Seguramente, y entre otras tantas expresiones, nos resultará familiar escuchar o hacernos eco de frases tales como “No he tenido un momento”, “He comido en cinco minutos”, “No he podido llamarte en todo el día”, “La reunión se ha extendido”, “El tráfico estaba imposible”, etc. Es necesario reflexionar sobre el hecho de que muchos de los aspectos que intervienen en tales comentarios contemplan factores ajenos a nuestro dominio; sin embargo, todos ellos afectan a nuestro tiempo, que es real e indefectiblemente insustituible, inelástico, inexorable, indispensable y equitativo.
La pregunta entonces sería ¿cómo valoras tu tiempo?, ¿eres realmente consciente de la manera en que lo dispones?, ¿sabes organizarte o al final del día te quedas con la sensación de no haber cumplido tus objetivos? Seguramente el final de una jornada laboral suele dejar a muchas personas insatisfechas y con la sensación de haber malgastado buena parte del tiempo en acciones estériles, lo que puede provocar sensaciones de culpa o de frustración. Los expertos aseguran que utilizamos, por lo general, sólo un tercio del día para resolver asuntos realmente importantes; el resto se destina a actividades que no tienen particular relevancia ni para el negocio ni para nuestros objetivos personales. Lo lógico sería, en principio, organizarnos según el siguiente esquema:
- Hemos de tener en cuenta que no valen las buenas intenciones si luego hay pocos resultados; lo que conseguimos es lo que cuenta. La eficacia y la eficiencia, es decir, lograr los mejores resultados en el menor tiempo y con los recursos mínimos, sólo se consigue con una administración correcta de nuestros minutos, horas y días venideros.
- Es por ello que focalizar, valorar y ser realista con las prioridades son puntos esenciales para originar una correcta organización de las tareas y los objetivos. Y aunque no son esas las únicas premisas, sí es única la percepción del tiempo según la forma de ser, el carácter y el temperamento.
Henri Laborit decía que nuestra naturaleza nos conmina a actuar con cierta negligencia seducidos por el confort y el bienestar. El deseo de realizar lo mínimo y con el menor esfuerzo es un hándicap a la hora de organizar nuestro tiempo.
Laborit consideró que en nuestra distribución de tareas priorizamos lo que nos resulta más fácil antes que lo es difícil; lo que se hace enseguida antes de lo que nos toma tiempo; lo que sabemos hacer antes de lo que nos resulta nuevo; lo que es urgente antes de lo que es importante.
Esta tendencia depende en gran medida de nuestro temperamento, siendo éste la parte irresoluble de nuestra personalidad, y que por ello nos lleva una y otra vez a cometer los mismos errores en la distribución de nuestro tiempo, y en la realización de nuestras tareas.
Si, por ejemplo, nuestro temperamento es melancólico, nos consumiremos planificando y previendo posibilidades adversas. En el ímpetu paradójico de planificar seguramente perderemos mucho del preciado tiempo disponible. El melancólico precisa de un análisis exhaustivo antes de tomar decisiones, además de querer que las cosas sean perfectas, y para ello las repasa una y otra vez. Lo mejor en este caso es planificar lo lógico y evitar contemplar todas las factibilidades.
Si en cambio nuestro temperamento es flemático, elegiremos lo fácil antes que lo difícil, o lo que nos gusta hacer contra lo ingrato; en ningún caso aceptaremos realizar tareas contrarreloj. Nos costará defender lo que queremos, dejando que nos impongan tareas que rompen nuestra planificación. Viviremos entre la desmotivación y no, y tenderemos a priorizar aquello que es más simple sobre lo complejo, llegando incluso a esconder aquello que no somos capaces de resolver para no tener conflictos. Lo mejor para los flemáticos es fragmentar las actividades para alcanzar la motivación en lo secuencial de las tareas.
El temperamento colérico también es un enemigo de nuestro tiempo, pues nos hace focalizar desde lo urgente y no desde lo importante. La frase predilecta de un colérico es: “Me encantaría… en cuanto encuentre tiempo seguro que lo hago”. El foco de los coléricos está puesto en los resultados, y en la realización de las tareas para alcanzarlos. Cuando somos coléricos nos cuesta repasar los trabajos y nos exigimos productividad contra calidad. Aquí lo más adecuado sería reflexionar antes de actuar, y aprender a evaluar las potencialidades disponibles para optimizar el trabajo, evitando ir directamente a los resultados y sin mediar nada más.
Por último, nos encontramos con el temperamento sanguíneo, que es aquel que adora hacer las cosas que le gustan y pone pasión y perfección en ello. Pero también está el lado menos elegante: el sanguíneo disfruta de las cosas que le requieren poco tiempo y le permiten evadirse de la responsabilidad con rapidez; aquí el problema radica en la falta de profundidad, en la necesidad de terminar cuanto antes sin importar el cómo. Cuando somos sanguíneos ponemos el énfasis en las relaciones y en un segundo plano las tareas. El mayor raptor de tiempo para este temperamento es su necesidad de crear buen clima a su alrededor. En este caso debemos lograr un equilibrio emocional y repartir cada tarea según la necesidad, y no según nuestra comodidad.
Ya vemos que, aun habiendo expuesto algunas de las casuísticas temperamentales y algunas posibilidades, sólo hemos considerado las más habituales a título contemplativo. Las variantes son múltiples; sin embargo, existen herramientas que, teniendo en cuenta estos factores, nos ayudan a optimizar nuestra manera peculiar de manejar el tiempo.
Para dar una respuesta eficiente a las dificultades en la gestión del tiempo, el Instituto Hune propone un enfoque novedoso en el que se combinan el estudio de los comportamientos de los integrantes de los equipos, con un estudio de las causas objetivas y subjetivas que confluyen en el desarrollo de cualquier proyecto. De este modo la solución permea en todos los agentes que inciden en el rendimiento temporal de los proyectos.
El Instituto Hune, a través de seminarios y cursos, busca colaborar con las organizaciones de una forma activa y solidaria dentro de un escenario cambiante donde la dirección de personas está ocupando un lugar relevante, y se está superando la etapa de autocracia que no ha permitido el crecimiento y desarrollo del capital humano. El tiempo lo viven las personas y son ellas las únicas que pueden optimizar su rendimiento a través de un trabajo que revolucione el interior para evolucionar el exterior.
En principio, se intenta eliminar los malos hábitos y cambiarlos para alcanzar experiencias únicas reforzando los hábitos de éxito. En pos de resolver esta situación, se estudian los valores y las competencias, lo que posibilita que la organización gane autoestima y confianza en su impacto social, cuidando los hábitos para establecer criterios estables que permitan el enriquecimiento y el progreso constante.
Este artículo habla básicamente cómo la percepción del tiempo y el logro de los resultados se dan desde los Temperamentos y las Competencias (Eficiencia/Eficacia), por lo cual, os recomendamos el curso de “Experto en Comunicación No Verbal“. Estos dos temas son parte de sus módulos.
El Curso de Experto en Comunicación No Verbal de Instituto Hune, en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares, constituye un nuevo análisis de las interacciones humanas y un novedoso campo de estudio.
¿Tu temperamento es melancólico, flemático, colérico, o sanguíneo?
Innovación, Inteligencia competitiva.
Honestidad, integridad y compromiso ético.
Unidad y marca personal.
Novedad y creatividad.
Excelencia organizativa.
Fuente: Joaquina Fernández
Para más información: Instituto Hune
















Cómo lograr el equilibrio y llevarlo a la acción.
¿Qué significa que las cosas marchen bien ?
Básicamente que estén en equilibrio. Una postura en equilibrio es la clave de que el Surfista no caiga al agua. Ni ácido, ni básico, reza algún producto de cosmética, es decir en equilibrio del Ph. Pero sucede lo mismo tanto en cosas como en los conceptos.
El Balance de la Empresa tiene que estar en equilibrio. Si tenemos un exceso de financiación decimos que hay recursos que no están rindiendo. Si hay falta de financiación, que resulta dificultoso la marcha del negocio. El símbolo de la Justicia, son dos platillos de una balanza. La enfermedad se produce por un desequilibrio personal entre las fuerzas internas que nos decanta hacia uno de los lados. El Ying Yang Oriental nos indica con un símbolo la necesidad de Equilibrio en la vida. De un equilibrio en acción.
Este punto es importante. Equilibrio en acción. Por eso el símbolo no es una circulo dividido en dos partes. En el símbolo del Ying Yang, cada parte indica dinamismo, acción.
Un equilibrio NO dinámico se traduciría como relajación. El dormir es un ejemplo. Se descansa, pero no se está en alerta. Justamente el Concepto de Coherencia Cardiaca, es un equilibrio en acción. No perdemos energía, estamos activos, pero no tensos. Todas las partes integrantes de nuestro ser se integran armónicamente.
¿Cuál es la causa del mantenimiento de ese Equilibrio Interno?
Que nuestras emociones estén armonizadas. Que se mantenga un equilibrio entre las antagónicas o que si hay un ataque de rabia, no nos afecte en nuestra estabilidad emocional.
LAS EMOCIONES. Las emociones, (en otro tiempo), han sido bastante despreciadas por los Estamentos Sociales dirigentes. Se las consideraban un estorbo a la hora de trabajar con racionalidad. Se primaba la razón sobre la emoción. Eran como un subproducto humano de las clases bajas. Hoy sabemos que las emociones son siempre una parte de una decisión. Así que son un elemento clave si queremos saber el motivo de una compra, una tendencia, una opinión.
La emociones fundamentales tienen una utilidad. Véase el cuadro de abajo. La CAUSA es el motivo por el cual puede aparecer la emoción. Los SIGNOS externos como percibimos los demás esa emoción. La FUNCIÓN es su utilidad más inmediata.
LOS SIGNOS DE LAS EMOCIONES.
Sin entrar en detalles, si percibimos que de las CINCO emociones fundamentales, existen 3, (rabia, miedo y tristeza) que no son agradables. Las llamamos negativas, y están frente a las dos restantes (amor, alegría) que las llamamos positivas.
No es que sean positivas o negativas de forma estricta. Ya hemos visto en el cuadro que tienen su razón de ser. Nos ayudan en el proceso de la vida, pero como decíamos al principio es preciso el EQUILIBRIO.
Imagínate con ataques de rabia continuos. ¿Tu cuerpo no se iba a resentir? Puede que tengas razón para tener rabia, pero tu cuerpo sólo recibe las repercusiones negativas.
La práctica de la Coherencia Cardiaca, es un entrenamiento para lograr un equilibrio cuerpo-mente que hará regular tus emociones negativas y potenciará las de signo positivo. El cuerpo reacciona, pero tú eliges. Tres veces al día, a través de 5 minutos por cada ejercicio, lograrás tu equilibrio.
En el intervalo que existe entre el estímulo y la respuesta.
Tenemos libertad y poder para elegir esta.
De ella depende nuestro crecimiento y nuestra libertad.
Victor Frankl
¿Quieres saber más acerca de la Coherencia Cardíaca?
Para más información: coherencia-cardiaca.com