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    El Efecto de nuestros Pensamientos.

    CONOCERME MEJOR.

    Los artículos anteriores permitieron comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía a distintos niveles de condensación y frecuencia. Todo ello, nos abre otras maneras de ver la enfermedad y nos advierte sobre cómo sanarla. En este artículo y siguientes, seguimos centrando la atención en hechos que nos amplían esta comprensión.

    ¿HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR EL EFECTO DE NUESTROS PENSAMIENTOS Y CREENCIAS SOBRE NUESTRAS ENFERMEDADES?

    El doctor Joe Dispenza realizó un estudio sobre personas que experimentaron una remisión espontánea de enfermedades como el cáncer, la diabetes o raros trastornos genéticos para los cuales la medicina no tenía cura. Dicho estudio mostró que estas personas tenían en común los cuatro puntos siguientes:

    1) Todas aceptaban y creían en la existencia de un orden y una inteligencia superior, esa que existe dentro de nosotros, esa que nos da vida a cada ser humano, ya sea feliz o infeliz, rico o pobre, santo o pecador, esa que se ocupa de todas nuestras funciones vitales, como la respiración, la digestión, la circulación sanguínea o la constante renovación de nuestras células, sin que tengamos que ocuparnos conscientemente de ellas. “El poder conectarme con esta inteligencia superior ayudaría a mi curación, a convertirme en alguien diferente y daría vida a esa nueva persona distinta, fuera quien fuera”.

    2) Todas creían que su modo de pensar y sentir había contribuido a su enfermedad. Aunque estuviese ligado a alguna vieja experiencia, tenían que cambiarlo. Para ello, se separaron de la gente y de las distracciones del entorno, del tiempo, de los sucesos, y dejaron que el pensamiento fuera más real que todo lo demás.

    3) Para conseguir el objetivo del punto anterior, tenían que convertirse en otra persona. Cuando empezaron a pensar en quienes querían ser, vieron opciones diferentes a las que habían prevalecido durante los últimos años de su vida. Se plantearon preguntas poderosas. Se cuestionaron sus creencias. Su cerebro empezó a diseñar circuitos nuevos y nuevas conexiones. Así, empezaron a cambiar su manera de pensar.

    4) Esas personas se reinventaron así mismas. Estaban tan absortas en ello que pasaban largos ratos (horas) sin tener noción del tiempo y del espacio (creían haber pasado unos pocos minutos). Al cambiar su mente y su forma de pensar, enviaron una nueva señal a las células de su cuerpo y se produjeron resultados tangibles en sus vidas.

    Percibimos la realidad según la estructura de las conexiones neurológicas que hay en nuestro cerebro en cada momento. Lo fijado permanentemente en ella en forma de circuitos determinados hace que ya no tengamos que pensar en eso. Nuestro cerebro dispone, así, de programas automáticos que definen nuestra forma de pensar robotizada en toda nuestra vida. Pero esta estructura varía, a medida que la ampliamos con las conexiones adicionales que establecemos a partir del nuevo conocimiento que vamos adquiriendo. Si éste no es convencional, si se sale de lo que se suele aceptar como científica, social, política y religiosamente normal, a lo mejor podemos empezar a percibir la realidad de otra manera.

    TU PENSAMIENTO ES MÁS IMPORTANTE QUE TU ENTORNO.

    Estas personas que se curaron a sí mismas de sus enfermedades, independientemente de su cultura, credo, nivel de educación, sexo o religión, básicamente se dijeron:

    “Voy a observar un resultado diferente y voy a aferrarme a esta observación, concepto, idea, moral, ética, visión o sueño. Independientemente de la reacción de mi cuerpo, de mi entorno y del tiempo, creo en ello. Y si mi entorno no está de acuerdo con mi pensamiento, mi pensamiento es más importante que mi entorno”. Posiblemente eso es lo que hicieron Gandhi, Martin Luther King, Madre Teresa o Nelson Mandela

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para detectar, desbloquear atascos emocionales, vencer limitaciones, esclarecer motivaciones y clarificar los caminos a seguir en su trabajo de acompañamiento individual a personas, líderes, emprendedores, empresas, empresas familiares y organizaciones, o a través de los Talleres y Seminarios: www.constelacionessistemicas.es   

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    Nuestras Creencias VS Nuestro Cuerpo.

    CONOCERME MEJOR.

    Los artículos anteriores permitieron comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía a distintos niveles de condensación y frecuencia. Y ello nos abre otras maneras de ver la enfermedad y en cómo sanarla. En este quinto artículo y siguientes centraremos la atención en hechos que nos amplían esta comprensión. 

    Un ejemplo claro de que nuestros pensamientos o emociones provocan cambios fisiológicos en nuestro cuerpo, se pone de manifiesto cuando a raíz de una pérdida vital, nos invade y sorprende algo sutil e invisible que denominamos tristeza, y que se traduce a su vez en algo tan maravilloso, visible y líquido como las lágrimas que emergen de nuestros ojos. ¿Te has preguntado alguna vez cuánta energía requiere el proceso de agrupación de ciertas moléculas de agua en nuestro cuerpo hasta la aparición de una lágrima? 

    NUESTRAS CREENCIAS VS NUESTRO CUERPO.

    Para representar la influencia que nuestras creencias pueden ejercer en nuestro cuerpo, citamos algunos ejemplos: 

    1. Efecto placebo: la efectividad de un tratamiento suele comprobarse con dos grupos de personas. A uno se le administra el fármaco real y al otro un medicamento placebo como es una simple pastilla de azúcar. Los pacientes no saben cual de ellos reciben. Sólo cuando la proporción de personas curadas en el grupo que ha recibido el fármaco auténtico es estadísticamente mayor que en el grupo placebo, se puede concluir que el tratamiento es efectivo. En la mayoría de los estudios sucede que en el grupo placebo hay personas que se curan. Si se consigue una curación con placebo del 48% y una del 82% con el tratamiento activo, sólo el 34% se cura gracias al medicamento. Simplemente el hecho de creer en la efectividad de un tratamiento, puede provocar la curación de algunas enfermedades. Este fenómeno, como mencionábamos, se denomina efecto placebo. A través de nuestros pensamientos y creencias más o menos adecuadas podemos afectar positiva o negativamente la marcha de nuestras enfermedades.

    2.  Efecto nocebo: de la misma manera que creer en la efectividad de un tratamiento nos puede llevar a la curación, creer lo opuesto nos puede llevar justamente a todo lo contrario. Es el caso de las personas hipocondríacas, cuya interpretación preocupada u obsesiva de algún signo o síntoma en su cuerpo suele llevarles a la convicción de que padecen una enfermedad grave y a la generación de sus síntomas somáticos reales. La aparición de éstos, es el efecto nocebo.

    3. Embarazos psicológicos: esta situación se da en mujeres que creen estar embarazadas sin estarlo realmente, pero los síntomas corresponden a como si lo estuvieran: el ciclo menstrual desaparece, el volumen abdominal y el peso aumentan, las glándulas mamarias secretan leche, las náuseas y vómitos tienen lugar. La infertilidad o las dificultades para desarrollar una adecuada gestación pueden llevar a la mujer a un gran deseo de ser madre. También se evoca como posible causa las emociones ocultas en ella que no han encontrado una apropiada vía de expresión. 

    Un aspecto maravilloso de esta interrelación creencia-cuerpo es su capacidad de focalización y puntería, es decir, su capacidad de convertir la creencia en una realidad fisiológica bien concreta y relacionada, y no en una cualquiera. Es decir, si creo que el tratamiento que sigo para la tos es efectivo, lo que terminará por desaparecer será la tos, y no el dolor de muelas que también tengo, por ejemplo. 

    El hacernos más conscientes de que nuestras creencias condicionan nuestra salud, nos impulsa a cuidarlas al máximo. Somos responsables de la elección de nuestras creencias. No es lo mismo creer que mi cuerpo aguanta todo lo que le eche en calidad, cantidad y hora, que creer que mi cuerpo es sensible a todo ello. Mis actos serán distintos

    ¿MIS CREENCIAS SE BASAN EN LA REALIDAD,
    o la realidad se basa en mis creencias? 

    A mí me rompió mis esquemas limitados, Carmen. Después de un accidente de moto, estuvo tetraplégica un largo tiempo. Ya no lo está. Lo que para muchos es un diagnóstico irreversible, para mí ya ha dejado de serlo gracias a Carmen. Más tarde estuvo en coma varios meses. Hoy desarrolla una magnífica labor entre personas de una alta sensibilidad y conciencia. 

    Lo anterior me lleva a pulir mis conversaciones con los demás. El otro día, una madre vino a verme porque su hijo es disléxico. Yo le dije: ”su hijo no es disléxico, sólo tiene dislexia”. El verbo “ser” se refiere a lo que es parte esencial de mi identidad, mientras que el “tener”, y también el “estar”, se refiere a algo temporal en mí, hoy sí, pero no necesariamente mañana. Es una manera de quitar hierro y reencuadrar nuestras creencias.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    Detectar y desbloquear atascos emocionales.

    Vencer limitaciones y esclarecer motivaciones.

    Clarificar los caminos a seguir, en su trabajo de acompañamiento individual a personas, líderes, emprendedores, empresas, empresas familiares y organizaciones. También trabaja según los Talleres y Seminarios de su web constelacionessistemicas.es

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    La enfermedad como portadora de un mensaje.

    Los artículos: Conocerme mejor (1), (2) y (3), nos han permitido comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía, en sus distintos niveles. Esta comprensión nos abría a otras maneras más positivas de ver la enfermedad.

    En este artículo seguiremos profundizando en este aspecto tan íntimo y sagrado del ser humano.

    La fluidez total en las relaciones es el paraíso. Aunque la perfección no existe, hay distintos grados. Cuando sentimos que nuestras relaciones no fluyen como nos gustaría, lo recomendable es trabajar para mejorar nuestro bienestar y el de los distintos miembros de nuestro sistema familiar de origen, de otros sistemas y amigos. Y si hemos formado nuestro propio sistema familiar, lo anterior es igual de válido.

    La Sistémica trabaja con nosotros preventivamente, y también para con nuestros hijos y para las generaciones que les siguen, al liberarlas de cargas y desbloquear energías (y así poder dedicarlas a los retos a afrontar).

    En un conflicto siempre hay dos partes opuestas. En el caso del ser humano habita:

    • Lo racional y lo irracional.
    • Lo conciente y lo inconsciente.
    • La energía condensada en forma de materia y la que vibra a diversos niveles.
    • La energía bloqueada y la que fluye, está la enfermedad y la salud.

    También habita la parte crítica y la criticada, la parte perfeccionista y la parte objeto de perfección.

    Cuando podemos “ver” al ser humano como depositario de partes opuestas, ya no tiene sentido defender a ultranza a una (por ejemplo yo, que soy muy perfeccionista) y no querer “ver”, y rechazar a la otra (mi parte objeto de perfección). En cambio, viendo ambas partes conviviendo y complementándose en el ser humano como un “todo”, lo veríamos como completo y por lo tanto, habríamos conseguido su reconciliación interior.

    En otro orden de cosas y a grosso modo, cada ser humano es 50% padre y 50% madre. Si yo rechazo a uno de ellos, rechazo un 50% de mí. Este rechazo es una causa, entre otras, de una baja autoestima. Si yo quiero sentirme bien y tener la fuerza necesaria, he de estar reconciliado interiormente con las dos.

    Cada uno de nosotros tiene a todos como mortales menos a sí mismo. Sigmund Freud

    El hecho de trabajar sistémicamente nuestras ataduras, lealtades, puntos ciegos y bloqueos inconscientes en plan preventivo ¿significa que podemos llegar a estar completamente limpios de ellos? No. Pero cuanto más los trabajemos, menos serán lo que nos afecte de manera “negativa” y más elevado será nuestro nivel de conciencia. A medida que, y desde nuestra superficie, nos iremos quitando capas de todas esas causas de enfermedad y sufrimiento, de todos esos demonios que habitan en nosotros, como en una cebolla; nos acercamos al centro silencioso y sereno, al ser verdadero que somos.

    Aunque nos trabajemos sistémicamente, la enfermedad nos puede llegar en cualquier momento, de algún conflicto emocional no resuelto por nuestros antepasados, o por otras causas. No se sabe por qué le toca a uno y a otro no, pero toca; y cuando le toca a uno, alguna emoción aparece. A veces es la rabia, si la llegada de la enfermedad se siente como una injusticia. ¿Por qué tengo yo que pasar por ahí debido a algún conflicto o situación en la que yo no participé? También se puede sentir impotencia y por supuesto, tristeza.

    No hay emociones buenas o malas. Hay emociones, hay energías adaptativas que nos ayudan a sobrevivir. Las emociones son el motor de la acción. Constituyen una parte esencial del vivir. (también te puede interesarla compresión y utilización positiva de las emociones“)

    ¿Qué hacer cuando este impulso energético “negativo” de la enfermedad nos llega? Mientras insistamos en rechazarla, se resistirá y persistirá. Mientras permanezcamos en esta actitud de rechazo, no podremos “verla” de otro modo. Aunque no tengamos la predisposición psicológica de preguntarnos ¿qué puedo aprender de esto?, el solo hecho de hacerlo ya nos puede ayudar a desdramatizar y a cambiar de perspectiva. Dejaremos de tomar la enfermedad como una maldición y la consideramos ya como portadora de un mensaje. Este paso nos ayuda a distanciarnos de ella y a tranquilizarnos emocionalmente.

    Ya no seremos la enfermedad, sino más bien unos observadores privilegiados de la misma. En nuestra debilidad podremos encontrar paradójicamente la fuerza y sólo así podremos acogerla.

    Nos ayudará el no juzgar ni comparar, el respetar a cada uno tal y como es, en su dignidad. También así, evitaremos ir de víctimas por la vida dado que nos empoderaremos y nos haremos responsables de nuestras situaciones. Y también así, podremos adoptar actitudes de humildad y aceptación que nos ayudarán a franquear ciertas puertas. Una de ellas es la de las constelaciones.

    ¿Qué mueve a una persona hacia las constelaciones sistémicas? Mi experiencia me habla de la cantidad de personas, que en su mayoría, vienen porque ya no aguantan más la situación en la que se encuentran, porque ya no soportan “cargar” con algo pesado y que ya han intentado “soltarlo” o resolverlo demasiadas veces y por diferentes vías.

    Yo diría que vienen por un impulso, por una energía, por una gracia que les ha puesto en movimiento. ¿De dónde les viene? La respuesta la dejo en las manos de cada lector.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    • Detectar atascos emocionales.
    • Desbloquearlos.
    • Vencer limitaciones.
    • Esclarecer motivaciones.
    • Clarificar los caminos a seguir.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica en su trabajo de acompañamiento individual a particulares, emprendedores, líderes, empresas familiares y organizaciones, o a través de los Talleres y Seminarios de su web.

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    Para más información.
    Conocerme Mejor.

    www.constelacionessistemicas.es

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    Poco nos ocupamos de nuestro propio mundo interior.

    El artículo: “Conocerme mejor (1)” permitió comprender que la conexión entre lo tangible de nuestro cuerpo y lo intangible de nuestros pensamientos, juicios, creencias y emociones, se produce a través de la energía, fundamentalmente en forma de diversas ondas electromagnéticas. Esta comprensión nos abre la puerta a un mundo humano apasionante cuya exploración proseguimos en el siguiente contenido.

    Solemos querer resolver el dolor físico con medicamentos, el estrés con ejercicio, una sesión de spa o vacaciones, y el sufrimiento psíquico con un ansiolítico, por ejemplo. Pero actuando así, atacamos los síntomas, no las causas. Nos quedamos en la superficie, en lo aparente, en la punta del iceberg. Cuando actuamos así, lo que tapamos aquí, surge allá, y cuando logramos cubrir lo de allá, aparece aún más allá bajo otra forma. Y a lo mejor, a lo largo de todo este tiempo, este dolor, estrés o sufrimiento se ha transformado ya en una enfermedad grave. El problema de fondo permanece, aunque los síntomas cambien y se hagan más evidentes y acuciantes.

    En consecuencia, lo equivocado se justifica; en vez de reconocer que “ya va siendo hora de que me despida de ello”. Bert Hellinger

    Cuando aparecen los primeros síntomas de que algo en nosotros no funciona, lo lógico sería que actuásemos rápido, como lo hacemos cuando oímos un ruido sospechoso en nuestro automóvil, pero normalmente no procedemos así. ¿Qué nos impide actuar sobre las verdaderas causas y evitar, así, que la situación vaya a peor? Nos lo impide nuestra ignorancia sobre nosotros mismos. Aunque somos capaces de explorar otros mundos, de ir a la Luna y llegar a Marte, y de crear otros maravillosos como Internet, muy poco conocemos de nuestro propio mundo interior.

    ¿Qué hace que estemos en esta ignorancia de nuestro mundo más cercano? De hecho, cuando las cosas ocurren, ocurren por algo. No hay casualidades, sino causalidades. Una explicación puede ser que en algunas de las ocasiones que hemos intentado bucear por este mundo proceloso nuestro, nos hemos topado con algo que nos duele o nos hace sufrir. Como no nos suele gustar, huimos cual gato escaldado del agua hirviendo. Pero en estos casos, el tiempo suele ir en nuestra contra. Como no nos hemos dedicado a descubrir las verdaderas causas de nuestro dolor o sufrimiento, éstas continúan actuando. Y así, más pronto que tarde, la enfermedad aparece.

    ¿Cuál es nuestra frecuente reacción ante una enfermedad? Deshacernos de ella cuanto antes. Pero al actuar así, ¿Nos lleva a la verdadera sanación, que no curación? El centramos en soltarla, aunque puede conducirnos a la curación, suele llevarnos a que se cumpla para nosotros la frase:”Insiste, resiste, persiste”.

    Cuando nos encontramos enfrentados a la evidencia de que nuestra actitud de quitarnos de encima la enfermedad cuanto antes no nos lleva a buen puerto ¿Qué podemos hacer? El preguntarnos ¿Qué puedo aprender de ello?, nos puede abrir caminos de solución inesperados.

    Bert Hellinger y sus discípulos nos muestran a través de la Sistémica que la solución se encuentra frecuente y justamente en el movimiento contrario: Tomar la enfermedad, acogerla como un buen mensajero que porta un buen mensaje para nosotros, asentir tal cual es y darle un lugar en nuestro corazón. Es ver a la enfermedad como un punto de partida para explorar el mundo fascinante de nuestro ser y sus relaciones con los demás miembros de nuestro sistema familiar, como el exabrupto que nos pone ante nuestras narices la evidencia de que algo tenemos que resolver en nuestro sistema, como el bufido que paradójicamente nos empuja a los vivos a descubrir las dinámicas inconscientes de amor ciego que nos atan con nuestros antepasados excluidos, olvidados o maltratados, como la fase final de un movimiento de reconciliación que puede implicar a varias generaciones, como el camino de vuelta hacia la salud, como el viaje que nos lleva al reencuentro profundo con la vida.

    Todo ello tiene sentido cuando podemos ver a nuestro cuerpo, los pensamientos, las creencias, las emociones, los sentimientos y las relaciones como formas diversas de energia que interactúan y se reconvierten entre sí. La aplicación de esa nueva manera de contemplarnos aporta soluciones insospechadas a numerosos casos.

    Carlos Surroca se dedica al crecimiento personal y profesional de las personas, a través de la potenciación y mejora de los sistemas humanos a los que pertenecen, cualquiera que sea su rol en la sociedad.

    Cada uno de los Talleres y Seminarios de su web ContelacionesSistémicas se centra en satisfacer las necesidades concretas de sus participantes:

    • Desbloquear atascos emocionales.
    • Vencer limitaciones.
    • Esclarecer motivaciones.
    • Clarificar los caminos a seguir…

    Y disfrutar andándolos fluyendo en un entorno incierto, cambiante y complejo.

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    Para más información: Carlos Surroca Surroca
    www.constelacionessistemicas.es

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    Aprender a utilizar de forma positiva lo que sentimos.

    En cada instante, todos vivimos en este mundo con un determinado bagaje. Es la suma de la herencia genética y emocional de nuestros antepasados, más los pensamientos, emociones, creencias, valores, etc. que hemos ido acumulando desde nuestra concepción y posterior desarrollo en el seno de nuestra madre, hasta nuestro nacimiento, crecimiento y devenir ulterior hasta ahora. Todo este inmenso conjunto de energías a distintos niveles, constituido por lo recibido y vivenciado, nos hace a cada uno de nosotros seres únicos e irrepetibles.

    Una pequeña parte es consciente. La otra es inconsciente e inmensa. Ahí están; a veces se produce algún hecho que dispara en nosotros una emoción, un impulso, una reacción que no comprendemos, que no controlamos. Ello nos suele desconcertar, a veces nos produce miedo y con frecuencia genera rechazo en nuestra sociedad “civilizada”.

    Muchos piensan que “gestionar sus emociones” significa domarlas, controlarlas, reprimirlas y sobre todo no sentirlas. Pero, estar, ¡Están! ¡Y aparecen en el lugar y en el instante más inesperado e inoportuno! ¡Y ejercen!. Cuando no se reconocen ni se acogen como un buen mensajero, se contienen lo que pueden, la presión aumenta en ellas, hasta que explotan en forma de gritos, ira, pánico, huída, etc.

    Todo ello les refuerza la creencia que las emociones son malas; pero es, precisamente, cuando no miramos, cuando las negamos y las reprimimos, cuando ellas toman paradójicamente el poder y ejercen un control negativo sobre nuestras relaciones, vidas y destinos. Las emociones están para algo y nos dan información valiosa sobre nosotros mismos o sobre algo específico que tenemos que aprender, pues de alguna manera, son mensajeras de buenas noticias que nos ayudan a conocernos mejor y a encontrar sentido a lo que hasta ahora era un sin sentido.

    Las emociones nos conectan con lo que nos importa, nos ayudan a identificar lo que es valioso para nosotros, nos impulsan hacia lo que realmente nos motiva, hacia el verdadero éxito, nos muestran lo que da sentido a nuestra vida. El trabajo sistémico nos lo muestra clara y constantemente en el caso de empresas, empresas familiares, herencias, fundaciones, etc.

    Gestionar nuestras emociones” no implica, pues, sufrirlas pasivamente ni combatirlas, reprimirlas y controlarlas, sino en mirarlas, verlas, conocerlas, acogerlas como la expresión de ciertas partes de ese misterioso universo que es nuestro inconsciente, captar el mensaje que nos transmiten e integrarlas en este sistema que cada ser humano conformamos. Unimos sistémicamente las emociones que estaban excluidas en nosotros como seres humanos, como incluimos sistémicamente a los que están excluidos en las organizaciones, empresas o familias como vía de solución a determinadas situaciones difíciles que se han mantenido contumazmente en el tiempo, a pesar de los esfuerzos de muchos.

    En el mundo organizacional se oye a menudo decir: “Los problemas de casa son para casa, y los del trabajo para el trabajo”. Quien pronuncia esta aseveración ignora que el ser humano es un todo integrado que no puede funcionar en departamentos estancos. Tanto en casa, como en el trabajo o en otro cualquier ámbito de un ser humano determinado, actúa el mismo consciente y el mismo inconsciente. No sabemos escindir ni hacer funcionar cada uno de ellos en partes independientes.

    Ignorar las emociones comporta, pues, peligros. De hecho, la mayoría de las operaciones empresariales del tipo fusiones, adquisiciones, etc. que fallan, lo hacen porque los que deciden llevarlas a cabo no han previsto ni se han preparado para afrontar el enorme desgaste emocional que conllevan. Toda desconexión nuestra con una parte esencial nuestra como son nuestras emociones, supone tensiones internas y un gran consumo de energía. Mientras una parte importante de nuestra energía disponible se nos escapa por el desagüe de nuestras tensiones internas, no tenemos la energía suficiente para nuestros proyectos personales y profesionales.

    Por tanto, parece razonable arreglar primero nuestro interior antes de volcarnos al exterior, aprender primero a autoliderarnos antes que liderar. Hoy existen recursos adecuados para conseguirlo.

    En este sentido, Carlos Surroca, con su amplia formación y experiencia de más de treinta y cinco años en el campo de la tecnología y de los negocios, se dedica al desarrollo personal y profesional de las personas, a través de la potenciación y mejora de los sistemas humanos a los que pertenecen, cualquiera que sea su rol en la sociedad.

    Al efecto, su programa de formación de líderes es un traje a medida que se centra en satisfacer las necesidades concretas de sus participantes: desbloquear atascos emocionales, vencer limitaciones, esclarecer motivaciones, clarificar los caminos a seguir, es decir, todo lo que permite liberar las energías bloqueadas y destinarlas al desarrollo de un liderazgo potente e inspirador..

    Fuente. Carlos Surroca
    Constelaciones Sistémicas Organizacionales y Familiares.
    Para más infomación. constelacionessistemicas.es

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