Seguramente, porque sabía estar y desplegar sus “armas” en los momentos adecuados. Hablaba siempre que tenía algo interesante para decir; atraía, no por las ideas maravillosas –de hecho, ni siquiera eran tan buenas-, aunque su histrionismo, sin duda, persuadía y captaba la atención de todos. Era la típica personalidad que inspiraba los comentarios colectivos y cómplices del estilo “no entiendo como siempre logra lo que quiere”, “cómo hace para decir lo incómodo sin que nadie se lo tome a mal”. Acto seguido, por supuesto, venían las proclamas autodifamatorias “si lo digo yo, no me hacen ni caso”, “si yo me visto así, seguramente me llamarían la atención” o “mejor ni lo intento”.
Es fácil deducir de lo expuesto, que el hecho mismo de seducir tiene una íntima relación con la autoestima, con la percepción y la valoración que cada uno tiene y hace de sí mismo. En tal sentido, si nuestra percepción es positiva, podremos valorar mejor nuestras cualidades, tendremos más confianza en nuestras acciones y conoceremos mejor cuáles son nuestros límites. Ocurre que en esta postura, importa poco o nada cómo piensen o cómo reaccionen masivamente las personas; la realidad es que únicamente nos focalizaremos en aquellas personas que despiertan en nosotros un cierto interés, aquellas a las que queremos seducir.
En cambio si nuestra autoestima es baja, por las carencias afectivas, iremos en búsqueda de la obsecuencia absurda y esperaremos ese reconocimiento efímero insostenible.
Casi todo lo que nos rodea, se construye en base a un único fin: seducir. La música, las novelas, el cine, los libros, las pinturas o las esculturas. Incluso las marcas, a través del márketing, trabajan activamente para ello: desde los colores, los aromas y las formas, hasta las pautas publicitarias y el espacio para propagarlas. Nada está dispuesto al azar, incluso ante una neutral apariencia. Cada detalle es pensado para despertar nuestra percepción positiva y para seducirnos continuamente.
Es evidente que la seducción en su forma más antigua y mecánica, que es el cortejo, es una cualidad o recurso innato que poseen la especie animal, a través del cual hembra y macho concluyen en un fin común que es la perpetuación de la especie. El ser humano en cambio, aprovecha esta habilidad yendo un poco más allá, y la aplica con diferentes matices en todas las facetas de su vida, (con la pareja, con los amigos, en el trabajo y en la vida social en general).
Seducir y que nos seduzcan nos provoca satisfacción, nos motiva naturalmente y nos habilita a una vida más placentera. Somos maravillosamente únicos y por ello, debemos aprender a desarrollar aspectos denuestro comportamiento y cualidades que mejorarán desde lo propio, nuestra relación con los demás. Ahora bien, ¿todos somos seductores?, ¿conocemos cuáles son nuestras mayores virtudes, nuestros valores diferenciales?, ¿sabemos cómo sacar provecho de ellos?.
La buena noticia es que la seducción es un arte que se puede aprender y por supuesto, todos somos capaces de desarrollar nuestro potencial para ello. La tarea consiste en saber exhibir las mejores virtudes, asumir aquellas que no podemos cambiar y explorar en las capacidades que tenemos, pero cuyo potencial desconocemos.
Las marcas, como la música o cualquier expresión artística, y nosotros mismos, utilizamos la seducción para causar una impresión positiva, pretendemos captar la atención del otro mostrando nuestro mejor perfil, predisposición y actitud que desvelan nuestra intención de conectar con ellos. Para ello, utilizamos la comunicación tanto verbal como no verbal. Aquí entran todos los recursos físicos, psíquicos y afectivos o emocionales que definirán nuestros sentimientos, emociones, pensamientos y deseos. Es el momento en el que el mostramos todos nuestros valores.
Muchos de estos gestos y signos suelen producirse inconscientemente y por lo tanto gran parte de lo que comunicamos de manera no verbal, no es totalmente intencionado. Conectarnos con nosotros mismos y con nuestras emociones aprendiendo a canalizarlas o a liberarlas correctamente, nos permitirán materializarlas con el acento y el sello de nuestra más genuina autenticidad.
La seducción es un proceso que comienza identificando para qué queremos seducir. Nadie dijo que fuera fácil, ni poco costoso, ni rápido. Es un proceso que requiere implicación, paciencia, tiempo, y espera. Debemos ser conscientes de que errar es humano y de que no siempre tendremos éxito.
Como coach profesional y con experiencia en gestión de equipos y en análisis del comportamiento, Zaira Vicente Adame se ha interesado particularmente por el desarrollo del potencial humano y su capacidad resolutiva ante nuevos retos. Asimismo, enseña a otras personas a ganar valor, a gestionar su tiempo, a mejorar el cuidado de su salud y a valorarse a sí mismas. A través del taller de seducción, el que lleva adelante junto a María Macías de la Montaña, coach profesional (zahoricoaching.es), te ayuda a explorar tus capacidades, a revolverte, a reencontrarte, a recuperar tus señas más auténticas y a reinventarte en tu mejor perfil.
Dicho ésto, ¿quieres aprender a conocer más de ti?, ¿te interesa saber cómo, a quién/ es y para qué quieres seducir?.
¿Te animas a brillar con todo lo que tienes?
Para más información: zairalifecoaching.es





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Si no sabes seducir, difícilmente atraerás el éxito.
La timidez es uno de los estados más complicados que afecta al universo de las relaciones personales en su normalidad. Se le considera una pauta de comportamiento que limita el desarrollo social de quienes lo experimentan dentro de su vida cotidiana.
¿Pero realmente es bueno o es malo ser tímido? ¿Y hasta qué punto se puede superar?
Un equipo de científicos ha demostrado que los tímidos perciben el mundo de una manera diferente y muestran una actividad cerebral más intensa ante ciertos estímulos. Esto viene a decir que el cerebro de las personas tímidas no sólo se ocupa de la percepción visual, sino que se activa para una elaboración más profunda de la información, y por tanto, necesitan más tiempo para observar y reflexionar antes de actuar.
Luego, podemos concluir que es una característica excepcional, que sin embargo en algunos casos se convierte en un obstáculo que nos impide avanzar o conseguir ciertos objetivos, y por qué no decirlo, ciertos sueños.
No obstante, y aunque nos cueste o de pereza ponernos a ello, se puede superar.
Si bien es cierto que con la edad, la experiencia puede ayudarnos a desinhibirnos y desenvolvernos más fácilmente en diferentes situaciones, también lo es que con algo de entrenamiento, podemos acelerar este proceso introduciendo hábitos, que a medida que pongamos en práctica pasen a formar parte de nuestro día a día y nos ayuden a ser más frescos, espontáneos, naturales y cómo no, más atrevidos… Que no se nos olvide, que en este caso, éste es nuestro objetivo: ser menos tímidos, o hablando en lenguaje positivo: ser más atrevidos.
Pero, ¿por dónde empezar? Está claro que uno no cambia de la noche a la mañana. Y menos si nuestro reto es de cierta envergadura… ¿Quién se atreve a presentarse a un grupo de desconocidos rompiendo el hielo con algún comentario jocoso si para empezar nos somos de aquellos a los que se les da bien contar chistes “graciosos”? o, ¿quién se anima a dar un “speech” en público si sólo con pensarlo nuestras manos se empapan en sudor, nuestro rostro se ruboriza al máximo y nuestra voz se convierte en un hilillo apenas apreciable por el cuello de nuestra camisa?.
Bien. Con calma. Empecemos poco a poco, comiéndonos el elefante a trocitos, por poner un ejemplo bastante gráfico y conocido.
El primer paso es reconocer que somos tímidos. Esto significa que analizamos todo con mayor detalle y que nuestra percepción sensorial es más activa y profunda que la de otros.
Analicemos entonces lo que esto nos supone a la hora de desenvolvernos en nuestra vida cotidiana: ¿Nos estamos perdiendo algo a causa de la timidez? ¿Estamos dejando de hacer cosas que realmente nos gustaría hacer? ¿Qué pasaría si un día desapareciera ese freno de nuestra vida? ¿Cómo nos sentiríamos si domináramos esa timidez que a día de hoy obstaculiza nuestro camino?
A continuación propongo algunas pautas que podrían irnos bien para desatascar ese límite que no nos deja avanzar como quisiéramos:
En nuestra mano está el ponerlas en práctica, cómo, cuándo y dónde.
Seducir y que nos seduzcan nos provoca satisfacción, nos motiva naturalmente y nos habilita a una vida más placentera. Somos maravillosamente únicos y por ello, debemos aprender a desarrollar aspectos de nuestro comportamiento y cualidades que mejorarán desde lo propio, nuestra relación con los demás. Ahora bien, ¿todos somos seductores?, y lo más importante: ¿sabemos cómo sacar provecho de ellos?
Este es el tema que ha elegido zairalifecoaching para reanudar el Lunch con Encanto. Debido a una elevada demanda, desde el mes de Octubre, se celebrarán 2 veces al mes. Podréis elegir entre disfrutar de un desayuno que se llevará a cabo en Sábado o bien, de una merienda que tendrá lugar en Jueves.
Para que la comodidad de los participantes puedan participar activa y libremente, se han previsto grupos con un límite de 8 a 9 personas. Precio de la entrada, 15 euros por persona.
Más información en:
https://www.facebook.com/Zaira.FullLifeCoaching
O en el teléfono: 610 458 032
¿Por qué acudir a este lunch?
La seducción es un arte que se puede aprender y por supuesto, todos somos capaces de desarrollar nuestro potencial para ello. La tarea consiste en saber exhibir las mejores virtudes, asumir aquellas que no podemos cambiar y explorar en las capacidades que tenemos, pero cuyo potencial desconocemos.
Por ello, participar del Lunch con Encanto, te permitirá conocer con mayor profundidad el Taller de Seducción que lleva adelante zairalifecoaching junto a zahoricoaching, donde podrás explorar tus capacidades, recuperar tus señas más auténticas, aprender técnicas para sentirte seguro de ti mismo/a, en igualdad de condiciones, y conectado/a con los demás.
En definitiva, a reinventarte en tu mejor perfil.
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