• servicios
  • proyectos
  • Temas Archives: Gestión del Tiempo

    PastedGraphic-11-e1351985183737

    La excelencia del mañana se genera hoy.

    La locura: repetir lo mismo una y otra vez y esperar resultados distintos.

    Entonces, ¿por qué generalmente las personas siguen empeñadas en hacer más de lo mismo? Porque no tienen conciencia de su SER ni de todo su POTENCIAL; responden a sus creencias, a sus hábitos y a sus miedos, paralizados en su zona “segura”.

    Pues toma nota: “Si sigues haciendo lo mismo que has hecho hasta hoy, llegarás donde ya has llegado.” Dicho de otra manera: “Si lo que haces no funciona, entonces haz otra cosa.”

    Si quieres que empiece a surgir algo nuevo en ti, hay cosas que tienes que dejar de hacer y también hay cosas que tienes que empezar a hacer.

    ¿Qué es lo que tengo que hacer para construir nuevos caminos?
    ¿Para poder mejorar mi manera de relacionarme con mi entorno?
    ¿Para potenciar mis habilidades?

    LA FORMACIÓN COMO ESTRATEGIA E INVERSIÓN.

    La respuesta a estas preguntas es la formación continua como estrategia imprescindible para ser competitivo en el mercado laboral, y poder alcanzar, mantener o mejorar un puesto de trabajo. Por otro lado, las nuevas exigencias del mercado laboral implican que estemos formados no sólo en conocimientos específicos de nuestros estudios universitarios, sino en diversas materias que lo complementen, con el fin de conseguir una mejor adaptabilidad al puesto de trabajo.

    Invierte en ti, eres el único valor seguro que tienes. Invierte en aprender aquello que necesitas para potenciar tu talento.

    Para subir la escalera que te conduce a tus objetivos debes comprometerte con el cambio, con tu cambio; dedicar los recursos necesarios para encontrar nuevas formas de relacionarte con las circunstancias con las que tienes que convivir en tu día a día, tanto a nivel profesional como personal.

    PROGRAMA SUPERIOR THALENTIA.
    Identifica tus prioridades y haz que tu vida gire en torno a ellas.

    Para ello, Coaching para la Excelencia ofrece a través de su Programa Superior Talenthia, planes de formación diseñados a medida dando respuesta a esta necesidad creciente, de alto impacto y gran valor añadido.

    El objetivo del Programa Superior Thalentia es el de adquirir un entrenamiento eficaz que permita a su participante desarrollar en sí mismo así como en su entorno, la aplicación de facultades tales como:

    • Autoconciencia
    • Autocontrol
    • Versatilidad
    • Asertividad
    • Capacidad de influencia
    • Creatividad
    • Iniciativa
    • Coraje
    • Visión holística
    • Rigor
    • Ética
    • Generosidad
    • Intuición
    • Transparencia
    • Compromiso

    Potencias tu talento cuando realmente deseas un giro en tu vida, cuando realmente te comprometes con el cambio e inviertes en conocimiento. Entonces, es cuando inviertes en ti mismo; en tu crecimiento personal, en mejorar tus estados de anímicos a través del autocontrol y en los mecanismos de adaptación que hacen aflorar tu mejor versión.

    Invierte en ti mismo, tú eres tu mejor recurso.

    “Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana.” Walt Disney

    ————————————————

    Para más información.
    Programa Superior Thalentia.

    www.coachingparalaexcelencia.com

     

    Entrada publicada en Artículos |Tema: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , Dejar un comentario
    Untitled

    Procrastinación: divide y vencerás.

    Divide y vencerás.

    Cuando hablamos de gestionar nuestro tiempo para aumentar la productividad, en general, hablamos de evitar las pérdidas de tiempo causadas por los llamados ladrones de tiempo. De esos ladrones de tiempo, uno de los más peligrosos puedes ser tú mismo; tú mismo en forma de procrastinación. Resumiendo, el significado de procrastinación es postergar, dejar para después, para otro momento.

    Uno de los motivos típicos que provoca la procrastinación es el hecho de enfrentarse a un trabajo determinado y no saber por dónde empezar. Sabes que hay que llevar a cabo muchas actividades pero se te hace una montaña inmensa que te tira hacia atrás y te bloquea. Te sientes como David frente a Goliat, pero sin la honda.

    Solo hay una manera de salir de ese bloqueo con éxito: divide y vencerás.

    “Todo lo que se hace se puede medir, sólo si se mide se puede controlar, sólo si se controla se puede dirigir y sólo si se dirige se puede mejorar”  Dr. Pedro Mendoza A.

    Considera ese trabajo como un proyecto, por pequeño que sea, y el primer paso será definir el objetivo de tu proyecto. Muchas veces postergamos un determinado trabajo sencillamente porque no sabemos para qué lo hacemos. Por ejemplo, si tuvieras que preparar la cena el objetivo sería obtener un plato de comida que pudieras ingerir para satisfacer tu hambre.

    El siguiente paso es definir el resultado, o resultados, final que vamos a obtener. La mejor forma de definir el resultado es preguntarte cómo sabrás que una vez acabado has conseguido el resultado esperado. Siguiendo con el ejemplo anterior, deberás definir más concretamente qué plato obtener, supongamos estofado de patatas.

    Hasta aquí ya sabemos para qué lo hacemos y cuál va a ser el resultado. A continuación deberás desglosar tu proyecto en actividades o tareas. No te preocupes en qué orden deben realizarse, simplemente se trata de hacer una lista de todas las tareas que implica ese proyecto. Asegúrate de tenerlas todas y una vez las tengas hazte las siguientes preguntas para cada tarea:

    ¿CUÁL es la tarea que estoy planificando? ¿ Por qué es necesaria?

    La respuesta a esta pregunta debe confirmarte que realmente la tarea es necesaria, de lo contrario puede tratarse de una tarea redundante o innecesaria. Para saber que realmente la tarea es necesaria debe cumplir el siguiente requisito: al finalizar la tarea debo obtener un resultado, tangible o intangible, que contribuya de alguna forma a la consecución del objetivo del proyecto.

    ¿CÓMO se llevará a cabo la tarea? ¿Qué recursos necesito?

    Tu respuesta debe proporcionarte una lista de conocimientos, habilidades, materiales y herramientas necesarios para poder desarrollar la tarea. Tener todo es a mano evitará importantes pérdidas de tiempo debidas a desplazamientos que pueden evitarse de antemano.

    ¿DÓNDE se realizará?

    El lugar donde se deba realizar la tarea es determinante a la hora de calcular el tiempo total que necesitaremos para ello. Es frecuente planificar actividades sin tener en cuenta los posibles desplazamientos, como si fuésemos capaces de tele-transportarnos. Si no tienes en cuenta este aspecto te pasarás la vida corriendo y, en el peor de los casos, llegando tarde a todas partes.

    ¿QUIÉN llevará a cabo el trabajo? ¿Debo hacerla yo o la puede hacer otra persona?

    Una parte de las respuestas de la preguntas anteriores te ayudarán a responder ésta. En función de dónde deba realizarse y de los recursos necesarios para la tarea deberás decidir si la llevas tú a cabo o, si por el contrario, la lleva a cabo otra persona. También puede ser que el aspecto prioritario sea el quién, con lo cual el dónde quedaría supeditado. Sea como fuere, si se debe responsabilizar otra persona, deberás tener en cuenta los criterios de un buen proceso de delegación.

    ¿CUÁNDO se llevará a cabo? ¿Cuánto tiempo es necesario?

    Finalmente deberás determinar en qué momento debe realizarse la tarea y lo que es más importante: cuánto vas a tardar en realizarla. Saber cuánto tiempo vas a dedicar a una tarea es fundamental para organizarte, no solo tu trabajo sino tus compromisos y, por tanto, el trabajo de los demás. Calcular el tiempo que dedicarás a una tarea es uno de los ejercicios más complejos que vas a encontrar en el proceso de planificación de tu trabajo. Algunas técnicas y tu experiencia serán las mejores herramientas para hacerlo. Dependerá de cual sea tu estilo, o perfil, planificador. Los hay optimistas y siempre creen que acabarán muy pronto. Los hay pesimistas y creen que surgirán problemas por todas partes. Existe una fórmula que te ayudará a calcular el tiempo:

    T = tiempo estimado

    A= Tiempo requerido para la actividad si todo marcha idealmente (optimista).

    M= Tiempo requerido para la actividad con más probabilidades bajo condiciones estándar o normales (probable).

    B= Tiempo para la actividad cuando se afrontan demoras considerables (pesimista).

    En este punto es recomendable tener en cuenta los principios de la gestión de riesgos.

    Dependiendo de la magnitud de las tareas obtenidas es posible que necesites bajar un nivel en tu desglose y volver a aplicar cada uno de los pasos en aquellas tareas en las que no estén claras las acciones a llevar a cabo. El objetivo de todo el proceso de planificación es conseguir llegar a un nivel de detalle que nos permita obtener acciones concretas por las que empezar a trabajar y saber en todo momento cuál es la siguiente acción que debemos llevar a cabo para que nuestro proyecto avance. El método sirve tanto para planificar un proyecto industrial de 13.000 horas de trabajo, como para reordenar un cuarto trastero, como para organizar el banquete de una boda.

    Puedes empezar por algo pequeño para practicar, una vez domines el método verás que no es complicado y realmente te ayuda a avanzar.

    Sólo si trabajas tus hábitos, estarás multiplicando tus posibilidades de éxito. Y justo ahí es donde te puede ser de gran ayuda tu coach. ¿Quieres probarlo?

    Para más información: coachingvalles.com

    Entrada publicada en Artículos |Tema: , , , , , , 2 Comentarios
    Untitled

    El tiempo está ahí, en igual medida para todos.

    “El problema es falta de dirección y enfoque y no la falta de tiempo.  Todos tenemos 24 horas en el día.” Zig Ziglar

    Nuestras responsabilidades han aumentado de manera paralela al progreso tecnológico: los plazos de entrega se han acortado, la cantidad de trabajo ha aumentado y en la actualidad trabajamos más horas para poder controlar tanto el volumen creciente de información, como las nuevas responsabilidades.

    Existe una manera de neutralizar estas conductas, se trata de aplicar las cuatro erres. Reconocer (tomar conciencia de la conducta); Racionalizar (la situación de estrés que produce); Resolver (el abandono del hábito); y por último Reemplazar (por una conducta más relajante y repetirla hasta que se convierta en un hábito).

    Los que emplean mal su tiempo, son los primeros en quejarse de su brevedad. Jean de la Bruyère.

    ¿Por qué hacerlo? Recordemos que según algunos estudios, los menos vulnerables al estrés tienen muchos amigos, duermen bien, beben alcohol de forma controlada, no fuman, hacen ejercicio, están contentos con el dinero que tienen, gozan de buena salud, pertenecen a un club o grupo social y no tienen exceso ni deficiencia de peso.

    Tal vez, vernos reflejados en los ejemplos de la cotidianeidad, nos permita visualizar de mejor forma nuestras falencias o errores a la hora de administrar la energía e invertirla en nuestras tareas. Los casos expuestos previamente están ligados a un momento breve, en donde la paciencia o impaciencia especulan con una reacción, frente a una fracción mínima de tiempo en juego. Sin embargo, estas actitudes son extensivas a muchas otras situaciones y escenarios.

    Ahora bien, existen muchas lecciones y teorías en función a cómo administrar el tiempo, y que son aplicables independientemente de la incidencia cultural de cada individuo. Por ejemplo, uno de los procesos de calificación y tal vez el más conocido y eficaz es el del ABC; se trata de asignar letras a las diferentes actividades asignándoles así, un orden de prioridad o importancia (de las más urgentes calificadas con “A” y sucesivamente con las otras categorizaciones). Con esta clasificación logramos quitar cierta carga emocional a las tareas, ya que le asignamos un grado de prioridad neutralizando su connotación de placer o disgusto por ejecutarla.

    Otra variación en referencia a la administración del tiempo plantea ordenar las tareas proporcionalmente a la recompensa resultante por su ejecución; y el Principio de Pareto 80/20, -que para ser más gráficos lo simbolizaremos citando un ejemplo común: el 20% del correo que recibimos nos aporta el 80% de la información útil; mientras que el 80% restante es inútil-; aquí se propone ordenar las actividades priorizando la importancia relativa de las mismas para cambiar nuestra conducta y crear valor.

    Este artículo ofrece sólo una fracción acerca de los innumerables ejercicios aplicables para optimizar nuestras horas y nuestras actividades personales y profesionales. Pero en cada caso además, debemos tener en cuenta, que tratamos con individuos y si bien todos contarán con obligaciones y responsabilidades que cumplir, todos tendrán particularidades puntuales traducidas en miedos, conflictos, barreras, procesos de cambio, patrones de conducta, diferencias de apreciación, escepticismo, etc.

    Así es que ciertas técnicas son de aplicación casi universal, pero en la mayoría de los casos habrá que tener en cuenta las características personales condicionantes y la flexibilidad en función al entorno de desarrollo.

    En el contexto laboral hay muchos focos de atención para gestionar y entre ellas podríamos citar algunas que tienen que ver con aprender a administrar la información; aprender a sacar provecho de las reuniones; potenciar la creatividad y dar espacios para ella; ordenar y organizar el escritorio siguiendo pautas para ello; utilizar las tecnologías para rentabilizar la información; etc. Todo lo que hagamos para mejorar y corregir conductas viciadas por las costumbres de trabajo, impactará directamente en la calidad y en el rendimiento del mismo.

    ¿Cuántas veces llegas al final de la jornada y aún te quedan un montón de cosas por hacer? ¿Por qué pasa eso? No has parado en todo el día y sin embargo no has podido llevar a cabo todas las cosas que te habías propuesto. El tiempo está ahí, en igual medida para todos.

    Para más información: coachingvalles.com


    Entrada publicada en Artículos |Tema: , , , , , , , Dejar un comentario
    Untitled

    Practica la delegación, te aportará calidad de vida.

    Cuando hablamos de gestionar nuestro tiempo, y especialmente cuando nos referimos a la productividad (el tiempo es oro y se mide en productividad), la mejora de la productividad, acostumbramos a pensar la forma de conseguir hacer más tareas o actividades en un determinado período de tiempo. En la mayoría de ocasiones eso significa hacer las cosas más rápidamente, lo cual implica un riesgo: sacrificar la calidad del resultado. Recuerda aquel dicho popular: “Las prisas no buenas consejeras”.

    Entonces si no se trata de hacer las cosas más rápidamente ¿de qué se trata?. En mis cursos siempre digo que el secreto no es tener más tiempo – sabemos que los días tienen 24 horas y eso va a seguir así por mucho tiempo – el secreto es hacer menos. Suena raro, pero se trata de eso: hacer menos. Pudiera parecer un acto de irresponsabilidad pero enseguida vas a ver que no. Se trata de hacer menos y practicar algo que a muchas personas les cuesta muchísimo: practicar la delegación, delegar aquellas tareas que otros pueden hacer en nuestro lugar con la garantía de obtener los mismos resultados que nosotros.

    La delegación tiene una gran ventaja: nos permite dedicar el tiempo de la tarea delegada a otras actividades.

    Pero ¿qué es eso de delegar? ¿cómo lo hago? Delegación significa conseguir resultados dando a otra persona la autoridad para hacer el trabajo del cual tú eres el responsable. La delegación tiene algunos riesgos potenciales, por eso recomendamos utilizar un proceso de delegación que reduzca al mínimo los riesgos y maximizar las recompensas. Debemos empezar aclarando que delegar no es “pasarle la pelota a otro”. No es asignar una tarea que no me gusta a alguno de mis colaboradores de forma improvisada. Antes de aventurarnos a delegar parte de nuestro trabajo debemos hacer un ejercicio de reflexión que nos permita decidir si delegamos una tarea o proyecto.

    Tenemos algunas preguntas que pueden ayudarnos:

    • ¿Hay algo que realmente obligue a que tenga que hacerlo yo mismo?
    • ¿Quién más tiene la capacidad de hacer esto?
    • ¿Quién puede beneficiarse de aprender a hacer esto?
    • ¿Qué es lo peor que puede pasar si delego? Y ¿Cómo puedo evitarlo?
    • ¿Quién tiene el mayor interés en el resultado?
    • ¿Quién es realmente el “dueño” de este problema?

    Aventurarnos a delegar de cualquier forma puede llegar a ser realmente angustiante y arriesgado, porque realmente existe riesgo de que los resultados sean diferentes de los esperados, o sencillamente no obtengamos resultados. Existe un método que nos permite que la delegación funcione.

    1. Definir los resultados deseados. El primer paso antes de delegar cualquier tarea o proyecto es tener claro un mismo qué queremos conseguir. Debemos definir el resultado esperado en clave de METAS:

    Motivador: sólo hacemos bien lo que realmente queremos hacer.

    Específico: está descrito de una forma clara aquello que se quiere conseguir.

    Temporizado: contiene un acuerdo claro sobre los plazos.

    Alcanzable: existe probabilidad de éxito con perseverancia.

    Seguible: Asegurarnos de que sabremos que lo hemos logrado

    2. Seleccionar a un empleado apropiado. Las tareas no se asignan al primero que pasa o al que está disponible. Antes de delegar un trabajo debemos pensar quién es la persona más adecuada, por aptitud y actitud, para llevarlo a cabo. Las cuestiones de disponibilidad con frecuencia pueden resolverse reorganizando o replanificando.

    3. Determinar el “nivel” de la delegación. El nivel de la delegación se refiere a la cantidad de poder de decisión que otorgamos a la persona en quien delegamos. Empezando por el nivel más bajo, la persona en quien delegamos puede:

    1. Reunir información sobre las ventajas y desventajas de diversas opciones para que nosotros tomemos la decisión pertinente.
    2. Proporcionar varias acciones alternativas posibles y recomendar una.
    3. Recomendar las acciones que cree que se deben lleven a cabo y esperar a nuestra aprobación.
    4. Adoptar medidas e informar cuando lo haya hecho.
    5. Adoptar medidas de forma independiente sin necesidad de presentar un informe.

    Repasando los diferentes niveles de delegación podemos determinar en qué nivel de delegación estamos nosotros mismos. A la mayoría de nosotros nos gustaría estar, si no lo estamos ya, en el nivel más alto de delegación, aquél que nos da una mayor autonomía e independencia. No es difícil imaginar que nuestros colaboradores tienen aspiraciones similares a las nuestras.

    4. Aclarar las expectativas y parámetros establecidos. Tan importante como definir los resultados esperados lo es definir qué se espera que haga la otra persona. Se trata de definir “las reglas del juego” de la delegación: qué vale y qué no vale; en base a qué valores o normas vamos a trabajar; que comportamientos son deseables y cuáles no. En definitiva se trata de definir el marco de actuación, el perímetro del terreno de juego, en el que se va a mover la persona que recibe el trabajo delegado.

    5. Dar autoridad para que coincida con el nivel de responsabilidad. Cuando delegamos una tarea estamos asignando una responsabilidad a la otra persona; esperamos que consiga los resultados definidos y le vamos a pedir cuentas por ello. Para realizar el trabajo, la persona va a necesitar un nivel de autoridad acorde a los resultados esperados y acorde al entorno en el que se va a desenvolver, independientemente que se trate de una persona de nuestra propia organización o una persona externa a ella. Debemos ser conscientes de que la autoridad no se ve (a excepción de organizaciones militarizadas o similares), por lo tanto debemos hacer visible esa autoridad. ¿Cómo? Informando al resto de personas con las que va a interactuar nuestro colaborador, quien recibe la delegación. Como ejemplo representativo podemos hablar del “nombramiento”, si bien no siempre es necesario hacer un nombramiento oficial, ya sea por tratarse de tareas menores, ya sea por tratarse de delegaciones temporales. De cualquier modo nos adaptaremos a las circunstancias que envuelvan cada caso, dando visibilidad a la persona encargada de llevar a cabo la tarea y la autoridad que en ella hayamos depositado.

    6. Proporcionar recursos e información de fondo. Antes de iniciar la tarea asignada, la persona encargada deberá recibir todos los recursos necesarios para poderla llevar a cabo, incluyendo recursos materiales e inmateriales. Hablamos de herramientas, métodos, recursos financieros, información, soporte técnico y emocional, entre otros. En otras palabras, debemos proporcionar a la persona delegada todo aquello que necesitaríamos nosotros mismos para poder realizar el trabajo.

    7. Garantizar el feedback durante el proceso. No hay nada peor para una persona delegada que dejarla “sola ante el peligro”, especialmente las primeras veces que realiza un determinado trabajo. Cuando delegues debes asegurarte de establecer una forma de acompañamiento, o seguimiento, de la persona delegada con el objetivo de que sepa si el trabajo va por buen camino o no. La intensidad y la cantidad de ese acompañamiento dependerá, obviamente, de diversos factores: experiencia, complejidad, confianza, por citar algunos. No olvidemos que hasta los más altos cargos ejecutivos deben pasar cuentas con los accionistas con cierta periodicidad.

    Hasta aquí el método de una delegación eficaz, pero ¿qué pasa con el “delegante”? ¿Qué actitudes debe tener? La delegación efectiva requiere proceso estructurado, como el que hemos descrito, además la persona que delega debe tener unas cierta actitud que la favorezca. Debe ser capaz de:

    • Desarrollar relaciones de confianza con los colaboradores.
    • Ser capaz de dejar de lado el trabajo de detalle.
    • Saber dejar que otros tomen decisiones.
    • Centrarse en los resultados deseados, no los métodos.
    • Estar abierto a nuevas ideas y enfoques.
    • Ayudar a que las personas aprendan de sus errores.
    • Sentirse recompensado por el éxito de los demás.

    Si bien el método es relativamente fácil de aprender, y de poner en práctica, lo que habitualmente nos frena a la hora de delegar suelen ser factores actitudinales. Es en este punto donde entran de lleno nuestras habilidades personales y nuestra capacidad de gestionar situaciones de cierta incertidumbre, e incluso de falta de confianza hacia los demásn. En otras ocasiones será el miedo a perder nuestra posición la que nos impedirá ceder parte de nuestra autoridad, o sencillamente la idea de que nosotros lo hacemos mejor y más rápido.

    Sea como fuere, qué duda cabe, delegar nos puede aportar una notable mejora de nuestra calidad de vida, tanto en el ámbito profesional como en el personal. Como tantas otras cosas en la vida, es una cuestión de empezar poco a poco, con tareas sencillas que nos permitan sentirnos cómodos delegándolas, y estando alerta a las dificultades, que probablemente aparecerán, para sobreponernos de la mejor forma posible.

    La ayuda de un coach puede ser decisiva a la hora de superar determinadas dificultades de tipo actitudinal y puede contribuir a reducir la curva de aprendizaje del proceso de delegación.

    Fuente: Rafael Adame
    Para más información: coachingvalles.com

    Entrada publicada en Artículos |Tema: , , , , , Dejar un comentario