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    La esclavitud de las reuniones.

    Parte de la baja productividad de nuestras empresas es consecuencia de que hacemos muy mal las reuniones. Son largas, tediosas, a veces interminables y normalmente se convocan sin objetivos

    ¿Cómo se combate eso? Ahí van algunas sugerencias.

    1. Distribuir previamente información a los asistentes, detallando el contenido y los nombres de las personas que van a participar. La comunicación y la calidad de la participación de los asistentes será infinitamente mejor. Es evidente que hay que informarse antes de comunicar.

    2. El responsable de la reunión debe centrar el tema de la misma.

    3. Poner límites horarios a las reuniones (hora de inicio y de finalización).

    4. Poner límites a las distracciones al iniciar la reunión (entradas de llamadas «urgentes», uso de teléfonos y ordenadores, etc.).

    5. Favorecer la comunicación interna: del jefe/a a la secretaria/ o; de los mandos intermedios al personal.

    6. Evitar comisiones para resolver problemas. Se suele decir que un camello es el resultado de una comisión que diseña un caballo. ¿Qué hacer de forma alternativa? Nombrar un responsable para resolver el problema advirtiendo de que consultará a cada uno de los especialistas en la materia que haya en la empresa. Pero sólo una persona y no la comisión es quien debe tener la responsabilidad de resolver el asunto.

    7. Hay que realizar un acta con un pequeño esquema de lo que se ha tratado y es muy importante redactar unas conclusiones en las que también se incluya la asignación de tareas, los responsables de cada una de ellas y los plazos en los que se deben llevar a cabo.

    8. Distribuir el acta a los asistentes sin demora.

    Pero no todas las reuniones son iguales aunque usemos el mismo nombre para referirnos a ellas.

    Es importante definir el esquema de reuniones necesario en cada empresa:

    a) Hay unas para presentar proyectos. Es conveniente en este caso que la presentación no sobrepase los veinte minutos y que el uso del PowerPoint se ajuste a las normas ya comentadas.

    b) Hay reuniones para recoger impresiones y opiniones.

    c) Hay otras para actualizar a la dirección, en sentido amplio, acerca de la marcha de la empresa, y ahí se pide que cada presentador sólo utilice un máximo de cinco diapositivas de PowerPoint.

    d) Hay otras que cumplen un objetivo más estratégico, en las que el director, o incluso el presidente, se reúne con la base de empleados para informar y responder preguntas. No hace falta decir que estas son las que menos abundan a pesar de que cuando se celebran se aprecian sus efectos benéficos.

    Parte del tiempo de las reuniones, sobre todo las generales, se invierte en conocer las presentaciones internas que se hacen en las empresas. Eso es interesante, siempre y cuando no sean innecesariamente largas. Hay empresas norteamericanas en las que suelen advertir que existe una relación directa entre mayor número de diapositivas de PowerPoint y baja productividad del empleado.

    Por otro lado, no somos nadie profesionalmente, o poco, es muy cierto, sin un móvil o sin una Blackberry, o su equivalente. Pero en el otro extremo están esas reuniones que llegan al límite del ridículo y sobre todo destacan por su ineficiencia, en las que todo el mundo se sienta, pone delante su terminal de comunicación y comienza a contestar correos y mensajes, con lo que se distrae constantemente y distrae a los demás. A veces se interrumpe la reunión para comunicar noticias que llegan en ese momento, incluso sin demasiada trascendencia. De ese modo, se alcanza una situación absolutamente inversa a lo que se pretende: se quiere estar conectado a la perfección pero a costa de desconectarse total o parcialmente de la reunión, que, a lo mejor, ha costado mucho tiempo convocar y en ocasiones con gastos de viajes. Eso explica, en parte, la baja productividad en las empresas.

    Fuera del ámbito laboral, el escenario más deplorable en materia de reuniones suele encontrarse en las juntas de comunidades de vecinos. Allí se dan cita las pequeñas miserias del edificio o de la urbanización, y una serie de personajes hallan en ese espacio comunicativo la gran ocasión, bien para vengarse del mundo, o para exhibir sus conocimientos. Deberían filmarse esas reuniones para emitirlas en clases de «cómo no conducir una reunión» o «cómo enredarse en un punto banal durante hora y media».

    Porque consideramos que las reuniones y la comunicación profesional son esenciales para las empresas, el Instituto de Comunicación Empresarial (ICE) celebra en Santander del 23 al 27 de julio de 2012 el curso “Comunicación eficaz para profesionales” dentro de la programación veraniega de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Pueden encontrar más información en www.uimp.es

    Fuente: Manuel Campo Vidal, Director del Instituto de Comunicación Empresarial.
    Para más información: ICE.

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    Productividad VS Temperamentos.

    Seguramente, y entre otras tantas expresiones, nos resultará familiar escuchar o hacernos eco de frases tales como “No he tenido un momento”, “He comido en cinco minutos”, “No he podido llamarte en todo el día”, “La reunión se ha extendido”, “El tráfico estaba imposible”, etc. Es necesario reflexionar sobre el hecho de que muchos de los aspectos que intervienen en tales comentarios contemplan factores ajenos a nuestro dominio; sin embargo, todos ellos afectan a nuestro tiempo, que es real e indefectiblemente insustituible, inelástico, inexorable, indispensable y equitativo.

    La pregunta entonces sería ¿cómo valoras tu tiempo?, ¿eres realmente consciente de la manera en que lo dispones?, ¿sabes organizarte o al final del día te quedas con la sensación de no haber cumplido tus objetivos? Seguramente el final de una jornada laboral suele dejar a muchas personas insatisfechas y con la sensación de haber malgastado buena parte del tiempo en acciones estériles, lo que puede provocar sensaciones de culpa o de frustración. Los expertos aseguran que utilizamos, por lo general, sólo un tercio del día para resolver asuntos realmente importantes; el resto se destina a actividades que no tienen particular relevancia ni para el negocio ni para nuestros objetivos personales. Lo lógico sería, en principio, organizarnos según el siguiente esquema:

    • Hemos de tener en cuenta que no valen las buenas intenciones si luego hay pocos resultados; lo que conseguimos es lo que cuenta. La eficacia y la eficiencia, es decir, lograr los mejores resultados en el menor tiempo y con los recursos mínimos, sólo se consigue con una administración correcta de nuestros minutos, horas y días venideros.
    • Es por ello que focalizar, valorar y ser realista con las prioridades son puntos esenciales para originar una correcta organización de las tareas y los objetivos. Y aunque no son esas las únicas  premisas, sí es única la percepción del tiempo según la forma de ser, el carácter y el temperamento.

    Henri Laborit decía que nuestra naturaleza nos conmina a actuar con cierta negligencia seducidos por el confort y el bienestar. El deseo de realizar lo mínimo y con el menor esfuerzo es un hándicap a la hora de organizar nuestro tiempo.

    Laborit consideró que en nuestra distribución de tareas priorizamos lo que nos resulta más fácil antes que lo es difícil; lo que se hace enseguida antes de lo que nos toma tiempo; lo que sabemos hacer antes de lo que nos resulta nuevo; lo que es urgente antes de lo que es importante.

    Esta tendencia depende en gran medida de nuestro temperamento, siendo éste la parte irresoluble de nuestra personalidad, y que por ello nos lleva una y otra vez a cometer los mismos errores en la distribución de nuestro tiempo, y en la realización de nuestras tareas.

    Si, por ejemplo, nuestro temperamento es melancólico, nos consumiremos planificando y previendo posibilidades adversas. En el ímpetu paradójico de planificar seguramente perderemos mucho del preciado tiempo disponible. El melancólico precisa de un análisis exhaustivo antes de tomar decisiones, además de querer que las cosas sean perfectas, y para ello las repasa una y otra vez. Lo mejor en este caso es planificar lo lógico y evitar contemplar todas las factibilidades.

    Si en cambio nuestro temperamento es flemático, elegiremos lo fácil antes que lo difícil, o lo que nos gusta hacer contra lo ingrato; en ningún caso aceptaremos realizar tareas contrarreloj. Nos costará defender lo que queremos, dejando que nos impongan tareas que rompen nuestra planificación. Viviremos entre la desmotivación y no, y tenderemos a priorizar aquello que es más simple sobre lo complejo, llegando incluso a esconder aquello que no somos capaces de resolver para no tener conflictos. Lo mejor para los flemáticos es fragmentar las actividades para alcanzar la motivación en lo secuencial de las tareas.

    El temperamento colérico también es un enemigo de nuestro tiempo, pues nos hace focalizar desde lo urgente y no desde lo importante. La frase predilecta de un colérico es: “Me encantaría… en cuanto encuentre tiempo seguro que lo hago”. El foco de los coléricos está puesto en los resultados, y en la realización de las tareas para alcanzarlos. Cuando somos coléricos nos cuesta repasar los trabajos y nos exigimos productividad contra calidad. Aquí lo más adecuado sería reflexionar antes de actuar, y aprender a evaluar las potencialidades disponibles para optimizar el trabajo, evitando ir directamente a los resultados y sin mediar nada más.

    Por último, nos encontramos con el temperamento sanguíneo, que es aquel que adora hacer las cosas que le gustan y pone pasión y perfección en ello. Pero también está el lado menos elegante: el sanguíneo disfruta de las cosas que le requieren poco tiempo y le permiten evadirse de la responsabilidad con rapidez; aquí el problema radica en la falta de profundidad, en la necesidad de terminar cuanto antes sin importar el cómo. Cuando somos sanguíneos ponemos el énfasis en las relaciones y en un segundo plano las tareas. El mayor raptor de tiempo para este temperamento es su necesidad de crear buen clima a su alrededor. En este caso debemos lograr un equilibrio emocional y repartir cada tarea según la necesidad, y no según nuestra comodidad.

    Ya vemos que, aun habiendo expuesto algunas de las casuísticas temperamentales y algunas posibilidades, sólo hemos considerado las más habituales a título contemplativo. Las variantes son múltiples; sin embargo, existen herramientas que, teniendo en cuenta estos factores, nos ayudan a optimizar nuestra manera peculiar de manejar el tiempo.

    Para dar una respuesta eficiente a las dificultades en la gestión del tiempo, el Instituto Hune propone un enfoque novedoso en el que se combinan el estudio de los comportamientos de los integrantes de los equipos, con un estudio de las causas objetivas y subjetivas que confluyen en el desarrollo de cualquier proyecto. De este modo la solución permea en todos los agentes que inciden en el rendimiento temporal de los proyectos.

    El Instituto Hune, a través de seminarios y cursos, busca colaborar con las organizaciones de una forma activa y solidaria dentro de un escenario cambiante donde la dirección de personas está ocupando un lugar relevante, y se está superando la etapa de autocracia que no ha permitido el crecimiento y desarrollo del capital humano. El tiempo lo viven las personas y son ellas las únicas que pueden optimizar su rendimiento a través de un trabajo que revolucione el interior para evolucionar el exterior.

    En principio, se intenta eliminar los malos hábitos y cambiarlos para alcanzar experiencias únicas reforzando los hábitos de éxito. En pos de resolver esta situación, se estudian los valores y las competencias, lo que posibilita que la organización gane autoestima y confianza en su impacto social, cuidando los hábitos para establecer criterios estables que permitan el enriquecimiento y el progreso constante.

    Este artículo habla básicamente cómo la percepción del tiempo y el logro de los resultados se dan desde los Temperamentos y las Competencias (Eficiencia/Eficacia), por lo cual, os recomendamos el curso de “Experto en Comunicación No Verbal“. Estos dos temas son parte de sus módulos.

    El Curso de Experto en Comunicación No Verbal de Instituto Hune, en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares, constituye un nuevo análisis de las interacciones humanas y un novedoso campo de estudio.

    ¿Tu temperamento es melancólico, flemático, colérico, o sanguíneo?

    Innovación, Inteligencia competitiva.
    Honestidad, integridad y compromiso ético.
    Unidad y marca personal.
    Novedad y creatividad.
    Excelencia organizativa.

    Fuente: Joaquina Fernández
    Para más información: Instituto Hune

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    ¿Por qué tenemos tanto miedo al rídiculo?

    El miedo, como emoción básica, es necesaria e imprescindible para la supervivencia de todos los mamíferos. Se produce en nuestro cerebro límbico y es activada ante cualquier peligro pidiéndonos un ataque o una huída. Así es como lo definen los expertos en Inteligencia Emocional y la Neurociencia.

    Ante qué peligros se enfrenta el miedo escénico? ¿Qué enemigos, cuáles catástrofes…?
    Las emociones van siempre acompañadas de reacciones somáticas y son muchas las reacciones físicas que presenta el organismo, pero las más importantes son: Las alteraciones en la circulación, los cambios respiratorios y las secreciones glandulares, como todo aquel que viva una fuerte emoción puede atestiguar.

    Es decir, que podríamos decir que es algo “natural”… Sin embargo lo que más temen las personas… exceptuando la muerte, es el miedo a hablar en público, según demuestran las encuestas. Ante la idea de exponer sus ideas en público muchas personas huyen: Se excusan con indisposiciones de todo tipo o inventan justificaciones de toda índole antes que colocarse en una tribuna delante de los otros. Es decir, el posible orador llega a huir ante un peligro que siente tan poderoso como si lo viviera en un frente bélico.

    ¿A qué tenemos miedo y qué es ese miedo realmente que afecta por igual a personas de todo nivel socio-económico?
    Mucho antes que el miedo al público tenemos un miedo a no cumplir con las expectativas propias, al fracaso, a la equivocación… Y es curioso que en un país donde no se enseñan habilidades sociales, tengamos un exceso de perfeccionismo que contribuya a crear una mente controladora y represora con nosotros mismos. Hemos creado la obligación de tener que hacer bien una habilidad que no se nos ha sido enseñada. No olvidems que lo perfecto es el enemigo de lo bueno y la equivocación una forma de aprendizaje. Además la perfección es fría y el ser humano también es emoción, con lo que nos dejamos atrás una buena parte de nuestro ser.

    También, como no, tenemos miedo no sólo de nuestro propio juez, sino del juez del otro. Y pensamos que el público nos escucha para juzgarnos, que es lo que nosotros solemos hacer con nosotros mismos. Tenemos miedo al ridículo, al qué dirán, a mostrar nuestras emociones, es decir, a exponernos como somos y preferimos construir una máscara para ocultarnos detrás de ella. Una máscara de excesiva racionalidad, de una gran profesionalidad, sin emociones ni sentimientos (Ver: Comunicar con Éxito)

    Y posiblemente este sea uno de los mayores miedos: Ser nosotros mismos, completos, en nuestra esencia.

    Muchas veces me pregunto que por qué no enseñamos a hablar en público desde nuestra infancia en los centros escolares, tal y como lo hacen en otras latitudes. Miedo a salir a la pizarra, miedo a hablar en grandes grupos, son algunos de los miedos de la adolescencia que podrían estar subsanados con una pedagogía más social. Nadie nace hablando en público; no es natural, y habrá que entrenarse.

    Somos, nos guste reconocerlo o no, seres emocionales y tal vez la sociedad nos empuja a ser racionales o incluso mejor dicho, racionalizadores. Como muchos estudios afirman, el 99% de nuestras decisiones las tomamos emocionalmente y luego la mente racional busca la justificación de la elección.

    El miedo a hablar en público es, probablemente un miedo injustificado e irracional. Si fuera al contrario nosotros mismos con nuestra mente lógica e intelectual habríamos conseguido superarlo.

    Para muchos, este camino de superación implica el desmontar creencias inútiles y limitantes,  aprender gestión emocional, ser conscientes de vivir el presente, el ahora, que en eso consiste una escucha activa y una comunicación real.

    Y podemos comenzar a comunicarnos con nosotros mismos modificando nuestro lenguaje interno y con los demás, ya que el control de las palabras ayuda a disciplinar las emociones y fomenta la positividad; al tiempo que repercute de forma favorable en nuestra mente inconsciente.

    Para terminar, qué sucede con las alteraciones físicas. Si miramos a nuestro alrededor veremos a personas que se dedican, en su tiempo libre, a deportes de riesgo, que otros sin ir tan lejos disfrutan de un parque de atracciones y otros, los menos,  gozan del veneno del teatro, de esa droga que les obliga a ser adictos del escenario, de salir cuantas más veces mejor ante el público para recibir, como los otros casos anteriores, una descarga de adrenalina necesaria para poder interpretar algo tan íntimo como las emociones de un personaje delante de desconocidos. Porque en eso consiste el miedo escénico cuando palpita nuestro corazón exageradamente o cuando alguna parte de nuestro cuerpo tiembla: una necesaria descarga adrenalítica que nuestra mente no quiere admitir, lo que vuelve a provocar un nuevo choque que disocia nuestra mente de nuestras emociones.

    Al final del camino nos podemos dar cuenta de que realmente hemos sido nosotros los que hemos encargado de construir ese miedo, y que sólo nosotros podremos modificarlo.

    Fuente: Luis Dorrego
    Para más información: expresion-ei.com

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    Supera lo que te limita para llegar a donde deseas.

    Para todos es sabido que en griego antiguo la palabra máscara venia a significar persona y yo me pregunto ¿de cuántas máscaras hoy está compuesta mi persona? Se trata de una pregunta que me viene dando vueltas desde hace tiempo, ya que se que con diferentes personas no utilizo el mismo lenguaje, no aparecen los mismos sentimientos y me puedo comportar de forma diferente. ¿Soy el mismo que se comunica con su familia, con sus amigos, con sus clientes? ¡Qué desequilibrio! ¿Y si yo, debajo de todas esas capas, de esas máscaras, poseo… ¡Un ser esencial! ? ¿Y si yo tuve claro, en el pasado, quién era esa persona total y hoy está enterrada por máscaras superpuestas, a  las que podemos llamar “mi personalidad”? Entonces… ¿Dónde estoy yo hoy?  ¿Interpreto personajes? Y sobre todo, ¿Hacia donde quiero ir? ¿Cuántas máscaras puedo hacer desaparecer para conocerme mejor y conseguir mis objetivos vitales? Y finalmente ¿Cómo puedo entender estas máscaras para poder avanzar en la vida de otra forma?

    Estas preguntas son las que contesta PSICOESCENA® utilizando los recursos expresivos del Teatro y el uso libre de Constelaciones Familiares y Constelaciones Organizacionales de forma manifiestamente terapéutica, como son ambos métodos.

    “No hace falta ser una casa encantada para sentirse embrujado, la mente tiene pasillos que superan el límite del espacio físico” Emily Dickinson.

    El teatro sirve para conocernos mejor y ahondar en nuestra personalidad y ya como terapia nos ayuda a reafirmar nuestra identidad, a expresar las emociones, nos permite aprender a ser más flexibles y moldeables y a ser un poco más valientes y aventureros de la Vida.Todo ello con la ayuda de la diversión que surge al utilizar nuestra imaginación en el campo de la Creatividad. Desde la Tragedia Griega al Psicodrama, los efectos sanadores del teatro han repercutido de generación en generación durante veinticinco siglos de humanidad.

    El trabajo de Constelaciones Familiares, creado por Bert Hellinger en los años 80, es un método terapéutico fenomenológico que se aplica principalmente de forma grupal y que busca restablecer los desequilibrios y desórdenes de los sistemas humanos. Muchos son sus precedentes y precursores:El legado de Freud con su descubrimiento del inconsciente, completada por Jung (las sincronías y el inconsciente colectivo) es fundamental para entender la herencia que todo individuo lleva de su sistema familiar y como se transmite de generación en generación. También son fundamentales para entender las Constelaciones Familiares, la Psicogenealogía, que nacida en los 80 toma los trabajos de la Terapia Familiar[1] , por una parte, y por otra el Psicodrama de Moreno, “un método para sondear a fondo la verdad del alma a través de la acción”, y que se estructura como un encuentro “teatral” donde intervienen, es decir “actúan”, el protagonista (paciente), el director (el terapeuta), se desarrolla en un escenario (donde transcurre la acción) y asiste el público, que está formado por los integrantes del grupo de terapia y no son pasivos, sino que participan emotivamente en la escena, empáticamente, aprendiendo y, luego, compartiendo con el protagonista sus propias experiencias. De todas ellas y de otras como la Gestalt,  se nutre Hellinger para su método que tanto impacto produce en el que lo ve y participa.

    A diferencia de la terapia de Moreno, en las Constelaciones Familiares son los representantes (actores anónimos) de los miembros de una familia quienes perciben las sensaciones de quienes representan, aunque no haya habido un contacto previo entre estas personas.En Constelaciones también es fundamental el grupo de “espectadores” que, aleatoriamente, pueden servir de representantes de los miembros de la familia del cliente (el protagonista del Psicodrama), o no, quedando como público activo compartiendo emociones, descubrimientos y muchas veces reconociendo en si mismos la vida de la familia del cliente, como si de un juego de espejos se tratara.

    Y lo fundamental en todas ellas es que existe una acción que integra el cuerpo, las emociones y el pensamiento, con un énfasis particular en la acción corporal para reforzar los sentimientos y las emociones. En estas terapias colectivas, uniendo la acción “teatral” con las expresiones verbales, se logra la integración de la persona y consecuentemente su salud. ¡Y todos se benefician! Especialmente en Constelaciones, tanto los participantes directos como los que están atentos al desarrollo del “drama”, de la “acción”[2].

    Como dice Peter Brook refiriéndose a las neuronas espejo:“los neurocientíficos están empezando a entender lo que el teatro ha sabido desde siempre”, es decir, cualquiera que sea espectador de una obra de teatro o asistente a una Constelación, se va a ver envuelto en el proceso de este tipo de neuronas. Las espejo son un grupo específico de neuronas que se activan, tanto cuando un individuo realiza una acción, como cuando un individuo ve esa misma acción realizada por otra persona. En otras palabras, el hecho de observar una acción provoca de forma inmediata la activación del mismo “programa motor” neuronal en el observador, “programa motor” que estará activo durante la ejecución de la acción: cuando observamos una acción, la estamos rehaciendo en nuestro interior. Quizás inhibamos la extensión espacial y temporal de esa acción, pero en nosotros ya ha tenido lugar una activación muscular que ha cambiado nuestro equilibrio interno y que nos ha enviado una información preciosísima acerca de lo que está sucediendo frente a nuestros ojos.

    Desde la Antigüedad, los espectadores asistimos a una obra de teatro y “compartimos” las emociones de los actores en el escenario y, como en su origen, el drama nos puede reportar un efecto catártico (purificador, sanador) en nuestras vidas, en nuestras almas.

    Y esto es lo que PSICOESCENA® quiere: sanar a la persona mediante el uso de estas dos herramientas, con la creatividad como inspiración: “… Porque todo lo creativo sólo es creativo porque previamente había algo imperfecto”.

    PSICOESCENA® permite a sus participantes que se conviertan en protagonistas de su vida a través de diferentes máscaras, vestuario y atrezo simbólico. Este método utiliza de forma específica la imaginación y la proyección del inconsciente bajo un aspecto creativo.

    Pienso que somos seres que deseamos conocernos profundamente para ser hermosos, desentrañando nudos familiares y limitaciones recónditas. Dentro de nosotros están todas las máscaras, todas las personalidades, y sólo estamos interpretando un único personaje durante toda nuestra vida, personaje limitado por nuestro pasado y los condicionantes sociales. Conocer nuestro ser esencial significa no interpretar personaje alguno, significa ser uno mismo, libre y en paz.

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    El vendedor del siglo XX ha pasado a la historia.

    Muchas empresas basan su estrategia comercial exclusivamente en el producto o la imagen, minimizando la importancia de prestar excelencia en el servicio de atención. Si bien un excelente producto o una buena atención en la prestación del servicio no aseguran la fidelización del cliente, ambos son requisitos fundamentales y generadores de valor en la cadena comercial. La diferencia está en trabajar en lo intangible: la actitud, implicación, compromiso, pasión, proactividad, entusiasmo tanto de las personas encargadas de diseñar y entregar el producto y/o servicio al cliente, como de aquellas responsables de liderar y transmitir la visión y los valores de la organización.

    Una buena calidad de servicio crea nuevos clientes y mantiene la lealtad con los propios. Cuando se superan las expectativas y se logra sorprender al cliente por darle más de lo que esperaba, entonces estamos logrando la excelencia. Calidad es dar al cliente lo que se prometió; excelencia es darle más de lo que esperaba. Por ello, un equipo comercial que posea la actitud y logre acercarse al cliente y sintonizar con él adoptando su misma perspectiva, estará más cerca de lograr resultados extraordinarios en su gestión.

    Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir.” Johann Kaspar Lavater

    Si por ejemplo, observamos a las personas que han triunfado en diferentes campos como la política, la empresa o la venta, nos daremos cuenta de que todos tienen dos componentes comunes: una actitud persuasiva y un excelente nivel de comunicación. Y aquí es donde queremos detenernos, porque un equipo comercial debe saber influir, incitar, convencer, persuadir y fidelizar.

    Cada cliente es único y requiere un acercamiento individual, ya que valora distintos factores, se comunica de forma diferente y tiene distintas motivaciones a la hora de realizar una compra. Por tanto, a cada tipo de persona habrá que comunicarle de forma diferente. Partiendo de esta premisa S+H Formación trabaja en el Desarrollo de Recursos Humanos en las competencias Comerciales y de Orientación al Serivicio, pero lo hace a partir de considerar a cada sector, cada área de negocio, a cada equipo y a cada cliente como único y por lo tanto considera soluciones particulares que responden a las necesidades de formación y desarrollo específicas de cada empresa.

    En muchos cursos de formación se escucha la expresión “la teoría es muy bonita, pero la realidad es diferente” Por este motivo, S+H Formación orienta a facilitar la transferencia de la aprendido al puesto de trabajo. Para ello se centran directamente en la acción, se desplazan puntualmente al escenario en el que transcurre la venta o el servicio al cliente y construyen el programa de formación a medida de la realidad de los participantes, ya no hay nada más practico que una buena teoría, y las buenas teorías nacen de las experiencias prácticas.

    No se trata tanto de contar con soluciones mágicas y rígidas, sino de ser flexible y diagnosticar las necesidades específicas en cuanto a desarrollo de habilidades comerciales y servicio al cliente.
    Si dos comerciales, trabajando con el mismo producto o servicio, el mismo tipo de cliente y el mismo entorno competitivo obtienen resultados diferentes en cuanto a venta, fidelización o recuperación de clientes insatisfechos, es porque uno de ellos está haciendo algo diferente. Es necesario entender que es posible romper el círculo que nos lleva a repetir resultados negativos o poco satisfactorios; el desempeño de las personas y de los equipos comerciales es susceptible para la aplicación de infindad de acciones correctivas.

    Por ello, desde entrenamiento en técnicas de venta, talleres de orientación y servicio al cliente y gestión de reclamaciones, hasta argumentaciones de valor técnicas de lenguaje asertivo, preguntas claves y procesos de coaching comercial, son sólo algunas de las áreas de trabajo que aborda – individual o conjuntamente – S+H Formación en el campo del desarrollo de las competencias comerciales.

    Es fácil llegar a la conclusión de que la excelencia comercial se traduce a partir de la calidad y la efectividad del servicio recibido antes, durante y después de cualquier transacción y que es uno de los pilares primordiales para el funcionamiento actual y futuro de las organizaciones.


    Servicio Orientado al Desarrollo + Positivo del Capital Humano
    Para más informacíon: smashformacion.com

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    Hacer del discurso y del lenguaje un verdadero arte.

    El 90% de nuestra vida de relación consiste en hablar o escuchar y sólo el 10% en leer o escribir. Sin embargo, como dato curioso, en una encuesta realizada en los Estados Unidos, en relación a las diez cosas que más temor le producen a la gente, el primer lugar lo obtuvo: hablar en público.

    Es posible que el dato a primera vista resulte un poco exagerado, no obstante, y para contextualizar el valor de la palabra, invito a recrear en la memoria emotiva individual films que se centran en el tratamiento de trastornos puntuales del habla como: The King’s Speech. En esta película se cita a un rey que padece tartamudez y que con ayuda de un logopeda va trabajando tanto factores personales (miedos y barreras) como cuestiones prácticas como la respiración, postura, dicción y entonación y, a medida que va gestionando sus recursos logra, finalmente, la fluidez discursiva que nunca tuvo. Otra película por muchos conocida es My Fair Lady, en la que se presenta a una mujer de origen humilde con un lenguaje coloquial y vulgar, a quien un experto en fonética propone convertir en una dama de la alta sociedad, trabajando para ello, todas las variables que rigen la comunicación: las palabras, los sonidos, la dicción, los tonos, los movimientos y el aspecto.

    Hemos expuesto dos ejemplos que en esta presentación son representativos de lo que queremos transmitir, pues la idea es dejar claro, que todos podemos aprender y reaprender a hablar, incluso en situaciones más extremas como la afasia, que es la pérdida de la capacidad de producir o comprender el lenguaje debido a lesiones en áreas cerebrales. Aquí, en muchos casos, hay que empezar desde cero a materializar en palabras lo que ya sabemos que es, pero no podemos producir, como aparece en la película La escafandra y la mariposa o incluso hay que volver a estructurar el lenguaje para que la persona recupere su comprensión.

    Hablo porque conozco mis necesidades, dudo porque no conozco las tuyas. Mis palabras vienen de mi experiencia de vida. Tu entendimiento viene de la tuya. Por eso, lo que yo digo, y lo que tú oyes, puede no ser lo mismo. Por lo que si tú escuchas cuidadosamente, no sólo con tus oídos, sino también con tus ojos y tu corazón, puede ser que logremos comunicarnos. Herbert. G. Lingren

    Ahora bien, ¿qué pasa con la cantidad de mortales que formamos parte del resultado revelador de la encuesta y que en principio no sufrimos trastornos específicos en el habla y contamos con un vocabulario relativamente rico? ¿qué es lo que debemos aprender? ¿cómo superamos el miedo a diez, cien, o más miradas y el doble de oídos? Pues la respuesta, en primer lugar, es que no necesariamente tener el conocimiento de algo implica que sepamos transmitirlo, y este es uno de errores más frecuentes en los que incurren muchos expertos en su campo. Por ello, manejar y dominar la comunicación oral en los negocios o cualquier otra actividad de interrelación va a aportar tanto valor añadido.

    Situándonos por ejemplo, en el mundo de las empresas, las situaciones pueden variar en su grado de complejidad: dar una conferencia, participar de una reunión, discutir con pares, transmitir una noticia o manifestar desacuerdo a un superior. Estos son clásicos eventos en los que intervienen relaciones de poder asimétricas, intereses, prejuicios y emociones fuertes que, si no son encauzados con un lenguaje y una actitud inteligente, pueden ser disparadores de grandes conflictos. Aquí aparece una de las claves y se trata, ni más ni menos, de dominar y administrar nuestras manifestaciones viscerales; es decir saber cuándo las dejo salir, con quién y cómo.

    Como mencionábamos, administrar las emociones es fundamental, pero ciertamente no es lo único. Para lograr una comunicación eficaz es preciso gestionar el todo del lenguaje verbal y no verbal: las palabras que utilizamos, la enunciación, el tono y la calidad de la voz, la actitud que sustenta al acto discursivo, nuestra gestualidad e incluso el espacio para los silencios, es decir, el cómo. La forma de decir y de comunicar es el patrón por el cual se nos juzga, se nos acepta o se nos rechaza. Por ello, lograr la elocuencia discursiva, la capacidad de persuadir, de despertar el interés y de generar estados anímicos en los que nos escuchan a través de la palabra, es una habilidad que se puede adquirir trabajando y entrenando nuestra voz y nuestro cuerpo.

    Esta es la propuesta de Logofonia que como profesionales expertos en el ámbito de la comunicación y con amplios conocimientos en el área de desarrollo personal, trabajan para incrementar las habilidades de sus clientes desde el campo de la logopedia hasta la formación y la asesoría en habilidades de comunicación. En su haber, cuentan con múltiples trabajos realizados en trastornos del habla, de la voz y del lenguaje y casos de éxito de profesionales que lo que buscan es mejorar sus habilidades y potenciar sus intervenciones.

    Su propuesta son programas individualizados concentrados en descubrir las fortalezas y debilidades de cada cliente y en los que se define un plan de acción concreto para dirigir los recursos propios hacia los objetivos deseados, ya que en toda situación de comunicación, es posible trabajar desde la premisa éxito/oportunidad y, toda persona puede mejorar estos aspectos.

    Para más información: logofonia.com

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    Aléjate del miedo a la equivocación. ¡Ponte en acción!

    “Si me lo dices lo olvido, si me lo enseñas lo recuerdo y si lo experimento lo aprendo” Benjamin Franklin

    Hace unos años, cuando comenzó esta andadura teníamos claro que deseábamos marcar diferencias, que pocas formaciones ofrecían lo que nosotros ofertábamos y que no iba a ser fácil al comienzo. Afortunadamente hoy ya se está asimilando un tipo de aprendizaje más orgánico, más integral, contemplando a la persona como un ser también integrado.

    Especialmente desde el colegio, nuestra formación es excesivamente racional, los profesores y maestros sólo se ocupan de activar el hemisferio izquierdo, olvidando el derecho, es decir, dejando de lado la creatividad, la imaginación y la intuición, entre otros muchos talentos de los seres humanos.

    Estas palabras ya se pueden decir en voz alta en algunos círculos junto a la noticia del fracaso de la educación racionalista, ambas ya son repetidas en prensa y premiados los investigadores que avanzan para desarrollar nuevas formas de aprendizaje y sus descubrimientos sobre el funcionamiento del nuestro cerebro. Como sabemos, la información puede llegar a través de datos, hechos, reglas (hemisferio izquierdo), y el aprendizaje incluye la metáfora, los símbolos y, sobre todo, las emociones (hemisferio derecho). Con el modo de procesar la información usado por el hemisferio derecho, se producen llamaradas de intuición, momentos en los que «todo parece encajar» sin tener que explicar las cosas en un orden lógico.

    En la formación de empresa (y en la personal también) hemos estado muy acostumbrados a la formación excesivamente racional con power point, técnicas multimedia, donde los formadores se reciclaban como técnicos de audiovisuales y algunos en expertos diseñadores gráficos, lo que ha sido novedoso durante un tiempo…, llegando posiblemente a cansar. Ahora la formación pide una aprendizaje mas holístico, mas completo y equilibrado. Y al igual que no necesitamos de explicaciones teóricas para comenzar a andar o montar en bicicleta tampoco necesitamos una gran base de conocimientos para desarrollar habilidades sociales, superar el miedo escénico o comunicarnos emocionalmente con los demás.

    Existen formas de alimentar y de desarrollar ese aprendizaje perdurable en el tiempo y que podríamos resumir en tres fases importantes:

    • La primera es crear un clima emocional apropiado, es decir, dedicar tiempo e inteligencia para que el ambiente sea óptimo, con emociones tales como la alegría, y sensaciones placenteras o de serenidad, con ausencia de tensión, amenazas y competitividad. Alejar el miedo a la equivocación como primer paso para llegar a ese clima es un buen comienzo. Detectar el perfeccionismo como limitación para avanzar es un segundo paso.

    La desconfianza en la propia capacidad y la baja autoestima no tienen ninguna base firme, pues todo ser humano tiene una capacidad inmensamente mayor de la que utiliza ordinariamente. Por ello, todo formador debiera repetir frecuentemente a los participantes que lo que les sobra es capacidad para comprender lo que se va a explicar, pero hay que ponerla en acción. Ahora bien, esta puesta en acción depende del clima emocional que se logra establecer.

    • La segunda consiste en crear una auténtica escucha activa. La mente racional, como dicen los orientales, es como “un mono loco y borracho”, es decir, emite ruidos incesantes y no para de moverse.Y esta actitud mental nos conduce a una gran falta de escucha.

    Una mayor presencia, una atención dirigida hacia el presente, permanecer en el aprendizaje “con los cinco sentidos.”. Si el clima emocional es el que se señaló anteriormente y si la escucha es activa, la comprensión del nuevo conocimiento será rápida y fácil.

    • Y una tercera fundamental consiste en unir los dos hemisferios: La gran mayoría de las formas de enseñanza tienen grandes cantidades de conocimientos que se expresan de forma excesivamente analítica, es decir, racional y lógica, aunque también se pueden expresar de forma sintética y expresiva. E incluso imaginativa y creativa, artística.

    Esto es lo que proponemos y desarrollan los cursos de Expresión Entrenamiento Integral: una forma de aprendizaje que incluya la totalidad de nuestro cerebro. Esto lo conseguimos aunando otras disciplinas tales como la Programación Neurolingüística (P.N.L.), el Coaching, el Pensamiento Sistémico, la Comunicación No Verbal y la Sinergología, y, sobre todo, las técnicas derivadas de la enseñanza teatral:

    Desde Esquilo y Euripides, dos mil quinientos años de formación “para aprender a ser”, para llegar a ser actores, es decir, “personas” con expresividad, mente y emociones.

    “Cuando se logra la integración total de la creación con el conocimiento, y del amor con el sentimiento, entonces se da la COMPRENSIÓN que se manifiesta como sabiduría, en la aplicación armónica de la realización» Gerardo Schmedling.

    Para más información: expresión-ei.com

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    Comunicar con éxito. El orador líder.

    Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones causadas por sus palabras, pues sabe que ellas “no retornarán al mismo punto sin haber causado su efecto”. Florence Scovel

    Últimamente, tanto en la prensa como en la calle, nadie duda e incluso alaba públicamente las capacidades comunicativas de varios líderes de la política mundial, comenzando por Barak Obama. Artículos periodísticos, reportajes televisivos nos muestran a un presidente de EEUU saliendo al plató de un programa de TV, ¡dando unos pasos de salsa! ¿Alguien se puede imaginar hoy mismo a un político español con la misma desinhibición? ¿O con esa ausencia de ridículo?

    Muchos objetarán alegando a la falta de ridículo de los norteamericanos, o a su estereotipado “infantilismo”, o incluso habrá algunos que lo vean con el filtro del juicio ideológico. Y quizá  las dotes comunicativas de estas personas sean tan excepcionales que puedan crecerse en estas ocasiones y conseguir un efecto positivo en el público, o por lo menos, nos lleva a plantearnos un debate sobre las capacidades comunicativas de nuestros líderes o, visto desde otro ángulo, nuestro excesivo rigor ibérico en lo alto de la tribuna.

    Cuando hablamos de líderes nos referimos a los modelos que hemos tenido en nuestra infancia y juventud (padres, maestros, profesores, representantes de iglesias, conferenciantes, políticos, jefes…) hasta los que hoy desbordan los medios de comunicación o con los que convivimos día a día, es decir, responsables de equipos, directivos, etc. Todo aquel que se dirige a un grupo con ánimo de influir o convencer.

    El orador que desee convencer a su público podrá someterles a una charla ingente desde sus capacidades para transmitir información, para lo cual no necesitamos de su presencia, o podrá hacer lo mismo desde la diversidad, el entretenimiento, el movimiento, la corporalidad, el juego y, sobre todo, la empatía.

    Se suele decir que los españoles somos alegres, simpáticos, abiertos y alguna que otra característica socialmente positiva que repetimos hasta la saciedad como lugar común, y todas ellas “envidiables” en otras latitudes. Sin embargo, al subirnos al estrado todo lo que  forma parte de nuestra “naturaleza” desaparece como por arte de encantamiento: Nuestro cuerpo se pone rígido, nuestra voz se engola y nuestras emociones positivas nos abandonan dando paso a una seriedad que nos distancia infinitamente de los espectadores.

    El miedo al ridículo, el orgullo, el honor, “la honra”, la represión corporal, el qué dirán.. posiblemente haya marcado nuestra educación y quizá aún la siga dirigiendo: “Tenemos el orgullo en carne viva, y una conciencia tan aguda y enfermiza de nuestra apariencia, de lo que los otros pensarán sobre nosotros, que preferimos pecar de mudos, paralíticos y sosos de solemnidad. Es decir, preferimos la pasividad total antes que hacer nada que pueda terminar siendo risible. Y así, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, los niños aprenden a hablar en público en las escuelas, y los adultos disfrutan organizando ceremonias, declaraciones y pequeños espectáculos personales en bodas, banquetes y bautizos, nosotros, por lo general, no abrimos la boca ante una audiencia ni aunque nos introduzcan un anzuelo. Por no hablar de bailar, o actuar, o hacer el ganso. En España, las personas serias no pueden hacer eso.”

    ¿Y qué hacen en España las personas “serias” cuando se dirigen a un auditorio? Por lo general muestran la(s) máscara(s) social(es), “esconden” o “controlan” sus emociones y se dirigen “seria y respetablemente” a su público. ¿Y cómo recibe  la persona que está escuchando del ponente? ¿Se conmueve tanto como con Obama o Steve Jobs? En muchas de las ocasiones le llegará el mensaje racional y pocas la empatía con que poder también convencer a su público.

    Durante uno de mis cursos impartidos de comunicación para profesionales de diversa índole, uno de ellos, con algo de irritación en su tono de voz, me preguntó que por qué hablaba tanto del cuerpo y de las emociones, “si nosotros hemos venido a aprender a hablar en público”. Yo me quedé estupefacto más por el tono de su voz que por la pregunta en sí misma y al mismo tiempo no daba crédito a lo que estaba escuchando, ya que esa misma persona, horas antes, había compartido con el grupo durante la presentación que tenía miedo escénico, que le sudaban las manos cuando se dirigía a un auditorio y que esta era la razón de su asistencia. Quise hacérselo ver claramente y le expliqué la relación que había entre su inhabilidad y sus reacciones psicofísicas, sin embargo esta persona no quería admitir la relación des-armónica que vivía entre su cuerpo y su mente, y exigía una fórmula racional para superar sus problemas.

    Fórmulas racionales, recetas milagrosas, el secreto de mi éxito por escrito, por favor, y revalidado por la sociedad en forma de publicación o… Pocas veces dentro de mi mismo, pocas veces “dándonos cuenta” de qué emoción tenemos antes de dirigirnos a los empleados, compañeros de equipo, público en general. Pocas veces nos paramos a gestionar nuestras emociones y conseguir alguna más positiva antes de nuestra comunicación con los demás. Y muy pocas veces siendo conscientes de que las tensiones de un enfado no gestionado, por poner un ejemplo, contribuyen a que nuestra mandíbula y garganta se tense y se refleje en nuestro discurso de forma incontrolada. Las emociones se contagian.

    Personalmente, cuando asisto a las conferencias o discursos de nuestros compatriotas, muchas veces tengo la sensación de que me están regañando o al menos amonestando por algo, por algo que desconozco, por algo que debía de saber, por mi ignorancia, ¿por mi asistencia? De sobra es sabido que la mejor defensa es un buen ataque  y eso es lo que ocurre a menudo: el miedo a hablar en público sumado a la poca gestión emocional hace que el orador se aleje de su público, a pesar de que la información sea transmitida. Y un guía, un líder, no es precisamente un informador.

    La distancia entre el orador y  los espectadores y es tanto más grande cuanto más esté aquél separado de sus emociones, es decir, de su cuerpo.

    ¡Y cuántas veces nos dejamos el “cuerpo” en casa para ir a trabajar! Claro, “mucho mejor entre las sábanas…” O mejor aún: perfectamente aseado, muy bien y formalmente vestido, con la “ropa de trabajo”, el “uniforme”, es decir, separado de nuestra comodidad, construyendo una armadura sólida, formal, distanciada…, para hablar en público también. ¿Y cómo destapar nuestra esencia en esas circunstancias, con estos impedimentos? ¿Cómo llegar a ser nosotros mismos dentro del ambiente laboral y dirigir desde el equilibro de razón, emoción y una comunicación no verbal no disociada?

    Cuando se interviene ante un auditorio creemos que el público está pendiente del orador, y que le juzga tal y como nosotros nos juzgamos a nosotros mismos: con miedo. Creamos una película donde terminamos por sentirnos mal y exigirnos mucho más. Y es cierto que contar un chiste entre amigos contiene los mismos elementos, es decir, comunicar en público y buscar un objetivo: los elementos son los mismos pero la tensión no. Y ¿no será porque asociamos lo formal a lo que no deseamos para nosotros mismos? Unos dirán que en un estrado no se puede estar al mismo nivel que cuando nos encontramos en el bar, otros verán el gesto del jefe escondido entre los rostros del auditorio en lugar de las caras de los amigos. ¿Y qué podemos hacer para que el estrado se convierta en nuestra casa, el jefe en nuestro amigo y estemos tan tranquilos como para que consigamos hacer reír con el chiste?

    Una propuesta es conducir al público a través de quienes somos, de nuestra autoestima, de nuestras emociones, de nuestra capacidad para comprender a los demás y escucharlos.

    “Con-mover”, ¿ es eso lo que la audiencia pide?,… que les muevan, que les conmuevan, que les convenzan, no solo con razones, sino también contagiando  emociones. El líder puede  y tiene que ser también un líder emocional (que no emotivo).

    “Nuestros líderes no saben gestionar emociones”, dice el profesor de la Universidad de Yale, y tiene sus razones al argumentar sobre todo cuando menciona el miedo con el que se vive hoy en día en la empresa.

    El trabajo es el lugar donde más horas pasamos del día y se puede convertir en un lugar confortable. El lugar desde donde el líder se dirige a su audiencia no puede ser un lugar extraño, frío. Debe hacerlo suyo, debe sentirse seguro y confiado para poder comunicar desde ese ángulo a los demás, desde un punto de vista más apacible en consonancia con su autoestima.

    El líder experimentado sabe reconocer el miedo, o cualquier otro tipo de emoción en sus interlocutores y, gestionando las suyas, dirigirse a ellos sin confusión en el tono de la voz y en el comportamiento gestual.

    Cuando imparto los cursos, generalmente encuentro a los participantes viendo a la audiencia, pero sin mirarlos. Cuando visionamos con ellos las primeras intervenciones grabadas se sorprenden porque piensan que miraban al público y que les incluían en su discurso. Muchos de ellos, al preguntarles, el porqué de esa actuación responden que no lo hacen por temor, por la falta de costumbre y por el miedo al juicio de los demás. Ellos piensan que el público les va a juzgar con tanta dureza como, en ocasiones, ellos se juzgan a si mismos y que mirar a los ojos de los demás para comunicarse es motivo de los más irracionales de los temores.

    El temor a ser juzgados es universal: respondemos a la educación paterna, moral, social y “tenemos que estar a la altura”. También hay que responder a las expectativas que, desde nuestros padres, todos han depositado en nosotros, y al final del camino ya nos hemos perdido, ni nos observamos a nosotros mismos, ni vemos a los demás y lo  que estamos mirando en realidad es a todos estos fantasmas de la carga del pasado.

    ¡El otro existe!,  podría ser un buen subtítulo para este artículo, ya que si hablamos de comunicación tiene que haber “otro” para que pueda existir. Y ese otro soy  yo mismo en un plano más profundo. Todos somos personas activas en la comunicación y el buen líder lo sabe, habla desde sí mismo a los otros y les da lo que necesitan en la forma que les gusta.

    Nuestra educación racionalista, la que se basaba en el cociente intelectual como único recurso para conseguir el éxito social, se encargó de que olvidáramos nuestro cuerpo como fuente de información: Este era un simple vehículo que transportaba nuestro magnificado cerebro.

    Nuestro cuerpo nos habla, lo sepamos o no, lo queramos o no: El miedo o pánico escénico se refleja en nuestra materia física. Cuando tememos lo notamos en el sudor, en los temblores, en el tartamudeo. Nuestro cuerpo refleja, mediante el lenguaje no verbal, lo que nuestra mente piensa, nuestros deseos más íntimos, y nuestro inconsciente, en ocasiones.

    ¿Y qué hacer ahora? ¿Cómo convertirnos en individuos capaces de conducir personas desde la esencia humana alineando mente, cuerpo y emociones? Por supuesto que existen técnicas, trucos y recetas para conseguirlo. También el secreto está en reconocer nuestras emociones y aprender a gestionarlas al tiempo que se evalúan los efectos de la educación y los modelos aprendidos para efectuar una revisión de los mismos. Y por supuesto, poner al ridículo contra las cuerdas. Como dice Rosa Montero: “A nadie le gusta que se rían de él, pero la mayoría de los países ponen el miedo al ridículo en su justo lugar, no es algo paralizador ni aniquilante. Y algunas culturas, como la anglosajona, incluso hacen alarde de ese arranque extravagante, de la rareza visionaria, aunque sea absurda. No les ha ido nada mal cultivando la originalidad, porque ya es bastante difícil cambiar las rutinas del mundo como para detener tu empeño solamente por el miedo a las risas de los demás.

    Nosotros, mientras tanto, seguimos sentaditos y quietos en un rincón, no vaya a ser que alguien nos mire. Es posible que así no hagamos el ridículo. Pero lo que es totalmente seguro es que no haremos nada.”

    SUPERA EL MIEDO ESCÉNICO. Inicio: 28 y 29 de Enero 2012

    Fuente: Luis Dorrego, Director de Expresión, Entrenamiento Integral.

    Para más información e inscripciones: expresion-ei.com

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