Inteligencia Emocional

Liderar a personas no es fácil, pero menos fácil es liderarse a sí mismo. Todos lo sabemos o lo decimos, pero la coherencia consigo mismo no es algo fácil de alcanzar. Tener conciencia de uno mismo es la tarea más desafiante, pero ahí radica la clave para ser un buen líder. No podemos guiar a otros si no nos empoderamos a nosotros mismos. De esta forma, para alcanzar el éxito debemos conquistarnos a nosotros primero. Nadie nos seguirá si no ve en nosotros sinceridad y coherencia entre lo que hacemos y predicamos.

Rafael Echeverría, autor de Ontología del Lenguaje, señala: “A un nivel muy general hemos sostenido que la escucha es una de las competencias más importantes en un ser humano. En función de la escucha, construimos nuestras relaciones personales, interpretamos la vida, nos proyectamos hacia el futuro y definimos nuestra capacidad de aprendizaje y de transformación del mundo. Ella juega un papel determinante tanto en nuestra capacidad de encontrar satisfacción en la vida como de asegurar altos niveles de efectividad en nuestro actuar”.

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, dinámico e hiper-conectado (con todo y con todos) en el que, paradójicamente, las relaciones se han vuelto más estériles y más efímeras. ¿Narcisismo? ¿Dispersión? ¿Inmediatez? ¿Ambición por Tener? Probablemente todas sean respuestas acertadas y falten más, aunque en este artículo no vamos a rechazar esas cuestiones presentes en la vida moderna; por el contrario, veremos cómo convivir con cada una de ellas sin que supongan un obstáculo a la hora de crear vínculos más fértiles y generosos.

El autor de The Business Romantic, Tim Leberecht, afirma: “Humano describe lo que somos, mientras que humanista significa lo que queremos ser. Un negocio siempre es humano, pero se convierte en humanista cuando busca un propósito que va más allá de sus propias necesidades, como es mejorar la vida y la condición humana.” En tal sentido, humanizar significa centrar la atención en las personas, que son el eje, el núcleo, el motor de cualquier organización.

Nuestra sombra es lo que más nos cuesta reconocer en nosotras mismas. Por eso, cuando nos preguntan sobre algún defecto propio, solemos esbozar aspectos livianos y socialmente bien vistos: “Soy demasiado sincera”, “Soy demasiado estricta / exigente / perfeccionista”; “Soy muy celosa, pero cuando hay motivos”. ¿De verdad creemos que éstas son nuestras sombras? ¿De verdad entendemos que estos son verdaderos defectos y no pequeños aspectos de nosotras que exacerbamos para “encajar” y evitar quedar expuestas?

Los docentes están en una posición privilegiada para “crear y destruir” a partes iguales. Tienen la posibilidad de actuar como verdaderos catalizadores del crecimiento personal y desarrollo emocional de niños y jóvenes. Podríamos decir que son los “influencers más potentes” Pueden ayudar a cambiar la forma de ver y entender el mundo; pueden provocar y despertar pasión, entusiasmo, curiosidad y motivación, o todo lo contrario. Pero ¿tienen estrategias y herramientas para gestionar todos estos estados de forma saludable y sostenible en el aula? Si bien es cierto que empieza a crearse un interés por lo emocional, la mayoría de los docentes (y de los adultos), no hemos tenido una alfabetización emocional.

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