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    Comunícate y construye inteligentemente.

    Hablo porque conozco mis necesidades, dudo porque no conozco las tuyas.
    Mis palabras vienen de mi experiencia de vida. Tu entendimiento viene de la tuya.
    Por eso, lo que yo digo, y lo que tú oyes, puede no ser lo mismo.
    Por lo que si tú escuchas cuidadosamente,
    no sólo con tus oídos, sino también con tus ojos y tu corazón,
    puede ser que logremos comunicarnos.

    Herbert. G. Lingren

    “El director tiene suerte de tener los empleados que tiene”; “si no fuera por la respuesta de su gente estaría quebrado”; “habla poco y cuando lo hace sólo sabe ser despectivo”; “tiene muy mal genio, si supiera lo que pensamos sobre él…”; “en su casa debe ser su mujer quien lleva la voz de mando”.  Así se referían al Director de la empresa, la pluralidad de voces en los pasillos…

    Aunque parezca ciertamente inédito, él lo sabía y eso le generaba un profundo malestar. Cada vez que tenía que presenciar una reunión, horas antes comenzaba a inquietarse, le sudaban las manos o se le manifestaba una disfonía. No era casual y no era el único ámbito de su vida en que experimentaba estas molestias. Huía de las discusiones, le perturbaba tener que sostener debate frente a muchas personas y por ello, cada vez que alguno de sus Gerentes intentaba abrir alternativas, era terminante; lo desautorizaba sin siquiera mirarle a los ojos y se escapaba por la tangente para evadir opiniones.

    Claro que quienes trabajaban con él hace años, le conocían muy bien y ya no sentían el ego dolido por sus irónicos comentarios. La empresa iba bien, y aunque todos sabían que podría ir mucho mejor, se habían acostumbrado a la estabilidad sin sorpresas. Lo terrible es que él también se había acostumbrado a esa forma de comunicarse y se pronunciaba igual de elocuente en cada espacio de su vida. No tenía que ver con su cargo; tenía relación directa con él.

    Pero un día, hubo un detonante. La competencia estaba siendo más audaz y había logrado ciertos aspectos diferenciales y superiores a su tradicional producto. Necesitaba a su gente; precisaba innovar en sus productos para conseguir nuevamente la confianza de sus clientes. Pero para ello, debía comunicarse, lograr influenciar positivamente a su gente, debatir, dialogar, transmitir y ¡escuchar nuevas ideas! ¿Cómo lo haría? ¿Quién podría ayudarlo para sobrevivir a lo que para él implicaba semejante desafío?

    Investigó sobre distintas metodologías; indagó sobre la efectividad de cada una y concluyó que lo que él necesitaba era un cambio profundo, una especie de reprogramación, algo que le ayudase a entender los porqué de sus modos pero que además le resulte sostenible y aplicable a todas las facetas de su vida. La Programación Neurolinguística (PNL), parecía ser el gran primer paso que necesitaba.

    COMUNICACIÓN EFECTIVA CON PNL.
    DESCUBRIENDO EL PROPIO POTENCIAL

    John Grinder, co-creador de esta disciplina durante los años 70, afirmaba: el ser humano, al transmitir su representación del mundo, tiene ciertas limitaciones que derivan de las condiciones neurológicas del individuo, de su situación social y de sus características personales. Estas limitaciones, a su vez, determinan que el lenguaje como toda expresión humana esté también sometido a ciertos procesos que empobrecen su modelo.

    Luego de leer esta reflexión, el director tomaba conciencia de las tantas cosas que le esperarían al adentrarse en el análisis de su mapa mental. Ya había asumido el desafío y se había comprometido a superarlo y a vencer las barreras que le impedían comunicarse efectivamente con su gente.

    Cualquier persona, frente a su experiencia del mundo, forma de éste una representación bastante completa, variada y rica en detalles; sin embargo, muchos de nosotros, incluido el director, a la hora de manifestarlo a través del lenguaje, utilizamos expresiones básicas que tienden a generar ciertas distorsiones en la comunicación con las personas, provocando -como mencionábamos al comienzo-, malos entendidos, conflictos o disconformidad en todas las partes.

    El director debe comenzar por lo básico: averiguar que significan las palabras para él desde la estructura de la experiencia, más que en el contenido de ella y de cómo se comunica con otros mediante el lenguaje. En función a los resultados explorará su potencial para:

    1. Saber escuchar y sacar la máxima información de su interlocutor.
    2. Aprender a decir lo que quiere decir; abandonando las especulaciones (por ejemplo, que todo el mundo sabrá lo que “quiso decir y lo que tiene que hacer”).
    3. Potenciar su liderazgo inteligentemente.
    4. Adquirir un estilo empático y eficaz que le permita crear relaciones genuinas con los demás, que además le permitan transmitir mensajes claros y efectivos.
    5. Ganar seguridad y confianza frente a los demás. Perder el miedo; vencer obstáculos (como la disfonía, la sudoración, etc).
    6. Escuchar otras ideas y a valorarlas. Construir y no destruir lo que podrían ser aportes brillantes.

    Comunicarse con inteligencia es interactuar y construir a partir de las diferencias; es enriquecer las relaciones con los demás en los diferentes aspectos de nuestras vidas. La PNL en una reconocida, rápida y eficaz herramienta que mejora la comunicación en todos los campos en los que aparecen las relaciones humanas: psicología, educación, ventas, negociación, gerencia, liderazgo, etc.

    El director lleva un tiempo sorprendiendo a su gente. Hasta el más escéptico se pregunta cómo ha ocurrido el cambio. Todos en general respondieron con gran esmero para reposicionar la marca; están satisfechos con la nueva situación y más motivados a la hora de aportar nuevas ideas. No obstante, para el director, esto es recién el comienzo de un cambio profundo.

    Hoy es capaz de escuchar, de preguntar e incluso de identificar focos conflictos en los equipos de trabajo y entre otros gerentes, que acaso antes prefería ignorar.

    Su desafío ya está en marcha. Ahora, va por más…

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    Comunícate Inteligentemente.
    Descúbrete más allá de tus palabras.

    www.coachingparalaexcelencia.com

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    Gestionar las emociones para hablar en público.

    Algunas personas, al hacer una presentación pública, negociar o realizar una entrevista importante, pierden sus facultades y lo pasan mal. Ser el centro de atención, sentirse en el “escenario”, expresarse ante un público o negociar algo importante, les causa estrés. Frente a tal desafío, sienten temor de “no estar a la altura” y tienden a perder control emocional.

    La palabra francesa “enjeu” se traduce como “hay mucho en juego” y significa  que nos estamos jugando algo importante y que de ello, esperamos obtener un desenlace positivo a nuestro favor. En estas situaciones, nuestras emociones casi siempre se interponen y nos impiden ser más efectivos al comunicar y transmitir aquello que realmente queremos transmitir. Es extremadamente difícil, ocultar nuestras emociones. Nuestro lenguaje no verbal, gestos, expresión facial, tonalidad de la voz y nuestras emociones a través de él, a menudo, nos delatan.

    No somos autómatas. Controlar nuestras emociones o estar en “actitud zen”, no es nada fácil. Para no dejarnos invadir emocionalmente, necesitamos aprender ciertas prácticas o comportamientos que nos permitirán manejar nuestras emociones, cuando “hay mucho en juego”.

    ¿Por qué nos invaden las emociones cuando hablamos en público?
    Las situaciones donde necesitamos satisfacer necesidades básicas u obtener resultados, tienden a generar un cierto estrés. El estrés es una reacción fisiológica del organismo en la cual se activan mecanismos de defensa, para afrontar situaciones de amenaza o peligro. En situaciones de verdadero peligro, es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.

    Para algunas personas, hablar en público, supone un desafío, que perturba su equilibrio emocional y a la vez genera emociones no muy positivas, ligadas a la expresión de cierto grado de estrés.

    La necesidad de reconocimiento es una necesidad humana básica. Cuando comunicamos, necesitamos ser reconocidos, escuchados y entendidos por nuestros oyentes o interlocutores. En este tipo de situación, donde “hay mucho en juego” (se espera obtener un resultado) aparece el temor a no obtener satisfacción e incluso a ser juzgados por el otro, a quien inconscientemente consideramos como una amenaza o un competidor. Vivimos la situación como un peligro, poniendo énfasis en lo que queremos transmitir (el contenido de nuestro mensaje) y restando importancia en cómo lo queremos transmitir afín de optimizar la escucha de nuestros interlocutores.  Priorizamos el fondo, restando importancia a la forma. Al percibir la situación como una amenaza, activamos las reacciones fisiológicas que acompañan el estrés y que influyen en nuestra expresión: secreción de hormonas como las catecolaminas y entre ellas, la adrenalina en la glándula suprarrenal,

    • El corazón late más fuerte y rápido y sube la presión arterial.
    • Se acelera la respiración.
    • La sangre se dirige de los intestinos hacia los músculos para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos).
    • La mente aumenta el estado de alerta.
    • El nivel de insulina aumenta para que el cuerpo metabolice mas energía.
    • Se agudizan los sentidos.
    • Sube el centro de gravedad del cuerpo y perdemos la sensación de estar en contacto con la tierra.

    El resultado es que no somos tan eficientes como quisiéramos y nuestro mensaje pierde coherencia.

    ¿Cómo canalizar la emotividad para transformarla en recurso y minimizar las reacciones fisiológicas ligadas al estrés?
    Podemos canalizar el estado de emotividad que surge en una situación de desafío, con un aprendizaje adecuado. Una alternativa a no caer en el temor de ser juzgados por terceros, es estimular la necesidad que tenemos de recibir algo del otro: la atención, la escucha y el reconocimiento que necesitamos como seres humanos.

    El cerebro responderá de manera diferente según se prepare para gestionar el temor o se active para satisfacer una necesidad de recibir o de ser reconocido (obtener una sonrisa, una mirada, atención). Podemos aprender a vivenciar la situación de “donde hay mucho en juego”, de manera diferente, evitando el desbordamiento emocional y adoptando nuevos comportamientos relacionales.

    Se trata de entrenarse con prácticas útiles de percepción e integrar nuevos reflejos.
    En primer lugar identificaremos y diagnosticaremos nuestras habilidades para comunicar.
    En segundo lugar nos entrenaremos a obtener los reflejos adecuados (respiración,  motricidad, gesto, espacio, relación), sea cual sea la situación, para comunicar con más espontaneidad.

    Todos sabemos comunicar de manera más o menos eficiente. Con un entrenamiento adecuado todos podemos ser excelentes comunicadores.

    Para más información: susanaramon.com


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