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Impulsa el bienestar en la empresa y afianza el engagement.

Un total de 2.408.700 españoles sufrieron en 2015 depresión. Representa el 5,2 % de la población y se ha incrementado un 18,4 % entre 2005 y 2015, según datos publicados por la OMS. Otro dato alarmante es que 1.911.186 de personas se vieron afectadas por trastornos relacionados con la ansiedad en 2015, lo que supone el 4,1 % de la población en nuestro país.

“It’s okay, not to be okay”

Este es un slogan que representa una de las políticas de bienestar de Microsoft que, traducido, significa “está bien no estar bien”. Es simple, cierto, pero curiosamente está dispuesto porque las personas expresan cómodamente sus problemas y/o dolencias físicas, pero no lo hacen con sus cargas emocionales, pues temen a ser etiquetadas y/o a ser despedidas. Más aún. Durante el II Congreso de Bienestar Laboral celebrado en Madrid recientemente, el gran problema planteado por las organizaciones tenía relación con las bajas laborales y el absentismo. Lo cierto es que parece que sabemos mucho qué pasa y por qué, pero no tenemos claro cómo solucionarlo.

Desarrollemos una teoría.

Para ello, el Instituto de Talento Afectivo (ITA), presenta un enfoque novedoso en el que aborda aspectos con una perspectiva mucho más amplia. En primer lugar, por ejemplo, pone la responsabilidad por bienestar laboral en manos de la empresa y de los/as empleados/as por igual y no sólo en uno de ellos, o en uno más que en otro.

Como firma cuya filosofía es preservar el factor humano y las relaciones, pone el foco allí. En cierta forma, si bien las relaciones no son el único aspecto que impacta en el bienestar, es un factor clave para que éste pueda suceder. Es decir, si aspectos como el sueño, el estilo de vida, la alimentación y el confort en la oficina están cubiertos satisfactoriamente, pero la relación con las personas dentro de la empresa nos son buenas, entonces todo se hace cuesta arriba.

Este podría ser un primer error en el abordaje del bienestar laboral, ya que la mayoría de las soluciones que adoptan las empresas apuntan a cubrir algunos o todos esos aspectos, aunque no de forma global, sino de manera aleatoria, segmentada y hasta arbitraria. Esto pasa porque no lo hacen sobre un diagnóstico claro, concreto y correcto.

Premisas ITA para el abordaje del bienestar:

1. Diagnóstico: como empresa de formación y consultoría entienden clave un diagnóstico de la situación del bienestar en la compañía para hacer cambios organizativos y/o reevaluar algunos aspectos.

2. Competencia para el liderazgo. Los líderes deben saber detectar a tiempo cuándo la curva de rendimiento y presión no está en equilibrio. Esto es necesario para anticiparse y accionar, en vez de reaccionar cuando el problema ya es un hecho.

3. Ayudar a los empleados a tener las competencias, habilidades y aptitudes necesarias para que ellos puedan mejorar su bienestar.

La diferencia entre actividades remediativas y generativas.

Desde el punto de vista empresarial, el bienestar se trata de una relación que evoluciona entre el empleado y la empresa y que apunta a mejorar la calidad del trabajo y el ánimo de las personas. Sin embargo, como mencionábamos, las soluciones suelen aplicarse fuera de la cotidianeidad laboral y suelen ser remediativas. Las personas también aplican estas soluciones en lo personal, ya que para relajarse después de una jornada intensa suelen escuchar música, hacer deporte, bailar, hacer yoga, etc., remediando de forma temporal e inmediata un malestar, aunque sin crear un hábito que les permita trabajar mejor. 

Escuchar música es una actividad remediativa eficaz, aunque aprender a tocar un instrumento supondría un buen ejemplo de lo que es una actividad generativa, pues en este caso estamos generando valor añadido y creando nuevas habilidades. No obstante, este tipo de actividades también pueden desarrollarse durante el trabajo y uno de los objetivos de este programa es mostrarnos cómo podemos crear ese valor agregado. Esto sin olvidar que el bienestar supone un poco de esfuerzo personal, pues implica que cada uno diseñe su propia receta para ello y defina qué y cómo hacer para lograrlo.

Curso de Relaciones Interpersonales y Bienestar Sociolaboral.

Se trata de una formación dirigida tanto a empleados como a personal de Recursos Humanos que aporta un enfoque novedoso y sienta bases sobre el bienestar. Los ejes de desarrollo son:

1. Trabajar el bienestar mientras trabajamos.

2. Acciones generativas, no remediativas.

3. Cadena de bienestar.

Si bien en el artículo nos hemos referido brevemente a los dos primeros ítems, no lo hemos hecho hasta aquí a la cadena de bienestar que es uno de los tres pilares que tienen que cumplirse sí o sí para que estas acciones consigan el engagement de las personas. Veamos.

1. Satisfacción (Tener). Si estamos satisfechos con unas condiciones mínimas de trabajo, entonces podrá surgir la motivación. La responsabilidad de asegurar estas condiciones es de la empresa.

2. Motivación (Hacer). Tiene estrecha relación con la satisfacción, con el hecho de sentirse competente y autónomo en su labor. También tiene relación con el propósito, con el para qué de cada persona.

3. Reconocimiento (Sentir). Para que el engagement se mantenga en el tiempo tiene que existir reconocimiento, que no necesariamente está relacionado con un aumento en la nómina, sino con un gesto, una palabra, una proximidad.

Promover el bienestar nos permite entrar en un proceso continuo de mejora. Nos facilita la buena comunicación y la calidad de las relaciones; afianza el engagement, el rendimiento y la motivación. ¿Empezamos?

Talento Afectivo: las relaciones, el amor y la convivencia.

Una nueva cultura en las Relaciones.

Las rutinas, las obligaciones, los horarios, las prisas y un largo etcétera hacen que la mayoría vivamos en una especie de piloto automático, y aunque en muchos casos funciona y nos permite responder más ágilmente, en situaciones cruciales como en cuestiones de pareja, amor y convivencia, esa carrera no funciona. Desde este automatismo, las personas solemos confundir el hecho de tener problemas de amor con el hecho de tener problemas de convivencia y la verdad es que aunque inevitablemente se mezclen, no son lo mismo.

Ahora bien, el objetivo de este artículo y de este Taller de Talento Afectivo sobre las Relaciones no es el tratamiento de las problemáticas que surgen producto de la convivencia, sino de ayudar a las personas a reconocer cuáles son las bases del amor, para que desde esa estructura sólida puedan planificar una convivencia sana y dar continuidad a una relación. Porque lo cierto es que ni la buena convivencia es siempre sinónimo de amor, ni el amor es siempre sinónimo de buena convivencia.

Es decir, cuando conocemos a alguien o empezamos una relación lo primero que sucede es la atracción, y aunque está bien que así ocurra, no es suficiente. Para que realmente haya amor tienen que estar presentes muchas más variables; por ejemplo las ganas de comprometerse y de compartir. Si éstas no surgen, entonces la convivencia puede ser anecdótica. De hecho, podrían convertir a dos personas en buenos amigos, en cómplices, incluso en buenos amantes en el sentido más sexual de la expresión, pero serán amantes en el deseo y no en el amor.

Por el contrario, hay muchas personas que tienen las bases del amor vivas e intactas -más adelante hablaremos de ellas-, pero no tienen buenas reglas o hábitos de convivencia. Es decir, pueden amarse pero aún así mantienen una convivencia casi imposible. No obstante, todo esto es entendible. Como nos señala nuestro especialista en Talento Afectivo, Frank Loris, “el amor produce cierto caos y de adicción que desregula a las personas, influye sobre su forma de actuar y hace que desarrollen algunos hábitos de convivencia desafortunados que -si no son bien gestionados y a tiempo- terminan dañando la relación”.

Entonces, mejorando la convivencia, ¿mejoramos el amor?

Deepak Chopra decía que “todo aquello en lo cual ponemos nuestra atención adquiere mayor fuerza en nuestra vida. Cuando experimentamos dolor, tratamos de evitarlo o de escapar de él, pero mientras más tratamos de hacerlo, más ponemos nuestra atención en la idea del dolor”. En cierta forma, esta conducta de evitación que adoptamos cuando algo no nos gusta o no queremos enfrentar, nos hace poner el foco en cuestiones que no son el eje principal del problema. Por ejemplo, hay muchas parejas que saben que tienen un problema de amor, pero como no quieren reconocerlo -por todo lo que eso supone-, echan la culpa a cuestiones de la convivencia. Lo que no saben es que, como dice Chopra, mientras discuten sobre lo superfluo, la fisura del amor se sigue profundizando.

Lo cierto es que un problema de convivencia puede tapar un problema de amor y la gente sólo se centra en el primero. Por ejemplo, un problema de convivencia podría referir a una mala comunicación, falta de empatía, la falta de conocimiento para gestionar y/o gestionarse ante una crisis. Ahora bien, un problema en el amor tiene otro tenor. Entre otros, podría ser “no confío en él/ella”. La confianza es uno de los pilares básicos del amor y si desaparece, entonces no puede haber amor completo. Entonces la pareja se comunica mal no porque no sabe comunicarse; se comunica mal porque no hay confianza mutua. La raíz del problema está en la confianza y no en la comunicación. Claro que no es sólo la confianza; también tiene que existir el deseo de aportar, la exclusividad y otros 5/6 elementos básicos y sólidos para que pueda construirse un amor saludable.

Dicho todo esto, está claro que mejorar la convivencia no siempre mejora ni repara el amor, si uno desvía su atención del lugar en el que está el verdadero problema.

Entonces, mejorando el amor, ¿todo mejora? ¿Incluso la convivencia?

Este es un punto interesante porque pareciera que, como reza el dicho popular: el amor lo puede todo, y tampoco es tan así. Queda claro que, si se trata de un problema relacionado con la convivencia, con las herramientas y la dedicación adecuada se puede resolver. Ahora bien, si lo que tenemos es un problema en algunos de esos aspectos estructurales del amor, por ejemplo de confianza -aspecto que hemos resaltado a lo largo del contenido-, entonces tendremos que revisar si el problema de confianza está relacionado con un hábito de la persona o con una cuestión más intrínseca de su personalidad.

Por ejemplo, puede uno de los miembros comenzar a desconfiar de su pareja si ésta, por cuestiones laborales, se ve obligada a viajar mucho y ausentarse por largos períodos. Sin embargo, esto podría subsanarse a través de distintas decisiones y acciones. Ahora bien, si lo que en la pareja lo que genera desconfianza es la otra persona, lo que hace, lo que dice y lo que no, entonces estamos frente a una fisura que aunque no es imposible de revertir, es más complicado.

Taller Monográfico sobre las relaciones; el amor y la convivencia.

Por todo esto, la estructura principal de este Taller sobre las Relaciones aporta una nueva visión acerca de cómo abordar el amor, desvelando otra perspectiva a la hora de vivirlo y desgranando sus elementos estructurales; es decir, entender de qué está compuesto, cuáles son las trampas,  y cuáles son esas claves que sí o sí tiene que haber para que realmente pueda existir y perdurar el amor. Esta toma de conciencia, nueva perspectiva y dimensión de la situación verdadera permite a las personas tomar decisiones con talento afectivo; el talento más apropiado para cualquier tipo de relación.

La dinámica de este taller(1) está pensada para personas solas y parejas que en ningún caso están obligados a compartir sus casos particulares. No obstante, mientras Frank facilita la toma de conciencia a lo largo de la formación, algunos participantes sienten la necesidad de compartir alguna cuestión enquistada. Esto, además de lícito y enriquecedor, también es bienvenido.

Entre otras cosas, este Taller permitirá a los participantes:

  • Ganar confianza personal.
  • Identificar cuándo se trata de un problema de amor o de convivencia.
  • Aprender a tener relaciones más gratificantes.
  • Desarrollar habilidades para la resolución de conflictos.
  • Conocer las claves para que pueda existir un amor.

(1) El abordaje también puede hacerse a través de procesos de coaching individual o de parejas.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones en todos sus ámbitos.

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Talento Afectivo.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones.

Los creadores del Talento Afectivo han desarrollado siete facultades que nos permiten mantener relaciones/vínculos saludables ya sea en el ámbito sentimental, social y/o profesional. Si bien en principio puede resultar curioso que estas facultades sean aplicables a todas las áreas, pues en general se abordan separadamente, una vez contemos brevemente de qué se trata, desaparecerá el escepticismo casi mágicamente.

1. Construir valor a compartir.

Cuando iniciamos una relación con alguien tenemos que tener el sentido de aportar algo útil y enriquecedor a ese vínculo. Muchas veces hay relaciones que mueren rápidamente porque nadie se ha preocupado por aportar algo útil o por crear un intercambio gratificante -hablábamos de esto en un artículo anterior– o por descubrir al otro respecto a qué necesidades o inquietudes tiene. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad de ofrecer, de dar, de escuchar al otro y de darle valor.

Por ejemplo, imaginemos que somos invitados a una cena con muchas personas que no conocemos. Inmediatamente, con el ánimo de “encajar” soltamos un discurso sobre un tema en particular que nos apasiona. De golpe, notamos que los demás se aburren, abandonan la charla y se van. Pensemos entonces, ¿nuestra verborragia sobre una pasión personal estaba construyendo valor para el otro? Sencilla y claramente no. Justamente la inteligencia social parte de la capacidad de descubrir cuál es el estilo del otro, cuáles son sus inquietudes y necesidades y relacionarnos desde ese marco de comprensión o hilo conductor para que sea posible construir un valor a compartir para ambos.

2. Atender las señales de conexión.

Muchas veces no atendemos las señales de conexión que nos manda el otro. Es cierto que esas señales a veces son claras, a veces no tanto, a veces dependen del que las emite, otras del que las recibe, y otras tantas del entorno o de la situación. No obstante, en cualquier caso, aún cuando estas son claras, solemos no reparar en ellas. Partiendo de esta realidad, es simple comprender que esa desatención provoque frustración en el otro y/o una progresiva ruptura de la relación.

Esto es tristemente común en las relaciones sentimentales y es, curiosamente, en este tipo de vínculos que el 80% de esas señales no se envían en forma directa, sino que se demuestran a través de actitudes, gestos, comportamientos que denotan inquietud, preocupación, agobio, etc. En otras palabras, para que las relaciones no tengan fecha de caducidad, necesitamos atender estas señales y para ello es vital activar nuestra intuición y sintonía con el otro, ya sea para descubrir oportunidades de mejora en la relación, o para detectar amenazas a tiempo.

3. Ser realista.

A todos nos gusta disfrutar el presente de una relación. Sin embargo, vivir en el presente es complicado. Tenemos muchas tareas y muchas cosas que atender y resolver que nos llegan constantemente de un futuro mediato. No obstante, la clave del Talento Afectivo en este caso, nos señala que hay una forma de vivir bien la relación con una persona y se trata de ser realista en vez de idealista. Vivir en la realidad es presente; la realidad no es pasado ni futuro. Cuando logramos vivir en la realidad, entonces nos evitamos crear expectativas de futuro que pueden ser idealizadas.

Veamos un ejemplo. Hay muchas personas que cuando comienzan una relación o un trabajo nuevo proyectan sueños y deseos un poco (bastante) idealistas y utilicen expresiones del tipo: “Esta es la persona/trabajo que he esperado toda mi vida y por fin podré ser feliz”. Claro que está bien que el deseo nos mueva a proyectar el futuro para vivir mejor. No obstante, tiene que existir una armonización, un equilibrio entre lo real y lo ideal; caso contrario, caemos en el autoengaño de vivir una relación plagada de falsas expectativas. Ser realistas es sinónimo de ser prácticos y de estar en el presente.

4. Reparar sin desanimar.

Los problemas son parte de todas las relaciones. Un niño que desobedece, un empleado que no cumple su responsabilidad, una pareja que nos ha mentido, etc. Independientemente del caso particular, lo cierto es que hay una situación que tenemos que atender y reparar. No obstante, tenemos que procurar hacerlo de forma rápida, saludable y sin desanimar. ¿Qué significa esto? Veamos. Muchas veces, por injusto que sea, con el ánimo de resolver rápidamente un problema cargamos de toda la culpa al otro o, al revés, cargamos todas las culpas en nosotros. El Talento Afectivo nos señala que si bien la idea es reparar rápido, aunque se trate de una situación durísima, el objetivo es que todas las partes de la relación se queden satisfechas y con ganas de seguir adelante. Para que esto sea posible, es necesario poner el acento en nuestra forma de comunicarnos; en utilizar un lenguaje asertivo, respetuoso y reparador.

5. Respetar y cumplir.

Todos, sobre todo hoy, sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de respeto. No obstante, el Talento Afectivo va un poco más allá de este entendimiento tradicional y señala que respetar -ante todo- es tolerar las imperfecciones del otro. Todos nosotros conocemos personas perfeccionistas que, si bien respetan al otro como persona, objetan constantemente su forma de vivir. Cuando no respetamos las imperfecciones del otro, sobre todo cuando nos referimos a vínculos más íntimos, entonces aumentamos nuestras respuestas impulsivas y reaccionamos ante una impuntualidad o un olvido como si fuera un verdadero caos. Respetar y tolerar las imperfecciones de los demás es la vía más eficaz para disminuir esas respuestas indeseadas.

Parte de este respeto implica también cumplir con el compromiso -tácito o explícito- que supone cualquier relación. Por ejemplo, si bien no podemos comprometernos a amar a alguien para toda la vida porque eso, como decíamos previamente sería idealismo en vez de realismo, sí podemos comprometernos a ser fieles mientras exista el amor. La ruptura de este compromiso significa el fin de la relación.

6. Incorporar la influencia del otro.

En cualquier tipo de relación sentimental, social o laboral puede darse que uno tenga más influencia que el otro -en poder o saber-. Si bien es algo natural, a veces por cuestiones de ego o de orgullo nos resistimos aceptar esa influencia y a capitalizar esa oportunidad de aprender del otro. Por ejemplo, un niño acepta naturalmente la influencia de un educador porque tiene más conocimientos que él. Una pareja en la que uno es padre y el otro no, pone al primero en una situación de conocimiento sobre la crianza que el segundo no tiene. Lo óptimo es no competir o rechazar esa experiencia, sino tomarla como una influencia y aprender de ella.

Por supuesto que en todos los casos nos referimos a una influencia positiva y no a una influencia manipuladora. Si naturalizamos el hecho de que en cualquier relación uno puede saber más que otro, entonces podremos capitalizar un aprendizaje en el que la unión, y no la competencia, hace la fuerza.

7. Explorar más puntos de unión.

La relaciones de amistad son un buen ejemplo para recrear de qué se trata este punto porque muchas amistades que hemos tenido a lo largo de la vida, aunque han sido circunstanciales y seguramente maravillosas, se han estancado. Es posible que esto haya ocurrido porque no hemos sabido explorar más puntos de unión o, lo que es lo mismo, no hemos sabido hacerlas evolucionar y trascender la temporalidad. Es decir, aunque una relación -de cualquier índole- vaya bien, necesitamos explorar más formas para hacerla crecer y/o evolucionar. En el caso de la amistad, por ejemplo, alguna opción podría ser tener más amigos en común, practicar un deporte juntos, etc.

Hasta aquí, hemos hecho un abordaje breve de cada una de las siete claves o facultades de nuestro Talento Afectivo, que representan una guía positiva para mejorar todo tipo de relaciones y en todos los ámbitos. Para acercarnos el tema con más detalle y profundidad, el Instituto de Talento Afectivo ha creado un método teórico-práctico que nos permite vivir un apasionante camino de autoconocimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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Talento Afectivo: ¿Cómo es la calidad de nuestras relaciones?

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Talento Afectivo.

¿Cómo es la calidad de nuestras relaciones?

Cada persona es un mundo y, por ende, cada relación -profesional, sentimental y/o social- también lo es. Por ello, una de las cosas fundamentales en las relaciones es saber cómo nos conectamos con los otros y, además, cómo es la calidad de esa conexión. El Talento Afectivo nos habla de los distintos tipos de conexión y, para ello, distingue 5 niveles:

  1. La conexión con uno mismo.
  2. La sintonía funcional y afectiva.
  3. La simpatía
  4. La empatía.
  5. La confluencia.
No obstante, aunque hemos hecho esta enumeración, nos referiremos en este artículo a las dos primeros niveles. Es decir, a la conexión con uno mismo y a la sintonía con el/los otro/s.

1. La conexión con uno mismo tiene como finalidad despertar nuestra vida interior, recuperar nuestro sentir y nuestra sensibilidad. Es volver a nuestras raíces que es donde se encuentran las bases de nuestros talentos olvidados. Olvidados -justamente- porque no escuchamos nuestra voz interior, pero en cambio sí escuchamos (y nos llenamos) de los ruidos de la vida todo el tiempo.

En esta primera etapa de conexión podemos diferenciar dos recursos clave. Uno es prestar atención a nuestro silencio y respetarlo. Se trata de olvidarnos de esos ruidos de la vida y de buscar que nuestro estímulo venga desde dentro de nosotros y no desde fuera. El segundo recurso importante es escuchar nuestra propia voz, porque es ella la expresión de nuestra emoción. Si prestamos atención a ella, podemos explorarnos y conocernos mejor; podemos tomar conciencia de nuestro potencial.

Por ejemplo, muchas personas trabajan en el camino inverso. Es decir, intentan desarrollar su asertividad, empatía, voluntad, liderazgo y un largo etcétera, sin haber hecho un profundo trabajo interior. Sin embargo, todos estos aspectos pertenecen al interior y necesitan ser trabajados en el mismo orden que mencionábamos con antelación: desde dentro hacia fuera.

2. La sintonía funcional y la sintonía afectiva.

Ambas son importantes y ninguna es más importante que la otra.

Hablemos primero de la sintonía funcional.

Esta sirve para entender la realidad del otro. Por ejemplo, es la que practican habitualmente los profesionales de la terapia, de la educación, de la venta, etc. La sintonía funcional, sin embargo, también distingue dos pasos: percibir lo que siente el cliente y entender su realidad con respeto y sin juzgar. ¿Puede darse una y no la otra? Absolutamente. Repasemos la diferencia. En el primer caso, es decir, el hecho de percibir lo que siente el cliente se da captando -sobre todo- su expresión y su lenguaje no verbal; uno puede percibir qué le pasa al otro, incluso aunque el otro no haga explícito ese sentir.

No obstante, entender su realidad supone un paso más. Significa entender su mapa mental, aunque nuestro especialista en Talento Afectivo, Frank Loris, prefiere explicar este concepto con un ejemplo más simple. Imaginemos dos personas en una mesa de restaurante frente a un menú idéntico. Ambos centran su atención en las croquetas pero, mientras uno de ellos se las imagina pequeñas y redondas, el otro se las imagina finas y alargadas. Es decir, cada uno interpreta la realidad de una forma. Por ello, entender la realidad supone comprender cómo procesa el otro la información de algo para llegar a una conclusión. Cuando esto ocurre, entonces habremos sintonizado.

Sin embargo, ¿por qué a tantas personas les cuesta sintonizar? Cuesta porque hay un gran deseo de las personas de afirmarse a sí mismos, en vez de escuchar al otro. Imaginemos un vendedor inmobiliario en pleno proceso de venta de una casa. Frente a él, el potencial comprador se muestra emocionado y atento a la luz del lugar, a la energía, a la orientación y a la calidez. Un vendedor que sintoniza con él y sabe captar su emocionalidad no le hablará sobre la optimización de los metros cuadrados o de los gastos -esta sería la actitud de alguien que necesita afirmarse frente al otro; alguien que sólo escucha para responder-. En cambio, alguien que ha sintonizado con él, es decir, que ha percibido su sentir y a entendido su realidad, le sugerirá colores, ideas de ambientación, etc.

No obstante, con el trabajo interior al que hacíamos referencia en el primer nivel, este deseo (y necesidad) de afirmación desaparece.

Hablemos ahora de la sintonía afectiva.

La sintonía afectiva que sirve para intercambiar con el otro; va un paso más allá de la sintonía funcional. Efectivamente, cada uno de nosotros puede percibir lo que siente el otro y entender su realidad, pero no necesariamente tenemos el deseo de intercambiar nada con esa persona ni sacar nada fértil de la relación. La sintonía afectiva tiene un gran componente de deseo y de intercambio; supone 4 claves:

  • Aceptar. Aceptamos al otro como es.
  • Desear. Deseamos descubrirlo para saber más cómo es.
  • Aprovechar. Aprovechamos sus conocimientos para que sean complementarios a los nuestros.
  • Intercambiar. Intercambio de algo gratificante con esa persona y en cualquier plano.

Intercambio gratificante significa que es bidireccional, siempre. Es decir, tiene que ser gratificante -producirnos valor o placer- a las dos partes; caso contrario, solo es intercambio. Nuestro especialista pone especial acento en esto; veamos por qué.

Es habitual encontrarnos con personas que “construyen” vínculos movidos únicamente por el bienestar o el placer. Son los que, por el simple hecho de sentirse bien un rato, un día, un tiempo, deducen –equívocamente- que van en la misma dirección y que tienen un proyecto común.

No obstante, para construir vínculos sólidos y sostenibles es necesario una relación basada en un intercambio que nutre y gratifica a un nivel más profundo en el plano intelectual, emocional, sexual, etc. Si no hay intercambio no hay refuerzo del vínculo.

¿Ejemplos? Una relación profesional en la que dos socios que aúnan sus conocimientos y los complementan para darle forma a un proyecto; o una relación de pareja que mejora su bienestar al abrirse a la intimidad mutuamente, pero sin dedicar tiempo a conocerse realmente.

Por todo lo que hemos venido diciendo, pareciera que todos necesitamos desarrollar nuestro Talento Afectivo y, en este sentido, el Instituto de Talento Afectivo aporta un giro sustancial a la forma de interpretar y gestionar las relaciones interpersonales. Por ello, aportan un método único, exclusivo y novedoso que combina equilibradamente teoría y experiencia para que nos sea posible vivir un apasionante camino de autodescubrimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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Talento Afectivo: ¿Cómo sanamos nuestra manera de amar?

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Talento Afectivo.

¿Estamos perdiendo el factor humano en la era del talento? ¿Se ve amenazado el amor en todo esto?

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, dinámico e hiper-conectado (con todo y con todos) en el que, paradójicamente, las relaciones se han vuelto más estériles y más efímeras. ¿Narcisismo? ¿Dispersión? ¿Inmediatez? ¿Ambición por Tener? Probablemente todas sean respuestas acertadas y falten más, aunque en este artículo no vamos a rechazar esas cuestiones presentes en la vida moderna; por el contrario, veremos cómo convivir con cada una de ellas sin que supongan un obstáculo a la hora de crear vínculos más fértiles y generosos.

Me gusta creer que el amor es la fuerza más poderosa que mueve al mundo, aunque después de lo que hemos mencionado, en una sociedad que prioriza el tener frente al Ser, es difícil sostenerlo. Tomaré entonces las palabras de Frank Loris, creador del Instituto del Talento Afectivo (ITA), que a propósito de esto señala: “A diferencia de lo que tenemos, nadie puede arrebatarnos lo que somos”. Y agrega: “El amor nunca llega a ser completo si no alcanza todo el Ser”.

De esta forma, no podríamos traducir la soltería como sinónimo de no saber amar o de soledad, ni el hecho de estar en pareja como saber amar o completitud. En lo que tenemos que reparar es en aquello que ya decían los griegos hace miles de años: las personas no solemos tener consciencia que existen dos amores: el amor que sentimos –como estado sentimental– que se manifiesta como “yo siento amor”, “estoy sufriendo por amor”, “estoy feliz por amor; y el amor que construimos: es el amor acción, el que nos lleva a hacer con, por y para el otro y la relación.

Tomando esta idea milenaria como parte de inspiración, nuestro especialista habla de la necesidad de sincronizar estos dos amores y, a partir de allí, crea el concepto y empieza a hablar de Talento Afectivo.

¿Qué es? Un poco lo adelantábamos mencionando esa necesidad de sincronización entre la facultad de sentir y la facultad de construir. No obstante, también hablamos de aportar un nuevo talento al mundo de las relaciones sociales y afectivas. Es decir, la inteligencia racional -que impulsa la lógica- y la inteligencia emocional -que impulsa la empatía-, han demostrado no ser suficientes para desarrollar nuestra capacidad de amar de manera saludable.

En tal sentido, la propuesta del ITA es crear un talento afectivo que no tiene una jerarquización frente a las demás inteligencias, sino que supone un engranaje entre el amor del sentir y el amor del construir. Por ejemplo, hay personas muy racionales que son muy constructivas y llenas de proyectos en su pareja, pero su radar emocional no funciona tan bien; así, suelen recibir reclamos de sus parejas frente a la falta de atención y/o demostración de afecto. Por otro lado, también están aquellas personas más pasionales que sienten el amor y lo disfrutan con placer y con deseo, pero no saben cómo construir para hacerlo durar; de esta forma, suelen transitar relaciones frágiles y vulnerables porque nunca construyeron sobre bases sólidas.

¿Cómo aprendemos a sintonizar el sentir y el construir? ¿Cómo sanamos nuestra manera de amar? ¿Cómo aprendemos a desarrollar nuestro Talento Afectivo?

En principio, el ITA aporta un giro sustancial a la forma de interpretar y gestionar las relaciones interpersonales. Por ello, aportan un método único, exclusivo y novedoso basado en la combinación de cuatro pulsos claves que se movilizan conjuntamente para convertirnos en personas enteras y evolutivas a nivel afectivo.

A estos pulsos se refería nuestro especialista cuando señalaba que el amor sólo es completo cuando alcanza todo el Ser. Estos pulsos son:

1. El Sentir. Nuestra parte más animal; más instintiva. La mente se puede dispersar, pero los sentidos y el cuerpo se centran más en los que realmente está pasando y nos dan una indicación valiosa que la mente no ve.

2. La Expresión. La forma que tenemos de expresarnos influye primero en nosotros y nos altera, pero no nos damos cuenta y dificulta nuestras relaciones. La expresión se ha convertido en un recurso inconsciente y es un error.

3. La Voluntad. Es lo que nos permite NO abandonar cuando hay una crisis; es lo que nos impulsa a luchar por proteger la convivencia. Junto a la consciencia, por ejemplo, nos permite asumir y aceptar la imperfección y aprender a generar valores desde allí.

4. La Consciencia. Nos permite abrir las puertas de los valores y del cambio; nos permite definir bien qué significa estar en pareja.

Claro que esta categorización sirve para distinguir esos cuatro pulsos, pero no suponen un orden de prioridades, sino una transversalidad.

Dicho de otra forma, consiste en aprender a manejarnos a nosotros mismos, en nuestras relaciones y entornos desde esas cuatro dimensiones.

Veámoslo en un pequeño ejemplo, ¿Cuánto nos cuesta decir “no”? ¿Cómo podríamos ser asertivos diciendo que no podemos y/o no queremos algo? Deberíamos experimentar la asertividad, transversalmente, es decir con esos 4 pulsos, para practicarla con Talento Afectivo.

Esto supone entender qué sentimos cuando decimos que no; supone descubrir cómo lo expresamos sin crear conflicto; supone comprender cómo será nuestra voluntad para mantener ese no, y supone ser conscientes de los límites dentro de los cuales queremos estar y mantenernos.

Todo lo que hemos mencionado tan brevemente es lo que Frank Loris, experto en comunicación y en generar valor en las personas y en las relaciones, ha denominado como la disciplina del Talento Afectivo. Término al que arribó tras varios años estudiando inquietudes y carencias en el mundo de las relaciones sociales y afectivas, para ayudarnos a desarrollar una sensibilidad que nos hace más cuidadosos y auténticos en la relación con nosotros mismos y con los demás.

Entre otras cosas el Talento Afectivo nos permite:
  • Estar más conectados con nuestro interior y por lo tanto más presentes.
  • Desarrollar cariño, apoyo y respeto en la relación intrapersonal e interpersonal.
  • Reparar rápidamente nuestras zonas más conflictivas.
  • Tener responsabilidad afectiva uniendo la facultad de sentir con la de construir en las relaciones.

Estás invitado a vivir y a desarrollar tu Talento Afectivo.

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