Comunicación

Este abordaje del modelo de las cuatro orejas dentro del programa de Inteligencia Emocional, es muy revelador e interesante. Por un lado, cómo hemos visto, nos permite conocer los mecanismos para transformar cualquier emoción en otra más saludable para nosotros; por otro, nos permite tomar conciencia y trabajar en otros aspectos importantísimos ligados a la comunicación emocional como la escucha activa, la empatía, la asertividad y el lenguaje no verbal.

Muchos siglos atrás, Plutarco ya se animaba a decir: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Dejemos entonces de atiborrar al cliente sistemática e indiscriminadamente con información que ya sabe, que no necesita o que no le importa. Aprendamos a descubrir qué piensa, qué quiere y, sobre todo, qué le emociona.

Cualquier proceso de negocio habitual puede ocurrir naturalmente en inglés; desde hablar en público y realizar una presentación, hasta interactuar, negociar, discutir y/o consensuar con otros. No obstante, de todos esas dinámicas que mencionamos, hablar en público y hacer presentaciones en inglés son las que más ansiedades y miedos generan en los profesionales.

Muchos autores coinciden en que el coach es, en sí mismo, la mejor herramienta del coaching. Al igual que con cualquier otra especialización, cuantas más técnicas conozca el coach más eficiente volverá su trabajo. Como dice el dicho popular “Si lo único que tienes es un martillo, todo te parecerá un clavo”. Y esta metáfora, aplicada al Coaching Resolutivo, es inadmisible.

La mayoría de nosotros somos conscientes de lo que significa comunicarse correctamente y entendemos que resulta fundamental en todas las áreas de nuestra vida. Sin embargo, cuando ejercemos como comunicadores tendemos a priorizar nuestra expresión verbal sobre nuestra palabra escrita, aunque debemos saber que ambas conviven en el mismo podio de relevancia.

La comunicación va mucho más allá de las palabras; un buen ejemplo de ello es pensar en cuánto puede “decir” un silencio. Efectivamente, las palabras sólo representan un 7% del impacto en la comunicación; el 38% corresponde al tono de voz, y el 55% lo determina el lenguaje corporal, la postura, los gestos, el ritmo respiratorio y el contacto visual.

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