Inteligencia Emocional

El autor de The Business Romantic, Tim Leberecht, afirma: “Humano describe lo que somos, mientras que humanista significa lo que queremos ser. Un negocio siempre es humano, pero se convierte en humanista cuando busca un propósito que va más allá de sus propias necesidades, como es mejorar la vida y la condición humana.” En tal sentido, humanizar significa centrar la atención en las personas, que son el eje, el núcleo, el motor de cualquier organización.

Nuestra sombra es lo que más nos cuesta reconocer en nosotras mismas. Por eso, cuando nos preguntan sobre algún defecto propio, solemos esbozar aspectos livianos y socialmente bien vistos: “Soy demasiado sincera”, “Soy demasiado estricta / exigente / perfeccionista”; “Soy muy celosa, pero cuando hay motivos”. ¿De verdad creemos que éstas son nuestras sombras? ¿De verdad entendemos que estos son verdaderos defectos y no pequeños aspectos de nosotras que exacerbamos para “encajar” y evitar quedar expuestas?

Los docentes están en una posición privilegiada para “crear y destruir” a partes iguales. Tienen la posibilidad de actuar como verdaderos catalizadores del crecimiento personal y desarrollo emocional de niños y jóvenes. Podríamos decir que son los “influencers más potentes” Pueden ayudar a cambiar la forma de ver y entender el mundo; pueden provocar y despertar pasión, entusiasmo, curiosidad y motivación, o todo lo contrario. Pero ¿tienen estrategias y herramientas para gestionar todos estos estados de forma saludable y sostenible en el aula? Si bien es cierto que empieza a crearse un interés por lo emocional, la mayoría de los docentes (y de los adultos), no hemos tenido una alfabetización emocional.

Son muchos los procesos de crecimiento y transformación personal que proponen guiarnos hacia esta toma de consciencia. No obstante, aunque todos ellos pueden resultar efectivos, no todos consiguen el mismo impacto. Las personas tenemos máscaras, las palabras se pueden manipular y la mente puede hacernos trampa. El cuerpo no; el caballo menos. Claramente, el cuerpo es tangible, es lo que nos pone en el mundo y es el que nos permite detectar lo que sucede en el momento que sucede. El caballo es un animal de huida y, por esto, posee los cinco sentidos muy desarrollados.

Los mandatos son mandatos por algo. Incumplirnos supone saltarnos las normas, salirnos del guión, transgredir. Pero, sobre todo, supone -como decíamos con anterioridad- arrastrar esa culpa o angustia por no hacer lo que se espera de nosotras. Ahora bien, ¿a quién le sirve vivir ese guión si no es lo que nos hace felices? ¿A quién le sirve callar una pasión sólo para conformar al otro? ¿A quién le genera felicidad vivir la vida y el sueño de alguien más, posponiendo o ignorando el suyo propio?

¿Cuántas veces he tratado de alcanzar un sueño, lograr un objetivo o hacer algo, y no lo he conseguido? Es posible que con una cierta distancia temporal y emocional, descubra que muchos de mis “fracasos” se debieron a mi personal manera de actuar. Pero en aquellos precisos momentos, no me di cuenta de que me estaba auto saboteando. Pocas personas saben que lo padecen. ¿Qué me autosabotea? ¿Qué hacer? Cómo hacer?

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