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    Nuestras Creencias VS Nuestro Cuerpo.

    CONOCERME MEJOR.

    Los artículos anteriores permitieron comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía a distintos niveles de condensación y frecuencia. Y ello nos abre otras maneras de ver la enfermedad y en cómo sanarla. En este quinto artículo y siguientes centraremos la atención en hechos que nos amplían esta comprensión. 

    Un ejemplo claro de que nuestros pensamientos o emociones provocan cambios fisiológicos en nuestro cuerpo, se pone de manifiesto cuando a raíz de una pérdida vital, nos invade y sorprende algo sutil e invisible que denominamos tristeza, y que se traduce a su vez en algo tan maravilloso, visible y líquido como las lágrimas que emergen de nuestros ojos. ¿Te has preguntado alguna vez cuánta energía requiere el proceso de agrupación de ciertas moléculas de agua en nuestro cuerpo hasta la aparición de una lágrima? 

    NUESTRAS CREENCIAS VS NUESTRO CUERPO.

    Para representar la influencia que nuestras creencias pueden ejercer en nuestro cuerpo, citamos algunos ejemplos: 

    1. Efecto placebo: la efectividad de un tratamiento suele comprobarse con dos grupos de personas. A uno se le administra el fármaco real y al otro un medicamento placebo como es una simple pastilla de azúcar. Los pacientes no saben cual de ellos reciben. Sólo cuando la proporción de personas curadas en el grupo que ha recibido el fármaco auténtico es estadísticamente mayor que en el grupo placebo, se puede concluir que el tratamiento es efectivo. En la mayoría de los estudios sucede que en el grupo placebo hay personas que se curan. Si se consigue una curación con placebo del 48% y una del 82% con el tratamiento activo, sólo el 34% se cura gracias al medicamento. Simplemente el hecho de creer en la efectividad de un tratamiento, puede provocar la curación de algunas enfermedades. Este fenómeno, como mencionábamos, se denomina efecto placebo. A través de nuestros pensamientos y creencias más o menos adecuadas podemos afectar positiva o negativamente la marcha de nuestras enfermedades.

    2.  Efecto nocebo: de la misma manera que creer en la efectividad de un tratamiento nos puede llevar a la curación, creer lo opuesto nos puede llevar justamente a todo lo contrario. Es el caso de las personas hipocondríacas, cuya interpretación preocupada u obsesiva de algún signo o síntoma en su cuerpo suele llevarles a la convicción de que padecen una enfermedad grave y a la generación de sus síntomas somáticos reales. La aparición de éstos, es el efecto nocebo.

    3. Embarazos psicológicos: esta situación se da en mujeres que creen estar embarazadas sin estarlo realmente, pero los síntomas corresponden a como si lo estuvieran: el ciclo menstrual desaparece, el volumen abdominal y el peso aumentan, las glándulas mamarias secretan leche, las náuseas y vómitos tienen lugar. La infertilidad o las dificultades para desarrollar una adecuada gestación pueden llevar a la mujer a un gran deseo de ser madre. También se evoca como posible causa las emociones ocultas en ella que no han encontrado una apropiada vía de expresión. 

    Un aspecto maravilloso de esta interrelación creencia-cuerpo es su capacidad de focalización y puntería, es decir, su capacidad de convertir la creencia en una realidad fisiológica bien concreta y relacionada, y no en una cualquiera. Es decir, si creo que el tratamiento que sigo para la tos es efectivo, lo que terminará por desaparecer será la tos, y no el dolor de muelas que también tengo, por ejemplo. 

    El hacernos más conscientes de que nuestras creencias condicionan nuestra salud, nos impulsa a cuidarlas al máximo. Somos responsables de la elección de nuestras creencias. No es lo mismo creer que mi cuerpo aguanta todo lo que le eche en calidad, cantidad y hora, que creer que mi cuerpo es sensible a todo ello. Mis actos serán distintos

    ¿MIS CREENCIAS SE BASAN EN LA REALIDAD,
    o la realidad se basa en mis creencias? 

    A mí me rompió mis esquemas limitados, Carmen. Después de un accidente de moto, estuvo tetraplégica un largo tiempo. Ya no lo está. Lo que para muchos es un diagnóstico irreversible, para mí ya ha dejado de serlo gracias a Carmen. Más tarde estuvo en coma varios meses. Hoy desarrolla una magnífica labor entre personas de una alta sensibilidad y conciencia. 

    Lo anterior me lleva a pulir mis conversaciones con los demás. El otro día, una madre vino a verme porque su hijo es disléxico. Yo le dije: ”su hijo no es disléxico, sólo tiene dislexia”. El verbo “ser” se refiere a lo que es parte esencial de mi identidad, mientras que el “tener”, y también el “estar”, se refiere a algo temporal en mí, hoy sí, pero no necesariamente mañana. Es una manera de quitar hierro y reencuadrar nuestras creencias.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    Detectar y desbloquear atascos emocionales.

    Vencer limitaciones y esclarecer motivaciones.

    Clarificar los caminos a seguir, en su trabajo de acompañamiento individual a personas, líderes, emprendedores, empresas, empresas familiares y organizaciones. También trabaja según los Talleres y Seminarios de su web constelacionessistemicas.es

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    La enfermedad como portadora de un mensaje.

    Los artículos: Conocerme mejor (1), (2) y (3), nos han permitido comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía, en sus distintos niveles. Esta comprensión nos abría a otras maneras más positivas de ver la enfermedad.

    En este artículo seguiremos profundizando en este aspecto tan íntimo y sagrado del ser humano.

    La fluidez total en las relaciones es el paraíso. Aunque la perfección no existe, hay distintos grados. Cuando sentimos que nuestras relaciones no fluyen como nos gustaría, lo recomendable es trabajar para mejorar nuestro bienestar y el de los distintos miembros de nuestro sistema familiar de origen, de otros sistemas y amigos. Y si hemos formado nuestro propio sistema familiar, lo anterior es igual de válido.

    La Sistémica trabaja con nosotros preventivamente, y también para con nuestros hijos y para las generaciones que les siguen, al liberarlas de cargas y desbloquear energías (y así poder dedicarlas a los retos a afrontar).

    En un conflicto siempre hay dos partes opuestas. En el caso del ser humano habita:

    • Lo racional y lo irracional.
    • Lo conciente y lo inconsciente.
    • La energía condensada en forma de materia y la que vibra a diversos niveles.
    • La energía bloqueada y la que fluye, está la enfermedad y la salud.

    También habita la parte crítica y la criticada, la parte perfeccionista y la parte objeto de perfección.

    Cuando podemos “ver” al ser humano como depositario de partes opuestas, ya no tiene sentido defender a ultranza a una (por ejemplo yo, que soy muy perfeccionista) y no querer “ver”, y rechazar a la otra (mi parte objeto de perfección). En cambio, viendo ambas partes conviviendo y complementándose en el ser humano como un “todo”, lo veríamos como completo y por lo tanto, habríamos conseguido su reconciliación interior.

    En otro orden de cosas y a grosso modo, cada ser humano es 50% padre y 50% madre. Si yo rechazo a uno de ellos, rechazo un 50% de mí. Este rechazo es una causa, entre otras, de una baja autoestima. Si yo quiero sentirme bien y tener la fuerza necesaria, he de estar reconciliado interiormente con las dos.

    Cada uno de nosotros tiene a todos como mortales menos a sí mismo. Sigmund Freud

    El hecho de trabajar sistémicamente nuestras ataduras, lealtades, puntos ciegos y bloqueos inconscientes en plan preventivo ¿significa que podemos llegar a estar completamente limpios de ellos? No. Pero cuanto más los trabajemos, menos serán lo que nos afecte de manera “negativa” y más elevado será nuestro nivel de conciencia. A medida que, y desde nuestra superficie, nos iremos quitando capas de todas esas causas de enfermedad y sufrimiento, de todos esos demonios que habitan en nosotros, como en una cebolla; nos acercamos al centro silencioso y sereno, al ser verdadero que somos.

    Aunque nos trabajemos sistémicamente, la enfermedad nos puede llegar en cualquier momento, de algún conflicto emocional no resuelto por nuestros antepasados, o por otras causas. No se sabe por qué le toca a uno y a otro no, pero toca; y cuando le toca a uno, alguna emoción aparece. A veces es la rabia, si la llegada de la enfermedad se siente como una injusticia. ¿Por qué tengo yo que pasar por ahí debido a algún conflicto o situación en la que yo no participé? También se puede sentir impotencia y por supuesto, tristeza.

    No hay emociones buenas o malas. Hay emociones, hay energías adaptativas que nos ayudan a sobrevivir. Las emociones son el motor de la acción. Constituyen una parte esencial del vivir. (también te puede interesarla compresión y utilización positiva de las emociones“)

    ¿Qué hacer cuando este impulso energético “negativo” de la enfermedad nos llega? Mientras insistamos en rechazarla, se resistirá y persistirá. Mientras permanezcamos en esta actitud de rechazo, no podremos “verla” de otro modo. Aunque no tengamos la predisposición psicológica de preguntarnos ¿qué puedo aprender de esto?, el solo hecho de hacerlo ya nos puede ayudar a desdramatizar y a cambiar de perspectiva. Dejaremos de tomar la enfermedad como una maldición y la consideramos ya como portadora de un mensaje. Este paso nos ayuda a distanciarnos de ella y a tranquilizarnos emocionalmente.

    Ya no seremos la enfermedad, sino más bien unos observadores privilegiados de la misma. En nuestra debilidad podremos encontrar paradójicamente la fuerza y sólo así podremos acogerla.

    Nos ayudará el no juzgar ni comparar, el respetar a cada uno tal y como es, en su dignidad. También así, evitaremos ir de víctimas por la vida dado que nos empoderaremos y nos haremos responsables de nuestras situaciones. Y también así, podremos adoptar actitudes de humildad y aceptación que nos ayudarán a franquear ciertas puertas. Una de ellas es la de las constelaciones.

    ¿Qué mueve a una persona hacia las constelaciones sistémicas? Mi experiencia me habla de la cantidad de personas, que en su mayoría, vienen porque ya no aguantan más la situación en la que se encuentran, porque ya no soportan “cargar” con algo pesado y que ya han intentado “soltarlo” o resolverlo demasiadas veces y por diferentes vías.

    Yo diría que vienen por un impulso, por una energía, por una gracia que les ha puesto en movimiento. ¿De dónde les viene? La respuesta la dejo en las manos de cada lector.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    • Detectar atascos emocionales.
    • Desbloquearlos.
    • Vencer limitaciones.
    • Esclarecer motivaciones.
    • Clarificar los caminos a seguir.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica en su trabajo de acompañamiento individual a particulares, emprendedores, líderes, empresas familiares y organizaciones, o a través de los Talleres y Seminarios de su web.

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    Para más información.
    Conocerme Mejor.

    www.constelacionessistemicas.es

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    Las enfermedades de la mente. Conocerme mejor (3).

    Los artículos: “Conocerme mejor (1) y (2)” permitieron comprender que la conexión entre lo tangible de nuestro cuerpo y lo intangible de nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía. Esta comprensión nos abre a otras maneras más positivas de ver la enfermedad, de sanarla, e incluso de prevenirla. ¿Cómo conseguirlo?

    La enfermedad no es una maldición que inexorablemente hay que sufrirla, sino una llamada a resolver algo que aún está pendiente de reconciliación en nuestro sistema familiar desde una o varias generaciones. Sólo después de habernos negado varias veces a reconocer y trabajar ese algo, a pesar de los toques más o menos sutiles recibidos, nuestro inconsciente protesta y la enfermedad aparece. No hay curación física sin sanación espiritual.

    Brigitte Champetier de Rives nos dice que el significado profundo de la enfermedad se encuentra en las dinámicas inconscientes de amor ciego que nos atan con nuestros antepasados excluidores y excluidos, cuyo desencadenante fueron los conflictos emocionales entre ellos. No habiendo podido sanarlos cuando ocurrieron, así como tampoco pudieron las generaciones que les siguieron, a alguno de los vivos de hoy le llega su bloqueo emocional como una parte de su herencia.

    Cada conflicto genera un tipo de enfermedad o síntoma y afecta a un órgano determinado. No es aquí el lugar para explicar todo este amplio y profundo conocimiento que va descubriendo la Sistémica en su avance a pasos de gigante, ni como se aplica en la práctica. Pero sí es importante decir y dar a conocer que las constelaciones sistémicas focalizadas en las enfermedades ayudan a las personas que las padecen a descifrar su mensaje, ver con quiénes de su sistema familiar está relacionada, descubrir el conflicto original, tomar conciencia e iniciar el movimiento de reconciliación y sanación. Cuando eso sucede, la persona enferma suelta su pesada carga emocional, experimenta alivio y toma energía para la salud y la vida.

    Los hombres conocen antes la necesidad de curar sus enfermedades que sus errores. Benjamin Franklin

    ¿Necesitamos llegar a la enfermedad? No. Pero para evitarlo, hemos de empezar por elevar nuestro nivel de conciencia para captar los mensajes incipientes y crecientes que vamos recibiendo de nuestro cuerpo.

    Del blanco de la salud al negro de la enfermedad hay una amplia gama de grises, según la gravedad y la naturaleza de los conflictos en origen. Pero, en cualquier caso, hay una señal clave, inexorable y sencilla para saber si tenemos algo pendiente que resolver en nuestro sistema familiar. Y ésta es el amor, la ligereza y la fluidez de mis relaciones con mi padre y con mi madre. Si fluyen a la perfección, no hay conflicto pendiente de ser resuelto ni enfermedad a la vista por esta razón. En este caso, estoy en el paraíso. Y si no fluyen, en menor o mayor grado, las constelaciones sistémicas me ayudan a conseguirlo. Esta es su aportación preventiva.

    Esta visión sistémica del ser humano a partir de la enfermedad, nos abre a nuevas comprensiones. Cada ser humano no sólo lleva cargas de conflictos no resueltos en su sistema familiar de origen, sino también las que vienen de las heridas emocionales de ascendientes que sufrieron por acontecimientos externos a su sistema familiar, como guerras, persecuciones, emigraciones, o terremotos, así como las procedentes de los traumas vivenciados durante su propia existencia, tales como maltrato y acoso por parte de terceros, despido, separación, accidentes, etc.

    Todo ese dolor, si no se ha podido soltar, permanece reprimido y escondido en el saco inmenso de nuestro inconsciente. Esa energía absorbida en el mantenimiento de las tensiones internas de sufrimiento, a veces se escapa en forma de impulsos. Llegados a este punto, podríamos afirmar que en todo ser humano hay impulsos que proceden de lo más profundo de su inconciente, incomprensible para sí mismo y para los demás.

    Así, se nos hace ahora más fácil comprender por qué individuos brillantes en su carrera profesional, arruinan su vida en un instante con pulsiones sexuales fuera de control, otros se convierten en autores de matanzas, atentados o actos de terrorismo, y otros se suicidan. Se ven impulsados a ello por una fuerza inexorable.

    ¿Significa lo expuesto anteriormente que nuestra vida está predeterminada? Sí, si no hacemos nada por elevar nuestro nivel de conciencia. No, si nos trabajamos todas estas ataduras, lealtades y bloqueos inconscientes que sabemos que existen en nosotros a través de diversos síntomas, como el fantasmeo de ciertas emociones y las enfermedades.

    Esos demonios tienen los días contados si decidimos hacer uso de nuestra libertad de elección, responsabilidad y empoderamiento para sanarnos mucho antes de vernos irremediablemente abocados a actos oscuros, al quirófano o al cementerio. Limpiar y sanar para prevenir, ser feliz y hacer felices a los demás.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    • Detectar atascos emocionales.
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    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica en su trabajo de acompañamiento individual a personas, líderes, emprendedores, empresas, empresas familiares y organizaciones, o a través de los Talleres y Seminarios de su web.

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      El enfoque transgeneracional en el coaching.

      Ya todos somos concientes de la eficacia del coaching como apoyo personal / profesional para descubir y conseguir objetivos. Su metodología es muy práctica y hace más de 40 años que otorga resultados tangibles en multitud de campos y países.

      Añadirle al coaching la mirada transgeneracional, incrementa su profundidad. ¿Por qué algunas personas no consiguen sus objetivos, siguiendo la misma metodología que ha servido para tantas otras?

      La respuesta corta: su inconsciente contiene órdenes muy estrictas y sentimientos de culpa muy poderosos que no les permiten alcanzar lo que más desean. Tradicionalmente, ese ha sido el campo de la psicoterapia. El psicoanálisis ha ofrecido a la humanidad una comprensión profunda de los mecanismos del inconsciente. Pero sus métodos son lentos y caros, “no tengo tiempo”, “no me lo puedo permitir”.

      El coaching sistémico transaccional ofrece un trabajo breve y directo a la profundidad.

      El enfoque transgeneracional, que obtenemos con el análisis transaccional y la sistémica, suprime de los frenos inconscientes que mantienen a la persona anclada en el fracaso y el autoboicot.

      Las preguntas del coaching, combinadas con herramientas de las constelaciones familiares y sistémicas, aplicadas en grupo, o individualmente, permiten llegar muy rápidamente al quid de la cuestión: los mandatos que la persona incorporó de su familia, sobre cómo debía fracasar para ser solidaria. En un proceso de coaching sistémico transaccional se consigue más con menos, la persona puede darse los permisos que necesita para tener éxito y ajustar su éxito a lo que su sistema familiar le puede permitir. De ahí nace una nueva comprensión de las dificultades del pasado que permite trascenderlas; la persona alcanza una autoestima más completa y a menudo una manera más armoniosa de relacionarse con los demás.

      La paz interior es el primer paso para la paz con los demás.
      (Fragmento del capítulo de Marta Albaladejo del libro “Vivir y convivir en paz”)

      Para resolver el conflicto con Juan, María debe atender en primer lugar las necesidades y los deseos de su parte Niña, solamente los que sean posibles en el presente; y debe obedecer solamente los mandatos de su parte Padre que le permitan vivir por fin en paz. El estado Adulto de María (primero con la ayuda de su coach y luego ya de forma autónoma) tiene capacidad para resolver los conflictos entre las distintas partes de su personalidad. Cuando lo consigue, ha dado un paso de gigante para resolver sus conflictos con el Padre, el Adulto y el Niño de Juan.

      La evidencia nos demuestra que tendemos a comunicarnos con los demás de modo semejante a como lo hacemos con nosotros mismos. Las personas que son muy autoexigentes, por poner un caso, con estados Padre muy severos, suelen ser exigentes con los demás. Otro caso es el de las personas que tienen dificultades para ponerse límites a sí mismas, tampoco saben muy bien cómo poner límites a los demás; y seguro que se te ocurren más ejemplos.

      Por lo tanto, si nuestras partes saben dialogar mejor, no solamente vivimos más en paz con nosotros mismos, sino también con los demás. Podremos ser más empáticos con ellos, y estaremos más cerca de comprender sus distintas “partes” y de aceptar sus incongruencias, ya que son aproximadamente como las nuestras.

      La mala conciencia es un conflicto que nos hace crecer.

      Cada uno de nosotros, en nuestra infancia, grabamos de las personas que nos educaron creencias y mandatos acerca de nosotros, de los demás y del mundo. Algunos pueden parecer en el presente como absurdos o estrechos: “es mejor la gente de nuestro país que los extranjeros”, “no debes confiar en nadie”, “los de izquierdas son buenos y los de derechas, malos (o al contrario)”, etc. Es entonces cuando surge el conflicto entre el Padre y el Adulto y el Niño de la persona.

      A través de las creencias familiares, cuando niños, nos vinculamos a la familia donde crecimos. Los niños hacen todo para poder pertenecer al grupo del cual depende su supervivencia; la copia “automática” de creencias y pautas de comportamiento es un mecanismo valiosísimo para la vida de la persona.

      Copiando de este modo, los niños desarrollan una buena conciencia que los hace sentir seguros y tranquilos cuando cumplen los mandatos de su grupo. Cuando crecemos y desarrollamos nuestro propio criterio, nuestro Adulto, frecuentemente nos sentimos culpables e intranquilos, aquí nacen los conflictos interiores, la mala conciencia, que nos permite evolucionar.

      El coaching transaccional y sistémico, contra los peligros de la “buena” conciencia.

      Según el Análisis Transaccional, existe un “guión de vida”, elaborado por nuestro Niño a partir de sus decisiones infantiles, que nos limita y nos condiciona. Nos hace sentir “bien” cuando lo cumplimos, aunque el guión de algunas personas sea destructivo:

      • “Acabaré loco…”
      • “Nunca seré rico…”
      • “Seré alcohólico…”
      • “Moriré joven…”
      • “Acabaré sola…”

      Permanecer en la “buena conciencia”, sin conflicto, significa a veces cumplir un destino que puede ser fatal. Con un proceso de coaching se puede reescribir el guión y empezar a incumplirlo.

      Desde otro enfoque terapéutico y filosófico, el de la terapia sistémica de Bert Hellinger, se habla de “amor ciego”. El “amor ciego” también es una “buena” conciencia que nos condiciona y que nos limita.

      Algunas personas, cuando eran pequeñas, por amor “ciego”, tomaron decisiones trágicas:

      • “Prefiero morir yo, que tú…”
      • “Yo, como tú, tampoco voy a ser feliz…”.

      Estas decisiones infantiles, muy trágicas o menos trágicas: “yo también seré panadero”; “yo nunca me casaré para cuidaros”, enterradas en el inconsciente, nos hacen sentir culpables cuando nuestra vida empieza a cambiar. (Freud se refería a la culpa como al miedo a dejar de ser amado)

      Los profesionales del coaching vemos cómo algunas personas se sienten culpables cuando se oponen a ciertos mandatos familiares:

      • No ser más felices que aquellos que les precedieron.
      • No disfrutar de lo que los suyos no disfrutaron.
      • Expiar culpas que pertenecen a sus padres o abuelos.
      • Asumir responsabilidades que no les corresponden.

      Para estos clientes, el enfoque sistémico puede descubrir emociones inconscientes que no pertenecen propiamente al presente de la persona, sino que provienen de su familia.

      Para María, vivir en la buena conciencia era aguantar, como una víctima, un matrimonio infeliz. Con un proceso de coaching que incluye la perspectiva sistémica, ella ha podido situar de dónde viene esa rabia hacia su marido, que parece absurda y que tanto la hace sufrir. Se ha reconciliado con la madre y con la abuela que tuvieron maridos que no las respetaron, y ha encontrado, por fin, el permiso para vivir un matrimonio mejor. Ahora vive en paz.

      Todas las personas adultas, con cierto entrenamiento, podemos reconocer en nosotros los tres estados del yo, que se manifiestan fenomenológicamente de tres maneras. Saber identificar cuándo estamos comportándonos con cada una de estas partes es un gran paso para superar el pasado y vivir en armonía.

      ¿Cómo conseguimos la congruencia entre los tres?

      - Si te apuntas al primer nivel, conocerás en la propia piel cómo funciona este coaching y te podrás hacer coaching a ti mismo en el área de la vida que quieras; este coaching funciona especialmente en las relaciones personales y profesionales. Cada persona puede alcanzar la mejor versión de si misma.

      - Si quieres aplicar profesionalmente el método, el segundo nivel te da las herramientas necesarias para trabajar con clientes. Si quieres hacer los dos niveles a la vez, pídenos la información de cómo lograrlo.

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      Poco nos ocupamos de nuestro propio mundo interior.

      El artículo: “Conocerme mejor (1)” permitió comprender que la conexión entre lo tangible de nuestro cuerpo y lo intangible de nuestros pensamientos, juicios, creencias y emociones, se produce a través de la energía, fundamentalmente en forma de diversas ondas electromagnéticas. Esta comprensión nos abre la puerta a un mundo humano apasionante cuya exploración proseguimos en el siguiente contenido.

      Solemos querer resolver el dolor físico con medicamentos, el estrés con ejercicio, una sesión de spa o vacaciones, y el sufrimiento psíquico con un ansiolítico, por ejemplo. Pero actuando así, atacamos los síntomas, no las causas. Nos quedamos en la superficie, en lo aparente, en la punta del iceberg. Cuando actuamos así, lo que tapamos aquí, surge allá, y cuando logramos cubrir lo de allá, aparece aún más allá bajo otra forma. Y a lo mejor, a lo largo de todo este tiempo, este dolor, estrés o sufrimiento se ha transformado ya en una enfermedad grave. El problema de fondo permanece, aunque los síntomas cambien y se hagan más evidentes y acuciantes.

      En consecuencia, lo equivocado se justifica; en vez de reconocer que “ya va siendo hora de que me despida de ello”. Bert Hellinger

      Cuando aparecen los primeros síntomas de que algo en nosotros no funciona, lo lógico sería que actuásemos rápido, como lo hacemos cuando oímos un ruido sospechoso en nuestro automóvil, pero normalmente no procedemos así. ¿Qué nos impide actuar sobre las verdaderas causas y evitar, así, que la situación vaya a peor? Nos lo impide nuestra ignorancia sobre nosotros mismos. Aunque somos capaces de explorar otros mundos, de ir a la Luna y llegar a Marte, y de crear otros maravillosos como Internet, muy poco conocemos de nuestro propio mundo interior.

      ¿Qué hace que estemos en esta ignorancia de nuestro mundo más cercano? De hecho, cuando las cosas ocurren, ocurren por algo. No hay casualidades, sino causalidades. Una explicación puede ser que en algunas de las ocasiones que hemos intentado bucear por este mundo proceloso nuestro, nos hemos topado con algo que nos duele o nos hace sufrir. Como no nos suele gustar, huimos cual gato escaldado del agua hirviendo. Pero en estos casos, el tiempo suele ir en nuestra contra. Como no nos hemos dedicado a descubrir las verdaderas causas de nuestro dolor o sufrimiento, éstas continúan actuando. Y así, más pronto que tarde, la enfermedad aparece.

      ¿Cuál es nuestra frecuente reacción ante una enfermedad? Deshacernos de ella cuanto antes. Pero al actuar así, ¿Nos lleva a la verdadera sanación, que no curación? El centramos en soltarla, aunque puede conducirnos a la curación, suele llevarnos a que se cumpla para nosotros la frase:”Insiste, resiste, persiste”.

      Cuando nos encontramos enfrentados a la evidencia de que nuestra actitud de quitarnos de encima la enfermedad cuanto antes no nos lleva a buen puerto ¿Qué podemos hacer? El preguntarnos ¿Qué puedo aprender de ello?, nos puede abrir caminos de solución inesperados.

      Bert Hellinger y sus discípulos nos muestran a través de la Sistémica que la solución se encuentra frecuente y justamente en el movimiento contrario: Tomar la enfermedad, acogerla como un buen mensajero que porta un buen mensaje para nosotros, asentir tal cual es y darle un lugar en nuestro corazón. Es ver a la enfermedad como un punto de partida para explorar el mundo fascinante de nuestro ser y sus relaciones con los demás miembros de nuestro sistema familiar, como el exabrupto que nos pone ante nuestras narices la evidencia de que algo tenemos que resolver en nuestro sistema, como el bufido que paradójicamente nos empuja a los vivos a descubrir las dinámicas inconscientes de amor ciego que nos atan con nuestros antepasados excluidos, olvidados o maltratados, como la fase final de un movimiento de reconciliación que puede implicar a varias generaciones, como el camino de vuelta hacia la salud, como el viaje que nos lleva al reencuentro profundo con la vida.

      Todo ello tiene sentido cuando podemos ver a nuestro cuerpo, los pensamientos, las creencias, las emociones, los sentimientos y las relaciones como formas diversas de energia que interactúan y se reconvierten entre sí. La aplicación de esa nueva manera de contemplarnos aporta soluciones insospechadas a numerosos casos.

      Carlos Surroca se dedica al crecimiento personal y profesional de las personas, a través de la potenciación y mejora de los sistemas humanos a los que pertenecen, cualquiera que sea su rol en la sociedad.

      Cada uno de los Talleres y Seminarios de su web ContelacionesSistémicas se centra en satisfacer las necesidades concretas de sus participantes:

      • Desbloquear atascos emocionales.
      • Vencer limitaciones.
      • Esclarecer motivaciones.
      • Clarificar los caminos a seguir…

      Y disfrutar andándolos fluyendo en un entorno incierto, cambiante y complejo.

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      Para más información: Carlos Surroca Surroca
      www.constelacionessistemicas.es

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      Todo cambio comporta transacciones de energía.

      En el artículo anterior: Yo, primero trata acerca de la importancia de conocerse mejor como condición previa para poder conocer mejor a los demás, para relacionarse mejor y para poder desarrollar un liderazgo  auténtico. En el actual contenido, iniciaremos el interesante viaje hacia este “conocerse mejor”, partiendo de un tema que preocupa a muchos: el estrés.

      El estrés es un dolor, es un sufrimiento, es un mensajero que me dice que tengo que escuchar, aprender y cambiar algo en mí a nivel físico, mental o emocional.

      ¿Y si no lo escucho? El cuerpo me susurra al principio. Si no lo escucho, me habla. Si continúo no escuchándolo, me alza la voz,…y si a pesar de ello, continúo sin escucharle, me grita bajo la forma de un infarto, un cáncer, una diabetes, o lo que sea.

      Si las consecuencias de no escuchar a ese mensajero que es el estrés, son tan graves, ¿Por qué no solemos escucharle?

      Porque nos movemos por la superficie, mientras que lo importante procede de nuestras profundidades. O dicho de otra manera, porque nuestro nivel de conciencia no alcanza a nuestro inconsciente, origen de muchos hechos incomprensibles que nos suceden. Y si no somos concientes de los peligros que nos acechan desde nuestras zonas oscuras, no podemos actuar como si lo fuéramos. Esta creencia incita a explorar este océano inmenso y misterioso que es el inconsciente.

      Einstein, a través de su fórmula: E=mc2 nos dice, entre otras muchas cosas, que la materia es convertible en energía y que la energía es convertible en materia. En base a ello, un adoquín es energía condensada. Un coche también es energía condensada. Los tres estados del agua, vapor, líquido y sólido, corresponden a tres grados distintos de concentración de energía, pudiendo pasar de uno a otro disminuyendo o aumentando la cantidad de ella. Una gran parte de nuestro cuerpo es agua. Cada órgano la contiene en concentraciones diferentes. Todo cambio comporta transacciones de energías bajo diversas formas.

      “Decir que tener estrés es normal, es evitar el trabajo interior de auto responsabilidad y el signo de un pensamiento perezoso. La tensión no tiene cabida en una vida plena”. Mike George

      El desarrollo del cuerpo humano, desde la fecundación hasta la edad adulta, requiere una gran cantidad de energía, en parte condensada en nuestro cuerpo, y el resto consumida en nuestras operaciones diarias de comer, digerir, transpirar, respirar, latir, pensar, etc.  Más tarde, la materia de nuestro cuerpo vuelve a convertirse en energía hasta más allá de nuestra muerte física.

      Nuestro cerebro y nuestro corazón son grandes consumidores de energía y grandes emisores de ella. Una parte de esta energía toma la forma de ondas electromagnéticas. Supongo que los demás órganos de nuestro cuerpo también son consumidores y emisores de energía en sus respectivos niveles. De la misma manera que los teléfonos móviles y los ordenadores, se ha descubierto que las aves migratorias, los estorninos en sus nubes que nunca chocan entre sí, los pingüinos, los peces, los primates, etc. están intercomunicados. Las personas también lo están.

      La Sistémica está constantemente mostrándolo. Los miembros pertenecientes a un mismo sistema humano están conectados a través de su propio campo morfogenético. No sabemos aún muy bien cómo se produce la interconexión entre las ondas emitidas por una persona con las de otra. Pero tenemos la certeza de su existencia al sentir una emoción, como la simpatía, la rabia o el miedo, al acercarnos a otra persona, o incluso después de un cierto tiempo de haber estado con ella.

      Todo ello hace pensar que los pensamientos, los juicios, las creencias, las comparaciones, las emociones, los sentimientos, también son formas diversas de energia. Y que a pesar de no ser tangibles y visibles como lo físico de nuestro cuerpo, interactúan con él, pueden condensarse en sus diversas partes, y éstas pueden a su vez reconvertirse en diversos niveles de energía.

      Por tanto, lo tangible (nuestro cuerpo) y lo intangible nuestro (pensamientos, juicios, creencias, emociones, etc.) están íntimamente ligados a través del denominador común de la energía, en forma de ondas electromagnéticas. Si estas son adecuadas, me encontraré bien a nivel físico, mental o emocional. Si no lo son, lo sabré por los síntomas (enfermedad, estrés, depresión, etc). En este caso, tengo fundamentalmente dos opciones: Seguir igual o tomar la responsabilidad de escuchar, aprender y cambiar para mejorar algo en mí. Hoy existen recursos adecuados para conseguirlo.

      Carlos Surroca se dedica al desarrollo personal y profesional de las personas, a través de la potenciación y mejora de los sistemas humanos a los que pertenecen, cualquiera que sea su rol en la sociedad.

      Cada uno de los Talleres y Seminarios de su web constelacionessistemicas se centra en satisfacer las necesidades concretas de sus participantes: desbloquear atascos emocionales, vencer limitaciones, esclarecer motivaciones, clarificar los caminos a seguir y disfrutar andándolos fluyendo en un entorno incierto, cambiante y complejo.

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