y como hemos visto en artículos anteriores, y según nos explica nuestra especialista en el tema Isabel Boix, el coaching estratégico no se dirige a la búsqueda de las causas, sino a la solución de los problemas, a lograr un decidido y sorprendente cambio en las dinámicas relacionales y comunicativas. Todo ello, aplicando herramientas y técnicas versátiles que permiten un abordaje certero y amigable y facilitan el logro de resultados efectivos y sostenibles.

Coaching estratégico: el arte de simplificar lo complejo.

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Coaching estratégico.

El arte de simplificar lo complejo.

Brian Tracy, una de las principales autoridades del mundo sobre el éxito personal y profesional, señala: “Todo es difícil antes de ser fácil. Una razón primordial por la cual la gente no advierte su pleno potencial es que cuando intenta algo nuevo y no funciona perfectamente la primera vez, lo deja y vuelve a su anterior y bajo nivel de resultados”.

En ese sentido, el coaching estratégico es una disciplina que nos ayuda a transformar en fácil lo difícil; a encontrar una alternativa, un camino o una solución mucho más clara, a veces más simple y la mayoría de las veces impensada. Todo ello, para desarrollar una estrategia asequible con la finalidad de llevar a cabo nuestro plan sin quedarnos estancados en la “parálisis por análisis”, que no nos lleva a ningún sitio, que nos hace abandonar a mitad de camino o que nos deja siempre en el mismo lugar. 

¿Por qué el coaching estratégico es la mejor opción?

Este tipo de coaching proviene de la unión de diversas técnicas y métodos que proceden del coaching clásico, las dinámicas familiares, la psicología de las necesidades humanas y la terapia Gestalt, entre otras. En cierto modo, escoge lo mejor de cada una de estas disciplinas para realizar procesos de coaching mucho más efectivos, rápidos, prácticos, sostenibles y, sobre todo, con una clara estructura y estrategia.

Todas las personas tenemos estrategias en nuestra vida diaria, incluso aunque no seamos conscientes de ellas; pero muchos de nuestros patrones y hábitos provienen precisamente de unas estrategias que hemos aprendido a utilizar para obtener resultados, incluso aunque ellas hayan dejado de llevarnos a algo bueno.

El coaching estratégico, por tanto, sería una herramienta que nos permite acceder a una estrategia clara y estructurada. Y en este proceso de definición, el coach tiene un papel fundamental, pues desvela el sentido más profundo de la propia disciplina: hacer emerger los talentos de las personas, equipos y organizaciones, transformando los límites en valiosos recursos creativos y productivos.

Y como bien mencionábamos en el título de este artículo, no se dirige a la búsqueda de las causas, sino a la solución de los problemas, a lograr un decidido y sorprendente cambio en las dinámicas relacionales y comunicativas. En otras palabras, se trata de una propuesta cuyo propósito es producir aprendizajes, cambios de conductas y crecimiento de las personas en un contexto personal y/o profesional.

Según nuestra experta en coaching estratégico, Isabel Boix, esta disciplina funciona porque el coach está allí motivarnos; para ayudarnos a encontrar el impulso que necesitamos para ir tras el objetivo; para guiarnos a través de cada paso; para fomentar la reflexión e incentivar la conexión interior (con uno mismo) y con los demás; para apoyarnos en los momentos adversos, y para desafiarnos a pensar y a actuar fuera de nuestra zona de confort.

Las consignas básicas de este enfoque estratégico supone:

  • Comprender el estado presente. Definir y redefinir el problema hasta aclararlo.
  • Aclarar el estado deseado. Definir concretamente el verdadero problema que queremos solucionar.
  • Evaluar las soluciones intentadas hasta ahora. Aquellas que no han funcionado, aunque sí habían funcionado antes. 

Todos esos pasos, utilizando técnicas de probada efectividad; entre ellas: 

Técnica de cómo empeorar:

Imaginar el peor escenario. Esta técnica representa la mayoría de las veces, el primer paso que uno debe hacer para producir reacciones alternativas a las que están en curso.

La técnica se expresa al preguntarse: “¿Cómo podría -voluntaria y deliberadamente- empeorar las cosas? Al realizar este tipo de preguntas, la persona que se encuentra en una situación difícil y aparentemente sin solución, se obliga a tratar de orientar la propia construcción estratégica hacia el objetivo de empeorar la situación en vez de mejorarla. Lo que sucede es que cuando nos centramos en complicar nuestros problemas, surgen involuntariamente soluciones alternativas nunca imaginadas hasta el momento. Es lo que se llama lógica paradójica.

La técnica del escalador:

Empezar a planificar por el final, por el estado ideal. Esta técnica toma el nombre de la modalidad utilizada por los alpinistas para definir el camino más adecuado para alcanzar la cumbre. No obstante, como parte del coaching estratégico, esta técnica puede ser de utilidad para abordar determinados retos individuales o conjuntos. Primero se define el objetivo y, partiendo de éste, se avanza hacia atrás, creando una serie de escalones hasta llegar al cambio más pequeño que haya que introducir.

A través del Coaching Estratégico se consigue mejorar y armonizar la relación y la funcionalidad del equipo y de las personas y, en consecuencia, maximizar el rendimiento de la empresa. Entre otras cosas, permite:

  • Adquirir y ampliar las técnicas resolutivas.
  • Redefinir la visión ante las circunstancias actuales.
  • Decidir y ampliar planes de acción para mejorar situaciones concretas.
  • Aprender diferentes formas de comunicación efectivas.
  • Gestionar la misma situación desde otra perspectiva.
  • Esclarecer los objetivos que se quieren alcanzar.
  • Analizar lo que ha funcionado y lo que no.
  • Poner en práctica un plan estructurado para alcanzar lo que queremos.
  • Seguir cada fase de cambio.

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