El arte de la comunicación es el lenguaje del liderazgo.

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Experto en
Comunicación con PNL.

Abandona creencias y conductas disfuncionales.

Richard Bandler, uno de los cofundadores de la Programación Neurolingüística (PNL), afirma: “Tus creencias no están hechas de realidades; es tu realidad la que está hecha de tus creencias”. Dicho en otras palabras, cada uno de nosotros ve las cosas de manera diferente, aunque nadie puede asegurar que observa la realidad de forma objetiva. Todos -sin excepción-, aplicamos interpretaciones subjetivas de lo que ocurre.

Es decir, nuestra experiencia del mundo está creada por la información que vamos almacenando consciente o inconscientemente, por nuestras experiencias, por la educación recibida y por la cultura.

Son nuestros pensamientos: la percepción y las creencias -que auto instalamos como si fueran “programas” a lo largo de la vida- que determinan nuestras emociones, nuestras actitudes, nuestra forma de comunicación y nuestra toma de decisiones.

Es desde esa misma programación o mapa mental que a veces nos cuesta tanto expresarnos con claridad; nos resulta difícil el entendimiento; nos cuesta tanto cambiar un hábito, o nos cuesta lograr coherencia entre nuestro lenguaje verbal y no verbal. Por ello, es necesario tomar conciencia de que algunas de esas creencias se han vuelto prejuicios o distorsiones cognitivas que intoxican nuestra comunicación y condicionan, como hemos dicho anteriormente, nuestra toma de decisiones. Veamos un poco más.

Un prejuicio o distorsión cognitiva es una interpretación errónea e ilógica de la realidad que nos lleva a percibir el mundo de manera poco objetiva; acaso disfuncional. Son pensamientos automáticos y desencadenan emociones negativas que dan lugar a conductas no deseadas o desadaptativas. A su vez, estas conductas disfuncionales acaban reforzando los esquemas cognitivos que las generaron, de manera que la dinámica se mantiene o incluso intensifica.

Existen decenas de estas distorsiones, aunque mencionaremos algunas que podrían resultarnos muy familiares:

Se refiere a cuando nos sentimos responsables al 100% en relación a cuestiones en los que apenas hemos participado o no hemos participado en absoluto.  

Supone centrar la atención en aquellos aspectos negativos acordes a nuestros esquemas e ignorar o apenas tener en cuenta el resto de información.

Supone validar lo que confirma nuestras creencias e ignorar toda información que las contradicen.

Es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

Consiste en la tendencia a probar de manera frecuente, ante un desacuerdo con otra persona, que el punto de vista propio es el correcto y cierto. Aquí podríamos citar aquella afirmación que dice que escuchamos para responder, en vez de para comprender. Ese extremismo del “Yo tengo razón, él/ella está equivocado/a” no nos lleva a ningún acuerdo y supone una mera lucha de poder, de sobresalir con una razón particular (aunque sea inconsistente).

Después de todo lo expuesto, es posible entender por qué la comunicación con uno mismo puede ser clave a la hora de tomar decisiones, y por qué puede ser tan compleja cuando ocurre entre dos o más personas.

En este sentido, la PNL es una herramienta que nos ayudará a poner luz y a comprender nuestros procesos mentales, a hacer consciente lo inconsciente y a buscar formas y alternativas saludables para mejorar y/o cambiar todo aquello que ha dejado de ser funcional en nuestra vida y en todos nuestros entornos relacionales.

Siguiendo estas premisas, entre otras, el equipo de profesionales de Emotiva CPC ha diseñado este programa de Experto Universitario en Comunicación con PNL dirigido a particulares y/o profesionales de cualquier sector que deseen mejorar sustancialmente su forma de comunicarse y de tomar decisiones.

Este Experto nos permitirá, entre otras cosas:

  • Adquirir las competencias emocionales necesarias para lograr una comunicación eficaz.
  • Mejorar las relaciones interpersonales. Entender la percepción propia y la de los demás.
  • Lograr diálogos internos más asertivos. Favorecer los pensamientos positivos.
  • Abandonar creencias y conductas disfuncionales.
  • Exponer con claridad, argumentar con rigor.

Los sistemas de lenguaje humano son representaciones derivadas de un modelo más completo: la suma total de las experiencias que un ser humano ha tenido en su vida. John Grinder

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Experto Universitario en Coaching, Mentoring y Liderazgo.

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Experto Universitario en
Coaching, Mentoring y Liderazgo.

Un proceso de coaching es un vehículo ideal para el crecimiento personal y el desarrollo profesional, que ofrece la posibilidad de profundizar en aspectos de nuestro comportamiento, valores, juicios, creencias y otras cuestiones que nos definen como persona y que no estamos habituados a contemplar. Es desde esta perspectiva que tenemos que darle a la formación como coaches profesionales la importancia y el significado que tiene.

Ciertamente, prepararnos para facilitar esos procesos de auto-observación y autodescubrimiento en otros, esas experiencias tienen que suceder, en primer lugar, en primera persona. Es decir, el proceso de aprendizaje de las competencias del coach, mentor y/o de líder, tienen que ocurrir primero en nosotros mismos y no sólo a través de los conocimientos teóricos, sino también -y sobre todo- a través de la vivencia y la experimentación. El educador y escritor norteamericano, John Holt, decía: “Aprendemos a hacer algo haciéndolo. No existe otra manera».

La formación profesional de un coach supone como premisa un profundo proceso de crecimiento personal. Luego, cada uno podrá volcar lo aprendido en el mismo ejercicio del coaching o en cualquier campo profesional en el que se desarrolle (educación, salud, psicoterapia, consultoría, etc).

En ese orden de coherencia, los profesionales de Emotiva han diseñado este Experto Universitario en Coaching, Mentoring y Liderazgo que contempla el aprendizaje, la interiorización y la forma de aplicación -en uno mismo y en terceras personas- de herramientas altamente efectivas: PNL, Inteligencia Emocional (IE), habilidades de comunicación, y competencias de Mentoring y Liderazgo. Para ello, como criterio fundamental, la formación está pautada en grupos muy reducidos que permiten que la experimentación de cada una de esas técnicas sea posible. Además, si bien está dividido en módulos, plantea la dinámica de un aprendizaje evolutivo e integrador.

Veamos brevemente lo más sobresaliente de algunas de las técnicas que hemos mencionado.

Por ejemplo, uno de los aportes fundamentales de la PNL es que nos permite conocer nuestros patrones mentales; es decir, qué estrategias y qué filtros utilizamos a diario -conscientes e inconscientes- en las acciones que llevamos adelante en la vida. Nos muestra la relación directa que hay entre nuestra manera de pensar y nuestro comportamiento, pues sólo a partir de esta toma de conciencia que podemos reprogramar y/o cambiar esas estrategias para variar las respuestas -automáticas- que damos a determinadas situaciones.

La PNL también nos enseña a contemplar todo lo que interviene siempre en un proceso de comunicación: el lenguaje verbal, el lenguaje no verbal, la fisiología, la respiración, los gestos y expresiones faciales, el tono de voz, etc. Y desde esta mirada, a desarrollar comportamientos de rapport o sintonía, tan necesaria para generar ambientes de confianza y seguridad que requiere el ejercicio del coaching y las distintas dinámicas de negociación.

El programa, además, nos aporta conocimientos sobre la IE. Técnica que, en primera persona, nos permite tomar conciencia, identificar y gestionar las emociones que experimentamos en nuestra vida, incluso en situaciones adversas, y en nuestra interacción con los demás. También nos ayuda a mejorar la autoconfianza, la motivación y a responsabilizarnos del resultado de nuestras acciones y decisiones.

Y tal y como hablábamos antes de un aprendizaje evolutivo e integral, cuando llegamos al módulo sobre las habilidades de liderazgo, ya habremos sentado bases importantes sobre varias técnicas -como las comentadas párrafos antes, entre otras-, que están íntimamente ligadas las competencias del buen hacer de un líder en su vida en general. Entre ellas: compromiso, congruencia, poder de persuasión y motivación, empatía y habilidades comunicacionales.

Por último, resulta oportuno volver a poner el acento en que cuando nos formamos como coaches, nuestro primer cliente somos nosotros mismos y nuestro primer ámbito de aplicación es nuestra propia vida. Entonces, somos cómplices de cómo naturalmente vamos mejorando nuestra escucha activa, nuestra presencia, empatía, asertividad, nuestra gestión emocional y nuestra capacidad de aceptar sin enjuiciar.

Naturalmente, también nos volvemos más conscientes de cómo nos comunicamos con nosotros y con los demás. Nos volvemos más creativos porque nos acostumbramos a hacernos preguntas abiertas y generativas y aprendemos a ver y aceptar al otro en su totalidad, con lo que todas nuestras relaciones mejoran. Como decíamos al comienzo del artículo, acabamos enriqueciendo nuestra vida en general y, naturalmente, vamos aplicando e integrando todo lo aprendido en cada ámbito en el que nos desarrollamos.

¿Qué nos permitirá -entre otras cosas- este Experto?
  • Adquirir las competencias personales necesarias para el desarrollo del coaching.
  • Conocer, aprehender y aplicar las habilidades personales y profesionales como coach.
  • Desarrollar las habilidades comunicativas y emocionales necesarias en esta profesión.
  • Aprender e integrar las bases teóricas y metodológicas del coaching, de la IE y de la PNL, y sus diferentes utilidades, beneficios y aplicaciones prácticas.

La ocasión hay que crearla, no hay que esperar a que llegue. Francis Bacon.

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Inteligencia Emocional. ¿Una asignatura pendiente en los educadores?

Inteligencia Emocional. ¿Una asignatura pendiente en los educadores?

Daniel Goleman, reconocido mundialmente por su teoría de la Inteligencia Emocional, afirma: “La IE comienza a desarrollarse en los primeros años. Todos los intercambios sociales que los niños tienen con sus padres, maestros y entre ellos, llevan mensajes emocionales”. Lo cierto es que muchos docentes ya lo han entendido y otros están comenzando a considerarlo. Tal vez, lo que suceda a corto plazo es que el sistema educativo en su totalidad contemple formalmente la educación emocional como parte fundamental en la preparación docente.

Observando la realidad de hoy, compleja, imprevisible y desbordada, se hace difícil que el alumno entre al aula sólo con materiales escolares en la mochila; de hecho, traen además, muchas emociones sin procesar. Ellos son parte de los conflictos que se dan en los diferentes entornos de socialización, producto de esa realidad. Quiero decir, si un niño vive una situación de violencia o de estrés en su casa y está angustiado o ansioso por ello, difícilmente pueda interesarse, prestar atención y/o concentrarse para aprender. Difícilmente pueda crear vínculos saludables con su pares o sepa cómo comunicarse con asertividad y con empatía.

Benjamin Franklin decía, con una curiosa actualidad: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y aprendo”. Ciertamente, creo que involucrar a los alumnos para que aprendan es uno de los desafíos más grandes de los educadores de hoy. Lo que está claro es que para que eso suceda, además de diseñar dinámicas de enseñanza atractivas, es importante ayudarles a gestionar todas esas emociones que vienen a la escuela en sus mochilas o se manifiestan dentro del aula. Enseñarles a afrontarlas, a reconocerlas, a valorarlas y a gestionarlas es importante -además- para que consigan una buena convivencia intra e interpersonal. Cuando el niño está mejor consigo mismo, también proyecta ese bienestar en su interacción con los demás.

Según los expertos, los alumnos emocionalmente inteligentes son más felices, están más comprometidos con el aprendizaje, tienen más confianza en sí mismos y se relacionan mejor con los otros.

Por ejemplo, fomentar emociones agradables como la alegría, la simpatía y la gratitud inhiben los episodios agresivos, previenen el rechazo de los compañeros, promueven las respuestas asertivas y mejoran la respuesta al estrés. No obstante, cuando esas emociones no se han desarrollado –o se han desarrollado defectuosamente- por distintas circunstancias (pobreza, enfermedad u otros conflictos), pueden fortalecerse mediante intervenciones sistemáticas.

Esto es posible porque la Inteligencia Emocional no es algo con lo que nacemos, sino que se desarrolla y se entrena por medio de las experiencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia. No obstante, puede mejorarse, entrenarse y fortalecerse durante la vida adulta gracias a la plasticidad cerebral. Es decir, cuando trabajamos en la inteligencia emocional, estamos modificando esas conexiones y la química del cerebro, que están íntimamente relacionadas con las capacidades intelectuales y emocionales.

Por todos estos motivos, es tan importante que los educadores aprendan a estimular la IE de los niños en el aula.

Ya que es uno de sus primeros entornos de socialización y ellos están en una posición de privilegio. Aprender a cómo promover climas emocionales positivos y seguros en los que se asume con naturalidad el error, en donde los alumnos cooperan, se escuchan, se involucran y son protagonistas activos del aprendizaje, es una diferenciación cualitativa invaluable. Además, este conocimiento también tendrá impacto en la vida adulta, puesto que potencia aspectos cruciales para la vida en general; entre ellos:

  • Autoconciencia: permite reconocer los propios estados internos, recursos e intuiciones.
  • Autorregulación: facilita el desarrollo de la confianza en los recursos propios para superar adversidades y afrontar desafíos.
  • Empatía: es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro, percibir lo que siente o incluso deducir lo que puede estar pensando a partir de su lenguaje no verbal, sus palabras, tono de voz, su postura y su gestualidad.
  • Habilidades sociales: son conductas o destrezas sociales específicas que permiten interactuar con los demás saludablemente y crear relaciones y vínculos estrechos y duraderos.

Ahora bien, el docente debe ser modelo y promotor de la Inteligencia Emocional. Ciertamente, para que el alumno aprenda y desarrolle las habilidades emocionales necesita de un educador emocional. Es decir, alguien que sepa cómo fomentar la IE de sus alumnos, porque aprendió a desarrollar la suya propia en primer lugar.

Siguiendo cada una de las premisas que hemos ido mencionando y a través de una metodología práctica y vivencial, los profesionales de Emotiva CPC han diseñado este programa “Experto Universitario en Inteligencia Emocional”. Por cierto, aunque hemos abordado este artículo destacando la importancia de esta competencia en los educadores, no está restringida a ellos. La IE es una competencia cada vez más valorada en líderes de gestión y en profesionales que trabajan en y por el desarrollo de las personas.

Esta certificación permitirá, entre otras cosas:
  • Desarrollar las competencias necesarias para el desarrollo de la IE intrapersonal (expresión, gestión y generación de estados emocionales, actitud positiva, autoestima, etc. ).
  • Desarrollar las competencias necesarias para el desarrollo de la IE interpersonal (habilidades de comunicación, escucha activa, asertividad y empatía).
  • Conocer las herramientas y recursos emocionales para afrontar el día a día en cualquier entorno personal y/o profesional.
  • Adquirir herramientas emocionales que faciliten promover el aprendizaje de habilidades sociales y emocionales.

Y por supuesto, sumar valor curricular y valía profesional.

Habilidades socioemocionales para prevenir el bullying.

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Habilidades socioemocionales para prevenir el bullying.

El bullying, término inglés que significa “acoso”, “hostigamiento” “abuso” y se ha instalado en nuestras escuelas como un significante de la violencia o agresión entre niños y adolescentes.

Ahora bien, cuando hablamos de bullying, nos referimos a una forma grave y específica de violencia escolar; a un maltrato -psicológico, verbal, social y/o físico- normalmente intencionado y perjudicial de un niño y/o adolescente hacia otro, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual. No obstante, para que exista bullying o acoso escolar, tienen que existir acosador y acosado. Veamos un poco los perfiles de ambos.

Los acosadores:
  • Ausencia de empatía. Dificultades para ponerse en el lugar del otro.
  • Nulo control de la ira y sentido de la culpabilidad. Impulsivos y agresivos.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Pocos abiertos al diálogo. Dificultades de relación y falta de habilidades socioemocionales.
  • Incapacidad para aceptar normas.
  • Baja autoestima, aunque aparente lo contrario.
Los acosados:
  • Personalidad insegura.
  • Baja autoestima (causa y consecuencia del acoso escolar).
  • Altos niveles de ansiedad.
  • Introvertidos, débiles y sumisos.
  • Carencia de asertividad. Dificultades de relación y falta de habilidades socioemocionales.
  • Indefensión e incapacidad para afrontar un problema.

 

Si observamos el paralelismo en detalle, y aunque resulte algo paradójico, unos y otros tienen, sobre todo, un aspecto sobresaliente en común que podríamos definirlo como el origen de todos (o de casi todos) los males: falta de conocimiento y desarrollo de habilidades socioemocionales. Sin embargo, no podemos hacerlos responsables de ello. Tal vez por ello, esta cuestión se ha convertido en un desafío constante tanto para educadores como para padres, que están en una posición inmejorable para enseñar, promover y acompañar el crecimiento socioemocional de niños y adolescentes.

En línea con lo que venimos diciendo, una de las conclusiones surgidas del Informe Fundación Botín 2015-Educación Emocional y Social-Análisis Internacional, pone de manifiesto que la educación socioemocional de niños y adolescentes en las aulas mejora sus habilidades para relacionarse y los capacita para afrontar los conflictos y situaciones de incertidumbre, reduciendo la violencia escolar y fomentando la igualdad.

Educarlos en las competencias socioemocionales para prevenir la aparición de situaciones de acoso y/o violencia, para que cada niño o adolescente mejore su bienestar individual y sepa fomentar la buena convivencia en los centros educativos.

Cuando todos ellos desarrollan estas competencias, aprenden a resolver los conflictos desde un enfoque más pacífico, están más motivados, mejoran su autoestima, aprenden a gestionar adecuadamente sus emociones. Incluso, producto del buen clima en el aula, mejoran sustancialmente su rendimiento académico.

Y si pensamos en un clima cordial y de sana convivencia, podemos pensar también en un ambiente óptimo para proteger y prevenir a los niños y niñas del acoso escolar. De hecho, al incorporar herramientas que les permiten una mejor gestión individual y social, el acosador no necesita «machacar», y la víctima sabe valorar el poder que tiene para hacerse respetar o, en su defecto, sabe cómo pedir ayuda. En este último caso, y por el tipo de competencias que se desarrollan, esta formación también resulta fundamental en los adultos, sobre todo padres y educadores que, como mencionábamos anteriormente, están en esa posición de privilegio; son modelos y referentes para fomentar esos valores dentro y fuera del aula.

Basada en estas premisas, Cristina Albendea, junto al equipo de profesionales multidisciplinares de Emotiva, proponen una serie de talleres para el desarrollo de habilidades socioemocionales, cuyo objetivo primero y fundamental es trabajar en una educación preventiva desde edades tempranas, para que cualquier niño, como decíamos, tenga herramientas para escapar de una situación de bullying o evite situarse en el papel de maltratador.

Ciertamente, el desarrollo de estas habilidades se enfoca en empoderar a los niños y adolescentes para que aprendan a tomar las mejores decisiones, a conocerse mejor, a desarrollar empatía, a expresarse más adecuadamente y a establecer relaciones positivas y sanas.

Estos talleres permiten que tanto niños como adolescentes y con las herramientas y técnicas adecuadas para cada grupo, teniendo en cuenta la edad y la etapa escolar por la que están pasando, sean capaces de:

  • Descubrir fortalezas personales a través del autoconocimiento y de la automotivación.
  • Aprender a resolver conflictos, estimulando la creatividad.
  • Gestionar emociones adecuadamente.
  • Mejorar su expresión y comunicación verbal y no verbal.
  • Desarrollar la escucha, la asertividad y la empatía.
  • Tomar decisiones responsables.
  • Mejorar el rendimiento, la conciencia y la responsabilidad.

Y para finalizar, cito una breve y bonita reflexión de Karl A. Menninger, el padre de la psiquiatría americana: “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”.

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Promover un clima emocional positivo en el aula.

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Promover un clima emocional
positivo en el aula.

La Psicología Positiva en el ámbito educativo.

Como docente, estar al frente de un grupo de alumnos significa tener la oportunidad de dejar huella. Es una invitación a ser referentes que va mucho más allá de lo específicamente académico. Un maestro es un modelo posible, es quien tiene el enorme poder de mostrar caminos, alentar sueños, propiciar descubrimientos, resaltar fortalezas y ayudar a superar adversidades.

Es una realidad que en la escuela, tradicionalmente, ha predominado la detección de errores en lugar de las virtudes de los alumnos. Si hacemos un poco de memoria, por ejemplo, recordaremos el “rojo” con el que los docentes solían destacar los errores en un examen. Ahora bien, para contrarrestar ese modelo se requiere un cambio de mirada que apunte a un crecimiento pleno del niño y en todos los aspectos: físico, intelectual, emocional y espiritual.

En tal sentido, la Psicología positiva en el ámbito de la educación supone una revolución respecto a ese paradigma tradicional de enseñanza-aprendizaje, porque parte de cuestionar el enfoque basado en reparar, disciplinar o corregir lo que no funciona, a un enfoque basado fundamentalmente en desarrollar las fortalezas personales, el potencial, multiplicar las posibilidades y empoderar a los alumnos.

Quiero decir, un niño puede ser muy bueno aplicando razonamientos según la lógica ordinaria, aunque puede padecer estados emocionales alterados cuando algo no le sale bien o puede tener limitaciones a la hora de plantear alternativas creativas a la resolución de un problema. Esa es la clave. Los niños necesitan conectarse y gestionar todos sus recursos y por ello y desde temprana edad, necesitan ser estimulados para que desarrollen sus fortalezas en todos los aspectos. De esta manera, los docentes pueden asegurarse de estar educando niños para un mañana al que le faltan certezas y le sobra imprevisibilidad.

Dicho de otra forma, la Psicología Positiva les permite a los docentes educar a los alumnos desde la perspectiva de lo que funciona mejor en ellos. Ahora bien, para que esas virtudes y/o fortalezas afloren, los maestros deben procurar el desarrollo de actividades placenteras y promover un clima emocional positivo en el aula.

Sólo cuando el alumno es protagonista activo del aprendizaje, cuando aprende a aprehender y cuando se siente curioso, inquieto y motivado, puede descubrir en qué es bueno y qué se le da bien.

En este sentido, Martin Seligman, uno de los padres de la Psicología Positiva, sugiere trabajar en ciertos aspectos de los niños para fomentar el bienestar, el rendimiento y la resiliencia en cada uno de ellos para que se expandan en el aula y en la vida.

Por ejemplo, fomentar la inteligencia emocional en los niños, les permite ser capaces de motivarse y persistir aún frente a las dificultades; controlar la impulsividad; aprender a expresarse bajo presión, y/o a evitar que un contratiempo disminuya su capacidad de pensar. A su vez, les permite desarrollar sentimientos de compasión y empatía con su entorno.

Respecto al desarrollo del optimismo, Seligman señala en su libro El optimismo aprendido: “La característica que define a los pesimistas es que tienden a creer que los malos acontecimientos durarán mucho tiempo, que van a echar a perder todo lo que hagan, y que suceden por su culpa. Los optimistas tienden a creer que la derrota es sólo un revés temporal o un desafío y que sus efectos se limitan solamente a ese caso”.

Además, es fundamental tener en cuenta que el cerebro aprende mejor aquello que se ve favorecido por las emociones agradables. Efectivamente, los niños que experimentan emociones como la alegría, la serenidad, la gratitud, la autoestima y la satisfacción muestran mayor respeto por los demás; mayor cooperación, valoración personal, seguridad en sí mismos; mayor autocontrol, mayor rendimiento escolar y capacidad de disfrute. 

Al efecto, Ian Gilbert, uno de los más importantes oradores especializados en educación, afirma: “Cuando en nuestras clases nos centramos abiertamente en crear un estado positivo para el aprendizaje, empezamos a establecer en los cerebros de los alumnos, unas asociaciones entre el aprendizaje y el placer que les va a durar toda la vida”.

La neurociencia también se ha expresado en este sentido, demostrando que las emociones positivas tienen efectos beneficiosos sobre el aprendizaje, puesto que mejora procesos relacionados con la atención, la memoria o la resolución creativa de problemas.

Y todos los conceptos que hemos ido mencionando, junto a otros como el amor, el liderazgo, la autoestima, el autoconocimiento y la motivación permiten el desarrollo de niños resilientes y este concepto, está estrechamente vinculado a la Psicología Positiva.

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Un tiempo para reconstruir y salir fortalecidos.

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Happy Siphal. Un proyecto que aúna voluntades para ayudar.

“El de 25 de abril fue el terremoto de mayor magnitud en Nepal en 80 años y el peor en la región del Himalaya en una década. Además de más de 8.000 muertos, ha causado más de 15.000 heridos y ha dañado decenas de miles de viviendas”. Extracto de los datos que revelaba días después de la tragedia el Diario El País.

No obstante, días después, la tragedia se adueñaba nuevamente de las noticias anunciando que un nuevo terremoto de magnitud 7,3 sacudía otra vez la zona más castigada de Nepal.

Está claro que este tipo de noticias son de las que no dejan indiferente a nadie. El mundo llora las consecuencias de las catástrofes naturales sea cualquiera su origen, su manifiesto, su latitud y su desenlace. Así es que Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF) junto con el padre Ángel de “Mensajeros de la Paz”, intervinieron inmediatamente llevando ayuda de primera necesidad y unidades médicas, decidiendo al poco tiempo volver con un ambicioso proyecto para dos orfanatos de la organización Creative Nepal de la ciudad de Kathmandú.

Para ello, se aunaron en un proyecto multidisciplinar, nunca hecho anteriormente, a psicólogos, psicopedagogos, dentistas, profesores de música, deportistas y al chef Chema de Isidro. Tal fue el éxito en esta multidisciplinar intervención, que Bomberos Unidos Sin Fronteras junto al grupo de profesionales que acudieron a Nepal en las navidades pasadas, han impulsado la creación de la Plataforma “Happy Siphal” (nombre del primer orfanato que recibió esta intervención) con el objetivo de trabajar en futuros proyectos de ayuda a los más desfavorecidos en circunstancias agravadas por las catástrofes naturales.

happy siphal

Cristina Albendea, psicopedagoga y directora de Emotiva CPC (profesional y entidad participante del equipo multidisciplinar), nos ha mencionado que la labor principal de esta plataforma es identificar proyectos de ayuda a la infancia y con la suma de fuerzas desarrollarlos de la manera más eficaz, transparente y útil para salvar vidas o mejorar su calidad hasta que puedan valerse por sí solos.

De aquí la importancia de trabajar con los niños desde diferentes ámbitos para desarrollar una mirada hacia el futuro a pesar de haber pasado por un estado de emergencia y catástrofe. Su intervención en particular se basa en la aplicación de la psicología positiva y la educación emocional.

La finalidad es detectar cómo están los niños, establecer un vínculo, elaborar un diagnóstico y proyectar la intervención.

En cierto modo, la psicología positiva apunta a dar respuesta y recursos a los niños que necesitan de ellos para transcurrir hechos devastadores y/o traumas. En ningún caso se trata de negar lo sucedido, sino por el contrario, se trata de trabajar en el conocimiento y la aceptación de las circunstancias, para luego desarrollar estrategias basadas en la estimulación de las emociones agradables de los niños, como la alegría, la ilusión y la esperanza.

Un tiempo para reconstruir y salir fortalecidos.

Y para ello, también es necesario trabajar en recursos como la capacidad de adaptación y de resiliencia; capacidades íntimamente ligadas a la inteligencia emocional fundamentales para resolver dificultades y para que todos los niños puedan, poco a poco, retomar sus rutinas.

¿Cómo trabaja la inteligencia emocional en los niños que han sido víctimas de este tipo de desastres?

Cristina nos explica que, entre otras cosas, se aborda a través de dinámicas, películas, experiencias lúdicas y manualidades que les ayuden a conectar con sus emociones, a ponerles nombre, a identificarlas, a naturalizarlas y a experimentar para qué sirven y qué tienen de bueno para darnos. Y así, con esta conexión emocional, de estimular a los niños a abrirse, a expresar sus sentimientos, sus inquietudes y sus sensaciones, favorecer su bienestar personal.

A día de hoy, los dos principales proyectos que acoge esta plataforma en los que Emotiva ha participado y participa activamente son la “Reconstrucción de tres orfanatos en Nepal” y la “Reconstrucción del colegio Buen Pastor de Puerto Príncipe de Haití”. Para ello, además de participar en la iniciativa llevada a cabo el pasado mes de enero “Navidades Solidarias para Nepal”, ha apoyado la reconstrucción del colegio Buen Pastor con una aportación económica y está apoyando y promoviendo otras actividades que ayuden a recaudar el máximo de recursos posibles que hagan realidad dichas reconstrucciones.

Happy Siphal es la unión de las voluntades de muchas personas de diferentes ámbitos para ayudar a la infancia en emergencias y catástrofes.

Para ampliar la información o bien colaborar happysiphal.org
Vídeo de tmex.es

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