Desarrollo Profesional

La conversación es una herramienta de éxito en el coaching. Esto siempre que el coach explore y trabaje en primera persona todos los aspectos implicados en lo que supone una conversación constructiva y generadora de acción. En cierto modo, el coach durante su formación tiene que ser cliente, entendiendo que él mismo- como observador- ve las cosas y las interpreta según sus creencias, su contexto socio-cultural, su historia personal y familiar, sus experiencias e influencias, etc. Este abordaje en forma vivencial e introspectiva, permite comprender algo fundamental: cuando interpretamos lo que observamos, hablamos más de nosotros que de lo observado.

Dijo alguna vez Henry Ford: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”. Es decir, si quieres tomarte dos meses sabáticos, montar un negocio, viajar en globo o escalar el Everest, pero no confías en que puedas hacerlo, seguramente no lo conseguirás. Ahora bien, si crees que puedes hacerlo, aunque no es suficiente para lograrlo, es un estupendo primer paso. Y un buen primer paso no es poco. Por el contrario, en su máxima expresión, el primer paso es lo que rompe con la postergación.

Cambiar de trabajo, evaluar un cambio de escenario e incluso de actividad económica, puede ser una oportunidad enorme de crecimiento profesional, tanto si la hemos buscado activa e incansablemente, como si alguien nos ha buscado para hacernos la propuesta. Ahora bien, independientemente de cómo ha llegado a nosotros, cuando esa oportunidad se materializa, es inevitable que aparezcan ciertos miedos y que en nuestro entorno se manifiesten defensores y detractores del cambio.

¿Ruido Mental? ¿Pensamientos repetitivos? ¿Automatismos? Según los científicos, tenemos aproximadamente 60000/70000 pensamientos al día; aunque lo más curioso es que de todo ese “ruido mental” sólo somos conscientes de un 5%-10% de ellos. Dicho de otra forma, vivimos todos los días en forma automática, reaccionando a los estímulos, más que eligiendo una vida proactiva en la que podamos elegir de forma consciente cómo sentirnos y cómo comportarnos.

Estamos evolucionando colectivamente hacia niveles más complejos de desarrollo, aunque muy probablemente no al ritmo que la complejidad de nuestro mundo requiere. Necesitamos transformar la educación, las empresas, las finanzas, la política, la sanidad, la sociedad, así como otros ámbitos, y parece que actualmente sólo el 9% de los líderes tienen la capacidad de liderar efectivamente todas estas transformaciones.

Un nuevo plan de negocios, el lanzamiento de una campaña, producto o servicio, la apertura de un nuevo mercado, una inversión financiera o la contratación de personal son sólo algunas decisiones estratégicas que toman los directivos y que son clave en la gestión empresarial. Una decisión a tiempo o bien tardía, mal tomada o no tomada (que también es una decisión), pueden definir el destino de la organización o marcar un antes y un después en muchos aspectos.

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