Visión Estratégica. Enfoque AddVANTE, basado en una filosofía de seguridad activa.
Siguiendo el paralelismo biológico de toda empresa, podemos decir que los negocios siguen un ciclo vital en el que nacen, crecen, alcanzan un periodo de madurez más menos prolongado y, en última instancia, se extinguen.
Ciertamente, a partir de este esquema elemental podemos encontrar muchas casuísticas: desde empresas que son capaces de reinventarse y conectar con nuevas necesidades de los clientes, gozando con ello de una longevidad extraordinaria; como otras cuyo proyectos fracasan en fases muy iniciales, en algún caso por haberse avanzado al ecosistema económico en que hubieran podido florecer.
Sin embargo, una constante que podemos establecer es que todas las empresas se enfrentan a crisis periódicas, originadas por factores internos, debidas a cambios en el sector o por evolución del entorno macroeconómico.
En muchos casos estas crisis suponen una oportunidad para que las empresas introduzcan cambios, mejoren su competitividad y salgan fortalecidos de la misma. Para otras, en cambio, la crisis supone la no continuidad del proyecto empresarial, dando lugar a su extinción o en el mejor de los casos, a su venta.
En un entorno de crisis continuada, hay tres preguntas básicas que se imponen:
- Qué circunstancias del sector, del entorno o propias de la empresa, pueden provocar una situación de colapso.
- Qué opciones y alternativas existen, para superar con éxito dicha situación.
- Qué riesgos existen para el órgano de administración en el caso de discontinuidad y cómo minimizarlos.
Además, hemos de tener en cuenta que, en determinados casos, llegar a una situación de crisis implica la adopción de medidas fuera de lo convencional. Es por ello que, en una situación en la que se puede producir la discontinuidad de la empresa, es vital para los órganos de decisión contar con un mapa detallado de los riesgos existentes, los riesgos aparejados a nuevas decisiones, y qué medidas se pueden implementar de forma inmediata para minimizarlos. En caso contrario, existe la posibilidad de cometer un mayor número de errores a la hora de tomar decisiones.
Es crucial hacer este diagnóstico cuanto antes, pues nuestra experiencia nos indica que muchas empresas actúan reactivamente a las decisiones que impone el día a día, incurriendo en riesgos de los que sólo se es consciente, cuando las opciones disponibles han disminuido radicalmente.
El enfoque de AddVANTE en este tipo de trabajos pone énfasis tanto en la cobertura de riesgos empresariales, como en las estrategias encaminadas a minimizar los riesgos personales.
Para ello utilizan una metodología constituida sobre dos vectores:
• Análisis global del negocio, encaminado a aflorar los riesgos más determinantes que podrían llegar a generar una situación de colapso en la empresa y como consecuencia una discontinuidad en el negocio. A continuación definimos las estrategias de protección que serían necesarias implantar para poder hacer frente a los riesgos detectados.
• Valoración y gestión de los riesgos personales que pueden afectar a los órganos de gestión y administración y que podrían ponerse de manifiesto precisamente en el caso de producirse una situación de discontinuidad.
Este enfoque, basado en una filosofía de seguridad activa, permite ir reduciendo riesgos a medida que se aproxima una previsible situación de colapso, como se refleja en el siguiente gráfico.
En definitiva, el proceso descrito busca reducir al máximo el nivel de riesgos que pueden impactar sobre la organización y en especial sobre los órganos de gobierno en un caso de discontinuidad de negocio.
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Fuente: David Martínez
CEO, AddVANTE
dmartinez@addvante.com

















Competitividad Sostenible y Responsable.
La Responsabilidad Social Corporativa, RSC en sus siglas, es un concepto que en los últimos años viene imponiéndose como un requerimiento de las empresas que persiguen la excelencia.
No obstante, esta implantación no está exenta de dificultades y falsas impresiones. Una de ellas es considerar que únicamente es aplicable a grandes empresas, y más como una obligación reputacional, que como un verdadero impulsor del cambio en la organización.
Muchas empresas, especialmente pequeñas y medianas, ven la responsabilidad social corporativa como un lujo que no se pueden permitir o, incluso, como una amenaza a la eficiencia empresarial. En definitiva, acaban considerando que les puede suponer más una carga que una oportunidad.
Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. Al contrario: la única responsabilidad social corporativa que tiene sentido es la que, no sólo no limita la eficiencia en la empresa, sino que la potencia. Es por esta razón que, jugando con las siglas del concepto en inglés Corporate Social Responsability (CSR), desde AddVANTE nos gusta provocar explicando que no ayudamos a implantar RSC sino CSR, haciendo corresponder las siglas del concepto en inglés con las palabras:
Al hablar de la competitividad sostenible y responsable estamos haciendo énfasis en que el centro está en la competitividad, pero un cierto tipo de competitividad, la sostenible y responsable.
En primer lugar la Competitividad:
La primera condición para que una empresa pueda ser responsable es que exista, y la competitividad es la clave que posibilita la existencia de las empresas. Plantear políticas de responsabilidad social sin tener en cuenta la competitividad de la empresa, sólo puede considerarse como una actitud irresponsable.
Es bajo la luz de la competitividad que debe plantearse toda actuación dentro de la empresa y, en caso de que existan conflictos que comprometan este principio, deberán buscarse las fórmulas que concilien y retroalimenten los polos de la eficiencia y la responsabilidad.
Por ello, la implantación de un sistema CSR no puede estar basada en la mera repetición mecánica de fórmulas ya sabidas, sino que es necesario un esfuerzo continuo de creatividad e innovación para aplicarlo a cada realidad empresarial concreta.
La Sostenibilidad o visión a largo plazo:
Aunque siempre han existido y, probablemente siempre existirán, negocios oportunistas que nacen y mueren al calor de una particular coyuntura de mercado, las empresas tienen una vocación de perdurabilidad. Las empresas sostenibles son aquellas que perduran en el tiempo; aquellas que pueden mantener la competitividad a la que antes aludíamos de una manera consistente y continuada en el tiempo.
Como se ve, estamos hablando de un concepto mucho más amplio que la sostenibilidad puramente medioambiental. Consiste en mantener una visión estratégica a largo plazo, excluyendo las actuaciones que nos pueden reportar un beneficio inmediato pero que implicaran un perjuicio posterior.
El objetivo es disponer de un sistema de gestión que permita a la empresa estar atenta a su entorno, para poder anticipar y generar la mejor respuesta posible ante los cambios que se produzcan. Una actitud rígida e inflexible ante cambios del entorno es la mayor amenaza a la sostenibilidad de las empresas.
La Responsabilidad como motor:
Etimológicamente responsabilidad proviene de responder. Un empleado responsable es aquel que sabemos que responderá, aquel con el que se puede contar. Esta cualidad, deseable en las personas, tanto profesionalmente como en todos los ámbitos del comportamiento humano, también lo es para las empresas.
Todos nosotros, como consumidores, deseamos depositar nuestra confianza en empresas que nos provean de productos y servicios útiles y confiables y, que cuando no sea así, sepan dar la respuesta adecuada.
Las empresas pueden cometer errores en el suministro de productos y servicios, pero una respuesta ágil y comprometida a estos errores puede subsanarlos e, incluso, convertirlos en una oportunidad de fidelización. En el polo opuesto, pocas experiencias hay más desalentadoras que la falta de respuesta de algunos servicios de atención al cliente que parecen diseñados para confundir y hacer perder el tiempo y la paciencia a los consumidores.
Las redes sociales y el surgimiento de una nueva cultura digital puede ser el medio para que empresas y consumidores puedan encontrar un espacio de relación más directa y transparente.
Evidentemente es más fácil desarrollar el orgullo de pertenecer a una empresa, y el compromiso con una labor bien hecha, si ésta presta servicios y productos excelentes. Pocas cosas motivan más a las personas que sentir que son útiles y que forman parte de un equipo con objetivos comunes.
Reflexionar sobre cómo conseguir este enfoque CSR en la empresa es, no sólo un ejercicio apasionante, sino la mejor vía para establecer sistemas de gestión con sentido.
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Joan Jiménez
Socio Área Consultoría AddVANTE
jjimenez@addvante.com
Para más información: AddVANTE.com