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    La enfermedad como portadora de un mensaje.

    Los artículos: Conocerme mejor (1), (2) y (3), nos han permitido comprender que la conexión entre nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, creencias y emociones, se produce a través de la energía, en sus distintos niveles. Esta comprensión nos abría a otras maneras más positivas de ver la enfermedad.

    En este artículo seguiremos profundizando en este aspecto tan íntimo y sagrado del ser humano.

    La fluidez total en las relaciones es el paraíso. Aunque la perfección no existe, hay distintos grados. Cuando sentimos que nuestras relaciones no fluyen como nos gustaría, lo recomendable es trabajar para mejorar nuestro bienestar y el de los distintos miembros de nuestro sistema familiar de origen, de otros sistemas y amigos. Y si hemos formado nuestro propio sistema familiar, lo anterior es igual de válido.

    La Sistémica trabaja con nosotros preventivamente, y también para con nuestros hijos y para las generaciones que les siguen, al liberarlas de cargas y desbloquear energías (y así poder dedicarlas a los retos a afrontar).

    En un conflicto siempre hay dos partes opuestas. En el caso del ser humano habita:

    • Lo racional y lo irracional.
    • Lo conciente y lo inconsciente.
    • La energía condensada en forma de materia y la que vibra a diversos niveles.
    • La energía bloqueada y la que fluye, está la enfermedad y la salud.

    También habita la parte crítica y la criticada, la parte perfeccionista y la parte objeto de perfección.

    Cuando podemos “ver” al ser humano como depositario de partes opuestas, ya no tiene sentido defender a ultranza a una (por ejemplo yo, que soy muy perfeccionista) y no querer “ver”, y rechazar a la otra (mi parte objeto de perfección). En cambio, viendo ambas partes conviviendo y complementándose en el ser humano como un “todo”, lo veríamos como completo y por lo tanto, habríamos conseguido su reconciliación interior.

    En otro orden de cosas y a grosso modo, cada ser humano es 50% padre y 50% madre. Si yo rechazo a uno de ellos, rechazo un 50% de mí. Este rechazo es una causa, entre otras, de una baja autoestima. Si yo quiero sentirme bien y tener la fuerza necesaria, he de estar reconciliado interiormente con las dos.

    Cada uno de nosotros tiene a todos como mortales menos a sí mismo. Sigmund Freud

    El hecho de trabajar sistémicamente nuestras ataduras, lealtades, puntos ciegos y bloqueos inconscientes en plan preventivo ¿significa que podemos llegar a estar completamente limpios de ellos? No. Pero cuanto más los trabajemos, menos serán lo que nos afecte de manera “negativa” y más elevado será nuestro nivel de conciencia. A medida que, y desde nuestra superficie, nos iremos quitando capas de todas esas causas de enfermedad y sufrimiento, de todos esos demonios que habitan en nosotros, como en una cebolla; nos acercamos al centro silencioso y sereno, al ser verdadero que somos.

    Aunque nos trabajemos sistémicamente, la enfermedad nos puede llegar en cualquier momento, de algún conflicto emocional no resuelto por nuestros antepasados, o por otras causas. No se sabe por qué le toca a uno y a otro no, pero toca; y cuando le toca a uno, alguna emoción aparece. A veces es la rabia, si la llegada de la enfermedad se siente como una injusticia. ¿Por qué tengo yo que pasar por ahí debido a algún conflicto o situación en la que yo no participé? También se puede sentir impotencia y por supuesto, tristeza.

    No hay emociones buenas o malas. Hay emociones, hay energías adaptativas que nos ayudan a sobrevivir. Las emociones son el motor de la acción. Constituyen una parte esencial del vivir. (también te puede interesarla compresión y utilización positiva de las emociones“)

    ¿Qué hacer cuando este impulso energético “negativo” de la enfermedad nos llega? Mientras insistamos en rechazarla, se resistirá y persistirá. Mientras permanezcamos en esta actitud de rechazo, no podremos “verla” de otro modo. Aunque no tengamos la predisposición psicológica de preguntarnos ¿qué puedo aprender de esto?, el solo hecho de hacerlo ya nos puede ayudar a desdramatizar y a cambiar de perspectiva. Dejaremos de tomar la enfermedad como una maldición y la consideramos ya como portadora de un mensaje. Este paso nos ayuda a distanciarnos de ella y a tranquilizarnos emocionalmente.

    Ya no seremos la enfermedad, sino más bien unos observadores privilegiados de la misma. En nuestra debilidad podremos encontrar paradójicamente la fuerza y sólo así podremos acogerla.

    Nos ayudará el no juzgar ni comparar, el respetar a cada uno tal y como es, en su dignidad. También así, evitaremos ir de víctimas por la vida dado que nos empoderaremos y nos haremos responsables de nuestras situaciones. Y también así, podremos adoptar actitudes de humildad y aceptación que nos ayudarán a franquear ciertas puertas. Una de ellas es la de las constelaciones.

    ¿Qué mueve a una persona hacia las constelaciones sistémicas? Mi experiencia me habla de la cantidad de personas, que en su mayoría, vienen porque ya no aguantan más la situación en la que se encuentran, porque ya no soportan “cargar” con algo pesado y que ya han intentado “soltarlo” o resolverlo demasiadas veces y por diferentes vías.

    Yo diría que vienen por un impulso, por una energía, por una gracia que les ha puesto en movimiento. ¿De dónde les viene? La respuesta la dejo en las manos de cada lector.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica para:

    • Detectar atascos emocionales.
    • Desbloquearlos.
    • Vencer limitaciones.
    • Esclarecer motivaciones.
    • Clarificar los caminos a seguir.

    Carlos Surroca utiliza y aplica la Sistémica en su trabajo de acompañamiento individual a particulares, emprendedores, líderes, empresas familiares y organizaciones, o a través de los Talleres y Seminarios de su web.

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    Para más información.
    Conocerme Mejor.

    www.constelacionessistemicas.es

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    Aprender a utilizar de forma positiva lo que sentimos.

    En cada instante, todos vivimos en este mundo con un determinado bagaje. Es la suma de la herencia genética y emocional de nuestros antepasados, más los pensamientos, emociones, creencias, valores, etc. que hemos ido acumulando desde nuestra concepción y posterior desarrollo en el seno de nuestra madre, hasta nuestro nacimiento, crecimiento y devenir ulterior hasta ahora. Todo este inmenso conjunto de energías a distintos niveles, constituido por lo recibido y vivenciado, nos hace a cada uno de nosotros seres únicos e irrepetibles.

    Una pequeña parte es consciente. La otra es inconsciente e inmensa. Ahí están; a veces se produce algún hecho que dispara en nosotros una emoción, un impulso, una reacción que no comprendemos, que no controlamos. Ello nos suele desconcertar, a veces nos produce miedo y con frecuencia genera rechazo en nuestra sociedad “civilizada”.

    Muchos piensan que “gestionar sus emociones” significa domarlas, controlarlas, reprimirlas y sobre todo no sentirlas. Pero, estar, ¡Están! ¡Y aparecen en el lugar y en el instante más inesperado e inoportuno! ¡Y ejercen!. Cuando no se reconocen ni se acogen como un buen mensajero, se contienen lo que pueden, la presión aumenta en ellas, hasta que explotan en forma de gritos, ira, pánico, huída, etc.

    Todo ello les refuerza la creencia que las emociones son malas; pero es, precisamente, cuando no miramos, cuando las negamos y las reprimimos, cuando ellas toman paradójicamente el poder y ejercen un control negativo sobre nuestras relaciones, vidas y destinos. Las emociones están para algo y nos dan información valiosa sobre nosotros mismos o sobre algo específico que tenemos que aprender, pues de alguna manera, son mensajeras de buenas noticias que nos ayudan a conocernos mejor y a encontrar sentido a lo que hasta ahora era un sin sentido.

    Las emociones nos conectan con lo que nos importa, nos ayudan a identificar lo que es valioso para nosotros, nos impulsan hacia lo que realmente nos motiva, hacia el verdadero éxito, nos muestran lo que da sentido a nuestra vida. El trabajo sistémico nos lo muestra clara y constantemente en el caso de empresas, empresas familiares, herencias, fundaciones, etc.

    Gestionar nuestras emociones” no implica, pues, sufrirlas pasivamente ni combatirlas, reprimirlas y controlarlas, sino en mirarlas, verlas, conocerlas, acogerlas como la expresión de ciertas partes de ese misterioso universo que es nuestro inconsciente, captar el mensaje que nos transmiten e integrarlas en este sistema que cada ser humano conformamos. Unimos sistémicamente las emociones que estaban excluidas en nosotros como seres humanos, como incluimos sistémicamente a los que están excluidos en las organizaciones, empresas o familias como vía de solución a determinadas situaciones difíciles que se han mantenido contumazmente en el tiempo, a pesar de los esfuerzos de muchos.

    En el mundo organizacional se oye a menudo decir: “Los problemas de casa son para casa, y los del trabajo para el trabajo”. Quien pronuncia esta aseveración ignora que el ser humano es un todo integrado que no puede funcionar en departamentos estancos. Tanto en casa, como en el trabajo o en otro cualquier ámbito de un ser humano determinado, actúa el mismo consciente y el mismo inconsciente. No sabemos escindir ni hacer funcionar cada uno de ellos en partes independientes.

    Ignorar las emociones comporta, pues, peligros. De hecho, la mayoría de las operaciones empresariales del tipo fusiones, adquisiciones, etc. que fallan, lo hacen porque los que deciden llevarlas a cabo no han previsto ni se han preparado para afrontar el enorme desgaste emocional que conllevan. Toda desconexión nuestra con una parte esencial nuestra como son nuestras emociones, supone tensiones internas y un gran consumo de energía. Mientras una parte importante de nuestra energía disponible se nos escapa por el desagüe de nuestras tensiones internas, no tenemos la energía suficiente para nuestros proyectos personales y profesionales.

    Por tanto, parece razonable arreglar primero nuestro interior antes de volcarnos al exterior, aprender primero a autoliderarnos antes que liderar. Hoy existen recursos adecuados para conseguirlo.

    En este sentido, Carlos Surroca, con su amplia formación y experiencia de más de treinta y cinco años en el campo de la tecnología y de los negocios, se dedica al desarrollo personal y profesional de las personas, a través de la potenciación y mejora de los sistemas humanos a los que pertenecen, cualquiera que sea su rol en la sociedad.

    Al efecto, su programa de formación de líderes es un traje a medida que se centra en satisfacer las necesidades concretas de sus participantes: desbloquear atascos emocionales, vencer limitaciones, esclarecer motivaciones, clarificar los caminos a seguir, es decir, todo lo que permite liberar las energías bloqueadas y destinarlas al desarrollo de un liderazgo potente e inspirador..

    Fuente. Carlos Surroca
    Constelaciones Sistémicas Organizacionales y Familiares.
    Para más infomación. constelacionessistemicas.es

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