Salud y Bienestar

El gran problema es que el abuso termina convirtiéndose en adicción. ¿Por qué? La adicción es una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas. Estudios de imágenes cerebrales de personas adictas muestran cambios físicos en áreas del cerebro que son esenciales para el juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje y la memoria, y el control del comportamiento.

Cualquier persona que haya sufrido un daño cerebral, producto de un ictus, esclerosis múltiple, Parkinson, y/o niños con parálisis cerebral, puede beneficiarse de esa plasticidad del cerebro; es decir, puede neuro-rehabilitarse. En este sentido, el Método Feldenkrais®, al trabajar directamente sobre el sistema nervioso, estimula esa capacidad de aprendizaje en las personas que han sufrido una lesión, a través del movimiento.

Esta formación permite a las personas el aprendizaje de las bases del Shiatsu Namikoshi y Tuina; los fundamentos de la MTC, distintos aspectos de la anatomía del aparato locomotor y el conocimiento de las competencias necesarias para saber diseñar el plan y los objetivos terapéuticos según la evolución del paciente. En el último año, se aborda el tratamiento de enfermedades complejas y se llevan adelante prácticas con pacientes reales.

Culturalmente parecemos impregnados por el decreto de Descartes "Pienso luego existo". Aunque de vez en cuando, sólo de vez en cuando, escuchamos que algún osado nos sugiere “seguir a nuestro corazón”. Esta separación binaria y desnaturalizada a la que sometemos nuestras decisiones no suena ni muy justa ni muy equilibrada, básicamente porque no somos ni una mente, ni un cuerpo, ni un manojo de emociones; somos todo eso junto.

"Movimiento, sensación, emoción y pensamiento son aspectos de una misma constelación. Cuando uno de ellos se mueve, se mueven también los demás. Si cambias la manera de moverte, cambias la manera de pensar." Moshé Feldenkrais. A esta altura, no caben dudas acerca de que todo está conectado en nosotros y que el cambio en uno de los aspectos afecta a todos los demás.

“El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”. Hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos nocivos en todos los aspectos de nuestras vidas.

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