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Empatía y Asertividad para una comunicación efectiva, respetuosa y saludable.

Transitamos una época de alta sensibilidad y vulnerabilidad en el que prima la crispación. Lo cierto es que cuando se impone esta forma de comunicarnos perdemos la capacidad de conectar con el otro, algo inconcebible sobre todo si contemplamos los espacios educativos, los entornos organizacionales y/o los procesos de desarrollo personal.

De hecho, es en esos mismos contextos en los que tanto resuenan y se reclaman conceptos como empatía y asertividad, tan necesarios, tan vitales y tan importantes en la práctica para comunicarnos de forma efectiva, respetuosa y saludable. La empatía porque nos permite escuchar al otro con atención y ponernos en su lugar; la asertividad porque supone hacer valer nuestros propios derechos sin dejarnos manipular y sin intentar manipular a nadie más. Ambas apuntan a cuidar la calidad de las relaciones y están basados en la honestidad y en el reconocimiento de los límites y posibilidades propias y ajenas. No obstante, como todas las habilidades, requieren un trabajo personal. 

Ahora bien, tanto la empatía como la asertividad son conceptos asociados a la Inteligencia Emocional (IE), pertenecen a la esfera las habilidades sociales y son potencialmente desarrollables en todas las personas. De hecho, si se complementan constituyen un modelo que facilita el aprendizaje, la motivación, el compromiso y la comunicación efectiva. No obstante, como decíamos con antelación, para que ambos conceptos puedan incorporarse y aplicarse en la práctica personal y profesional, es necesario un trabajo previo que tiene relación con el desarrollo de la IE. En tal sentido, viene bien recordar cuáles son los aspectos que contempla para poder entender por qué ese orden es inalterable.

  • Autoconciencia: es clave para la autovaloración de las propias fortalezas y debilidades y para el desarrollo de una autoestima saludable.
  • Autorregulación: facilita la autoconfianza la confianza en los propios recursos para superar adversidades y afrontar desafíos.
  • Automotivación: favorece la identificación de los objetivos o intereses propios y nos permite desarrollar una actitud positiva en nuestro día a día.
  • Empatía: es la capacidad de ponerse en el lugar del otro.
  • Habilidades sociales: son conductas sociales específicas que nos permiten interactuar y crear vínculos saludables y duraderos.

No obstante, si bien la enumeración es necesaria para distinguir los aspectos que se trabajan, todos y cada uno de ellos son un engranaje que se retroalimenta de lo aprendido, se integra y es parte necesaria para lo siguiente. Por ejemplo, el autoconocimiento es clave para la autovaloración y la autoestima; a su vez, estos aspectos son fundamentales para que puedan desarrollarse habilidades como la empatía y la asertividad.

Sobre todo en el ámbito educativo, los/as docentes necesitan trabajar, aprender y vivenciar su propia emocionalidad. Después, la transferencia de esas cualidades ocurre naturalmente, ya que ellos/as mismos/as quienes aprenden a facilitar los espacios orientados a la sana convivencia basada en la igualdad y el respeto por el/la otro/a. Este clima particular en el aula hace que tanto los profesionales de la educación como el alumnado sienta mayor compromiso para que el proceso de enseñanza-aprendizaje resulte una experiencia gratificante y motivadora.

Ahora bien, en los entornos organizacionales la ecuación es la misma. La IE y las habilidades sociales son clave para la buena convivencia y para una comunicación constructiva, enriquecedora y respetuosa.

Este tema, entre muchos otros, representa uno de los contenidos sobre los que profundiza este Experto Universitario en Inteligencia Emocional diseñado por los profesionales de Emotiva CPC

Psicología Positiva y Educación: el optimismo realista, clave para el bienestar.

El optimismo realista: clave para el bienestar.

Son numerosas las investigaciones que muestran los beneficios físicos y psicológicos que genera una actitud optimista ante la vida. Efectivamente, junto a la resiliencia, la compasión, la empatía, la perseverancia y el entusiasmo son capaces de transformar nuestra realidad y hacernos más felices en la vida en general y en el espacio educativo en particular.

Por supuesto hablamos siempre de un optimismo realista y no del optimismo que todo lo idealiza. Martin Seligman, el padre de la Psicología Positiva (PsP), señala que el optimismo está muy relacionado con la responsabilidad que asumimos o no las personas ante aquello que nos ocurre. Es decir, mientras el optimismo nos hace reaccionar antes las adversidades como temporales, asumiendo nuestra capacidad y habilidades personales para superarlos, el pesimismo nos sitúa en una postura de indefensión y pasividad desde la que esperamos que las circunstancias cambien sin más. Es en este sentido que surge la importancia de fomentar el optimismo en los/as educadores/as y facilitarles pedagogías y estrategias para que puedan facilitarlo en el alumnado.

De esta forma, tal y como lo hemos señalado a lo largo de todos los artículos, el trabajo debe comenzar -en primer lugar- en cada educador/a. Sólo habitando esa capacidad es posible proyectarla y facilitarla en los/as demás. Cabe señalar que los factores que posibilitan el desarrollo del optimismo son genéticos y ambientales. Es en este último que la escuela y la familia juegan un papel fundamental a través de su actitud y a través de las experiencias que proporcionan en los diversos entornos.

Experto Universitario en Psicología Positiva.

Este Experto Universitario diseñado por Emotiva CPC nace para capacitar a los/as educadores/as en aquellas habilidades relacionadas con la PsP y opera tanto como estrategia de autocuidado como de promoción del bienestar individual, grupal e institucional. El objetivo es, como decíamos con antelación, empoderar a los/as docentes y prepararlos para que sean capaces de facilitar ese mismo proceso de empoderamiento en el alumnado. Guy Claxton, el reconocido pedagogo londinense señalaba: “si los/as profesores/as no saben en qué consiste el aprendizaje y cómo se produce, tienen las mismas posibilidades de favorecerlo que de obstaculizarlo”.

Así, cuando ocurre el empoderamiento profesional, las técnicas para influir a los alumnos en el mismo sentido son diversas. Seligman, por ejemplo, propuso un método para incrementar el optimismo que consiste en detectar y luego rebatir los pensamientos pesimistas; es decir, las creencias y/o las ideas previas que tenemos sobre el funcionamiento de las cosas pueden ser cuestionadas y posteriormente rebatidas. Este método sigue el Modelo ABC, siglas que provienen del inglés y que se refieren a adversidad, creencias y consecuencias, desarrollado por Albert Ellis. Por supuesto al igual que casi todas las técnicas, requiere práctica y entrenamiento. No obstante, veamos un pequeño ejemplo.

  • Adversidad: mi profesor me ha regañado frente a todos/as porque he respondido mal una pregunta de literatura.
  • Creencias: él ya no apuesta a que yo pueda superarme.
  • Consecuencias: me he sentido fracasado y avergonzado.
  • Rebatimiento: el hecho de que el profesor me haya regañado no significa que esté enfadado conmigo. Seguramente tuvo un mal día o está pasando por un momento difícil. Aun así, se sigue ocupando de mi para que pueda mejorar.
  • Revitalización: debo demostrarle y demostrarme que puedo superarme.

El cambio de creencias y la función motivadora de las emociones positivas constituyen importantes recursos educativos que llevados a la práctica facilitan pensamientos más optimistas y conductas más superadoras. El aprendizaje del optimismo realista constituye un instrumento muy importante ya que guarda relación directa con otros conceptos como la autoestima o la motivación. Sin optimismo, sin motivación y sin autoestima, la tarea educativa perdería mucho sentido. De hecho, sería impensado considerar que alguien pueda educar a alguien que ha perdido la esperanza en sí mismo y el/la referente o enseñante.

Es el docente que siembra optimismo y entusiasmo en el aula el que recoge los mejores frutos representados en alumnos y alumnas motivados/as participativos/as e involucrados/as en su propio proceso de aprendizaje. ¿Hay algo más gratificante que este feedback en la labor docente?

Inteligencia Emocional: una competencia fundamental y transversal en la práctica docente.

El liderazgo emocional de los educadores.

Existe cada vez más evidencia científica acerca del papel que juegan las emociones en la vida de las personas, en su desenvolvimiento social y en los aprendizajes. También sobre cómo la educación emocional, entendida como el desarrollo de habilidades de autoconocimiento –autorregulación, empatía, comunicación e interrelación-, supone una competencia fundamental y transversal en la programación educativa y en la práctica docente.

Rafael Bisquerra, autor de varios libros sobre inteligencia y educación emocional, define a esta última como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona, con el objetivo de capacitarle para la vida y teniendo como finalidad el aumento de su bienestar personal y social”. Particularmente en el marco educativo, el desarrollo de las habilidades y competencias de los alumnos relacionadas con el uso inteligente de sus emociones necesita, inexorablemente, de un educador emocional que actúe como agente facilitador activo en esta materia.

Es en este sentido que enfatizamos en la importancia de la alfabetización emocional docente, aunque para que esto ocurra es el educador el primero que tiene que romper con el viejo paradigma cartesiano de la educación tradicional, que señala que lo privativo y distintivo del ser humano es su inteligencia racional. Quino, el creador de la maravillosa Mafalda, profundizaba en esta cuestión señalando que “educar es más difícil que enseñar, porque para enseñar uno precisa saber, pero para educar se precisa Ser”. Finalmente, de esto se trata.

Educación emocional docente aplicada y proyectada.

Aplicada porque entre otras cosas los prepara para desempeñar su rol con energía, coherencia, respeto, serenidad y empatía y, sólo desde ese lugar, pueden proyectar, diseñar y crear oportunidades para que los estudiantes sean los protagonistas del aula y para que tengan un rol activo en la construcción de conocimiento. Un docente que desarrolla su inteligencia emocional aprende a promover naturalmente espacios donde se facilita el trabajo en equipo y la comunicación de ideas; donde hay múltiples oportunidades de participación y de colaboración y en el que se valoran y respetan las ideas de los otros, y en los que el contenido disciplinar y la diversidad es siempre una oportunidad para promover el desarrollo de competencias.

Ahora bien, es ingenuo pensar que un educador trabaja sólo en una escuela y frente a un aula. Con suerte, está inmerso en diferentes ecosistemas educativos conformados por el carácter y/o la identidad particular de cada grupo de alumnos, docentes, directivos y padres. De esta forma, la alfabetización emocional del docente no sólo es un aspecto fundamental para conseguir alumnos emocionalmente más preparados y capaces de regular las incidencias y frustraciones que transcurren durante el proceso de aprendizaje en el aula, sino que además ayudará a adquirir más y mejores habilidades de afrontamiento, abordaje y gestión de situaciones.

Es decir, al desarrollar una mayor capacidad para percibir, comprender y regular las emociones propias y la de los demás, los educadores tienen los recursos necesarios para afrontar mejor los eventos laborales estresantes (dentro y fuera del aula), y para gestionar de forma más adecuada y saludable las respuestas emocionales que puedan surgir en las interacciones que mantienen en todas las direcciones y en los diferentes ecosistemas educativos.

No obstante lo dicho, y como con la gran mayoría de los aprendizajes, la educación emocional exige que una persona la viva, la sienta, entienda qué es, cómo se puede desarrollar y que encuentre muchas oportunidades para ponerla en práctica en su vida en general y en su profesión en particular. Es teniendo en cuenta esta premisa que los profesionales de Emotiva CPC han diseñado el programa Experto Universitario en Inteligencia Emocional, cuya metodología es fundamentalmente práctica y vivencial.

La formación apunta a que los educadores sean capaces de:

  • Comprender y crear en los niños y adolescentes una forma inteligente de sentir, ser, actuar y relacionarse.
  • Cultivar y cuidar sus sentimientos y sus emociones para conseguir comportamientos y relaciones familiares y escolares más equilibradas.
  • Adquirir un vocabulario emocional producto de conocerse mejor.
  • Difundir qué son las emociones y qué efectos tienen en el comportamiento.

Titulaciones del Experto en Inteligencia Emocional.
Especialización en Educación, Salud y/o Empresarial, expedido por el CES Don Bosco.
Certificado de Emotividad que garantiza el proceso vivencial del alumno.

No hay coaching sin acción: Experto en Coaching, Mentoring y Liderazgo.

Ciertas habilidades o competencias antes consideradas blandas, hoy cobran un rol fundamental y se imponen, cuanto menos, como indispensables para coordinar, orientar y guiar personas, grupos, equipos, en cualquier ámbito y actividad. Es decir, para cualquier profesional, ya sea director en una empresa, psicoterapeuta, educador, trabajador social, especialista en salud, consultor, emprendedor, etc., contar con las competencias inter e intrapersonales de un coach, de un mentor y de un líder, resulta invaluable.

Entre otras cosas porque de todos los estilos de dirección de personas -autocrático, democrático, afiliativo, timonel, coach- el estilo del Líder Coach es uno de los tipos de liderazgo que más se adapta a la diversidad y a la variabilidad de los contextos actuales. Un Líder Coach es aquel que utiliza habilidades, técnicas y modelos de coaching para desarrollar a una persona o a un equipo; para empoderarlas y afiliarlas a un proyecto u objetivo particular. Con tal propósito, el Líder Coach intenta llevarlos a todos a una zona de aprendizaje constante, haciendo que sean ellos mismos quienes se cuestionen su forma de funcionar y, desde ese mismo cuestionamiento, sean capaces de desarrollar otras perspectivas y crear nuevas y mejores alternativas.

Es verdad que en una situación en particular un estilo puede funcionar más efectiva y eficientemente que otro. No obstante, las competencias de un Líder Coach son transversales a todos los estilos de dirección de personas y a todos los ámbitos de la vida.

Quiero decir, la presencia, la apertura, la escucha, la asertividad y la empatía, entre otras habilidades, son aplicables independientemente del estilo de liderazgo situacional que se esté ejerciendo.

A propósito de esto, los profesionales de Emotiva han diseñado este Experto Universitario (1) que contempla el aprendizaje, la interiorización y la forma de aplicación -en uno mismo y en terceras personas- de herramientas altamente efectivas: PNL, Inteligencia Emocional (IE), habilidades de comunicación y, como bien señalábamos al comienzo, competencias de Coaching, Mentoring y Liderazgo. Para ello, como criterio fundamental, la formación está pautada en grupos muy reducidos y está dividida en módulos para que sea un aprendizaje evolutivo, vivencial e integrador. 

Ahora bien, hemos hablado de competencias y de herramientas, en ese orden, porque son estas últimas las que nos permiten aprender, vivenciar e incorporar todas y cada una de las competencias mencionadas. Está claro que alguien puede explicarnos de qué se trata cada una de ellas, pero además de la teoría, necesitamos herramientas que nos faciliten desarrollarlas y aplicarlas, en primera persona primero, y luego con los demás y en el contexto que sea.

La Inteligencia Emocional, por ejemplo, nos permite más energía, bienestar, optimismo y serenidad. Cualidades que se me ocurren fundamentales en la vida personal y profesional de cualquier persona.

La PNL nos facilita entender nuestros pensamientos: la percepción y las creencias las que conforman nuestro mapa mental y determinan nuestras emociones, actitudes y nuestra forma de comunicarnos internamente y con los demás. Es una herramienta que nos ayuda a hacer consciente lo inconsciente y, a su vez, nos permite conocer técnicas prácticas y sencillas para aplicar en nosotros y para ayudar a los demás a que lleven adelante este mismo proceso.

Cultivar la IE e incorporar las herramientas de la PNL, entre otros tantos contenidos que se abordan y se profundizan en este Experto, nos ayudan a mejorar/desarrollar las competencias más importantes del líder coach. Entre ellas:

  • Empatía. El Líder Coach es una especie de agente de resonancia que ayuda a los demás a ser protagonistas y responsables de la situación que transcurren. Por supuesto, para ello es fundamental mantener una escucha activa y comprensiva que no juzgue las percepciones del/los otro/s, sino que las acepte como parte de su realidad.
  • Preguntas y conversaciones. Hacer buenas preguntas y detectar las oportunidades de una conversación permite, por ejemplo, reconocer cuándo el devenir de la conversación necesita una redirección porque se está yendo hacia un lugar improductivo. La capacidad de realizar preguntas adecuadas es clave para alcanzar buenos resultados.
  • Presencia y apertura. Esta competencia mide la capacidad de mantener la atención en el/los otro/s, a partir de gestionar correctamente el ruido mental y el estado interno propio. 
  • Compromiso. No hay coaching sin acción. Por ello, otra de las competencias clave del Líder Coach es la capacidad para crear un compromiso genuino en el/los otro/s, en relación a su proyecto u objetivo.
  • Feedback. El Líder Coach sabe que un feedback sincero y respetuoso ayuda al desarrollo de las personas; las empodera; las hace ver sus fortalezas, sus puntos de mejora y sus zonas inexploradas.

Beneficios de la Inteligencia Emocional en el ámbito sanitario, educativo y empresarial.

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Inteligencia Emocional.

Especialización en Educación, Salud y/o Empresarial, expedido por el CES Don Bosco.

Los autores del libro Inteligencia Emocional 2.0, Travis Bradberry y Jean Greaves, señalan que solo el  36% de las personas identifican sus propias emociones. No obstante, son diversos los estudios que aseguran que cerca del 80% del éxito en la vida no depende tanto de la inteligencia racional, lógica y cognitiva, sino más bien de la habilidad para percibir, comprender y gestionar las emociones propias y ajenas; en otras palabras, del desarrollo de la inteligencia emocional (IE).

Ahora bien, cuando hablamos de éxito en la vida no nos referimos únicamente al logro de grandes metas personales y profesionales. El éxito también incluye pequeñas grandes cuestiones que hacen nuestro día a día y a nuestro cortísimo plazo. Por ejemplo, es habitual que después de un malentendido con un amigo, un familiar o un colega de trabajo, experimentemos intensamente rabia o frustración y que estas emociones nos acompañen y estropeen el resto de nuestro día. El hecho de desconocer cómo gestionar estos anclajes emocionales, tan tristemente comunes, nos deja atados a emociones y sentimientos que nos limitan, nos restan energía, nos bloquean la capacidad de pensar, actuar y/o tomar decisiones con claridad y de relacionarnos saludablemente con los demás.

Cuando aprendemos a cultivar la Inteligencia Emocional nos procuramos, entre otras cosas, energía, optimismo y resiliencia, que si bien son cualidades importantes para cualquier persona y en cualquier ámbito, resultan fundamentales sobre todo en entornos empresariales, educativos y sanitarios.

Para entender por qué, repasemos qué aspectos nos facilita trabajar la IE:
  • Autoconciencia: permite reconocer los propios estados internos.
  • Autorregulación: facilita el desarrollo de la confianza en los recursos propios para superar adversidades y afrontar desafíos.
  • Automotivación: favorece la identificación de los objetivos o intereses propios y nos permite desarrollar una actitud positiva en nuestro día a día.
  • Empatía: es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro, percibir lo que siente o incluso deducirlo a partir de su lenguaje no verbal, palabras, tono de voz, postura y gestualidad.
  • Habilidades sociales: son conductas o destrezas sociales específicas que nos permiten interactuar y crear relaciones y vínculos estrechos saludables y duraderos.

Todo esto es posible porque la IE no es algo con lo que nacemos, sino que se desarrolla a partir de las experiencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia. No obstante, puede mejorarse durante toda la vida gracias a la neuroplasticidad.

Ahora bien, habiendo enumerado los aspectos que aborda la IE, podemos entender, por ejemplo, por qué es crucial en el ámbito de la salud. Es decir, en el marco del cuidado y la atención del paciente, la IE constituye una competencia fundamental que les ayuda a los profesionales de la salud a identificar, comprender y gestionar las emociones propias, así como las emociones que surgen producto de su relación directa con el paciente y de este con su recuperación y/o con su estado de enfermedad. Tal vez sea en este entorno en el que sea más fácil valorar la importancia de conceptos como resiliencia, optimismo, empatía y asertividad.

En el ámbito de la educación también resulta fundamental. Cada docente necesita trabajar, aprender y vivenciar su propia emocionalidad para desempeñar su rol con energía, coherencia, respeto, serenidad y empatía. Después, la transferencia de esas cualidades ocurre naturalmente, ya que es él mismo quien aprende a generar espacios para fomentar la sana convivencia, el pensamiento positivo, la igualdad, el respeto por el otro y la interacción saludable entre todos ellos. Poco a poco, los niños se sienten más motivados y aprenden a reconocer, a expresar y a gestionar lo que sienten y lo que les pasa.

En el ámbito empresarial, y sobre todo en el liderazgo, la Inteligencia Emocional marca una diferencia positiva para la motivación y el clima laboral. Resumiré este tema enorme en una sola inquietud que cualquiera podría responder fácilmente. Pensemos en la oficina y en el día a día, ¿nos resultaría más fácil convivir con un líder que censura las aportaciones, la participación y el reconocimiento y se desborda ante la mínima presión; o con un líder que se comunica desde el respeto, que gestiona la presión y que invita a los demás a sentirse parte de cualquier proyecto activamente?

Por supuesto que la IE no es exclusiva de estos entornos y profesiones.

Evidentemente, hemos tomado algunos ámbitos diversos y distintos con la finalidad de exponer brevísimamente el alcance, el impacto y la importancia de esta inteligencia aplicada en la práctica. Lo que queda claro, y así lo mencionábamos al comienzo de este artículo, es que, independientemente de la especialización y el marco de actividad, el desarrollo de la IE es fundamental para acercarnos al éxito en la vida en cualquiera de sus formas.

En respuesta a todo esto, los profesionales de Emotiva CPC han diseñado el programa Experto Universitario en Inteligencia Emocional(*), cuya metodología es fundamentalmente práctica y vivencial.

Algunas características diferenciales de esta formación, incluyen:
  • Grupos reducidos. Favorece la vivencia y la interiorización de cada uno de los contenidos.
  • Escuela virtual. El acceso al material está disponible en una plataforma virtual.
  • Tutorías. A lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • Mayor visibilidad profesional. Sumar competencias de valor curricular y profesional en auge.

(*) Titulaciones:

Especialización en Educación, Salud y/o Empresarial, expedido por el CES Don Bosco.
Certificado de Emotividad que garantiza el proceso vivencial del alumno.


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Beneficios de la Psicología Positiva en el ámbito sanitario, educativo y empresarial.

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Psicología Positiva.

Experto Universitario en Psicología Positiva.

«La felicidad es una actitud. O nos hacemos miserables, o felices y fuertes. La cantidad de trabajo es la misma». A menudo creemos que somos felices o infelices según las circunstancias que tengamos en la vida. Pero la cita de Francesca Reigler, mencionada previamente, parece afirmar lo contrario: que la felicidad depende de nosotros, que es un estado que se construye activamente a través de encaminar la vida positivamente hacia donde queremos. Podemos ser nuestros propios líderes y transitar el camino hacia nuestros objetivos de forma eficaz.

A propósito de ello, el primer Manifiesto de Psicología Positiva (PsP) la define como «el estudio científico del funcionamiento humano óptimo». Es decir, la PsP se dedica a analizar las emociones positivas de la naturaleza humana: el optimismo, la alegría, la gratitud y la resiliencia y nace al observar que la psicología tradicional se ha centrado en los efectos negativos de las vivencias dolorosas.

Pero ¿qué consigue una persona a través de la Psicología Positiva?

Las personas que la practican se caracterizan, entre otras cosas, por:

  • Gestionar sus emociones de forma equilibrada.
  • Hacer uso de sus fortalezas personales para afrontar los retos y lograr objetivos.
  • Resolver eficazmente cualquier conflicto.
  • Desarrollar la empatía, la asertividad y la creatividad.
  • Ser capaces de aplicar su actitud positiva en cualquier ámbito de la vida.
  • Conseguir una mayor y mejor adaptación a los cambios.
  • Vivir en el presente y afrontar las dificultades con optimismo y resiliencia.

Estas son algunas de las cuestiones que aborda la formación Experto Universitario en Psicología Positiva diseñado por Emotiva CPC. La formación capacita al alumno en aquellas habilidades relacionadas con la PsP que se aplican en diversos ámbitos. Por ejemplo, en el entorno educativo, la aplicación de la PsP supone una revolución porque parte de cuestionar el enfoque docente basado en reparar, disciplinar o corregir lo que no funciona, a un enfoque basado fundamentalmente en desarrollar las fortalezas personales, el potencial, multiplicar las posibilidades y empoderar a los alumnos.

En el ámbito sanitario, y sobre todo el afrontamiento de situaciones difíciles y/o complejas, la aplicación de la PsP es clave, pues permite que los profesionales de la salud sepan cómo facilitar a los pacientes el cultivo de sus rasgos positivos y fortalezas personales. La diferencia, entre otras cosas, supone que un paciente pase de preguntarse “¿qué puedo hacer para dejar de estar mal?”; a preguntarse: “¿qué puedo hacer para sentirme mejor?”. Sobre todo en este caso, hablamos de la resiliencia. Veamos un poco más.

La resiliencia es una cualidad humana fundamental que define nuestra capacidad para superar positivamente las situaciones adversas sin quedar afectados negativamente por las mismas. El origen de su nombre aporta luz al concepto. Es un término que la psicología tomó prestado de la física: resilientes son los materiales que se doblan sin romperse para, luego, recuperar la situación o forma original. Como los juncos, que se doblan cuando sopla el viento, pero vuelven a erguirse después.

Efectivamente, la actitud que tomamos ante las situaciones, por muy difíciles que sean, es algo que depende de nosotros. En este sentido, con las prácticas que aprendemos en la formación, transformar los problemas en retos a través de hacernos responsables de nuestras acciones y aprender de lo negativo.

La adversidad no depende de nosotros, el crecimiento sí.

De esta manera, las competencias de la Psicología Positiva y sobre todo esta actitud resiliente a la que hacíamos referencia, también están íntimamente relacionadas con el liderazgo. En una situación de estrés, de conflicto, de desafío o de adversidad, el líder será la persona que pueda ver los caminos para inspirarse e inspirar a los demás con el objetivo de transformar las situaciones, capitalizarlas, crecer y seguir adelante fortalecidos.

Por todo lo que hemos venido diciendo, la formación Experto Universitario en Psicología Positiva no sólo es valiosa para aplicar en el ámbito profesional; también lo es para aplicar en nuestra vida, en nuestro crecimiento personal y en nuestras relaciones. De hecho, es allí donde empieza y desde donde se expande. Concretamente, hemos visto que en el ámbito educativo nos permite educar a alumnos desde la perspectiva de lo que funciona mejor en cada uno de ellos; sin embargo, para que esa facilitación pueda ocurrir, cada profesional tendrá que trabajar, adquirir y aplicar las competencias necesarias de la Psicología Positiva en primer lugar, en primera persona y partiendo desde su ámbito más íntimo.

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