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Management con corazón, el ABC de la humanización.

Durante décadas, las empresas han apostado más por la modernización tecnológica, el posicionamiento económico y el cumplimiento de ambiciosos proyectos, que por las personas. A propósito de esto, Simon Dolan, uno de los autores del modelo de Dirección por Valores, señala que “si una empresa usa a los empleados como una simple prolongación de sus máquinas, no puede esperar que innoven, sean felices y productivos”. Pensamientos como este, entre otros, e innumerables investigaciones, han provocado un gran cambio en las prioridades. Hoy en día, clara y felizmente, la tendencia invita a poner a las personas en el centro de las organizaciones; es decir, a humanizar la empresa.

Sin embargo, para que esto pueda ocurrir es necesario trazar 3 principios inexorables, independientemente del tipo de empresa, sector de actividad y/o estructura jerárquica.

1. Misión y Valores.

Si no hay valores compartidos, no podemos hablar de cultura organizacional.

Parece extraño mencionarlo, pero si no sabemos hacia dónde vamos y cómo queremos hacerlo, ¿en qué proyecto queremos que las personas nos acompañen? ¿cómo hacemos para generarles compromiso y motivación?  La misión y los valores son los cimientos de cualquier organización y resultan tan importantes como la rentabilidad y la productividad.

Efectivamente, si esas bases no están bien definidas, las empresas sólo se convierten en un lugar de paso para las personas. Un lugar desde el que buscar un mejor lugar en el que valga la pena desplegar el talento personal y profesional. Por ello, es fundamental buscar un equilibrio entre la salud financiera, ética y emocional, no sólo para generar más felicidad interna y una mayor ventaja competitiva en el mercado, sino también para contribuir a crear un mundo mejor.

2. Liderazgo consciente e integrativo.

Un líder consciente no controla, sino que impulsa el desarrollo y empodera confiando en las capacidades de las personas y del equipo.

Definido el hacia dónde vamos, el para qué y con qué valores, entonces es inevitable considerar a través de quiénes transferimos todo aquello; a quiénes les damos la fiabilidad de dibujar ese recorrido y transmitir a los equipos y personas todo esto para que no quede en una definición efímera o vacía de sentido y/o de contenido.

De esta forma, formar líderes conscientes supone capacitarlos para que sepan cómo poner el foco en los procesos y en las personas; para que aprendan a integrar, alinear y compartir la visión de negocio definida. Un líder consciente es aquel que -desde su autenticidad- aprende a preguntar, a escuchar y a inspirar. Es un líder proactivo que toma decisiones y que está comprometido con el desarrollo de sus colaboradores y equipos de trabajo. 

3. El foco puesto en las personas.

“La tecnología reinventará los negocios, pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito”. Stephen Covey.

Para que las personas puedan sentirse motivadas y dispuestas a dar lo mejor de sí, como hemos mencionado, necesitan un propósito y unos valores con los cuales comprometerse y un liderazgo que los guíe y los haga partícipes del proyecto, del proceso y de los resultados. Para ello, necesitan protagonismo, espacio y voz y, por supuesto, precisan ser escuchadas y respetadas de verdad.

Después de lo mencionado, podemos concluir en que la productividad es compatible con la deshumanización y con la humanización; la diferencia radica, sobre todo, en cómo se llega a los resultados. Es decir, mientras la deshumanización contempla niveles intermitentes de productividad, y altos niveles de insatisfacción y de falta de compromiso; la humanización supone niveles óptimos de productividad y altos niveles de engagement, motivación y bienestar laboral.

Tú decides cómo quieres hacerlo.

Haz que tu trabajo sea más trascendente y gratificante.

Mucho hemos hablado de liderazgo consciente, aunque el concepto podría ser inagotable por el alto impacto en la humanización, en la evolución y en la consciencia personal, colectiva, social y ecológica que supone en la vida en general y en el entorno empresarial en particular. A propósito de esto, Fred Kofman, un referente en materia de liderazgo consciente, nos ha facilitado entender el liderazgo de hoy como una filosofía de vida totalmente consciente del mundo que nos rodea que, en primer lugar, apunta al ser interno, a la energía y a la forma de vida.

En ese mismo sentido, el autor ha creado un modelo que se basa en la unión de tres principios que ponen énfasis sobre asumir la responsabilidad de sus acciones, actuar según unos principios de calidad y tener un propósito de valor. Veamos más.

  • Protagonismo. Supone que ante un desafío es posible adoptar dos posturas. Una de ellas es la de buscar culpables en lugar de asumir protagonismo y la otra es ver qué podríamos haber hecho diferente para solucionar o evitar nuestro problema. El líder consciente pone el foco en aquellos factores que puede controlar adoptando una actitud responsable y ecológica para todo el ecosistema del que es parte.
  • Principios. El líder también debe afrontar el encuentro con sus propios principios. Nuestra conducta es la manifestación de nuestros valores en la acción, por lo que los principios y la integridad dependen de que los valores que mostremos estén en consonancia con nuestros valores esenciales.
  • Propósito. Podría explayarme en este punto, sin embargo, elijo resumirlo con algunas de las inquietudes que plantea en este sentido Ana Isabel Delgado Cánovas, nuestra experta en liderazgo, son:

¿Estamos haciendo lo necesario para que nuestra vida personal y profesional tenga un sentido; un para qué? ¿Qué podríamos hacer desde ahora para que nuestro trabajo sea más trascendente y gratificante?

Ahora bien, como nos señala Ana, también creadora de este Curso Leader Mindfulness, el líder consciente es aquel que -en primer lugar- se ha identificado con sus luces y sus sombras y que se ha cuestionado sus creencias y sus patrones mentales para cambiarlos o para crear otros más funcionales y coherentes con lo que quiere, con lo que aspira y con lo que necesita; es el que ha explorado su propósito y ha desarrollado su propia inteligencia espiritual para Ser y Hacer con sentido. 

Cuando todo este proceso ocurre, entonces los tres principios a los que hace referencia el Modelo de Kofman fluyen en consonancia -como hemos dicho antes- en la vida en general, en cada entorno en particular y en todas las direcciones. 

Efectivamente, gracias a toda esa búsqueda y descubrimiento, el líder consciente es capaz de crear contextos más saludables, más íntegros y más atractivos para proyectar el crecimiento y la evolución de las personas. Es capaz de aplicar una mirada inclusiva que las invita a participar de un proyecto desde adentro como una verdadera comunidad con valores, visiones compartidas y propósitos similares. Desde esta perspectiva, una de las gratificaciones y/o compensaciones más grandes que puede obtener es que las personas que lidera conecten con su propio sentido; con su propio para qué en cada proyecto y en cada decisión.

En línea con todo lo que hemos venido mencionando, aunque profundizando en todo ello y en otras cuestiones que hacen y definen al liderazgo Consciente, Ana ha diseñado este Curso Leader Mindfulness para facilitar ese cambio íntimo desde dentro, contemplando todas las dimensiones personales: física, mental, emocional y espiritual.

Programa de Humanización Empresarial: Dirección por Valores y Visión Compartida.

Programa de Humanización Empresarial: Sabiduría y Liderazgo.

La Dirección por Valores (DpV) es un modelo de liderazgo estratégico que desarrolla la dimensión humana en la organización. “Esta herramienta impulsa un equilibrio de valores económicos, éticos y emocionales en las personas, para que sean más autónomas, responsables y creativas en relación con su trabajo y, sobre todo, para que se entusiasmen con lo que hacen”. Así la define Salvador García, uno de los creadores del término junto a Shimon Dolan.

En cierta forma, este modelo de Dirección por Valores surge en las empresas del siglo XXI y supone -sin desatender los resultados del negocio- darle predominio a los valores relacionados con la conducta y el comportamiento los/as empleados/as. Estos, al estar alineados con los propios valores de las personas, consiguen mejorar en productividad, eficiencia y permiten un rendimiento más positivo. Pero además, es un modelo de management que contempla aquellas variables que ya han dejado de ser tendencia para convertirse en una realidad. Entre ellas:

1.- Perfiles profesionales con mayor conciencia ética y responsable, más moral y socialmente comprometidos.

2.- Liderazgos rígidos que evolucionan a liderazgos facilitadores de la co-creación y la cohesión interna.

3.- Desverticalización y descentralización de las estructuras empresariales.

4.- Crecimiento de consumidores conscientes, con valores sociales y medioambientales legitimadores del proyecto de empresa.

Ahora bien, ¿qué son los valores?

Los valores son guías para la acción; son principios que dan sentido a las instituciones y generan cohesión y eficiencia productiva cuando son compartidas. Entre otros, podemos mencionar la eficiencia, el orden, la confianza, la integridad, la innovación, la flexibilidad y la honestidad. Lo realmente importante es que esos valores estén alineados con el propósito de la empresa y que propongan un equilibrio entre los aspectos económicos, éticos y emocionales. Una empresa con valores reconoce a sus empleados/as, les da voz, les escucha, les invita, les permite un adecuado equilibrio entre las necesidades del trabajo y de la vida y promueve su salud física, mental y emocional.

De esa forma, la DpV crea un vínculo emocional entre las/los empleadas/os y la organización que difícilmente pueda ser compensado de otra manera. En tal sentido, Ana Isabel Delgado Cánovasnuestra experta en Humanización Empresarial, creadora de H2o Organizaciones y Personas y del Programa Sabiduría y Liderazgo, nos señala algo muy importante: “es necesario que los valores que se definan sean genuinos y que no se trate de palabras sueltas, de un slogan o de maquillaje”. Es decir, como palabras, no significan nada. Pero cuando los valores son compartidos y cuando se traducen a nivel de acción y comportamiento, se convierten en algo muy poderoso que trasciende a la organización y que impacta positivamente en todos los sistemas de los que es parte y en todas las direcciones.

Sobre el liderazgo y la visión compartida.

Porque como bien habíamos mencionado, no se trata sólo de aclarar y comunicar nuestros valores, propósito y sentido; también hay que incorporar todo ello en cada una de las prácticas diarias que las personas llevan adelante en la organización. Y en todo esto, los/as líderes de gestión juegan un papel crucial. Veamos más.

Como habíamos visto en artículos anteriores, los/as líderes tienen una importante influencia en el clima interno de una compañía, ya que son los referentes más próximos de los equipos de trabajo y el nexo más consultado por la dirección. En tal sentido, son los/as primeros/as que tienen que trabajar en su propia transformación para conseguir la madurez y la coherencia necesaria en su propio liderazgo y para hacer que las personas, los equipos y la empresa consigan una transformación verdadera, coherente, profunda y sostenible.

Sobre los beneficios del Programa.

Si entendemos que una ventaja competitiva es aquello que nos diferencia positiva y significativamente de nuestros competidores, el hecho de implementar la Dirección por Valores -a través de este Programa- nos permite buscar coherencia y equilibrio entre los valores económicos, éticos y emocionales de todo el ecosistema empresarial. Sobre todo, nos permite poner el acento en dos grandes beneficios:

  • Incrementar el compromiso, la motivación, el sentido de pertenencia y la energía creativa de las/os empleadas/os y de los equipos de trabajo.
  • Aumentar la satisfacción vital de las/os clientes, socios/as y/accionistas a partir la puesta en práctica de los valores y entendiendo la aportación que significan a la hora de “hacer” por un mundo mejor.

Este equilibrio permite una sinergia en la que lo tangible y lo intangible se unen, trascienden y dejan huella.

Yo Creador y Co-responsable: las personas en el centro de la Estrategia Empresarial.

Humanización Empresarial.

El paradigma personal y profesional está cambiando. Esto no es un deseo, ni un aviso ni un invento; es una realidad y crece a pasos agigantados. Traducido, significa que las empresas que no se adapten a esa evolución es probable que en el futuro tengan que remar solos. Solos, o con personas y sistemas que aún responden al paradigma personal del siglo pasado. No es una opción. La organización que no se transforma, que no cambia y que no se adapta a los nuevos escenarios quedan fuera de juego antes o después.

Stephen Covey, el reconocido gurú del management, decía que un paradigma organizacional “es la manera en la que las empresas ven, comprenden y actúan en el mundo”. Y puesto que las compañías son organismos vivos, entonces tienen sus propias creencias, que condicionan su forma de comprender la vida; sus propios valores, que influyen en su toma de decisiones, y sus aspiraciones, que definen aquello que desean conseguir.

Sin embargo, no podemos hablar de todo esto sin poner el acento en las personas que son los que conforman ese sistema vivo que es la empresa. Por ejemplo, hoy sabemos que el concepto de trabajo para toda la vida no existe para las nuevas generaciones y que, entre otras cosas, las búsquedas laborales ya no se enfocan sólo en lo salarial. Por el contrario, los jóvenes y adultos de hoy buscan trabajos que les permitan desarrollarse, crecer, transformarse, comprometerse, relacionarse y aportar valor a la sociedad y al mundo. No es una utopía. Es una toma de conciencia nueva y necesaria; una evolución que tiende a la humanización, a la inclusión y al cuidado: al Yo Creador y Co-Creador; al Yo Responsable y Co-Responsable. Es un cambio de paradigma que se mueve -sin retorno y cada vez más rápido- de la cultura del Ego a la cultura del Ser.

Y en este sentido, ¿de qué se trata ese cambio? ¿Qué nos trae de nuevo? ¿Qué supone implantarlo en una organización? Comparto un gráfico que nos lo puede explicar más claramente.

No obstante, también me permito sin extenderme demasiado y tomando como base el conflicto, ilustrar el afrontamiento de una situación desde el Ego y desde el Ser. Por ejemplo, la forma habitual de perpetuar los conflictos es esperar que el otro cambie primero. Es una actitud egoísta, en la que cada uno quiere ganar y en la que importa más tener la razón y conservar la posición que resolver el problema. Las consecuencias de todo esto es que las partes involucradas -dominadas por el ego- alejan cada vez más la posibilidad de llegar a algún acuerdo.

Otra forma de afrontar las dificultades es desde el Ser, desde una mirada más espiritual, donde aparecen palabras proscritas para la forma más humana de resolver dificultades: perdón, generosidad y paz. Desde esta postura ni siquiera dudaremos en ser nosotros los que demos el primer paso para acercar posiciones, aún a riesgo de no ser bienvenido por la otra parte. Porque en esta situación lo que cambia es que la confianza no está en el otro, sino en nuestra responsabilidad para crear la realidad en la que queremos estar y las relaciones que queremos tener.

Según la ley de causa y efecto, lo que recibimos es consecuencias de cómo vemos, comprendemos y actuamos dentro del sistema que sea. Es decir, esa misma máxima de Covey que citábamos al comienzo y se refería a las empresas, ahora la hemos reducido a lo más pequeño, porque es con y desde las personas que este cambio de paradigma puede expandirse, contagiarse y trascender desde dentro de la organización hacia fuera

Programa de Humanización Empresarial: Sabiduría y Liderazgo.

Esta nueva manera de concebir las organizaciones, en la que cada persona es consciente de lo que aporta, nutre y le mueve en su día a día, es el eje que define este nuevo paradigma y que aporta luz, consciencia y valores al individuo, a la organización y a la humanidad entera. En este sentido,  Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de H2O Organizaciones y Personas, ha desarrollado este Programa de Humanización Empresarial que incluye, además del plano físico, mental y emocional, el desarrollo de la Inteligencia Espiritual de las personas. Este es el único camino que nos permite movernos del plano del Ego hacia el plano del Ser y la condición básica y necesaria para que el cambio de paradigma se convierta en una realidad.

Ana ha impartido este programa en una innumerable diversidad de empresas privadas, organismos oficiales, públicos, universidades, etc. En todos los casos ha trabajado desde esta perspectiva humanista generando cambios y resultados sumamente favorables para las personas y para que cada uno de ellos conecte con su manera más auténtica para relacionarse con los otros y para actuar en el mundo. 

La soledad del líder ¿mito o realidad?

Leader Mindfulness.

Es difícil imaginar un líder solo; cuanto menos en su día a día. Ciertamente, la mayoría de los líderes en cualquier empresa responden a agendas agotadoras que incluyen reuniones de todo tipo con superiores, pares, equipos, clientes, proveedores y un largo etcétera. Incluso dentro de su oficina, en cualquier momento del día, son fuente de consulta para resolver o redirigir proyectos, situaciones y/o conflictos.

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de la soledad del líder? Veamos. Más allá de la diversidad de enfoques que le han dado a este concepto una cantidad de autores, en este artículo en particular nos referimos a la soledad del líder en el afrontamiento de una cantidad de procesos complejos, y de la cantidad de decisiones estratégicas que tiene que tomar solo y, tantas veces, a contrarreloj. 

Lo cierto es que el líder puede cambiarlo todo con una decisión. De hecho, más de una vez, el impacto de estas decisiones pueden despertar algún conflicto de intereses; recordemos que todas ellas suelen tener influencia sobre personas, equipos, proyectos y pueden ser determinantes para el futuro de una organización. La decisión es necesaria, es ahora y en soledad, incluso a pesar del propio ruido mental, las dudas, los miedos, las preocupaciones, las elucubraciones, las certezas o la falta de ellas. Y el tiempo se sigue escapando.

Por ello, para que esa decisión sea la mejor que un líder pueda tomar, es necesario enfoque, serenidad, prudencia, responsabilidad, convicción, intuición, cabeza y corazón. Todo esto. Todo junto y al mismo tiempo.

Pensemos que el ruido, el miedo, las dudas o la falta de enfoque y concentración para tomar la mejor decisión puede generar un alto nivel de estrés emocional. Y es verdad que hay una y mil formas para gestionar la emocionalidad, aunque hay una que incluso está por encima de todas ellas en cuanto a su efectividad: la Inteligencia Espiritual. Y, en este caso en particular, de la Inteligencia Espiritual del líder. Esa que en los momentos de soledad le permite acceder a su sabiduría interior y a conectar la mente con el corazón.

Y no es que lo diga yo, pero en el mundo de los negocios, la mente y corazón parecieran no ir (casi nunca) de la mano. Es decir, está claro que podemos tomar una decisión únicamente con aplicando la lógica y la razón de acuerdo a la información disponible, pero no somos robots. Quiero decir, podemos decidir automatizar un proceso de producción porque eso resultará más rentable para la empresa, pero sin un plan que contemple qué hacer con las personas que serán desafectadas de ese puesto, ¿de qué valores estamos hablando?, ¿dónde está el corazón en este caso?

Evidentemente, para sumar verdadero valor a los entornos de los que somos parte y para inspirar a los demás, sobre todo en posiciones de privilegio como la del liderazgo, hace falta corazón. A propósito de esto, Ronald Stern, creador del concepto Inteligencia Espiritual, señala: “si alguien que se hace llamar ‘líder’ no eleva el espíritu de quienes le rodean, no es un verdadero líder porque esa es su principal función”.

Desarrollar la Inteligencia espiritual en el liderazgo no es garantía de que las cosas salgan siempre bien, aunque promete que las decisiones serán coherentes con la persona que es el líder y con sus valores fundamentales; es decir, serán las mejores decisiones que el líder pueda tomar.

Ahora bien, y yendo a la práctica específicamente, ¿qué le aporta al líder el desarrollo de su Inteligencia Espiritual? ¿Qué es lo que cambia si los procesos son iguales, las personas las mismas y la soledad del líder sigue intacta? Vayamos por partes.

La inteligencia espiritual aporta al líder:

  • Cambio, transformación y evolución y trascendencia, producto de una mayor conciencia de sí mismo.
  • Inspiración, visión y valores.
  • Desarrollo de una mirada más holística sobre los procesos y las personas.
  • Energía, coraje y convicción.
  • Contagio, inspiración e influencia positiva en los demás.

Y con respecto a la segunda inquietud, probablemente ya no sea tan necesaria una respuesta. El cambio no ocurre en lo que sucede fuera, sino en el interior del líder. Esta transformación personal tiene una incidencia directa sobre todo lo que lo rodea. Incluso como nos menciona Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de este curso de Liderazgo Consciente “Leader Mindfulness”, transforma su soledad en un lugar deseado y necesario en el que, por fin, puede sentirse más seguro, más enfocado, con más conciencia, visión y corazón.

Entre otras cosas, esto es parte de lo que nos propone nuestra especialista. Todo ello a través de un proceso de aprendizaje cálido, cercano, profundo y dinámico para que cada líder descubra su espiritualidad y desarrolle todo su potencial interior.

Leader Mindfulness: la inteligencia espiritual en la vida profesional.

“La inteligencia espiritual es primordial; es la que nos permite afrontar y resolver problemas de significados y valores, ver nuestra vida en un contexto más amplio y significativo y al mismo tiempo determinar qué acción o camino es más valioso para nuestra vida. Está en todo nuestro Ser, como una totalidad trabajando de manera armónica con la inteligencia racional y la emocional”. Danah Zohar e Ian Marshall, autores del libro Spiritual Intelligence.

Crecimos entendiendo que cuanto mayor fuera nuestro coeficiente intelectual (CI), más recursos y más posibilidades tendríamos para conseguir lo que nos propusiéramos. No obstante, la sociedad de hoy nos ha dado una especie de baño de realidad y nos ha demostrado hasta el cansancio que todo aquello era sólo una pequeñísima parte de la verdad. Sobre todo en estos tiempos en los que prima el individualismo, la competitividad y el exitismo, hasta los más escépticos han empezado a buscar un cierto refugio que les permita encontrar sentido a lo que hacen o hacer algo con un sentido más profundo.

Hablamos de la vida personal, social y profesional, aunque en este artículo pondremos especial acento sobre la última. Ciertamente, vincular la espiritualidad con la vida profesional, siempre hace un poco de ruido. Comencemos entonces a desmitificar para que podamos ampliar nuestra comprensión. En primer lugar, la espiritualidad no tiene que ver con la edad, la profesión, el estado civil, el dinero y/o la religión. Tampoco con la profesión específica; da igual que hablemos de un abogado, un educador, un vendedor, un piloto de avión, un deportista de elite o un músico.

La espiritualidad nos permite reconectarnos con nosotros mismos y con redescubrir nuestra fuente de sabiduría interior y es justamente por esto que estamos en condiciones de afirmar que es transversal y necesaria para la vida, incluso para el ámbito profesional.

Para representar esto que acabamos de decir, podemos recurrir a cuestiones que hoy nos resultan familiares. Por ejemplo, es cada vez más habitual que los profesionales prioricen -tanto o más que el salario-, una actividad que les permita poner el corazón, desplegar su talento, sentir que son parte de algo más grande y dar significado a lo que hacen. No obstante, esa necesidad de “algo más”, no es estática. Es decir, esta misma necesidad llevada a la familia supone que muchos no se conformen sólo con la buena convivencia; la espiritualidad aquí invita a disfrutar de los vínculos, de compartir y de regalar presencia y atención a los que queremos.

Esto nos acerca a la idea de transversalidad a la que nos referíamos con antelación. La inteligencia espiritual, incluida dentro del mapa de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, supone la facultad presente en todo ser humano que lo invita a reflexionar por el sentido de su existencia, a tomar consciencia de su singularidad en el mundo y a hacer de su vida un proyecto primero y personal. Por ende, no se desarrolla para un ámbito específico, aunque la causa del interés por ella se haya originado en un área puntual. Cuando la desarrollamos va con nosotros a todos lados y la aplicamos inexorable y naturalmente en todas las cuestiones y relaciones; aprendemos a hacer, siendo.

Sobre todo en la actividad profesional y en escenarios tan diversos, cambiantes, complejos e imprevisibles, resulta invaluable contar con la capacidad de enfoque en qué hacemos y en cómo lo hacemos; de presencia para conectarnos con nosotros, con los demás y con lo que sucede; de atención para identificar lo prioritario a lo importante; de estados de calma para gestionar los miedos y el ego, y de intuición para tomar las mejores decisiones. Todo esto es lo que nos facilita la inteligencia espiritual. Como decíamos párrafos antes, todo está en nosotros; es sabiduría interior que está a nuestra disposición y la idea es encontrar recursos para reconectar con ella.

Entre otras cosas, esto es parte de lo que nos propone Ana Isabel Delgado Cánovas, creadora de H2O Organizaciones y Personas y creadora de este curso de Liderazgo Consciente: Leader Mindfulness. Su objetivo es llevarnos a través de un proceso de aprendizaje cálido, cercano, profundo y dinámico y facilitarnos recursos para que cada uno descubra su espiritualidad y pueda reconectar con su fuente de sabiduría interior.

¿Cómo lo hace? Algunos de los abordajes de esta formación, por ejemplo, tienen que ver con:

  • La gestión del miedo.
  • La sabiduría según el Tao.
  • El Dharma.
  • El poder de la presencia y de la intención.
  • La obstaculización que el ego supone para la felicidad.
  • La conexión con el silencio, con la respiración y la meditación.
  • Liderazgo consciente.

La espiritualidad es ética para el liderazgo saludable; es el aumento de la congruencia entre el pensar, el sentir y el hacer; es el entusiasmo por hacer el bien desde cualquier lugar, es el reconocimiento de la nobleza que puede tener cualquier acción y/o profesión.

¿Adivina qué valores en el liderazgo son los más buscados hoy?  

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