¿Sigues siendo un director o te has convertido en un director en crisis?
Está claro, este mismo interrogante podríamos plantearlo en cualquier equipo de trabajo independientemente del cargo, puesto que la crisis es un fenómeno que se expande sin complejos, sin restricciones y sin censura. No obstante, en este artículo nos concentraremos específicamente en los directores, que aunque desde siempre han tenido que atender infinidad de variables para tomar decisiones, hoy necesitan lidiar con el doble de interrogantes, en tiempo récord y a ser posible, neutralizando los riesgos y generando éxitos… ¿demasiado pedir?
En todos los ámbitos, la capacidad de decidir se ve especialmente reducida en épocas de incertidumbre, sobre todo si hablamos de puestos clave en la vida empresarial. Enemigos reales o latentes como el miedo al cambio, el temor al fracaso, la indefinición del puesto (o de las expectativas), la información confusa (o inexistente), la falta de confianza, el estrés y la ansiedad, nos influyen negativamente cada día. Y pueden convertir a cualquier buen director en indeciso, confuso, o incluso hacerle tomar malas decisiones (desde luego no las mejores) si no cuenta con las herramientas adecuadas. La capacidad de acción y de decisión ciertamente no pueden entrar en ningún letargo; por lo menos si la opción es permanecer en el cargo y por supuesto en el mercado.
Una vez seamos conscientes de ellos y les hayamos puesto nombre y cara, podemos entender que algunos de esos enemigos no dependen de nosotros en particular, o al menos no al 100%. Simplemente están ahí y permanecerán junto a nosotros no sabemos por cuánto tiempo. Sin embargo, nos queda hacer algo por aquellos obstáculos que sí dependen de nosotros y con los que sí podemos trabajar, transmutándolos en aliados para nuestra estrategia. Como decía John Wooden, “Si pierdes el tiempo preocupándote de todo aquello que no puedes controlar, eso te quitará fuerza y energías para aquello que sí puedes controlar. Nunca dejes de intentar ser lo mejor que puedas ser, eso sí está a tu alcance.”
SOY DIRECTOR/A: ¿POR DÓNDE EMPIEZO?
Si esta iniciativa te ha rondado la cabeza, entonces ya habrás visualizado que es necesario un cambio. Tal vez necesites revisar el modo en el que te comunicas, o la manera en la que administras tu tiempo, o la frecuencia y productividad de tus reuniones, o tu ansiedad ante la falta de certezas, o tu estrés por la presión de los objetivos, o tu tendencia a ser políticamente correcto, o tu dificultad para delegar actividades… o todo ello, y quizás un poco más.
Revisar, optimizar, mejorar. Piensa por un momento qué pasaría si no hubiera imposibles. Si pudieras cambiar aquellas cosas de ti que te están limitando hoy, ¿hasta dónde llegarías?
MIGUEL ÁNGEL. Un ejemplo que representa la problemática de muchos directores en crisis que son capaces de reaccionar con inteligencia.
M.A. siempre había llegado lejos. En la Dirección se movía como pez en el agua. Sin embargo, cuando la crisis cobró cierta intensidad, notó que su relación con los demás se volvía cada vez más compleja. No sabe en qué momento empezó a perder el control, pero últimamente la inseguridad se ha apoderado de él en todos los contextos y lo que antes resolvía en una simple reunión informal, ahora requiere más acciones y más esfuerzo. Claro, no sólo él ha cambiado…
Su equipo de trabajo actúa más tenso, ha aumentado su desconfianza y ahora su comunicación con ellos es más distante. Los otros directores se muestran particularmente meticulosos y exigentes y su relación con ellos ha reemplazado la cooperación por la competitividad. Incluso los inversores agudizan su atención sobre el detalle de las decisiones que toma la empresa; el contacto con ellos, que siempre fue esporádico y amigable, ahora es demasiado habitual y nada cordial.
Tras una reunión algo complicada, Miguel Ángel baja a tomar un café y en una publicación de directivos a la que su empresa está suscrita, lee: “El cambio es una de las características principales que definen el liderazgo. No existe un cupo cerrado de características que definan a la Dirección perfecta, sino un conjunto de habilidades en continua evolución. Un buen líder será aquel que sepa manejar mejor sus comportamientos y capacidades en momentos diferentes, adaptándose a las necesidades de cada situación.” Este concepto le hace preguntarse si él será más un director o un líder y cuál de los dos percibirán los demás. Él no aspira a ser un director que supere la crisis sin más. Él sabe que tiene potencial para llegar a ser un líder. Influir a otros participantes del juego, motivar a su entorno e inspirar el cambio que necesita su empresa para adaptarse al paradigma económico actual.
Esa misma tarde, Miguel Ángel toma la decisión de ponerse en manos de un profesional experto en gestión del cambio. Actualmente, está resolviendo este reto y ha sacado a la luz sus mejores cualidades ejecutivas.
¿POR QUÉ Y PARA QUÉ UN COACH?
Un coach te reta a nuevos horizontes y te ayuda a descubrir tu propio camino, sin decirte cuál escoger. Pone en tela de juicio tus juicios. Cree en ti pero no en tus creencias. Piensa a través de ti pero no por ti. Siente tus emociones sin sentirlo-por-ti.
A través de ese camino el coach te acompañará para:
- Gestionar tus decisiones con mayor claridad, impulsando tu capacidad de acción.
- Identificar tus enemigos internos y superar tus limitaciones.
- Desarrollar los niveles de confianza para delegar actividades (y liberar parte de tu tiempo para concentrarte en nuevas prioridades).
- Entender que la incertidumbre está ahí y aprender a “convivir” con ella con mayor serenidad y eficacia.
- Aprender a ver las cosas desde una perspectiva más reflexiva, permitiéndote aflorar tu habilidad de adaptación para interactuar con el entorno competitivo.
- Mejorar tu comunicación en todos los niveles jerárquicos, reduciendo tensión en las relaciones corporativas.
Si eres de los que opinan que una organización es el reflejo de sus líderes, activa la mejor versión del director que llevas dentro.
SOY DIRECTOR ¡SOBRE TODO EN TIEMPOS DE CRISIS!









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¿TU EMPRESA ACCIONA EN POSITIVO O REACCIONA COMO PUEDE?
Tanto si eres empresario, director, dueño de una Pyme o de una Empresa Familiar, es normal que estés preocupado y ocupado de obtener beneficios, de mantener los niveles de rentabilidad, de idear estrategias de mercado de inversión o desinversión o de vender más.
Eso es la finalidad de toda empresa y de todo empresario: ganar dinero. En este artículo nos centraremos en mostrarte una de las fórmulas que incrementará tus resultados, pero que carece de connotación financiera alguna…
Hagamos una revisión de cómo visualizas las cosas desde tu óptica empresarial. Cuando piensas cuánto más podrías venderle a un cliente ¿piensas en las personas que forman parte de la cadena de producción? Cuando piensas cómo seducir al cliente para que elija tu producto en vez del de la competencia ¿piensas en las personas que forman parte del staff comercial? Incluso cuando piensas en la necesidad de crear o reciclar un producto ¿consideras a los creativos que llevan adelante este proceso? Cuando generas ganancias ¿tienes en cuenta la responsabilidad y confidencialidad de quiénes manejan tus inversiones?
Tal vez nunca lo hayas visto desde esta perspectiva, pero imagínate, que si gracias a ellos obtienes lo que obtienes, cuánto más podrías ganar si además sumas valor y haces brillar las individualidades y a los equipos.
En efecto, las estadísticas no me dejan mentir. Las personas motivadas rinden un 87% más que las personas carentes de motivación. Y, además, el 83% de los profesionales valora como imprescindible un buen ambiente de trabajo. Dos aspectos estrechamente ligados al pensamiento positivo.
No obstante, y más allá de las estadísticas, podría utilizar un ejercicio como viejo recurso situacional, apelando a tu memoria emotiva. Recuerda las últimas reuniones con tus responsables de área y jefes departamentales y trata de ser sincero contigo mismo:
¿Con quién te resulta agradable trabajar y con quién realmente se convierte todo en algo tedioso?
1. El eterno ofuscado: el negativo, el que le ladra a cada una de tus ideas y cree que cada cosa que dices es un artilugio innecesario que además le afectará a él y a su equipo en primera persona (ombligo del mundo).
2. El optimista incongruente: ese que parece actuar desde una premeditada obsecuencia y asiente a todo, aún sin que hayas terminado de plantear el desafío.
3. El indiferente en estado puro: ese que mientras está en la reunión entra en “stand by”, pues hará caso omiso a tus propuestas y oídos sordos a tus objeciones y a las de los demás.
4. El crítico de la crítica: aquel que objetará todo (incluso las objeciones), pero del que nunca escucharás algo constructivo, una iniciativa, o una idea cuanto menos, original. El “dígame de que se trata, que me opongo”
5. El positivo congruente: ese que cuestiona para construir, aporta para mejorar, genera espacio para escuchar a los demás, aplica la mirada desde la perspectiva general (en vez de la particular) y sabe que existen posibilidades en cada adversidad.
SI has optado por algunas de las primeras cuatro opciones, entiendo que deberías replantearte en algún momento tu manera de dirigir.
Si en cambio, coincides que el positivo congruente es el compañero, colega y/o superior ideal, entonces vamos por buen camino. El objetivo del ejercicio es hacerte reflexionar y pensar sobre cuál es la mejor forma de llevar adelante un proyecto, cuánto más y cuánto mejor es trabajar cuando las personas son cordiales, colaboran entre sí, aportan ideas, se escuchan mutuamente, sugieren mejoras y en respuesta reciben respeto, reconocimiento y feedback constructivo, todo ello desde una actitud positiva.
¿Cuánto puedes dar a las personas para mejorar cualitativa y cuantitivamente su desempeño (y consecuentemente, el tuyo)?
Borja Milans del Bosch, es un gran conocedor del mundo de la formación, de la empresa y del coaching. Cuenta con una especial capacidad de conectar con las personas y los equipos desde lo emocional, y de generar consciencia a través de su comunicación.
En su firma, Coaching360, trabaja desde esa perspectiva y experiencia junto a Loreto Laguna y Josecho Vizcay, un equipo multidisciplinar, en el entrenamiento y la preparación de las personas que forman parte de las organizaciones, no sólo para aprender a desarrollar el pensamiento positivo, sino también para aplicarlo de manera inmediata y convertirlo en una constante sostenida en el tiempo.
BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO
DEL PENSAMIENTO POSITIVO EN LAS PERSONAS.
Y EN LOS EQUIPOS…
Y para ti, empresario, sólo una conclusión que cae más que por defecto, por efecto: los equipos que entran en acción desde el pensamiento positivo están más inspirados y por lo tanto, producen más, venden más, invierten mejor, fidelizan más, cooperan más y se sienten más comprometidos con los proyectos.
Al finalizar los talleres en abierto, solicitan a los asistentes que puntúen en una escala del 1 al 5 el nivel de utilidad y aplicabilidad de lo expuesto en su día a día profesional. El 90% de las puntuaciones oscilan entre 4 y 5. También solicitan a los asistentes que puntúen del 1 al 5 si los responsables de sus empresas prestan atención a estos temas, y en el 85% de los casos, las puntuaciones oscilan entre 1 y 2. La conclusión final da que pensar: Los responsables de las empresas están ignorando un tema que de ser abordado, sería aplicado de forma inmediata en el día a día.
Plantearse estas condiciones es ganar en calidad de gestión, clima laboral, mayor productividad y en contar con personas más satisfechas en su desempeño y en su arte de pertenecer. Lo contrario es seguir asumiendo un coste de “no-calidad” que, desde la actitud, impacta directamente en la cuenta de resultados.
Tienes que ser consciente de lo que están haciendo otros, aplaudir sus esfuerzos, reconocer sus éxitos, y animarlos en sus actividades. Cuando nos ayudamos unos a otros, todo el mundo gana. Jim Stovall
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Para más información.
El Arte de Pensar en Positivo.