Seguro que todos tenemos en la cabeza alguna persona que se queja (y se queja) de lo poco que le gusta su trabajo, o de la mala relación que tiene con algún familiar, o de lo disgustado que está con su físico, o de lo poco que le escucha su equipo de trabajo. Y se queja, y se vuelve a quejar, y al cabo de una semana, un mes o un año, todo sigue exactamente igual…
¿QUÉ ES LO QUE HACE QUE ESAS PERSONAS NO CAMBIEN?
Pueden existir diversas respuestas para no reaccionar. Una de ellas podría ser que esa persona tiene la creencia, consciente y/o inconsciente, que “no puede” o que “no se merece” cambiarlo; o simplemente “no sabe cómo”.
También podría ser que esa queja le esté reportando algo positivo, como podría ser atraer la atención de un ser querido que podría desvanecerse si el motivo de queja se esfumase. Pero seguramente, en caso de que eso que motiva la queja se solventase, habría otro situación, tal vez algo superior por lo que nuevamente incursionar en la queja, con tal de mantener ese beneficio paralelo.
La verdad es que cada combinación de persona-situación es un caso único, por lo que no se trata de que una queja se “solvente” con una pastilla concreta.
¿Y CÓMO CAMBIARLO?
Si realmente alguien tiene la sensación y la determinación de iniciar una mejora y dejar de quejarse, se pueden realizar cambios significativos teniendo en cuenta varios aspectos de la personas y tratando cada uno de esos aspectos de manera individual y holística. El objetivo es facilitar la congruencia total entre los hemisferios cerebrales, entre cuerpo y mente, entre consciente y subconsciente, contemplando todo lo el sistema, toda la integralidad de la persona.
Se trata de identificar la cuestión, de tener claro que no hay ninguna obligación en ese cambio, sino que es algo que “sí, se puede hacer” o que también se puede elegir “no hacer”; si hay un deseo real de cambiar y además resulta que es ecológico para la persona y su sistema, el cambio es posible, junto con algunas técnicas facilitadoras concretas podemos situarnos dónde sí queremos estar y liberarnos de ese estado de protesta crónica que tan mal nos sienta a nosotros en primer lugar, y a los que nos escuchan siempre desde esa postura y nos observan en una actitud de inacción absoluta.
El Catalyzing® combina magistralmente todo aquello que permite que el cambio sea algo real, poder ir hacia donde se desea, abandonando la queja, la desidia, el contentarse con lo “malo conocido” y acercarnos a la excelencia personal.
¿QUÉ LOGRAREMOS?
Al abandonar esa posición de resignación y queja, lo que estamos decidiendo es tomar el mando de nuestra vida, recuperar el poder personal y actuar de manera congruente, consciente y responsable.
De esa forma, lograremos alcanzar casi todo lo que nos propongamos a nivel laboral, familiar y/o personal, pues en definitiva, todas las mejoras pasan por uno mismo. Y digo casi todo dado que habrá un componente que algunos llaman suerte, que puede hacer que la bola de la ruleta finalmente caiga en el rojo o en el negro, o en par o impar. Simplemente está en nuestras manos tener las condiciones y condicionantes que hacen que la “suerte” quede en tan solo eso, el azar, lo que nadie controla, ese viento que puede cesar o soplar en un momento dado.
Sin embargo, asegurar que el grueso del cambio sigue el rumbo que le hemos marcado, con la fuerza que nosotros le impregnamos, de tal manera que se haga manifiesto aquello de “no puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino.”
Y todo buen marino, llega a buen puerto. ¿Cansado de ir a la deriva? ¿Quieres tomar las riendas de tu vida nuevamente? ¿Quieres que tu empresa/negocio sea aquello que vive sólo como un sueño? ¿Quieres mejorar ese aspecto que tienes ahora en mente?
Ahora es el momento. El Catalyzing® es tu apoyo para lograrlo.























Facebook
Twitter
Inteligencia Emocional en la Psicoterapia y el Coaching.
Más allá de las diferencias sustanciales que existen entre la psicoterapia y el coaching, es posible afirmar que ambas tienen un noble denominador común clave para la efectividad en las sesiones de trabajo: Saber Escuchar; mucho más allá de lo que el paciente y/o al coachee significan a través de sus palabras y sus Emociones serán los indicadores de lo que ocurre más allá de la superficie.
Así como no es posible imaginar un médico que se impresione con la sangre o a un piloto de avión que le tenga miedo a las alturas, tampoco es frecuente pensar en un profesional dedicado al desarrollo de las personas mirando hacia otro lado cuando el paciente/coachee, tiene manifestaciones disfuncionales, exacerbadas o contradictorias en su discurso.
De hecho, la mayoría de esas señales emocionales -conscientes o inconscientes-, están en las sesiones como una constante y pasarlas por alto no es una opción, mucho menos cuando lo que está en análisis es la “materia prima” para la proyección de objetivos y/o para la superación personal.
Cuando los terapeutas y coaches desarrollan habilidades como la inteligencia emocional (IE), están más conectados con ellos mismos y en consecuencia, más preparados para “poner la lupa” donde corresponde, en pos de guiar a los individuos a través del camino del cambio.
Porque, como mencionábamos al comienzo, “Escuchar” más allá de las palabras significa, entre otras cosas “Interpretar”:
Todos pasamos gran parte de nuestra vida actuando, de modo consciente o inconsciente, en relación a lo que sentimos y pensamos, incluso en las sesiones con un profesional al que hemos acudido por iniciativa propia. Sí, aún en esos casos podemos auto-sabotearnos (mentir sobre algo, avergonzarnos, exagerar una verdad, inventar situaciones, etc.).
Por supuesto que el profesional sabe que esto tiene un alto nivel de ocurrencia por ello, suele perfeccionarse en técnicas, habilidades y herramientas que complementen y mejoren cualitativamente su rol y su desempeño profesional. Una de ellas es la IE.
SÍ se puede elegir lo que sentimos. SÍ se puede redirigir una emoción negativa a positiva. SÍ se puede redirigir las emociones de los demás.
Sí se puede, pero lo que no podemos hacer es actuar desde el desconocimiento o la ignorancia; cualquiera que intente modificar alguna emoción o pensamiento primero tendrá que “saber” lo que está pasando en su interior, luego “identificar” la emoción que le bloquea y por último “gestionar” correctamente esa emoción y la conducta. Estos son los cimientos de la IE, pues el aprendizaje no propone negar, reprimir o sofocar las emociones, sino trabajar para dirigirlas y equilibrarlas.
Olga Cañizares, coach y experta en IE, junto a especialistas en coaching, psicología y neurociencia han desarrollado el “Programa Intensivo de Experto en Inteligencia Emocional“, con una metodología de aprendizaje teórica y experiencial que hacen más eficiente y natural la fijación e incorporación de conceptos tales como: la gestión emocional, la comunicación empática, los patrones de pensamiento y la estimulación de talentos.
Una vez que los profesionales han adquirido este conocimiento y aprenden a regular sus propias emociones, se encuentran con una herramienta más para responder frente a las emociones de sus pacientes/coachees.
IE: LAS HABILIDADES QUE SE ADQUIEREN (Y SE ENTRENAN).
Propias:
•Seguridad. Conocer las propias emociones. Autoconciencia. Ser realistas y conscientes de las limitaciones personales; admitir con sinceridad los errores y sumar aprendizaje; construir la auto-confianza.
•Serenidad. Gestionar las propias emociones. Autorregulación. Conocer nuestras propias emociones para adecuarlas a un objetivo; asumir la responsabilidad de los propios actos; pensar antes de actuar; evitar los juicios prematuros.
•Fortaleza. Despertar los propios motores internos. Automotivación. Habilidad para estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones.
Proyectado a los demás:
•Empatía. Reconocer las emociones en los demás. Servicio. Habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de otros, poniéndose en su lugar y respondiendo correctamente a sus reacciones emocionales; capacidad para escuchar a los demás y colaborar en la búsqueda de motivaciones.
•Sinergia. Gestionar las relaciones personales. Coherencia. Capacidad para persuadir e influenciar positivamente a otros; ayudar a que las personas aprendan a canalizar las emociones en situaciones que les representan conflicto; habilidad para negociar, liderar y dirigir y promover cambios.
Potenciar el desarrollo de la IE en ámbitos profesionales concretos como la psicoterapia y el coaching es sumar valor, calidad y efectividad a las sesiones. Cuando la intensidad de las emociones se ve disminuida y la mente más despejada de pensamientos, es cuando es posible visualizar más claramente el objetivo pautado y accionar en concordancia.
————————————————–
Para más información.
Experto en Inteligencia Emocional.