La inteligencia no garantiza el éxito en nuestra vida cotidiana, ni la felicidad con nuestra pareja, ni con nuestros hijos, ni que tengamos más y mejores amigos. De hecho, no contribuye a nuestro equilibrio emocional ni a nuestra salud mental. Son otras habilidades emocionales y sociales las responsables de nuestra estabilidad emocional y mental, así como de nuestra actividad relacional.
No es a través de las operaciones matemáticas que aprendemos a persistir frente a las decepciones; tampoco por la aplicación de la lógica aprendemos a controlar el impulso, regular el humor o evitar que los trastornos disminuyan nuestra capacidad reflexiva; y mucho menos, por medio del lenguaje, aprendemos cómo mostrar empatía, asertividad o distancia en un mensaje. La aptitud emocional es una habilidad y determina lo bien que podemos utilizar cualquier otro talento, incluido el intelecto.
Por ello, al igual que en el mundo empresarial, el desarrollo de estas habilidades está cobrando fuerza en otros ámbitos, como por ejemplo, en el entorno educativo; allí, los beneficios de la aplicación de programas de Inteligencia Emocional y Social son muy amplios. Es que, en este momento de crisis ya no vale el ideal de la persona inteligente, sobre todo, si tenemos en cuenta que los principales conflictos que se plantean en esta etapa de socialización de las personas, están fuertemente instalados fenómenos crecientes como la violencia, la drogadicción, la marginación, la depresión y el aislamiento.
Al lo largo del ciclo educativo -o etapa de socialización- sus principales referentes son los educadores, y en ello participan tanto los docentes como los padres. Aquí radica entonces, la manera más simple de entender que esa influencia requiere estar facultada por mucho más que instrucción académica; se necesitan formadores que conozcan como mejorar el rendimiento académico y la motivación de los alumnos; cómo generar mejores relaciones sociales; cómo favorecer la comunicación y fomentar la cooperación y cómo disminuir la violencia latente y presente en estos contextos.
Estudios realizados en diferentes países, aseveran que los alumnos que reciben la influencia de formadores capacitados en Inteligencia Emocional y Social , resultan más hábiles en la gestión del estrés; logran un buen autoconcepto personal y una adecuada autoestima; manejan y resuelven mejor los conflictos; son más independientes, tienen un adecuado autocontrol; son más asertivos y se adaptan más fácilmente en los grupos en los que participan.
Entonces, ¿por qué seguimos dudando de la necesidad y de la urgencia de la aplicación de estos programas en los espacios educativos?
El efecto positivo o negativo emocional que sufrimos en nuestro desarrollo, marca toda nuestra existencia, determinando y organizando todos los procesos mentales y comportamientos futuros para aciertos o desaciertos en lo familiar, social y profesional. La IE , como toda conducta, es transmitida de padres a hijos, y de docentes a alumnos. Por ello, se debe replantear el aprendizaje dentro del aula hasta lograr que en tal contexto, se articulen las herramientas académicas básicas como el manejo efectivo del lenguaje, el trabajo empático y en equipo, la resolución de conflictos y la creatividad; vale decir: la educación de las emociones.
Pero para ello, necesitamos educadores emocionalmente inteligentes, que se comprometan por una escuela formadora de personas inteligentemente emocionales, creativas y productivas.
Años atrás, y quizá en la memoria emotiva de cada uno de nosotros, existía el profesor que adulaba y protegía categóricamente a los alumnos que conseguían buenas notas; o aquellos que respondían a los fracasos de sus estudiantes con discursos públicos. Obviamente, ésto ha cambiado y cada día se suman más educadores reflexivos, sensibles y con capacidades de ir bastante más allá de lo netamente académico, porque entienden que en cada historia personal sellan comportamientos y son potencialmente núcleo de atención, ocupación y preocupación.
Necesitamos un nuevo enfoque que parta de lo personal para pasar a lo profesional y/o académico. Un enfoque que tenga en un primer plano, el desarrollo de las habilidades intra e interpersonales de los alumnos, como base sólida y estable de su crecimiento y éxito en su quehacer diario.
Para conseguir ésto, se hace necesaria la figura de un nuevo profesor que aborde el proceso de manera eficaz para sí y para sus estudiantes. Entonces, es necesario que él mismo se convierta en modelo de equilibrio de afrontamiento emocional, de habilidades empáticas y de resolución serena, reflexiva y justa de los conflictos interpersonales.
Emotiva, reúne a un equipo de profesionales con experiencia en el ámbito de la formación y la educación, especializados en psicología, comunicación, inteligencia emocional, programación neurolingüística y coaching. Alineada con la formación de su equipo, trabajan activamente en la respuesta a las demandas educativas que la actualidad impone y exige cada día como necesarias.
A tal efecto, han desarrollado el Programa formativo: La Inteligencia Emocional aplicada en el Ámbito Educativo, con una metodología cien por ciento práctica y vivencial. (también en formato online)
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Para más información: www.emotivacpc.es











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Técnicas de Pensamiento Creativo para el Aula.
¿CÓMO PODEMOS HACER DEL AULA UN ESPACIO CREATIVO?
“En ningún lugar del mundo enseñamos artes con la importancia que enseñamos matemática y lengua”
“Permitirse estar equivocado o ser diferente no es condición suficiente para ser creativo, pero sí es condición necesaria”
“¿Qué hace la escuela actual para el desarrollo creativo y de personalidades diferentes?”
Son algunas de las reflexiones que planteaba al auditorio Ken Robinson en “las escuelas matan la creatividad” en una de las conferencias TED.
Cada uno de los puntos que aborda, desde su impronta manifiesta, hacen que del relato se desprendan muchas verdades implícitas que invitan al auditorio a la profunda reflexión.
Coincidimos en que mientras que en el aula convencional o estándar hay información estructurada y sistemática, en el aula creativa hay construcción de conocimientos; y mientras en la primera se valora lo que aprende el alumno, en el aula creativa se valora cómo aprende. Claro que la decisión de cómo ejercer enseñanza y de cómo afrontar los desafíos de esta profesión está en manos del docente, pero desmitifiquemos de una vez y para siempre, eso de que el pensamiento creativo puede aflorar únicamente a través de la expresión artística.
¿Acaso un profesor de matemáticas no puede plantearse cómo hacer más eficientes sus explicaciones?; ¿un docente de historia no podría pensar en cómo establecer dinámicas más eficaces para recrear hechos históricos?; ¿un maestro de música no podría proponer temáticas -fuera de programa- que favorezcan la inspiración?
Las cosas que debas aprender las aprenderás haciéndolas. Aristóteles
¿CÓMO NO SE ME OCURRIÓ?
Los docentes con pensamiento creativo aprovechan cada episodio de la cotidianeidad de sus alumnos con un criterio formativo y de constante reflexión. En esto radica la excelencia del arte pedagógico.
Al efecto, existen herramientas y pautas de pensamiento creativo que pueden ser especialmente útiles en el aula:
PENSAMIENTO DIVERGENTE.
Creatividad supone que siempre hay más de una respuesta correcta. El principal argumento de los adeptos del mensaje “Escuelas matan a la creatividad” es que nuestra sistema educativo nos enseña que siempre tenemos que buscar la única respuesta correcta. Pensamiento Divergente, o Pensamiento Lateral según Edward de Bono, se trata de la búsqueda de múltiples opciones. La invitación constante a siempre buscar más de una alternativa es la base de desarrollo de nuestra actitud creativa.
SUSPENSIÓN DEL JUICIO.
La clave de la creatividad es aprender a no formar una opinión antes de considerar todas las opciones posibles. Este concepto va estrechamente ligado al de pensamiento divergente. Es lo que nos permite permanecer en la fase divergente suficiente tiempo para explorar todas las opciones posibles sin entrar prematuramente en evaluación crítica. Es un estado de apertura mental, una actitud de aceptación.
USO ASERTIVO DEL LENGUAJE.
¿Cuál es la diferencia entre un problema y un reto? Cuando nos encontramos frente a un freno, formularlo en forma de una pregunta puede redirigir nuestra mente hacía la búsqueda de posible solución. Hay una diferencia entre decir “No se me dan bien las matemáticas” y “¿De qué manera puedo hacer que estudiar mates sea interesante?” o “¿Cómo puedo aprovechar mis puntos fuertes en el estudio de matemáticas?
EVALUACIÓN ASERTIVA.
Tu creatividad depende de cómo evalúas tus ideas. Evaluación asertiva es uno de los pilares del pensamiento creativo. Su principio es siempre enfocarse en cómo hacer que las cosas funcionen, en lugar de concentrarse en porqué no van a funcionar. Esto se sustenta en las bases tanto neurocientíficas como cognitivas y se consigue con la ayuda de dos cosas: 1) Buscar siempre en primer lugar, lo positivo en cualquier opción. 2) Formula los fallos como retos para guiar la mente hacia distintas maneras de superarlos y por lo tanto, de mejorar la opción que estamos evaluando.
EDUCAR ES ELEVAR EL ESTADO MENTAL.
• Es abrir puertas al conocimiento, a la exploración y sobre todo, a permitir el error.
• Es enriquecer el aula con herramientas de observación que revelen nuevas y múltiples perspectivas.
• Es promover el diálogo abierto y la escucha activa.
• Es organizar actividades que permitan desarrollar habilidades y competencias en lo intelectivo, emocional y actitudinal.
Y todo esto, no lo hace un docente esporádicamente para rellenar vacíos; lo hace siempre y desde un profundo amor por la profesión de manera creativa, natural, precisa y sutil, porque es un artesano de la docencia que explora la mirada con sello e impronta propia de cada alumno. Sin esta actitud, la creatividad del aula permanecería allí, inerte.
¿TE ANIMAS A LLEVAR LA CREATIVIDAD A TUS CLASES?
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Para más información.
Técnicas de Pensamiento Creativo en el Aula