Salud y Bienestar

"Movimiento, sensación, emoción y pensamiento son aspectos de una misma constelación. Cuando uno de ellos se mueve, se mueven también los demás. Si cambias la manera de moverte, cambias la manera de pensar." Moshé Feldenkrais. A esta altura, no caben dudas acerca de que todo está conectado en nosotros y que el cambio en uno de los aspectos afecta a todos los demás.

La autoestima es la mirada que tenemos sobre nosotros mismos, el juicio que tenemos sobre lo que somos y lo que hacemos. La autoestima en el trabajo tiene más que ver con nuestra forma de pensar que con nuestras capacidades y habilidades. ¿Por dónde te lleva tu mente? Muchas personas sufren en el trabajo por falta de autoestima. Muchas de ellas no alcanzan sus metas profesionales por una valoración negativa de sus capacidades que limita su desempeño profesional. Existen varias formas de pensar, muy potentes, para llevarnos a la desvalorización que hace bajar nuestra autoestima notablemente.

“El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”. Hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos nocivos en todos los aspectos de nuestras vidas.

El cuerpo nos habla de todas las dimensiones del Ser y es una maravillosa herramienta para transformar el observador del cliente. No obstante, y como siempre lo decimos, para trabajar desde el cuerpo el coach necesita reconocer el suyo propio, aprendiendo a escucharlo, habitarlo y activarlo e identificándolo como un lugar de aprendizaje y transformación.

La mayoría de nosotros tiene una vida agitada. Días agotadores, exceso de responsabilidades, discusiones, idas, venidas, reuniones, obligaciones, presiones y un sinfín de etcéteras. Es normal que al acabar el día y al llegar a casa necesitemos un momento de paz, de silencio, de relax. No obstante, y tal vez paradójicamente, muchas veces estamos tan agotados que seguimos acelerados, como si no pudiéramos desconectar del ritmo, como si no pudiéramos relajarnos así, sin más. Ese es el momento en el que entran en escena los que se han convertido en aliados incondicionales de esa necesidad de desconexión: la marihuana “el porrito” y el alcohol “la cañita o el vinito”.

Más allá de las dietas. ¿Qué hay detrás de un atracón? ¿Por qué una persona tiene debilidad por lo dulce y otra por lo salado? ¿Los alimentos pueden ayudar a desbloquearnos? ¿A todos nos hace bien lo mismo? ¿Por qué dos personas haciendo la misma dieta tienen resultados diferentes?

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