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Coaching Estratégico.

“Baja a tierra” tu proyecto, meta y/o objetivo.

Existen cambios inevitables, los que no decidimos, los que tienen que ver con la evolución propia de nuestro cuerpo y de nuestra historia. No obstante, hay cambios, metas y desafíos que están relacionados con nuestros deseos. Por ejemplo, cuando decidimos encarar un nuevo proyecto, iniciar una carrera, cambiar hábitos de alimentación, mudarnos, hacer un deporte, etc. Sin embargo, a pesar de que lo deseamos y lo tenemos presente en la mente cada día, tantísimas veces lo postergamos, nos quedamos en el camino o no tomamos la fuerza necesaria para comenzarlo. Mientras más mentalizamos, menos materializamos.

Esta forma de autosabotaje es muy común y está relacionada con creencias profundas que nos alejan de la meta, incluso a pesar del gran deseo y motivación que podamos tener. Porque lo cierto es que la motivación funciona como un motor para el cambio, pero no es suficiente. A veces deseamos cambiar pero nos cuesta llegar a la acción, nos debatimos internamente entre costos y beneficios, tenemos miedo a lo nuevo y posponemos las acciones concretas para encarar nuestro plan. Si por ejemplo creemos que no vamos a poder, efectivamente, no vamos a poder.

El coaching estratégico supone un gran aliado a la hora de diseñar un plan realista y realizable.

Por un lado porque contempla el hecho de que no podemos evitar recurrir al autoengaño en nuestra percepción de la realidad y, en tal sentido, todas las técnicas que utiliza se usan de forma estratégica para que superemos esas resistencias, autoengaños y bloqueos que impiden el pleno desarrollo de nuestro talento y/o la concreción de objetivos. Por otro lado, nos facilita el zoom y la perspectiva para que nos sea posible generar un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente que necesitamos llevar adelante para lograr lo que sea.

Isabel Boix, nuestra coach estratégica, señala que en la mayoría de los casos 5 sesiones de coaching estratégico son suficientes para que las personas “bajen a tierra” su proyecto y/o su objetivo y diseñen un plan realista y realizable para cumplirlo. A propósito de esto, también nos cuenta que mientras a muchas personas les cuesta mucho definir el objetivo; a otras se les hace cuesta arriba imaginar escenarios, y a otros se paralizan cuando tienen que trazar el plan de acción final. Lo cierto es que todos somos diferentes y ella está ahí para ser la guía y darnos el apoyo que en cada etapa necesitemos.

De esta forma, una vez que se determina el objetivo y este cumple con el requisito de ser realista y realizable, entonces es posible enumerar y evaluar las soluciones intentadas que hasta ahora no han funcionado. También nos permite detectar por qué no han funcionado; es decir, si el problema era que el objetivo estaba mal planteado, si no era realista, etc.

Inmediatamente después, la metodología nos invita a pensar en cómo empeorar la situación. Una de las estratagemas más utilizadas en esta fase propone que: “si quieres aprender a enderezar una cosa, primero aprende a retorcerla de todas las formas posibles”. Se trata de pensar en cómo podríamos hacerlo peor, y aunque a priori puede parecer absurdo, cuando las personas nos esforzamos en pensar de acuerdo a esta lógica paradójica, podemos conseguir, por ejemplo, ver las cosas desde otro punto de vista para identificar alternativas que de otra forma no se nos hubieran ocurrido.

Ahora bien, ¿podemos imaginar cómo sería el escenario más allá del problema? O dicho de otra forma, ¿somos capaces de visualizar el éxito del objetivo sin sabotaje?

Se trata de convencer a nuestra propia mente sobre todas las características de la situación ideal. Recordemos que en la visualización el cerebro no distingue si es verdad o es mentira, por ello, al recrear la realidad ideal también podemos seleccionar los aspectos realizables y después empezar a actuar en tal dirección.

Hasta aquí hemos repasado el caos, hemos desarrollado otros puntos de vista y hemos imaginado la situación ideal. Ahora corresponde trazar un plan de acción para llegar a esa situación y la técnica del escalador es una herramienta que nos facilita este salto para dejar de mentalizar y comenzar a materializar. Recordemos que cuando la planificación es sólo mental o defectuosa nos lleva a poner parches, a priorizar cuestiones que no son importantes, a mezclar todo y a perder de vista el objetivo. Este desorden supone la explicación respecto a por qué tantas veces hemos abandonado el plan o no lo hemos sabido mantener en el tiempo para que se consolide

“Bajarlo a tierra” nos permite identificar también si el plazo del proyecto es el correcto o necesitamos ajustarlo;  si hemos contemplado demasiados pasos juntos, o si alguno de ellos requiere cumplimentar sí o sí un paso anterior. Dicho de otra forma, nos permite tomar perspectiva rápida y fácilmente para hacer los ajustes que sean necesarios y mantener siempre la condición de realizable.

Puede que el auto-sabotaje de nuestro proyecto esté profundamente ligado a creencias en las que entendemos que no nos merecemos el éxito. Pero en cualquier caso, el coaching estratégico no se detiene en el problema sino que nos ayuda a encontrar la solución. Como menciona nuestra especialista, “si bien nos facilita la toma de conciencia, en paralelo nos permite re-significar el éxito; nos ayuda a romper los patrones que nos permitirá transformar ese viejo círculo vicioso, en un nuevo círculo virtuoso”.

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