Coaches

El Modelo Koru dota a los facilitadores de herramientas y recursos para que ellos mismos puedan utilizarlas libremente en el diseño de experiencias de transformación propias. Efectivamente, como hemos repetido en artículos anteriores, no se trata de un Modelo rígido, estructurado o cerrado, sino todo lo contrario. El Modelo de la Espiral de la transformación Koru es una invitación a que las personas sean parte de las experiencias transformadoras desde todos sus dominios individuales: unidad, cuerpo, emoción; y colectivos: social y ecológico.

“A la hora de elegir una formación, las personas deben priorizarse a ellas mismas”. Así opina nuestro especialista, Daniel Taroppio. En ese sentido, señala la importancia de que cada uno entienda cuál es su llamado y desde qué lugar surge esa necesidad para formarse. Efectivamente, no es lo mismo encarar una formación de coaching o psicoterapia transpersonal buscando conocimientos, teoría e información, que encararlo para responder al profundo llamado de la vocación verdadera.

La conversación es una herramienta de éxito en el coaching. Esto siempre que el coach explore y trabaje en primera persona todos los aspectos implicados en lo que supone una conversación constructiva y generadora de acción. En cierto modo, el coach durante su formación tiene que ser cliente, entendiendo que él mismo- como observador- ve las cosas y las interpreta según sus creencias, su contexto socio-cultural, su historia personal y familiar, sus experiencias e influencias, etc. Este abordaje en forma vivencial e introspectiva, permite comprender algo fundamental: cuando interpretamos lo que observamos, hablamos más de nosotros que de lo observado.

¿Ruido Mental? ¿Pensamientos repetitivos? ¿Automatismos? Según los científicos, tenemos aproximadamente 60000/70000 pensamientos al día; aunque lo más curioso es que de todo ese “ruido mental” sólo somos conscientes de un 5%-10% de ellos. Dicho de otra forma, vivimos todos los días en forma automática, reaccionando a los estímulos, más que eligiendo una vida proactiva en la que podamos elegir de forma consciente cómo sentirnos y cómo comportarnos.

Para alcanzar una vida plena y satisfactoria, además de volver virtuosas nuestras experiencias para cubrir las necesidades del ego, necesitamos ocuparnos de cubrir también las necesidades del Ser: crecimiento y contribución.

Parece que hemos olvidado que cada acción que llevamos adelante tiene un impacto global en las personas que nos rodean, en las empresas donde trabajamos, en las sociedades a las que pertenecemos y en toda la enorme red de la vida de la que somos parte. Necesitamos recordar que nuestro potencial como seres humanos es ilimitado y que podemos responder a cualquier reto que nos enfrentemos desde un liderazgo más integral.

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