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Tensión y rigidez en el sistema muscular, ¿cómo evitarlo?

Somos seres permeables e interdependientes. Vivimos en una gran red de comunicación personal y social. Nuestros vínculos personales y nuestro organismo funcionan en forma de red. Por ello, llevar una vida de relación saludable requiere de atención, fluidez, sinceridad, cuidado, conciencia, comunicación y cooperación. La vida es un mundo sensible de relaciones y comunicación con infinitos matices y posibilidades de movimiento y realización.

Voy a hablarte de las tensiones musculares y para ello primero vamos a ver cómo se relaciona el sistema nervioso y el muscular y cuáles son sus respuestas habituales.

El sistema nervioso y muscular.

Ambos comparten la cualidad de la comunicación y son muy importantes en nuestra supervivencia.

La función básica del sistema nervioso es recibir los estímulos del ambiente y de nuestro interior y transformarlos en movimientos, en respuestas que se adapten o respondan a ese estímulo. Así como no existe ni un pensamiento que no tenga un correlato físico, no existe nada que suceda a nuestro alrededor o dentro de nuestro organismo que no sea registrado por nuestro sistema nervioso y comunicado al sistema endócrino e inmunológico.

Por ejemplo, una cara que sonríe nos relaja, mientras que una expresión de enfado nos tensa, aunque no haya ninguna palabra. Las reacciones al estímulo pueden ser diversas, ya que conecta todos nuestros sistemas y órganos con nuestro cerebro. Todo lo que sucede en nuestra vida: las expresiones faciales, caminar, respirar o hablar involucran nuestro sistema muscular.

Si en día lluvioso un coche nos mancha la ropa nos enfadaremos, poco o mucho según el día y la persona, y podemos insultar al conductor o guardarnos el grito y la queja. Esa energía activada en forma de emoción, por ejemplo la rabia porque se nos ha manchado la ropa, puede ser expresada en forma de insulto, o puede ser contenida, retenida o reprimida.

¿Y quién decide eso? ¿Por qué sucede?

Lo decide nuestra mente consciente. Ya sea visible o no, consciente o inconsciente, siempre hay una de respuesta y es nuestro córtex cerebral quien puede dar permiso o inhibir esa expresión. Sucede porque evolutivamente somos primero mamíferos y luego humanos/as pensantes. Las crías de los mamíferos necesitan un largo proceso de maduración antes de vivir de forma independiente. Esto hizo necesario que la crianza se realizara en grupo y el organismo creó un sistema regulador de interacción social que garantiza la seguridad y la supervivencia.

De esta forma, nuestro sistema nervioso siempre va a necesitar el grupo, la tribu, los cuidadores, la cultura o la sociedad. Aún en la experiencia de vida más difícil podemos encontrar una persona que nos miraba de forma amable y nos daba seguridad, o un espacio que nos acogía, o un objeto que amábamos con el que nos sentíamos vinculados/as y a salvo.

No sobrevivimos sin vínculos.

Nuestra supervivencia depende de la seguridad que nos muestre nuestro entorno y nuestros vínculos.

Hablemos o no de trauma, la energía de cada acción activada y no realizada se quedará retenida en nuestro cuerpo esperando ser descargada. Nuestro sistema muscular contiene la energía de estas respuestas de acción no realizadas -los movimientos interrumpidos, la emoción, el pensamiento, el impulso-, que ha sido movilizada y no ha sido descargada, actuada o sentida: es decir, sin haber acabado su ciclo natural.

Por ejemplo, el sarcasmo es una respuesta pasiva agresiva en la que el sistema simpático ha inmovilizado defensivamente la respuesta motora. Así, probablemente de manera crónica, la acción es retenida y la rabia se expresa racional y verbalmente. Seguramente el entorno, la familia y/o la sociedad no aprobaba la expresión de la rabia y ésta ha quedado contenida en la musculatura o articulaciones.

El estrés, el dolor y la rabia producido por una situación vivida ha activado una respuesta activa de defensa simpática que no ha sido posible expresar en seguridad. Si hemos sido castigados/as por llorar, gritar, o quejarnos de lo que me molesta o duele, aprenderemos a retener la acción que expresa nuestro sentir. No sobrevivimos sin vínculos.

La interrupción de la acción en sí no es el conflicto; es decir, podemos contener conscientemente, en nuestro sistema corporal, una emoción que sentimos pero que sabemos que no es momento de expresar sin que sea un conflicto. Si le damos un lugar en nuestra conciencia, sintiendo esa emoción dentro nuestro y atendiéndola, entonces se liberará la energía movilizada.

Las emociones son nuestro gran recurso para regular nuestro comportamiento, acciones y para movernos en nuestras relaciones. El registro de lo que sucede en nosotros/as y en el entorno puede ser consciente o inconsciente y la respuesta al estímulo activará nuestro sistema endocrino, inmunológico, motor, e incluso nuestros músculos.

No siempre podemos, sabemos o queremos expresarnos libremente.

Ahora bien, ¿por qué no lo hacemos? ¿Qué es lo que nos ayuda a expresarnos libremente?

Lo que nos permite la expresión es sentirnos seguros. La aprobación es sinónimo de seguridad y supervivencia y nuestro semáforo para la expresión es la seguridad o el peligro. De esta manera, si nos sentimos en un lugar seguro podremos expresarnos, pero si nos sentimos en peligro, entonces defenderemos nuestra seguridad en primer lugar.

Es habitual que la sociedad de hoy nos incite a desafíos permanentes en el que la seguridad no está bien vista, en el que el mandato es que hay que vencer nuestros miedos y cumplir nuestros sueños; sin embargo, salir de la zona de confort puede llevarnos a muchas confusiones ya que la incertidumbre es el gran desafío de nuestro tiempo. De esta forma, necesitamos aprender a convivir con ella sin descuidar nuestro cuerpo y evitando tensiones innecesarias.

Nuestro maravilloso organismo tiene un gran regulador: nuestro sistema nervioso. Es el que nos ayuda a experimentar muchos matices en nuestras acciones y es muy importante que cada uno descubra cómo es su propio sistema. Entre otras cosas, porque nos permite elegir desafíos que no alteran nuestra sensación de seguridad y en los que podemos desplegar todos nuestros recursos y potenciales.

La Psicoterapia Corporal, somática, te ayudará a conseguir la auto-regulación necesaria para que seas capaz de co-regularte con el mundo. Los talleres de Anatomía Vivencial te enseñarán a conocer tus ritmos y necesidades, a aprender a monitorear tus señales corporales, tus sensaciones, tus emociones, y luego activar tus recursos internos para modificar lo necesario para cuidarte, respetarte, restaurar y mantener tu bienestar.

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