Salud y Bienestar

Casi toda la sociedad tiende a usar el estrés de muletilla. ¿A qué me refiero? A que muchos acusamos estar estresados por lo que pasó o creemos que pasará, otros sentencian que les estresa hablar de ciertos temas y, los más intensos, acusan vivir estresados. Lo cierto es que más allá de este autodiagnóstico poco fiable, existe una forma cierta de medir el estrés. Es decir, podemos saber si efectivamente si estamos o no estresados.

Los conflictos forman parte de la vida de relación de las personas y de los grupos en cualquier ámbito. Tendemos a demonizarlos, a considerarlos negativamente y luchamos contra ellos para evitarlos y/o erradicarlos. Sin embargo, hay un cierto nivel de conflicto que es lógico, coherente, necesario, positivo y saludable, que además supone una pauta de evolución y desarrollo. Por ejemplo, una familia, una empresa y/o una sociedad sin conflicto alguno representan una clara utopía, pero si existieran, estarían estancadas. Es por ello que la idea no es evitar conflictos, sino gestionarlos y apaciguarlos para que sean constructivos; para que estén orientados al desarrollo de personas y grupos.

Estamos acostumbrados a minimizar el dolor de espalda y otras tantas molestias. Un poco porque las prisas, la inmediatez y las “pócimas mágicas” están a la orden del día. En lo personal agradezco que existan estas soluciones, porque una molestia un día o un rato puede ser realmente entorpecedora y bloqueadora de cualquier actividad física y/o intelectual que hagamos. Como siempre decimos, el cuerpo influye sobre la mente y viceversa. Ahora bien, el problema es cuando ese dolor o molestia temporal se vuelven crónicos y seguimos recurriendo a las mismas soluciones exprés. ¿Por qué anestesiamos el cuerpo si está queriéndonos decir algo?

Cuando descubrimos que alguien nos ha mentido, nos indignamos y sabemos con certeza que será sumamente difícil volver a confiar en esa persona. Sin embargo, cuando nos auto-engañamos, más o menos conscientes de ello, convertimos esa mentira en verdad y actuamos en consecuencia. Y de eso, sabemos bastante los fumadores. Y tú ¿qué tipo de autoengaño utilizas para NO dejar de fumar?

Curioso o no, y aunque suene particularmente imposible esto de ser capaces de regular los latidos del corazón de forma consciente, podemos aprender a entrar voluntariamente en un estado de coherencia cardíaca a través del control de nuestro propio ritmo cardíaco. En este sentido, la tecnología de biofeedback nos permite observar los cambios en el ritmo de nuestros latidos en el mismo momento que suceden, a través de una pantalla de ordenador. De esta forma, podremos tomar conciencia sobre el funcionamiento de nuestro corazón.

La atención dirigida, el autocontrol y la autoregulación nos permiten revisar nuestros juicios e interpretaciones, gestionar nuestras reacciones y conductas, mantenernos flexibles frente a la incertidumbre laboral o, incluso, frente al duelo por la pérdida de una relación o el miedo a estar solos. “El movimiento es de dentro hacia fuera; es hacer para Ser; es un pulso vital sencillo; es el fluir del Ser en relación con la vida. Tu postura es el reflejo de tu movimiento por la vida”.

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