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La duda patológica desde la Terapia Breve, Integrativa y Estratégica.

¿Es el fracaso la razón de la duda?

Contadas son las veces que un cliente llega al despacho expresando dudas como una problemática en sí misma. En general, lo que suele manifestar es ansiedad, depresión y/o muchos bloqueos a la hora de actuar que son síntomas con los que estamos familiarizados, aunque pueden ser producto del autoengaño que no vemos como tal. Todos esas alteraciones en el estado de ánimo pueden ser, efectivamente, somatologías propias de la duda patológica. Entonces, ¿cómo arribar a un diagnóstico certero? ¿Cómo es posible indagar para determinar que se trata de síntomas emergentes de otra patología?

Las preguntas del Diálogo Estratégico, en tal sentido, permite a los profesionales profundizar en la situación particular del cliente y así arribar a un diagnóstico cierto sobre si es esa ansiedad, depresión o bloqueo es producto de sus dudas o razonamientos a la hora de encontrar respuestas. Es decir, si está relacionada con la razón que le hace temer al fracaso, o si es el mismo fracaso la razón de sus dudas.

Evidentemente, el hecho de utilizar nuestra inteligencia de manera equivocada nos puede crear muchos problemas, pero necesitamos entender que a través de la razón podemos caer en trampas mentales tan devastadoras como las dudas patológicas. Como señala Miguel Herrador “aprender a sostener la incertidumbre y reconocer que sabemos bastante poco de nada, son las dos principales tareas del sabio”.

Algunas de las tipologías de dudas patológicas.

1. Intentar estar totalmente seguro para poder actuar.

«Qué desasosiego cuando, inseguros de nuestras dudas, nos preguntamos: ¿serán verdaderamente dudas?».  E. M. Ciorán

Esta tipología de dudas representa a las personas que buscan la certeza entre lo erróneo y lo correcto. De esta manera, no logran actuar, y si actúan, después se atormentan ante la duda de si habrán hecho lo correcto. El sujeto, poniendo constantemente en duda la validez de toda premisa, se convierte en víctima de sus propias limitaciones, incapaz de cualquier logro o decisión.

Se trata del intento de analizar un dilema desde todos los puntos de vista posibles pero dentro de la misma mente; es un poco como el demonio de las preguntas que no tienen una sola respuesta y, por ende, de las especulaciones sin fin. El continuo análisis produce auténticos torbellinos mentales, dentro de los cuales quien se los plantea llega a perderse.

2. El saboteador interior: “hagas lo que hagas, te equivocarás”.

«Me parece que la seguridad es algo así como la muerte». Tennessee Williams

Otra forma de duda patológica en la que la matriz de la dinámica es la búsqueda incesante de seguridad, que lleva aparejada inevitablemente una constante inseguridad. Son raras las situaciones de la vida en las que podamos alcanzar la certeza de haber actuado del mejor modo posible. El saboteador interior incluso ante el éxito, induce a la persona de todos modos a la insatisfacción mediante la valoración de que se podrían haber hecho las cosas de otra manera, que se podrían haber hecho mejor, o se habría podido actuar antes.

Cuando la interacción disfuncional entre la razón y ella misma se aplica a las elecciones, tiende a ralentizar las decisiones y a volverlas graves, difíciles y dolorosas. Por la tanto, aunque todo vaya bien, se sale del proceso muy cansado, y a veces herido como si hubiéramos estado en un auténtico combate.

3. El perseguidor interior: “¿y si no estoy a la altura?”.

«No estar a la altura le obligó a subirse a una escalera». Proverbio japonés

Por lo general esta tipología de trastorno ataca a personas que ejercen funciones de responsabilidad, torturándolas sobre el hecho de no estar a la altura y sobre el futuro desmoronamiento, que mostrará a todos su verdadera incapacidad y fragilidad. También puede afectar a personas inseguras que hacen una montaña incluso de situaciones que son de escasa responsabilidad.

A diferencia del saboteador, que señala con el dedo las equivocaciones se haga lo que se haga, el perseguidor interno muestra la inseguridad y la dificultad para enfrentarse a las nuevas situaciones. No es una cuestión de incapacidad, sino de miedo patológico. La duda surge mediante preguntas como: ¿Seré capaz de desempeñar este trabajo? ¿Estaré a la altura de enfrentarme a aquella situación? ¿Me derrumbaré al asumir tantas responsabilidades? Lo cierto es que la espiral patológica se produce cuando el sujeto intenta resolver la angustia recurriendo a la razón, buscando pruebas racionales para superar la duda irracional.. Cuanto más se repite esta dinámica, más potente se vuelve el inquisidor interior.

¿Cómo ayudamos a las personas a salir de estos laberintos mentales?

Hemos visto brevemente cómo abusar de los razonamientos lógicos y buscar la verdad absoluta nos puede llevar a la parálisis, a la ansiedad e incluso a la depresión. Desde un punto de vista terapéutico, ayudar a estas personas requiere mucha paciencia, ya que por su problemática llegarán a poner en duda todo lo que les podamos decirles y pedirles como profesionales. Aún así, hay salida y esta tiene que ver con las palabras de Miguel que señalábamos párrafos antes: la sabiduría consiste en saber llevar y sostener la incertidumbre”.

De esta forma, los fracasos de la razón y la duda patológica, representan uno de los 22 módulos sobre el que profundiza esta Formación en Terapia Breve Integrativa y Estratégica, siempre con el objetivo de brindar un entrenamiento práctico y teórico orientado a dotar de un protocolo de solución rápido y efectivo a los profesionales y particulares para la resolución de cualquier dificultad o problema.

Liderazgo Emocional: el lenguaje del aprecio para la motivación.

Mientras la creencia de los directivos es que el 89% del personal se marcha de la empresa para ganar más dinero y sólo el 11% por otros motivos, la realidad señala todo lo contrario; sólo el 12% deja una compañía por razones económicas y un altísimo porcentaje lo hace porque no se siente apreciada ni valorada.

Efectivamente, somos seres sociales por naturaleza y necesitamos del contacto con otras personas. Stephen Covey en su libro los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, señalaba: “además de la supervivencia física, la mayor necesidad del ser humano es la supervivencia psicológica; el hecho de que lo comprendan, lo valoren y lo aprecien”. ¿Incluso en el entorno laboral? Diría que sobre todo en el entorno laboral, y aunque muchos traduzcan aprecio como reconocimiento, no es lo mismo.

Es decir, el reconocimiento es algo público que pone énfasis en el desempeño en el logro de ciertas metas; ofrece una recompensa a unos pocos -que suele ser de arriba hacia abajo-, dejando de lado al resto del equipo y suele concretarse a través de un premio en dinero. Sin embargo, si bien el reconocimiento es algo necesario y está bien, las personas necesitan un reconocimiento más allá del desempeño y el comportamiento puntual. En tal sentido, el aprecio para la motivación se centra en el valor de la persona y contempla aspectos muy puntuales que lo diferencian claramente del reconocimiento.

  • Es individualizado y expresado personalmente.
  • Quien lo recibe tiene que percibirlo como algo valioso.
  • El hecho en sí de mostrar aprecio es un lenguaje de comunicación en el que intervienen siempre un emisor y un receptor y cada uno tiene su propio lenguaje principal. Para que el aprecio sea percibido como tal, además de cumplir con los puntos anteriores, tiene que emitirse en el lenguaje principal o “favorito” de quien lo recibe.

 

Ahora bien, ¿cuáles son los lenguajes del aprecio para la motivación?

A continuación,  mencionamos estos 5 lenguajes brevemente.

1- Palabras de afirmación.

  • Elogio por los logros. Centrado generalmente en una contribución/tarea específica y personal.
  • Palabras de afirmación que se centran en el carácter. Va más allá del desempeño y se centra en cualidades como la perseverancia, la generosidad, la paciencia, etc.
  • Palabras centradas en los aspectos positivos de la personalidad. Por ejemplo elogiar el optimismo, la energía, la lógica o la espontaneidad, entre otras características.

2- Tiempo de calidad.

  • Prestar total atención a la persona (sentimientos e ideas).
  • Preguntar para conocer las inquietudes. Crear conversaciones de calidad.
  • Empatía.

3- Actos de servicio.

  • Proporcionar asistencia a los compañeros/as es una convincente expresión.
  • Preguntar antes de ayudar.
  • Ayudar de la forma en la que la otra persona quiere ser ayudada.

4- Regalos.

  • Regalar lo correcto a alguien más es un mensaje de aprecio. Regalar algo que no es apreciado tiene poco efecto o puede ofender.

5- Contacto físico.

  • Este lenguaje del aprecio en los entornos laborales debe ser medido adecuadamente por motivos culturales y de naturaleza.
  • Es una demostración de afecto, un abrazo, un apretón de manos, etc.

Importante considerar la perspectiva de lo que es apropiado en una persona u otra puede diferir enormemente.

Dos grandes beneficios, entre otros.

Se mejoran las relaciones entre las personas en todos los sentidos y en todas las direcciones. En ese clima laboral más saludable y cordial, las personas se sienten más cercanas, apreciadas, reconocidas, valoradas y, en consecuencia, más y mejor motivadas para desempeñarse en el día a día de la empresa. En paralelo, la motivación y la satisfacción laboral de las personas supone para la empresa un factor esencial que genera más compromiso con los objetivos de negocio y permite crear de un flujo de comunicación más enriquecedor en la que todas las voces son escuchadas, respetadas y valoradas.

El lenguaje del aprecio para la motivación, entre otros temas, es uno de los contenidos sobre los que profundiza este Curso de Liderazgo Emocional diseñado por Miguel Herrador y Francesc Calahorro, fundadores del Centro de Terapia Breve Sentirse Bien. 

Terapia Breve Estratégica: el Modelo Terapéutico centrado en las Soluciones.

Soluciones sencillas para problemas complejos.

La Terapia Breve es un modelo terapéutico que busca entender cómo funcionan los problemas humanos para solucionarlos después. Está basado en el constructivismo y, como tal, su objetivo es facilitarnos ampliar nuestra conciencia operativa. Para ello, trabaja con la hipótesis de que cada uno construye su realidad y, por ende, también sus problemas. ¿Cuál es la buena noticia? Que así como creamos nuestros problemas, también está en nuestras manos el poder para resolverlos y construir realidades más funcionales.

De esta manera, esta Formación en Terapia Breve Integrativa y Estratégica (TBIE) es un entrenamiento práctico y teórico orientado a dotar de competencias a los profesionales y particulares para la resolución de cualquier dificultad o problema, independientemente de cuál haya sido su causa.

¿Qué problemas aborda y qué aporta en cada caso?

La Certificación está conformada por 22 sesiones. Cada una de ellas aborda un problema, dificultad y/o trastorno particular y en cada caso se facilitan herramientas, estrategias y un protocolo de solución práctico, rápido y efectivo. A diferencia de las intervenciones psicoterapéuticas que navegan por la historia de la/s persona/s en busca del origen del problema -aunque sobre eso no es posible influir-, el enfoque estratégico se centra en la solución. En tal sentido, es una intervención breve y focalizada que apunta a la reestructuración de la percepción que la persona tiene sobre sí misma, sobre los otros, sobre una situación particular y sobre el mundo.

Entre otras, las problemáticas que se abordan incluyen temas como miedos, fobias, ansiedad, estrés, ataques de pánico, paranoia, trastornos alimenticios, sexuales, obsesivo-compulsivos, depresión, mal de amores, manías, problemáticas en niños y adolescentes, adicciones y perversiones sin sustancias, enfermedades imaginarias, procrastinación y un largo etcétera.

Miedo a volar: una aproximación brevísima de cómo lo afronta la Terapia Breve Integrativa y Estratégica.

El miedo a volar, como casi todos los miedos, pone en funcionamiento 4 soluciones que, además de no funcionar, se acaban convirtiendo en trampas mentales. Estas son:

  • Anticipación. El futuro sólo existe en la imaginación, pero el cerebro no sabe distinguir la fantasía y la realidad. Por ello, si nos anticipamos al futuro para defendernos del pánico, más que afrontar nuestros miedos estamos tratando de esquivarlos.
  • Evitación. Cuanto más intentamos evitar algo que sentimos o pensamos, todavía lo pensamos y lo sentimos más. Defendernos del futuro tratando de evitar lo que nos asusta sólo propicia y alimenta el miedo.
  • Control. Cuando intentamos mantener el control, lo perdemos y acabamos creando lo que tanto nos asusta. Cuanto más control queremos tener, más nos descontrolamos.
  • Petición de ayuda. Lo más común son los constantes pedidos de acompañamiento, postergaciones, pedir que otro viaje, o acudir al fármaco para anestesiar el miedo mientras dure la acción. Cuando la persona recibe estas ayudas, elude su miedo y cada vez será más complicado el afrontamiento.

Este enfoque permite a las personas ver, revisar lo que están haciendo y darse cuenta de cómo todas estas 4 soluciones intentadas una y otra vez no están funcionando. En cierta forma, se trata de tomar conciencia de ese círculo vicioso y entender que es imposible romperlo si se hace siempre lo mismo. Para ello, la TBIE dispone de varias estrategias y abordan todos los miedos desde la lógica no ordinaria, también llamada lógica paradójica.

La meditación de todos los males, por ejemplo, es una técnica creada por los sabios estoicos. Una técnica paradójica que resulta útil si una persona tiene miedo a perder el control y provoca -de forma voluntaria- exponerse a aquello a lo que le teme. Hay una antigua estratagema china que reza “apagar el fuego añadiendo leña”. Cuando voluntariamente alguien pierde el control es, paradójicamente, cuando realmente lo recupera.

Otra de las estratagemas, aplicada en este caso para superar el miedo a volar, invita a la persona a observar en el aeropuerto a otras personas con su mismo miedo y anotar una descripción de lo captado; si suda en exceso, si toma un fármaco, si pasea nerviosa, etc. ¿Lo curioso? Pues ocurre que durante todo ese tiempo la persona ha cambiado el foco de atención y no ha pensado en su miedo a volar. Lo mismo hubiera ocurrido si llegaba al aeropuerto vestida de forma absurda o si se hubiera puesto a hacer el pino en medio de la gente. Son sólo un par de las distintas técnicas que nos permiten actuar como si no tuviéramos miedo. La idea es afrontar el miedo poco a poco, sin esfuerzo, pero en todos los casos interrumpiendo la ocurrencia de las soluciones intentadas.

¿Cómo ha sido pensada y diseñada esta Certificación?

Por todo lo que hemos mencionado, esta Certificación en Terapia Breve Integrativa Estratégica es una herramienta invaluable para psicoterapeutas, coaches, educadores, psicólogos, profesionales de la salud y todas aquellas personas que en su actividad profesional trabajan en el encuentro con el otro y están en una posición de privilegio para facilitarles a la/s persona/s la resolución de un conflicto y/o una dificultad particular y puntual.

No obstante, esta formación también ha sido diseñada para atender necesidades profesionales y personales puntuales. Muchas veces un psicoterapeuta, por ejemplo, se encuentra con problemáticas concretas que además de ser muy difíciles de desarticular, se vuelven un obstáculo a la hora de abordar o de continuar sobre otras cuestiones. En estos casos, cualquier profesional puede cursar una sesión puntual y acceder a protocolos concretos para dar respuesta a esa necesidad; o bien para que una persona pueda acceder a soluciones para afrontar y resolver personalmente lo que le ocurre a el mismo o a alguien de su entorno. 

El arte de liderar con inteligencia emocional.

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Liderazgo Emocional.

De lo tradicional a lo excelente.

Las emociones básicas en los seres humanos son: el miedo, el dolor, la ira y el placer. Todas ellas nos muestran cómo actuamos e interactuamos en nuestras relaciones, en nuestra forma de comunicarnos y en nuestras estrategias. Son las que nos marcan nuestra conciencia operativa y nuestra percepción de la realidad. A propósito de esto, T. Bradberry & J. Greaves señalan, en su libro Emotional Intelligence 2.0, que la Inteligencia Emocional (IE) mejora en un 58% el desempeño profesional y personal.

Hay algo muy interesante que Miguel Herrador, uno de nuestros especialistas en Liderazgo Emocional, menciona en uno de sus escritos y comparto con vosotros:

“Percibir en mucho más importante que sentir. Las emociones aportan sólo el punto de vista del organismo pero no aportan información completa o fidedigna sobre qué las desencadena”.

Es decir, lo observado depende del observador que somos (características psicofisiológicas, experiencia, cultura, emociones, etc.). Ahora bien, todas esas emociones que vienen con nosotros desde que nacemos son muy útiles para la supervivencia, ocurren más allá de nuestra voluntad y tienen un papel cada vez más determinante en nuestra vida. Además, más allá de la connotación negativa o positiva que podamos darles, sólo pueden ser peligrosas o útiles según cómo las gestionemos.

Por ejemplo, el miedo es muy importante porque cuando se activa el mecanismo de lucha o huida se anulan -inmediatamente- las otras tres emociones básicas: placer, dolor y rabia. A diferencia del dolor, que se experimenta en el presente en relación con algo ya ocurrido, el miedo siempre se centra en el futuro. No todos reaccionamos igual ante la misma situación ni nos provoca lo mismo. Es nuestra interpretación/percepción de la realidad la que podrá desatar con una intensidad particular una emoción -no importa cuál-, pero que necesitamos reconocer y aprender a gestionar en el mismo momento que transcurre.

Al final, ¿de qué nos sirve el miedo extremo e irreal cuando lo que necesitamos es claridad y enfoque para tomar una decisión vital? ¿De qué nos sirve la rabia cuando nos estancamos en ella mientras cuestionamos cosas que no podemos cambiar? ¿En qué nos puede resultar útil el dolor si en vez de escucharlo y aprender de él, lo silenciamos de mil maneras distintas? 

De esta forma, podemos considerar que el desarrollo de un Liderazgo Emocional es un trabajo artesanal, que no tiene una receta acertada y otra equivocada, sino que tiene un camino que -como hemos dicho en un artículo anterior– comienza por el autoconocimiento. Desde allí y solo desde allí se expande y se contagia a todo el ecosistema del que sea parte. Por ejemplo, en el ámbito empresarial, numerosos estudios señalan que quién influye, determina y define ese clima laboral positivo o negativo, en un altísimo porcentaje, es el líder a través de sus formas y acciones.

Y aunque lo hemos puesto como ejemplo, no es el único ámbito en el que el liderar con inteligencia emocional es clave. Un educador en el aula, un coach o psicoterapeuta en sus sesiones o cualquier persona que quiera liderar su proyecto de vida particular necesita conocer y gestionar su emocionalidad en primer lugar.

Desde una correcta autogestión, resolver conflictos, coordinar acciones, tomar decisiones, e incluso algo tan específico y noble como enseñar y ayudar a las personas en su crecimiento personal, se vuelve mucho más sencillo, genuino y saludable. Conocernos nos acerca a nuestra esencia, a nuestro verdadero poder personal y nos permite estar más auténticamente cerca de los demás.

Centrado en estas habilidades, entre otras, Miguel Herrador y Francesc Calahorro, con más de veinte años en de experiencia en el ámbito del asesoramiento, la formación y la terapia y fundadores del Centro de Terapia Breve Sentirse Bien, han diseñado un curso con un enfoque práctico e integral que profundiza en las bases conceptuales del Liderazgo Emocional(1) y en el entrenamiento a través de métodos concretos.

Por ejemplo, la terapia breve estratégica, es un modelo de intervención terapéutica centrada principalmente en soluciones, que no profundiza o se detiene en la/s causa/s del problema, conflicto y/o malestar. En cierta forma, como mencionábamos al comienzo del artículo, los problemas son el resultado del sistema de percepción de la realidad que cada uno de nosotros posee. Cuando aprendemos a desplazarnos de nuestro punto de observación, logramos una perspectiva más elástica y funcional, mayores posibilidades de elección y nuevas y diversas estrategias de solución.

Entre otras cosas, este curso nos permitirá:
  • Descubrir cuáles son y cómo gestionar nuestras emociones básicas.
  • Desarrollar nuestra inteligencia intrapersonal e interpersonal.
  • Identificar formas más eficaces para resolver problemas.

George Moore decía que “un hombre viaja por el mundo buscando lo que necesita y regresa a casa para encontrarlo”. Empieza hoy a construir la mejor versión de tu liderazgo.

(1) Certificado por AEAPro -Asociación Euro Americana de Profesionales en Ciencias Humanas y Sociales-.

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Liderazgo Emocional: el liderazgo definitivo para el cambio.

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Liderazgo Emocional.

El liderazgo definitivo para el cambio.

«Los patos salvajes siguen al líder de su parvada por la forma de su vuelo y no por la fuerza de su graznido» reza un proverbio chino que bien podría ser la otra cara del famoso «conócete a ti mismo» que encabeza el templo de Apolo y gran parte de la cultura occidental. Y es que forma parte del saber común que liderar a personas no es fácil, pero menos fácil es liderarse a sí mismo.

Todos lo sabemos o lo decimos, pero la coherencia consigo mismo no es algo fácil de alcanzar. Tener conciencia de uno mismo es la tarea más desafiante, pero ahí radica la clave para ser un buen líder. No podemos guiar a otros si no nos empoderamos a nosotros mismos. De esta forma, para alcanzar el éxito debemos conquistarnos a nosotros primero. Nadie nos seguirá si no ve en nosotros sinceridad y coherencia entre lo que hacemos y predicamos. Y en un plano más personal ¿de qué nos puede servir liderar a los demás si no somos capaces de gestionarnos a nosotros mismos?

Muchos de nosotros queremos estar en un ambiente armonioso, proactivo y trabajar rodeados de personas empoderadas, pero podemos pararnos a reflexionar: ¿somos siempre capaces de generar un clima semejante?

Porque el ambiente se crea a través de la actitud de todas las personas que actúan en él. Y si el nuestro es un lugar de mando, o de responsabilidad, nuestra influencia es aún más grande. De hecho, los resultados de un área o una empresa dependen en un 30%- 40% de su clima laboral y ese clima, está determinado en un 70% por los estilos de liderazgo. El estado emocional de un responsable de equipo influye directamente en el resto de los miembros.

Gracias al avance del estudio de las inteligencias múltiples, podemos aprender a convertirnos en los mejores líderes. El quid de la cuestión es, pues, «¿qué puedo hacer para convertirme en un buen líder?». El liderazgo emocional plantea valiosas herramientas para alcanzar el éxito empresarial, a través del autoconocimiento. Porque las viejas estructuras de mando han dejado paso a un nuevo paradigma empresarial que nos exige a todos un viaje de transformación personal. Un viaje de honestidad, humildad y valentía que tarde o temprano todos tendremos que hacer.

 

Cuestiones como la resolución de conflictos, la gestión de las emociones (las propias en primer lugar), la gestión de equipos centrada en las personas, la capacidad para la resolución de problemas son fundamentales para el logro de los objetivos. Por ejemplo, saber medir el clima emocional y cómo afecta al desempeño y, luego, tener la capacidad de centrarse en la solución y liderar hacia ella hace que el trabajo sea más eficaz, el objetivo se alcance mejor y los beneficios sean mayores. Pero para ello tenemos que estar conectados no sólo con el equipo, sino con nuestras propias percepciones y emociones, sabiendo gestionarlas y enfocarlas. Ya que, como afirma Daniel Goleman, impulsor del estudio del liderazgo emocional, la enseñanza de Sócrates «conócete a ti mismo» constituye la piedra angular de la inteligencia emocional, pues supone darse cuenta de los propios sentimientos en el mismo momento en que estos tienen lugar.

Pero ¿cómo llegar a ese conocimiento y gestión de nosotros mismos?

Veamos. Existen muchas teorías y enfoques, aunque si queremos avanzar, necesitamos entrenarnos en ellas de forma práctica. Es importante reconocer nuestras propias virtudes y defectos y habitar en el mundo con ellas; es importante saber expresar la mejor versión de nosotros mismos y a la vez saber evaluar certeramente a los demás. No obstante, para saber «leer» a los demás, necesitamos desarrollar nuestra capacidad de empatía, que a la vez nos abrirá las puertas de la comunicación eficaz y de la capacidad de persuasión.

Centrado en estas habilidades, entre otras, el Centro de Terapia Breve Sentirse Bien ha diseñado un curso completo y transversal, certificado por AEAPro -Asociación Euro Americana de Profesionales en Ciencias Humanas y Sociales-, que profundiza no sólo en las bases conceptuales del liderazgo emocional, sino en el entrenamiento a través de métodos concretos.

Por ejemplo, el Eneagrama es un mapa de la personalidad, que se basa en el estudio de nueve caracteres humanos. El modelo de Eneagrama Estratégico nos enseña a profundizar en ellos e ir un paso más allá para aprender cómo sacarle provecho a nuestra personalidad. Miguel Herrador, Master en Terapia Breve Estratégica y coach internacional y uno de los docentes del curso, es el creador de este modelo. Tanto él como Francesc Calahorro, Master en Problem Solving y Coaching Estratégico, cuentan con más de veinte años en de experiencia en el ámbito del asesoramiento, la formación y la terapia.

De esta manera, tanto si eres un líder empresarial, diriges equipos o quieres profundizar en el self leadership de impacto, estarás guiado por docentes que integran magistralmente diversos módulos de gestión como la terapia breve estratégica, la cognitivo conductual, la sistémica, la orientada a las soluciones y el Eneagrama.

Por todo lo que hemos abordado brevemente, este curso apunta a un cambio de paradigma tanto a nivel empresarial como personal y tiene un enfoque práctico e integral para descubrir, aprender y desarrollar todos los componentes del liderazgo definitivo para el cambio.

Entre otras cosas, este curso nos facilitará:
  • Construir nuestros objetivos de forma tal que podamos cumplirlos.
  • Descubrir cuáles son y cómo gestionar nuestras emociones básicas.
  • Reconocer qué tipo de personalidad tenemos y cómo sacarle todo el provecho.
  • Identificar formas más eficaces para resolver problemas.

Eleanor Roosevelt decía: «Si quieres manejarte a ti mismo, usa la cabeza; si quieres manejar a otros, usa el corazón».

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