Salud y Bienestar

La mayoría de nosotros tiene una vida agitada. Días agotadores, exceso de responsabilidades, discusiones, idas, venidas, reuniones, obligaciones, presiones y un sinfín de etcéteras. Es normal que al acabar el día y al llegar a casa necesitemos un momento de paz, de silencio, de relax. No obstante, y tal vez paradójicamente, muchas veces estamos tan agotados que seguimos acelerados, como si no pudiéramos desconectar del ritmo, como si no pudiéramos relajarnos así, sin más. Ese es el momento en el que entran en escena los que se han convertido en aliados incondicionales de esa necesidad de desconexión: la marihuana “el porrito” y el alcohol “la cañita o el vinito”.

Más allá de las dietas. ¿Qué hay detrás de un atracón? ¿Por qué una persona tiene debilidad por lo dulce y otra por lo salado? ¿Los alimentos pueden ayudar a desbloquearnos? ¿A todos nos hace bien lo mismo? ¿Por qué dos personas haciendo la misma dieta tienen resultados diferentes?

¿Te suelen pasar situaciones en las que, de una manera u otra, sientes que se repite el mismo resultado catastrófico? ¿Tienes la sensación que todos te traicionan, que todas tus parejas te abandonan, que todos los que quieres se alejan de ti? ¿Qué pasaría si descubres que la mayor parte del sufrimiento es ocasionado por heridas emocionales que traías impresas en forma de aprendizaje?

Ansiedad, estrés, fatiga, cansancio, falta de energía, producto del ritmo de las sociedades actuales, de la vida sedentaria y de la mala alimentación parecen haberse convertido en los males de este siglo. En paralelo, siguen sumándose a una lista interminable una cantidad de soluciones farmacológicas que, en vez de erradicar el problema de raíz, nos generan cierta dependencia y consumo irresponsable. Sin embargo, aún teniendo en cuenta esta realidad, cada vez son más las personas que huyen de la vida sintética y buscan alternativas más saludables.

“El proceso que consiste en liberar el potencial de las personas para incrementar al máximo su desempeño”. Según este autor, un coach debe ser capaz de ver a las personas no como son, sino como pueden llegar a ser y para eso es necesario: elevar la consciencia, asumir la responsabilidad y desarrollar la confianza en sí mismos.

La mente es afectada mayormente por la realidad y las situaciones que atravesamos en la cotidianeidad. Por ejemplo, cuando algo “malo” nos pasa en mitad del día, parece que no hay modo de liberarnos de ello y -cual efecto dominó- sentencia el rumbo y la suerte de todo lo que sucederá en adelante. ¿De verdad es así o somos nosotros los que provocamos esa sucesión de hechos poco felices? Efectivamente, somos totalmente responsables de eso. Podemos gestionar nuestra atención y podemos decidir dónde enfocarla.

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