Controlamos nuestro tiempo al extremo y convertimos a la prisa en una especie de musa de culto a quien le pedimos que haga rendir el minuto por venir. Y es que apostamos a la velocidad gracias a un estilo de vida casi impuesto y porque muchas veces la lentitud se relaciona con valores negativos, como el desinterés, la falta de motivación o la espera inútil; sin embargo, tales supuestos se contrarestan con los beneficios certeros que permiten una actitud reflexiva, segura y razonable.
Ahora bien, ¿Qué pasaría en nuestras vidas si nos planteáramos la posibilidad real de llevar una vida más plena y desacelerada?; no bajo el planteo de abatir la totalidad de nuestras urgencias diarias, pues si es cierto que existen situaciones que ameritan resolución inmediata; sino aprendiendo a categorizar a las mismas y regulando el espacio para disfrutar de otras tantas situaciones placenteras, que en demasiados casos queda censuradas por otras obligaciones.
Esto es un poco lo que plantea el concepto de Slow Life, puesto que apela a un necesario cambio cultural hacia la desaceleración de nuestra forma de vida para un mayor disfrute; propone tomar el control del tiempo y encontrar el equilibrio necesario que nos permita sentirnos en plenitud. El concepto intenta dar herramientas a los individuos para que sus vivencias no sean una mera sucesión de situaciones estándares desprovistas de emociones.
UNA MAYO INVERSIÓN DE TIEMPO NO GARANTIZA UNA MAYOR PRODUCTIVDAD, SINO TODO LO CONTRARIO.
Llevado al escenario empresarial y alineado con el concepto Slow Life, existe el concepto Slow Work. Bajo esta filosofía, muchas empresas, han optado por modificar sus normas y hacer de la empresa un espacio flexible en el que los trabajadores gestionen el tiempo incluyendo en su jornada laboral espacios con diversidad lúdica, de relajación e incluso cuenten con sitios acondicionados especialmente para niños y/o mascotas.
La Garriga de Castelladral simboliza en su máxima expresión, el concepto de Slow Life y lo pone de manifiesto a través de sus valores como familia: el amor por la naturaleza, la delicadeza de las pequeñas cosas, la excelencia, la entrega y dedicación, el silencio, la pasión por la cocina, la alimentación sana, la simplicidad, la constancia, y el respeto por las personas y el entorno. La casa dispone de ocho amplias habitaciones, cada una de ellas con una personalidad propia y magníficas vistas a Montserrat, a los campos de cultivos o a la puesta de sol.
CADA RINCÓN DE LA CASA GUARDA UN PEDAZO DE SU HISTORIA.
La Almazara, el antiguo salón de prensas de aceite, se ha reconvertido en un espacio de descanso y lectura. En él, se mantienen intactos el molino de piedra y la prensa de aceite originales, que fechan del siglo XIX. Actualmente, la familia sigue recogiendo las olivas y elabora su propio aceite para uso particular y el de los clientes del hotel. El antiguo pajar es ahora un pequeño restaurante de autor, del prestigioso y joven chef David García, con una cocina basada en productos de la zona y de temporada.
La bodega, también original de la casa, conserva botas de madera que datan del año 1748. Recientemente se ha convertido en el bar del hotel, donde se puede degustar una exquisita selección de vinos, licores, cafés y tés, u organizar una cata o degustación.
Dispone además de varios espacios y salones, donde se mezclan la esencia de una casa centenaria y la tecnología más moderna, para organizar los eventos más especiales. El Salón Piano y su terraza exterior permiten la realización de grandes eventos en plena naturaleza.
Está situada en un marco natural y único. Todo este escenario ha inspirado a sus dueños a ser muy respetuosos con su entorno, utilizando energías renovables, no contaminantes y respetuosas con el medio ambiente. Hoy la masía es un espacio moderno, de habitaciones generosas en dimensiones y en calidad, con rincones perfectos para la lectura en calma, la conversación, o las reuniones de trabajo, enfatizando que trabajar es un placer.
Comienza a encontrar el equilibrio necesario y apuesta por una vida más plena. Tu calidad de vida, y tu productividad te lo agradecerán.
Para más información: masialagarriga.com
















La motivación, factor por excelencia en la empresa.
El término de capital humano existe desde mediados del siglo pasado y fue promovido, entre otros, por autores como Schultz y Becker, para originar el crecimiento económico de las sociedades occidentales; sin embargo, desde hace aproximadamente una década se han ido desarrollando ténicas y programas con cierta complejidad orientados efectivamente al desarrollo de las potencialidades y capacidades de los recursos humanos.
Para ello, sin duda, son necesarias transformaciones profundas. Por ejemplo, convertir las actitudes reactivas en creativas es un proceso transformador mediado por las emociones. El dominio emocional le permite a las personas un cambio de perspectiva respecto de su mirada sobre los hechos y el mundo; este cambio de orientación es decisivo, porque a partir de su nueva apreciación es que podrán generar una revolución positiva en ellos mismos y en cada unidad de negocio y empresa. La actitud desde la reactividad genera hostilidad y las posibilidades de alcanzar el éxito se alejan. Como sabiamente decía Einstein: “Si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo.”
La preocupación por el bienestar laboral, por el equilibrio emocional, por el desarrollo de una comunicación positiva, por el trabajo colaborativo son pautas pendientes en muchas organizaciones que mantienen estructuras y esquemas obsoletos de trabajo. Aunque pueden funcionar, sufren los efectos colaterales que implica el descontento y la falta de motivación de sus equipos y sus miembros.
Y así es que, entonces, cada vez son más las firmas que apuestan por estas técnicas; pues la realidad es que la motivación es una herramienta para mejorar la productividad y la predisposición de los empleados, no sólo en relación a sus obligaciones, sino además en la mejora de la interactividad con sus pares, superiores, clientes internos y externos. Los empleados con mayor desempeño y ascenso en las compañías, no lo logran únicamente por tener conocimientos para desarrollar su función, sino que muestran una actitud positiva frente al entorno; son individuos que saben responder a las necesidades de sus clientes, que conocen cómo deben relacionarse con los proveedores y colaboradores de trabajo, que tienen las herramientas para tomar decisiones cuando se requiere, que son capaces de trabajar en equipo y que son proactivos.
Para muchos, la cocina es un lugar original para estimular la imaginación y, si se utiliza en forma adecuada, también para facilitar la distensión y el trabajo en equipo. Por tal motivo, las clases de cocina para empresas se han convertido en uno de los más recientes hallazgos en este sector, orientado a las empresas que valoran el crecimiento personal y no sólo profesional de sus empleados.
Motivo por el cual, os recomendamos (por propia experiencia) esta finca de 23 Hectáreas (entre bosques y espacios naturales) que dispone de cocina propia, jardines, dos amplios salones para más de 300 comensales, y un gran equipo humano para programas únicos y personalizados: reuniones de empresa, talleres de cocina, catas de vinos.. 23 hectáreas de espacio natural para actividades en el exterior: team building, outdoor training, coaching…
Ya sabes, “Si quieres trabajadores creativos, dales tiempo para jugar”…Motivación es una palabra clave para una empresa. Es la esencia y factor por excelencia para el éxito, la productividad, la competitividad y el bienestar empresarial.
Teambuilding, reuniones de empresa, coaching, talleres de cocina..Un espacio con múltiples posibilidades. Si quieres reunirte con tu empresa en un espacio natural o tomarte un desayuno con la posibilidad de quedarte a comer o a cenar…
(Fuente: @Sandrita_Fndz )
Para más información: canribas.com