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Mindful Eating.

Hambre Emocional, ¿siempre está mal?

En cierta forma, pareciera que la cultura del lápiz rojo que señalaba los errores en la escuela la hemos exportado a muchos ámbitos de la vida, incluyendo la alimentación. De allí que sea normal asignarle una connotación totalizadora -positiva o negativa- a determinados alimentos y/o conductas alimentarias. Esto sucede habitualmente con el concepto de hambre emocional, tan denostado y castigado hoy en día.

A lo largo de la historia de la humanidad hemos sobrevivido compartiendo alimentos. Por ello, la comida es mucho más que comida y mucho más que nutrientes. Está en nuestros genes desde el principio de la historia, nos ha facilitado acercarnos, compartir, celebrar y nos ha permitido sobrevivir como especie. De esta manera, el hecho de comer emocionalmente en un sinfín de casos no supone un problema en sí, sobre todo si no nos aleja de nuestro valor de cuidado y nos permite cierta flexibilidad en la conducta. Así nos lo afirma Mireia Hurtado, creadora del Curso de Mindful Eating y Mindfulness.

Por ejemplo, como señalábamos, la comida forma parte de todas las celebraciones. Un banquete de bodas, un chocolate con churros para disfrutar de una charla con amigos, la paella del domingo con la familia, etc. Ciertamente, es una fuente de placer y disfrute que nos hace sentir incluidos y parte de distintos grupos sociales. Es más, no se me ocurre efecto más adverso que excluirnos de un evento por el simple hecho de estar cuidándonos. ¿Por qué digo esto? básicamente porque no resulta muy difícil imaginar el estrés o la ansiedad -tan perjudiciales para nuestra salud-, que supone haber renunciado a pasarla bien en pos de “evitar tentaciones”. Más aún, la mayoría de las veces para poder apaciguar esa ansiedad terminamos comiendo en exceso.

Cuando el hambre emocional sí es un problema.

Ahora bien, cuando comer es el principal mecanismo de afrontamiento que tenemos ante un sentimiento, estado emocional o de ánimo; cuando utilizamos la comida como compensación, evitación y/o procrastinación, entonces nos alejamos del valor de cuidarnos y nos acercamos convertir en hábito esa conducta tan poco saludable.

No obstante lo dicho, tenemos que ser conscientes que la neutralidad emocional no existe; por ende, siempre estamos sintiendo algo. Todas las emociones y los estados de ánimo son adaptativas/os, incluso las/os menos agradables de sentir. Sin embargo, son estas últimas que tantas veces preferimos censurar, reprimir o negar a través de la comida. Lo único que hace esta situación es alejarnos del nudo del problema y convertir la experiencia de comer en algo desadaptativo.

Algunas pautas del hambre emocional son:
  • Aparece repentinamente y es urgente.
  • En general se nos antojan alimentos específicos (chocolate, chips, dulces).
  • Comemos más de lo habitual y al final nos sentimos incómodamente satisfechos.
  • Experimentamos culpa y resentimiento.

En cierta forma, está claro que este tipo de hambre no aparece por una circunstancia biológica ni natural, sino que es la respuesta una carencia interna y a cómo nos relacionamos con ella a través de nuestros estados emocionales y/o anímicos como la ansiedad, el aburrimiento, la tristeza o la soledad. Por todo esto, el hambre emocional funciona como un mensaje que nos invita a prestar atención sobre cómo nos estamos relacionando con esa parte de nuestra vida que no estamos atendiendo correctamente.

Curso de Mindful Eating y Mindfulness.

Dentro de la conciencia plena y del Mindful Eating, una de las cosas más importantes a destacar es que no hay conductas ni respuestas correctas e incorrectas. Es un ejercicio de exploración continuo y con curiosidad. Es decir, nos acerca a lo que sucede y nos invita a reflexionar. Por ejemplo, a observar nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones para preguntarnos: “¿con está conducta que estoy haciendo ahora qué estoy intentando tapar o esconder?” ¿Qué tipo de hambre tengo?” “¿Es un hambre físico o emocional?” ¿Mi estómago se encuentra vacío y reclama alimento o hemos tenido alguna situación difícil y estamos tristes?”.

Esta exploración curiosa nos permite reconocer qué sucede y decidir -sin juicio y con compasión- sobre todo ello. ¿Por qué mencionamos la compasión? Veamos. Cuando aplicamos la compasión lo que sucede es que aún sabiendo que se trata de hambre emocional, tomemos la decisión de comer ese dulce para sentirnos mejor y más animados. Este permiso supone comer con atención consciente, sin reprocharnos y disfrutando de cada bocado. De esta forma, también estaremos evitando el ciclo de la culpa, ansiedad y tensión que nos lleva a comer impulsivamente.

Todo lo dicho, entre otras cosas, se aborda en este curso y de forma absolutamente experiencial. Conceptualmente apunta a nutrirnos con los principios de la Alimentación Consciente, basados en neurociencias e investigaciones clínicas, para ayudarnos a construir una relación más saludable con la comida y con nuestro cuerpo y para procurarnos un mayor bienestar físico, mental y emocional.

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