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La duda patológica desde la Terapia Breve, Integrativa y Estratégica.

¿Es el fracaso la razón de la duda?

Contadas son las veces que un cliente llega al despacho expresando dudas como una problemática en sí misma. En general, lo que suele manifestar es ansiedad, depresión y/o muchos bloqueos a la hora de actuar que son síntomas con los que estamos familiarizados, aunque pueden ser producto del autoengaño que no vemos como tal. Todos esas alteraciones en el estado de ánimo pueden ser, efectivamente, somatologías propias de la duda patológica. Entonces, ¿cómo arribar a un diagnóstico certero? ¿Cómo es posible indagar para determinar que se trata de síntomas emergentes de otra patología?

Las preguntas del Diálogo Estratégico, en tal sentido, permite a los profesionales profundizar en la situación particular del cliente y así arribar a un diagnóstico cierto sobre si es esa ansiedad, depresión o bloqueo es producto de sus dudas o razonamientos a la hora de encontrar respuestas. Es decir, si está relacionada con la razón que le hace temer al fracaso, o si es el mismo fracaso la razón de sus dudas.

Evidentemente, el hecho de utilizar nuestra inteligencia de manera equivocada nos puede crear muchos problemas, pero necesitamos entender que a través de la razón podemos caer en trampas mentales tan devastadoras como las dudas patológicas. Como señala Miguel Herrador “aprender a sostener la incertidumbre y reconocer que sabemos bastante poco de nada, son las dos principales tareas del sabio”.

Algunas de las tipologías de dudas patológicas.

1. Intentar estar totalmente seguro para poder actuar.

«Qué desasosiego cuando, inseguros de nuestras dudas, nos preguntamos: ¿serán verdaderamente dudas?».  E. M. Ciorán

Esta tipología de dudas representa a las personas que buscan la certeza entre lo erróneo y lo correcto. De esta manera, no logran actuar, y si actúan, después se atormentan ante la duda de si habrán hecho lo correcto. El sujeto, poniendo constantemente en duda la validez de toda premisa, se convierte en víctima de sus propias limitaciones, incapaz de cualquier logro o decisión.

Se trata del intento de analizar un dilema desde todos los puntos de vista posibles pero dentro de la misma mente; es un poco como el demonio de las preguntas que no tienen una sola respuesta y, por ende, de las especulaciones sin fin. El continuo análisis produce auténticos torbellinos mentales, dentro de los cuales quien se los plantea llega a perderse.

2. El saboteador interior: “hagas lo que hagas, te equivocarás”.

«Me parece que la seguridad es algo así como la muerte». Tennessee Williams

Otra forma de duda patológica en la que la matriz de la dinámica es la búsqueda incesante de seguridad, que lleva aparejada inevitablemente una constante inseguridad. Son raras las situaciones de la vida en las que podamos alcanzar la certeza de haber actuado del mejor modo posible. El saboteador interior incluso ante el éxito, induce a la persona de todos modos a la insatisfacción mediante la valoración de que se podrían haber hecho las cosas de otra manera, que se podrían haber hecho mejor, o se habría podido actuar antes.

Cuando la interacción disfuncional entre la razón y ella misma se aplica a las elecciones, tiende a ralentizar las decisiones y a volverlas graves, difíciles y dolorosas. Por la tanto, aunque todo vaya bien, se sale del proceso muy cansado, y a veces herido como si hubiéramos estado en un auténtico combate.

3. El perseguidor interior: “¿y si no estoy a la altura?”.

«No estar a la altura le obligó a subirse a una escalera». Proverbio japonés

Por lo general esta tipología de trastorno ataca a personas que ejercen funciones de responsabilidad, torturándolas sobre el hecho de no estar a la altura y sobre el futuro desmoronamiento, que mostrará a todos su verdadera incapacidad y fragilidad. También puede afectar a personas inseguras que hacen una montaña incluso de situaciones que son de escasa responsabilidad.

A diferencia del saboteador, que señala con el dedo las equivocaciones se haga lo que se haga, el perseguidor interno muestra la inseguridad y la dificultad para enfrentarse a las nuevas situaciones. No es una cuestión de incapacidad, sino de miedo patológico. La duda surge mediante preguntas como: ¿Seré capaz de desempeñar este trabajo? ¿Estaré a la altura de enfrentarme a aquella situación? ¿Me derrumbaré al asumir tantas responsabilidades? Lo cierto es que la espiral patológica se produce cuando el sujeto intenta resolver la angustia recurriendo a la razón, buscando pruebas racionales para superar la duda irracional.. Cuanto más se repite esta dinámica, más potente se vuelve el inquisidor interior.

¿Cómo ayudamos a las personas a salir de estos laberintos mentales?

Hemos visto brevemente cómo abusar de los razonamientos lógicos y buscar la verdad absoluta nos puede llevar a la parálisis, a la ansiedad e incluso a la depresión. Desde un punto de vista terapéutico, ayudar a estas personas requiere mucha paciencia, ya que por su problemática llegarán a poner en duda todo lo que les podamos decirles y pedirles como profesionales. Aún así, hay salida y esta tiene que ver con las palabras de Miguel que señalábamos párrafos antes: la sabiduría consiste en saber llevar y sostener la incertidumbre”.

De esta forma, los fracasos de la razón y la duda patológica, representan uno de los 22 módulos sobre el que profundiza esta Formación en Terapia Breve Integrativa y Estratégica, siempre con el objetivo de brindar un entrenamiento práctico y teórico orientado a dotar de un protocolo de solución rápido y efectivo a los profesionales y particulares para la resolución de cualquier dificultad o problema.

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