DEJA DE “CUMPLIR” CON TU VIDA. (DISFRÚTALA)
Andrea es esposa, madre, amiga, trabajadora y mujer. Tenía una educación tradicional y había sido preparada para cumplir con el mandato de ser exitosa y amada en todos los ámbitos de su vida. Esa era su premisa, y por lo tanto, vivía a un ritmo rutinario complaciente y vertiginoso, sin pensar y sin detenerse.
En su entorno familiar era una persona muy protectora y responsable. Se ocupaba de TODO: en su mente estaba prevista la rutina de sus hijos adolescentes, las salidas, las tareas, los horarios, e incluso el hecho de apagar incendios cuando cualquier imprevisto ocurría. Eso sí, no responsabilizaba nadie, simplemente asumía el rol “bombero” sin permitir que nadie más comparta el error; ella era la madre salvadora y aunque esta situación le hacía experimentar una sensación de perpetuidad y dependencia respecto de sus hijos, no reparaba en que estaba privándolos de crecer, de comprometerse y de asumir sus propios errores.
Con su marido era igualmente incondicional y lo cuidaba como si fuera una extensión de si misma. Desde su estilo personal y estético, hasta su agenda de familiar de eventos sociales y de negocios; y entre estos dos extremos, todos los grises posibles. Así, se sentía recompensada, reconocida y nuevamente imprescindible por los comentarios de su pareja: “eres increíble”, “estás en todos los detalles”, “no sé que haría sin ti”, entre otros.
“No hay ningún secreto en el equilibrio. Lo único que necesitas es sentir las olas.” Frank Herbert
En su trabajo y con sus amigos era igual de complaciente. En la empresa se encargaba de tareas que podía delegar, pero en su necesidad de sentirse útil, la llevaban a ser incapaz de trasladar las responsabilidades, después de todo, “quién podría hacerlo mejor que ella”, “era más fácil hacer, que tener que explicar todo a alguien más”. Con sus amistades compartía poco, pero siempre estaba ahí para prestar su oído y su opinión. Era sincera con ellos, pero era superficial cuando le tocaba hablar de ella en primera persona.
Así, en función de sus obligaciones, transcurría su vida. Nunca decía que no, siempre daba más de lo que podía y estaba para todos. De alguna manera “ser así”, le neutralizaba su miedo al rechazo y le hacía sentirse imprescindible, reconocida y satisfecha.
Pero un día, Andrea se detuvo. Se miró en el reflejo de un escaparate y aunque se reconoció perfecta para todas sus terceras personas, se desconocía a ella misma. ¿Cuánto hacía que no se reía a carcajadas?, ¿cuánto hacía que no se ocupaba de hacer algo por ella y para ella?, ¿en qué momento había dejado que sus miedos superen su seguridad?. En esa carrera constante de obligaciones, había perdido la magia, sentía agobio, frustración y cansancio; se había olvidado de si misma.
Lo cierto, es que una vez consciente de su situación, supo que no podía continuar así. Necesitaba ayuda profesional para comenzar a encontrarse y restablecerse. Para ello, tomó como referencia a Nathalie Bertin, quién le había ayudado a transitar otros eventos difíciles e importantes en su vida.
REENCUÉNTRATE, ¡RECUPERA TU MAGIA!
Acercarse a la consulta de su coach le procuró a Andrea una profunda sensación de bienestar: la presencia acogedora de su coach, su escucha sin juicio y su aceptación incondicional le permitieron pararse y relajarse para empezar a observarse y reflexionar sobre su propia vida.
1. Clarificar sus metas.
Estaba tan pendiente de los deseos de los demás, ni siquiera era capaz de expresar lo que la animaba y la motivaba en su vida. Sin embargo, poco a poco clarificó sus valores fundamentales, definió sus prioridades y explicitó lo que significaba para ella introducir “magia” en su vida. Aprendió durante esta etapa a mirar hacia el futuro, pues, empezó a apartar la queja de su mente para fijarse en lo que quería hacer para acercarse a su meta.
2. Identificar los obstáculos y buscar alternativas.
Cuando empezó su proceso de coaching, Andrea tenía muy clara una larga lista de obstáculos que le impedían cambiar: “no tengo tiempo”, “tengo que cumplir con mis obligaciones”, “no puedo confiar en mis compañeros de trabajo”, “mis hijos todavía me necesitan” y un largo pero muyyy largo etcétera.
Con las preguntas adecuadas de su coach, tomó consciencia de que muchos de estos obstáculos se anclaban en creencias que la limitaban en su vida. ¿Era tan cierto que fuera responsable de los comportamientos de todos los que la rodeaban: hijos, marido, colegas de trabajo, amigos? ¿Era tan necesario exigirse tanto en cada circunstancia de su vida y buscar continuamente la aprobación de los demás?
Trabajar sobre estas creencias le permitió convertir sus obstáculos en objetivos y a convertir su sentimiento de impotencia en una toma de responsabilidad sobre lo que ella podía y quería realmente hacer.
3. Definir un plan de acción.
Clarificada su meta y definidos sus objetivos, estableció un plan de acción detallado para alcanzarla. Gracias a su coach, descubrió por ella misma alternativas a los comportamientos que siempre había desarrollado en los distintos ámbitos de su vida: en el trabajo, con su familia y con sus amigos. Descubrió que tenía el poder de crear su realidad.
4. Actuar.
El cambio es un proceso que requiere motivación, constancia y determinación. El apoyo, respaldo y desafío constante de su coach fue un aspecto muy importante para Andrea. Aprendió a enfrentarse a sus miedos y a sus dudas recordando en cada momento para qué estaba experimentando nuevos hábitos y comportamientos. Aprendió a celebrar cada pequeña victoria para fortalecer su motivación. Y descubrió como cada paso reforzaba su confianza y su seguridad en si misma. Lo que más le gustó de todo este proceso fue descubrir que tenía en ella todos los recursos que necesitaba para cambiar su vida.
Ahora, Andrea disfruta más de su familia y todavía se sonríe del asombro de sus hijos cuando les deja asumir sus responsabilidades; disfruta más de su trabajo centrándose en sus prioridades e incluso tiene más tiempo libre para ir al gimnasio, organizar salidas con su familia y con sus amigos…
Y tú, ¿a qué esperas para recuperar la magia de tu vida?
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Abandona la inacción. Aprende a ser proactivo.
MUÉVETE PARA SER PROACTIVO.
Podríamos definir la Proactividad como una actitud vital, que se manifiesta a través de nuestra manera de actuar, y en la que intervienen Habilidades que son definitivas para Tomar Decisiones, para actuar con Creatividad, para emplear adecuadamente la Visualización Positiva y, sobre todo, para alcanzar ese estado de felicidad al que todos aspiramos.
La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Benjamín Disraeli
La productividad es sinónimo de acción, de ejecución, de diligencia, de anticipación, de buscar soluciones, de moverse y de mover a la persona que está al lado si eso es necesario. Equivale a optimismo, a actitud positiva, a un lenguaje y talante entusiastas, es lo opuesto a pasividad, a la apatía, a la reacción negativa, a la crítica innecesaria que no aporta nada, a la queja infantil.
La proactividad es la solución, mientras que la no-acción y la pasividad son el problema.
Una actitud proactiva te reviste de autoestima, te anima a abrazar nuevos retos ante el estancamiento profesional. Combate la timidez, el temor o el miedo con la acción directa y decidida, es el Sí frente al No.
Una persona proactiva persigue ser más organizado y eficiente, busca sacar lo mejor de sí, dirige su atención hacia lo importante, actúa para eliminar las distracciones. Todo ello no se consigue con una actitud pasiva o contemplativa, sino con la determinación y la acción basados en valores interiores y objetivos bien definidos.
¿ERES PROACTIVO O REACTIVO ANTE LAS DIFICULTADES?
Descúbrelo, cumplimentando este pequeño cuestionario para darte una idea de la posición en la que te encuentras frente a algunas competencias y si obtienes menos de 15 puntos seguramente que lo que viene a continuación te interese…
Aprendamos a ir por delante de los acontecimientos, para pasar de las conductas reactivas, que sólo nos proporcionan desgaste, a las conductas proactivas, que nos facilitan la dirección y el gobierno de nuestra vida.
En los cursos sobre proactividad, desarrollados por Álava Reyes Consultores, se marcan los siguientes objetivos:
A ellos llegamos a través de 10 pasos, que configuran los ejes principales en nuestro proceso de cambio hacia la actitud proactiva:
Actitud mental positiva: predisposición de ánimo que define el modo en que nos posicionamos ante los acontecimientos. Determina en un alto grado cómo somos, cómo pensamos, cómo nos comportamos, cómo hacemos las cosas.
Automotivación: es la estrategia clave para conseguir nuestros objetivos, es la capacidad de generar fuerzas que nos impulsen a realizar las cosas.
Visualización del éxito: es la habilidad de visualizar creativamente el beneficio y adelantar el éxito que nos espera tras nuestra acción.
Establecimiento de metas: Las personas proactivas establecen sus metas y actúan en función de ellas.
Proceso de toma de decisiones: generación de alternativas para conseguir las metas.
Imaginación y creatividad: la generación de ideas alternativas y soluciones que nos permitan resolver los problemas, una actitud positiva, un lenguaje ganador, y la capacidad de visualizar el éxito, nos permitirá llenar nuestra “hucha” de argumentos para tener la convicción de que nosotros mismos somos la solución.
Destierro del “no se puede”: uno de los rasgos más marcados de la personalidad proactiva es el optimismo. El desarrollo de esta virtud está condicionado por nuestro propio carácter natural, nuestro entorno y nuestras circunstancias, pero también es algo que puede ejercitarse. Conseguir modificar nuestros miedos y creencias está en nosotros mismos.
Desarrollo de la asertividad: y a través de ella, la capacidad de expresar nuestros sentimientos, ideas y opiniones, de manera libre, clara y sencilla, comunicándolos en el momento justo y a la persona indicada.
Constancia y anticipación: partimos de los objetivos globales que queremos conseguir, para luego marcarnos las tareas mensuales, semanales y diarias.
Elabora tu propio plan personal y empieza hoy mismo: las intenciones, sin estrategias, sin planes de acción, no bastan. Necesitamos un plan de acción.
“EL OPTIMISTA SIEMPRE TIENE UN PROYECTO,
EL PESIMISTA, UNA EXCUSA”
La base del éxito y de la satisfacción en la vida está en la libertad que poseemos para elegir. Para ello, nos apoyaremos en aquellos principios que identificamos y reconocemos como propios. Pasar por la vida sintiéndonos víctimas de las circunstancias, o de los demás, es la base de la infelicidad y de la falta de libertad.
“Si crees que algo es imposible, tú lo harás imposible” Bruce Lee
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Autocontrol y Proactividad.