Emprendedores

A nuestro cerebro no le gusta gastar energía y se agobia cuando tiene que tomar una decisión evaluando mil pros y mil contras. De esta forma, tenemos que ser nosotros los que debemos ponérselo fácil, reduciendo las opciones a dos o tres; no más. En muchos momentos de nuestras vidas que involucran decisiones importantes, todos somos muy parecidos a "Juan". Justamente por ello, nuestro coach especialista, Marcos Escamilla, ha diseñado esta metodología Toma una Decisión, contemplando aspectos que simplifican el proceso de datos, de tiempo (el proceso completo dura aproximadamente dos horas), y que nos permiten -por fin- decidir qué hacer o qué no hacer. Veamos brevemente cómo simplificaría "Juan" su decisión si aplicara esta metodología para ello.

Es posible que muchas veces, como pequeños comerciantes o autónomos, lleguemos a pensar que no podemos aspirar a crecer más, que ya hemos llegado al techo de clientes o que un negocio como el nuestro se ha expandido ya todo lo que podía expandirse. También es posible que consideremos que un paso más -si es un paso en falso- podría tirar por la borda el esfuerzo de mucho tiempo y entonces, ¿para qué arriesgar? No obstante, Robert Kiyosaki, el gurú mundial de los negocios, señala en este sentido:“Cuando llegas a los límites de lo que conoces, es momento de cometer algunos errores”.

Todas las organizaciones deberían procurar el bienestar de las personas como un factor imprescindible de valor y reciprocidad porque la aportación humana significa más beneficios para la empresa que los resultados financieros. Si se margina esta aportación, se deshumaniza la empresa y se evidencia negativamente en todos los indicadores claves de gestión: clima interno, motivación, compromiso, rendimiento, productividad y, tal vez el más difícil de revertir, la imagen empresarial. Entonces nos preguntamos, ¿dónde está el valor empresarial de una organización?

En el mundo de los negocios hay gente brillante, con ideas interesantes, creativas e innovadoras. ¿Pero saben expresarlas? Seguramente todos tienen claro lo que quieren decir, pero pocos saben cómo hacerlo. Esos pocos son los que triunfan, los que marcan la diferencia, y aquí está la importancia de aprender a comunicar eficazmente. A propósito de ello, Peter Drucker, unos de los grandes referentes del management, señalaba: “El 60% de los problemas empresariales son la consecuencia de una mala comunicación”.

¿Cuántas veces he tratado de alcanzar un sueño, lograr un objetivo o hacer algo, y no lo he conseguido? Es posible que con una cierta distancia temporal y emocional, descubra que muchos de mis “fracasos” se debieron a mi personal manera de actuar. Pero en aquellos precisos momentos, no me di cuenta de que me estaba auto saboteando. Pocas personas saben que lo padecen. ¿Qué me autosabotea? ¿Qué hacer? Cómo hacer?

¿Es lo mismo levantarnos que despertarnos? Claro que no. El primero podríamos reducirlo a un mero acto físico; despertarnos pareciera ser bastante más que eso. En nuestra vida todos tenemos ocupaciones y preocupaciones. La pregunta es: ¿cómo nos posicionamos; cuál es nuestro rol frente a ellas? El hecho es que preocuparse no sirve para nada. Por ello, como nos sugiere Curro, lo más lógico es ampliar nuestro círculo de influencia para ocuparnos, que es lo que realmente cambia el enfoque y el resultado.

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