LA REALIDAD.
Esta realidad, que las cifras ponen de manifiesto, viene ocurriendo desde siempre, y sin embargo ya llevamos años con un entorno en las empresas que favorece la igualdad de oportunidades, en los últimos años, incluso de forma vigilada (con ratios comparativos de género y legislación al respecto) y con políticas de discriminación positiva en algunos casos. Entonces, ¿qué queda por hacer para compartir puestos de alta dirección y de responsabilidad decisiva con los hombres?.
Sin duda hay mucho por hacer, desde la sociedad, desde las empresas y desde nosotras mismas. El hecho de que no consideremos el entorno como injusto, no quiere decir que sea justo, simplemente el devenir de la historia nos ha traído hasta este mundo empresarial construido por hombres, donde las mujeres cabemos, pero no como pieza clave.
QUÉ TENEMOS, QUÉ NOS FALTA.
Estamos sobradamente preparadas para ser pieza clave en nuestro entorno profesional, las estadísticas nos dicen que estamos a la altura de las necesidades en cuanto a formación reglada, másteres y especializaciones se refiere, eso significa que hemos hecho la inversión económica y en tiempo para ser lo que nos propongamos.
Una vez que hemos llegado a un punto de preparación y experiencia profesional, en nuestra plenitud profesional, necesitamos descubrir nuevas vertientes de crecimiento y forjar nuevos vínculos sinceros e individuales para enfrentar nuevos retos profesionales. Nos hace falta adoptar una determinada actitud y poner todos nuestros recursos en acción.
Volvemos a preguntarnos el por qué, ¿es que no queremos?, ¿es que no nos dejan?, ¿es que nos da miedo?. Creo que no es el momento de “echar balones fuera”, no hay culpables, hay circunstancias que tenemos que salvar, y sobre todo, hay circunstancias que tenemos que aprovechar, efectivamente oportunidades.
Nunca antes las mujeres habíamos estado tan “de moda”, aunque más que una moda, es que según están las cosas, ahora hacemos falta todos, nosotras también. Lo mejor es que hacemos falta con todas las características propias de nuestra condición de mujeres, nuestra capacidad de emoción, de empatía, de relación, de seducción, nuestra intuición. Todos nuestros atributos son valiosos.
QUÉ HACER.
En primer lugar, seamos conscientes de nuestras capacidades. Reflexionemos sobre nuestras prioridades, no las que otros nos atribuyen, no las que se esperan de nosotras, no las que prejuicios, educación y conveniencias nos marcan, sino lo que cada una quiere. Seamos estratégicamente consecuentes, hagamos aquello que nos lleva a alcanzar nuestros objetivos, adoptemos los comportamientos, empleemos las técnicas, pongamos las habilidades en práctica, identifiquemos las situaciones en las que conviene emplearnos a fondo para tomar las riendas y no soltarlas hasta llegar a nuestra meta.
DESARROLLO DIRIGIDO A MUJERES CON POTENCIAL.
Este es el impulso, el Programa apunta a identicar los recursos propios y ponerlos en acción, desempolvar los instintos y la intuición para unirlos al método y a la técnica, construyendo con ello, un comportamiento estratégico que nos sirva de camino para alcanzar cada uno de nuestros objetivos.
Es un Programa diseñado para trabajar las actitudes y poner a punto las habilidades propias de nuestra condición de mujeres.
Las acciones que se realizan de forma individual están diseñadas para reconocernos y aceptarnos, ya que es clave para definir la coherencia entre lo que perseguimos y lo que hacemos, sobre todo en esta etapa de madurez profesional. Todo comienza con una entrevista con la participante, que da origen a un informe individual dirigido al autoconocimiento como clave para el liderazgo. Este informe se irá enriqueciendo a lo largo del Programa y se comenta al finalizar las acciones durante una entrevista de asesoramiento para el desarrollo profesional.
Las acciones en grupo están pensadas para practicar y compartir experiencias desde el absoluto respeto y humildad. Se abordan 5 módulos: 1.-Liderazgo (Autoconocimiento), 2.-Comunicación en reuniones (uso de nuestras capacidades de comunicación con firmeza y aplomo), 3.-Comunicación a audiencias (influir y atraer el ánimo), 4.-Negociación y Conflictos (Habilidades aplicadas) y 5.-Personal Branding (Identificar valores diferenciales). Todos están diseñados sobre situaciones comunes del entorno profesional en las que es necesario poner todos nuestros recursos en acción y emplear las técnicas en un ambiente de confianza y complicidad.
La estructura del Programa permite a la participante acudir a su trabajo por la mañana para resolver lo acuciante, compartir un pequeño “picoteo” con las compañeras del Programa para “despresurizar”, dedicar la tarde a su formación y desarrollo, y terminar a las 17:45, una hora muy razonable para atender a las otras facetas de su vida.
Es un Programa pensado para conciliar, que de eso nosotras sabemos mucho.
El equipo de profesionales que interviene en el Programa tiene muy claro que sus conocimientos, experiencia y dedicación están totalmente focalizados en el objetivo: el éxito de las participantes. Las protagonistas son ellas y el concepto es que brillen en cada oportunidad profesional.
Como resultado de ediciones anteriores han surgido ascensos, negocios, amistades, y relaciones muy interesantes, que están basadas en la generosidad de compartir y en el apoyo mutuo, sin duda nuestras fortalezas.
Para más información: asumo.es




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¿Cuánto hace que no te ríes a carcajadas?
DEJA DE “CUMPLIR” CON TU VIDA. (DISFRÚTALA)
Andrea es esposa, madre, amiga, trabajadora y mujer. Tenía una educación tradicional y había sido preparada para cumplir con el mandato de ser exitosa y amada en todos los ámbitos de su vida. Esa era su premisa, y por lo tanto, vivía a un ritmo rutinario complaciente y vertiginoso, sin pensar y sin detenerse.
En su entorno familiar era una persona muy protectora y responsable. Se ocupaba de TODO: en su mente estaba prevista la rutina de sus hijos adolescentes, las salidas, las tareas, los horarios, e incluso el hecho de apagar incendios cuando cualquier imprevisto ocurría. Eso sí, no responsabilizaba nadie, simplemente asumía el rol “bombero” sin permitir que nadie más comparta el error; ella era la madre salvadora y aunque esta situación le hacía experimentar una sensación de perpetuidad y dependencia respecto de sus hijos, no reparaba en que estaba privándolos de crecer, de comprometerse y de asumir sus propios errores.
Con su marido era igualmente incondicional y lo cuidaba como si fuera una extensión de si misma. Desde su estilo personal y estético, hasta su agenda de familiar de eventos sociales y de negocios; y entre estos dos extremos, todos los grises posibles. Así, se sentía recompensada, reconocida y nuevamente imprescindible por los comentarios de su pareja: “eres increíble”, “estás en todos los detalles”, “no sé que haría sin ti”, entre otros.
“No hay ningún secreto en el equilibrio. Lo único que necesitas es sentir las olas.” Frank Herbert
En su trabajo y con sus amigos era igual de complaciente. En la empresa se encargaba de tareas que podía delegar, pero en su necesidad de sentirse útil, la llevaban a ser incapaz de trasladar las responsabilidades, después de todo, “quién podría hacerlo mejor que ella”, “era más fácil hacer, que tener que explicar todo a alguien más”. Con sus amistades compartía poco, pero siempre estaba ahí para prestar su oído y su opinión. Era sincera con ellos, pero era superficial cuando le tocaba hablar de ella en primera persona.
Así, en función de sus obligaciones, transcurría su vida. Nunca decía que no, siempre daba más de lo que podía y estaba para todos. De alguna manera “ser así”, le neutralizaba su miedo al rechazo y le hacía sentirse imprescindible, reconocida y satisfecha.
Pero un día, Andrea se detuvo. Se miró en el reflejo de un escaparate y aunque se reconoció perfecta para todas sus terceras personas, se desconocía a ella misma. ¿Cuánto hacía que no se reía a carcajadas?, ¿cuánto hacía que no se ocupaba de hacer algo por ella y para ella?, ¿en qué momento había dejado que sus miedos superen su seguridad?. En esa carrera constante de obligaciones, había perdido la magia, sentía agobio, frustración y cansancio; se había olvidado de si misma.
Lo cierto, es que una vez consciente de su situación, supo que no podía continuar así. Necesitaba ayuda profesional para comenzar a encontrarse y restablecerse. Para ello, tomó como referencia a Nathalie Bertin, quién le había ayudado a transitar otros eventos difíciles e importantes en su vida.
REENCUÉNTRATE, ¡RECUPERA TU MAGIA!
Acercarse a la consulta de su coach le procuró a Andrea una profunda sensación de bienestar: la presencia acogedora de su coach, su escucha sin juicio y su aceptación incondicional le permitieron pararse y relajarse para empezar a observarse y reflexionar sobre su propia vida.
1. Clarificar sus metas.
Estaba tan pendiente de los deseos de los demás, ni siquiera era capaz de expresar lo que la animaba y la motivaba en su vida. Sin embargo, poco a poco clarificó sus valores fundamentales, definió sus prioridades y explicitó lo que significaba para ella introducir “magia” en su vida. Aprendió durante esta etapa a mirar hacia el futuro, pues, empezó a apartar la queja de su mente para fijarse en lo que quería hacer para acercarse a su meta.
2. Identificar los obstáculos y buscar alternativas.
Cuando empezó su proceso de coaching, Andrea tenía muy clara una larga lista de obstáculos que le impedían cambiar: “no tengo tiempo”, “tengo que cumplir con mis obligaciones”, “no puedo confiar en mis compañeros de trabajo”, “mis hijos todavía me necesitan” y un largo pero muyyy largo etcétera.
Con las preguntas adecuadas de su coach, tomó consciencia de que muchos de estos obstáculos se anclaban en creencias que la limitaban en su vida. ¿Era tan cierto que fuera responsable de los comportamientos de todos los que la rodeaban: hijos, marido, colegas de trabajo, amigos? ¿Era tan necesario exigirse tanto en cada circunstancia de su vida y buscar continuamente la aprobación de los demás?
Trabajar sobre estas creencias le permitió convertir sus obstáculos en objetivos y a convertir su sentimiento de impotencia en una toma de responsabilidad sobre lo que ella podía y quería realmente hacer.
3. Definir un plan de acción.
Clarificada su meta y definidos sus objetivos, estableció un plan de acción detallado para alcanzarla. Gracias a su coach, descubrió por ella misma alternativas a los comportamientos que siempre había desarrollado en los distintos ámbitos de su vida: en el trabajo, con su familia y con sus amigos. Descubrió que tenía el poder de crear su realidad.
4. Actuar.
El cambio es un proceso que requiere motivación, constancia y determinación. El apoyo, respaldo y desafío constante de su coach fue un aspecto muy importante para Andrea. Aprendió a enfrentarse a sus miedos y a sus dudas recordando en cada momento para qué estaba experimentando nuevos hábitos y comportamientos. Aprendió a celebrar cada pequeña victoria para fortalecer su motivación. Y descubrió como cada paso reforzaba su confianza y su seguridad en si misma. Lo que más le gustó de todo este proceso fue descubrir que tenía en ella todos los recursos que necesitaba para cambiar su vida.
Ahora, Andrea disfruta más de su familia y todavía se sonríe del asombro de sus hijos cuando les deja asumir sus responsabilidades; disfruta más de su trabajo centrándose en sus prioridades e incluso tiene más tiempo libre para ir al gimnasio, organizar salidas con su familia y con sus amigos…
Y tú, ¿a qué esperas para recuperar la magia de tu vida?
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Para más información.
www.nathalie-bertin.com